miércoles, 30 de octubre de 2013

CAPITULO 14 LA CAJA DE LOS SECRETOS


Capitulo 14. “La verdad y nada más que la verdad”

-Coge la interestatal y toma el primer desvió a la derecha.-Carla llevaba media hora clavando el pie en la alfombrilla del coche cómo si así pudiera hacer que él condujera más deprisa.-Ahora a la izquierda.-Le gritó ella
-Carla es un camino de tierra que no lleva a ninguna parte.-Rezongó él
-Solo hazlo.-Ordenó ella. Marco giró el volante hasta que el coche comenzó a dar sacudidas por el irregular suelo bajo las ruedas. Al principio había sido muy fácil colocarse tras el volante y seguir sus directrices intentando que el color volviera a su rostro pero Carla cada vez estaba más tensa y respiraba más agitadamente y él comenzaba a arrepentirse de haber prometido no hacer preguntas.
Sus ojos captaron un brillo metálico que parecía venir de la copa de uno de los árboles y todos sus músculos se tensaron en respuesta, aún así siguió adelante por delante de un par de caserones antiguos que parecían totalmente deshabitados
-¿Hay cámaras?.-Preguntó después de captar otro brillo metálico
-Todo el perímetro está rodeado de cámaras y una verja, solo que estaba abierta para nosotros.-Dijo ella con voz controlada.-Detente frente a la casa.-Marco necesito un par de minutos más hasta vislumbrar la casa, si es que se podía llamar así, que se cernía frente a ellos.
La fachada blanca estaba descascarillada y los marcos de la puerta y las ventanas que antes eran rojizos ahora tenían un color indescriptible; un enorme porche de madera oscura que la rodeaba por completo
-¿Está deshabitada?.-Preguntó él sin poder contenerse al ver el saco de boxeo maltratado por el uso y los años junto a la puerta
-Supongo que no puedo convencerte de que te quedes aquí.-Dijo ella mirándole a la vez que sus nudillos se volvían blancos alrededor del tirador de la puerta
-No, no puedes.-Dijo él apagando el motor
-Al menos prométeme que no tomarás una decisión hasta que hablemos de ello luego.-Exigió Carla, y él de nuevo tuvo la certeza de que haría cualquier cosa por borrar esa expresión de su rostro.
Carla bajó de un salto del coche y corrió hacia la puerta cómo si mil demonios la persiguieran, empujó la puerta con tanta fuerza que rebotó contra la pared
-¡¿Se puede saber que se te pasa por la cabeza?!.-Bramó. Marco caminó con pasos lentos para darle algo de tiempo pero llegó a tiempo de ver al hombre que se levantaba de un sofá de cuero negro.
Era un poco más bajo que él, de aspecto desgarbado aunque fuerte. Un par de mechones color zanahoria le caían sobre la frente sobre un par de ojos grises que le analizaron de arriba a abajo.
Sin apartar la mirada de él se inclinó hasta capturar la mano de Carla en la suya y besar el dorso en un movimiento teatral que Marco estaba seguro había traído de cabeza a muchas mujeres.
Su primer pensamiento había sido que Carla tenía un novio secreto lo que había despertado una sensación asfixiante pero cuándo ella retiró la mano de un tirón y le observó con gesto airado todas las piezas encajaron en su cabeza...
Mismo color de pelo aunque distinta tonalidad, distinto color de ojos aunque la misma arruga en el entrecejo, y sin ninguna duda misma postura obstinada.
-Yo también me alegro de verte hermanita.-Marco no pudo evitar su jadeo aún cuándo ya lo había sospechado, su cabeza trabajando a mil por horas cuándo Alejandro Molina se giró totalmente hacía él.-¿Quién es tu invitado?
-Ni le mires.-Gruñó ella moviéndose levemente hasta interponerse entre ambos.-Y ahora dime, ¿qué querías?
-Esa es una pregunta demasiado general.-Dijo él sentándose en el sofá, cruzando las piernas de forma que el tobillo de una descansara sobre su rodilla y puso su dedo índice sobre sus labios
-Le has dado un susto de muerte a la señora Harnie, Marcus ha estado a punto de darte una paliza y yo he tenido que dejar todo para venir corriendo debatiéndome si encerrarte o dejarte sin comer por hacerme buscar otra mujer que esté dispuesta a vivir bajo tu techo.-Bramó ella.-Ahora dime, ¿qué quieres?
-Verte.-Dijo él con sus ojos brillando con malicia.-Ahora, ¿vas a presentarme a tu amigo?
-No.-Gruñó ella pasándose las manos por el pelo
-Marco Cardone.-Dijo él dando un paso al frente y ofreciéndole su mano. Alejandro Molina se estiró sobre el sofá para devolver su agarre con más dulzura de la necesaria y Carla le dio un manotazo obligandole a liberar a Marco, quién la observó comenzar a andar de arriba para abajo frente al sofá
-Tranquilo, no va a sufrir un colapso.-Dijo Alejandro cruzando las manos bajo su cabeza y estirándose hacia atrás.-Cuando realmente debes preocuparte es cuándo está callada, entonces está planeando como arrancarte las pelotas
-¡Alex!.-Exclamó ella, para luego sentarse en la mesa baja de madera frente a él. Elevó las manos en el aire para luego dejarlas caer sobre sus propios muslos como si supiera que no debía tocarle.-Bien, aquí estoy, a salvo, nadie te ha quitado el privilegio.-Dijo ella con calma, como si estuviese hablando con un niño rebelde
-Me alegro.-Dijo él mostrando una sonrisa brillante. Marco por un momento sintió que el suelo se doblaba bajo sus pies ante sus palabras-Me he enterado que le pisas los talones a un asesino, y supongo que el hecho de que tu novio lleve pistola lo confirma.-Dijo indicando a Marco con la mano extendida
-Si, pero si lo que te preocupa es perder el privilegio de mi muerte puedes estar tranquilo, no le dejaré acercarse tanto.-Marco fue consciente de dos cosas a la vez; Carla no había negado ante su hermano que él era su novio pero por encima de eso estaba el dolor en las palabras de Carla que Alejandro Molina no parecía captar
-Oh querida, yo tampoco dejaré que se acerque tanto.-Dijo él inclinándose hacia delante
-Carla.-La puerta que había al final de la habitación se abrió suavemente. Un hombre de tranquilamente dos metros, rapado y con una mirada helada que decía que no dudaría en asfixiarte apareció ante ellos
-Marcus.-Dijo ella levantándose para abrazarle, Marco no pudo evitar pensar que el nombre le venía que ni pintado justo cuando Alex se levantó silenciosamente y se dirigió hacia él con una sonrisa en los labios.
Sus movimientos eran lánguidos hasta rozar la lascividad y aún así su mirada era totalmente desquiciada, Marco se forzó a no llevarse la mano a la culata de la pistola aún cuándo él se acercaba cada vez más pero justo cuándo el potente olor de lo que parecía una colonia voló hasta él Alejandro Molina fue lanzado hacia atrás y cayó en una posición poco elegante sobre el sofá
-¡Alex!.-Dijo Carla inclinándose sobre él.-Te lo repito, tócale y te mantendré encerrado durante una semana
-No me da miedo la oscuridad.-Replicó él con el tono de un niño malcriado
-Lo sé, a ti no te da miedo nada.-Tarareó ella cómo si se tratara de una oración.-Pero me encargaré de que no haya cama y que solo tengas tres comidas al día y una palangana en la que hacer tus necesidades.-Esto pareció encajar algunas piezas en la cabeza de Alex que simplemente se inclinó hacía atrás. Hasta ese momento Marco no fue consciente de que era Carla quién le había empujado lejos de él, ya que Marcus se mantenía a una distancia prudencial con expresión indescifrable
-Bien, mantendré las manos fuera de tu chico.-Dijo Alex poniendo las manos bajo su cabeza de nuevo y esta vez mostrando una gran porción de su estomago.-¿Eres realmente su novio?
-No le respondas.-Dijo Carla al instante y volviéndose a sentarse sobre la mesa.-Prométeme que no volverás a hacer algo así
-¿El qué, preguntarle a alguien si es tu novio?.-Dijo Alex inocentemente
-Entrar en la habitación de alguien mientras duerme, atarla y esperar que despierte con un cuchillo en la mano.-Marco se atragantó con su propia saliva y Alex le dedicó una mirada de soslayo
-No puedo hacer eso
-Prométeme que no lo harás con ningún empleado.-Intentó ella de nuevo
-Eso si puedo hacerlo.-Dijo él con una enorme sonrisa antes de mirarlo a ambos.-Os excluye del trato
-Tengo que irme Alex.-Dijo ella y por un momento parecía triste.-Volveré en una semana como máximo
-¿Esperas tener el asesino para entonces?.-Dijo él
-¿Sabes quién es, verdad?.-Dijo ella
-Lo sospecho.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Y no me lo dirás.-Confirmó ella
-Pretendo que se mantenga alejado de ti, no puedo hacerlo si tu vas detrás de él.-Dijo él como si la estuviesen hablando de té en vez de psicópatas
-Me desesperas Alex.-Dijo ella antes de darle un suave apretón al brazo de Marcus y dirigirse hacia la puerta arrastrándole con ella.-Por favor espera a estar en tu casa.-Susurró justo cuando bajaban los escalones del porche
Marco pensó que no necesitaba decírselo dos veces se sentía cómo Alicia en el país de las maravillas y él también necesitaba algo de tiempo para...¿para qué?, ¿para aceptar que Alejandro Molina seguía vivo y era un psicópata?, ¿para aceptar que Carla lo mantenía oculto a saber porqué? Y justo cuándo giró el coche en el camino de entrada comprendió que ninguna de las mil preguntas que le habían rondado era tan primordial como...¿Estaba matando Alejandro Molina?



-Alejandro y Carla Molina en su infancia-

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