CAPITULO 23: Lo que
significa tener un hermano.
Carla no avisó de que
iba, de hecho no había decidido que iría hasta que se detuvo frente
a la primera verja y la abrió.
Una tras otra, siempre
enseñando su rostro a la cámara cuando en realidad no deseaba
hacerlo.
Detuvo el coche frente a
la casa y recorrió los últimos metros al trote, más por miedo a
que las ganas de dar marcha atrás se hicieran más grande que porque
quisiera avanzar.
Marcus levantó la mirada
del periódico alarmado cuando la puerta chocó contra la puerta.
-Tienes un aspecto
horrible.-Fue lo único que Alex pudo decir antes de que ella le
obligara a levantarse del sofá y abrazarlo.
-Yo también me alegro de
verte.-Dijo Carla apoyando la frente contra la curva de su hombro y
apirando su olor. Y solo entonces pudo respirar con tranquilidad.
Carla sabía que si su
vida fuera un libro en este momento de la historia habría más de un
lector pensando que estaba desquiciada, pero a fin de cuentas. ¿Qué
esperaban?.
Habían hecho de su vida
una misión, y la misión era mantener a Alex siempre vigilado y en
el transcurso le había cogido cariño a ese niño pelirrojo de
sonrisa picarona y para cuando descubrió que él era un verdadero
asesino ya se había colado en su corazón...
Así que Carla no creía
en Dios, no tenía pragmas trascendentales o alguien a quién
recurrir en malos momentos. Pero si tuviera que elegir alguna verdad
absoluta que dirigiera su existencia, es que si Alex estaba con vida
y en su lado de la ley, el mundo no estaba lo suficientemente mal,
aún cuándo las bolas de fuego pasaran sobre su cabeza...
Volvía a tener
veintitrés años, y estaba especializada en tratamiento de
trastornos mentales en la carrera de criminología, apenas iba a
clase por no dejar a Alex solo y aunque se había planteado mil veces
tomar su custodia siempre lo había dejado para otro momento y ahora
solo quedaba un año para que él cumpliese los dieciocho y tenía
que encontrar un modo de retenerlo.
Había salido a beber,
y tal vez a acostarse con alguien, solo para apagar la voz de su
padre en su cabeza pero apenas había levantado el primer vaso de
whisky y se lo había llevado a sus labios cuando sus ojos habían
captado un destello anaranjado.
Paso los siguientes
tres minutos con los dedos cerrados con fuerza sobre el filo de
madera de la barra hasta que los nudillos se le pusieron blancos, la
respiración agitada e intentando convencerse de que solo se trataba
de una mala jugada de sus ojos pero al segundo siguiente su cuerpo
cruzaba la pista de baile a rebosar a toda velocidad.
Lo había encontrado
apoyado en la pared de un callejón, tal vez esperando a la primera
persona que pasara; él la había mirado y fue casi como si esperase
encontrarla allí y de hecho, tal vez era así.
-Hoy no.-Había
advertido ella sabiendo que en su estado de ánimo sería incapaz de
detenerse con inmovilizarlo. Y cuando ella empezó a andar de vuelta
a casa él la siguió, siempre a cierta distancia, siempre mirando
más de lo debido a las chicas con las que se cruzaban, buscando
novios celosos que hiciese algo al respecto. Pero aquel era un pueblo
muy pequeño y si Carla era conocida como la friki Molina, él no
tenía un mote mucho más favorecedor.
Habían andado durante
media hora antes de ver el brillo rojizo en el horizonte y el primer
instinto de Carla fue correr hacia delante pero entonces lo había
oído, como siempre la voz de su padre abriéndose paso a través de
todo pensamiento racional.
-¡Nunca dejes solo a
tu hermano!.-Y sus pies habían derrapado al girarse hacia Alex, solo
que él parecía igual de perdido, como si todo su plan maestro
hubiese sido borrado de un plumazo. Las alarmas de los bomberos
estallaron por todas partes, pero la casa ya estaba reducida a
pedazos y la mente de Carla trabajaba a toda velocidad.
Cerró la mano en un
puño y golpeó directamente la sien de su hermano con toda su
fuerza, provocando que su cuerpo cayese al suelo hipso facto. Le
arrastró hacia la camioneta de su padre, que estaba aparcada lo
suficientemente lejos de la casa como para no correr peligro, y que
por supuesto contaba con cuerda y cinta adhesiva para lo que su padre
había denominado “situaciones de emergencia”.
Le había dejado en la
parte de atrás y había salido a tiempo de recibir los coches
patrulla y la ambulancia y nadie pareció sorprenderse de su calma,
porque a fin de cuentas nadie esperaba nada de la friki Molina.
Carla fue arrancada de su
recuerdo por el brazo de Alex presionando su traquea a la vez que la
empujaba contra la pared. Ella abrió los ojos sorprendida mientras
intentaba hacer palanca con su cuerpo pero Alex llevaba años
esperando ver un momento de debilidad y ahora que lo había
encontrado estaba poniendo todas sus fuerzas en él.
Marcus lo agarró por los
brazos y tiró de él hacia atrás, haciéndole caer sobre la mesa de
madera baja cuyas dos patadas delanteras se rompieron y Alex cayó
al suelo desmadejado.
Carla apenas tuvo tiempo
de parpadear antes de que él se pusiera en pie de un salto, y no
pudo evitar pensar que sería más fácil si él pareciera enfadado,
o al menos desquiciado porque así al menos podría pensar que tal
vez había hecho algo malo. Pero sus facciones eran tan relajadas
como siempre, y solo quedaba hacer lo que siempre hacía... poner el
piloto automático.
Carla empujó a Marcus
por puro reflejo en el momento en el que Alex se lanzaba a por él,
le agarró del cuello y usó todas sus fuerzas para atraparlo contra
el sofá.
Fueron una mezcla de
piernas y brazos en la que ella no sabía distinguir si estaba arriba
o abajo, y solo pudo confiar en su instinto antes de que la espalda
de Alex golpeará el sofá y Carla cerrase la mano en torno a su
cuello mientras que con la otra mano le inmovilizaba los brazos por
encima de la cabeza.
-Buena suerte para la
próxima.-Le gruñó a la cara mientras una sonrisa se extendía por
el rostro de Alex
-¿Estás bien?.-Escuchó
que preguntaba Marcus a sus espaldas
-¿Puedes hacerte cargo?
-Si.-Álex encogió los
ojos como si estuviese midiendo un nuevo ataque pero ella ya se
estaba levantando y dirigiéndose hacia la puerta sin apartar la
mirada del suelo.
No estaba en absoluto
preparada para volver a casa, si es que tenía de eso, así que cerró
las verjas una a una y emprendió el camino a la comisaría,
esperando encontrar un solo descanso a su mente.
Y casi lo creyó cuando
las puertas del ascensor se abrieron en su planta, que estaba en
penumbras salvo por un par de mesas ocupadas por agentes demasiado
ocupados en los papeles iluminados por flexos.
Pero entonces lo vio.
Sergio estaba sentado en uno de los sillones del pasillo que se
usaban para hacer esperar a los interrogados.
Parecía perdido, sus
manos mezclándose entre ellas rápidamente hasta que su móvil sonó
como un enorme trueno en medio del silencio. Él lo sacó y su
expresión se cubrió de desolación al ver la identificación antes
de volver a guardarlo.
Un agente pasó a su lado
rompiendo el efecto y Sergio se levantó de un salto y se adentró en
una de las salas. Carla respiró hondo y se prometió a sí misma que
sería capaz de sobrevivir a ese día antes de emprender el camino.
Abrió la puerta
lentamente y se detuvo al ver que Sergio se había sentado en la
silla de los interrogados y tenía el rostro hundido entre sus manos.
-¿Cómo estás?.-Carla
cerró la puerta suavemente a sus espaldas y caminó hacia él.
-He tenido días
mejores.-Reconoció él sin moverse
-¿Qué sucedió?.-Carla
se sentó en la mesa aunque a cierta distancia, y no hizo falta que
especificara a qué se refería para que él la entendiese
-Teníamos una pista
sobre una alarma que había saltado, el sistema informático dijo que
era algo que solía darse en falsas situaciones.-El silencio se
instauró entre ambos mientras se dedicaba a jugar con sus dedos,
girando un anillo que no existía y que había dejado una marca
blanquecina en su dedo anular.-No lo comprobé
-No fue culpa tuya.-Dijo
ella
-No fui yo quién la mató
pero soy quién no comprobó la única pista que podía salvarla.
-No me refería a nuestra
victima.-Dijo Carla poniendo su mano sobre la de Sergio intentando
detener el movimiento histérico.
-Me preguntaba cuánto
tiempo tardarías en descubrirlo.-Sergio elevó la mirada hacia ella
y por un instante pareció aliviado.
-Eres difícil de
leer.-Reconoció ella y no pudo evitar la sonrisa triste que cubrió
su rostro.
-¿Y qué ha sido lo que
me ha delatado?.-Quiso saber él.
-Muchas cosas.-Susurró
ella como si de repente hablasen de un secreto.-Llevabas un anillo,
sin embargo tenías otro colgando de una cadena al cuello y una vez
descartada la opción de que no te gustaba llevarlos solo quedaba que
el otro fuese demasiado pequeño como para ponértelo. Después
estabas deseando que Marco y yo tuviéramos algo, y eso no encajaba
con alguien que no cree en el amor como piensa Marco que crees, y por
último estás viviendo aquí desde la desaparición, como si volver
a casa de esa enfermera fuera algo terrible. Fue todo y nada a la
vez lo que te delató
-Eres lista.-Dijo él con
un carcajada vacía.
-He hecho un trabajo de
ello.-Dijo ella con orgullo.
-Era preciosa.-Dijo él y
las palabras cayeron como losas entre ambos, sabiendo que ya no había
marcha atrás.-Nos enamoramos en cuestión de horas, como solo hacen
los adolescentes y aún así estaba seguro de que sería la mujer de
mi vida. Tenía el pelo castaño, era bajita, de ojos celestes y con
ese tipo de rostro que se arruga graciosamente cuando se reía.-Sergio
se llevó las manos al rostro inconscientemente y Carla tuvo que
tragar porque jamás había tenido tantas ganas de llorar.-Dios, era
preciosa.-Prosiguió él.-Quería ser escritora, ¿sabes?. Decía que
no le importaba casarse con un policía porque así podía aprovechar
para escribir mientras yo estaba de patrulla. Nos casamos con veinte
años.-Sergio bajó los párpados y las lágrimas corrieron por sus
mejillas. Carla se inclinó hacia delante y las secó con sus
pulgares.
-Dime qué pasó.-Pidió.
-Durante una patrulla
cabreamos al tío equivocado y la secuestró.-Su voz sonó
horrorizada.-Dios, Carla, pasó tres días antes de que la
encontrara, solo para que terminase muriendo en mis brazos.-Sergio se
inclinó hacia delante y apoyó la cabeza en su regazo, Carla le
abrazó con fuerza mientras los sollozos rompían en su cuerpo.
-¿Qué pasó con
él?.-Preguntó Carla
-Alguien lo mató, no lo
recuerdo. Solo puedo evocar la sensación de la puerta de la nave
industrial abriéndose y ver su cuerpo en el suelo, pensé que nadie
sano tendría esa postura y después estaba muerta. Murió sufriendo,
murió pensando que yo no había llegado a tiempo.-Carla le abrazó
con tanta fuerza que le dolió los músculos, pero aún así fue
incapaz de soltarle. Los gritos de Sergio quedaron silenciados por su
cuerpo y sus manos formaron dos puños cerrados con su jersey.
Carla pensó vagamente
que esto debía ser lo que se sentía cuando ayudabas a alguien a
liberar su dolor y te cargabas una pequeña parte a tu espalda, y de
una forma sádica era bello.
-No fue culpa
tuya.-Susurró
-Si, si lo fue.-Sollozó
él
-No, no lo fue.-Dijo
Carla y le agarró el rostro para obligarle a mirarla.-Y si ella era
solo la mitad de lo perfecta de lo que la defines moriría rezando
para que no llegaras a tiempo, para que tú no sufrieras también.
-Eso es estúpido, yo
tenía un arma.-Dijo él
-¿Y desde cuándo el
amor es lógico?.-Sergio volvió a apoyar la cabeza en su regazo y
Carla pasó sus dedos entre su pelo militarmente cortado.
-Marco no lo
sabe.-Susurró él
-Lo sé pero no entiendo
cómo has conseguido ocultárselo.
-No miras los expedientes
de tus amigos
-Pero le has hecho creer
que no creías en el amor.-Carla odió sonar como si se lo reprochase
-Era lo que él
necesitaba.-Dijo Sergio encogiéndose de hombros
-No seré yo quién se lo
diga si es lo que te preocupa.-Dijo ella
-Gracias.-Dijo él
-Sergio.-Dijo ella y hubo
algo en su voz que le hizo mirarla al instante.-Vete a casa con la
enfermera y deja que te cuide porque tú no tienes la culpa de lo
sucedido y porque así lo querría ella.
-No sé si podré, no sé
como dejar que alguien me cuide, hace demasiado tiempo que no lo hago
-Inténtalo.-Pidió ella y
por un instante no sabía si se lo decía a él o a ella misma. Carla
le observó levantarse, recolocarse la ropa, pasarse la palma de la
mano por el rostro y recomponer su sonrisa habitual y solo entonces
comprendió la enorme tristeza que siempre se escondía tras esa
sonrisa.
Le acompaño hasta su
mesa, dónde recogió su chaqueta y luego hasta el ascensor.-A ella
le hubiese gustado conocerte.-Dijo él mirándola por primera vez
desde que habían salido de la sala de interrogatorios, y a Carla le
pareció el piropo más bonito que nunca le habían hecho.
Ella esperó hasta que
las puertas de metal se cerraron entre ambos y solo entonces
emprendió la carrera hacia el cuarto de baño. Las losas le rasparon
las rodillas a través del pantalón cuando cayó frente al váter y
vomitó.
Apenas había comido tras
el desayuno, por lo que su estomago estaba vacío y aún así las
arcadas la hicieron gemir a la vez que las lágrimas se escapaban por
el rabillo de sus ojos, solo que a estas alturas ya no sabía por
quién lloraba.

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