miércoles, 23 de octubre de 2013

CAPITULO 13 La caja de los secretos

CAPITULO 13. “Las piezas del puzzle están ahí, solo hay que encajarlas”

Carla abrió los ojos lentamente, el sol entraba por la ventana haciendo que las motas de polvo que había en el aire brillaran como oro; pequeñas partículas que caían sobre ella bañándola, limpiándola...
Lentamente fue consciente del brazo que rodeaba su cintura y el cuerpo a su espalda; volvía a tener dieciocho años y estaba con un extraño con el que se había acostado sin tener muy claro la razón, volvía a tener dieciocho años y se había escapado por la noche de casa para acabar en el cuarto de baño de algún bar con un chico que le había sonreído y ella solo quería olvidar sus problemas...
Sus ojos se abrieron alarmados cuándo comprendió que ella nunca se quedaba a dormir, que ella no tenía dieciocho años y que su padre estaba muerto; se giró con tanta fuerza que estuvo a punto de golpear a Marco si él no le hubiese agarrado la mano en el último instante.
Se mantuvieron así, frente a frente en la cama. Carla con la respiración agitada y Marco con los ojos entrecerrados.
-¿Estas bien?.-Marco posó sus labios sobre su muñeca antes de colocarla en su cintura, Carla pensó vagamente que eso es lo que haría con un animal salvaje al que intentaba tranquilizar.
-Creo que sí.-Susurró ella
-No me refiero solo físicamente.-Ambos hablaban como si mil personas estuvieran intentando oírlos y no estuvieran solos en su dormitorio.
-Nunca había hecho esto.-Marcó enarcó una ceja al instante y Carla no pudo evitar sonrojarse.-Dormir con alguien
-No sé porque pero lo sospechaba.-Dijo él trazando círculos en su cadera con el pulgar.-De hecho no esperaba que estuvieras aquí cuándo me despertara
-Si quieres puedo irme.-Repuso ella demasiado rápido
-Me encanta que estés aquí.-Dijo él inclinándose y besando su frente. Por primera vez Marco comprendió que decía eso de verdad y no porque quisiera reconfortar a la mujer que había a su lado.
Carla no pudo escapar el jadeo que se escapó de sus labios cuándo él enganchó su mano en su muslo para elevarlo de forma que su pierna le rodeaba la cintura.
Marco la besó lentamente, con su lengua trazando la herida en su labio dónde él mismo le había mordido la noche pasada, sus manos le acariciaron todo el cuerpo con delicadeza, aprendiendo cuándo sus temblores se debían a las cosquillas y cuándo algo más.
Carla había necesitado solo diez minutos de la noche anterior para descubrir y aprender los suyos, y aunque una parte de ella estaba detestándose por no poder hacer todo con calma, la otra disfrutó explotando estos puntos.
Al final él le hizo el amor lentamente, mirándola a los ojos aún cuándo ella intentaba apartar la cabeza o bajar los párpados.
-Deberíamos ir a ver a la familia de la víctima.-Dijo él una hora después con Carla sobre su pecho
-¿Cuál vamos a ver?.-Susurró ella acariciando su pecho con la mejilla.
-Pensaba empezar la del hombre ya que parece ser una excepción en su patrón. Su hermano vive a pie de playa, podríamos hacer una visita informal
-Genial.-Dijo ella saltando de la cama y dirigiéndose corriendo hacia su habitación. Marco la contempló alejarse desnuda y se le pasó por la cabeza que Carla nunca parecía tener problemas con su cuerpo, cómo si simplemente estuviera ahí... Un arma a utilizar algunas veces y un envase en otros.
Carla por otro lado estaba cerrando el botón de sus vaqueros mientras intentaba mantener su mente a raya, “nada de pensamientos desagradables” se había convertido en su nuevo mantra; la vida los alcanzaría en cualquier momento y ella tendría que decirle adiós a Marco pero iba a disfrutar de la ventaja que pudieran tener...
-Ten.-Dijo Marco tendiéndole una taza de café humeante. Carla tomó un buen sorbo mientras sus ojos vagaban por la camiseta blanca de mangas cortas que se adhería a su cuerpo y los vaqueros claros, pensó que podría acostumbrarse a eso.
¡¿Acostumbrarse?!, ¿realmente estaba pensando eso?. Ella pagaría cualquier precio por tener una vida con Marco trayéndole el café por las mañanas, con su fuerza instándola a seguir adelante y su sonrisa haciéndole creer que realmente no había problemas, que realmente su vida no tenía los días contados.
-¿Qué sucede?.-Dijo él frunciendo el ceño
-Nada.-Dijo ella con una sonrisa
-No me mientas.-Dijo él más brusco de lo que deseaba, las comisuras de los labios de Carla temblaron unos segundos pero no se movieron de su posición.-Carla, sé que no crees que yo tenga tus superpoderes pero puedo notar cuándo te alejas de aquí
-No puedo estar más cerca.-Susurró ella dando un paso hacia delante de forma que sus cuerpos se tocaran
-Yo creo que si puedes.-Dijo él respondiendo a las palabras que ella no se había atrevido a decir en voz alta.-Ahora vayámonos -Dijo posando levemente sus labios contra su frente y dando la vuelta.


-¿Cuál es tu color favorito?.-Dijo él después de media hora de viaje en silencio
-Supongo que el rojo.-Dijo ella
-¡Vamos mejorando tu carácter!. Ya esperaba que respondieras negro
-A mi carácter no le sucede nada.-Carla continuaba mirando por la ventana pero sus músculos comenzaban a tensarse
-Claro que no, si lo comparas con el de un perro rabioso castrado
-Le dijo la olla al cazo.-Mascullo ella
-¡Yo no voy gruñendole a la gente!
-No, solo vas sobreprotegiendo a todos cómo si fueran niños pequeños y tú el gran Santa Claus
-Santa Claus trae regalos, no protege a los niños
-¡Ya me has entendido!.-Dijo ella sacándole la lengua. Marco no pudo evitar sonreír ante aquel gesto tan impropio de ella.-¿Y el tuyo?
-¿Qué?
-Tu color...-Carla puso los ojos en blancos cómo si fuera imposible tratar con él
-El azul.-Dijo él tomando una desviación
-Espera...¿A dónde vamos?.-Dijo Carla con un tono de tensión en su voz
-A la playa.-Dijo él cómo si fuera lo más evidente
-Ya pero pensaba que te referías a la playa más cercana no a la otra
-Si fuera esa ya estaríamos allí, ¿tienes algo en contra de esta playa?
-Absolutamente nada.-Carla reclinó levemente el sillón y comenzó a juguetear con sus dedos, Marco tenía la certeza de que algún día se los rompería pero por el momento dejó que se mantuviera en sus pensamientos porque él necesitaba ordenar sus propias ideas, tanto las del asesino como las referentes a Carla.


-Hemos llegado.-Dijo él aparcando frente a una casita de madera blanca con un porche de madera azul oscuro que la rodeaba por completa
-Allá vamos.-Carla saltó del asiento y observó cómo la arena blanca y suave llegaba hasta sus pies impulsada por la brisa fresca que la alejaba de la playa
-¿Estás bien?.-Dijo Marco mirando su rostro intentando encontrar algún indicio de sus emociones
-Claro.-Dijo ella sacada de su ensoñación, comenzó a caminar hacia la casa
Acababan de subir el primer escalón del porche cuándo la puerta se abrió lentamente y un hombre apareció a la vista. Carla sintió como el estomago le daba un vuelco y su mente intentaba encontrar una explicación al hecho de la víctima acababa de cobrar vida ante ellos.
-Gemelos.-Jadeó. De metro noventa, pelo grisáceo corto y ojos celestes brillantes, aunque de piel tan blanquecina cómo había estado la de su hermano en su último momento de vida
-Tal vez debería haberles avisado, parecen a punto de desmayarse.-Dijo él con tono ronco
-Lo siento, lo olvidé-Dijo Marco adelantándose y ofreciéndole la mano.-Apenas pudimos hablar cuándo todo ocurrió porque hubo dos víctimas casi al mismo tiempo
-Si, usted prometió encontrar al asesino.-No había rencor o impaciencia en su voz, era cómo si solo quisiera asegurarse de que él recordaba su palabra
-Y así lo haré. Le presento a Carla Molina.-El hombre dirigió su mirada hacia ella evaluándola, Carla reconoció el movimiento al instante y se mantuvo con la espalda erguida hasta que él decidió darle la mano
-Usted no estaba allí cuándo mataron a mi hermano, hubiera reconocido a una hija de militar.-Dijo él con tono arrastrado, Marco le dirigió una mirada de soslayo
-Siento decepcionarle pero mi padre no era militar
-Oh, lo siento, a veces termino confundiendo a las personas por lo que deseo ver en ellas. Entonces, ¿quién es?.-Carla echó los hombros hacía atrás y elevó la barbilla antes de hablar
-Ambos somos las personas que vamos a capturar al asesino de su hermano y vamos a hacerle pagar por ello con creces.-La carcajada áspera rompió el aire
-Ya he escuchado eso antes
-No de mí.-Dijo ella manteniendo su postura hasta que su expresión cambió denotando que comenzaba a tomarla en serio.-Pero necesitamos hacerle algunas preguntas más
-Por supuesto, vamos a entrar.-Dijo él girándose lo más rápidamente que le permitía la cojera de su pie izquierdo.-¿Quieren algo de beber?
-No gracias.-Dijo Marco y Carla se limitó a negar suavemente mientras se sentaba en el sofá que él le había indicado al pasar a su lado.
-¿En qué puedo ayudarles?
-¿Carla?.-Dijo Marco mirándola para cederle las primeras preguntas
-Hableme de las mujeres de su hermano.-Dijo ella inclinándose hacia atrás
-¿Mujeres?.-Dijo él confundido
-Si, sus relaciones y amistades femeninas
-Bueno, él y yo no tuvimos una infancia fácil y el ejercito no ayudo nada por lo que no somos...éramos muy dados a tener relaciones, no tenemos esa suavidad...¿Sabe lo que le digo?.-Esta vez la pregunta fue dirigida a Marco que se limito a asentir sin mostrar ninguna emoción.-Pero no entiendo que tiene que ver eso, en la radio dicen que el asesino X es un hombre
-Señor.-Carla se inclinó hacia delante clavando los codos en las rodillas para estar más cerca, manteniendo su mirada fija en sus ojos y usando un tono de voz calmado.-Cómo usted dice sospechamos que el asesino X es un hombre pero todas sus víctimas son mujeres excepto su hermano, lo que me hace pensar que tal vez su hermano mantuviera algún tipo de relación con alguna de las mujeres o tal vez presenció un intento del asesino y por eso termino muerto. Por esa razón es muy importante que se concentre y me ayude.-Él abrió sus ojos desmesuradamente antes de asentir un par de veces
-Estaba viendo a alguien.-Tartamudeó al principio.-No hablaba de ella por lo que era un poco difícil saberlo pero la quería
-¿Por qué no hablaba de ella?.-Susurró Carla, el hombre se inclinó hacia delante lentamente.
-Creo que estaba casada, a veces se le escapa que ella había tenido problemas porque se recogieron tarde y no, a él no le iban las jovencitas que pudieran vivir con sus padres
-¿Puede decirme algo más?, ¿algún rasgo físico?.-Intentó Carla
-Él... Él era un poeta.-Bajó la mirada hasta su regazo antes de volver a hablar y cuándo lo hizo ya no quedaba ni rastro del tartamudeo o el tono ronco. -Decía que su cabello rubio le recordaba al oro derretido que se vertía sobre sus dedos cuándo él la acariciaba, que sus labios eran de un rojo brillante, de esa tonalidad que se queda cuándo uno se los muerde mucho, cómo si ella lo hiciera constantemente... Ojos celestes tan fríos que podrían helarte el alma y tan cálidos que te harían creer que sostendrían tu alma en vilo durante toda una vida.-Carla miró a Marco viendo la mezcla de emociones que ella misma sentía en su rostro
-Muchas gracias señor.-Dijo ella levantándose y tendiéndole la mano que él estrechó
-Cuándo me llamaron por la muerte de mi hermano no me hicieron esas preguntas.-Dijo él
-Ahora podemos ver las cosas con más perspectiva, en ese momento todos estábamos demasiados conmocionados.-Dijo Carla
-Me quedo mucho más tranquilo ahora.-Volvió a insistir él
-Me alegro.-Carla se apresuró a recuperar su mano que él aún sostenía.-Te espero fuera.-Le dijo a Marco antes de desaparecer en el porche
-¿Está seguro de que no es hija de un militar?.-Dijo él girándose hacia Marco
-No, creo que no
-Reacciona igual de mal a las emociones que un militar, aún así usted es su coeunt
-¿Qué es coeunt?
-Compañero, es una expresión que se suele utilizar en mi familia cuándo dos personas ligan sus vidas de tal forma que uno no puede dañar a uno sin dañar al otro
-Gracias por su ayuda.-Dijo él necesitando salir de allí cuánto antes.
Carla le esperaba dejada caer contra la puerta de la camioneta con los brazos cruzados a la altura del pecho y una mirada enigmática
-¿Te apetece ir a la playa?.-Dijo él sin pensarlo, ella abrió la boca para comenzar a replicar pero él la acalló elevando la mano.-Si, sé que tenemos mucho trabajo, y sé que no es justo que desee tener algo de descanso pero no puedo dejar de pensar en meter mis pies descalzos en la arena aunque sean dos minutos
-Iba a decirte que hoy deberíamos quedarnos trabajando en casa hasta encontrar la relación exacta entre la víctima tres y este hombre ya que nos quedaremos hasta tarde
-Esa es mi chica.-Dijo él agachándose y elevándola sobre su hombro. Carla emitió un grito ahogado antes de rodear su cintura con sus brazos, asegurando su posición
-¿Cuándo te has vuelto tan juguetón?.-Ella tuvo que gritar ya que el sonido de las olas comenzaban a sofocar sus palabras
-Nunca dejé de serlo.-Dijo él dejándola sobre sus pies y observándola demasiado serio-¿Te molesta?
-Me gusta.-Reconoció ella con una sonrisa tironeando de la comisura de sus labios. Él se inclinó hacia abajo y enmarcó su rostro con ambas manos antes de rozar su boca con la suya justo antes de que el teléfono de Carla comenzara a sonar y ella se tensara bajo sus dedos
-Lo siento, tengo que contestar.-Carla se alejó de él a la vez que descolgaba y Marco aprovechó para quitarse los zapatos y los calcetines y hundir sus dedos bajo la arena fresca.
Sus ojos vagaron de forma inconsciente a Carla, su pelo era demasiado oscuro como para ser comparado con el fuego y aún así refulgía con la misma fuerza; cuándo la noche anterior había introducido los dedos entre los mechones casi había esperado quemarse.
-¿Qué ha hecho qué?.-La angustia en el tono de voz de Carla congeló todos sus pensamientos pero ella dio un paso más cerca del agua, alejándose de él.
El policía en él quería continuar cada uno de sus gestos ahora que no podía oír su voz hasta distinguir si la situación necesitaba de su intervención pero se obligó a darle la espalda y contemplar las casas que bordeaban toda la costa; tal vez cuándo se retirara comprara una, tal vez cuándo la necesidad de limpiar, de compensar el mundo quedara atrás.
-Llegaré en diez minutos.-Carla caminaba hacia él de forma que las últimas palabras si fue capaz de oírlas pero nadie ni nada fue capaz de prepararlo para su visión.
Había creído volverse loco cuándo Carla recibió la carta de amenaza, su sed de venganza había rugido cuándo habían tenido el accidente pero nunca... en ninguna de esas ocasiones sintió cómo las rodillas le flojeaban y amenazaban con hacerle caer, claro que ni siquiera siendo sacada de la montaña de chatarra que había sido su camioneta Carla había parecido tan vulnerable.
El color se había retirado por completo de su rostro haciendo que las pecas fueran más evidentes, esos labios que él mismo había besado hacía tan solo unos minutos ahora parecían azulados, muertos pero sin duda la peor visión fueron aquellos enormes ojos cuyo ámbar brillaba con fiereza y parecían suplicar para que él no la decepcionara.
-Necesito que me lleves a un sitio, y que no hagas preguntas.-Carla se atoró con la sequedad de su garganta que estuvo a punto de provocarle una arcada y tuvo que volver a empezar.-Sé que te estoy pidiendo mucho, solo necesito que esperes a después, cuándo haya vuelto a recuperar el control te diré todo lo que quieras saber.-Y antes de que ella pudiera decir nada más él ya estaba de camino hacia el coche.



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