Capitulo 10. “La familia siempre está
para lo peor”
-Julia si lees la carta de nuevo te
darás cuenta de las inconcluencias.-Repitió Carla por enésima vez.
Ambas estaban sentadas en el sofá que días antes le había servido
para recuperarse de su dolor de cabeza
-¿En la tuya había
inconcluencias?.-Dijo ella, sus ojos abiertos enormemente y brillando
por las lágrimas contenidas
-Si.-Reconoció ella.-Son pequeños
detalles, una frase o una palabra que te hará pensar que esa persona
como mucho ha leído tu expediente y tal vez ha buscado tu nombre en Internet pero nada más.-Carla dejó caer la mano sobre su brazo y lo
frotó dándole ánimos
-No me veo capaz de volver a abrir ese
sobre, además ahora lo tiene la policía científica -Julia apoyó
los codos en las rodillas y se inclinó hacia delante.
-Todo estará bien Julia.-La reconfortó
Carla
-¿Cómo puedes estar tan tranquila?,
en mi carta especificaba que moriría después de ti, en este mismo instante hay un
cuchillo con tu nombre en él.-Julia la miró por encima con
incredulidad
-No es que lo tomé poco en serio pero
no me gusta que la gente me subestime.-Julia bufó en respuesta y
estaba a punto de decir algo que probablemente dañaría el orgullo
de Carla cuándo Marco entró en la habitación con dos tazas
humeantes
-Esta para ti.-Dijo tendiéndole una a
Julia.-Y esta es la tuya.-Carla olfateó el capuchino y se relajó al
no encontrar ninguna prueba de algún relajante, sin embargo la taza
de Julia era una infusión de lavanda que ella atacó con fiereza
-¿Saben algo?.-Inquirió Julia
-Nada, hasta tú misma entiendes que es
demasiado pronto. ¿Por qué no te vas a casa y descansas?.-Dijo
Marco apoyando su mano en el hombro de Julia.
Carla tenía un defecto, bueno tenía
muchos pero después de una vida de tortuosa educación veía las
emociones como un fenómeno extraño que a menudo la hacía sentirse
incómoda; y la absoluta adoración que emanaba de Julia cuándo
elevó la mirada hacia Marco la golpeó de lleno dejándola con la
mirada clavada en ellos y la misma sensación de alguien que no puedo apartar los ojos del
sol.
No tenía derecho a sentir celos, sus
sentimientos hacia Marco ni siquiera rozaban los de Julia pero la
insufrible auto compasión no la dejaba girarse.
-¡Vamos, ahora a casa!.-Dijo él rompiendo el efecto. Carla soltó el aire poco a poco cuándo Julia
se levantó y empezó a recoger sus cosas.-Veo que el calmante te ha
hecho efecto, ahora no pareces a punto de salir a matar a
alguien.-Dijo él sentándose a su lado. Carla le miró con el ceño
fruncido...¿Podría ser que él hubiera saltado sus barreras?.
¡Imposible!
-No te atreverías.-Amenazó ella
-¿Por qué no?.-Marco se inclinó
hacia atrás y apoyó las manos en su estomago
-Porque la venganza sería
terrible.-Carla se forzó en sonar amenazante pero el capuchino le
había quemado la lengua y parecía más una bruja de cuento de hadas; pero entonces sucedió.
Había tardado en un año y hasta
entonces no se había dado cuenta de lo mucho que lo había echado de
menos, había estado obsesionada trescientos sesenta y cinco días
con esa risa y ahora que llegó amenazaba con acabar con toda su
cordura
Marco inclinó la cabeza hacia atrás y
la risa borboteó a través de él.-Me gustaría verte
intentándolo.-Dijo entre jadeos y Carla se encontró riéndose a su
vez.
¿Hacía cuánto no se reía?; de repente era demasiado
importante recordar cuál fue la última vez pero era incapaz de
hacerlo, cómo si su mente lo hubiese olvidado por ser algo demasiado banal.
-Será mejor que nos vayamos.-Dijo
él.-Esa mirada está volviendo a ti.-Carla se forzó a recomponer su
expresión antes de llegar al ascensor
-¿Por qué te comportas como si ningún
asesino hubiera amenazado a la policía jamás?.-Dijo ella minutos
después
-Supongo que mis padres me inculcaron
demasiada caballerosidad.-Fue una respuesta demasiado automática
para que fuera del todo verdad
-Claro, y ahora me dirás que si la
amenaza hubiera sido a un hombre no te hubieras comportado
igual.-Bufó ella poniendo los ojos en blanco pero él simplemente
pareció estar intentando reprimir una sonrisa.
Marco acababa de cerrar la puerta del
coche cuándo el móvil comenzó a sonar, ¿algún día estaría
veinticuatro horas sin malas noticias?... Al menos hasta que el
asesino X fuera atrapado le parecía imposible
-Cardone.-dijo poniendo el manos libres
-¿Has aprovechado ya la amenaza del
asesino para llevarte a la pelirroja a la cama?.-Anunció Sergio.
Marco le dedicó una mirada a Carla que parecía demasiado
concentrada en la ventana
-Estas en manos libres.-Gruñó al
teléfono
-Y tengo que suponer que la pelirroja
está junto a ti
-Exacto.-Dijo él saliendo del
aparcamiento
-Y que no estáis en la cama
-Premio para el caballero.-Anunció
Carla sin mirarle
-Ups.-El efecto de culpabilidad quedó
arruinado por la carcajada
-Sergio.-Advirtió Marco
-Vale, vale.-Carla casi podía imaginárselo elevando las manos en alto en señal de
rendición.-Tengo noticias
-No hay huellas.-Adivinó Marco
-Exacto
-¿Pero...?.-Él la miró, se había
inclinado hacia delante acercándose al teléfono como si así
pudiera conseguir que Sergio le diera la información antes
-Pero hay restos de un antiséptico
-¡Es médico!.-Dijo Marco agarrándose
a la primera pista que tenían en meses con dientes y uñas
-O dentista o enfermero o cuida de
alguien o se hizo una herida o ha cambiado su modus operandi y ahora
tortura a sus víctimas.-Dijo Carla
-¿Eres toda optimismo eh?.-Dijo Sergio
exteriorizando el pensamiento de Marco
-Solo no me fío.-Dijo ella volviendo la vista al cristal
-Bueno, ignoremos a la señorita o no
cogeremos nunca al asesino.-Dijo Sergio ganándose un ceño
fruncido.-Hemos pensado en pasar la foto por hospitales y clínicas
-Le ahuyentaremos.-Recalcó Marco
-No si solo hablamos con los de las más altas esferas
-No estoy del todo seguro pero puede
intentarse.-Dijo Marco
-Solo una cosa.-Dijo Carla cuándo
Sergio estaba a punto de despedirse
-¿Si?
-¿En qué carta estaban esas
muestras?, ¿en ambas?.-Marco podía ver hacia dónde iban sus
pensamientos y comenzaron a helarle la sangre
-Solo en la tuya, la de Julia está
absolutamente limpia.-Dijo Sergio
-Mierda.-Escupió Marco
-¿Qué...?.-Carla comprendió el
momento en el que Sergio entendió que tal vez estaba preparando un
escenario cuándo escribió la carta porque los insultos llenaron el habitáculo en cuestión de segundos.
-No pasa nada.-Intentó mostrarse lo
más relajada posible cuándo en realidad quería comenzar a limpiar
su pistola. La tensión estaba alcanzando límites insospechados y
necesitaba liberarla de alguna forma o comenzaría a cometer errores
-Claro que pasa.-Le gritó Marco apartando la mirada de la carretera y observándola como si le
hubiera crecido una nueva cabeza
-Tomemoslo con tranquilidad.-Dijo
Sergio.-Todos necesitamos descansar, a partir de mañana empezaremos
de nuevo
-Para mi suena perfecto.-Dijo Carla reclinando el asiento hacia atrás
-Hasta mañana chicos. Oye y respecto a
lo que dije antes no volveré a llamar por si queréis...
-Adios.-Gruñó Marco colgando el
teléfono. ¿Desde cuándo a Sergio le importaba tanto su vida
sentimental-sexual?, parecía que desde que Carla había puesto un
pie en la oficina él ya había decidido que era el alma gemela de
Marco.
Observó de reojo a Carla, tenía los
ojos cerrados y todo en su postura decía que se había quedado
dormida y sin embargo él casi podía escuchar su cabeza trabajar
-¿No tienes la sensación de qué se
nos escapa de las manos?.-Dijo él antes de poder detenerse
-¿Qué quieres decir?.-Dijo ella abriendo un ojo
-Se supone que somos nosotros quién le
perseguimos y él celebra que no lo alcancemos pero ahora ha dado la
vuelta y es él el que viene por nosotros mientras nuestra alegría
del día es una foto de mala calidad.-Carla volvió a poner el sillón
recto para poder mirarle
-Es un juego... Él tiene un propósito y nosotros estamos intentando impedírselo, así que va a distraernos
mientras.
-Pero, ¿y si resulta que Julia o tú
sois personas que ayudan a las viejecitas a cruzar la calle?.-Dijo él recordando una de las primeras conversaciones que tuvieron
-Entonces llamaremos a la
caballería.-Concluyó ella.
Carla observó su reflejo en la
ventanilla del conductor; un par de mechones se le habían escapado
de la coleta y ahora flotaban sobre su frente, se sentía arder pero
sus mejillas estaban blanquecinas y sus ojos parecían muertos. Luego
contempló a Marco, las manos fuertemente apretadas sobre el volante,
los ojos brillantes por la rabia y sus labios entreabiertos por su
respiración agitada.
¿Cómo podía algo tan imposible ser
real?, se abrazó a sí misma ante la inesperada sensación de
tristeza que la invadió.
Le quemó el estomago y cerró sus
pulmones, y sin embargo la chica del reflejo parecía impasible...
Por primera vez en su vida quería gritar hasta que le ardiese la
garganta por no ser capaz de mostrar lo que sentía.
-Ya hemos llegado.-Dijo deteniéndose
frente a la casa y sacándola de su ensoñación
-¿Día duro, eh?.-Dijo Carla y ni
siquiera su voz sonó rota
-Y que lo digas.-Marco había notado el
cambio en ella después de que se hubiesen quedado en silencio, no
sabía exactamente que era lo que había sucedido en su mente pero sí
que ahora la notaba a millones de kilómetros, aún cuándo ahora
caminaba a su lado hacia la casa.-¿Tienes hambre?
-No.-Dijo ella sentándose en el sofá
.-Mi garganta está cerrada
-Y la mía.-Reconoció él.-Creo que
voy a ir directo a dormir
-Está bien, yo voy a hacer una llamada
y en seguida voy.-Dijo sacando el teléfono móvil de su bolsillo
-Puedes usar el teléfono fijo.-Dijo él
-Preferiría que no.-Había algo en su
voz que le hizo detenerse unos segundos en medio del salón y
contemplarla intentando descifrar que era.-Hola Marcus, ¿cómo
estás?.-Marco entrecerró los ojos un momento antes de decidir
dejarlo pasar y dirigirse a su habitación arrastrando los pies.
Una ducha era lo que más se le
apetecía ahora pero temía que terminara por quedarse dormido así
que se quito la ropa y se puso unos pantalones cortos, luego metió
la cabeza bajo el grifo de agua fría intentando mantener lejos los
pensamientos.
Estaba a punto de tumbarse cuándo se
dio cuenta de que se había olvidado de traer un vaso de agua; por
un momento, decidió dejarlo pasar pero luego recordó las pesadillas
en las que se despertaba en medio de la noche con la garganta seca de
los gritos no pronunciados y el corazón tronando en el centro del
pecho
-Necesito que me digas si te suena
alguien así.-Escuchó decir a Carla mientras él cruzaba el salón
hacia la cocina.-¡Vete a la mierda!. No me he hecho una blanda por
confiar en la gente, que tú me desees muerta no quiere decir que
todo el mundo lo haga.-Marco se detuvo con el vaso bajo el grifo sin
abrir cuando Carla cerró la tapa del teléfono de golpe y lo lanzó
contra la mesa.
-¿Está todo bien?.-Dijo dejándolo en
la encimera y girándose hacia ella. Carla se abrazó las rodillas
contra el pecho y mantuvo la vista al frente
-A veces yo...necesito llorar.-Ella lo
dijo como si fuera un mal vicio y Marco no pudo evitar odiar la
forma en que se clavaba las uñas en los antebrazos.-No significa que
esté asustada, solo cansada, necesito hacerlo...
-Es normal.-Dijo Marco dando dos pasos
hacia ella. Carla inclinó la cabeza hacia abajo y dejó que todo la
superara, su pecho se agitó y los sollozos rompieron en su garganta,
las manos le temblaron y aún así fue incapaz de derramar una sola
lágrima
-No pasa nada.-Los brazos de Marco la
rodearon y ella enterró la cabeza en la curva de su hombro desnudo
aspirando el tenue olor de su gel que aún perduraba.-No voy a dejar
que te pase nada.-Las palabras asaltaron su mente como un relámpago en medio de la oscuridad.
Carla se tensó contra su cuerpo
comprendiendo de repente lo que había estado a punto de hacer, o
mejor dicho lo que anhelaba hacer
-Lo siento, no puedo.-Dijo levantándose de un salto y corriendo a toda velocidad hacia su habitación. Lo
último que vio antes de cerrar la puerta de golpe fue que Marco se
había levantado y la observaba desde el centro del salón con una
mezcla extraña de sentimientos que ella no pudo identificar.
Giró el pestillo y se dejó caer hacia
el suelo mientras su pecho emitía extraños sonidos entrecortados;
pasaron al menos cinco minutos antes de que le escuchará moverse y
abrir el grifo de agua
-No pienso que seas débil.-Dijo Marco
y ella no pudo evitar imaginárselo con la frente apoyada en la
puerta.-No... No sé con quién hablabas pero tiene que ser alguien
muy idiota.-Carla no podía estar más de acuerdo, si tan solo
pudiera confiar en él, si tan solo pudiera decirle la verdad y que
no terminara por destruirlos a todos.-Te han hecho daño pero puedes
confiar en mí Carla, puedes hacerlo.-Ella sintió su incertidumbre
frente a su silencio justo antes de que se dirigiera a su dormitorio
y cerrara la puerta suavemente

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