miércoles, 25 de septiembre de 2013

CAPITULO 9 La caja de los secretos


Capitulo 9. “Saber la verdad no te convierte en alguien especial”

Carla observó con ojos entrecerrados al hombre a través del falso cristal, tenía aproximadamente la misma altura que su sospechoso pero era más fuerte; casi imperceptible pero más musculoso.
Estaba rapado aunque los primeros pelos cortos comenzaban a salir y además llevaba un tatuaje de un dragón que ocupaba la mayor parte de su bíceps, definitivamente ese no era su hombre
-¿Y si es él?, ¿va a meter a su as en la manga con el hombre que la ha amenazado?.-Exclamó Marco. Ya iban cinco minutos perdidos y aquel hombre parecía cada vez más relajado observando el reloj
-En una habitación con un espejo detrás del cuál habrá al menos tres policías, ese hombre ha sido cacheado dos veces...-El tono del inspector Gómez era cómo si estuviese hablando con un niño pequeño
-Existen otros daños a parte del físico.-Dijo Marco jugando su última carta
-Nadie puede hacer daño a Carla Molina psicólogicamente -Ella estaba a punto de objetar pero no iba a servir de nada
-¡Entro!.-Avisó antes de abrir la puerta y precipitarse dentro
-Espera.-Escuchó gritar a Marco pero ella ya se había apoyado contra la puerta cerrándola
-Hola hadita del bosque.-Dijo el hombre con voz ronca ladeando la cabeza. Carla estaba acostumbrada a que los sospechosos utilizaran su altura como “insulto” para asustarla o intentar darle la vuelta a la situación; a veces había estado a punto de preguntarles si ellos eran conscientes de que se miraban en el espejo todos los días.
-Hola grandullón.-Se esforzó en que su sonrisa fuera lo más grande posible mientras se sentaba frente a él.
-Así que tú eres la poli buena, ¿dónde está la mala?.-Dijo con tono lascivo.-Me gustaría jugar con ambas
-Así que usted es el sospechoso
-Dado el trato que me han dado pensaba que ya era culpable.-Dijo bufando
-¡¿Culpable?!.-Carla dejó que la incredulidad se abriera paso en sus facciones.-Usted no es el asesino X.-Sentenció
-¿Por qué está tan segura?
-Bueno a usted le falta su crueldad, es demasiado...¿Cómo decirlo?.-Se rascó la barbilla con aire inocente antes de sonreír -¡Ah, si!. Chapucero.-Regla número uno en el manual para descubrir a un psicópata, ataca a su orgullo y los impostores se descubrirán solos
-¿Crueldad?, señorita estoy en la cárcel porque mate a dos hombres y les arranqué los ojos
-¡Oh, vamos!.-Exclamó ella reclinándose en la silla hacia atrás.-Chapucero, de seguro lo hizo con algunas copas de más, pero amigo usted no tiene la paciencia de alguien que espera bajo la cama de su víctima hasta que se cuerpo se relaja
-¿Qué le hace pensar que no?.-Se inclinó hacia delante lentamente intentando parecer amenazante
-Me apuesto mi desayuno a que cada noche mira bajo su cama y revisa el único armario que le dejan tener aún cuándo sabe de sobra que no hay espacio material para que alguien se esconda, y a pesar de todo eso no es capaz de dormirse hasta bien entrado la noche cuándo los ronquidos de sus compañeros llenan toda la habitación.-Su expresión cambió, apenas fue notable pero lo hizo.-Pero eso me lleva a pensar porque quiere endosarse crímenes que no ha cometido aún cuando todos somos conscientes de que durante esas horas no se movió de su celda
-Creo que se está equivocando por completo.-Las palabras se escaparon entre sus dientes apretados, pero ese intento de sonar amenazante solo consiguió que Carla se imaginara un enorme oso arrinconado
-Lo que significa que le tiene más miedo a alguien aquí fuera que al hecho de que sus compañeros puedan volverse contra usted
-¡Yo no lo tengo miedo a nadie!.-Exclamó golpeando la mesa con ambas palmas y elevándose lo poco que las esposas de sus muñecas unidas a la de sus tobillos le permitían. Carla no se movió ni un milímetro mientras él continuaba jadeando
-¿Es usted un psicópata?.-Susurró ella
-Si.-Carla se levantó de un salto. Regla número dos, si le preguntas a un psicópata si lo es su respuesta nunca constará de un monosílabo
-Es usted un impostor y por lo tanto se merece que le saquemos de la cárcel y avisemos a la prensa.-Él no tenía ni idea de que ella no podía hacer eso, y de hecho si hubiera tenido alguna duda la seguridad de ella habría acabado con ella.
-Está bien. Lo siento.-Dijo él.-Me metí con el hombre equivocado, ¿de acuerdo?. Él parecía un estúpido estudiante de secundaria pidiendo una buena tunda y no alguien que tuviera un ejercito de hombres a sus espaldas
-Dígame lo que sabe.-Dijo Carla apoyando una mano en el pomo
-Nada.-Suspiró él.-Esta mañana entraron en mi celda y me sacaron a la fuerza alegando que era igual que no sé que asesino...
-Y vio la oportunidad de pasar a un modulo de máxima seguridad.-Aventuró ella
-Exacto.-Dijo él
-Bien, gracias por su colaboración.-Carla salió antes de darle tiempo a reaccionar y un par de segundos después el inspector Gómez y Marco abandonaban la habitación contigua seguidos de una muy airada Julia
-¿Y a eso llamaís interrogatorio especial?. Hasta yo podría haberlo hecho mejor.-Escupió ella
-Tal vez en la siguiente pueda lucirse.-La provocó el inspector Gómez cuándo ella se alejaba.-Ha estado muy bien
-Es un callejón sin salida.-Carla había estado enfadada desde que le había visto y sabido que no era él, y la tensión que Marco llevaba consigo no había ayudado nada.-Voy a tomarme un café.-Dijo utilizándo la excusa para conseguir alejarse de la situación hasta que pudiera volver a respirar con normalidad
-Yo...-Comenzó Marco pero el inspector Gómez le puso una mano en el brazo frenándolo
-Cuando los casos se atascan suele necesitar estar a solas más a menudo.-Explicó él



-¡Marco!.-El grito asustado de Julia le hizo elevar la cabeza de golpe. Ella estaba frente a su mesa temblando como una hoja bajo el viento, la piel blanca y los labios de una tonalidad celeste mientras le tendía un sobre.
Él sintió como su corazón pegaba un tirón en el centro de su pecho antes de empezar a tronar al galope de un caballo
-¿Te amenaza?.-Susurró. Ella asintió dejando caer el sobre en la mesa como si le quemara-Esta mañana Carla también...-Las palabras quedaron colgando en el aire mientras comprendía que hacía más de una hora que no la veía.
Emprendió la carrera hacia la sala de interrogatorio solo para encontrar que su sospechoso había sido sustituido por una mujer de la limpieza
-¡¿Dónde está?!.-Gritó
-¿Cardone?.-Dijo David a su espalda.-¿Qué sucede?. El sospechoso ha sido llevado abajo mientras preparaban el trasporte
-Mierda.-Dijo Marco corriendo hacia el despacho del inspector Gómez
-¿Qué está pasando?.-Gritó David
-Carla recibió una carta amenazante está mañana y ha desaparecido.-Respondió antes de abrir la puerta de golpe. El hombre detrás del escritorio elevó la mirada hacia él.
-¿Qué sucede Cardone?.-Dijo con tono suave
-Carla, ha desaparecido y esta mañana recibió una carta amenazante. Y estaban trasladando a nuestro sospechoso.-Repitió tan rápido que las palabras se mezclaron entre ellas
-Tranquilo, no se ha equivocado.-Dijo él leyendo sus pensamientos.-Él no es nuestro hombre. Y Carla de seguro está pasando un rato a solas y se le ha ido la hora
-¡Deje de estar tan tranquilo!.-Le gruñó él.-Se supone que es su amiga
-Y lo es, y por esa misma razón sé que no le ha pasado nada.-Explicó él saliendo de detrás de la mesa.-Vamos abajo, conociéndola ha intentado hablar con el sospechoso una vez más.-Dijo emprendiendo la salida hacia los ascensores
-Voy por las escaleras.-Anunció Marco bajando los escalones de dos en dos seguido de una Julia muerta de miedo y un David con la mano en la culata de su pistola.
Los sótanos nunca habían terminado de ser restaurados del todo, por lo que aunque contaban con unas celdas de buena calidad y ventilación las paredes aún tenían desconchones de pintura reseca y manchas de humedad.
Lo primero que sus ojos vislumbraron fueron que Carla estaba sentada con la espalda apoyada contra la pared y la cabeza inclinada hacia atrás con los párpados caídos mientras que su sospechoso se inclinaba sobre las barras de hierro dentro de su celda
-¡Carla!.-Dijo Marco desenfundando su pistola
-Mierda.-Dijo el sospechoso. En ese momento Carla abrió los ojos de golpe y recorrió los rostros presentes allí antes de levantarse de un salto
-¿Qué pasa?
-¿Estás bien?, ¿te ha hecho algo?.-Dijo él
-Estoy bien, ¿por qué no debería estarlo?.-Dijo ella dando un paso hacia atrás cuándo él elevó los brazos hacia ella
-¡Has desaparecido!.-Bramó él.-¿Sabes lo que pensado?, ¿lo qué se me ha pasado por la cabeza?. ¡Maldita sea!. Recibiste esa carta esta mañana y de repente ya no estabas...
-He estado aquí todo el tiempo.-Dijo con tono frío
-Para repetir el interrogatorio o preguntarle algo más debe ser en la sala de interrogatorios.-Dijo David en tono conciliador
-No le estaba interrogando.-Exclamó ella.-Solo hablaba con él.-Dijo señalando al hombre que había retrocedido hasta el fondo de la habitación
-¡No puedes hablar.-La palabra salió como un insulto de los labios de Marco.-Con los sospechosos!
-Está bien.-Dijo ella pasando a su lado a toda velocidad
-Carla.-Susurró Marco
-¡¿Qué?!.-Gritó ella girándose hacia él. Todos los sentimientos que había conseguido calmar durante esa hora bullendo de nuevo.- Estoy bien, ya lo ves. A partir de ahora me quedaré a tu vista para que no tengas que estar preocupándote porque tus jefes te echen la bronca por haber perdido a la nueva, ya no te traeré más problemas.-Dijo cerrando la puerta de las escaleras con un portazo
-Déjala pensar.-Susurró el inspector Gómez
-Y una mierda.-Marco corrió detrás de ella hasta conseguir alcanzarla a mitad de las escaleras.-¡Carla!.-Dijo cerrando la mano sobre su muñeca y obligandola a girar
-¿Qué quieres Marco?.-Dijo ella
-Estaba preocupado por ti
-Estabas preocupado por perder a una agente.-Replicó ella. Marco no sabía dónde empezaba la diferencia pero al parecer para ella era demasiado importante
-Estaba preocupado por ti, por Carla y no por la agente Molina.-Dijo él. Sus pensamientos vagaron a que Carla podría haber sido perfectamente inspectora y probablemente llevar su propio equipo especial, sin embargo no lo había hecho, y eso no tenía nada que ver con su accidente porque de seguro le habrían dado la oportunidad mucho antes
-Gracias.-Dijo ella secándola de sus ensoñaciones. Sus ojos brillaban pero su expresión se mantenía tensa, como si se estuviera negando a derramar una sola lágrima
-No entiendo que es tan importante.-Susurró él confundido

-Yo si, y es lo que importa.-Dijo ella con una sonrisa brillante.


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