CAPITULO 22: "Los niños siempre traen un pan bajo el brazo"
Marco se lanzó hacia delante en cuánto
las puertas del ascensor se abrieron pero ahí estaba Sergio para
detenerle.
-Están con Gómez.-Dijo él como
bienvenida.-Y han pedido que no se les moleste.
-¡¿Se puede saber qué está
pasando?!.-Bufó Marco dirigiéndose a grandes zancadas hacia su
mesa.
-Al parecer de repente le interesamos a
los federales.-Dijo Sergio sentándose en la mesa como si de repente
se sintiese muy cansado
-¿Cómo estás tú?.-Dijo Marco
mirándole de reojo
-Las he tenido peores.-Dijo él
encogiéndose de hombros
-Vuelve a casa de esa enfermera Sergio,
déjala cuidarte.-Sugirió Marco
-Creo que mejor no.-Dijo Sergio
levantándose de repente tenso, justo cuando la puerta del despacho
se abría.
Dos hombres enchaquetados y con zapatos
brillantes salían justo al inspector Gómez, éste último le
dirigió una mirada de advertencia mientras charlaba con ellos en el
despacho.
Marco dio un paso al frente cuando
Sergio le puso una mano en el hombro.-Espera un poco.-Dijo él
-¿A qué debo esperar Sergio?, ¿a qué
todo lo que hemos estado construyendo durante meses nos lo roben un
par de tíos que no tienen idea del caso, qué no han hablado con las
familias de las victimas?. ¡Ellos no le han prometido a nadie acabar
con ese tipo, así que por encima de mi cadaver van a hacerse cargo
del caso!.-Marco se giro al mismo tiempo que la puerta del ascensor
se abrían y el silencio embargaba toda la planta.
-Y ahí viene la caballería.-Susurró
Sergio. Marco no pudo evitar sonreír al ver entrar a Carla, con unos
vaqueros gastados, zapatillas de deporte y una camiseta promocional
de un grupo que no debía conocer ni su fundador, sin embargo eran
sus ojos tan brillantes cómo el metal y decididos los que hacían
que el resto de compañeros se giraran para dejarle pasos.-Mamá
leona viene a devorar a esos viles carroñeros que revolotean sobre
nuestros cadáveres.-Dijo Sergio y a pesar de ello su voz continuó
sonando profundamente triste
-Choque de trenes a ciento cincuenta
kilometros hora por la vía dos.-Dijo David uniéndose a la fiesta y
señalando el fondo del pasillo por el que los dos agentes del FBI
ahora caminaban con el inspector Gómez
-Esto no me lo pierdo.-Dijo Sergio levantándose de un salto pero Marco ya estaba en movimiento por lo
que llegó justo a tiempo para el instante en que el grupo se
encontró con Carla
-Carla, ¡qué sorpresa!.-Dijo el
inspector Gómez en un tono demasiado falso.-Justo a tiempo para
conocer a...
-Ya sé quiénes son.-Había algo en su
voz, un peligro latente que Marco solo había oído en los peores
criminales y que le heló la sangre
-Nosotros no contamos con el mismo
poder.-Dijo el más bajito de los dos
-Ella es...
-Agente especial Carla Molina.-Dijo
ella cortando de nuevo al inspector, el cuál parecía totalmente
encantado
-Ya nos avisaron sobre usted.-Reprochó
el alto.-Pero debe saber que estamos ante un caso de máxima alerta y
que no nos podemos permitir juegos de patio
-Debe usted saber que esto dejó de ser
un juego de patio después del primer asesinato, y según recuerdo
ninguno de ustedes parecía interesado en un asesino de tres al
cuarto, o al menos así lo consideraron
-Directa a la yugular.-Murmuró Sergio
a su lado
-Las condiciones cambian.-Repuso él
-Y le estaríamos muy agradecidos que
se retirara del camino de la investigación o... Tendremos que
apartarla.-Justo en ese momento apareció Julia guiando a un par de
hombres con monos de trabajo azul y que transportaban cajas y cajas
sobre la información recogida
-¡QUIETOS!.-Había una autoridad en
ella que Marco ni siquiera había visto cuándo estaba con Álex, tal
que los trabajadores dejaron caer la palanca que les ayudaba a
transportar el carrito que resonó contra el suelo de madera
-No sé quién se cree para
ordenar...-Carla se giró lentamente hacia él, la mandíbula
apretada con tanta fuerza que casi podían oír sus dientes crujir y
sus ojos entrecerrados con cierto asco, cómo si contemplara a un
insecto pequeño y maloliente. Dio un paso hacia delante tal que
apenas la separaban una palma de ambos hombres y aún con las
diferencias de estaturas, aún cuándo Carla tuvo que inclinar el
cuello hacia atrás para hablarles parecía más inmensa que todos
los allí presente.
-Me creo la persona a cargo de esta
investigación por orden del gobierno.-Su declaración cayó como un
balde de agua fría sobre ellos y los federales lo máximo que
pudieron hacer fue boquear en busca de palabras mientras ellas le
tendía la orden
-Nosotros trabajamos para el gobierno y
no hemos recibido ninguna notificación de ello.-Dijo uno de ellos
cruzándose de brazos como si así pudiera evitar tomar la carta que
Carla les tendía
-Yo tengo poder completo del gobierno
para llevar esta investigación y la carta así lo recalca.-Dijo ella
con la paciencia de alguien que habla con un niño
-Está bien.-dijo el alto.-Ya nos
necesitarán.-Dijo tirando de su compañero hacia la puerta
-Seguro.-Masculló David
-Disculpad las molestias.-Dijo Carla
girándose hacia los dos hombres que aún seguían anonadados junto
al carro.-Si no les importa volver a poner todas esas carpetas dónde
estaban.-Y les dedicó la más deslumbrante de las sonrisas que los
dejó aún más perdidos que antes
-Y bien jefa, ¿qué hacemos?.-Dijo
Sergio con sorna, ella esperó con los ojos entrecerrados hasta que
las puertas del ascensor se cerraron y los agentes desaparecieron
antes de volverse hacia ellos.
-Nada ha cambiado, solo tengo el poder
de elegir mi equipo y os he elegido a vosotros pero sigues estando al
cargo Cardone.-Marco sintió como un nudo que había comenzado a
liberarse en su interior volvía a anudarse, por una vez había
tenido el deseo de simplemente cumplir ordenes sin pensar.
-Pues vaya aburrimiento.-Bufó Sergio
-Seguimos igual de antes.-Dijo
Marco.-Nuestra máxima prioridad es encontrar la relación entre las
víctimas, ya cometimos el error de creer que había sido algo
aleatorio y ahora nos vuelven a llevar ventaja.
-Y el afro a pelearse con los
hospitales.-Se quejó David aunque en su tono había más diversión
que otra cosa
-Allá vamos.-Dijo Carla dirigiéndose
hacia la mesa de investigaciones y sentándose frente al diario
abierto.
24-03-2007
Querido diario...
¡Oh Dios!, ¡qué estúpida me
siento!. Hace años que no escribía en un diario, y sin embargo aquí
me encuentro, dispuesta a contarle la historia de mi vida.
Si estas leyendo esto probablemente
después de todo siempre haya estado en lo cierto y he acabado
muriendo jóven.
¿Por dónde quieres que comience?.
Seguramente dirás que por el principio, empieza por el principio...
Bien, tenía doce años la primera
vez que fui consciente de que estaba enamorada de mi compañero de
mesa, Adam, era ese tipo de amor agradable, que te llena el alma de
calidez y te trae paz... No tenía nada que ver con lo que todos
buscamos a esa edad pero cuando tus padres han muerto joven y has
pasado toda tu vida de hogares de acogida a reformatorios lo único
que le pides a la vida es tranquilidad.
Nuestro gran “amor” solo duro un
año, el tiempo que su padre decidió que era suficiente el castigo.
¿Y sabéis cuál era el castigo?, estudiar en un instituto publico
solo para incitarle a sacar buenas notas.
Supongo que debí sospechar entonces
y correr en la dirección contraria a toda velocidad, pero mi
inteligencia nunca ha sido mi rasgo más destacable.
Después de eso solo nos vimos a
veces, él venia a verme en el recreo ya que por su puesto ellos
tenían permitido hacerlo, hasta que un día simplemente dejó de
hacerlo y no supe nada de él durante cuatro años.
Por aquel entonces yo ya estaba
saliendo con un chico del hogar de acogida, Dan, ya saben todo pelo
engominado, chupa de cuero y actitud dominante, pero sobretodo mal
beber y así lo demostró cuatro años, dos meses y cinco días
después de la última vez que vi a Adam.
Yo también había bebido pero en el
momento en el que él me empujó contra la pared de un callejón y
presionó su cuerpo contra el mío perdí todo resquicio de alcohol
el mi cuerpo. Siempre había pensado que era ese tipo de mujer que se
defendería con uñas y dientes, que gritaría hasta dejarme la
garganta seca y que un hombre tendría que matarme antes de violarme
pero tras el tercer forcejeo solo cerré los ojos y esperé que
pasase rápido. Esa fue la primera vez que tuve la certeza de que
moriría joven.
Entonces un instante después Adam
estaba sobre aquel tipo, no parecía ni el mismo chico del que me
enamoré, mucho más alto y musculoso, con barba de tres días, y sin
embargo lo reconocí casi al instante.
¡Para, Adam, Para!, le grité y lo
hice más porque él no se merecía ese tipo de vida que porque no
quería que le pasara nada al que se suponía que era mi novio.
Adam me miró, sus ojos inyectados
en sangre, el brazo detenido en alto y su mano cerrada en un puño y
un segundo después estaba abrazándome tan fuerte que me dolían las
costillas
-Eres mía.-Susurró en mi
oído.-Eres solo mía.-Y un año después nos estábamos casando.
En esta parte querido lector, quiero
dejar algo claro antes de que empieces a criticarme aprovechándote
que estoy muerta; cualquiera en su sano juicio hubiera corrido a toda
velocidad ante esta afirmación pero, ¿qué esperabas?.
Yo jamás había formado parte de
algo, jamás había sentido lo que era ser una mísera aunque
imprescindible pieza de un enorme puzzle que no puede ser completado
sin ti, que sabes que aunque seas minúscula el global será horrible
sin tu presencia. Y Adam me dio un lugar en el mundo con esas tres
palabras, fue como si hubiera entrado en consonancia con el eje de la
tierra y de repente ya no fuera alguien orbitando sola en la nada.
Carla se inclinó hacia atrás en la
silla casi sintiendo la nube negra que estaba comenzado a formarse
ante sus ojos. Elevó la mirada intentando respirar, tomar fuerzas de
algo antes de enfrentarse a la tormenta.
Julia estaba sentada frente a ella, se
había apartado el pelo de la cara con una pequeña coleta, no tenía
color en el rostro, una fina capa de sudor cubriendo su piel y las
manos temblando en su regazo.
Carla estaba a punto de preguntarle qué
sucedía cuando se levantó y salió disparada hacia los pasillos,
sabía que debía seguirla pero ella nunca había sido la persona
favorita de Julia y no podía culparla.
Sus dedos abrieron el diario por una
página cualquiera y no se sorprendió al ver que la tinta había cambiado de azulada a negra, y que ya no había márgenes sino que
las lineas se mezclaban unas con otras, como si estuviese expresando
el mismo caos que sentía.
Violación. ¿Una palabra fea,
verdad?. Si al final aquel chico hubiese conseguido algo en ese
callejón no lo hubiese denominado violación, como mucho abuso de
poder de un pobre diablo.
Pero cuando es la persona que ha
prometido quererte, protegerte y que a fin de cuentas te ha dado un
lugar en el mundo la que abusa de ti, no se me ocurre otra palabra
más correcta para denominarlo que no sea violación; violación de
confianza, violación de amor, violaciónviolaciónviolación
VIOLACIÓN.
Carla cerró el diario como si de
repente hubiese prendido fuego, como si el mismísimo Adam fuese a
escapar de entre sus páginas. Así que al final sí que había algo
más que ella necesitaba por encima del puñetero dinero, o incluso
el amor.... Seguridad.
Había vivido de una forma horrible, y
había vivido simplemente porque otro hombre había decidido abusar
del poder que tenía sobre ella. Carla sintió el tirón de sus
entrañas, el mismo vuelco del estomago que sentía cuando Alex
estaba a punto de actuar, salvo que esta vez sabía que no era él...
-Carla.-La voz de Julia se coló en la
bruma de rabia que se formaba ante sus ojos
-¿Si?.-En algún momento había vuelto
a sentarse frente a ella y aunque seguía teniendo mal aspecto al
menos ya no temblaba como una hoja bajo el efecto del viento
-Tienes cara de psicótica, me
asustas.-Ella no pudo evitar la sonrisa que se extendió por su
rostro, aunque esperó que fuera una sonrisa amigable
-Lo siento
-No pasa nada.-Dijo ella y volvió a
jugar con su pelo; enreda, desenreda, enreda, desenreda...
-¿Qué sucede?.-Susurró Carla,
esperando que si ella no le contestaba al menos podría pensar que en
realidad no la había oído
-Nad...-Julia elevó la mirada y sus
ojos estaban llenos de lágrimas.-Estoy embarazada
-Felicidades.-Fue una respuesta
demasiado rápida y automática como para ser verdadera, pero era la
misma respuesta que daba siempre que alguien le decía que estaba
embarazada y ella tenía que encerrar el pánico. Pero esta vez Julia
no tenía esa sonrisa soñadora ni se pasaba la mano por su vientre
de forma protectora.-Es... Es algo bueno, ¿verdad?
-No sé quién es el padre.-Susurró
ella.-Mis padres murieron hace años, no tengo hermanos ni vida
social fuera de la comisaria.-Para ese instante ella ya estaba
gritando y Carla podía sentir como todos se giraban a
mirarlas.-¡Claro que no es bueno!
-¿Se puede saber qué pasa?-Dijo Marco
que se acercaba a toda velocidad. Julia rompió a llorar de forma
histérica y se lanzó a los brazos de él que la rodearon al
instante, sosteniéndola contra su cuerpo.
Carla agachó la cabeza, sabiendo que
Marco la estaba mirando pero incapaz de ver lo que estaba sucediendo,
incapaz de afrontar que ella nunca podría tener eso.
-¿Qué le has dicho?.-Fue solo un
susurro pero la voz de Marco tronó en su cabeza, porque claro era
evidente que si Julia gritaba era culpa de Carla, porque Carla era
una insensible incapaz de entender los sentimientos de los demás...
Agarró el diario contra el pecho y se
levantó de un salto, en un intento desesperado por salir de allí
chocó contra Sergio que la agarró por los hombros para intentar
estabilizarla pero ella se apartó de él espantada.
Cuando elevó la mirada hacia su
rostro, intentando dar una disculpa, una explicación a su forma de
ser pero un segundo estaba abriendo la boca para disculparse y al
siguiente estaba viendo el alma de Sergio, todo el dolor, los miedos
ocultos bajo un humor casi infantil, las ansias por mantener su
amistad con Marco...
-Lo siento.-Consiguió decir antes de
correr a bajar los escalones de dos en dos, pero no fue hasta que se
subió al coche y apretó el acelerador, que el motor rugió y los
kilómetros fueron segundos que comenzó a sentir esa voz.
Esa voz que siempre decía ¡Arriba
Carla!, ¡Álex se está descontrolando!, ¡Carla tienes que
despertar! Y que ahora le decía, ¡eres cómo eres y si a Marco no
le gusta puede irse a freír espárragos y hacer el camino dándose
patadas en el trasero!.
-¿Seguro que estás bien?.-Repitió
Marco por enésima vez
-Si, bien.-Sorbió Julia alejándose de
su pecho.-Lo siento
-No pasa nada.-Dijo él y de repente el
silencio entre ambos fue demasiado tenso.-Me alegro por ti, por fin
una buena noticia
-¿Es una buena noticia?.-dijo ella y
pareció más débil que nunca. Marco tuvo que apretar los dientes
para no gritarle que un niño siempre era una buena noticia
-Claro, todo irá b...
-Desearía que fuera tuyo.-La frase
cayó entre ambos como una gran losa
-Yo... estoy con Carla.-Era la primera
vez que lo decía en voz alta y pareció demasiado irreal, sin contar
con que Julia parecía haber acabado de recibir una descarga
eléctrica
-Lo siento.-Y sus hombros chocaron
cuando pasó a su lado.

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