CAPITULO 19: “Ayúdame a hacer
justicia”
El sol comenzaba a esconderse y el
cielo se teñía de rojo conforme el coche avanzaba hacia el
horizonte, las nubes se hacían menos y menos visible recordando a espíritus de mal augurio que los intentaban alejar.
Las casas eran cada vez más grandes y
lujosas, las calles estaban totalmente vacías, los patios rodeados
de enormes verjas que los aislaban del mundo y con carísimas cámaras
sin un solo punto ciego.
Carla comprendió que es lo que le
ponía el vello de punta de aquel lugar justo cuando las luces
policiales eran visibles; no había ni un solo niño en las aceras,
ni un balón o una bici olvidada, ni siquiera un grupo de
adolescentes curiosos que se asomaban a ver lo que sucedía.. Era
como si de una forma grotesca aquel fuera el lugar perfecto para que
sucediera un crimen.
Acababan de bajarse del coche cuando
Sergio salió a toda prisa de la casa y corrió hacia ellos, parecía
desquiciado.
Marco dio un paso hacia delante y
sorprendentemente se interpuso entre ambos, Carla no pudo evitar
fruncir el ceño
-Carla, ya estás aquí. Te he guardado
la escena, solo han entrado los forenses y se han asegurado de no
cambiar nada.-Habló tan rápido que ella necesitó unos segundos
para entender el mensaje
-No es su especialidad...-Comenzó
Marco pero Sergio ya estaba hablando otra vez, y Carla solo podía
ver sus ojos inyectados en sangre, la camiseta sucia, la barba de
varios días y la forma en que sus dedos se curvaban como garras
sobre los hombros de Marco, cómo si él le separase de su salvación.
Y si eso era ella para Sergio, si eso necesitaba ser para que Sergio,
la única persona totalmente pura que conocía volviera a sonreír,
daría un paso al frente.
-Lo haré.-Marco le dirigió una mirada
dudosa por encima del hombro pero ella ya había tomado una decisión
y sólo quedaba cuadrar los hombros y avanzar.
-Gracias, gracias...-Comenzó Sergio
-Necesito tranquilidad.-Cortó
Carla.-Así que o te tranquilizas o te quedas fuera.-Él abrió los
ojos por la sorpresa y retrocedió un par de centímetros cómo si le
hubiera abofeteado pero tras unos segundos sacudió la cabeza,
comprendiendo por fin el precio de lo que había pedido.
-Está bien, me quedo aquí.-Dijo
haciéndose a un lado
-Quédate con él.-Le dijo a Marco al
pasar de largo.
Carla recorrió el camino de losas que
cruzaba el césped sin mirar a nadie, y se detuvo bajo el pequeño
cuadrado cubierto de un porche que era le entrada, solo entonces
elevó la mirada.
La puerta era de roble oscuro y
reforzada, no había signos de haber sido forzada pero estaba
entreabierta y si confiaba en las palabras de Sergio había estado
así cuando entraron.
Desde su posición no era capaz de ver
el cuerpo pero sabía que estaba cerca, dio un paso hacia delante y
se concentró solo en respirar.
-¡Qué nadie la moleste!.-Escuchó que
gritaba Sergio; aunque extrañamente sonaba en un mundo muy alejado
del mundo en el que ella se encontraba...
Sus pies se pararon junto a la puerta,
la pared se curvaba hacia la izquierda desembocando en un enorme
salón redondo, una extraña distribución; por el rabillo del ojo
captó el cuerpo desmadejado sobre el suelo, sin embargo, se negó a
mirarlo, aún no.
Mantuvo su vista al frente y comenzó a
avanzar pegada a la pared. La pintura era de un amarillo cremoso y
repleta de pequeños marcos de fotos con paisajes de atardeceres, dio
un paso adelante y se vio detenida por un alto taburete de madera
clara con un jarrón encima repleto de flores de plástico, lo
esquivó y continuó andando otros dos metros antes de que su pie
chocara contra una guitarra clásica apoyada contra la pared.
Carla frunció el ceño y dio una
vuelta completa sobre sí misma, aquel lugar estaba repleto de
objetos que soportaban su posición en penoso equilibrio y aún
así... ninguno estaba roto, o ni siquiera parecía fuera de lugar.
El suelo estaba cubierto de una moqueta
clara, tejido que estaba impoluto salvo por los alrededores del
cuerpo.
Solo entonces la miró... Y por un
instante creyó que era un ángel. Su pelo castaño estaba extendido
sobre la alfombra, tenía los parpados cerrados y vestía una camisa
blanca que estaba abierta a ambos lados de su cuerpo, bajo ella, un
sujetador blanco de algodón y más abajo un pantalón también
blanco, estaba descalza.
Una de sus manos estaba abierta sobre
su barriga, y otra estaba sobre la alfombra en un puño cerrado.
Carla respiró hondo y se agachó a su
lado, su cara estaba contraída en una expresión que no supo
identificar del todo, aunque si habría tenido que apostar diría que
era determinación.
Intentó concentrarse en cualquier
detalle, y aún así se sintió incapaz de decir si había sido el
asesino X o no, había cientos de personas ahí fuera que podían ser
las candidatas perfectas para la próxima víctima del asesino y ella
que había creído ser capaz de detenerlo era incapaz de distinguir
su obra.
Se arrodilló y se sentó sobre sus
talones.-Ayúdame a detenerle.-Susurró a la nada. No sabía cuánto
tiempo llevaba allí pero la oscuridad dentro de la habitación era
enorme para cuando fue consciente, y a pesar de ello cuándo elevó
la mirada hacia la puerta pudo ver en su mente como la luz del sol
entraba a raudales, un grito ahogado la hizo saltar sobre sí misma y
estar a punto de caer de culo, porque la mujer junto a ella volvía a
estar viva y miraba con ojos desorbitados hacia la entrada, a la vez
que extendía sus manos hacia allí
Carla giró la velocidad a tal
velocidad que los huesos de sus cervicales crujieron, pero mereció
la pena porque allí estaba...
Elevó la mano inconscientemente cuando la luz del sol la cegó; él estaba junto a la puerta
observándolas. Era alto, y robusto aunque no tan imponente como ella
esperaba.
Él se apoyó en el pomo de la
puerta...¡NO!, le gritó su mente y la imagen se congeló al
instante
Él le daría esperanzas, le daría la
oportunidad de arreglar su error... La imagen volvió a ponerse en
movimiento pero esta vez él apoyaba la mano en el marco de la puerta
con el cuerpo inclinado hacia delante aún cuando sus pies estaban
girados hacia la calle.
No había palabras, solo él
desafiándola en algo que se escapaba a la razón de Carla, pero
¿ella?.
Ella estiraba la mano hacía él, aún
cuando sólo había tenacidad en sus ojos.
Carla se fijo en su brazo alzado ante
ella, los antebrazos tenían pequeños cortes que habían sido
curados y cubiertos con antiséptico, sus uñas estaban perfectamente
redondeadas aunque demasiado cortas, cómo si se las hubiera roto hace
poco y alguien las hubiera arreglado.
Carla parpadeó lentamente, volviendo a
la realidad, estaba demasiado oscuro y aún así pudo ver la sangre
oscura que cubría la punta de sus dedos.
Su mano tembló al estirarla hacia ella
y elevarla de encima de su vientre, y ver el dibujo que estaba
extendido de forma temblorosa sobre la piel.
Las rodillas le fallaron al intentar
ponerse de pie y cayó torpemente al suelo.
-Vamos, Carla, vamos.-Se obligó a
levantarse y llegar hasta el interruptor, se apoyó en la pared y
pulsó uno de ellos pero no sucedió nada.
Pulsó el segundo y el tercero simultáneamente y la luz fue equivalente a la de una mañana de
Agosto en pleno desierto. Se llevó las manos a la cara y contuvo
algunos insultos cuando su espinilla chocó contra el banco y el
sonido de un jarrón rompiéndose llegó hasta sus oídos
-¿Carla?.-El grito de Marco sonó
demasiado cerca pero necesitaba seguir avanzando.
Cayó medio sentada, medio de rodillas
junto al cuerpo y separó levemente los dedos que le cubrían los
ojos. Al principio no consiguió encontrar sentido al dibujo hasta
que tres letras cobraron forma... M I O
Sus manos se deslizaron sin vida a cada
lado de su cuerpo. ¿MIO?, ¿qué diantres significaba aquello?
-¡Carla!, ¡Carla!.-Marco estaba zarandeándola
-¡Estoy bien!.-Su grito se superpuso a
los de Marco. Sergio estaba de pie a su lado pero parecía en trance
-Joder.-Masculló Marco al vez como su
amigo se balanceaba levemente hacia delante y atrás.-Necesito
sacarle de aquí, ¿estás bien?
-Si.-Dijo ella levantándose cuál
cervatillo recién nacido.-Voy a dar una última vuelta y enseguida
salgo.
-Lo que quieras.-Marco agarró a Sergio
por los hombros y lo empujó hacia fuera.-¿Cuántas veces te he
dicho que no te impliques tanto?.-Escuchó que decía pero dudó
mucho que Sergio le fuera a responder.
Carla se dirigió hacia la escalera por
dónde ascendían las gotas de sangre; subió un escalón tras otro,
esperando sentir algo pero era como si estuviera totalmente fuera de
allí, como si estuviese viendo todo a través de una pared de
cristal.
El dormitorio estaba justo en lo alto
de la escalera y las puertas dobles estaban abiertas de par en par.
La cama de dosel estaba deshecha, las
sábanas naranjas manchadas de sangre y el tul que colgaba alrededor
de ella desgarrado en ciertas partes.
Carla se cruzó de brazos y apoyó un
hombro contra el marco de la puerta. Había algo extraño, el
ambiente no encaja en absoluto con el asesino, ¿entonces porqué lo
había escogido?, ¿había algo más aparte de ser una casa vacía y
en un barrio aislado?

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