Capitulo 8. “Una carta de amor”
Carla llevaba despierta dos horas
cuándo el sonido de la ducha en el cuarto del lado se abrió paso
entre sus pensamientos.
El dolor de cabeza se había marchado y
ahora solo quedaba una gran sed de actividad, aunque no tenía muy
claro por dónde empezar; tal vez podía revisar las entrevistas a
los familiares, o conseguir que Marco la llevara a ver a alguno.
Se levantó de un salto, se recogió el
pelo en una coleta bien apretada y se dirigió de puntillas hacia la
cocina. Nunca había estado muy interesada en esta parte de la vida
hogareña pero las tortitas le salían de muerte y por suerte Marco
tenía todo lo necesario para hacerlas.
Añadió todos los ingredientes a un
bol y comenzó a removerlos, sin duda el truco estaba en que no
quedara ningún grumo...
¿Qué desayunaría el
asesino?.-Siempre había tenido la teoría de que si era capaz de
responder preguntas bastantes triviales sobre ellos era como si
formara parte de su vida, y por tanto como si pudiera predecir cuál
sería su siguiente movimiento. Aunque pensándolo con calma conocer
el color favorito de alguien nunca le había servido de ayuda para
predecir si sería capaz de asesinar.
Marco salió de su dormitorio, llevaba
un pantalón de vestir gris y una camisa celeste con las mangas
recogidas hasta los codos. Aún goteaba agua de las puntas de su pelo
mientras cruzaba la estancia hacia ella.
-¿Qué preparas?.-Dijo él sentándose
en un taburete
-Tortitas. ¿Te gustan las tortitas,
verdad?.-Que tonta había sido, a lo mejor a Marco no le gustaba
desayunar nada dulce, y ella prácticamente le estaba obligando.
Siempre habían desayunado a la carrera, por lo que habían sido
cosas rápidas como los cereales.
-Si.-Dijo él ocultando un bostezo tras la palma de su mano y esa palabra fue suficiente para acabar con todas sus dudas
-Bien, estarán en cinco minuto.-Dijo
ella poniendo la sartén en el fuego. Marco la observó en trance
durante unos segundos y luego se levantó
-Voy a recoger el periódico.-Los días
pasaban y cada hora era una probabilidad que se sumaba al hecho de
que hubiera otra víctima. De una forma irónica casi prefería
saberlo, era una realidad que su asesino no iba a detenerse así como
así y el simple hecho de pensar en una víctima en el suelo... Los
recuerdos lo asaltaron con fuerza, trayendo consigo tristeza y rabia
en la misma medida.
Sacudió la cabeza levemente intentando alejar los malos pensamientos y se agachó junto a la puerta de
entrada. Esta mañana el periódico traía consigo un suplemento de
recetas de cocina para promocionar un nuevo libro; no fue hasta que
se levantó que el sobre blanco cayó sobre la alfombra.
No había necesidad de darle la vuelta,
en primera plana estaba escrito en letras rojas y claras “SEÑORITA
MOLINA”.
Utilizó el periódico para agarrar el
sobre por la esquina y volver dentro, tal vez existía alguna
posibilidad... una mínima posibilidad de que no fuera él.
-¿Quién sabe qué estás aquí?.-Carla
terminó de colocar el plato en la mesa antes de girarse hacia él.
Sus facciones se habían vuelto rígidas e inexpresivas, aquel era el
policía del que todo el mundo hablaba y no el hombre que la había
estado acompañando durante días...
-Solo el trabajo.-Sus ojos vagaron
instintivamente hacia el sobre que él mantenía atrapado. ¿Había
sido amenazado?
-¿Seguro?, ¿no se lo has contado a
nadie más, una amiga, algún familiar?.-Ella negó a la vez que él
iba hablando y su voz se iba haciendo más dura. Al final dejó caer
la carta sobre la isleta y se colocó un par de guantes.
Carla se acercó lentamente hasta
vislumbrar el nombre. ¿Ella?, ¿el asesino le había enviado una
carta a ella?. El alivio fue tan grande que estuvo a punto de
sentarse y volver a respirar con normalidad pero de seguro para Marco
aquello sería una locura
-Es mi carta.-Dijo extendiendo la mano
-Lo sé.-Dijo él
-La abro yo
-Ni hablar
-Marco, he sido policía casi por el
mismo tiempo que tú, sé el procedimiento y sinceramente creo que
estoy mucho más calmada, así que déjame abrir la carta.-Si por
alguna razón su tono dejó lugar a dudas se estiró y le arrancó
los guantes de las manos. Evidentemente le quedaban grandes pero
servirían para abrirla y no dejar huellas.-El sobre trae una banda
adhesiva, no puede tener restos de ADN.-Dijo cuándo él comenzó a
calentar agua
-Está bien, entonces solo ábrela -Marco se posicionó a su lado, a una distancia prudencial en
la que su presencia no la asfixiara pero lo suficientemente cerca
como para leer sin problemas.
Las esquinas del papel habían sido
quemadas, y el resto calentado bajo una llama hasta adquirir la
tonalidad amarillenta que tenía ahora.
Había utilizado pluma con tinta de
color rojo, probablemente intentando imitar a la sangre y su letra
era clara, quizás demasiado, como si un niño la hubiera escrito,
excepto por las emes y enes, esas eran cerradas y algo deformes...
-Hijo de perra.-Bramó Marco a su
espalda.-Va a por ti, sabe que puedes descubrirlo y va a por ti
-No sabe quién soy.-Susurró ella
-El inspector Gómez debería haber
previsto esto, no deberíamos haberte llevado por todos lados diciendo “ella lo atrapará, ella lo atrapará”...
-Marco.-Volvió a intentar ella
-Lo ha visto como un desafío, diablos
casi le hemos dicho... ¿por qué no la atrapas y la matas a ella
también estúpido maníaco?.-Marco había comenzado a dar vueltas
alrededor de la isleta mientras hablaba sin parar
-¡MARCO!.-Su grito le hizo detenerse
al instante
-¡¿Qué?!.-Gritó él
-No sabe nada de mí
-¿Qué narices significa eso?
-Que no sabe quién soy. Alguien le
habrá dicho que hay una agente especial investigando te habrá
seguido y habrá conseguido saber quién soy y dónde vivo. ¡Apuesto
lo que sea a que lo máximo que tiene es mi expediente como policía!
-No voy a correr riesgos...
-Marco, mírame.-Ella esperó hasta que
él lo hizo.-Confía en mí, no sabe una mierda sobre mi vida o lo
que soy o lo que hago
-¿Cómo puedes estar tan segura y tan
tranquila?.-Exclamó él
-¿Y tú como puedes estar tan nervioso?
-Eres una mujer.-Exclamó él
abarcándola con las manos.-Pequeña.-Ella enarcó una ceja en
respuesta.-Y además estás a mi cargo
-Se te olvida que fui yo la que te
tumbé el otro día.-Si algo odiaba era que la trataran como una niña
simplemente por su altura. Había llegado hasta dónde estaba por su
trabajo y eso se merecía un respeto.
-No, pero eso no cambia que sigues estando a mi cargo.-Recalcó él. Ella era consciente de que él básicamente quería protegerla para no quedar mal en su trabajo, y
eso dolía aún cuándo no debía
-Bien pero créeme cuándo te digo que
el que ha escrito esta carta no sabe nada sobre mí.-Carla avanzó a
grandes zancadas hacia la mesa del comedor y empezó a comer furiosa.
Marco se dirigió hacia el teléfono y
estuvo a punto de arrancar el cable de la pared a la vez que tecleaba
con fiereza.
Carla detuvo el tenedor y el cuchillo
en el aire cuándo él empezó a gruñirle a un pobre insensato para
que le pusiera con el inspector Gómez de inmediato, se concentró en
respirar hondo una vez antes de volver a llevarse un trozo a la boca
rebosante de sirope de fresa.
El asesino X no sabía absolutamente
nada sobre ella, de eso estaba convencida como de la sangre que
corría por sus venas. Él simplemente estaba asustado, y eso no
podía ser más que una buena señal pero evidentemente Marco estaba
demasiado concentrado en su carrera como para darse cuenta de ello.
-Carla Molina acaba de recibir una
carta de amenaza de nuestro asesino.-Gritó Marco, no sabía
exactamente que le había dicho el inspector pero él soltó una
carcajada ronca antes de contestar con crueldad.-¿Y no se le ocurrió
decirme que esto pasaría?. ¡Claro que hubiera cambiado las cosas,
hubiera sido más cuidadoso!
-La habría encontrado igual.-Susurró
Carla imitando la voz del inspector Gómez y la respuesta que ya
sabía que daría.
-¿Y sabiendo que pasaría la trajo
aquí?, ¿y usted le tiene cariño?.-Carla decidió que ya tenía
bastante. Se levantó y arrojó el plato vacío al fregadero que
elevó un estrépito metálico que hizo que Marco le dirigiera una
mirada furiosa que ella ignoró al pasar a su lado hacia su cuarto.
La casa no tenía ninguna culpa sobre la estupidez de su dueño por
lo que se obligó a cerrar la puerta en un movimiento suave en vez de
lanzarla contra el marco tal y como deseaba
¿Y ahora qué?, ¿iba a patalear y
gritar como una niña?, ¿iba a sentarse a esperar a que Marco se
sintiera preocupado por quién era y no por lo que representaba?, y
lo más importante, ¿desde cuándo quería eso?
Ni siquiera cuándo había trabajado en
un equipo especial, un grupo de personas que durante años habían
sido familia, había deseado que la conocieran.
Ella siempre era Molina, la chica que
hace buenos interrogatorios; nunca Carla, la chica a la que le gustan
las tortitas con sirope de fresa y odia la lluvia.
¿Qué había cambiado?, la respuesta
llegó tan rápida que llegó a sentir lástima de sí misma; Marco,
siempre había sido Marco, el hombre que con solo su visión estuvo a
punto de hacerla dudar sobre sí dejar su puesto de trabajo después
del error que había cometido y el hombre que ahora la hacía desear
ser una mujer y no un título.
Ella no le amaba, no podía amarle
porque no había un solo punto de su vida sano, y el amor era sano y
puro, pero podía soñar con la idea de ser algo para él.
-¿Carla?.-La voz de Marco llegó
amortiguada desde el otro lado de la puerta
-Puedes entrar.-Dijo ella sentándose
en el filo de la cama
-Siento haberte asustado
-No estoy asustada.-Si las
circunstancias fueran otras Carla estaba segura de no haber podido
contener la carcajada ante su expresión. Ojos abiertos, labios
separados, parpadeo lento...
-¿Por qué no estás asustada?
-Si me hubieras escuchado las cien
primeras veces que te dije que él no sabía nada de mí nos hubiéramos ahorrado todo esto.-Dijo ella exasperada
-Primero me ruegas que no confíe en tu
instinto y ahora estás a punto de lanzarme algo a la cabeza por no
creerte, ¿en qué quedamos?
-Se trata de mi seguridad no de un
hombre al que vayamos a condenar
-En ambos casos estamos hablando de
vidas.-Dijo él. Su móvil sonó en su bolsillo trasero y él estaba
a punto de ignorar cuándo reconoció el tono que le había asignado
a Sergio.-Cardone.-Gruñó
-Yo también me alegro de oírte
hermano, definitivamente necesitas un buen pol...
-¡Al grano!.-Exigió Marco
-Vale, vale. Pero no quiero ni imaginar
que ha hecho esa preciosidad para hacerte enfadar así
-Voy a colgarte.-Adivirtió Marco
-Hay una coincidencia, alguien ha visto
la foto mejorada y ha identificado a un hombre
-Perfecto, ¿sabemos dónde vive?
-Si, en la cárcel.-Dijo Sergio. Marco
estaba a punto de maldecir cuándo el otro hombre volvió a
hablar.-Nos lo están trayendo, y la verdad es que se parecen pero yo
no estaría tan seguro.-Eso bastaba para hacerle saber a Marco que no
era el hombre que buscaban pero había que seguir el procedimiento...
-Voy para allá.-Dijo Marco
-Vamos.-Dijo Carla lo suficientemente
alto como para que Sergio soltara una carcajada en respuesta
-Colega no sé que le has hecho pero
para ahora.-Marco no tuvo opción de replicar cuándo él ya había
colgado
-¿Qué tenemos?.-Le gritó Carla desde
la puerta. ¿Cuándo se había movido tan rápido?
-Una posible coincidencia.-Una vez
instalados en el coche comenzó a relatarle la información que le
había dado Sergio, que no era mucha y luego el silencio cayó sobre
ellos.
El teléfono comenzó a sonar cuándo
se acercaban al parking y Marco activó el manos libre.
-¡¿Se puede saber dónde
estáis?!.-Dijo Sergio como saludo
-Llegando.-Si aquello iba a ser una
pelea de gallitos Carla no quería saber nada, apoyó la frente
contra el frío cristal
-No sé quién narices es este tío
pero solo nos dejan tenerlo aquí por media hora.-dijo Sergio
-Habrá que aprovechar bien el tiempo
-El inspector Gómez está aquí, dice
que sea Carla la primera en entrar
-¡Y una mierda!.-Carla se giró hacia
él como un resorte
-Inspector Cardone, ¿puede explicarme
por qué me quiso traer aquí desde tantos kilómetros para tener una
mujer florero?
-Oh, oh.-Dijo Sergio al otro lado
-Estamos abajo.-Dijo Marco deteniendo el coche frente al edificio y saltando del coche a la vez que
colgaba.

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