Capitulo 11. “El agua que se retira
de la playa...”
Carla echó la cabeza hacia atrás y
gritó, gritó como si todo el aire del mundo se hubiera comprimido
en sus pulmones y aún así sus labios no emitieron sonido alguno.
La mano que le rodeaba el cuello la
apretó aún más contra el colchón y ella elevó las manos
agarrándo su rostro, arañando, pellizcando y luchándo por salvarse
-Se acabó pequeña.-Su voz tenía
tantos matices que apenas podía comenzar a distinguir quién era el
hombre con el que soñaba. Su padre, su hermano, Marco...-Déjalo de
una vez, no puedes luchar más
-¡NO!.-Esta vez su voz consiguió
alzarse aunque sonaba apretada y desesperada.-No voy a
rendirme.-Recogió las piernas contra el pecho y las usó para clavar
las rodillas contra sus costillas mientras en un movimiento seco
golpeó sus codos de fuera hacia dentro.
-¡Zorra!.-Su insulto resonó en su
cabeza mientras él se dejaba caer encima de ella aplastandola con
su peso.-No vendrá a salvarte.-Parpadeó aturdida ante sus palabras
hasta comprender que estaba gritando el nombre de Marco; el timbre del teléfono se alzó por
encima de sus pensamientos pero allí sólo había
oscuridad...Forcejeó bajo él hasta que sus dedos se cerraron sobre
su propio antebrazo y entonces, se clavó las uñas con toda su fuerza
hasta que la realidad cobró importancia
Carla se sentó en la cama el mismo
instante en que la puerta chocaba contra la pared con fiereza y Marco
se introducía en la habitación con la pistola en alto.
Ella luchó por controlar sus jadeos
cortos y giró la cabeza hacia el teléfono en su mesilla que no
dejaba de emitir un irritante sonido
-Ni se te ocurra.-Advirtió Marco pero
ella ya se había estirado hasta descolgar el teléfono
-¿Si?.-Dijo intentando controlar los
latidos de su corazón. Es sólo un fenómeno físico, se recordó,
respira hondo y pasará
-Eh...¿Carla?.-La incomodidad se coló
en la voz de Julia por debajo de lo que parecía ser angustia
-No pasa nada, simplemente he tenido
que correr para coger el teléfono.-Marco que estaba poniendo el
seguro a la pistola elevó la mirada hacia ella con ojos
entrecerrados, la molestia reflejándose en ellos.-¿Quieres hablar
con Marco?
-No, en realidad me gustaría hablar
contigo...-Sollozó ella
-¿Qué pasa Julia?.-Todo su cuerpo se
puso en tensión mientras empujaba las sábanas con bruscas patadas
intentando deshacerse de su agarre.-¿Te han hecho daño?
-No.-Consiguió decir ella entre
jadeos.-He tenido una pesadilla.-Carla se pasó la palma de la mano
por la cara. Nunca había sido buena en las charlas sentimentales,
nunca había sido capaz de expresar sus sentimientos y tampoco se le
daba bien entender los de los demás. ¡Es una debilidad!, casi podía oír a su padre decir y ella estuvo a punto de gritar que
se callara aún a riesgo de que Marco la llevara directamente al
loquero.
-¿Qué pasaba en tu pesadilla Julia?
-Él me arañaba la piel con cuchillo,
los clavaba lentamente haciéndome daño pero no dejándome morir,
¡yo quería morir!.-Carla observó a Marco de reojo, su pelo estaba
alborotado y aún tenía una pequeña marca de las sábanas en su
pecho; la noche anterior había estado demasiado abrumada para
fijarse en su piel morena y el vello dorado repartido por su piel,
ella no se había fijado demasiado en el cuerpo de él un año
anterior pero dudaba que sus músculos fueran tan pronunciados
-Hablas de él Julia, ¿quién era
él?.-Carla se esforzó por mantenerse en la conversación mientras
Marco se agachaba para comprobar el estado de la pared tras la
puerta y sus músculos se flexionaban recordándole el movimiento de
una pantera.
-No lo sé, tenía la voz de mi padre
pero su rostro era....¡Oh, Dios!, era el panadero.-Exclamó
ella.-¿Eso quiere decir que mi panadero es el asesino?.-Carla puso
los ojos en blanco por un segundo preguntándose cómo esta mujer
había conseguido llegar a un puesto de policía
-No Julia, es normal tener sueños con
personas que conozcas y no por eso significa que les temas.-Explicó
ella
-De acuerdo. ¡¿Has visto que hora
es?!.-Carla separó el auricular unos centímetros de su oreja y luego
lo miró con el ceño fruncido
-Si Julia, he visto que hora es
-Vamos a llegar tarde.-Dijo ella cómo
si fuera un gran pecado. Carla estaba a punto de recalcar que su jefe
estaba frente a ella aún en pijama y de un humor de perros
-Nos vemos ahora.-Dijo Carla pero Julia
ya había colgado. Ella se estiró de nuevo para colocar el auricular
en su sitio y se levantó para deslizarse con pasos lentos hacia el
baño bajo el escrutinio de Marco
-Y bien, ¿quién era tu persona
conocida y a la que no temes para nada?.-Dijo él imitando sus
palabras aún con un deje de ironía
-Los hombres de mi vida Marco, los
hombres de mi vida.-Carla abrió el grifo del lavabo e introdujo la
cabeza bajo el agua directamente; estaba comenzando a preguntarse si
salpicar a Marco aliviaría su humor de perros
Él esperó pacientemente hasta que
ella volvió a erguirse, algunos mechones rojo oscuro pegados a la
frente dándole un aspecto mucho más aniñado. Marco sacó una
toalla blanca del cajón y se acercó hasta cernirse sobre ella y
aprovechar su altura para evitar el quejido que comenzaba a formarse
en sus labios.
-Déjame hacer esto.-Pidió él cuándo
ella elevó sus manos agarrando las suyas. Carla se forzó a
relajarse y disfrutar del momento como una nueva experiencia pero
cuándo las manos de Marco comenzaron a moverse sobre su cabeza tuvo
que utilizar toda su fuerza de voluntad para no ronronear.
Aquel hombre sabía lo que se hacía, dividiendo el pelo en pequeños mechones que secaba con movimientos
largos y pausados para luego abarcar su cuero cabelludo entero en
grandes círculos Cuando consideró que ya estaba todo lo seco que
podía estar tiró la toalla al cesto de la ropa sucia y cogió el
cepillo; Carla se tensó como una cuerda de un arco pero no emitió
sonido alguno cuándo él comenzó a desenredar su pelo aún sin
causarle ningún dolor
-Siento curiosidad por cómo se las
apañaba tu compañero de patrullas con tus problemas de confianza
-Yo no tengo problemas de
confianza.-Farfulló ella
-No que va.-Dijo él escondiendo una
sonrisa, claramente de mejor humor
-¿Por qué según tú tengo problemas
de confianza?.-Dijo ella con el ceño fruncido. Marco sabía que no
era un tema del que deberían hablar, más aún sin saber las razones
por las que ella era así pero una vez abierta la caja de Pandora...
-Solo tengo la impresión de que
intentas esconder cualquier mínima información sobre ti, hace más
de una semana que estoy a tu lado casi constantemente y lo máximo
que sé sobre ti es cómo te gusta el café y el número de parejas
que has tenido.-Dijo él de forma pausada
-Ya sabes más que la mayoría de la
gente.-Dijo ella de forma distraída
-¿Ves?, a eso me refiero...-Dijo
él.-¿Me estás diciendo que eso es todo lo que vas a compartir con
el mundo?
-¿Qué es lo que te preocupa
exactamente Cardone?.-Dijo ella mirándole duramente a través del
espejo.-Porque si lo que te preocupa es el tema de la confianza
quiero que sepas que confío en ti.-Marco se quedó con el cepillo
suspendido en el aire ante la crueldad con la que ella había dicho
las palabras.
Carla se giró para intentar agarrar el
cepillo pero quedó atrapada entre el lavabo y los brazos de él,
Marco podía distinguir las pequeñas motitas oscuras en sus ojos ambarinos y antes de pensar en sus deseos se inclinó hacia delante
y posó suavemente sus labios sobre los suyos.
Marco había besado millones de veces,
los mismos besos con las mismas personas a veces habían encerrado
sentimientos distintos y por supuesto los mismos besos con distintas
personas nunca eran iguales; si tuviera que encontrar una razón por
la que se había inclinado y había forzado ese pequeño roce entre
sus labios probablemente fuera agradecimiento por su confianza.
Pero en lo más hondo de su corazón él
sabía que la idea había estado escondida en su subconsciente desde
el instante en el que había recogido esa carta en su porche,
intentando crear un tipo de lazo físico, un recuerdo que no pudiera
estar modificado por los sentimientos o la forma de tomarlo de cada
uno. Un beso era un beso sin más ni menos y ninguna amenaza podía
ensuciarlo.
-Gracias.-Susurró contra su piel antes
de levantarse y salir del cuarto de baño.
Carla se quedó parada en medio del
cuarto de baño sola y preguntándose que acababa de pasar, o mejor
dicho...¿qué había sentido?
¿La habían besado alguna vez con
tanta adoración?, ¿había respondido ella siquiera a los anteriores
labios?.
-Demasiado por un día.-Anunció
mirándose en el espejo y esta vez, al contrario que la noche
anterior parecía viva pero en ese instante no podía permitírselo.
Contempló como sus murallas físicas
subían; su respiración haciéndose lenta y calmada, sus mejillas
perdiendo esa tonalidad rosada y el brillo desapareciendo de sus
ojos. Esta era la Carla que sobreviviría a cualquier cosa, la Carla
que seguiría estando allí después de que atraparan a este asesino
y Marco desapareciera para siempre.
-Vamos tarde.-Anunció Marco pasando corriendo hacia su dormitorio.-Tenemos una reunión con el jefe de
mi jefe en media hora
-Mierda.-Mascullo Carla deslizado
bruscamente los vaqueros en sus piernas y cerrando los botones de su camisa tan torpemente que tuvo que repetirlo tres veces.
-Te espero en el coche.-Gritó él al
cabo de dos segundos. Carla masculló un insulto nada femenino antes
de calzarse las zapatillas de deporte y escuchar como la risa de
Marco resonaba mientras se alejaba.
Una vez que puso un pie fuera y cerró
la puerta a sus espaldas las dudas la asaltaron. ¿Cómo debía
reaccionar?, ¿cómo quería reaccionar?.
-Era solo un beso de agradecimiento.-Se
susurró a sí misma antes de caminar a grandes zancadas hacia el
coche y subirse dando un portazo.
Marco respetó su silencio durante los
quince primeros minutos de camino en los que Carla simplemente se
mantuvo mirando al frente con sus dedos enredados en su regazo,
aquello era realmente malo...
-¿Me confundes sabes?.-Dijo él
mirando la carretera. Carla se había dado cuenta de que parecían
tener las conversaciones más trascendentales entre esas cuatro
paredes y en ese momento decidió que no quería perderse esa a pesar
de todos sus temores.
-¿Por qué?
-Has demostrado ser más fuerte que la
mayoría de personas que he conocido, apenas te asustaste cuándo
recibiste la carta, pero por otra parte has mostrado una gran bondad
con Julia cuándo ella lo único que ha hecho ha sido tirar tierra
sobre tu cabeza. Te has ganado toda mi admiración de por vida.-Marco
no había terminado de pronunciar la última palabra cuándo el coche
dio una sacudida y comenzaron a girar hacia el carril contrario
-¿Qué sucede?.-Carla clavó las uñas
en el sillón en un intento de mantenerse en su posición mientras
Marco luchaba por controlar el volante
-No lo sé, parece que han pinchado las
ruedas
-¡¿Las cuatro?!.-En el momento en el
que todo había comenzado iban a ochenta kilómetros por hora y por
mucho que Marco apretase el freno la velocidad no fue mucho menor
cuándo chocaron contra el filo inclinado que separaba el carril
contrario y el coche comenzó a volcar.
Lo primero que Carla pensó fue que no
volvería a sentir el aire en sus pulmones, luego que el coche se
inclinaba hacia el lado de Marco y trató de no caer sobre él, pero
entonces sus brazos se cerraron sobre su cuerpo como una jaula de
hierro justo antes de que el cristal estallara.
El coche chocó contra el suelo y se
arrastró unos metros, Carla pudo ver las chispas saltando frente a
sus ojos antes de que se detuvieran abruptamente.
El dolor se extendió por todo su
cuerpo cómo un veneno al que se agarró con fiereza, era una buena
cosa que al menos indicaba que estaba viva.
-Marco.-Su voz sonó ronca a sus
propios oídos pero no fue hasta que las sirenas comenzaron a
retumbar cada vez más cerca que comprendió que él no se estaba
moviendo ni emitiendo sonido alguno y sus alarmas saltaron.
-Está consciente.-La voz de Sergio a
su lado la sobresaltó antes de sentir que cortaba la tela del
cinturón.-Maldita sea Marco suéltala necesitamos atenderos.-Los
dedos de Marco fueron arrancados uno a uno de su alrededor y ella fue
sacada de la masa de metales como si pesara menos que una pluma.
-Señorita Molina intente mantenerse
despierta.-La que se suponía que era una enfermera le puso un
collarín alrededor del cuello y ella intentó parpadear, pero lo
máximo que consiguió fue un enorme dolor de cabeza
-Te tenemos Carla.-Dijo Sergio. Ella se
encontró dividida entre la parte que quería gritar que se ocupara
de Marco y la parte que quería enseñar los dientes cómo un perro
rabioso y gruñir que ella no necesitaba a nadie
-¡NO RESPONDE, NO RESPONDE!.-Solo
había dos personas en aquel espacio que pudieran responder a esa
situación y dado que ella lo estaba oyendo todo solo dejaba a
alguien en la lista...
Carla había perdido a más personas en
su vida de las que alguien debería perder, y había respondido de
distintas formas, algunas con rabia, otras con muda aceptación. Pero
no estaba preparada en absoluto para perder a alguien más, y mucho
menos a alguien con la vitalidad de Marco.
-Se pondrá bien.-Repitió una y otra
vez Sergio contra su oído, ella quería gritarle que se callara para
poder oír lo que los médicos decían pero en cuánto lucho por
abrir los ojos todo se volvió negro...

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