miércoles, 27 de noviembre de 2013

CAPITULO 18 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 18: Que alguien agarre a los perros

Carla inspiró profundamente antes de bajarse del coche y tuvo que meter las manos en los bolsillos para ocultar su temblor. Ella no estaba segura de si las circunstancias de su vida hubieran sido distintas tal vez su carácter hubiese sido otro pero lo cierto es que eran las que eran y Carla no podía vivir sin hacer preguntas, sin intentar descubrir todo una vez veía el principio de un secreto.
Por esta razón había perdido algunas personas en su vida, al igual que por el hecho de tener sus propios secretos y hasta ahora no le había importado demasiado, pero claro, con Marco las cosas nunca eran como solían serlo
-Dame fuerzas.-Susurró Marco por primera vez desde que habían salido de la cafetería.
Lo primero que Carla pensó fue que les habían robado, y luego que acababa de identificar quién era Fabian... De pelo rubio y de punta estaba sobre la mesa baja de madera del salón haciendo un extraño baile que le hacía parecer un pequeño diablillo
-Espero que te hayas subido a esa mesa porque hay un escorpión en el suelo...-La voz de Marco consiguió acallar todos los sonidos provenientes de la casa. Si por un solo instante ella había pensado que estaba ligeramente molesto su tono no dejo lugar a dudas de su enfado
-Y ahí está mi hermanito el gruñón.-Carla apenas atisbó a ver a la pequeña sombra que se lanzó sobre Marco en cuestión de segundos y se quedó colgando de su cuerpo rodeandole con manos y brazos cuál Koala en un árbol.
Tenía una enorme melena rubia algo despeinada, gafas redondas que se le resbalaban por la nariz y mejillas sonrojadas. No tenía el tipo de belleza convencional que te hacía imaginártela en una gran pasarela pero sin embargo era algo... el sentimiento que emanaba de su cuerpo que te impedía apartar la mirada.
Carla había conocido a muy pocas personas así; es lo que alguien denominaría lo antepuesto a un psicópata, seres con tantos sentimientos en su interior que parecían a punto de estallar en cualquier momento pero que por lo general pasaban desapercibidos para la mayoría...¿Por qué cómo podía distinguir uno la luz si nunca había conocido la oscuridad?, ¿cómo podía uno admirar a estas personas si nunca llegaba a encontrarse con un psicópata?
-Me asfixias Bea.-Gruñó Marco intentando zafarse de su agarre
-Se siente.-Dijo ella sacándola la lengua aunque él no podía verla.
-Bea avergüenzas a la señorita.-Dijo Fabian que se acababa de bajar de la mesa de un salto y avanzaba hacia Carla con pasos saltarines.-Soy Fabian-Dijo haciendo una reverencia frente a ella que habría avergonzado a la más alta sociedad.
Entonces todo sucedió demasiado rápido... Una mujer de unos cincuenta años con el pelo dorado recogido en un moño salió de la cocina con una cuchara de palo en la mano y una gran sonrisa, Fabian dio un paso atrás dejando algo de hueco y Bea saltó sobre ella.
Carla abrió los ojos enormemente a la vez que las rodillas le temblaban; era estúpido, medía el doble que aquella chica y tenía la fuerza suficiente para apartarla de un manotazo pero por alguna razón se sentía incapaz de hacerlo. La respiración se le agitó y las manos comenzaron a sudarle; ¿acaso quedaba algún síntoma más de que estaba entrando en pánico?
-Bea, déjala.-Carla evitó mirar a la mujer que avanzó hacia ella a grandes pasos y agarró a su hija por los hombros alejándola de ella
-Lo siento.-Dijo la chica estudiando sus facciones como si fuera una extraterrestre
-Yo...-Comenzó Carla
-Hoy nos hemos metido en un lío y nos han dado una buena.-Cortó Marco con una voz que no dejaba lugar a réplicas, aunque su madre paseó su mirada de uno al otro antes de mantenerla en el su hijo
-¡Oh!. ¡Lo siento!.-Exclamó Bea intentando dar un paso antes de darse cuenta de que aún era retenida por su madre
-Soy Agatha.-Dijo ella finalmente.-Y será mejor que vayáis a daros una ducha, os prepararé una infusión caliente.-Carla comprendió por primera vez lo que Marco había querido decirle todo este tiempo cuando hablaba de sus padres; la mujer ante ella era capaz de hacer triunfadores de todos sus hijos, cubrir todas sus necesidades y aún así no había ni una pizca de esa adoración propia de todas las madres en sus palabras
-¿Y papá?.-Dijo Marco
-Se ha quedado en casa, Carlos está en uno de sus líos y ha preferido ayudarle.-Dijo ella
-¿Y Ángela?
-Su hija está en etapa de riesgo del embarazo y no van a dejarla sola.-La imagen de su madre llenó la mente de Carla como un enorme deja-vú. Ella estaba acostada en su cama, el sol de Agosto entraba por la ventana y su madre se había inclinado sobre ella; su melena rojiza hacia una cortina entre el mundo y ellas, Carla había elevado su mano para tocar ese material tan brillante pero luego su atención había quedado atrapada por la enorme tripa que se asomaba por debajo de la camiseta del pijama. ¡Qué ganas había tenido de que naciera su hermano!, ¡qué sonrisa tan bonita tenía su madre!
-¡Carla!.-La voz de Marco llegó hasta ella sacándola de su ensoñación
-Lo siento.-Dijo ella agitando la cabeza para despejar las telarañas
-No pasa nada.-Dijo Fabian con una sonrisa demasiado conciliador para su rostro de diablillo
-¡A la ducha!.-Dijo Agatha. Carla no necesitó que se lo dijeran dos veces antes de correr hacia su cuarto, claro que aquel que había sido su cuarto ahora estaba patas arriba.
Una camisa de cuadros azul y blanco colgaba del pomo de la puerta, un set de maquillaje estaba completamente abierto sobre la cama, manchando de colorete la colcha y un enorme libro abierto bocabajo sobre el suelo
-Mi madre te ha movido a mi habitación.-Susurró Marco demasiado cerca de su oído para lo alterada que ella se sentía.-Puedes ducharte ahí.-Carla sintió como los vellos de su nunca se erizaba, cosa que siempre le sucedía cuándo Marco iba a tocarla pero ella no estaba preparada para ello. Dio un paso al lado antes de girarse y entrar en su habitación sin ni siquiera mirarle
-Dúchate antes.-Dijo sentándose en el filo de la cama y quitándose los zapatos más lentamente de lo que debería.
-Está bien.-Dijo él. Carla le escuchó cerrar la puerta con suavidad y luego detenerse unos segundos antes de alejarse rápidamente hacia el cuarto de baño
Carla sacó la almohada de debajo de la colcha y la abrazó fuertemente antes de tumbarse de lado. Por un solo instante, solo por un instante mientras el sonido del agua cayendo y de las risas provenientes del salón llenaban la habitación pudo fingir que era el cuerpo de su madre el que abrazaba.
-Mamá.-La garganta le dolió aún cuándo solo había sido un susurro.-Ya sé que Alex me llama loca cuándo descubre que he estado hablando contigo, pero él no está aquí... Aquí no hay nadie.-Cerró los ojos y respiro hondo antes de que ser capaz de volver a hablar.-¿Por qué no me advertiste?, ¿por qué no me dijiste que amar dolía tanto?
-Porque pensé que estaría contigo para siempre.-Se imaginó que su madre le decía
-No creo que pueda sobrevivir a esto. Ni siquiera perder a Dani, que había sido mi amigo durante años, que creía querer para siempre fue tan doloroso como pasar un solo segundo en la misma habitación que Marco sin que me deje llegar a él
-Sobrevivirás a ello.-Le dijo su madre, y sus brazos la rodearon tan fuerte que apenas pudo respirar
-Ojalá pudiera llorar.-Y ese fue su último pensamiento coherente antes de sentir como las fuerzas la abandonaban

Marco abrió la puerta lentamente y se detuvo durante unos segundos mientras sus ojos se adaptaban a la oscuridad.
La ducha no había hecho más que reforzar su idea de que no debía compartir todo su ser con Carla, no porque no fuera una persona fiable sino porque no podría soportar el conocimiento en sus ojos; además, en el mejor de los casos, ¿qué les quedaba?, ¿el mismo destino que sus padres?.
Hacía mucho que había aceptado que el amor no era para él pero mientras se encontraba contemplando a Carla dormitar, sabiendo que un simple chasquido la haría saltar alerta se permitió soñar con ser la persona que trajera felicidad a su vida. En vez de eso se limito a salir de la habitación lo más silenciosamente posible.
Fabian y Bea estaban en el sofá viendo una serie sobre adolescentes con capacidad de transformarse en lobos; ella descansaba su cabeza sobre el regazo de Fabian y las gafas se le habían deslizado hasta la punta de la nariz, por lo que sus ojos bizqueaban intentando enfocar la imagen de la televisión
-Tú solías ser así.-Dijo su madre asustándole
-¿Así cómo?.-Dijo Marco sin mirarla
-Necesitado de amor, eras el niño más sensible que he visto nunca
-Crecí
-Cambiaste.-Le reprochó ella
-Ya no hay nada que se puede hacer.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Si, perdonarte aquello que te ha atormentado durante siglos
-No hay nada que perdonar.-Dijo Marco pasando a su lado para sentarse en uno de los taburetes de la barra de desayuno. Los músculos de su mandíbula se apretaron inconscientemente cuando su madre se sentó en el taburete contiguo, no estaba dispuesto a tener esta conversación y menos con Carla allí
-¿Se ha molestado Carla por haber movido sus cosas a tu habitación?. Pensé que como estaba en tu casa...
-Pero tenía su propio cuarto.-Puntualizó él
-Nunca has traído una chica a tu casa, incluso cuando estabas con Julia y estabais pensando en anillos de compromiso ella nunca se quedaba aquí
-¿Y sólo por eso te tomaste la libertad de interferir en mi vida?.-Gruñó él.-Carla es distinta
-Ya lo veo, tú también eres distinto con ella
-¿Ah, si?.-Marco no pudo evitar la crueldad que cargaron sus palabras, y aunque hubiera podido no lo habría hecho.-¿Y en qué soy distinto?
-Estás relajado, aún cuando estabas enfadado cada vez que posabas tus ojos en ella era como si te quitaran un gran peso de encima.-Marco se concentró en juguetear con una miguita de pan olvidada en la superficie entre sus dedos, pensando en cuánto daría por no tener esa conversación son su madre.-Siempre eres tan contenido, como si el mundo fuera a explotar si te ríes o si te enfadas, pero con ella no tienes problemas en reñirle a Fabian o dejar que Bea te abrace, normalmente solo darías un paso a las sombras y...
-Para.-Su voz sonó atormentada a sus propios oídos pero eso no basto para detener a su madre
-Antes yo solía ser tu persona favorita.-Marco apretó los parpados tan fuerte que por un momento se preguntó si volvería a abrirlos, y justo cuando estaba a punto de decirle a su madre que había dejado de ser su persona preferida cuando no pudo o mejor dicho no hizo nada por salvarle su teléfono comenzó a sonar
-Tengo que contestar.-Dijo rescatando el móvil de su bolsillo
-No todas las relaciones son como las de tu padre y la mía.-A menudo pensaba que su madre conocía todos sus puntos flacos y se dedicaba a atacarlos de forma aleatoria hasta dejarlo sin fuerzas. Por el rabillo del ojo vio que Bea y Fabian habían dejado de mirar la televisión y los observaban con preocupación
-Cardone.-Dijo descolgando el teléfono
-¿Mal momento?.-Dijo Sergio pero había algo en su voz, algo fuera de lugar...
-No, habla.-Marco se giró y comenzó a andar hacia su habitación
-La hemos encontrado, ¡corred!.-Y la linea se cortó al otro lado.
Marco colgó justo al mismo tiempo que abría la puerta de la habitación. La luz del pasillo iluminó el interior permitiéndole ver la sombra que cruzó a toda velocidad la estancia.
Carla se puso los zapatos a una velocidad abismal a la vez que se arrodillaba junto a su maleta y sacaba una pistola que él ni siquiera sabía que tenía y la enganchó en su cinturón en la parte lumbar.
Se pasó la chaqueta por encima y corrió hacia su lado a la vez que se recogía el pelo en una coleta.
Marco se mantuvo inmóvil cuando ella pasó a toda velocidad a su lado. Tres minutos y cuarenta y dos segundos, ese era todo el tiempo que Carla necesitaba para salir de sus sueños y estar lista para la acción.

Lo había sabido, había sabido que su educación había sido desestructurada y aún así ver los resquicios de ello le dejaba sin aire...


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