miércoles, 18 de diciembre de 2013

CAPITULO 21 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 21: ¡Hi, Mr. Hyde!


Carla aparcó el coche de Marco en la acera de enfrente a la dirección que él le había dado justo cuándo éste salía del coche de Sergio.
-Déjame adivinar, mi madre te ha elegido la ropa.-Dijo Marco escondiendo una sonrisa que tironeaba de la comisura de sus labios
-¿Por qué crees eso?.-Dijo ella intentando esconder su propia sonrisa
-Porque yo también hacia eso cuando ella lo hacia.-Dijo señalando su sudadera
-¿Has convencido a Sergio de que se quedara?-Dijo ella intentando ignorarle
-Como si me hubiese atrevido a decírselo, le he dejado una nota y rezaré para que no se despierte antes de que vuelva
-Que no se diga que pierdes las esperanzas rápido.-Dijo ella subiendo los escalones de piedra negra de la casa.
-Contigo nunca.-Susurró él pero Carla estaba demasiado absorta observando la fachada blanca de la casa, los grandes ventanales de cristales y las macetas pobladas en los alfeizares.
La puerta se abrió antes de que ellos ni siquiera llamaran y una mujer asomó la cabeza. Debía tener unos treinta y siete años, piel blanquecina, ojos marrón claro y parpados ahora notablemente hinchados y rojos
-Señora Martínez, muchísimas gracias por recibirnos.-Dijo Marco, ella como toda respuesta se echó al lado y les dejó hueco para pasar, como si le diera exactamente igual lo que hicieran
-Lamento su pérdida.-Dijo Carla. Era la primera vez que decía algo así en su vida, lo había escuchado cientos de veces en el funeral de su madre y luego en el de su padre y hermano y en todas ellas en su cabeza solo existía une respuesta; “No, no lo sientes ni la mitad que yo”, y por esta razón siempre se había abstenido de decirlo y sin embargo, esta vez era cierto.
Era real que sentía la pérdida de aquella mujer como si la hubiese conocido, porque de una forma u otra había conseguido acercarla al asesino
-Siéntense.-Dijo ella adentrándose en una pequeña salita redonda, con ventanas que ocupaban casi media pared y cortinas celestes que daban un aspecto marítimo a la habitación.-¿En qué puedo ayudarles?.-Los tres se sentaron alrededor de una pequeña mesa redondita, con un tapete de crochet.
-Hableme de su hermana.-Pidió Carla. Marco que había comenzado a abrir la boca para decir algo la volvió a cerrar de golpe.
-¿Qué quiere saber?.-Dijo ella, y por un instante pareció enfadada, como si hubiese esperado algo más.
-Cualquier cosa.-Dijo Carla.-Hay algo que la diferencia del resto de víctimas, algo que ha hecho que el asesino cambie el protocolo.
-No lo sé, era la hermana pequeña de manual.-Dijo ella y se colocó un mechón detrás de la oreja.-Era caprichosa, cotilla, siempre estaba metida en líos y me llamaba a las tres de la mañana para que fuera a recogerla a un lugar perdido de la mano de Dios porque el último imbécil de turno la había dejado tirada. ¡¿Quiere saber qué la hacía tan especial?!. ¡Su pésimo gusto para elegir hombres, eso la hacia especial!, ¡estoy casi segura de que vio a ese asesino y pensó que era el hombre de su vida!.-Su voz fue un jadeo roto al terminar de hablar pero Carla ya estaba inclinada hacia delante, toda paciencia y determinación
-Eso me dice porque ella se fió de él pero no porque él la eligió a ella.-Dijo Carla
-¿Tiene usted hermanos pequeños, agente...?
-Molina. Y si, puede decirse que sí
-Entonces no necesita hacerme una pregunta.-Carla sintió como el nudo que tenía en la garganta desde la noche anterior se apretaba un poco más.-Tienen ese nosequé que los hace tan especiales, esos ojos de cordero con los que siempre consiguen lo que quieren, esa sonrisa d despreocupación y esa inocencia que te hace querer protegerlos siempre, ¿entiende lo que le digo?.-A Carla no le pasó por alto la mirada que Marco le dirigió, evidentemente él también estaba pensando en Alex, pero Carla asintió.
Asintió porque en el fondo lo entendía, porque a fin de cuentas Álex también había sido un niño antes de que algo en su cabeza cambiase, o tal vez siempre había estado ahí pero no lo habían visto.
Álex también había venido a su cama a esconderse de los monstruos de su armario antes de que él se convirtiese en uno.
-Señora Martínez, avisó a mi compañero de la desaparición de su hermana, pero ¿tiene idea a dónde pudo ir?.-Dijo Marco cortando el entendimiento silencioso entre ambas
-No, ella no solía avisarme de todo lo que hacía
-Si era normal que desapareciera, ¿por qué dio la voz de alarma?
-¡Yo no he dicho que fuera normal que desapareciera!. Por lo general no pasaba más de un día sin ponerse en contacto conmigo. ¿Creen que no intenté todo antes de avisar a la policía?, hablé con los que solían ser sus amigos, fui a los bares a los que iba e incluso llamé a alguno de esos malnacidos pero ninguno sabía nada
-¿Quién fue el último hombre con el que salió?, ¿conoce su nombre?.-Dijo Marco sacando la libreta del bolsillo interno de la chaqueta.
-Si, Chris Bernon, pero no es él al que buscan, no era más que el tipo que la consolaba porque otro malnacido le rompió el corazón
-Y por casualidad, no sabrá el nombre de ese malnacido.-Supuso Marco
-De ser así, tendría algunos huesos rotos.-Sentenció ella y detrás de toda la tristeza que velaba sus ojos brilló una llama.
-Bien, nos pondremos en contacto con el tal Chris, a lo mejor sabe el nombre del tipo. No le entretenemos más, supongo que tendrá muchas cosas por hacer
-Si, preparar un entierro da mucho trabajo.-Carla estaba segura de que en cualquier otra circunstancia se hubiera reído de la batalla que ella estaba intentando librar contra Marco.
El teléfono fijo eligió ese momento para sonar a la vez que lo hacía el móvil de Marco, y ambos se levantaron de sus respectivos asientos.
Carla jugueteó con sus dedos, intentando hacerlos entrar en calor, porque era como si de repente el invierno hubiese venido sus cabezas.
La señora Martínez derramaba lágrimas silenciosas mientras le daba indicaciones a alguien sobre las flores a usar en el entierro, Marco por su parte tenía la mandíbula tan apretada que los dientes parecían a punto de romperseles, y solo asentía de vez en cuando lo que indicaba graves problemas.
-En seguida estaré allí.-dijo él antes de colgar.-El FBI quiere hacerse con nuestro caso, al parecer la señora Martínez tiene ciertos contactos y nos considera incompetentes para el caso.-Escupió él
-Esta bien, no pasa nada, arreglaremos esto.-Dijo Carla respirando hondo
-¡¿Arreglarlo?!.-Dijo él.-Me quitan el caso Carla, adiós a todo lo avanzado.-Carla se puso en pie lentamente
-Te estoy diciendo que lo arreglaremos, nadie NOS va a quitar el caso.-Su voz sonó helada a sus propios oídos.-Ahora ve a comisaría, estaré detrás de ti
-Bien.-Masculló él y salió dando un portazo, la señora Martínez eligió ese momento para colgar el teléfono.
-Veo que su compañero ya se ha enterado.-Dijo secándose las lágrimas con las yemas de los dedos.
-Se está equivocando.-Sentenció Carla
-¿En qué según usted?
-Entiendo su dolor, y sus ganas de venganza pero si lo que quería era a los mejores, los tenía
-No lo estaban demostrando
-Ya lo veremos.-Dijo Carla retrocediendo al comprender que se había estado inclinando hacia delante
-Siempre podrían colaborar con ellos.-Dijo ella de repente asustada. Carla se giró y comenzó a avanzar hacia la puerta
-Hace demasiado tiempo que los federales y yo rompimos.-Carla puso una mano en el pomo y se congeló. Había algo en el ambiente, en el aire...
-¿sabe?, todo esto es una ironía.-Carla abrió la puerta lentamente, sus ojos moviéndose por todas partes
-¿Por qué dice eso?.-Jadeó
-Su mayor sueño siempre había sido vivir en esa barriada, decía que quería formar una familia en una de esas casas.-¡PUM!, otra pieza del puzzle que encajaba.-Y acabó muriendo en una de ellas.-Entonces lo vio, era solo una sombra agachada contra un gran roble pero en el momento en que sus miradas chocaron juró que sus ojos brillaron en los huecos que les dejaba el pasamontañas.
Carla se llevó la mano a la pistola, todo su cuerpo en tensión porque era él, lo sabía en cada célula de su organismo.
-Te tengo.-Susurró antes de lanzarse hacia delante.-Saltó tres escalones y cruzó el patio a toda velocidad mientras la señora Martínez le gritaba.
Sabía que debía decirle que se metiera en su casa y cerrara el pestillo pero era incapaz de alejar sus sentidos de él; pero claro el asesino también se había puesto en movimiento y era mucho más rápido de lo esperado.
Carla escuchó el claxon un segundo antes de que el camión pasara a toda velocidad a centímetros de su cuerpo y cuando todo ese amasijo de metal desapareció de su vista él ya no estaba.
Aún así corrió, corrió en círculos buscando la más mínima señal de alguien pero no encontró nada y solo consiguió desatar los ladridos de los perros cercanos ante su frito de frustración.
Se metió en el coche dando un portazo y pisó el acelerados hasta que el motor rugió con la misma fiereza que ella sentía.

Primero un asesino se le escapa, luego el FBI y ahora un asesino que se pasea ante sus narices. Alguien estaba llamando a las puertas del infierno y ya era hora de que fuera a recibir a sus invitados.


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