miércoles, 11 de diciembre de 2013

CAPITULO 20 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 20. “El mundo es un pañuelo, sucio”

Carla se sentó en la cama de golpe con todos los músculos en tensión, sus ojos registrando la habitación buscando la amenaza que la había hecho despertarse.
La puerta se abrió lentamente y la madre de Marco asomó la cabeza por el hueco, sus labios se curvaron en una sonrisa que parecía impropia de ella.
-¿No puedes dormir?.-Carla se forzó en aprovechar los segundos que tardó ella en girarse para encender la luz para recomponer su semblante.
-Solo la costumbre de despertarme temprano.-Dijo ella.-Carla levantó las sábanas y se impulsó hacia fuera; en ese momento fue consciente de sus piernas desnudas y del hecho de que llevaba una camiseta de Marco
No estaba dispuesta a explicarle a la mujer frente a ella que estaba vistiendo una camiseta de su hijo porque después de cuarenta minutos dando vueltas en la cama había decidido que se había acostumbrado a su presencia y si quería dormir algo iba a necesitar tomar medidas.
-Ha llamado Marco para preguntar si estabas despierta y he pensado que tal vez te gustaría desayunar con nosotros.-Dijo ella de repente muy interesada en la pared de enfrente.
-Claro, si me esperas...-Carla no tuvo ocasión de terminar de hablar antes de que ella saliese de la habitación. No era la mejor forma de empezar una relación con... con... ¿Qué era la madre de Marco para ella?, ¿su suegra?. No se imaginaba siendo nuera de nadie.
Se arrastró hasta el cuarto de baño y se metió bajo la ducha solo un segundo después de haberse sacado la ropa. El agua helada le entumeció los músculos y los dientes le castañetearon pero solo entonces su mente consiguió aclararse.
La noche anterior habían tenido que suministrarle un tranquilizante a Sergio y Marco se lo había llevado a su casa, luego la había llamado para decirle que se iba a quedar a pasar la noche.
Alcanzó una manopla, y la humedeció antes de volcar una buena cantidad de gel encima, y se frotó la piel con fiereza, intentando borrar la sensación de haber tenido al asesino cerca.
Cerró los ojos e imaginó que cada gota se llevaba consigo algo relacionado con él, hasta que ya no quedó nada y el olor a pan tostado llegó hasta ella tentándola a salir.
Carla se detuvo en la puerta del cuarto de baño, el agua goteando el suelo pero incapaz de moverse ante la vista del traje de chaqueta color crema extendido sobre la cama.
Comenzaba a entender porque todos los Cardone eran unos triunfadores, pero era demasiado tarde para ella, demasiado tarde para que alguien cuidara de ella.
Pasó de largo la cama con pasos energéticos y abrió las puertas del armario de un tirón, a la vez que intentaba reprimir un bufido al ver que la ropa de Marco había sido arrastrada a un lado y su propia ropa ocupaba la mitad.
Escogió unos vaqueros oscuros y una camiseta negra con el logo de la banda de rock que había tenido su primer novio y que solo usaba a veces para dormir pero que ahora le parecía perfecta; se recogió el pelo en un moño despeinado y salió al pasillo con la barbilla bien alta.
Bea fue la primera en verla y tuvo que esconder el rostro tras sus manos para ocultar la risa, Fabian por otro lado le recorrió el cuerpo con los ojos para finalmente dedicarle un guiño.
Agatha ignoró su atuendo aún cuando su nariz se arrugó notablemente al indicarle que tenía su desayuno en la mesa, Carla estaba a punto de decirle que sabía hacer un café pero pensó que tal vez le daba un ataque al corazón, así que se limitó a mostrar su descontento arrastrando la silla por el suelo.
-Aunque no lo creas es bastante útil cuando quieres dedicar todo tu tiempo a estudiar.-Susurró Bea
-¿También me limpiará el arma cuando descubra al asesino?.-Bea abrió mucho los ojos y Carla por un instante se preguntó si se había pasado de la raya pero entonces comenzó a reírse a mandíbula suelta, con pequeños hipidos y lágrimas escapando por el rabillo del ojo.
-¿Así que vas a coger a ese asesino?.-dijo Fabian sentándose en la silla frente a ella
-Eso pretendo.-Dijo ella
-Y...¿qué es lo que te hace tan especial?.-Fabian se inclinó hacia ella y Carla se dedicó a untar su tostada de mantequilla antes de mirarle
-No lo sé
-¡¿No lo sabes?!.-Exclamó él y pareció tremendamente decepcionado
-Exacto.-Dijo ella pegandole un bocado a la tostada
-No sé...¿Les pegas?, ¿les seduces?...Porque según todos puedes sacarle a cualquiera su mayor secreto
-Yo simplemente...-El trozo de pan se quedo atascado en su garganta al comprender las palabras de Fabian y tuvo que lanzarse a por la taza de café. Fabian se levantó de un salto, tal vez demasiado rápido para un adulto y le dio palmadas en la espalda hasta que Carla hipó en busca de aire.
-¿Mejor?.-Dijo él
-¿Qué quiere decir que todos dicen que puedo sacarle no sé qué a no sé quién?.-Urgió ella
-Bueno es realmente difícil encontrar información sobre ti, pero después de un tiempo encontré un chat y un tipo decía conocerte.-Carla se llevó las manos al rostro intentando ocultar las ganas de asesinar a su hermano
-Fabian.-Intentó que su voz fuera lo más calmada posible pero solo consiguió que sonara como la de un gato cuyo rabo ha sido pisado.-No vuelvas a entrar en ese chat
-¡¿Qué?!, ¿por qué?.-Él retrocedió unos centímetros espantado
-Porque la información no es fiable.-Soltó Carla
-¡¿Qué no es fiable?!, ¡¿acaso no es cierto que tú eres así, que has descubierto a cientos de asesinos?!.-Exclamó él, Carla fue brevemente consciente de Bea moviéndose incomoda en su asiento pero estaba demasiado concentrada en intentar hacerle ver a Fabian que probablemente había hablado con un asesino
-Si, es cierto pero no sabes quién hay al otro lado
-¡Qué no seamos policías no nos convierte en imbéciles!.-Esta vez gritó tanto que Carla fue incapaz de responderle.-Creo que empiezo a entender porque Marco te quiere aquí, no es porque de repente se haya vuelto un loco enamorado, es porque eres cómo él
-Fabian.-Jadeó Bea pero él ya se dirigía a la puerta a toda velocidad. Carla no pudo evitar saltar sobre sí misma ante el portazo y respirar hondo, sabiendo que todos los músculos de su cuerpo le gritaban que le detuviera y no le dejara ir hasta haber entendido el mensaje.-Yo no creo eso.-Susurró Bea
-Exactamente, ¿qué no crees?.-Carla se giró hacia ella y se concentró en las pecas de sus mejillas para evitar mirarla a los ojos.
-No creo que Marco te tenga aquí porque seas igual que él, creo que él te está salvando.-Carla abrió la boca para contradecirle pero al ver como arqueaba su ceja decidió mantenerse en silencio.-Y tú le estás salvando a él
-No creo que Marco necesite ser salvado
-Claro que si, necesita ser salvado de sus recuerdos.-Dijo Bea encogiéndose de hombros y levantándose de un salto.
Carla querría interrumpirla, de verdad que si pero fue incapaz de hacerlo cuando el enfado de Marco por haber querido conocer su pasado volvió a su mente
-En seguida te la paso.-Dijo Agatha que hablaba por teléfono y al cruzarse con su hija le dedicó una dura mirada.-Te llama Marco.-Dijo ella tendiéndole el teléfono.
-Hola
-¿estás bien?
-Si, ¿cómo estáis Sergio y tú?
-Sergio dormido como un tronco y yo he conseguido que la familia nos reciba ahora
-He preguntado cómo estás, no cuánto has trabajado.-Dijo ella
-Bien, solo ansioso. ¿Seguro que estás bien?

-Si, ¿dónde quieres que nos vemos?


Él se agachó sentándose sobre sus talones, y dibujó una X sobre la tierra mojada que se acumulaba a sus pies. En tan solo unos minutos ella estaría sobre ese lugar, probablemente sin tener ni idea de que él habría estado allí... Estúpido cervatillo que corría tras un león sin saber que él podría girarse y devorarlo en cualquier instante.¿Y quién sabe, tal vez lo hiciera?
Porque sin ninguna duda Carla Molina se lo merecía, siendo tan descuidada, creer que podría entenderle.
-Yo te enseñaré con quién estás tratando.-Susurró trasladándose tras un árbol cuándo el coche enfiló la calle y Carla se bajó del coche con una sonrisa hacia ese pobre desgraciado, tan inocente y tan... muerta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario