miércoles, 12 de febrero de 2014

CAPITULO 23 LA CAJA DE LOS SECRETOS.

CAPITULO 23: Lo que significa tener un hermano.

Carla no avisó de que iba, de hecho no había decidido que iría hasta que se detuvo frente a la primera verja y la abrió.
Una tras otra, siempre enseñando su rostro a la cámara cuando en realidad no deseaba hacerlo.
Detuvo el coche frente a la casa y recorrió los últimos metros al trote, más por miedo a que las ganas de dar marcha atrás se hicieran más grande que porque quisiera avanzar.
Marcus levantó la mirada del periódico alarmado cuando la puerta chocó contra la puerta.
-Tienes un aspecto horrible.-Fue lo único que Alex pudo decir antes de que ella le obligara a levantarse del sofá y abrazarlo.
-Yo también me alegro de verte.-Dijo Carla apoyando la frente contra la curva de su hombro y apirando su olor. Y solo entonces pudo respirar con tranquilidad.
Carla sabía que si su vida fuera un libro en este momento de la historia habría más de un lector pensando que estaba desquiciada, pero a fin de cuentas. ¿Qué esperaban?.
Habían hecho de su vida una misión, y la misión era mantener a Alex siempre vigilado y en el transcurso le había cogido cariño a ese niño pelirrojo de sonrisa picarona y para cuando descubrió que él era un verdadero asesino ya se había colado en su corazón...
Así que Carla no creía en Dios, no tenía pragmas trascendentales o alguien a quién recurrir en malos momentos. Pero si tuviera que elegir alguna verdad absoluta que dirigiera su existencia, es que si Alex estaba con vida y en su lado de la ley, el mundo no estaba lo suficientemente mal, aún cuándo las bolas de fuego pasaran sobre su cabeza...


Volvía a tener veintitrés años, y estaba especializada en tratamiento de trastornos mentales en la carrera de criminología, apenas iba a clase por no dejar a Alex solo y aunque se había planteado mil veces tomar su custodia siempre lo había dejado para otro momento y ahora solo quedaba un año para que él cumpliese los dieciocho y tenía que encontrar un modo de retenerlo.
Había salido a beber, y tal vez a acostarse con alguien, solo para apagar la voz de su padre en su cabeza pero apenas había levantado el primer vaso de whisky y se lo había llevado a sus labios cuando sus ojos habían captado un destello anaranjado.
Paso los siguientes tres minutos con los dedos cerrados con fuerza sobre el filo de madera de la barra hasta que los nudillos se le pusieron blancos, la respiración agitada e intentando convencerse de que solo se trataba de una mala jugada de sus ojos pero al segundo siguiente su cuerpo cruzaba la pista de baile a rebosar a toda velocidad.
Lo había encontrado apoyado en la pared de un callejón, tal vez esperando a la primera persona que pasara; él la había mirado y fue casi como si esperase encontrarla allí y de hecho, tal vez era así.
-Hoy no.-Había advertido ella sabiendo que en su estado de ánimo sería incapaz de detenerse con inmovilizarlo. Y cuando ella empezó a andar de vuelta a casa él la siguió, siempre a cierta distancia, siempre mirando más de lo debido a las chicas con las que se cruzaban, buscando novios celosos que hiciese algo al respecto. Pero aquel era un pueblo muy pequeño y si Carla era conocida como la friki Molina, él no tenía un mote mucho más favorecedor.
Habían andado durante media hora antes de ver el brillo rojizo en el horizonte y el primer instinto de Carla fue correr hacia delante pero entonces lo había oído, como siempre la voz de su padre abriéndose paso a través de todo pensamiento racional.
-¡Nunca dejes solo a tu hermano!.-Y sus pies habían derrapado al girarse hacia Alex, solo que él parecía igual de perdido, como si todo su plan maestro hubiese sido borrado de un plumazo. Las alarmas de los bomberos estallaron por todas partes, pero la casa ya estaba reducida a pedazos y la mente de Carla trabajaba a toda velocidad.
Cerró la mano en un puño y golpeó directamente la sien de su hermano con toda su fuerza, provocando que su cuerpo cayese al suelo hipso facto. Le arrastró hacia la camioneta de su padre, que estaba aparcada lo suficientemente lejos de la casa como para no correr peligro, y que por supuesto contaba con cuerda y cinta adhesiva para lo que su padre había denominado “situaciones de emergencia”.
Le había dejado en la parte de atrás y había salido a tiempo de recibir los coches patrulla y la ambulancia y nadie pareció sorprenderse de su calma, porque a fin de cuentas nadie esperaba nada de la friki Molina.

Carla fue arrancada de su recuerdo por el brazo de Alex presionando su traquea a la vez que la empujaba contra la pared. Ella abrió los ojos sorprendida mientras intentaba hacer palanca con su cuerpo pero Alex llevaba años esperando ver un momento de debilidad y ahora que lo había encontrado estaba poniendo todas sus fuerzas en él.
Marcus lo agarró por los brazos y tiró de él hacia atrás, haciéndole caer sobre la mesa de madera baja cuyas dos patadas delanteras se rompieron y Alex cayó al suelo desmadejado.
Carla apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que él se pusiera en pie de un salto, y no pudo evitar pensar que sería más fácil si él pareciera enfadado, o al menos desquiciado porque así al menos podría pensar que tal vez había hecho algo malo. Pero sus facciones eran tan relajadas como siempre, y solo quedaba hacer lo que siempre hacía... poner el piloto automático.
Carla empujó a Marcus por puro reflejo en el momento en el que Alex se lanzaba a por él, le agarró del cuello y usó todas sus fuerzas para atraparlo contra el sofá.
Fueron una mezcla de piernas y brazos en la que ella no sabía distinguir si estaba arriba o abajo, y solo pudo confiar en su instinto antes de que la espalda de Alex golpeará el sofá y Carla cerrase la mano en torno a su cuello mientras que con la otra mano le inmovilizaba los brazos por encima de la cabeza.
-Buena suerte para la próxima.-Le gruñó a la cara mientras una sonrisa se extendía por el rostro de Alex
-¿Estás bien?.-Escuchó que preguntaba Marcus a sus espaldas
-¿Puedes hacerte cargo?
-Si.-Álex encogió los ojos como si estuviese midiendo un nuevo ataque pero ella ya se estaba levantando y dirigiéndose hacia la puerta sin apartar la mirada del suelo.
No estaba en absoluto preparada para volver a casa, si es que tenía de eso, así que cerró las verjas una a una y emprendió el camino a la comisaría, esperando encontrar un solo descanso a su mente.
Y casi lo creyó cuando las puertas del ascensor se abrieron en su planta, que estaba en penumbras salvo por un par de mesas ocupadas por agentes demasiado ocupados en los papeles iluminados por flexos.
Pero entonces lo vio. Sergio estaba sentado en uno de los sillones del pasillo que se usaban para hacer esperar a los interrogados.
Parecía perdido, sus manos mezclándose entre ellas rápidamente hasta que su móvil sonó como un enorme trueno en medio del silencio. Él lo sacó y su expresión se cubrió de desolación al ver la identificación antes de volver a guardarlo.
Un agente pasó a su lado rompiendo el efecto y Sergio se levantó de un salto y se adentró en una de las salas. Carla respiró hondo y se prometió a sí misma que sería capaz de sobrevivir a ese día antes de emprender el camino.
Abrió la puerta lentamente y se detuvo al ver que Sergio se había sentado en la silla de los interrogados y tenía el rostro hundido entre sus manos.
-¿Cómo estás?.-Carla cerró la puerta suavemente a sus espaldas y caminó hacia él.
-He tenido días mejores.-Reconoció él sin moverse
-¿Qué sucedió?.-Carla se sentó en la mesa aunque a cierta distancia, y no hizo falta que especificara a qué se refería para que él la entendiese
-Teníamos una pista sobre una alarma que había saltado, el sistema informático dijo que era algo que solía darse en falsas situaciones.-El silencio se instauró entre ambos mientras se dedicaba a jugar con sus dedos, girando un anillo que no existía y que había dejado una marca blanquecina en su dedo anular.-No lo comprobé
-No fue culpa tuya.-Dijo ella
-No fui yo quién la mató pero soy quién no comprobó la única pista que podía salvarla.
-No me refería a nuestra victima.-Dijo Carla poniendo su mano sobre la de Sergio intentando detener el movimiento histérico.
-Me preguntaba cuánto tiempo tardarías en descubrirlo.-Sergio elevó la mirada hacia ella y por un instante pareció aliviado.
-Eres difícil de leer.-Reconoció ella y no pudo evitar la sonrisa triste que cubrió su rostro.
-¿Y qué ha sido lo que me ha delatado?.-Quiso saber él.
-Muchas cosas.-Susurró ella como si de repente hablasen de un secreto.-Llevabas un anillo, sin embargo tenías otro colgando de una cadena al cuello y una vez descartada la opción de que no te gustaba llevarlos solo quedaba que el otro fuese demasiado pequeño como para ponértelo. Después estabas deseando que Marco y yo tuviéramos algo, y eso no encajaba con alguien que no cree en el amor como piensa Marco que crees, y por último estás viviendo aquí desde la desaparición, como si volver a casa de esa enfermera fuera algo terrible. Fue todo y nada a la vez lo que te delató
-Eres lista.-Dijo él con un carcajada vacía.
-He hecho un trabajo de ello.-Dijo ella con orgullo.
-Era preciosa.-Dijo él y las palabras cayeron como losas entre ambos, sabiendo que ya no había marcha atrás.-Nos enamoramos en cuestión de horas, como solo hacen los adolescentes y aún así estaba seguro de que sería la mujer de mi vida. Tenía el pelo castaño, era bajita, de ojos celestes y con ese tipo de rostro que se arruga graciosamente cuando se reía.-Sergio se llevó las manos al rostro inconscientemente y Carla tuvo que tragar porque jamás había tenido tantas ganas de llorar.-Dios, era preciosa.-Prosiguió él.-Quería ser escritora, ¿sabes?. Decía que no le importaba casarse con un policía porque así podía aprovechar para escribir mientras yo estaba de patrulla. Nos casamos con veinte años.-Sergio bajó los párpados y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Carla se inclinó hacia delante y las secó con sus pulgares.
-Dime qué pasó.-Pidió.
-Durante una patrulla cabreamos al tío equivocado y la secuestró.-Su voz sonó horrorizada.-Dios, Carla, pasó tres días antes de que la encontrara, solo para que terminase muriendo en mis brazos.-Sergio se inclinó hacia delante y apoyó la cabeza en su regazo, Carla le abrazó con fuerza mientras los sollozos rompían en su cuerpo.
-¿Qué pasó con él?.-Preguntó Carla

-Alguien lo mató, no lo recuerdo. Solo puedo evocar la sensación de la puerta de la nave industrial abriéndose y ver su cuerpo en el suelo, pensé que nadie sano tendría esa postura y después estaba muerta. Murió sufriendo, murió pensando que yo no había llegado a tiempo.-Carla le abrazó con tanta fuerza que le dolió los músculos, pero aún así fue incapaz de soltarle. Los gritos de Sergio quedaron silenciados por su cuerpo y sus manos formaron dos puños cerrados con su jersey.
Carla pensó vagamente que esto debía ser lo que se sentía cuando ayudabas a alguien a liberar su dolor y te cargabas una pequeña parte a tu espalda, y de una forma sádica era bello.
-No fue culpa tuya.-Susurró
-Si, si lo fue.-Sollozó él
-No, no lo fue.-Dijo Carla y le agarró el rostro para obligarle a mirarla.-Y si ella era solo la mitad de lo perfecta de lo que la defines moriría rezando para que no llegaras a tiempo, para que tú no sufrieras también.
-Eso es estúpido, yo tenía un arma.-Dijo él
-¿Y desde cuándo el amor es lógico?.-Sergio volvió a apoyar la cabeza en su regazo y Carla pasó sus dedos entre su pelo militarmente cortado.
-Marco no lo sabe.-Susurró él
-Lo sé pero no entiendo cómo has conseguido ocultárselo.
-No miras los expedientes de tus amigos
-Pero le has hecho creer que no creías en el amor.-Carla odió sonar como si se lo reprochase
-Era lo que él necesitaba.-Dijo Sergio encogiéndose de hombros
-No seré yo quién se lo diga si es lo que te preocupa.-Dijo ella
-Gracias.-Dijo él
-Sergio.-Dijo ella y hubo algo en su voz que le hizo mirarla al instante.-Vete a casa con la enfermera y deja que te cuide porque tú no tienes la culpa de lo sucedido y porque así lo querría ella.
-No sé si podré, no sé como dejar que alguien me cuide, hace demasiado tiempo que no lo hago
-Inténtalo.-Pidió ella y por un instante no sabía si se lo decía a él o a ella misma. Carla le observó levantarse, recolocarse la ropa, pasarse la palma de la mano por el rostro y recomponer su sonrisa habitual y solo entonces comprendió la enorme tristeza que siempre se escondía tras esa sonrisa.
Le acompaño hasta su mesa, dónde recogió su chaqueta y luego hasta el ascensor.-A ella le hubiese gustado conocerte.-Dijo él mirándola por primera vez desde que habían salido de la sala de interrogatorios, y a Carla le pareció el piropo más bonito que nunca le habían hecho.
Ella esperó hasta que las puertas de metal se cerraron entre ambos y solo entonces emprendió la carrera hacia el cuarto de baño. Las losas le rasparon las rodillas a través del pantalón cuando cayó frente al váter y vomitó.
Apenas había comido tras el desayuno, por lo que su estomago estaba vacío y aún así las arcadas la hicieron gemir a la vez que las lágrimas se escapaban por el rabillo de sus ojos, solo que a estas alturas ya no sabía por quién lloraba.


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