miércoles, 20 de noviembre de 2013

CAPITULO 17 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 17: “De familia y otros animales”

-¡Oh, mierda!.-Masculló Marco
-Te enseñé a hablar mejor que eso.-Riñó una voz desde el otro lado de la linea
-Lo siento mamá, estoy trabajando
-Bueno perdona que te moleste pero creía que estaba en mi deber de avisarte de que estoy en tu casa
-¡¿Qué?!.-El coche dio un suave bandazo mientras Marco aferraba el volante con fiereza
-No me habías dicho que estabas saliendo con alguien, aunque bien podías haberle dejado espacio en tu armario, no te preocupes ya lo he solucionado
-Mamá, no es mi...-El silencio se instauró entre los tres por unos segundos mientras él miraba a Carla de reojo inseguro.-Está bien, llegaremos ahí en quince minutos
-Tu hermana está deseando verte
-Solo una cosa mamá, ¿Exactamente cuánta familia te has traído?
-Casi todos cariño, te echábamos de menos
-Adiós.-Masculló él antes de colgar bruscamente
El coche se detuvo lentamente en el arcén antes de que Marco saliera y se apoyara contra el lateral del capó. Carla no estaba muy segura de qué hacer por lo que se estiró para pasar medio cuerpo por encima de la palanca de cambios y asomar la cabeza por el hueco de la ventana, suponía que si Marco la rechazaba al menos no se quedaría de pie junto al coche como una estatua
-¿Estás bien?.-Susurró
-Sobreviviré.-Dijo él sin mirarla.-Solo necesito algo de cafeína y tiempo
-Llévame a la cafetería en la que estuvimos el primer día.-Pidió ella intentando distraerle, y al parecer funcionó por la sonrisa que tiró de la comisura de sus labios
-Te gusto su café, ¿eh?.-Dijo él moviendo la mano para que le dejase espacio.
Carla le observo mientras él daba una vuelta de 180º al coche; un músculo palpitaba en su mandíbula y sus ojos estaban entrecerrados, aunque más que furioso parecía estar sufriendo un gran dolor.
Tardaron cinco minutos en cruzar la ciudad, sin duda esa era una de las veces en las que era una verdadera suerte que fueran policías porque a estas alturas deberían estar en la cárcel por las infracciones de velocidad cometidas.
La cafetería, al igual que la primera vez, estaba rodeada de coches patrullas vacíos. Marco aparcó junto a una furgoneta negra bastante destartalada y de la que Carla sospechó era usada para las vigilancias.
-¡Cardone, por fin te dejas ver!.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada por el grupo repantigado en la barra y que ella juraría estaba comprendido por los mismos que ocupaban la barra la primera vez que habían ido allí.
-Se hace lo que se puede.-Dijo él con voz amistosa pero con una mano en la parte baja de la espalda de Carla la guío hacia una de las mesas más alejadas de allí
La cocinera estuvo sobre ellos casi al instante con una enorme sonrisa en sus labios; un par de mechones se habían escapado de su moño y tenía las mejillas sonrojadas, lo que la hacía parecer mucho más joven-¿Qué queréis?
-Café.-dijo Marco
-Para mi también
-Tengo tu tarta preferida.-Susurró ella agachándose levemente hacia ambos
-Hoy no.-dijo él pero Carla consiguió ver el brillo en sus ojos aunque solo duro unos instantes
-Yo si por favor.-Dijo Carla impulsivamente. Él la miró con una ceja enarcada pero Carla estaba demasiado ocupada devolviéndole la sonrisa a la otra mujer
-Por supuesto.-Dijo ella
-¿Hace cuanto que no veías a tu familia?.-Cuestionó ella
-Solo desde navidades pero prefiero ir yo a verles que al revés
¿Por qué así puedes escapar cuándo quieras?.-Carla lo había preguntado como una broma pero la expresión seria de Marco le hizo saber que había dado en el clavo
-Ya estoy aquí.-Canturreó la cocinera dejando dos tazas de café humeante y un plato entre ambos con un gran trozo de tarda de chocolate con dos cucharas. Ella le guiñó el ojo a Carla antes de marcharse y Carla tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no reírse.
-Así que...háblame de ellos.-Pidió Carla cortando un trocito pequeño de tarta y llevándoselo a la boca.
-Ángela es la mayor, ahora mismo tiene cincuenta y está instalada con su marido en Italia. La suya es una de esas historias que marcan un antes y un después y que por un momento te hacen creer que el amor es posible
-Pero tú no lo crees.-Dijo ella rebañando un poco de glaseado que se amontonaba en el fondo del plato
-Creo que solo es posible para algunas personas, y sin ninguna duda Ángela es una de ellas. Luego está Carlos, es uno de los abogados más reconocidos en Italia también, la última vez que hablamos creo que cobraba quinientos euros la hora.
-¡Oh!
-Exacto.-Marco sonrió un poco mientras jugueteaba con la cuchara pasándola entre sus dedos.-Y Marga, ella hizo danza y en este momento no se en qué famoso teatro de ricachones se encontrará.
-¿Cuántos años tiene?
-Treinta y seis pero te aseguro que se conserva como una chica de diecisiete. Luego estoy yo...
-El poli.-Dijo Carla y esta vez la sonrisa de Marco fue de verdaderos hoyuelos.-Pensé que serías el pequeño
-¿Qué?, ¡¿por qué?!
-Porque eres el más mimado sin duda, solo hay que ver que como le hablaste a tu madre
-Deberías escuchar a Fabian.-Dijo Marco llevándose a la boca una cuchara repleta de pastel. En ese momento ocurrieron tres cosas a la vez, la boca de Carla se curvó en una enorme sonrisa, Marco abrió los ojos enormemente y la risa de la cocinera estalló por todo el local
-¡Adoro a esa mujer!.-Estalló ella
-Bruja.-Murmuró Marco limpiándose la boca con una servilleta y dejando la cuchara a un lado
-¡Oh, vamos!.-Gruñó ella.-Todo este rato dándote conversación y ¿ahora vas a decirme que el sabor del chocolate no te ha tentado para un segundo bocado?
-¿Así que toda esta conversación era para conseguir que te ahorre unas calorías?
-En realidad no, me gusta saber a qué me enfrento.-Dijo ella guiñándole un ojo y tomándose otro trozo, él pareció meditar sus opciones antes de volver a hablar
-Entonces vamos por Fabian, te sacara de tus casillas en cuestión de segundos. Es impertinente cómo nadie más y ha hecho de ello una profesión
-¿Es interrogador?.-Dijo Carla asombrada
-Persigue morosos.-Carla no pudo evitar la carcajada que recorrió su cuerpo y un par de policías se giraron para mirarla con curiosidad.
-Y Bea, ella estudia psicología, aunque aún va a la universidad. Probablemente sea la segunda en perseguirte para hacerte preguntas
-No se me da bien que me hagan preguntas.-Dijo Carla dándose cuenta por primera vez lo que iba a suponer tener a la familia de Marco cerca
-Ya contaba con ello
-Me puedo ir a un motel
-Es una buena solución si quieres que mi madre me degolle, pero están acostumbrados a qué yo no sea muy comunicativo así que no es nada nuevo
-Hay algo que no entiendo.-Dijo Carla esforzándose por sonar desenfadada a la vez que intentaba hacer un barquito con una de las servilletas
-Y seguro que vas a decírmelo...
-Hablas de ellos como si fueran la mejor familia del mundo, es evidente que vuestros padres han hecho de todos sus hijos unos triunfadores pero además os han mantenido unidos pero pareces aterrado de tenerles en tu casa.-Carla se esforzó en mirarle aún cuándo sabía que la expresión de Marcos sería la de alguien enfadado
-Al crecer nos separamos y ahora no es lo mismo
-Yo también crecí, y me separé de mi hermano y aún así no puedo evitar desear tenerle a mi lado aún cuándo sé lo que quiere hacerme
-¿Siempre tienes que saberlo todo?.-Cortó él levantándose de golpe. Las patas de las sillas arañaron el suelo y los pasos de Marco al salir de la cafetería fueron como una estampida.
Carla contuvo la respiración hasta que los pulmones comenzaron a dolerle y su garganta protestó con la primera inspiración pero aún así el motor del coche no sonó en los minutos siguientes.
Se obligó a levantarse con una calma que no sentía y girarse lentamente solo para encontrarse cara a cara con la cocinera de la que acababa de darse cuenta no sabía el nombre
-Mary.-Dijo ella como leyéndole el pensamientos
-Gracias por la comida Mary.-Dijo Carla forzándose por sonreír
-A veces los hombres son un poco estúpidos.-Dijo ella en voz baja, como si compartiesen un secreto muy importante
-¿Solo a veces?.-Dijo ella arrancándole una carcajada
-Cariño todos los polis hablan de ti.-Dijo ella colocándole un mechón de pelo tras la oreja. Carla sintió como la piel se le erizaba allí dónde ella la había tocado de la misma forma que siempre hacía su madre.-Eres una persona estupenda que vas a librarnos a muchas mujeres del miedo a dormir sin mirar bajo la cama, si Marco no es capaz de ver eso es que es más tonto de lo que yo pensaba
-Todos tenemos nuestros secretos y nuestras causas.-Dijo Carla encogiéndose de hombros

-Los secretos son una carga muy pesada cuándo uno los soporta solo.-Ella estaba a punto de remarcar que sabía bien de lo que hablaba pero prefirió dedicarle una sonrisa que no sentía antes de dirigirse a la puerta.

-Hoy tenemos una imagen de Carla cuándo era adolescente-

1 comentario:

  1. ¿Dónde envío la suscripción a 'La caja de los secretos'?
    Ánimo, a seguir escribiendo.

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