Capitulo 15. “De conejos blancos y
sombrereros locos”
Carla apoyó ambas manos en el lavabo y se observó a sí misma en el espejo; le temblaba cada músculo de
su cuerpo y las lágrimas le quemaban detrás de los párpados.
Contempló con ansias la bañera a
través del espejo, ojalá pudiera meterse debajo del grifo de agua
caliente y pasar allí horas y horas hasta que el calor se acabara...
Pero ya le había pedido demasiado a Marco y debía devolverle algo.
Él estaba sentado en el sofá justo
dónde ella lo había dejado, con la mirada perdida aún cuándo ella
se sentó a su lado.
Carla se inclinó hacia delante
apoyando los codos sobre las rodillas y enterrando el rostro en sus
manos.
-Mi hermano es un psicópata.-Era la
primera vez que lo decía en alto y la vorágine de emociones
comenzaba a amenazar con despertar demonios que llevaban años
encerrados.-Al principio fue muy difícil de distinguir porque los
médicos achacaban su timidez al hecho de haber crecido sin madre,
pero a los siete años cogió la manía de adentrarse en el parque
que delimitaba con nuestra casa...-Carla tragó con fuerza sabiendo
que la balanza estaba a punto de caer, que todo lo que Marco había
visto u oído hasta ahora podría ser desmentido pero que el instante
en que las palabras siguientes salieran de sus labios ya no habría
marcha atrás.-Mi padre le encontró un día, había asesinado una
ardilla. Le había roto el cuello y luego la había abierto con un
cuchillo.-El silencio fue insoportable durante los siguientes
segundos; Carla no estaba segura de si estaba siendo obligada a
confiar en Marco o si a la larga hubiera terminado haciéndolo, ¿pero
cómo puedes darle la espalda a alguien sin mirar a cada instante
sobre tu hombro cuándo solo estás acostumbrada al dolor?.
Miró de reojo a Marco quién parecía
totalmente impasible, cómo si no la estuviese escuchando; su voz
consiguió abrirse paso a través del nudo de dolor que ahora se
cerraba sobre su garganta.-Él...él quiso acabar con él, ¿sabes?.
Fue la primera vez que vi el deseo de matar en los ojos de alguien,
mi padre quería acabar con su vida, pero yo se lo impedí. ¡No
podía permitirlo, no podía hacerlo, era mi hermano!.-Carla le miró
mordiéndose el labio para frenar las lágrimas
-¿Cuántos años tenías en ese
momento?.-Dijo él a la nada
-Diez.-Susurró ella-Yo le prometí
hacerme cargo, solo le dejaría matar animales y le enseñaría a
cumplir unas normas. Le enseñaría a sobrevivir pareciendo normal.
-Pero él no es normal.-Carla echó el
rostro hacia atrás cómo si él le hubiese golpeado
-No, no lo es.-Dijo levantándose.-Sé
que es difícil para ti entenderlo pero esperaría que te lo
plantearás antes de contar todo esto, él no es un asesino. Me
marcho ahora, mañana pediré que me saquen del caso por asuntos
personales.-Carla no consiguió dar dos pasos antes de los brazos de
Marco la rodearan desde atrás
-¿A dónde crees que vas?
-A un hotel.-Dijo ella
-No, creo que te quedas aquí.-Marco
apretó su agarre sabiendo lo que estaba por venir
-Y una mierda.-Carla le dio un pisotón
a la vez que lanzaba el codo hacia atrás hasta clavarlo en su estomago Marco gruñó en respuesta y la elevó del suelo.-Marco
¡suéltame!, ¡no voy a ser tu prisionera!
-No te estoy exigiendo que lo seas,
solo estoy diciendo que no te vas a ir
-¿No es lo mismo?.-Bufó ella clavando los pies a cada lado de la puerta de su dormitorio y empujando hacia atrás
-Carla.-Gritó Marco.-Vamos a hablar
-¡¿Y para qué me llevas a la cama?!
-Porque quiero.-Dijo él, Carla sintió
cómo sus esfuerzos se iban haciendo más débiles hasta que Marco
consiguió adentrarse en su habitación.
Se tumbó de espalda y la recostó
sobre su pecho, sus dedos deslizándose por su espalda en una lenta
caricia a la vez que la mantenía en su sitio con sus piernas
entrelazadas con las suyas; Carla no quería relajarse, deseaba
continuar gritando para provocar una respuesta en Marco que la
convenciera de que Marco no era quién creía ella, y que todo había
sido un engaño de su mente pero sus manos estaban haciendo magia en
su espalda y al final su cuerpo se relajó contra el suyo
-¿Por qué nunca lo has internado en
una institución?.-Preguntó él suavemente
-Se escaparía.-Dijo ella apoyando una
mano en su pecho, sobre su corazón
-Hay clínicas especializadas para este
tipo de... enfermedades.-Carla se tensó entre sus brazos antes de
elevar el rostro para mirarle, en sus ojos brillaba el dolor y a
pesar de ello, su barbilla se elevó orgullosamente al hablar
-Le conozco, se acabaría escapando,
además yo soy quién controla sus premios y sus castigos, en una
institución todos son iguales
-¿Qué quiere decir eso?.-Dijo él,
ella evitó mirarle mientras se concentraba
-A Álex no se le puede educar, pero le
gusta hacer tratos. Así que si no hace nada de lo que Marcus o yo
consideramos malo recibe videojuegos, comida rica y libertad para
comprar a gusto, además de vez en cuándo puede salir acompañado.
Pero en esos...centros.-La palabra salió de su boca cómo un gran
insulto.-Todos son iguales y prefieren los castigos a los premios
-A veces uno responde mejor a los
castigos que a los premios.-Comentó Marco
-No, no lo entiendes Marco.-Ella seguía
sin mirarle aún cuándo él ladeó el rostro para incitarla a
ello.-¿Alguna vez has tenido una adicción?
-No creo que pueda ser denominada
adicción pero algo así.-Reconoció él
-Cuándo a una persona normal.-Ella
elevó las manos para hacer unas comillas imaginarias en la última
palabra.-Es sometida a castigos ante una adicción suele funcionar,
su deseo disminuye pero cuándo aplicas eso mismo a un psicópata
solo consigues que se vuelva más precavido, y más inteligente que
tú
-Así que nunca has castigado a
Álex.-Adivinó él
-Por lo general, cuándo él hace algo
que puede ser considerado malo simplemente deja de tener premios, y
todo se reduce al mínimo. Nada de televisión, solo cinco raciones
de comida al día, y sin poder salir de la habitación
-¿Funciona?.-Carla asintió una sola
vez.-Has dicho por lo general...
-He tenido que usar la fuerza más de
una vez para detenerle de hacer algo, por lo que él y yo solemos
pelear, al menos hasta que yo consigo reducirlo... Una vez me enfadé
tanto que lo golpeé aún cuándo ya no era necesario
-¿Qué hizo él?
-Se rió, se rió tanto que pensé que
moriría asfixiado. Creo que es la única vez que le he visto
sonrojarse.-Susurró ella
-¿Alguna vez ha matado a una
persona?.-Marco decidió que cuánto antes descubriera la verdad
antes podría comenzar a respirar con normalidad
-Si me preguntas a mí la respuesta es
no, pero si le preguntarás a él o si le hubieras preguntado a mi
padre ambos te dirían que él fue el causante de la muerte de mi
madre
-¿Tu padre...?
-No. Álex y yo habíamos salido juntos
y para cuándo llegamos todo estaba reducido a la nada. Dijeron que
era accidental
-Pero tú no lo crees.-Adivinó él
-Él maltrataba a Alex solo porque le
tenía miedo y cuánto más asustado estaba más se enfadaba con los
dos.- “Un día te despertaras con un cuchillo en la garganta y mi
cuerpo en el suelo, y tu estupidez será la única culpable”. El
grito de su padre resonó en su cabeza como si fuera él el que
estuviera a su lado y no Marco.-Creo...Que cuándo las cosas
comenzaron a funcionar decidió que no quería seguir por aquí
-Tu padre te hacía a ti lo que no
podía hacerle a Álex.-La rabia se coló a través de la voz de
Marco aún cuándo él se había prometido que no mostraría
emociones
-No voy a hablar de eso.-Cortó ella.
-Álex te quiere muerta.-Marco sabía
que debía detenerse, que debía dejar de escarbar antes de que Carla
retrocediera sin posibilidad de vuelta
-¿te sorprende?. He hecho de Alex mi
asignatura de matrícula, no da un solo paso sin que yo esté ahí
para detenerlo, le he arrancado víctimas de las manos y lo he
encerrado durante días cuándo fue incapaz de controlarse
-Pero sigue vivo.-Él se preguntó
vagamente sí lo que estaba sintiendo era orgullo
-¿Vas a entregarlo?
-No es el asesino X
-No, si se hubiera movido de la casa lo
hubiera sabido
-Las tecnologías fallan
-Por eso te obligué a llevarme hoy,
las tecnologías fallan pero aún no ha llegado el día que no sea
capaz de distinguir cuándo Alex oculta algo
-Pero sabe quién es
-Probablemente, a veces habla con
otros...otras personas como él.-Marco abrió los ojos sorprendido
-Y no va a decírnoslo -Ella asintió
levemente antes de dejarse caer de nuevo contra su pecho y deseó
poder llorar; llorar por el simple hecho de liberar energía.
Su primer novio pensaba que ella era
incapaz de hacerlo porque tenía demasiado orgullo, ella siempre
deseó explicarle que era una cuestión puramente práctica...Cuando
lloras los ojos se te nublan, se te altera la respiración, te
vuelves más lento en reaccionar y eres incapaz de escuchar algo más
que tus sollozos... y ella no podía permitirse eso teniendo un
psicópata en la habitación de al lado.
Cómo si pudiera sentir su tensión los
brazos de Marco la rodearon hasta casi asfixiarla y sólo así fue
capaz de respirar de nuevo
Marco aún contemplaba el techo cuándo
Carla se durmió por fin cuatro horas después; el deber quemándole
las entrañas y todo lo que era en la vida exigiéndole que entregara
a Alejandro Molina, pero el hombre en él no podía dejar de pensar
en Carla.
La mujer que se había convertido en
alguien brillante cuándo tenía todas las excusas posibles para
fracasar, la mujer que sabía luchar por necesidad, que nunca dormía
profundamente y que durante treinta años se había mantenido con
vida.
Sabía que ella era capaz de controlar
a su hermano, pero...¿podría vivir él con ello?

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