sábado, 22 de febrero de 2014

CAPITULO 24 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 24: Vuelta al mundo real

Carla llevaba tres cuartos de horas parada en la camioneta frente a la casa de Marco, había visto como la oscuridad cubría el cielo y las luces se encendían dentro de la casa; la actividad ascendía para luego volver a caer, era curioso como en las últimas horas del día el mundo parecía ir más rápido.
Unos golpes en el cristal del copiloto la hicieron saltar sobre si misma, su mano buscando a tientas la pistola en su cadera. Bea la saludó desde fuera y le pidió permiso por señas para entrar, y Carla se descubrió dándoselo porque apreciaba su compañía.
-Pensaba que después de quince minutos no serías capaz de aguantar el frío y entrarías pero se ve que tienes más aguante de lo que pensaba.-Dijo ella extendiendo una manta grisácea para cubrir las piernas de ambas.
-¿Quién sabe que estoy aquí?.-Quiso saber ella
-Solo yo, probablemente porque soy la única a la que también le gusta pensar en el coche. A veces tiene que venir mamá a buscarme porque se me ha olvidado a dónde iba.-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Cómo lo haces?.-Dijo Carla
-¿Olvidarlo?. Es fácil, yo...
-No, me refiero a llevar tu corazón en las manos.-Por un instante los ojos de Bea recorrieron su rostro como si la viera por primera vez.
-Mi vecina también solía decirme eso, decía que en eso Marco y yo éramos iguales. Recuerdo que miraba a Marco, todo hostilidad, ceño fruncido y pensaba que yo no quería ser así.-Una sonrisa inconsciente se extendió por su rostro y su mirada se perdió en el horizonte.-Me avergüenza decir que lo entendí demasiado tarde, ¿sabes?.
-¿Qué entendiste Bea?.-Dijo Carla y de repente era como si Bea fuera la más mayor de las dos y estuviera intentando enseñarle una lección muy importante.
-Que la vida rompió su corazón, y lo sé porque cuando alguien te lo rompe te enfadas, gritas, lloras e incluso odias a esa persona pero luego no queda nada del recuerdo. Sin embargo, cuando la vida es quién te rompe el corazón no tienes nadie a quién culpar, no tienes con quién enfadarte, y no puedes sacarlo de tu sistema.
-No puedes amar-Aventuró Carla
-Oh, no. Marco es muy capaz de amar, de hecho, te ama.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada histérica y explicarle a Bea que su hermano estaba muy lejos de pensar en ella como algo más que una compañera con la que se había acostado pero ella volvió a interrumpirla.-Solo que tú no eres como las otras y no te conformas con un solo pedacito de su corazón.
-Las relaciones son difíciles, la gente se hace daño.
-A veces sin querer.-Dijo Bea y ella no tuvo el coraje de contradecirla.
-Si, a veces sin querer.-Ambas se quedaron en silencio mirando la oscuridad ante ellas durante unos minutos.
-Marco dijo que tu hermano murió, me hubiese gustado conocerle.-Dijo ella con una sonrisa dulce
-Créeme, a él también le hubiese encantado.-De hecho, Alex se pondría el disfraz de lobo feroz al instante.-Pero, ¿por qué querrías eso?
-Porque me cuesta pensar que pueda existir alguien más como tú.
-Pero Alex no es, no era como yo
-Háblame de él.-Pidió ella. Era la primera vez que alguien le pedía algo así y fue más liberador de lo que esperaba. Podía decir lo que quisiera, que sería todo lo que Bea recordaría, no habría ese enorme neón rojo diciendo “PSICÓPATA” por encima de cualquier palabra que ella pudiera decir.
-Él era cuatro años más pequeño que yo. Y solía ser como todos los hermanos pequeños, quisquillosos, algo mandones...-Bea sonrió soñadoramente.-Aunque Alex siempre parecía estar triste, incluso cuando era un bebé nunca lloraba pero tenía ese brillo apagado en sus ojos.
-¿Por qué estaba triste?
-Yo pensaba que era por mi madre, ella murió durante el parto y ella nunca llegó a abrazarlo jamás, y creo que él se culpaba un poco.-O al menos pensaba que sería así si Alex pudiese sentir algo.
-¡Pero no era culpa suya!.-Exclamó Bea, y su indignación era casi cómica.
-Lo sé pero es algo difícil de explicar a un niño
-¿Y cuándo creció?
-Luego solo parecía haber amortiguado esa tristeza y no sentir nada.
-Pero eso es imposible.-Dijo ella y Carla se preguntó hasta que punto Bea iba a ser una buena psicóloga si no era capaz de comprender lo que estaba intentando decir.
-Será mejor que entremos.-Dijo Carla bajándose del coche
-Ojalá le hubiese conocido, de seguro le haría hecho reír.-Dijo Bea enganchando su brazo con el suyo.
-Seguro que si.-Dijo Carla al tiempo que abrían la puerta.
Marco se detuvo en la que debía ser su centésima vuelta en redondo por el salón con el móvil en la mano.
-Por fin.-Exclamó Fabian ganándose una mirada glacial de Marco.-Pensé que no podría ver el final de la película tranquilo.-Bea la soltó y trotó hasta el sofá junto a su hermano. Marco y Carla se miraron desde extremos opuestos de la habitación, evaluando la situación, calculando el humor del otro; Carla no quería saber que había sucedido con Julia y sin embargo se encontró haciendo la pregunta con sus ojos
-Te he guardado algo de cena en el horno aunque Marco dijo que a lo mejor habías cenado ya.-Dijo Andrea arrastrando cada sílaba
-Lo siento, me ha invitado a cenar nuestro inspector.-Mintió. Cruzó el salón hacia la habitación, la mirada fija en el suelo, sus pies acelerándose a cada segundo intentando ganar unos segundos más antes de tener que enfrentarse al hecho de que Marco prefiriera a Julia por encima de ella. De repente Marco se estiró levemente, un mínimo roce del dorso de su mano contra la suya y ¡BUM!, los latidos de su corazón ya resonaban en sus oídos, sin embargo, no se detuvo, no sabiendo que si le miraba no sería capaz de mantener la fachada.
Cerró la puerta del dormitorio tras ella y quitarse la ropa al tiempo que se dirigía al cuarto de baño y abría el grifo de la ducha. Se lavó los dientes mientras la habitación se iba llenando de vapor y sólo entonces entró en la ducha.
Estiró la mano por una manopla, la lleno de jabón y comenzó a frotar con fiereza su piel, hasta que ésta se fue enrojeciendo bajo su toque.
La cortina fue empujada al lado y Marco cerró sus manos en torno a sus muñecas mientras daba un paso al frente y entraba en el cubículo. La manopla hizo un sonido sordo al resbalar entre sus dedos hasta el suelo.
-Tranquila.-Dijo él atrayendola contra su cuerpo, parecía más alto que nunca cuando Carla dejó caer la cabeza contra la curva de su cuello, dónde la camisa blanca se pegaba a su cuerpo por el agua que caía sobre sus cabezas.-Dime qué pasa.-Pidió él y ella negó suavemente, sus brazos cerrándose más fuertemente en torno a su cintura.-Por favor.-Pidió él. Carla sabía que debía explicarle todo y quería hacerlo pero no podía explicarle el peso que Sergio llevaba sobre sus hombros y mucho menos que hacía tan solo unas horas Alex había intentando matarla.
-He tenido un mal día.-Susurró ella
-Y supongo que yo no he hecho nada para mejorarlo.-Suspiró él. Marco se alejó para agarrar su rostro entre sus manos.-Carla, lo siento. Lo siento de verdad, estoy demasiado acostumbrado a cuidar de Julia, que no me paré a pensar que solo estaba sobreactuando como siempre.
-Está bien.-Dijo ella. Marco la separó lentamente de su cuerpo y se estiró por el gel, aún vestía un pantalón de trabajo y la camisa blanca que había llevado esta mañana solo que ahora toda su ropa estaba empapada.
Se arrodilló en poco espacio que les dejaba el cubículo y la instó a levantar uno de sus pies y apoyarlo contra su muslo, extendió el jabón con movimientos circulares, lentos y que milagrosamente fueron descargando sus músculos.
Para cuando pasó a la segunda pierna Carla tenía la certeza de que debía soltar algo de lo que llevaba dentro o acabaría por explotar, echó la cabeza hacia atrás hasta que su nuca tocó la pared de azulejos y se encontró mirando el techo.
-Hoy le he visto.-Susurró. Al principio pensó que él no la había escuchado pero unos segundos después sus manos se detuvieron a la altura de sus rodillas.
-¿A quién?.-dijo él distraídamente. Carla cerró los ojos con fuerza, preguntándose qué quería compartir.-¿A quién, Carla?.-Dijo él, esta vez algo más preocupado.
-Al asesino.-Dijo y ni las millones de gotas ardiendo que caían sobre su cuerpo evitaron el escalofrío que la recorrió. Marco se puso de pie al instante, y aún cuándo no lo veía podía adivinar sus hombros erguidos, el ceño fruncido entre sus cejas...
-¿Cuándo?.-Las palabras escaparon entre sus dientes apretados.
-Esta mañana, frente al parque de la casa de la hermana de la víctima. Nos vimos, le perseguí y le perdí
-¿Le perseguiste?.-Preguntó él con incredulidad y con el suficiente tono de reproche como para que ella lo notase.
-Si, es más rápido de lo que pensaba
-¿Por qué no me lo has dicho?.-Dijo él ofendido y dio un paso atrás para salir de la ducha.-Debemos avisar
-¡¿Qué?!, ¡NO!.-Carla se apresuró a sujetar su brazo.-Marco, ¡no!
-¿Por qué?.-Y había algo en su voz que le decía que o se inventaba la mejor excusa del mundo o iba a poner a toda la ciudad patas arriba en cuestión de segundos.
-Porque es un juego, para él es un juego. Ahora mismo no estará en la calle y poner a alguien a buscarle es perder recursos. Esta jugando con la comida.
-¡Qué alentador!.-Dijo él pero cuando Carla tiró de nuevo hacia dentro de su brazo no se resistió. Ninguno dijo nada cuando Carla abrió los botones de su camisa uno a uno a la vez que sacaba el dobladillo del pantalón, ni cuando desabrocho sus pantalones y cayeron al suelo. Ni siquiera cuando Carla le lavó con la misma dulzura que él lo había hecho, porque lo necesitaba, porque había una intimidad en el hecho de estar frente a alguien desnudo, dejarle explorar tu cuerpo que ni siquiera estaba presente durante el sexo.
Ella se encontró inundada por la paz, sabiendo que había sobrevivido a un día horrible y se inclinó hacia delante dejando que él la abrazara durante lo que parecieron horas.
-Creo que deberíamos salir.-Dijo él cuando las primeras gotas de agua fría cayeron sobre su piel. Marco cerró el grifo y se estiró por una toalla con la que la enrolló antes de levantarla en brazos y sentarla sobre la tapa del váter.
-No te duermas.-Dijo él. Carla le vio secarse con movimientos enérgicos y vestirse a toda velocidad mientras ella apenas era capaz de frotar lentamente sus pies. Marco salió de la habitación antes de volver con un pantalón del pijama y una camiseta suya. -Déjame a mí.-Dijo él y comenzó a secarla como si tratara a una valiosa pieza antes de ayudarla a ponerse el pijama.-Vamos.-Pasó un brazo por debajo del hueco de sus rodillas y otro por su espalda antes de alzarla contra su pecho y llevarla hacia la cama.
-No me creo que haya terminado este día.-Balbuceó ella y sus ojos se cerraron casi al instante, escuchó a Marco contestarle pero estaba demasiado cansada para oírlo. Pero tan solo un segundo después un ruido insoportable se coló por sus oídos. Emitió un sonido bajo y se giró intentando silenciarlo y volver a dormir.
-Creo que es el tuyo.-Susurró Marco teniéndole su teléfono que efectivamente estaba iluminado.
-Diles que estoy salvando el mundo.-Farfulló ella causando la carcajada de él.
-No te llaman, creo que es una alarma. Pone algo así como GN27.-Dijo él apagando la alarma. Carla abrió los ojos, un poco más despierta que antes.
-Necesito que me lleves al aeropuerto mañana, tengo una cita médica que concerté hace tiempo y no puedo cancelar.-Dijo casi sin respirar
-Está bien, ¿a qué hora necesitas llegar?
-A las once y media estaría bien.-Dijo ella girándose para darle la espalda
-Bien, me pondré la alarma.-Dijo él y unos segundos después su brazo rodeaba su cintura.
-Te...-Carla cerró los ojos con fuerza cuando las palabras estuvieron a punto de salir de sus labios.
-¿Te...?.-Dijo él

-Te lo agradezco.-Susurró ella y la mentira le quemó la garganta.

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