miércoles, 9 de octubre de 2013

Capitulo 11 La caja de los secretos

Capitulo 11. “El agua que se retira de la playa...”

Carla echó la cabeza hacia atrás y gritó, gritó como si todo el aire del mundo se hubiera comprimido en sus pulmones y aún así sus labios no emitieron sonido alguno.
La mano que le rodeaba el cuello la apretó aún más contra el colchón y ella elevó las manos agarrándo su rostro, arañando, pellizcando y luchándo por salvarse
-Se acabó pequeña.-Su voz tenía tantos matices que apenas podía comenzar a distinguir quién era el hombre con el que soñaba. Su padre, su hermano, Marco...-Déjalo de una vez, no puedes luchar más
-¡NO!.-Esta vez su voz consiguió alzarse aunque sonaba apretada y desesperada.-No voy a rendirme.-Recogió las piernas contra el pecho y las usó para clavar las rodillas contra sus costillas mientras en un movimiento seco golpeó sus codos de fuera hacia dentro.
-¡Zorra!.-Su insulto resonó en su cabeza mientras él se dejaba caer encima de ella aplastandola con su peso.-No vendrá a salvarte.-Parpadeó aturdida ante sus palabras hasta comprender que estaba gritando el nombre de Marco; el timbre del teléfono se alzó por encima de sus pensamientos pero allí sólo había oscuridad...Forcejeó bajo él hasta que sus dedos se cerraron sobre su propio antebrazo y entonces, se clavó las uñas con toda su fuerza hasta que la realidad cobró importancia
Carla se sentó en la cama el mismo instante en que la puerta chocaba contra la pared con fiereza y Marco se introducía en la habitación con la pistola en alto.
Ella luchó por controlar sus jadeos cortos y giró la cabeza hacia el teléfono en su mesilla que no dejaba de emitir un irritante sonido
-Ni se te ocurra.-Advirtió Marco pero ella ya se había estirado hasta descolgar el teléfono
-¿Si?.-Dijo intentando controlar los latidos de su corazón. Es sólo un fenómeno físico, se recordó, respira hondo y pasará
-Eh...¿Carla?.-La incomodidad se coló en la voz de Julia por debajo de lo que parecía ser angustia
-No pasa nada, simplemente he tenido que correr para coger el teléfono.-Marco que estaba poniendo el seguro a la pistola elevó la mirada hacia ella con ojos entrecerrados, la molestia reflejándose en ellos.-¿Quieres hablar con Marco?
-No, en realidad me gustaría hablar contigo...-Sollozó ella
-¿Qué pasa Julia?.-Todo su cuerpo se puso en tensión mientras empujaba las sábanas con bruscas patadas intentando deshacerse de su agarre.-¿Te han hecho daño?
-No.-Consiguió decir ella entre jadeos.-He tenido una pesadilla.-Carla se pasó la palma de la mano por la cara. Nunca había sido buena en las charlas sentimentales, nunca había sido capaz de expresar sus sentimientos y tampoco se le daba bien entender los de los demás. ¡Es una debilidad!, casi podía oír a su padre decir y ella estuvo a punto de gritar que se callara aún a riesgo de que Marco la llevara directamente al loquero.
-¿Qué pasaba en tu pesadilla Julia?
-Él me arañaba la piel con cuchillo, los clavaba lentamente haciéndome daño pero no dejándome morir, ¡yo quería morir!.-Carla observó a Marco de reojo, su pelo estaba alborotado y aún tenía una pequeña marca de las sábanas en su pecho; la noche anterior había estado demasiado abrumada para fijarse en su piel morena y el vello dorado repartido por su piel, ella no se había fijado demasiado en el cuerpo de él un año anterior pero dudaba que sus músculos fueran tan pronunciados
-Hablas de él Julia, ¿quién era él?.-Carla se esforzó por mantenerse en la conversación mientras Marco se agachaba para comprobar el estado de la pared tras la puerta y sus músculos se flexionaban recordándole el movimiento de una pantera.
-No lo sé, tenía la voz de mi padre pero su rostro era....¡Oh, Dios!, era el panadero.-Exclamó ella.-¿Eso quiere decir que mi panadero es el asesino?.-Carla puso los ojos en blanco por un segundo preguntándose cómo esta mujer había conseguido llegar a un puesto de policía
-No Julia, es normal tener sueños con personas que conozcas y no por eso significa que les temas.-Explicó ella
-De acuerdo. ¡¿Has visto que hora es?!.-Carla separó el auricular unos centímetros de su oreja y luego lo miró con el ceño fruncido
-Si Julia, he visto que hora es
-Vamos a llegar tarde.-Dijo ella cómo si fuera un gran pecado. Carla estaba a punto de recalcar que su jefe estaba frente a ella aún en pijama y de un humor de perros
-Nos vemos ahora.-Dijo Carla pero Julia ya había colgado. Ella se estiró de nuevo para colocar el auricular en su sitio y se levantó para deslizarse con pasos lentos hacia el baño bajo el escrutinio de Marco
-Y bien, ¿quién era tu persona conocida y a la que no temes para nada?.-Dijo él imitando sus palabras aún con un deje de ironía
-Los hombres de mi vida Marco, los hombres de mi vida.-Carla abrió el grifo del lavabo e introdujo la cabeza bajo el agua directamente; estaba comenzando a preguntarse si salpicar a Marco aliviaría su humor de perros
Él esperó pacientemente hasta que ella volvió a erguirse, algunos mechones rojo oscuro pegados a la frente dándole un aspecto mucho más aniñado. Marco sacó una toalla blanca del cajón y se acercó hasta cernirse sobre ella y aprovechar su altura para evitar el quejido que comenzaba a formarse en sus labios.
-Déjame hacer esto.-Pidió él cuándo ella elevó sus manos agarrando las suyas. Carla se forzó a relajarse y disfrutar del momento como una nueva experiencia pero cuándo las manos de Marco comenzaron a moverse sobre su cabeza tuvo que utilizar toda su fuerza de voluntad para no ronronear.
Aquel hombre sabía lo que se hacía, dividiendo el pelo en pequeños mechones que secaba con movimientos largos y pausados para luego abarcar su cuero cabelludo entero en grandes círculos  Cuando consideró que ya estaba todo lo seco que podía estar tiró la toalla al cesto de la ropa sucia y cogió el cepillo; Carla se tensó como una cuerda de un arco pero no emitió sonido alguno cuándo él comenzó a desenredar su pelo aún sin causarle ningún dolor
-Siento curiosidad por cómo se las apañaba tu compañero de patrullas con tus problemas de confianza
-Yo no tengo problemas de confianza.-Farfulló ella
-No que va.-Dijo él escondiendo una sonrisa, claramente de mejor humor
-¿Por qué según tú tengo problemas de confianza?.-Dijo ella con el ceño fruncido. Marco sabía que no era un tema del que deberían hablar, más aún sin saber las razones por las que ella era así pero una vez abierta la caja de Pandora...
-Solo tengo la impresión de que intentas esconder cualquier mínima información sobre ti, hace más de una semana que estoy a tu lado casi constantemente y lo máximo que sé sobre ti es cómo te gusta el café y el número de parejas que has tenido.-Dijo él de forma pausada
-Ya sabes más que la mayoría de la gente.-Dijo ella de forma distraída
-¿Ves?, a eso me refiero...-Dijo él.-¿Me estás diciendo que eso es todo lo que vas a compartir con el mundo?
-¿Qué es lo que te preocupa exactamente Cardone?.-Dijo ella mirándole duramente a través del espejo.-Porque si lo que te preocupa es el tema de la confianza quiero que sepas que confío en ti.-Marco se quedó con el cepillo suspendido en el aire ante la crueldad con la que ella había dicho las palabras.
Carla se giró para intentar agarrar el cepillo pero quedó atrapada entre el lavabo y los brazos de él, Marco podía distinguir las pequeñas motitas oscuras en sus ojos ambarinos y antes de pensar en sus deseos se inclinó hacia delante y posó suavemente sus labios sobre los suyos.




Marco había besado millones de veces, los mismos besos con las mismas personas a veces habían encerrado sentimientos distintos y por supuesto los mismos besos con distintas personas nunca eran iguales; si tuviera que encontrar una razón por la que se había inclinado y había forzado ese pequeño roce entre sus labios probablemente fuera agradecimiento por su confianza.
Pero en lo más hondo de su corazón él sabía que la idea había estado escondida en su subconsciente desde el instante en el que había recogido esa carta en su porche, intentando crear un tipo de lazo físico, un recuerdo que no pudiera estar modificado por los sentimientos o la forma de tomarlo de cada uno. Un beso era un beso sin más ni menos y ninguna amenaza podía ensuciarlo.
-Gracias.-Susurró contra su piel antes de levantarse y salir del cuarto de baño.
Carla se quedó parada en medio del cuarto de baño sola y preguntándose que acababa de pasar, o mejor dicho...¿qué había sentido?
¿La habían besado alguna vez con tanta adoración?, ¿había respondido ella siquiera a los anteriores labios?.
-Demasiado por un día.-Anunció mirándose en el espejo y esta vez, al contrario que la noche anterior parecía viva pero en ese instante no podía permitírselo.
Contempló como sus murallas físicas subían; su respiración haciéndose lenta y calmada, sus mejillas perdiendo esa tonalidad rosada y el brillo desapareciendo de sus ojos. Esta era la Carla que sobreviviría a cualquier cosa, la Carla que seguiría estando allí después de que atraparan a este asesino y Marco desapareciera para siempre.
-Vamos tarde.-Anunció Marco pasando corriendo hacia su dormitorio.-Tenemos una reunión con el jefe de mi jefe en media hora
-Mierda.-Mascullo Carla deslizado bruscamente los vaqueros en sus piernas y cerrando los botones de su camisa tan torpemente que tuvo que repetirlo tres veces.
-Te espero en el coche.-Gritó él al cabo de dos segundos. Carla masculló un insulto nada femenino antes de calzarse las zapatillas de deporte y escuchar como la risa de Marco resonaba mientras se alejaba.
Una vez que puso un pie fuera y cerró la puerta a sus espaldas las dudas la asaltaron. ¿Cómo debía reaccionar?, ¿cómo quería reaccionar?.
-Era solo un beso de agradecimiento.-Se susurró a sí misma antes de caminar a grandes zancadas hacia el coche y subirse dando un portazo.
Marco respetó su silencio durante los quince primeros minutos de camino en los que Carla simplemente se mantuvo mirando al frente con sus dedos enredados en su regazo, aquello era realmente malo...
-¿Me confundes sabes?.-Dijo él mirando la carretera. Carla se había dado cuenta de que parecían tener las conversaciones más trascendentales entre esas cuatro paredes y en ese momento decidió que no quería perderse esa a pesar de todos sus temores.
-¿Por qué?
-Has demostrado ser más fuerte que la mayoría de personas que he conocido, apenas te asustaste cuándo recibiste la carta, pero por otra parte has mostrado una gran bondad con Julia cuándo ella lo único que ha hecho ha sido tirar tierra sobre tu cabeza. Te has ganado toda mi admiración de por vida.-Marco no había terminado de pronunciar la última palabra cuándo el coche dio una sacudida y comenzaron a girar hacia el carril contrario
-¿Qué sucede?.-Carla clavó las uñas en el sillón en un intento de mantenerse en su posición mientras Marco luchaba por controlar el volante
-No lo sé, parece que han pinchado las ruedas
-¡¿Las cuatro?!.-En el momento en el que todo había comenzado iban a ochenta kilómetros por hora y por mucho que Marco apretase el freno la velocidad no fue mucho menor cuándo chocaron contra el filo inclinado que separaba el carril contrario y el coche comenzó a volcar.
Lo primero que Carla pensó fue que no volvería a sentir el aire en sus pulmones, luego que el coche se inclinaba hacia el lado de Marco y trató de no caer sobre él, pero entonces sus brazos se cerraron sobre su cuerpo como una jaula de hierro justo antes de que el cristal estallara.
El coche chocó contra el suelo y se arrastró unos metros, Carla pudo ver las chispas saltando frente a sus ojos antes de que se detuvieran abruptamente.
El dolor se extendió por todo su cuerpo cómo un veneno al que se agarró con fiereza, era una buena cosa que al menos indicaba que estaba viva.
-Marco.-Su voz sonó ronca a sus propios oídos pero no fue hasta que las sirenas comenzaron a retumbar cada vez más cerca que comprendió que él no se estaba moviendo ni emitiendo sonido alguno y sus alarmas saltaron.
-Está consciente.-La voz de Sergio a su lado la sobresaltó antes de sentir que cortaba la tela del cinturón.-Maldita sea Marco suéltala  necesitamos atenderos.-Los dedos de Marco fueron arrancados uno a uno de su alrededor y ella fue sacada de la masa de metales como si pesara menos que una pluma.
-Señorita Molina intente mantenerse despierta.-La que se suponía que era una enfermera le puso un collarín alrededor del cuello y ella intentó parpadear, pero lo máximo que consiguió fue un enorme dolor de cabeza
-Te tenemos Carla.-Dijo Sergio. Ella se encontró dividida entre la parte que quería gritar que se ocupara de Marco y la parte que quería enseñar los dientes cómo un perro rabioso y gruñir que ella no necesitaba a nadie
-¡NO RESPONDE, NO RESPONDE!.-Solo había dos personas en aquel espacio que pudieran responder a esa situación y dado que ella lo estaba oyendo todo solo dejaba a alguien en la lista...
Carla había perdido a más personas en su vida de las que alguien debería perder, y había respondido de distintas formas, algunas con rabia, otras con muda aceptación. Pero no estaba preparada en absoluto para perder a alguien más, y mucho menos a alguien con la vitalidad de Marco.
-Se pondrá bien.-Repitió una y otra vez Sergio contra su oído, ella quería gritarle que se callara para poder oír lo que los médicos decían pero en cuánto lucho por abrir los ojos todo se volvió negro...


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