miércoles, 25 de diciembre de 2013

ESPECIAL NAVIDAD LA CAJA DE LOS SECRETOS

Carla tosió y se encogió aún más bajo las mantas, solo para terminar gruñendo porque una esquina se había soltado del doblez bajo la cama y había dejado fuera sus pies.
Extendió la mano a ciegas para coger un pañuelo de papel y se sonó con tanta fuerza que se le entaponaron los oídos, y aún así fue incapaz de respirar; dio un manotazo contra el colchón y se incorporó apoyándose en sus codos.
Y allí estaba, a los pies de su cama Álex la observaba con la cabeza ladeada como si fuera un animal salvaje que él jamás había visto en su vida, y por el que no sabía si debía sentir temor o curiosidad.
-Hola.-Susurró ella con miedo a asustarle. Álex tiró aún más de las mangas de su pijama si eso era posible hasta que solo se le vieron las puntas de los dedos.-¿No podías dormir?.-Prosiguió ella, y él miró hacia la ventana dónde la nieve que caía apenas dejaba ver más allá de dos metros.
-Papá ha salido.-Dijo él y Carla captó el doble sentido de sus palabras; su padre se había vuelto a ir al cementerio a llorar a su mujer y se había negado a mirar a su propio hijo a los ojos.
-Está bien, ven aquí.-Carla echó las mantas a un lado y palmeó el colchón a su lado. Álex avanzó dos pasos antes de pararse en seco, como si lo estuviese considerando pero Carla ya estaba acostumbrada a ello, Álex necesitaba pensarlo todo y si alguien le presionaba demasiado se cerraba sobre sí mismo y era incapaz de tomar una decisión.
Así que mantuvo la sonrisa mientras casi podía oír los mecanismos de su cabeza trabajando a toda velocidad antes de que se deslizase hacia su cama, porque Álex nunca corría, nunca arrastraba los pies, simplemente se deslizaba sobre el suelo sin hacer un solo ruido.
Se tumbó de lado dándole la espalda y Carla los tapó a ambos antes de abrazarlo contra su pecho y besarle la coronilla. Álex era demasiado pequeño para su edad, más bajito que el resto de sus compañeros y tan delgado que podías rodear su muñeca con el indice y el pulgar, y sin embargo tenía esa mirada de puro fuego que le hacía parecer más un depredador que un niño pequeño.
-Nada de esto es culpa tuya.-Susurró Carla contra su pelo.
-¿El qué?.-Dijo él y parecía decirlo de verdad, como si no entendiese que su padre se callase cada vez que él entraba en la habitación, o que evitara mirarla a todo costa. Y si así era Carla lo iba a hacer nada para informarle de la situación.
Carla lo había intentando, de verdad que si, lo había intentado mientras le duchaba, mientras le peinaba ese flequillo que siempre estaba de punta, mientras le leía un cuento o mientras lo veía dormir. Lo había intentado y había sido incapaz de ver qué era eso que tenía Álex que le hacía tan malo; era un poco tímido pero el niño entre sus brazos no era alguien malo.
-¿Cómo es la navidad?.-Preguntó Álex sacándola de su ensoñación.
-Pues... colorida, cálida, alegre, creo que te gustaría.-Dijo ella.-Todavía estamos a tiempo de intentarlo.-Dijo ella apoyándose en su antebrazo para mirarle aún cuándo él no despegó sus ojos de la ventana.
-No, creo que no quiero.-Dijo él
-¿Por qué?
-No me gusta la alegría.-Susurró él tan bajito que Carla no estuvo segura de haberlo oído bien.
-¿Por qué no te gusta?
-Porque no sé qué es.-Dijo él y pareció realmente confuso antes de mirarla, cómo si estuviese ante un gran problema de matemáticas.-¿Es por eso que papá se comporta raro?, ¿soy malo?
-No. cariño-Dijo ella abrazándolo con tanta fuerza que creyó que le rompería algo.-No hay nada malo en ti, te prometo que algún día sabrás que es.-Carla intentó soltarle pero él se apretó aún más fuerte contra ella si eso era posible.-Voy a pegarte el resfriado.-Susurró contra su frente
-Me cuidarás.-Dijo él como si fuera la verdad más absoluta existente en el mundo
-Siempre.-Prometió Carla, aún cuándo sabía que aquella noche no habría árbol de navidad, ni luces brillantes ni bolas de colores.




Marco estaba sentado en el último escalón de las escaleras de mármol, la espalda pegada a la pared y las piernas extendidas frente a él mientras por enésima vez esa noche una familia que él no conocía entraba en su casa y su madre corría a recibirlos con una bandeja de canapes en mano.
-Feliz navidad, Thomas, Elizabeth.-Dijo ella en con voz angelical, cuando era algo más pequeño, y aún en esos tiempos Marco se preguntaba a menudo su su madre no era un ángel que se había escapado del cielo.
-Agatha.-Dijo la mujer de pelo negro perfectamente recogido en un moño y ojos celestes abrazando a su madre. Marco bufó cuando comenzaron a charlar sobre los cambios producidos en el barrio, aquella era la navidad más aburrida de su vida y recién acababa de comenzar.
-Hola.-Dijo una cantarina voz captando su atención. Una niña pequeña, aunque por aquel entonces todos los niños de su edad eran más bajitos que él, le dedicó una sonrisa de dientes mellados
-Hola.-Dijo él retirándose los mechones rubios que caían sobre sus ojos.
-Eres muy guapo.-Soltó ella y Marco sintió como la sangre acudía a raudales a sus mejillas
-Beth.-Llamó la mujer y la niña de coletas negras y dientes mellados corrió hacia ella con una enorme sonrisa en su rostro. Agatha captó su mirada y le guiñó un ojos de complicidad que hizo que Marco sonriera de forma inconsciente.
-Tío, no sé cómo lo haces.-Dijo Michael sentándose de golpe a su lado.
-¿Dónde has aprendido a hablar así?.-Dijo Marco mirando a su vecino el cuál tampoco parecía muy cómodo con que los hubiesen obligado a llevar camisa y corbata.
-Mi hermano dice que es guay.-Dijo él encogiéndose de hombros.
-Ya y tu hermano también dice que las chicas son guays.-Dijo Marco frunciendo el ceño
-Es que lo son.-Dijo Michael
-¿Tú crees?.-Dijo Marco echando la cabeza hacia atrás con desgana
-Tus hermanas...-Empezó él
-Ni lo pienses.-Gruñó Marco girándose hacia él por primera vez desde que había llegado y se quedó congelado en el sitio.-¿Qué te ha pasado?.-Dijo extendiendo la mano hacia el moretón en su mejilla.
-Nada.-Dijo él mirando hacia otro lado
-Dímelo.-Exigió Marco apretando los dientes
-Pablo, ha sido Pablo
-Ese matón...
-Es dos años mayor, mi hermano dice que es normal.-Comenzó Michael

-Mañana vamos a hablar con él.-Cortó Marco levantándose de un salto y Michael no pudo contradecirle, porque al fin y al cabo Marco solo estaba haciendo lo que siempre hacía, protegerle a toda costa.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

CAPITULO 21 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 21: ¡Hi, Mr. Hyde!


Carla aparcó el coche de Marco en la acera de enfrente a la dirección que él le había dado justo cuándo éste salía del coche de Sergio.
-Déjame adivinar, mi madre te ha elegido la ropa.-Dijo Marco escondiendo una sonrisa que tironeaba de la comisura de sus labios
-¿Por qué crees eso?.-Dijo ella intentando esconder su propia sonrisa
-Porque yo también hacia eso cuando ella lo hacia.-Dijo señalando su sudadera
-¿Has convencido a Sergio de que se quedara?-Dijo ella intentando ignorarle
-Como si me hubiese atrevido a decírselo, le he dejado una nota y rezaré para que no se despierte antes de que vuelva
-Que no se diga que pierdes las esperanzas rápido.-Dijo ella subiendo los escalones de piedra negra de la casa.
-Contigo nunca.-Susurró él pero Carla estaba demasiado absorta observando la fachada blanca de la casa, los grandes ventanales de cristales y las macetas pobladas en los alfeizares.
La puerta se abrió antes de que ellos ni siquiera llamaran y una mujer asomó la cabeza. Debía tener unos treinta y siete años, piel blanquecina, ojos marrón claro y parpados ahora notablemente hinchados y rojos
-Señora Martínez, muchísimas gracias por recibirnos.-Dijo Marco, ella como toda respuesta se echó al lado y les dejó hueco para pasar, como si le diera exactamente igual lo que hicieran
-Lamento su pérdida.-Dijo Carla. Era la primera vez que decía algo así en su vida, lo había escuchado cientos de veces en el funeral de su madre y luego en el de su padre y hermano y en todas ellas en su cabeza solo existía une respuesta; “No, no lo sientes ni la mitad que yo”, y por esta razón siempre se había abstenido de decirlo y sin embargo, esta vez era cierto.
Era real que sentía la pérdida de aquella mujer como si la hubiese conocido, porque de una forma u otra había conseguido acercarla al asesino
-Siéntense.-Dijo ella adentrándose en una pequeña salita redonda, con ventanas que ocupaban casi media pared y cortinas celestes que daban un aspecto marítimo a la habitación.-¿En qué puedo ayudarles?.-Los tres se sentaron alrededor de una pequeña mesa redondita, con un tapete de crochet.
-Hableme de su hermana.-Pidió Carla. Marco que había comenzado a abrir la boca para decir algo la volvió a cerrar de golpe.
-¿Qué quiere saber?.-Dijo ella, y por un instante pareció enfadada, como si hubiese esperado algo más.
-Cualquier cosa.-Dijo Carla.-Hay algo que la diferencia del resto de víctimas, algo que ha hecho que el asesino cambie el protocolo.
-No lo sé, era la hermana pequeña de manual.-Dijo ella y se colocó un mechón detrás de la oreja.-Era caprichosa, cotilla, siempre estaba metida en líos y me llamaba a las tres de la mañana para que fuera a recogerla a un lugar perdido de la mano de Dios porque el último imbécil de turno la había dejado tirada. ¡¿Quiere saber qué la hacía tan especial?!. ¡Su pésimo gusto para elegir hombres, eso la hacia especial!, ¡estoy casi segura de que vio a ese asesino y pensó que era el hombre de su vida!.-Su voz fue un jadeo roto al terminar de hablar pero Carla ya estaba inclinada hacia delante, toda paciencia y determinación
-Eso me dice porque ella se fió de él pero no porque él la eligió a ella.-Dijo Carla
-¿Tiene usted hermanos pequeños, agente...?
-Molina. Y si, puede decirse que sí
-Entonces no necesita hacerme una pregunta.-Carla sintió como el nudo que tenía en la garganta desde la noche anterior se apretaba un poco más.-Tienen ese nosequé que los hace tan especiales, esos ojos de cordero con los que siempre consiguen lo que quieren, esa sonrisa d despreocupación y esa inocencia que te hace querer protegerlos siempre, ¿entiende lo que le digo?.-A Carla no le pasó por alto la mirada que Marco le dirigió, evidentemente él también estaba pensando en Alex, pero Carla asintió.
Asintió porque en el fondo lo entendía, porque a fin de cuentas Álex también había sido un niño antes de que algo en su cabeza cambiase, o tal vez siempre había estado ahí pero no lo habían visto.
Álex también había venido a su cama a esconderse de los monstruos de su armario antes de que él se convirtiese en uno.
-Señora Martínez, avisó a mi compañero de la desaparición de su hermana, pero ¿tiene idea a dónde pudo ir?.-Dijo Marco cortando el entendimiento silencioso entre ambas
-No, ella no solía avisarme de todo lo que hacía
-Si era normal que desapareciera, ¿por qué dio la voz de alarma?
-¡Yo no he dicho que fuera normal que desapareciera!. Por lo general no pasaba más de un día sin ponerse en contacto conmigo. ¿Creen que no intenté todo antes de avisar a la policía?, hablé con los que solían ser sus amigos, fui a los bares a los que iba e incluso llamé a alguno de esos malnacidos pero ninguno sabía nada
-¿Quién fue el último hombre con el que salió?, ¿conoce su nombre?.-Dijo Marco sacando la libreta del bolsillo interno de la chaqueta.
-Si, Chris Bernon, pero no es él al que buscan, no era más que el tipo que la consolaba porque otro malnacido le rompió el corazón
-Y por casualidad, no sabrá el nombre de ese malnacido.-Supuso Marco
-De ser así, tendría algunos huesos rotos.-Sentenció ella y detrás de toda la tristeza que velaba sus ojos brilló una llama.
-Bien, nos pondremos en contacto con el tal Chris, a lo mejor sabe el nombre del tipo. No le entretenemos más, supongo que tendrá muchas cosas por hacer
-Si, preparar un entierro da mucho trabajo.-Carla estaba segura de que en cualquier otra circunstancia se hubiera reído de la batalla que ella estaba intentando librar contra Marco.
El teléfono fijo eligió ese momento para sonar a la vez que lo hacía el móvil de Marco, y ambos se levantaron de sus respectivos asientos.
Carla jugueteó con sus dedos, intentando hacerlos entrar en calor, porque era como si de repente el invierno hubiese venido sus cabezas.
La señora Martínez derramaba lágrimas silenciosas mientras le daba indicaciones a alguien sobre las flores a usar en el entierro, Marco por su parte tenía la mandíbula tan apretada que los dientes parecían a punto de romperseles, y solo asentía de vez en cuando lo que indicaba graves problemas.
-En seguida estaré allí.-dijo él antes de colgar.-El FBI quiere hacerse con nuestro caso, al parecer la señora Martínez tiene ciertos contactos y nos considera incompetentes para el caso.-Escupió él
-Esta bien, no pasa nada, arreglaremos esto.-Dijo Carla respirando hondo
-¡¿Arreglarlo?!.-Dijo él.-Me quitan el caso Carla, adiós a todo lo avanzado.-Carla se puso en pie lentamente
-Te estoy diciendo que lo arreglaremos, nadie NOS va a quitar el caso.-Su voz sonó helada a sus propios oídos.-Ahora ve a comisaría, estaré detrás de ti
-Bien.-Masculló él y salió dando un portazo, la señora Martínez eligió ese momento para colgar el teléfono.
-Veo que su compañero ya se ha enterado.-Dijo secándose las lágrimas con las yemas de los dedos.
-Se está equivocando.-Sentenció Carla
-¿En qué según usted?
-Entiendo su dolor, y sus ganas de venganza pero si lo que quería era a los mejores, los tenía
-No lo estaban demostrando
-Ya lo veremos.-Dijo Carla retrocediendo al comprender que se había estado inclinando hacia delante
-Siempre podrían colaborar con ellos.-Dijo ella de repente asustada. Carla se giró y comenzó a avanzar hacia la puerta
-Hace demasiado tiempo que los federales y yo rompimos.-Carla puso una mano en el pomo y se congeló. Había algo en el ambiente, en el aire...
-¿sabe?, todo esto es una ironía.-Carla abrió la puerta lentamente, sus ojos moviéndose por todas partes
-¿Por qué dice eso?.-Jadeó
-Su mayor sueño siempre había sido vivir en esa barriada, decía que quería formar una familia en una de esas casas.-¡PUM!, otra pieza del puzzle que encajaba.-Y acabó muriendo en una de ellas.-Entonces lo vio, era solo una sombra agachada contra un gran roble pero en el momento en que sus miradas chocaron juró que sus ojos brillaron en los huecos que les dejaba el pasamontañas.
Carla se llevó la mano a la pistola, todo su cuerpo en tensión porque era él, lo sabía en cada célula de su organismo.
-Te tengo.-Susurró antes de lanzarse hacia delante.-Saltó tres escalones y cruzó el patio a toda velocidad mientras la señora Martínez le gritaba.
Sabía que debía decirle que se metiera en su casa y cerrara el pestillo pero era incapaz de alejar sus sentidos de él; pero claro el asesino también se había puesto en movimiento y era mucho más rápido de lo esperado.
Carla escuchó el claxon un segundo antes de que el camión pasara a toda velocidad a centímetros de su cuerpo y cuando todo ese amasijo de metal desapareció de su vista él ya no estaba.
Aún así corrió, corrió en círculos buscando la más mínima señal de alguien pero no encontró nada y solo consiguió desatar los ladridos de los perros cercanos ante su frito de frustración.
Se metió en el coche dando un portazo y pisó el acelerados hasta que el motor rugió con la misma fiereza que ella sentía.

Primero un asesino se le escapa, luego el FBI y ahora un asesino que se pasea ante sus narices. Alguien estaba llamando a las puertas del infierno y ya era hora de que fuera a recibir a sus invitados.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

CAPITULO 20 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 20. “El mundo es un pañuelo, sucio”

Carla se sentó en la cama de golpe con todos los músculos en tensión, sus ojos registrando la habitación buscando la amenaza que la había hecho despertarse.
La puerta se abrió lentamente y la madre de Marco asomó la cabeza por el hueco, sus labios se curvaron en una sonrisa que parecía impropia de ella.
-¿No puedes dormir?.-Carla se forzó en aprovechar los segundos que tardó ella en girarse para encender la luz para recomponer su semblante.
-Solo la costumbre de despertarme temprano.-Dijo ella.-Carla levantó las sábanas y se impulsó hacia fuera; en ese momento fue consciente de sus piernas desnudas y del hecho de que llevaba una camiseta de Marco
No estaba dispuesta a explicarle a la mujer frente a ella que estaba vistiendo una camiseta de su hijo porque después de cuarenta minutos dando vueltas en la cama había decidido que se había acostumbrado a su presencia y si quería dormir algo iba a necesitar tomar medidas.
-Ha llamado Marco para preguntar si estabas despierta y he pensado que tal vez te gustaría desayunar con nosotros.-Dijo ella de repente muy interesada en la pared de enfrente.
-Claro, si me esperas...-Carla no tuvo ocasión de terminar de hablar antes de que ella saliese de la habitación. No era la mejor forma de empezar una relación con... con... ¿Qué era la madre de Marco para ella?, ¿su suegra?. No se imaginaba siendo nuera de nadie.
Se arrastró hasta el cuarto de baño y se metió bajo la ducha solo un segundo después de haberse sacado la ropa. El agua helada le entumeció los músculos y los dientes le castañetearon pero solo entonces su mente consiguió aclararse.
La noche anterior habían tenido que suministrarle un tranquilizante a Sergio y Marco se lo había llevado a su casa, luego la había llamado para decirle que se iba a quedar a pasar la noche.
Alcanzó una manopla, y la humedeció antes de volcar una buena cantidad de gel encima, y se frotó la piel con fiereza, intentando borrar la sensación de haber tenido al asesino cerca.
Cerró los ojos e imaginó que cada gota se llevaba consigo algo relacionado con él, hasta que ya no quedó nada y el olor a pan tostado llegó hasta ella tentándola a salir.
Carla se detuvo en la puerta del cuarto de baño, el agua goteando el suelo pero incapaz de moverse ante la vista del traje de chaqueta color crema extendido sobre la cama.
Comenzaba a entender porque todos los Cardone eran unos triunfadores, pero era demasiado tarde para ella, demasiado tarde para que alguien cuidara de ella.
Pasó de largo la cama con pasos energéticos y abrió las puertas del armario de un tirón, a la vez que intentaba reprimir un bufido al ver que la ropa de Marco había sido arrastrada a un lado y su propia ropa ocupaba la mitad.
Escogió unos vaqueros oscuros y una camiseta negra con el logo de la banda de rock que había tenido su primer novio y que solo usaba a veces para dormir pero que ahora le parecía perfecta; se recogió el pelo en un moño despeinado y salió al pasillo con la barbilla bien alta.
Bea fue la primera en verla y tuvo que esconder el rostro tras sus manos para ocultar la risa, Fabian por otro lado le recorrió el cuerpo con los ojos para finalmente dedicarle un guiño.
Agatha ignoró su atuendo aún cuando su nariz se arrugó notablemente al indicarle que tenía su desayuno en la mesa, Carla estaba a punto de decirle que sabía hacer un café pero pensó que tal vez le daba un ataque al corazón, así que se limitó a mostrar su descontento arrastrando la silla por el suelo.
-Aunque no lo creas es bastante útil cuando quieres dedicar todo tu tiempo a estudiar.-Susurró Bea
-¿También me limpiará el arma cuando descubra al asesino?.-Bea abrió mucho los ojos y Carla por un instante se preguntó si se había pasado de la raya pero entonces comenzó a reírse a mandíbula suelta, con pequeños hipidos y lágrimas escapando por el rabillo del ojo.
-¿Así que vas a coger a ese asesino?.-dijo Fabian sentándose en la silla frente a ella
-Eso pretendo.-Dijo ella
-Y...¿qué es lo que te hace tan especial?.-Fabian se inclinó hacia ella y Carla se dedicó a untar su tostada de mantequilla antes de mirarle
-No lo sé
-¡¿No lo sabes?!.-Exclamó él y pareció tremendamente decepcionado
-Exacto.-Dijo ella pegandole un bocado a la tostada
-No sé...¿Les pegas?, ¿les seduces?...Porque según todos puedes sacarle a cualquiera su mayor secreto
-Yo simplemente...-El trozo de pan se quedo atascado en su garganta al comprender las palabras de Fabian y tuvo que lanzarse a por la taza de café. Fabian se levantó de un salto, tal vez demasiado rápido para un adulto y le dio palmadas en la espalda hasta que Carla hipó en busca de aire.
-¿Mejor?.-Dijo él
-¿Qué quiere decir que todos dicen que puedo sacarle no sé qué a no sé quién?.-Urgió ella
-Bueno es realmente difícil encontrar información sobre ti, pero después de un tiempo encontré un chat y un tipo decía conocerte.-Carla se llevó las manos al rostro intentando ocultar las ganas de asesinar a su hermano
-Fabian.-Intentó que su voz fuera lo más calmada posible pero solo consiguió que sonara como la de un gato cuyo rabo ha sido pisado.-No vuelvas a entrar en ese chat
-¡¿Qué?!, ¿por qué?.-Él retrocedió unos centímetros espantado
-Porque la información no es fiable.-Soltó Carla
-¡¿Qué no es fiable?!, ¡¿acaso no es cierto que tú eres así, que has descubierto a cientos de asesinos?!.-Exclamó él, Carla fue brevemente consciente de Bea moviéndose incomoda en su asiento pero estaba demasiado concentrada en intentar hacerle ver a Fabian que probablemente había hablado con un asesino
-Si, es cierto pero no sabes quién hay al otro lado
-¡Qué no seamos policías no nos convierte en imbéciles!.-Esta vez gritó tanto que Carla fue incapaz de responderle.-Creo que empiezo a entender porque Marco te quiere aquí, no es porque de repente se haya vuelto un loco enamorado, es porque eres cómo él
-Fabian.-Jadeó Bea pero él ya se dirigía a la puerta a toda velocidad. Carla no pudo evitar saltar sobre sí misma ante el portazo y respirar hondo, sabiendo que todos los músculos de su cuerpo le gritaban que le detuviera y no le dejara ir hasta haber entendido el mensaje.-Yo no creo eso.-Susurró Bea
-Exactamente, ¿qué no crees?.-Carla se giró hacia ella y se concentró en las pecas de sus mejillas para evitar mirarla a los ojos.
-No creo que Marco te tenga aquí porque seas igual que él, creo que él te está salvando.-Carla abrió la boca para contradecirle pero al ver como arqueaba su ceja decidió mantenerse en silencio.-Y tú le estás salvando a él
-No creo que Marco necesite ser salvado
-Claro que si, necesita ser salvado de sus recuerdos.-Dijo Bea encogiéndose de hombros y levantándose de un salto.
Carla querría interrumpirla, de verdad que si pero fue incapaz de hacerlo cuando el enfado de Marco por haber querido conocer su pasado volvió a su mente
-En seguida te la paso.-Dijo Agatha que hablaba por teléfono y al cruzarse con su hija le dedicó una dura mirada.-Te llama Marco.-Dijo ella tendiéndole el teléfono.
-Hola
-¿estás bien?
-Si, ¿cómo estáis Sergio y tú?
-Sergio dormido como un tronco y yo he conseguido que la familia nos reciba ahora
-He preguntado cómo estás, no cuánto has trabajado.-Dijo ella
-Bien, solo ansioso. ¿Seguro que estás bien?

-Si, ¿dónde quieres que nos vemos?


Él se agachó sentándose sobre sus talones, y dibujó una X sobre la tierra mojada que se acumulaba a sus pies. En tan solo unos minutos ella estaría sobre ese lugar, probablemente sin tener ni idea de que él habría estado allí... Estúpido cervatillo que corría tras un león sin saber que él podría girarse y devorarlo en cualquier instante.¿Y quién sabe, tal vez lo hiciera?
Porque sin ninguna duda Carla Molina se lo merecía, siendo tan descuidada, creer que podría entenderle.
-Yo te enseñaré con quién estás tratando.-Susurró trasladándose tras un árbol cuándo el coche enfiló la calle y Carla se bajó del coche con una sonrisa hacia ese pobre desgraciado, tan inocente y tan... muerta.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

CAPITULO 19 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 19: “Ayúdame a hacer justicia”

El sol comenzaba a esconderse y el cielo se teñía de rojo conforme el coche avanzaba hacia el horizonte, las nubes se hacían menos y menos visible recordando a espíritus de mal augurio que los intentaban alejar.
Las casas eran cada vez más grandes y lujosas, las calles estaban totalmente vacías, los patios rodeados de enormes verjas que los aislaban del mundo y con carísimas cámaras sin un solo punto ciego.
Carla comprendió que es lo que le ponía el vello de punta de aquel lugar justo cuando las luces policiales eran visibles; no había ni un solo niño en las aceras, ni un balón o una bici olvidada, ni siquiera un grupo de adolescentes curiosos que se asomaban a ver lo que sucedía.. Era como si de una forma grotesca aquel fuera el lugar perfecto para que sucediera un crimen.
Acababan de bajarse del coche cuando Sergio salió a toda prisa de la casa y corrió hacia ellos, parecía desquiciado.
Marco dio un paso hacia delante y sorprendentemente se interpuso entre ambos, Carla no pudo evitar fruncir el ceño
-Carla, ya estás aquí. Te he guardado la escena, solo han entrado los forenses y se han asegurado de no cambiar nada.-Habló tan rápido que ella necesitó unos segundos para entender el mensaje
-No es su especialidad...-Comenzó Marco pero Sergio ya estaba hablando otra vez, y Carla solo podía ver sus ojos inyectados en sangre, la camiseta sucia, la barba de varios días y la forma en que sus dedos se curvaban como garras sobre los hombros de Marco, cómo si él le separase de su salvación. Y si eso era ella para Sergio, si eso necesitaba ser para que Sergio, la única persona totalmente pura que conocía volviera a sonreír, daría un paso al frente.
-Lo haré.-Marco le dirigió una mirada dudosa por encima del hombro pero ella ya había tomado una decisión y sólo quedaba cuadrar los hombros y avanzar.
-Gracias, gracias...-Comenzó Sergio
-Necesito tranquilidad.-Cortó Carla.-Así que o te tranquilizas o te quedas fuera.-Él abrió los ojos por la sorpresa y retrocedió un par de centímetros cómo si le hubiera abofeteado pero tras unos segundos sacudió la cabeza, comprendiendo por fin el precio de lo que había pedido.
-Está bien, me quedo aquí.-Dijo haciéndose a un lado
-Quédate con él.-Le dijo a Marco al pasar de largo.
Carla recorrió el camino de losas que cruzaba el césped sin mirar a nadie, y se detuvo bajo el pequeño cuadrado cubierto de un porche que era le entrada, solo entonces elevó la mirada.
La puerta era de roble oscuro y reforzada, no había signos de haber sido forzada pero estaba entreabierta y si confiaba en las palabras de Sergio había estado así cuando entraron.
Desde su posición no era capaz de ver el cuerpo pero sabía que estaba cerca, dio un paso hacia delante y se concentró solo en respirar.
-¡Qué nadie la moleste!.-Escuchó que gritaba Sergio; aunque extrañamente sonaba en un mundo muy alejado del mundo en el que ella se encontraba...
Sus pies se pararon junto a la puerta, la pared se curvaba hacia la izquierda desembocando en un enorme salón redondo, una extraña distribución; por el rabillo del ojo captó el cuerpo desmadejado sobre el suelo, sin embargo, se negó a mirarlo, aún no.
Mantuvo su vista al frente y comenzó a avanzar pegada a la pared. La pintura era de un amarillo cremoso y repleta de pequeños marcos de fotos con paisajes de atardeceres, dio un paso adelante y se vio detenida por un alto taburete de madera clara con un jarrón encima repleto de flores de plástico, lo esquivó y continuó andando otros dos metros antes de que su pie chocara contra una guitarra clásica apoyada contra la pared.
Carla frunció el ceño y dio una vuelta completa sobre sí misma, aquel lugar estaba repleto de objetos que soportaban su posición en penoso equilibrio y aún así... ninguno estaba roto, o ni siquiera parecía fuera de lugar.
El suelo estaba cubierto de una moqueta clara, tejido que estaba impoluto salvo por los alrededores del cuerpo.
Solo entonces la miró... Y por un instante creyó que era un ángel. Su pelo castaño estaba extendido sobre la alfombra, tenía los parpados cerrados y vestía una camisa blanca que estaba abierta a ambos lados de su cuerpo, bajo ella, un sujetador blanco de algodón y más abajo un pantalón también blanco, estaba descalza.
Una de sus manos estaba abierta sobre su barriga, y otra estaba sobre la alfombra en un puño cerrado.
Carla respiró hondo y se agachó a su lado, su cara estaba contraída en una expresión que no supo identificar del todo, aunque si habría tenido que apostar diría que era determinación.
Intentó concentrarse en cualquier detalle, y aún así se sintió incapaz de decir si había sido el asesino X o no, había cientos de personas ahí fuera que podían ser las candidatas perfectas para la próxima víctima del asesino y ella que había creído ser capaz de detenerlo era incapaz de distinguir su obra.
Se arrodilló y se sentó sobre sus talones.-Ayúdame a detenerle.-Susurró a la nada. No sabía cuánto tiempo llevaba allí pero la oscuridad dentro de la habitación era enorme para cuando fue consciente, y a pesar de ello cuándo elevó la mirada hacia la puerta pudo ver en su mente como la luz del sol entraba a raudales, un grito ahogado la hizo saltar sobre sí misma y estar a punto de caer de culo, porque la mujer junto a ella volvía a estar viva y miraba con ojos desorbitados hacia la entrada, a la vez que extendía sus manos hacia allí
Carla giró la velocidad a tal velocidad que los huesos de sus cervicales crujieron, pero mereció la pena porque allí estaba...
Elevó la mano inconscientemente cuando la luz del sol la cegó; él estaba junto a la puerta observándolas. Era alto, y robusto aunque no tan imponente como ella esperaba.
Él se apoyó en el pomo de la puerta...¡NO!, le gritó su mente y la imagen se congeló al instante
Él le daría esperanzas, le daría la oportunidad de arreglar su error... La imagen volvió a ponerse en movimiento pero esta vez él apoyaba la mano en el marco de la puerta con el cuerpo inclinado hacia delante aún cuando sus pies estaban girados hacia la calle.
No había palabras, solo él desafiándola en algo que se escapaba a la razón de Carla, pero ¿ella?.
Ella estiraba la mano hacía él, aún cuando sólo había tenacidad en sus ojos.
Carla se fijo en su brazo alzado ante ella, los antebrazos tenían pequeños cortes que habían sido curados y cubiertos con antiséptico, sus uñas estaban perfectamente redondeadas aunque demasiado cortas, cómo si se las hubiera roto hace poco y alguien las hubiera arreglado.
Carla parpadeó lentamente, volviendo a la realidad, estaba demasiado oscuro y aún así pudo ver la sangre oscura que cubría la punta de sus dedos.
Su mano tembló al estirarla hacia ella y elevarla de encima de su vientre, y ver el dibujo que estaba extendido de forma temblorosa sobre la piel.
Las rodillas le fallaron al intentar ponerse de pie y cayó torpemente al suelo.
-Vamos, Carla, vamos.-Se obligó a levantarse y llegar hasta el interruptor, se apoyó en la pared y pulsó uno de ellos pero no sucedió nada.
Pulsó el segundo y el tercero simultáneamente y la luz fue equivalente a la de una mañana de Agosto en pleno desierto. Se llevó las manos a la cara y contuvo algunos insultos cuando su espinilla chocó contra el banco y el sonido de un jarrón rompiéndose llegó hasta sus oídos
-¿Carla?.-El grito de Marco sonó demasiado cerca pero necesitaba seguir avanzando.
Cayó medio sentada, medio de rodillas junto al cuerpo y separó levemente los dedos que le cubrían los ojos. Al principio no consiguió encontrar sentido al dibujo hasta que tres letras cobraron forma... M I O
Sus manos se deslizaron sin vida a cada lado de su cuerpo. ¿MIO?, ¿qué diantres significaba aquello?
-¡Carla!, ¡Carla!.-Marco estaba zarandeándola
-¡Estoy bien!.-Su grito se superpuso a los de Marco. Sergio estaba de pie a su lado pero parecía en trance
-Joder.-Masculló Marco al vez como su amigo se balanceaba levemente hacia delante y atrás.-Necesito sacarle de aquí, ¿estás bien?
-Si.-Dijo ella levantándose cuál cervatillo recién nacido.-Voy a dar una última vuelta y enseguida salgo.
-Lo que quieras.-Marco agarró a Sergio por los hombros y lo empujó hacia fuera.-¿Cuántas veces te he dicho que no te impliques tanto?.-Escuchó que decía pero dudó mucho que Sergio le fuera a responder.
Carla se dirigió hacia la escalera por dónde ascendían las gotas de sangre; subió un escalón tras otro, esperando sentir algo pero era como si estuviera totalmente fuera de allí, como si estuviese viendo todo a través de una pared de cristal.
El dormitorio estaba justo en lo alto de la escalera y las puertas dobles estaban abiertas de par en par.
La cama de dosel estaba deshecha, las sábanas naranjas manchadas de sangre y el tul que colgaba alrededor de ella desgarrado en ciertas partes.

Carla se cruzó de brazos y apoyó un hombro contra el marco de la puerta. Había algo extraño, el ambiente no encaja en absoluto con el asesino, ¿entonces porqué lo había escogido?, ¿había algo más aparte de ser una casa vacía y en un barrio aislado?


miércoles, 27 de noviembre de 2013

CAPITULO 18 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 18: Que alguien agarre a los perros

Carla inspiró profundamente antes de bajarse del coche y tuvo que meter las manos en los bolsillos para ocultar su temblor. Ella no estaba segura de si las circunstancias de su vida hubieran sido distintas tal vez su carácter hubiese sido otro pero lo cierto es que eran las que eran y Carla no podía vivir sin hacer preguntas, sin intentar descubrir todo una vez veía el principio de un secreto.
Por esta razón había perdido algunas personas en su vida, al igual que por el hecho de tener sus propios secretos y hasta ahora no le había importado demasiado, pero claro, con Marco las cosas nunca eran como solían serlo
-Dame fuerzas.-Susurró Marco por primera vez desde que habían salido de la cafetería.
Lo primero que Carla pensó fue que les habían robado, y luego que acababa de identificar quién era Fabian... De pelo rubio y de punta estaba sobre la mesa baja de madera del salón haciendo un extraño baile que le hacía parecer un pequeño diablillo
-Espero que te hayas subido a esa mesa porque hay un escorpión en el suelo...-La voz de Marco consiguió acallar todos los sonidos provenientes de la casa. Si por un solo instante ella había pensado que estaba ligeramente molesto su tono no dejo lugar a dudas de su enfado
-Y ahí está mi hermanito el gruñón.-Carla apenas atisbó a ver a la pequeña sombra que se lanzó sobre Marco en cuestión de segundos y se quedó colgando de su cuerpo rodeandole con manos y brazos cuál Koala en un árbol.
Tenía una enorme melena rubia algo despeinada, gafas redondas que se le resbalaban por la nariz y mejillas sonrojadas. No tenía el tipo de belleza convencional que te hacía imaginártela en una gran pasarela pero sin embargo era algo... el sentimiento que emanaba de su cuerpo que te impedía apartar la mirada.
Carla había conocido a muy pocas personas así; es lo que alguien denominaría lo antepuesto a un psicópata, seres con tantos sentimientos en su interior que parecían a punto de estallar en cualquier momento pero que por lo general pasaban desapercibidos para la mayoría...¿Por qué cómo podía distinguir uno la luz si nunca había conocido la oscuridad?, ¿cómo podía uno admirar a estas personas si nunca llegaba a encontrarse con un psicópata?
-Me asfixias Bea.-Gruñó Marco intentando zafarse de su agarre
-Se siente.-Dijo ella sacándola la lengua aunque él no podía verla.
-Bea avergüenzas a la señorita.-Dijo Fabian que se acababa de bajar de la mesa de un salto y avanzaba hacia Carla con pasos saltarines.-Soy Fabian-Dijo haciendo una reverencia frente a ella que habría avergonzado a la más alta sociedad.
Entonces todo sucedió demasiado rápido... Una mujer de unos cincuenta años con el pelo dorado recogido en un moño salió de la cocina con una cuchara de palo en la mano y una gran sonrisa, Fabian dio un paso atrás dejando algo de hueco y Bea saltó sobre ella.
Carla abrió los ojos enormemente a la vez que las rodillas le temblaban; era estúpido, medía el doble que aquella chica y tenía la fuerza suficiente para apartarla de un manotazo pero por alguna razón se sentía incapaz de hacerlo. La respiración se le agitó y las manos comenzaron a sudarle; ¿acaso quedaba algún síntoma más de que estaba entrando en pánico?
-Bea, déjala.-Carla evitó mirar a la mujer que avanzó hacia ella a grandes pasos y agarró a su hija por los hombros alejándola de ella
-Lo siento.-Dijo la chica estudiando sus facciones como si fuera una extraterrestre
-Yo...-Comenzó Carla
-Hoy nos hemos metido en un lío y nos han dado una buena.-Cortó Marco con una voz que no dejaba lugar a réplicas, aunque su madre paseó su mirada de uno al otro antes de mantenerla en el su hijo
-¡Oh!. ¡Lo siento!.-Exclamó Bea intentando dar un paso antes de darse cuenta de que aún era retenida por su madre
-Soy Agatha.-Dijo ella finalmente.-Y será mejor que vayáis a daros una ducha, os prepararé una infusión caliente.-Carla comprendió por primera vez lo que Marco había querido decirle todo este tiempo cuando hablaba de sus padres; la mujer ante ella era capaz de hacer triunfadores de todos sus hijos, cubrir todas sus necesidades y aún así no había ni una pizca de esa adoración propia de todas las madres en sus palabras
-¿Y papá?.-Dijo Marco
-Se ha quedado en casa, Carlos está en uno de sus líos y ha preferido ayudarle.-Dijo ella
-¿Y Ángela?
-Su hija está en etapa de riesgo del embarazo y no van a dejarla sola.-La imagen de su madre llenó la mente de Carla como un enorme deja-vú. Ella estaba acostada en su cama, el sol de Agosto entraba por la ventana y su madre se había inclinado sobre ella; su melena rojiza hacia una cortina entre el mundo y ellas, Carla había elevado su mano para tocar ese material tan brillante pero luego su atención había quedado atrapada por la enorme tripa que se asomaba por debajo de la camiseta del pijama. ¡Qué ganas había tenido de que naciera su hermano!, ¡qué sonrisa tan bonita tenía su madre!
-¡Carla!.-La voz de Marco llegó hasta ella sacándola de su ensoñación
-Lo siento.-Dijo ella agitando la cabeza para despejar las telarañas
-No pasa nada.-Dijo Fabian con una sonrisa demasiado conciliador para su rostro de diablillo
-¡A la ducha!.-Dijo Agatha. Carla no necesitó que se lo dijeran dos veces antes de correr hacia su cuarto, claro que aquel que había sido su cuarto ahora estaba patas arriba.
Una camisa de cuadros azul y blanco colgaba del pomo de la puerta, un set de maquillaje estaba completamente abierto sobre la cama, manchando de colorete la colcha y un enorme libro abierto bocabajo sobre el suelo
-Mi madre te ha movido a mi habitación.-Susurró Marco demasiado cerca de su oído para lo alterada que ella se sentía.-Puedes ducharte ahí.-Carla sintió como los vellos de su nunca se erizaba, cosa que siempre le sucedía cuándo Marco iba a tocarla pero ella no estaba preparada para ello. Dio un paso al lado antes de girarse y entrar en su habitación sin ni siquiera mirarle
-Dúchate antes.-Dijo sentándose en el filo de la cama y quitándose los zapatos más lentamente de lo que debería.
-Está bien.-Dijo él. Carla le escuchó cerrar la puerta con suavidad y luego detenerse unos segundos antes de alejarse rápidamente hacia el cuarto de baño
Carla sacó la almohada de debajo de la colcha y la abrazó fuertemente antes de tumbarse de lado. Por un solo instante, solo por un instante mientras el sonido del agua cayendo y de las risas provenientes del salón llenaban la habitación pudo fingir que era el cuerpo de su madre el que abrazaba.
-Mamá.-La garganta le dolió aún cuándo solo había sido un susurro.-Ya sé que Alex me llama loca cuándo descubre que he estado hablando contigo, pero él no está aquí... Aquí no hay nadie.-Cerró los ojos y respiro hondo antes de que ser capaz de volver a hablar.-¿Por qué no me advertiste?, ¿por qué no me dijiste que amar dolía tanto?
-Porque pensé que estaría contigo para siempre.-Se imaginó que su madre le decía
-No creo que pueda sobrevivir a esto. Ni siquiera perder a Dani, que había sido mi amigo durante años, que creía querer para siempre fue tan doloroso como pasar un solo segundo en la misma habitación que Marco sin que me deje llegar a él
-Sobrevivirás a ello.-Le dijo su madre, y sus brazos la rodearon tan fuerte que apenas pudo respirar
-Ojalá pudiera llorar.-Y ese fue su último pensamiento coherente antes de sentir como las fuerzas la abandonaban

Marco abrió la puerta lentamente y se detuvo durante unos segundos mientras sus ojos se adaptaban a la oscuridad.
La ducha no había hecho más que reforzar su idea de que no debía compartir todo su ser con Carla, no porque no fuera una persona fiable sino porque no podría soportar el conocimiento en sus ojos; además, en el mejor de los casos, ¿qué les quedaba?, ¿el mismo destino que sus padres?.
Hacía mucho que había aceptado que el amor no era para él pero mientras se encontraba contemplando a Carla dormitar, sabiendo que un simple chasquido la haría saltar alerta se permitió soñar con ser la persona que trajera felicidad a su vida. En vez de eso se limito a salir de la habitación lo más silenciosamente posible.
Fabian y Bea estaban en el sofá viendo una serie sobre adolescentes con capacidad de transformarse en lobos; ella descansaba su cabeza sobre el regazo de Fabian y las gafas se le habían deslizado hasta la punta de la nariz, por lo que sus ojos bizqueaban intentando enfocar la imagen de la televisión
-Tú solías ser así.-Dijo su madre asustándole
-¿Así cómo?.-Dijo Marco sin mirarla
-Necesitado de amor, eras el niño más sensible que he visto nunca
-Crecí
-Cambiaste.-Le reprochó ella
-Ya no hay nada que se puede hacer.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Si, perdonarte aquello que te ha atormentado durante siglos
-No hay nada que perdonar.-Dijo Marco pasando a su lado para sentarse en uno de los taburetes de la barra de desayuno. Los músculos de su mandíbula se apretaron inconscientemente cuando su madre se sentó en el taburete contiguo, no estaba dispuesto a tener esta conversación y menos con Carla allí
-¿Se ha molestado Carla por haber movido sus cosas a tu habitación?. Pensé que como estaba en tu casa...
-Pero tenía su propio cuarto.-Puntualizó él
-Nunca has traído una chica a tu casa, incluso cuando estabas con Julia y estabais pensando en anillos de compromiso ella nunca se quedaba aquí
-¿Y sólo por eso te tomaste la libertad de interferir en mi vida?.-Gruñó él.-Carla es distinta
-Ya lo veo, tú también eres distinto con ella
-¿Ah, si?.-Marco no pudo evitar la crueldad que cargaron sus palabras, y aunque hubiera podido no lo habría hecho.-¿Y en qué soy distinto?
-Estás relajado, aún cuando estabas enfadado cada vez que posabas tus ojos en ella era como si te quitaran un gran peso de encima.-Marco se concentró en juguetear con una miguita de pan olvidada en la superficie entre sus dedos, pensando en cuánto daría por no tener esa conversación son su madre.-Siempre eres tan contenido, como si el mundo fuera a explotar si te ríes o si te enfadas, pero con ella no tienes problemas en reñirle a Fabian o dejar que Bea te abrace, normalmente solo darías un paso a las sombras y...
-Para.-Su voz sonó atormentada a sus propios oídos pero eso no basto para detener a su madre
-Antes yo solía ser tu persona favorita.-Marco apretó los parpados tan fuerte que por un momento se preguntó si volvería a abrirlos, y justo cuando estaba a punto de decirle a su madre que había dejado de ser su persona preferida cuando no pudo o mejor dicho no hizo nada por salvarle su teléfono comenzó a sonar
-Tengo que contestar.-Dijo rescatando el móvil de su bolsillo
-No todas las relaciones son como las de tu padre y la mía.-A menudo pensaba que su madre conocía todos sus puntos flacos y se dedicaba a atacarlos de forma aleatoria hasta dejarlo sin fuerzas. Por el rabillo del ojo vio que Bea y Fabian habían dejado de mirar la televisión y los observaban con preocupación
-Cardone.-Dijo descolgando el teléfono
-¿Mal momento?.-Dijo Sergio pero había algo en su voz, algo fuera de lugar...
-No, habla.-Marco se giró y comenzó a andar hacia su habitación
-La hemos encontrado, ¡corred!.-Y la linea se cortó al otro lado.
Marco colgó justo al mismo tiempo que abría la puerta de la habitación. La luz del pasillo iluminó el interior permitiéndole ver la sombra que cruzó a toda velocidad la estancia.
Carla se puso los zapatos a una velocidad abismal a la vez que se arrodillaba junto a su maleta y sacaba una pistola que él ni siquiera sabía que tenía y la enganchó en su cinturón en la parte lumbar.
Se pasó la chaqueta por encima y corrió hacia su lado a la vez que se recogía el pelo en una coleta.
Marco se mantuvo inmóvil cuando ella pasó a toda velocidad a su lado. Tres minutos y cuarenta y dos segundos, ese era todo el tiempo que Carla necesitaba para salir de sus sueños y estar lista para la acción.

Lo había sabido, había sabido que su educación había sido desestructurada y aún así ver los resquicios de ello le dejaba sin aire...


miércoles, 20 de noviembre de 2013

CAPITULO 17 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 17: “De familia y otros animales”

-¡Oh, mierda!.-Masculló Marco
-Te enseñé a hablar mejor que eso.-Riñó una voz desde el otro lado de la linea
-Lo siento mamá, estoy trabajando
-Bueno perdona que te moleste pero creía que estaba en mi deber de avisarte de que estoy en tu casa
-¡¿Qué?!.-El coche dio un suave bandazo mientras Marco aferraba el volante con fiereza
-No me habías dicho que estabas saliendo con alguien, aunque bien podías haberle dejado espacio en tu armario, no te preocupes ya lo he solucionado
-Mamá, no es mi...-El silencio se instauró entre los tres por unos segundos mientras él miraba a Carla de reojo inseguro.-Está bien, llegaremos ahí en quince minutos
-Tu hermana está deseando verte
-Solo una cosa mamá, ¿Exactamente cuánta familia te has traído?
-Casi todos cariño, te echábamos de menos
-Adiós.-Masculló él antes de colgar bruscamente
El coche se detuvo lentamente en el arcén antes de que Marco saliera y se apoyara contra el lateral del capó. Carla no estaba muy segura de qué hacer por lo que se estiró para pasar medio cuerpo por encima de la palanca de cambios y asomar la cabeza por el hueco de la ventana, suponía que si Marco la rechazaba al menos no se quedaría de pie junto al coche como una estatua
-¿Estás bien?.-Susurró
-Sobreviviré.-Dijo él sin mirarla.-Solo necesito algo de cafeína y tiempo
-Llévame a la cafetería en la que estuvimos el primer día.-Pidió ella intentando distraerle, y al parecer funcionó por la sonrisa que tiró de la comisura de sus labios
-Te gusto su café, ¿eh?.-Dijo él moviendo la mano para que le dejase espacio.
Carla le observo mientras él daba una vuelta de 180º al coche; un músculo palpitaba en su mandíbula y sus ojos estaban entrecerrados, aunque más que furioso parecía estar sufriendo un gran dolor.
Tardaron cinco minutos en cruzar la ciudad, sin duda esa era una de las veces en las que era una verdadera suerte que fueran policías porque a estas alturas deberían estar en la cárcel por las infracciones de velocidad cometidas.
La cafetería, al igual que la primera vez, estaba rodeada de coches patrullas vacíos. Marco aparcó junto a una furgoneta negra bastante destartalada y de la que Carla sospechó era usada para las vigilancias.
-¡Cardone, por fin te dejas ver!.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada por el grupo repantigado en la barra y que ella juraría estaba comprendido por los mismos que ocupaban la barra la primera vez que habían ido allí.
-Se hace lo que se puede.-Dijo él con voz amistosa pero con una mano en la parte baja de la espalda de Carla la guío hacia una de las mesas más alejadas de allí
La cocinera estuvo sobre ellos casi al instante con una enorme sonrisa en sus labios; un par de mechones se habían escapado de su moño y tenía las mejillas sonrojadas, lo que la hacía parecer mucho más joven-¿Qué queréis?
-Café.-dijo Marco
-Para mi también
-Tengo tu tarta preferida.-Susurró ella agachándose levemente hacia ambos
-Hoy no.-dijo él pero Carla consiguió ver el brillo en sus ojos aunque solo duro unos instantes
-Yo si por favor.-Dijo Carla impulsivamente. Él la miró con una ceja enarcada pero Carla estaba demasiado ocupada devolviéndole la sonrisa a la otra mujer
-Por supuesto.-Dijo ella
-¿Hace cuanto que no veías a tu familia?.-Cuestionó ella
-Solo desde navidades pero prefiero ir yo a verles que al revés
¿Por qué así puedes escapar cuándo quieras?.-Carla lo había preguntado como una broma pero la expresión seria de Marco le hizo saber que había dado en el clavo
-Ya estoy aquí.-Canturreó la cocinera dejando dos tazas de café humeante y un plato entre ambos con un gran trozo de tarda de chocolate con dos cucharas. Ella le guiñó el ojo a Carla antes de marcharse y Carla tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no reírse.
-Así que...háblame de ellos.-Pidió Carla cortando un trocito pequeño de tarta y llevándoselo a la boca.
-Ángela es la mayor, ahora mismo tiene cincuenta y está instalada con su marido en Italia. La suya es una de esas historias que marcan un antes y un después y que por un momento te hacen creer que el amor es posible
-Pero tú no lo crees.-Dijo ella rebañando un poco de glaseado que se amontonaba en el fondo del plato
-Creo que solo es posible para algunas personas, y sin ninguna duda Ángela es una de ellas. Luego está Carlos, es uno de los abogados más reconocidos en Italia también, la última vez que hablamos creo que cobraba quinientos euros la hora.
-¡Oh!
-Exacto.-Marco sonrió un poco mientras jugueteaba con la cuchara pasándola entre sus dedos.-Y Marga, ella hizo danza y en este momento no se en qué famoso teatro de ricachones se encontrará.
-¿Cuántos años tiene?
-Treinta y seis pero te aseguro que se conserva como una chica de diecisiete. Luego estoy yo...
-El poli.-Dijo Carla y esta vez la sonrisa de Marco fue de verdaderos hoyuelos.-Pensé que serías el pequeño
-¿Qué?, ¡¿por qué?!
-Porque eres el más mimado sin duda, solo hay que ver que como le hablaste a tu madre
-Deberías escuchar a Fabian.-Dijo Marco llevándose a la boca una cuchara repleta de pastel. En ese momento ocurrieron tres cosas a la vez, la boca de Carla se curvó en una enorme sonrisa, Marco abrió los ojos enormemente y la risa de la cocinera estalló por todo el local
-¡Adoro a esa mujer!.-Estalló ella
-Bruja.-Murmuró Marco limpiándose la boca con una servilleta y dejando la cuchara a un lado
-¡Oh, vamos!.-Gruñó ella.-Todo este rato dándote conversación y ¿ahora vas a decirme que el sabor del chocolate no te ha tentado para un segundo bocado?
-¿Así que toda esta conversación era para conseguir que te ahorre unas calorías?
-En realidad no, me gusta saber a qué me enfrento.-Dijo ella guiñándole un ojo y tomándose otro trozo, él pareció meditar sus opciones antes de volver a hablar
-Entonces vamos por Fabian, te sacara de tus casillas en cuestión de segundos. Es impertinente cómo nadie más y ha hecho de ello una profesión
-¿Es interrogador?.-Dijo Carla asombrada
-Persigue morosos.-Carla no pudo evitar la carcajada que recorrió su cuerpo y un par de policías se giraron para mirarla con curiosidad.
-Y Bea, ella estudia psicología, aunque aún va a la universidad. Probablemente sea la segunda en perseguirte para hacerte preguntas
-No se me da bien que me hagan preguntas.-Dijo Carla dándose cuenta por primera vez lo que iba a suponer tener a la familia de Marco cerca
-Ya contaba con ello
-Me puedo ir a un motel
-Es una buena solución si quieres que mi madre me degolle, pero están acostumbrados a qué yo no sea muy comunicativo así que no es nada nuevo
-Hay algo que no entiendo.-Dijo Carla esforzándose por sonar desenfadada a la vez que intentaba hacer un barquito con una de las servilletas
-Y seguro que vas a decírmelo...
-Hablas de ellos como si fueran la mejor familia del mundo, es evidente que vuestros padres han hecho de todos sus hijos unos triunfadores pero además os han mantenido unidos pero pareces aterrado de tenerles en tu casa.-Carla se esforzó en mirarle aún cuándo sabía que la expresión de Marcos sería la de alguien enfadado
-Al crecer nos separamos y ahora no es lo mismo
-Yo también crecí, y me separé de mi hermano y aún así no puedo evitar desear tenerle a mi lado aún cuándo sé lo que quiere hacerme
-¿Siempre tienes que saberlo todo?.-Cortó él levantándose de golpe. Las patas de las sillas arañaron el suelo y los pasos de Marco al salir de la cafetería fueron como una estampida.
Carla contuvo la respiración hasta que los pulmones comenzaron a dolerle y su garganta protestó con la primera inspiración pero aún así el motor del coche no sonó en los minutos siguientes.
Se obligó a levantarse con una calma que no sentía y girarse lentamente solo para encontrarse cara a cara con la cocinera de la que acababa de darse cuenta no sabía el nombre
-Mary.-Dijo ella como leyéndole el pensamientos
-Gracias por la comida Mary.-Dijo Carla forzándose por sonreír
-A veces los hombres son un poco estúpidos.-Dijo ella en voz baja, como si compartiesen un secreto muy importante
-¿Solo a veces?.-Dijo ella arrancándole una carcajada
-Cariño todos los polis hablan de ti.-Dijo ella colocándole un mechón de pelo tras la oreja. Carla sintió como la piel se le erizaba allí dónde ella la había tocado de la misma forma que siempre hacía su madre.-Eres una persona estupenda que vas a librarnos a muchas mujeres del miedo a dormir sin mirar bajo la cama, si Marco no es capaz de ver eso es que es más tonto de lo que yo pensaba
-Todos tenemos nuestros secretos y nuestras causas.-Dijo Carla encogiéndose de hombros

-Los secretos son una carga muy pesada cuándo uno los soporta solo.-Ella estaba a punto de remarcar que sabía bien de lo que hablaba pero prefirió dedicarle una sonrisa que no sentía antes de dirigirse a la puerta.

-Hoy tenemos una imagen de Carla cuándo era adolescente-

miércoles, 13 de noviembre de 2013

CAPITULO 16 La caja de los secretos

CAPITULO 16. “El Karma siempre golpea fuerte” 

Las gotas de agua hacían un extraño sonido al deslizarse por los tejados y caer a los contenedores metálicos amontonados a cada lado de la acera, el verano se alejaba ya y comenzaba a refrescar pero él había olvidado la chaqueta al salir corriendo de su casa; ahora era incapaz de recordar porque había huido, su mente no era capaz de registrar más que el agua manchada de roja que se acercaba hasta sus zapatos. Él quería huir, quería dar un paso atrás, sin embargo se encontró elevando la mirada y jurando venganza...

Marco abrió los ojos lentamente, no había gritado, no se había movido...El único signo de que había estado soñando era su respiración agitada y el pánico que corría por sus venas.
Llevaba meses sin tener pesadillas y de repente ahora eran más detalladas que nunca, definitivamente podía decir que el Karma le había pegado una patada en el trasero, porque su mente le acaba de tirar a la cara la razón por la que no iba a entregar a Alejandro Mólina.
El grifo del agua acababa de cerrarse cuándo el teléfono de la mesilla comenzó a sonar
-Buenos días.-Saludó con la voz entrecortada
-¡No. Me. Jodas!.-Exclamó Sergio al otro lado de la linea.-¿Has tenido no sé cuántas noches tranquilas para acostarte con ella y tienes que hacerlo cuándo ambos estáis doloridos porque un psicópata pinchó vuestras ruedas?. ¡No me extraña que ayer no me cogieras el teléfono!
-No me llamaste.-Dijo Marco, si él quería pensar que su agitación se debía a eso no iba a contradecirle
-Claro que lo hice.-Marco se estiró por su teléfono sólo para comprobar que tenía tres llamadas pérdidas
-Lo siento, debí avisarte.-Él elevó la mirada como un resorte ante el susurro acallado de Carla; ella estaba apoyada contra el marco de la puerta con un albornoz blanco que él no había sacado de la bolsa porque era demasiado pequeño pero que en Carla resaltaba todas y cada una de sus curvas; el pelo aún goteaba sobre la alfombra y Marco no pudo evitar el suspiro ahogado que escapó de sus labios
-Dime que no estás haciendo lo que creo que estás haciendo mientras hablamos por teléfono.-Masculló Sergio
-¿Envidia, colega?.-Dijo Marco intentando arrancar una sonrisa de la expresión asustada de Carla
-¡OH!, ¡ahí está mi hermano!.-Gritó Sergio.-¡Tío me he estado preguntando dónde te habías metido por meses!, si llego a saber que lo que te hacía falta era un buen meneo yo mismo hubiera contrata...
-¡Sergio!.-Cortó Marco; Carla vez estaba más blanca y apretaba la tela del albornoz con tanta fuerza que los dedos no tardarían en transpasar el material. Ahora que las bromas se habían acabado el silencio al otro lado de la línea era casi escalofriante
-¿Hay otra víctima?.-Inquirió Marco
-Algo así, una desaparición
-¡¿Un secuestro?!.-Marco se levantó de la cama incapaz de mantenerse quieto
-No sabemos si pertenece a nuestro asesino, la hermana de la víctima ha considerado que podría ser y ha venido a dar el aviso
-Lo siento.-Masculló Marco pasándose la palma por la cara
-No pasa nada, hemos repartido la foto por aquí y por allá y estamos siguiendo el camino que se supone tomó la víctima y viendo cámaras de seguridad pero tenemos un trabajo de muchas horas por delante
-¿Quieres hacerte cargo por completo de esto?
-Si.-Las cosas entre Marco y Sergio siempre habían sido así de sencillas, por lo general, Sergio no estaba interesado en tener ningún tipo de poder pero cuándo lo quería, lo planteaba y Marco se lo daba
-Bien, ¿y cómo va lo de los médicos?
-David lleva tres días ganándose el descontento de todos los jefedes de los hospitales cercanos, esperemos que no caiga enfermo en al menos un par de años
-Una pena que no sean mujeres.-Dijo Marco ganándose una carcajada por parte de Sergio
-¿Cómo fue la entrevista?.-Quiso saber él
-Creemos que mantenía una relación con la tercera  víctima
-Pero a él lo mataron unas horas antes que a ella
-Si, adiós a la teoría de que él descubrió algo. Hoy vamos a ir a hablar con la familia de ella, aunque dudo mucho que estuviese desaparecida por tantas horas y no nos dijeran nada
-La unica familia es su suegra
-Lo sé
-Buena suerte colega.-Dijo Sergio
-Lo mismo digo-Dijo Marco colgando el teléfono y girándose en redondo.
Marco dio un paso hacia el frente y Carla se dejó caer contra la puerta con la respiración agitada, cómo si estuviese mareada.
No fue hasta un par de segundos después que Marco comprendió que ella pensaba que él iba a contarle todo a Sergio. ¡Qué Dios le perdonase si alguna vez decidía entregar a otra persona con pecados menores a los suyos propios!
-No voy a decir nada.-Susurró él pegando su frente a la suya aún cuándo ella se apretó hacia atrás cómo si intentase huir.-Pero si alguna vez él llega a …
-Lo mataré.-Él no pudo evitar alzarse de golpe. No había dolor ni rabia en la voz de Carla, era como si simplemente estuviesen hablando de un hecho irrefutable
-Está bien.-Dijo él, su voz sonando extraña a sus propios oídos.-¿Preparada para tratar con una suegra que odiaba a nuestra victima?.-La comisura de los labios de Carla se tensaron levemente pero no llegaron a alcanzar una sonrisa
-Voy a cambiarme.-Él observó cómo se apoyaba en el pomo de la puerta cómo si las fuerzas le faltasen antes de recorrer el pasillo con pasos temblorosos


-¿Has hablado con ella antes?.-Dijo Carla cuando se detuvieron frente a una enorme cancela de metal. Marco bajó la ventanilla y enseñó la placa a la cámara último modelo que estaba estrategicamente colocada para que alguien que no supiera que estaba allí no la viera.
-Si, fue un maldito dolor de cabeza cuándo su nuera murió, como si no hubiese sido demasiado malo que el ritmo del asesino hubiera crecido ella quería un protagonismo que no se merecía
-Genial.-Masculló Carla. Marco la miró de reojo más preocupado de lo que quería reconocer por el vacío detrás de sus palabras.
¿Qué podía hacer para reconfortarla?, tener hermanas no le había servido de mucho ya que no habían sido del tipo comunicativas, cuando alguna sufría simplemente el resto de sus hermanas se encerraba sobre ella dejando fuera a los hombres...
-¿Es esa?.-susurró Carla mirando fijamente a la pequeña mujer encima de los escalones del porche y que vestía un alegre vestido amarillo con rallas blancas que no pegaba en absoluto con su pelo blanquecino recogido en un roete.
-Allá vamos.-Dijo Marco saliendo del coche.-Antes que nada gracias por su colaboración.-Dijo él adelantándose a grandes zancadas y tendiéndole la mano. Ella lo observó como si se tratara de un extraño animal y al final Marco se forzó a retirar la mano sin parecer molesto.
-Tengan claro que si tuviera otra opción no estarían aquí
-Si su nuera hubiese tenido otra opción no estaríamos aquí.-Recalcó Marco; ella parpadeó lentamente como si no hubiera esperado que él reaccionase así.
-He pedido que nos preparen el té.-Dijo dándo la vuelta a la casa por el camino de piedras grises que desembocaba en un pequeño patio privado rodeado de arboles frutales de todo tipo.-Siéntense por favor.-Carla no pudo evitar una mueca al ver las sillas de hierro blanco con cojines de flores rosados y Marco le dedicó una sonrisa de ánimos
-Debo suponer por su presencia aquí que aún no han detenido a ese malhechor.-Su nariz se encogió levemente como si estuviese oliéndo algo putrefacto
-No señora pero cada vez estamos más cerca.-Dijo Marco esforzándose por creerlo
-Desde que estuvieron a punto de detener a mi hijo déjeme decirle que dudo que se capaz de detener a...
-Creemos que su nuera tenía un amante.-Cortó Carla. Las reacciones fueron muy diversas; una chica vestida de sirvienta de los años ocheta con una bandeja detazas humeantes tembló hasta que la ceramica tintineó, Marco se giró hacia ella con los ojos enormemente abiertos pero la señora Harris se mantuvo inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido hasta que la chica se marchó
-Es usted una maleducada.-Dijo girándose hacia ella con rabia helada
-Nunca he dicho lo contrario pero me pagan para notar que usted no lo ha negado, no para decirle cosas bonitas
-Su padre debió de haberle pegado por esa boca.-Dijo ella con desdén y Carla sintió como sus músculos se tensaban con tanta fuerza que al día siguiente estaba segura de que tendría agujetas
-Señora Harris.-Soltó Marco apretando los dientes.-¿Tenía un amante o no?
-Si.-Reconoció ella y se dejó caer hacia atrás como si de repente estuviese agotada
-¿Por qué no lo notificó en su momento?.-Quiso saber Marco
-Lo descubrimos luego, al tirar sus cosas descubrimos algunos regalos y...diarios. ¡¿Puede creerse que estaba decepcionado porqué mi hijo no la quería?!. ¡LO TENÍA TODO, ABSOLUTAMENTE TODO!
-Menos amor.-Dijo Carla antes de poder detenerse
-¡¿Amor?!. ¿Quién quiere amor más que las mujeres de calle?, ¡deberían leer como hablaba de aquel tipo!
-Lo cierto es que nos gustaría hacerlo.-Dijo Marco
-Elizabeth.-Dijo la señora Harris con suavidad y elevando una mano al aire. La chica apareció de la nada con una expresión imperturbable
-¿Si, señora?
-Prepare la caja de nata de la señorta Lilith para estos señores
-Enseguida.-Dijo ella dándose la vuelta y caminando con pasos cortos pero rápidos hacia la casa
-¿Podría servir al estado en algo más?.-Dijo ella con veneno
-¿Dónde está su hijo?
-De retiro espiritual, lo de Lilith le tocó muy hondo...¡Le fue infiel!
-Señora, ya le pregunté una vez pero quiero que vuelva a pensarlo.-Marco se inclinó hacia delante apoyando las manos en sus rodillas.-¿Existe alguien de los conocidos de ambos que tenga la frialdad para matar?
-Nos movemos en circulos de gente de bien que no harían algo así
-Tenía que conocerlos, tenía que saber que iba a estar sola
-Vuelvo a repetirle.-Y esta vez la sangre acudió a su rostro a la vez que apretaba la mandíbula y su cara de niña se deformaba.-Que nadie de nuestra familia o amigos haría algo así, tal vez deberían investigar a la familia de aquel tipo, encontrarán su nombre en el diario
-Aquí tienen.-Dijo la chica que de nuevo había aparecido como un fantasma dejando una caja redonda metálica en la que había dibujos de caramelos de nata sobre la mesa
-Ya tienen todo lo que necesitan.-Dijo la señora Harris apoyándose en el antebrazo de la chica para levantarse, a Carla le pareció que le clavaba las uñas pero la expresión de ella no cambió.
-Creia que esto solo pasaba en las películas.-Susurró Carla cuando se quedaron solos
-Aún conservamos un barrio rico que nos trae grandes quebraderos de cabeza.-Dijo Marco asegurándo la caja bajo su brazo
-¿Y el hijo?.-Dijo ella en la privacidad del coche
-Demasiado inútil.-Dijo él con un bufido
-Ella es capaz de matar.-Dijo Carla como la que comenta que va a llover, Marco sintió que su corazón pegaba un tirón y se preguntó vagamente si algún día se acostumbraría a esto.-No es algo que haría porqué si pero si fuera necesario para “limpiar” no lo dudaría
-No tiene la fuerza
-A veces pienso que podrían ser varias personas.-Dijo ella
-¿Por qué?
-En algunos casos muestra una piedad impropia de un psicópata y otras parece volverse loco, y abrazar su lado sádico
-Las víctimas no se conocían de nada.-Dijo Marco echándose la cabeza hacia atrás cuándo se detuvieron frente a un semáforo.-Y no es como si un grupo de personas fueran a conocerse y decidir que quieren matar a sus familiares y hacerse pasar por un psicópatas.-Carla estaba a punto de recalcar que había una película sobre ese tema cuándo se le ocurrió una idea
-¿Y un sicario?, hay psicópatas que aprovechan para hacer de su adicción un negocio
-Si pero, ¿crees que esta mujer podría conocer a un sicario?.-La respuesta de carla quedó silenciada por el sonido del teléfono.-Cardone, estás en manos libres.-Gruñó Marco
-Hola cariño.-Dijo una voz maternal

-¡Oh, mierda!.-Masculló Marco