CAPITULO 20. “El mundo es un pañuelo,
sucio”
Carla se sentó en la cama de golpe con
todos los músculos en tensión, sus ojos registrando la habitación
buscando la amenaza que la había hecho despertarse.
La puerta se abrió lentamente y la
madre de Marco asomó la cabeza por el hueco, sus labios se curvaron
en una sonrisa que parecía impropia de ella.
-¿No puedes dormir?.-Carla se forzó
en aprovechar los segundos que tardó ella en girarse para encender
la luz para recomponer su semblante.
-Solo la costumbre de despertarme
temprano.-Dijo ella.-Carla levantó las sábanas y se impulsó hacia
fuera; en ese momento fue consciente de sus piernas desnudas y del
hecho de que llevaba una camiseta de Marco
No estaba dispuesta a explicarle a la
mujer frente a ella que estaba vistiendo una camiseta de su hijo
porque después de cuarenta minutos dando vueltas en la cama había
decidido que se había acostumbrado a su presencia y si quería
dormir algo iba a necesitar tomar medidas.
-Ha llamado Marco para preguntar si
estabas despierta y he pensado que tal vez te gustaría desayunar con
nosotros.-Dijo ella de repente muy interesada en la pared de
enfrente.
-Claro, si me esperas...-Carla no tuvo
ocasión de terminar de hablar antes de que ella saliese de la
habitación. No era la mejor forma de empezar una relación con...
con... ¿Qué era la madre de Marco para ella?, ¿su suegra?. No se
imaginaba siendo nuera de nadie.
Se arrastró hasta el cuarto de baño y
se metió bajo la ducha solo un segundo después de haberse sacado la
ropa. El agua helada le entumeció los músculos y los dientes le castañetearon pero solo entonces su mente consiguió aclararse.
La noche anterior habían tenido que
suministrarle un tranquilizante a Sergio y Marco se lo había llevado
a su casa, luego la había llamado para decirle que se iba a quedar a
pasar la noche.
Alcanzó una manopla, y la humedeció
antes de volcar una buena cantidad de gel encima, y se frotó la piel
con fiereza, intentando borrar la sensación de haber tenido al
asesino cerca.
Cerró los ojos e imaginó que cada
gota se llevaba consigo algo relacionado con él, hasta que ya no
quedó nada y el olor a pan tostado llegó hasta ella tentándola a
salir.
Carla se detuvo en la puerta del cuarto
de baño, el agua goteando el suelo pero incapaz de moverse ante la
vista del traje de chaqueta color crema extendido sobre la cama.
Comenzaba a entender porque todos los
Cardone eran unos triunfadores, pero era demasiado tarde para ella,
demasiado tarde para que alguien cuidara de ella.
Pasó de largo la cama con pasos
energéticos y abrió las puertas del armario de un tirón, a la vez
que intentaba reprimir un bufido al ver que la ropa de Marco había
sido arrastrada a un lado y su propia ropa ocupaba la mitad.
Escogió unos vaqueros oscuros y una
camiseta negra con el logo de la banda de rock que había tenido su
primer novio y que solo usaba a veces para dormir pero que ahora le
parecía perfecta; se recogió el pelo en un moño despeinado y salió
al pasillo con la barbilla bien alta.
Bea fue la primera en verla y tuvo que
esconder el rostro tras sus manos para ocultar la risa, Fabian por
otro lado le recorrió el cuerpo con los ojos para finalmente
dedicarle un guiño.
Agatha ignoró su atuendo aún cuando
su nariz se arrugó notablemente al indicarle que tenía su desayuno
en la mesa, Carla estaba a punto de decirle que sabía hacer un café
pero pensó que tal vez le daba un ataque al corazón, así que se
limitó a mostrar su descontento arrastrando la silla por el suelo.
-Aunque no lo creas es bastante útil
cuando quieres dedicar todo tu tiempo a estudiar.-Susurró Bea
-¿También me limpiará el arma cuando
descubra al asesino?.-Bea abrió mucho los ojos y Carla por un
instante se preguntó si se había pasado de la raya pero entonces
comenzó a reírse a mandíbula suelta, con pequeños hipidos y
lágrimas escapando por el rabillo del ojo.
-¿Así que vas a coger a ese
asesino?.-dijo Fabian sentándose en la silla frente a ella
-Eso pretendo.-Dijo ella
-Y...¿qué es lo que te hace tan
especial?.-Fabian se inclinó hacia ella y Carla se dedicó a untar
su tostada de mantequilla antes de mirarle
-No lo sé
-¡¿No lo sabes?!.-Exclamó él y
pareció tremendamente decepcionado
-Exacto.-Dijo ella pegandole un bocado
a la tostada
-No sé...¿Les pegas?, ¿les
seduces?...Porque según todos puedes sacarle a cualquiera su mayor
secreto
-Yo simplemente...-El trozo de pan se
quedo atascado en su garganta al comprender las palabras de Fabian y
tuvo que lanzarse a por la taza de café. Fabian se levantó de un
salto, tal vez demasiado rápido para un adulto y le dio palmadas en
la espalda hasta que Carla hipó en busca de aire.
-¿Mejor?.-Dijo él
-¿Qué quiere decir que todos dicen
que puedo sacarle no sé qué a no sé quién?.-Urgió ella
-Bueno es realmente difícil encontrar
información sobre ti, pero después de un tiempo encontré un chat y
un tipo decía conocerte.-Carla se llevó las manos al rostro
intentando ocultar las ganas de asesinar a su hermano
-Fabian.-Intentó que su voz fuera lo
más calmada posible pero solo consiguió que sonara como la de un
gato cuyo rabo ha sido pisado.-No vuelvas a entrar en ese chat
-¡¿Qué?!, ¿por qué?.-Él
retrocedió unos centímetros espantado
-Porque la información no es
fiable.-Soltó Carla
-¡¿Qué no es fiable?!, ¡¿acaso no
es cierto que tú eres así, que has descubierto a cientos de
asesinos?!.-Exclamó él, Carla fue brevemente consciente de Bea
moviéndose incomoda en su asiento pero estaba demasiado concentrada
en intentar hacerle ver a Fabian que probablemente había hablado con
un asesino
-Si, es cierto pero no sabes quién hay
al otro lado
-¡Qué no seamos policías no nos
convierte en imbéciles!.-Esta vez gritó tanto que Carla fue incapaz
de responderle.-Creo que empiezo a entender porque Marco te quiere
aquí, no es porque de repente se haya vuelto un loco enamorado, es
porque eres cómo él
-Fabian.-Jadeó Bea pero él ya se
dirigía a la puerta a toda velocidad. Carla no pudo evitar saltar
sobre sí misma ante el portazo y respirar hondo, sabiendo que todos
los músculos de su cuerpo le gritaban que le detuviera y no le
dejara ir hasta haber entendido el mensaje.-Yo no creo eso.-Susurró
Bea
-Exactamente, ¿qué no crees?.-Carla
se giró hacia ella y se concentró en las pecas de sus mejillas para
evitar mirarla a los ojos.
-No creo que Marco te tenga aquí
porque seas igual que él, creo que él te está salvando.-Carla
abrió la boca para contradecirle pero al ver como arqueaba su ceja
decidió mantenerse en silencio.-Y tú le estás salvando a él
-No creo que Marco necesite ser salvado
-Claro que si, necesita ser salvado de
sus recuerdos.-Dijo Bea encogiéndose de hombros y levantándose de
un salto.
Carla querría interrumpirla, de verdad
que si pero fue incapaz de hacerlo cuando el enfado de Marco por
haber querido conocer su pasado volvió a su mente
-En seguida te la paso.-Dijo Agatha que
hablaba por teléfono y al cruzarse con su hija le dedicó una dura
mirada.-Te llama Marco.-Dijo ella tendiéndole el teléfono.
-Hola
-¿estás bien?
-Si, ¿cómo estáis Sergio y tú?
-Sergio dormido como un tronco y yo he
conseguido que la familia nos reciba ahora
-He preguntado cómo estás, no cuánto
has trabajado.-Dijo ella
-Bien, solo ansioso. ¿Seguro que estás
bien?
-Si, ¿dónde quieres que nos vemos?
Él se agachó sentándose sobre sus
talones, y dibujó una X sobre la tierra mojada que se acumulaba a
sus pies. En tan solo unos minutos ella estaría sobre ese lugar,
probablemente sin tener ni idea de que él habría estado allí...
Estúpido cervatillo que corría tras un león sin saber que él
podría girarse y devorarlo en cualquier instante.¿Y quién sabe,
tal vez lo hiciera?
Porque sin ninguna duda Carla Molina se
lo merecía, siendo tan descuidada, creer que podría entenderle.
-Yo te enseñaré con quién estás
tratando.-Susurró trasladándose tras un árbol cuándo el coche
enfiló la calle y Carla se bajó del coche con una sonrisa hacia ese
pobre desgraciado, tan inocente y tan... muerta.

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