miércoles, 4 de diciembre de 2013

CAPITULO 19 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 19: “Ayúdame a hacer justicia”

El sol comenzaba a esconderse y el cielo se teñía de rojo conforme el coche avanzaba hacia el horizonte, las nubes se hacían menos y menos visible recordando a espíritus de mal augurio que los intentaban alejar.
Las casas eran cada vez más grandes y lujosas, las calles estaban totalmente vacías, los patios rodeados de enormes verjas que los aislaban del mundo y con carísimas cámaras sin un solo punto ciego.
Carla comprendió que es lo que le ponía el vello de punta de aquel lugar justo cuando las luces policiales eran visibles; no había ni un solo niño en las aceras, ni un balón o una bici olvidada, ni siquiera un grupo de adolescentes curiosos que se asomaban a ver lo que sucedía.. Era como si de una forma grotesca aquel fuera el lugar perfecto para que sucediera un crimen.
Acababan de bajarse del coche cuando Sergio salió a toda prisa de la casa y corrió hacia ellos, parecía desquiciado.
Marco dio un paso hacia delante y sorprendentemente se interpuso entre ambos, Carla no pudo evitar fruncir el ceño
-Carla, ya estás aquí. Te he guardado la escena, solo han entrado los forenses y se han asegurado de no cambiar nada.-Habló tan rápido que ella necesitó unos segundos para entender el mensaje
-No es su especialidad...-Comenzó Marco pero Sergio ya estaba hablando otra vez, y Carla solo podía ver sus ojos inyectados en sangre, la camiseta sucia, la barba de varios días y la forma en que sus dedos se curvaban como garras sobre los hombros de Marco, cómo si él le separase de su salvación. Y si eso era ella para Sergio, si eso necesitaba ser para que Sergio, la única persona totalmente pura que conocía volviera a sonreír, daría un paso al frente.
-Lo haré.-Marco le dirigió una mirada dudosa por encima del hombro pero ella ya había tomado una decisión y sólo quedaba cuadrar los hombros y avanzar.
-Gracias, gracias...-Comenzó Sergio
-Necesito tranquilidad.-Cortó Carla.-Así que o te tranquilizas o te quedas fuera.-Él abrió los ojos por la sorpresa y retrocedió un par de centímetros cómo si le hubiera abofeteado pero tras unos segundos sacudió la cabeza, comprendiendo por fin el precio de lo que había pedido.
-Está bien, me quedo aquí.-Dijo haciéndose a un lado
-Quédate con él.-Le dijo a Marco al pasar de largo.
Carla recorrió el camino de losas que cruzaba el césped sin mirar a nadie, y se detuvo bajo el pequeño cuadrado cubierto de un porche que era le entrada, solo entonces elevó la mirada.
La puerta era de roble oscuro y reforzada, no había signos de haber sido forzada pero estaba entreabierta y si confiaba en las palabras de Sergio había estado así cuando entraron.
Desde su posición no era capaz de ver el cuerpo pero sabía que estaba cerca, dio un paso hacia delante y se concentró solo en respirar.
-¡Qué nadie la moleste!.-Escuchó que gritaba Sergio; aunque extrañamente sonaba en un mundo muy alejado del mundo en el que ella se encontraba...
Sus pies se pararon junto a la puerta, la pared se curvaba hacia la izquierda desembocando en un enorme salón redondo, una extraña distribución; por el rabillo del ojo captó el cuerpo desmadejado sobre el suelo, sin embargo, se negó a mirarlo, aún no.
Mantuvo su vista al frente y comenzó a avanzar pegada a la pared. La pintura era de un amarillo cremoso y repleta de pequeños marcos de fotos con paisajes de atardeceres, dio un paso adelante y se vio detenida por un alto taburete de madera clara con un jarrón encima repleto de flores de plástico, lo esquivó y continuó andando otros dos metros antes de que su pie chocara contra una guitarra clásica apoyada contra la pared.
Carla frunció el ceño y dio una vuelta completa sobre sí misma, aquel lugar estaba repleto de objetos que soportaban su posición en penoso equilibrio y aún así... ninguno estaba roto, o ni siquiera parecía fuera de lugar.
El suelo estaba cubierto de una moqueta clara, tejido que estaba impoluto salvo por los alrededores del cuerpo.
Solo entonces la miró... Y por un instante creyó que era un ángel. Su pelo castaño estaba extendido sobre la alfombra, tenía los parpados cerrados y vestía una camisa blanca que estaba abierta a ambos lados de su cuerpo, bajo ella, un sujetador blanco de algodón y más abajo un pantalón también blanco, estaba descalza.
Una de sus manos estaba abierta sobre su barriga, y otra estaba sobre la alfombra en un puño cerrado.
Carla respiró hondo y se agachó a su lado, su cara estaba contraída en una expresión que no supo identificar del todo, aunque si habría tenido que apostar diría que era determinación.
Intentó concentrarse en cualquier detalle, y aún así se sintió incapaz de decir si había sido el asesino X o no, había cientos de personas ahí fuera que podían ser las candidatas perfectas para la próxima víctima del asesino y ella que había creído ser capaz de detenerlo era incapaz de distinguir su obra.
Se arrodilló y se sentó sobre sus talones.-Ayúdame a detenerle.-Susurró a la nada. No sabía cuánto tiempo llevaba allí pero la oscuridad dentro de la habitación era enorme para cuando fue consciente, y a pesar de ello cuándo elevó la mirada hacia la puerta pudo ver en su mente como la luz del sol entraba a raudales, un grito ahogado la hizo saltar sobre sí misma y estar a punto de caer de culo, porque la mujer junto a ella volvía a estar viva y miraba con ojos desorbitados hacia la entrada, a la vez que extendía sus manos hacia allí
Carla giró la velocidad a tal velocidad que los huesos de sus cervicales crujieron, pero mereció la pena porque allí estaba...
Elevó la mano inconscientemente cuando la luz del sol la cegó; él estaba junto a la puerta observándolas. Era alto, y robusto aunque no tan imponente como ella esperaba.
Él se apoyó en el pomo de la puerta...¡NO!, le gritó su mente y la imagen se congeló al instante
Él le daría esperanzas, le daría la oportunidad de arreglar su error... La imagen volvió a ponerse en movimiento pero esta vez él apoyaba la mano en el marco de la puerta con el cuerpo inclinado hacia delante aún cuando sus pies estaban girados hacia la calle.
No había palabras, solo él desafiándola en algo que se escapaba a la razón de Carla, pero ¿ella?.
Ella estiraba la mano hacía él, aún cuando sólo había tenacidad en sus ojos.
Carla se fijo en su brazo alzado ante ella, los antebrazos tenían pequeños cortes que habían sido curados y cubiertos con antiséptico, sus uñas estaban perfectamente redondeadas aunque demasiado cortas, cómo si se las hubiera roto hace poco y alguien las hubiera arreglado.
Carla parpadeó lentamente, volviendo a la realidad, estaba demasiado oscuro y aún así pudo ver la sangre oscura que cubría la punta de sus dedos.
Su mano tembló al estirarla hacia ella y elevarla de encima de su vientre, y ver el dibujo que estaba extendido de forma temblorosa sobre la piel.
Las rodillas le fallaron al intentar ponerse de pie y cayó torpemente al suelo.
-Vamos, Carla, vamos.-Se obligó a levantarse y llegar hasta el interruptor, se apoyó en la pared y pulsó uno de ellos pero no sucedió nada.
Pulsó el segundo y el tercero simultáneamente y la luz fue equivalente a la de una mañana de Agosto en pleno desierto. Se llevó las manos a la cara y contuvo algunos insultos cuando su espinilla chocó contra el banco y el sonido de un jarrón rompiéndose llegó hasta sus oídos
-¿Carla?.-El grito de Marco sonó demasiado cerca pero necesitaba seguir avanzando.
Cayó medio sentada, medio de rodillas junto al cuerpo y separó levemente los dedos que le cubrían los ojos. Al principio no consiguió encontrar sentido al dibujo hasta que tres letras cobraron forma... M I O
Sus manos se deslizaron sin vida a cada lado de su cuerpo. ¿MIO?, ¿qué diantres significaba aquello?
-¡Carla!, ¡Carla!.-Marco estaba zarandeándola
-¡Estoy bien!.-Su grito se superpuso a los de Marco. Sergio estaba de pie a su lado pero parecía en trance
-Joder.-Masculló Marco al vez como su amigo se balanceaba levemente hacia delante y atrás.-Necesito sacarle de aquí, ¿estás bien?
-Si.-Dijo ella levantándose cuál cervatillo recién nacido.-Voy a dar una última vuelta y enseguida salgo.
-Lo que quieras.-Marco agarró a Sergio por los hombros y lo empujó hacia fuera.-¿Cuántas veces te he dicho que no te impliques tanto?.-Escuchó que decía pero dudó mucho que Sergio le fuera a responder.
Carla se dirigió hacia la escalera por dónde ascendían las gotas de sangre; subió un escalón tras otro, esperando sentir algo pero era como si estuviera totalmente fuera de allí, como si estuviese viendo todo a través de una pared de cristal.
El dormitorio estaba justo en lo alto de la escalera y las puertas dobles estaban abiertas de par en par.
La cama de dosel estaba deshecha, las sábanas naranjas manchadas de sangre y el tul que colgaba alrededor de ella desgarrado en ciertas partes.

Carla se cruzó de brazos y apoyó un hombro contra el marco de la puerta. Había algo extraño, el ambiente no encaja en absoluto con el asesino, ¿entonces porqué lo había escogido?, ¿había algo más aparte de ser una casa vacía y en un barrio aislado?


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