CAPITULO 21: ¡Hi, Mr.
Hyde!
Carla aparcó el coche de
Marco en la acera de enfrente a la dirección que él le había dado
justo cuándo éste salía del coche de Sergio.
-Déjame adivinar, mi
madre te ha elegido la ropa.-Dijo Marco escondiendo una sonrisa que
tironeaba de la comisura de sus labios
-¿Por qué crees
eso?.-Dijo ella intentando esconder su propia sonrisa
-Porque yo también hacia
eso cuando ella lo hacia.-Dijo señalando su sudadera
-¿Has convencido a
Sergio de que se quedara?-Dijo ella intentando ignorarle
-Como si me hubiese
atrevido a decírselo, le he dejado una nota y rezaré para que no se
despierte antes de que vuelva
-Que no se diga que
pierdes las esperanzas rápido.-Dijo ella subiendo los escalones de
piedra negra de la casa.
-Contigo nunca.-Susurró
él pero Carla estaba demasiado absorta observando la fachada blanca
de la casa, los grandes ventanales de cristales y las macetas
pobladas en los alfeizares.
La puerta se abrió antes
de que ellos ni siquiera llamaran y una mujer asomó la cabeza. Debía
tener unos treinta y siete años, piel blanquecina, ojos marrón
claro y parpados ahora notablemente hinchados y rojos
-Señora Martínez,
muchísimas gracias por recibirnos.-Dijo Marco, ella como toda
respuesta se echó al lado y les dejó hueco para pasar, como si le
diera exactamente igual lo que hicieran
-Lamento su pérdida.-Dijo
Carla. Era la primera vez que decía algo así en su vida, lo había
escuchado cientos de veces en el funeral de su madre y luego en el de
su padre y hermano y en todas ellas en su cabeza solo existía une
respuesta; “No, no lo sientes ni la mitad que yo”, y por esta
razón siempre se había abstenido de decirlo y sin embargo, esta vez
era cierto.
Era real que sentía la
pérdida de aquella mujer como si la hubiese conocido, porque de una
forma u otra había conseguido acercarla al asesino
-Siéntense.-Dijo ella
adentrándose en una pequeña salita redonda, con ventanas que
ocupaban casi media pared y cortinas celestes que daban un aspecto
marítimo a la habitación.-¿En qué puedo ayudarles?.-Los tres se
sentaron alrededor de una pequeña mesa redondita, con un tapete de
crochet.
-Hableme de su
hermana.-Pidió Carla. Marco que había comenzado a abrir la boca
para decir algo la volvió a cerrar de golpe.
-¿Qué quiere
saber?.-Dijo ella, y por un instante pareció enfadada, como si
hubiese esperado algo más.
-Cualquier cosa.-Dijo
Carla.-Hay algo que la diferencia del resto de víctimas, algo que ha
hecho que el asesino cambie el protocolo.
-No lo sé, era la
hermana pequeña de manual.-Dijo ella y se colocó un mechón detrás
de la oreja.-Era caprichosa, cotilla, siempre estaba metida en líos
y me llamaba a las tres de la mañana para que fuera a recogerla a un
lugar perdido de la mano de Dios porque el último imbécil de turno
la había dejado tirada. ¡¿Quiere saber qué la hacía tan
especial?!. ¡Su pésimo gusto para elegir hombres, eso la hacia
especial!, ¡estoy casi segura de que vio a ese asesino y pensó que
era el hombre de su vida!.-Su voz fue un jadeo roto al terminar de
hablar pero Carla ya estaba inclinada hacia delante, toda paciencia y
determinación
-Eso me dice porque ella
se fió de él pero no porque él la eligió a ella.-Dijo Carla
-¿Tiene usted hermanos
pequeños, agente...?
-Molina. Y si, puede
decirse que sí
-Entonces no necesita
hacerme una pregunta.-Carla sintió como el nudo que tenía en la
garganta desde la noche anterior se apretaba un poco más.-Tienen ese
nosequé que los hace tan especiales, esos ojos de cordero con los
que siempre consiguen lo que quieren, esa sonrisa d despreocupación
y esa inocencia que te hace querer protegerlos siempre, ¿entiende lo
que le digo?.-A Carla no le pasó por alto la mirada que Marco le
dirigió, evidentemente él también estaba pensando en Alex, pero
Carla asintió.
Asintió porque en el
fondo lo entendía, porque a fin de cuentas Álex también había
sido un niño antes de que algo en su cabeza cambiase, o tal vez
siempre había estado ahí pero no lo habían visto.
Álex también había
venido a su cama a esconderse de los monstruos de su armario antes de
que él se convirtiese en uno.
-Señora Martínez, avisó
a mi compañero de la desaparición de su hermana, pero ¿tiene idea
a dónde pudo ir?.-Dijo Marco cortando el entendimiento silencioso
entre ambas
-No, ella no solía
avisarme de todo lo que hacía
-Si era normal que
desapareciera, ¿por qué dio la voz de alarma?
-¡Yo no he dicho que
fuera normal que desapareciera!. Por lo general no pasaba más de un
día sin ponerse en contacto conmigo. ¿Creen que no intenté todo
antes de avisar a la policía?, hablé con los que solían ser sus
amigos, fui a los bares a los que iba e incluso llamé a alguno de
esos malnacidos pero ninguno sabía nada
-¿Quién fue el último
hombre con el que salió?, ¿conoce su nombre?.-Dijo Marco sacando la
libreta del bolsillo interno de la chaqueta.
-Si, Chris Bernon, pero
no es él al que buscan, no era más que el tipo que la consolaba
porque otro malnacido le rompió el corazón
-Y por casualidad, no
sabrá el nombre de ese malnacido.-Supuso Marco
-De ser así, tendría
algunos huesos rotos.-Sentenció ella y detrás de toda la tristeza
que velaba sus ojos brilló una llama.
-Bien, nos pondremos en
contacto con el tal Chris, a lo mejor sabe el nombre del tipo. No le
entretenemos más, supongo que tendrá muchas cosas por hacer
-Si, preparar un entierro
da mucho trabajo.-Carla estaba segura de que en cualquier otra
circunstancia se hubiera reído de la batalla que ella estaba
intentando librar contra Marco.
El teléfono fijo eligió
ese momento para sonar a la vez que lo hacía el móvil de Marco, y
ambos se levantaron de sus respectivos asientos.
Carla jugueteó con sus
dedos, intentando hacerlos entrar en calor, porque era como si de
repente el invierno hubiese venido sus cabezas.
La señora Martínez
derramaba lágrimas silenciosas mientras le daba indicaciones a
alguien sobre las flores a usar en el entierro, Marco por su parte
tenía la mandíbula tan apretada que los dientes parecían a punto
de romperseles, y solo asentía de vez en cuando lo que indicaba
graves problemas.
-En seguida estaré
allí.-dijo él antes de colgar.-El FBI quiere hacerse con nuestro
caso, al parecer la señora Martínez tiene ciertos contactos y nos
considera incompetentes para el caso.-Escupió él
-Esta bien, no pasa nada,
arreglaremos esto.-Dijo Carla respirando hondo
-¡¿Arreglarlo?!.-Dijo
él.-Me quitan el caso Carla, adiós a todo lo avanzado.-Carla se
puso en pie lentamente
-Te estoy diciendo que lo
arreglaremos, nadie NOS va a quitar el caso.-Su voz sonó helada a
sus propios oídos.-Ahora ve a comisaría, estaré detrás de ti
-Bien.-Masculló él y
salió dando un portazo, la señora Martínez eligió ese momento
para colgar el teléfono.
-Veo que su compañero ya
se ha enterado.-Dijo secándose las lágrimas con las yemas de los
dedos.
-Se está
equivocando.-Sentenció Carla
-¿En qué según usted?
-Entiendo su dolor, y sus
ganas de venganza pero si lo que quería era a los mejores, los tenía
-No lo estaban
demostrando
-Ya lo veremos.-Dijo
Carla retrocediendo al comprender que se había estado inclinando
hacia delante
-Siempre podrían
colaborar con ellos.-Dijo ella de repente asustada. Carla se giró y
comenzó a avanzar hacia la puerta
-Hace demasiado tiempo
que los federales y yo rompimos.-Carla puso una mano en el pomo y se
congeló. Había algo en el ambiente, en el aire...
-¿sabe?, todo esto es
una ironía.-Carla abrió la puerta lentamente, sus ojos moviéndose
por todas partes
-¿Por qué dice
eso?.-Jadeó
-Su mayor sueño siempre
había sido vivir en esa barriada, decía que quería formar una
familia en una de esas casas.-¡PUM!, otra pieza del puzzle que
encajaba.-Y acabó muriendo en una de ellas.-Entonces lo vio, era
solo una sombra agachada contra un gran roble pero en el momento en
que sus miradas chocaron juró que sus ojos brillaron en los huecos
que les dejaba el pasamontañas.
Carla se llevó la mano a
la pistola, todo su cuerpo en tensión porque era él, lo sabía en
cada célula de su organismo.
-Te tengo.-Susurró antes
de lanzarse hacia delante.-Saltó tres escalones y cruzó el patio a
toda velocidad mientras la señora Martínez le gritaba.
Sabía que debía decirle
que se metiera en su casa y cerrara el pestillo pero era incapaz de
alejar sus sentidos de él; pero claro el asesino también se había
puesto en movimiento y era mucho más rápido de lo esperado.
Carla escuchó el claxon
un segundo antes de que el camión pasara a toda velocidad a
centímetros de su cuerpo y cuando todo ese amasijo de metal
desapareció de su vista él ya no estaba.
Aún así corrió, corrió
en círculos buscando la más mínima señal de alguien pero no
encontró nada y solo consiguió desatar los ladridos de los perros
cercanos ante su frito de frustración.
Se metió en el coche
dando un portazo y pisó el acelerados hasta que el motor rugió con
la misma fiereza que ella sentía.

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