CAPITULO 13. “Las piezas del puzzle
están ahí, solo hay que encajarlas”
Carla abrió los ojos lentamente, el
sol entraba por la ventana haciendo que las motas de polvo que había
en el aire brillaran como oro; pequeñas partículas que caían sobre
ella bañándola, limpiándola...
Lentamente fue consciente del brazo que
rodeaba su cintura y el cuerpo a su espalda; volvía a tener
dieciocho años y estaba con un extraño con el que se había
acostado sin tener muy claro la razón, volvía a tener dieciocho
años y se había escapado por la noche de casa para acabar en el
cuarto de baño de algún bar con un chico que le había sonreído y
ella solo quería olvidar sus problemas...
Sus ojos se abrieron alarmados cuándo
comprendió que ella nunca se quedaba a dormir, que ella no tenía
dieciocho años y que su padre estaba muerto; se giró con tanta
fuerza que estuvo a punto de golpear a Marco si él no le hubiese
agarrado la mano en el último instante.
Se mantuvieron así, frente a frente en
la cama. Carla con la respiración agitada y Marco con los ojos
entrecerrados.
-¿Estas bien?.-Marco posó sus labios
sobre su muñeca antes de colocarla en su cintura, Carla pensó
vagamente que eso es lo que haría con un animal salvaje al que intentaba tranquilizar.
-Creo que sí.-Susurró ella
-No me refiero solo físicamente.-Ambos
hablaban como si mil personas estuvieran intentando oírlos y no
estuvieran solos en su dormitorio.
-Nunca había hecho esto.-Marcó enarcó
una ceja al instante y Carla no pudo evitar sonrojarse.-Dormir con
alguien
-No sé porque pero lo sospechaba.-Dijo
él trazando círculos en su cadera con el pulgar.-De hecho no
esperaba que estuvieras aquí cuándo me despertara
-Si quieres puedo irme.-Repuso ella
demasiado rápido
-Me encanta que estés aquí.-Dijo él
inclinándose y besando su frente. Por primera vez Marco comprendió
que decía eso de verdad y no porque quisiera reconfortar a la mujer
que había a su lado.
Carla no pudo escapar el jadeo que se
escapó de sus labios cuándo él enganchó su mano en su muslo para
elevarlo de forma que su pierna le rodeaba la cintura.
Marco la besó lentamente, con su
lengua trazando la herida en su labio dónde él mismo le había
mordido la noche pasada, sus manos le acariciaron todo el cuerpo con
delicadeza, aprendiendo cuándo sus temblores se debían a las
cosquillas y cuándo algo más.
Carla había necesitado solo diez
minutos de la noche anterior para descubrir y aprender los suyos, y
aunque una parte de ella estaba detestándose por no poder hacer todo con
calma, la otra disfrutó explotando estos puntos.
Al final él le hizo el amor
lentamente, mirándola a los ojos aún cuándo ella intentaba apartar
la cabeza o bajar los párpados.
-Deberíamos ir a ver a la familia de
la víctima.-Dijo él una hora después con Carla sobre su pecho
-¿Cuál vamos a ver?.-Susurró ella acariciando su pecho con la mejilla.
-Pensaba empezar la del hombre ya que
parece ser una excepción en su patrón. Su hermano vive a pie de
playa, podríamos hacer una visita informal
-Genial.-Dijo ella saltando de la cama
y dirigiéndose corriendo hacia su habitación. Marco la contempló
alejarse desnuda y se le pasó por la cabeza que Carla nunca parecía
tener problemas con su cuerpo, cómo si simplemente estuviera ahí...
Un arma a utilizar algunas veces y un envase en otros.
Carla por otro lado estaba cerrando el
botón de sus vaqueros mientras intentaba mantener su mente a raya,
“nada de pensamientos desagradables” se había convertido en su
nuevo mantra; la vida los alcanzaría en cualquier momento y ella
tendría que decirle adiós a Marco pero iba a disfrutar de la
ventaja que pudieran tener...
-Ten.-Dijo Marco tendiéndole una taza
de café humeante. Carla tomó un buen sorbo mientras sus ojos
vagaban por la camiseta blanca de mangas cortas que se adhería a su
cuerpo y los vaqueros claros, pensó que podría acostumbrarse a eso.
¡¿Acostumbrarse?!, ¿realmente estaba
pensando eso?. Ella pagaría cualquier precio por tener una vida con
Marco trayéndole el café por las mañanas, con su fuerza instándola
a seguir adelante y su sonrisa haciéndole creer que realmente no
había problemas, que realmente su vida no tenía los días contados.
-¿Qué sucede?.-Dijo él frunciendo el ceño
-Nada.-Dijo ella con una sonrisa
-No me mientas.-Dijo él más brusco de
lo que deseaba, las comisuras de los labios de Carla temblaron unos
segundos pero no se movieron de su posición.-Carla, sé que no crees
que yo tenga tus superpoderes pero puedo notar cuándo te alejas de
aquí
-No puedo estar más cerca.-Susurró
ella dando un paso hacia delante de forma que sus cuerpos se tocaran
-Yo creo que si puedes.-Dijo él respondiendo a las palabras que ella no se había atrevido a decir
en voz alta.-Ahora vayámonos -Dijo posando levemente sus labios
contra su frente y dando la vuelta.
-¿Cuál es tu color favorito?.-Dijo él
después de media hora de viaje en silencio
-Supongo que el rojo.-Dijo ella
-¡Vamos mejorando tu carácter!. Ya
esperaba que respondieras negro
-A mi carácter no le sucede
nada.-Carla continuaba mirando por la ventana pero sus músculos
comenzaban a tensarse
-Claro que no, si lo comparas con el de
un perro rabioso castrado
-Le dijo la olla al cazo.-Mascullo ella
-¡Yo no voy gruñendole a la gente!
-No, solo vas sobreprotegiendo a todos
cómo si fueran niños pequeños y tú el gran Santa Claus
-Santa Claus trae regalos, no protege a
los niños
-¡Ya me has entendido!.-Dijo ella sacándole la lengua. Marco no pudo evitar sonreír ante aquel gesto
tan impropio de ella.-¿Y el tuyo?
-¿Qué?
-Tu color...-Carla puso los ojos en
blancos cómo si fuera imposible tratar con él
-El azul.-Dijo él tomando una
desviación
-Espera...¿A dónde vamos?.-Dijo Carla
con un tono de tensión en su voz
-A la playa.-Dijo él cómo si fuera lo
más evidente
-Ya pero pensaba que te referías a la
playa más cercana no a la otra
-Si fuera esa ya estaríamos allí,
¿tienes algo en contra de esta playa?
-Absolutamente nada.-Carla reclinó
levemente el sillón y comenzó a juguetear con sus dedos, Marco
tenía la certeza de que algún día se los rompería pero por el
momento dejó que se mantuviera en sus pensamientos porque él
necesitaba ordenar sus propias ideas, tanto las del asesino como las
referentes a Carla.
-Hemos llegado.-Dijo él aparcando frente a una casita de madera blanca con un porche de madera azul
oscuro que la rodeaba por completa
-Allá vamos.-Carla saltó del asiento
y observó cómo la arena blanca y suave llegaba hasta sus pies
impulsada por la brisa fresca que la alejaba de la playa
-¿Estás bien?.-Dijo Marco mirando su
rostro intentando encontrar algún indicio de sus emociones
-Claro.-Dijo ella sacada de su
ensoñación, comenzó a caminar hacia la casa
Acababan de subir el primer escalón
del porche cuándo la puerta se abrió lentamente y un hombre
apareció a la vista. Carla sintió como el estomago le daba un
vuelco y su mente intentaba encontrar una explicación al hecho de la
víctima acababa de cobrar vida ante ellos.
-Gemelos.-Jadeó. De metro noventa,
pelo grisáceo corto y ojos celestes brillantes, aunque de piel tan
blanquecina cómo había estado la de su hermano en su último
momento de vida
-Tal vez debería haberles avisado,
parecen a punto de desmayarse.-Dijo él con tono ronco
-Lo siento, lo olvidé-Dijo Marco adelantándose y ofreciéndole la mano.-Apenas pudimos hablar cuándo
todo ocurrió porque hubo dos víctimas casi al mismo tiempo
-Si, usted prometió encontrar al
asesino.-No había rencor o impaciencia en su voz, era cómo si solo
quisiera asegurarse de que él recordaba su palabra
-Y así lo haré. Le presento a Carla
Molina.-El hombre dirigió su mirada hacia ella evaluándola, Carla
reconoció el movimiento al instante y se mantuvo con la espalda
erguida hasta que él decidió darle la mano
-Usted no estaba allí cuándo mataron a mi hermano, hubiera reconocido a una hija de militar.-Dijo él con
tono arrastrado, Marco le dirigió una mirada de soslayo
-Siento decepcionarle pero mi padre no
era militar
-Oh, lo siento, a veces termino
confundiendo a las personas por lo que deseo ver en ellas. Entonces,
¿quién es?.-Carla echó los hombros hacía atrás y elevó la
barbilla antes de hablar
-Ambos somos las personas que vamos a
capturar al asesino de su hermano y vamos a hacerle pagar por ello
con creces.-La carcajada áspera rompió el aire
-Ya he escuchado eso antes
-No de mí.-Dijo ella manteniendo su
postura hasta que su expresión cambió denotando que comenzaba a
tomarla en serio.-Pero necesitamos hacerle algunas preguntas más
-Por supuesto, vamos a entrar.-Dijo él
girándose lo más rápidamente que le permitía la cojera de su pie
izquierdo.-¿Quieren algo de beber?
-No gracias.-Dijo Marco y Carla se
limitó a negar suavemente mientras se sentaba en el sofá que él le
había indicado al pasar a su lado.
-¿En qué puedo ayudarles?
-¿Carla?.-Dijo Marco mirándola para
cederle las primeras preguntas
-Hableme de las mujeres de su
hermano.-Dijo ella inclinándose hacia atrás
-¿Mujeres?.-Dijo él confundido
-Si, sus relaciones y amistades
femeninas
-Bueno, él y yo no tuvimos una
infancia fácil y el ejercito no ayudo nada por lo que no
somos...éramos muy dados a tener relaciones, no tenemos esa
suavidad...¿Sabe lo que le digo?.-Esta vez la pregunta fue dirigida
a Marco que se limito a asentir sin mostrar ninguna emoción.-Pero no
entiendo que tiene que ver eso, en la radio dicen que el asesino X es
un hombre
-Señor.-Carla se inclinó hacia
delante clavando los codos en las rodillas para estar más cerca, manteniendo su mirada fija en sus ojos y usando un tono de voz
calmado.-Cómo usted dice sospechamos que el asesino X es un hombre
pero todas sus víctimas son mujeres excepto su hermano, lo que me
hace pensar que tal vez su hermano mantuviera algún tipo de relación
con alguna de las mujeres o tal vez presenció un intento del asesino
y por eso termino muerto. Por esa razón es muy importante que se
concentre y me ayude.-Él abrió sus ojos desmesuradamente antes de
asentir un par de veces
-Estaba viendo a alguien.-Tartamudeó
al principio.-No hablaba de ella por lo que era un poco difícil saberlo pero la quería
-¿Por qué no hablaba de
ella?.-Susurró Carla, el hombre se inclinó hacia delante
lentamente.
-Creo que estaba casada, a veces se le
escapa que ella había tenido problemas porque se recogieron tarde y
no, a él no le iban las jovencitas que pudieran vivir con sus padres
-¿Puede decirme algo más?, ¿algún
rasgo físico?.-Intentó Carla
-Él... Él era un poeta.-Bajó la
mirada hasta su regazo antes de volver a hablar y cuándo lo hizo ya
no quedaba ni rastro del tartamudeo o el tono ronco. -Decía que su
cabello rubio le recordaba al oro derretido que se vertía sobre sus
dedos cuándo él la acariciaba, que sus labios eran de un rojo
brillante, de esa tonalidad que se queda cuándo uno se los muerde
mucho, cómo si ella lo hiciera constantemente... Ojos celestes tan
fríos que podrían helarte el alma y tan cálidos que te harían
creer que sostendrían tu alma en vilo durante toda una vida.-Carla
miró a Marco viendo la mezcla de emociones que ella misma sentía
en su rostro
-Muchas gracias señor.-Dijo ella
levantándose y tendiéndole la mano que él estrechó
-Cuándo me llamaron por la muerte de
mi hermano no me hicieron esas preguntas.-Dijo él
-Ahora podemos ver las cosas con más
perspectiva, en ese momento todos estábamos demasiados
conmocionados.-Dijo Carla
-Me quedo mucho más tranquilo
ahora.-Volvió a insistir él
-Me alegro.-Carla se apresuró a
recuperar su mano que él aún sostenía.-Te espero fuera.-Le dijo a
Marco antes de desaparecer en el porche
-¿Está seguro de que no es hija de un
militar?.-Dijo él girándose hacia Marco
-No, creo que no
-Reacciona igual de mal a las emociones
que un militar, aún así usted es su coeunt
-¿Qué es coeunt?
-Compañero, es una expresión que se
suele utilizar en mi familia cuándo dos personas ligan sus vidas de
tal forma que uno no puede dañar a uno sin dañar al otro
-Gracias por su ayuda.-Dijo él necesitando salir de allí cuánto antes.
Carla le esperaba dejada caer contra la
puerta de la camioneta con los brazos cruzados a la altura del pecho
y una mirada enigmática
-¿Te apetece ir a la playa?.-Dijo él
sin pensarlo, ella abrió la boca para comenzar a replicar pero él
la acalló elevando la mano.-Si, sé que tenemos mucho trabajo, y sé
que no es justo que desee tener algo de descanso pero no puedo dejar
de pensar en meter mis pies descalzos en la arena aunque sean dos
minutos
-Iba a decirte que hoy deberíamos
quedarnos trabajando en casa hasta encontrar la relación exacta
entre la víctima tres y este hombre ya que nos quedaremos hasta
tarde
-Esa es mi chica.-Dijo él agachándose
y elevándola sobre su hombro. Carla emitió un grito ahogado antes
de rodear su cintura con sus brazos, asegurando su posición
-¿Cuándo te has vuelto tan
juguetón?.-Ella tuvo que gritar ya que el sonido de las olas
comenzaban a sofocar sus palabras
-Nunca dejé de serlo.-Dijo él
dejándola sobre sus pies y observándola demasiado serio-¿Te
molesta?
-Me gusta.-Reconoció ella con una
sonrisa tironeando de la comisura de sus labios. Él se inclinó
hacia abajo y enmarcó su rostro con ambas manos antes de rozar su
boca con la suya justo antes de que el teléfono de Carla comenzara a
sonar y ella se tensara bajo sus dedos
-Lo siento, tengo que contestar.-Carla
se alejó de él a la vez que descolgaba y Marco aprovechó para
quitarse los zapatos y los calcetines y hundir sus dedos bajo la
arena fresca.
Sus ojos vagaron de forma inconsciente
a Carla, su pelo era demasiado oscuro como para ser comparado con el
fuego y aún así refulgía con la misma fuerza; cuándo la noche
anterior había introducido los dedos entre los mechones casi había
esperado quemarse.
-¿Qué ha hecho qué?.-La angustia en
el tono de voz de Carla congeló todos sus pensamientos pero ella dio
un paso más cerca del agua, alejándose de él.
El policía en él quería continuar
cada uno de sus gestos ahora que no podía oír su voz hasta
distinguir si la situación necesitaba de su intervención pero se
obligó a darle la espalda y contemplar las casas que bordeaban toda
la costa; tal vez cuándo se retirara comprara una, tal vez cuándo
la necesidad de limpiar, de compensar el mundo quedara atrás.
-Llegaré en diez minutos.-Carla
caminaba hacia él de forma que las últimas palabras si fue capaz
de oírlas pero nadie ni nada fue capaz de prepararlo para su visión.
Había creído volverse loco cuándo
Carla recibió la carta de amenaza, su sed de venganza había rugido
cuándo habían tenido el accidente pero nunca... en ninguna de esas
ocasiones sintió cómo las rodillas le flojeaban y amenazaban con
hacerle caer, claro que ni siquiera siendo sacada de la montaña de
chatarra que había sido su camioneta Carla había parecido tan
vulnerable.
El color se había retirado por
completo de su rostro haciendo que las pecas fueran más evidentes,
esos labios que él mismo había besado hacía tan solo unos minutos
ahora parecían azulados, muertos pero sin duda la peor visión
fueron aquellos enormes ojos cuyo ámbar brillaba con fiereza y
parecían suplicar para que él no la decepcionara.
-Necesito que me lleves a un sitio, y
que no hagas preguntas.-Carla se atoró con la sequedad de su
garganta que estuvo a punto de provocarle una arcada y tuvo que
volver a empezar.-Sé que te estoy pidiendo mucho, solo necesito que
esperes a después, cuándo haya vuelto a recuperar el control te
diré todo lo que quieras saber.-Y antes de que ella pudiera decir
nada más él ya estaba de camino hacia el coche.

No hay comentarios:
Publicar un comentario