miércoles, 25 de diciembre de 2013

ESPECIAL NAVIDAD LA CAJA DE LOS SECRETOS

Carla tosió y se encogió aún más bajo las mantas, solo para terminar gruñendo porque una esquina se había soltado del doblez bajo la cama y había dejado fuera sus pies.
Extendió la mano a ciegas para coger un pañuelo de papel y se sonó con tanta fuerza que se le entaponaron los oídos, y aún así fue incapaz de respirar; dio un manotazo contra el colchón y se incorporó apoyándose en sus codos.
Y allí estaba, a los pies de su cama Álex la observaba con la cabeza ladeada como si fuera un animal salvaje que él jamás había visto en su vida, y por el que no sabía si debía sentir temor o curiosidad.
-Hola.-Susurró ella con miedo a asustarle. Álex tiró aún más de las mangas de su pijama si eso era posible hasta que solo se le vieron las puntas de los dedos.-¿No podías dormir?.-Prosiguió ella, y él miró hacia la ventana dónde la nieve que caía apenas dejaba ver más allá de dos metros.
-Papá ha salido.-Dijo él y Carla captó el doble sentido de sus palabras; su padre se había vuelto a ir al cementerio a llorar a su mujer y se había negado a mirar a su propio hijo a los ojos.
-Está bien, ven aquí.-Carla echó las mantas a un lado y palmeó el colchón a su lado. Álex avanzó dos pasos antes de pararse en seco, como si lo estuviese considerando pero Carla ya estaba acostumbrada a ello, Álex necesitaba pensarlo todo y si alguien le presionaba demasiado se cerraba sobre sí mismo y era incapaz de tomar una decisión.
Así que mantuvo la sonrisa mientras casi podía oír los mecanismos de su cabeza trabajando a toda velocidad antes de que se deslizase hacia su cama, porque Álex nunca corría, nunca arrastraba los pies, simplemente se deslizaba sobre el suelo sin hacer un solo ruido.
Se tumbó de lado dándole la espalda y Carla los tapó a ambos antes de abrazarlo contra su pecho y besarle la coronilla. Álex era demasiado pequeño para su edad, más bajito que el resto de sus compañeros y tan delgado que podías rodear su muñeca con el indice y el pulgar, y sin embargo tenía esa mirada de puro fuego que le hacía parecer más un depredador que un niño pequeño.
-Nada de esto es culpa tuya.-Susurró Carla contra su pelo.
-¿El qué?.-Dijo él y parecía decirlo de verdad, como si no entendiese que su padre se callase cada vez que él entraba en la habitación, o que evitara mirarla a todo costa. Y si así era Carla lo iba a hacer nada para informarle de la situación.
Carla lo había intentando, de verdad que si, lo había intentado mientras le duchaba, mientras le peinaba ese flequillo que siempre estaba de punta, mientras le leía un cuento o mientras lo veía dormir. Lo había intentado y había sido incapaz de ver qué era eso que tenía Álex que le hacía tan malo; era un poco tímido pero el niño entre sus brazos no era alguien malo.
-¿Cómo es la navidad?.-Preguntó Álex sacándola de su ensoñación.
-Pues... colorida, cálida, alegre, creo que te gustaría.-Dijo ella.-Todavía estamos a tiempo de intentarlo.-Dijo ella apoyándose en su antebrazo para mirarle aún cuándo él no despegó sus ojos de la ventana.
-No, creo que no quiero.-Dijo él
-¿Por qué?
-No me gusta la alegría.-Susurró él tan bajito que Carla no estuvo segura de haberlo oído bien.
-¿Por qué no te gusta?
-Porque no sé qué es.-Dijo él y pareció realmente confuso antes de mirarla, cómo si estuviese ante un gran problema de matemáticas.-¿Es por eso que papá se comporta raro?, ¿soy malo?
-No. cariño-Dijo ella abrazándolo con tanta fuerza que creyó que le rompería algo.-No hay nada malo en ti, te prometo que algún día sabrás que es.-Carla intentó soltarle pero él se apretó aún más fuerte contra ella si eso era posible.-Voy a pegarte el resfriado.-Susurró contra su frente
-Me cuidarás.-Dijo él como si fuera la verdad más absoluta existente en el mundo
-Siempre.-Prometió Carla, aún cuándo sabía que aquella noche no habría árbol de navidad, ni luces brillantes ni bolas de colores.




Marco estaba sentado en el último escalón de las escaleras de mármol, la espalda pegada a la pared y las piernas extendidas frente a él mientras por enésima vez esa noche una familia que él no conocía entraba en su casa y su madre corría a recibirlos con una bandeja de canapes en mano.
-Feliz navidad, Thomas, Elizabeth.-Dijo ella en con voz angelical, cuando era algo más pequeño, y aún en esos tiempos Marco se preguntaba a menudo su su madre no era un ángel que se había escapado del cielo.
-Agatha.-Dijo la mujer de pelo negro perfectamente recogido en un moño y ojos celestes abrazando a su madre. Marco bufó cuando comenzaron a charlar sobre los cambios producidos en el barrio, aquella era la navidad más aburrida de su vida y recién acababa de comenzar.
-Hola.-Dijo una cantarina voz captando su atención. Una niña pequeña, aunque por aquel entonces todos los niños de su edad eran más bajitos que él, le dedicó una sonrisa de dientes mellados
-Hola.-Dijo él retirándose los mechones rubios que caían sobre sus ojos.
-Eres muy guapo.-Soltó ella y Marco sintió como la sangre acudía a raudales a sus mejillas
-Beth.-Llamó la mujer y la niña de coletas negras y dientes mellados corrió hacia ella con una enorme sonrisa en su rostro. Agatha captó su mirada y le guiñó un ojos de complicidad que hizo que Marco sonriera de forma inconsciente.
-Tío, no sé cómo lo haces.-Dijo Michael sentándose de golpe a su lado.
-¿Dónde has aprendido a hablar así?.-Dijo Marco mirando a su vecino el cuál tampoco parecía muy cómodo con que los hubiesen obligado a llevar camisa y corbata.
-Mi hermano dice que es guay.-Dijo él encogiéndose de hombros.
-Ya y tu hermano también dice que las chicas son guays.-Dijo Marco frunciendo el ceño
-Es que lo son.-Dijo Michael
-¿Tú crees?.-Dijo Marco echando la cabeza hacia atrás con desgana
-Tus hermanas...-Empezó él
-Ni lo pienses.-Gruñó Marco girándose hacia él por primera vez desde que había llegado y se quedó congelado en el sitio.-¿Qué te ha pasado?.-Dijo extendiendo la mano hacia el moretón en su mejilla.
-Nada.-Dijo él mirando hacia otro lado
-Dímelo.-Exigió Marco apretando los dientes
-Pablo, ha sido Pablo
-Ese matón...
-Es dos años mayor, mi hermano dice que es normal.-Comenzó Michael

-Mañana vamos a hablar con él.-Cortó Marco levantándose de un salto y Michael no pudo contradecirle, porque al fin y al cabo Marco solo estaba haciendo lo que siempre hacía, protegerle a toda costa.


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