miércoles, 18 de septiembre de 2013

Capitulo 8 la caja de los secretos


Capitulo 8. “Una carta de amor”

Carla llevaba despierta dos horas cuándo el sonido de la ducha en el cuarto del lado se abrió paso entre sus pensamientos.
El dolor de cabeza se había marchado y ahora solo quedaba una gran sed de actividad, aunque no tenía muy claro por dónde empezar; tal vez podía revisar las entrevistas a los familiares, o conseguir que Marco la llevara a ver a alguno.
Se levantó de un salto, se recogió el pelo en una coleta bien apretada y se dirigió de puntillas hacia la cocina. Nunca había estado muy interesada en esta parte de la vida hogareña pero las tortitas le salían de muerte y por suerte Marco tenía todo lo necesario para hacerlas.
Añadió todos los ingredientes a un bol y comenzó a removerlos, sin duda el truco estaba en que no quedara ningún grumo...
¿Qué desayunaría el asesino?.-Siempre había tenido la teoría de que si era capaz de responder preguntas bastantes triviales sobre ellos era como si formara parte de su vida, y por tanto como si pudiera predecir cuál sería su siguiente movimiento. Aunque pensándolo con calma conocer el color favorito de alguien nunca le había servido de ayuda para predecir si sería capaz de asesinar.
Marco salió de su dormitorio, llevaba un pantalón de vestir gris y una camisa celeste con las mangas recogidas hasta los codos. Aún goteaba agua de las puntas de su pelo mientras cruzaba la estancia hacia ella.
-¿Qué preparas?.-Dijo él sentándose en un taburete
-Tortitas. ¿Te gustan las tortitas, verdad?.-Que tonta había sido, a lo mejor a Marco no le gustaba desayunar nada dulce, y ella prácticamente le estaba obligando. Siempre habían desayunado a la carrera, por lo que habían sido cosas rápidas como los cereales.
-Si.-Dijo él ocultando un bostezo tras la palma de su mano y esa palabra fue suficiente para acabar con todas sus dudas
-Bien, estarán en cinco minuto.-Dijo ella poniendo la sartén en el fuego. Marco la observó en trance durante unos segundos y luego se levantó
-Voy a recoger el periódico.-Los días pasaban y cada hora era una probabilidad que se sumaba al hecho de que hubiera otra víctima. De una forma irónica casi prefería saberlo, era una realidad que su asesino no iba a detenerse así como así y el simple hecho de pensar en una víctima en el suelo... Los recuerdos lo asaltaron con fuerza, trayendo consigo tristeza y rabia en la misma medida.
Sacudió la cabeza levemente intentando alejar los malos pensamientos y se agachó junto a la puerta de entrada. Esta mañana el periódico traía consigo un suplemento de recetas de cocina para promocionar un nuevo libro; no fue hasta que se levantó que el sobre blanco cayó sobre la alfombra.
No había necesidad de darle la vuelta, en primera plana estaba escrito en letras rojas y claras “SEÑORITA MOLINA”.
Utilizó el periódico para agarrar el sobre por la esquina y volver dentro, tal vez existía alguna posibilidad... una mínima posibilidad de que no fuera él.
-¿Quién sabe qué estás aquí?.-Carla terminó de colocar el plato en la mesa antes de girarse hacia él. Sus facciones se habían vuelto rígidas e inexpresivas, aquel era el policía del que todo el mundo hablaba y no el hombre que la había estado acompañando durante días...
-Solo el trabajo.-Sus ojos vagaron instintivamente hacia el sobre que él mantenía atrapado. ¿Había sido amenazado?
-¿Seguro?, ¿no se lo has contado a nadie más, una amiga, algún familiar?.-Ella negó a la vez que él iba hablando y su voz se iba haciendo más dura. Al final dejó caer la carta sobre la isleta y se colocó un par de guantes.
Carla se acercó lentamente hasta vislumbrar el nombre. ¿Ella?, ¿el asesino le había enviado una carta a ella?. El alivio fue tan grande que estuvo a punto de sentarse y volver a respirar con normalidad pero de seguro para Marco aquello sería una locura
-Es mi carta.-Dijo extendiendo la mano
-Lo sé.-Dijo él
-La abro yo
-Ni hablar
-Marco, he sido policía casi por el mismo tiempo que tú, sé el procedimiento y sinceramente creo que estoy mucho más calmada, así que déjame abrir la carta.-Si por alguna razón su tono dejó lugar a dudas se estiró y le arrancó los guantes de las manos. Evidentemente le quedaban grandes pero servirían para abrirla y no dejar huellas.-El sobre trae una banda adhesiva, no puede tener restos de ADN.-Dijo cuándo él comenzó a calentar agua
-Está bien, entonces solo ábrela -Marco se posicionó a su lado, a una distancia prudencial en la que su presencia no la asfixiara pero lo suficientemente cerca como para leer sin problemas.
Las esquinas del papel habían sido quemadas, y el resto calentado bajo una llama hasta adquirir la tonalidad amarillenta que tenía ahora.
Había utilizado pluma con tinta de color rojo, probablemente intentando imitar a la sangre y su letra era clara, quizás demasiado, como si un niño la hubiera escrito, excepto por las emes y enes, esas eran cerradas y algo deformes...



-Hijo de perra.-Bramó Marco a su espalda.-Va a por ti, sabe que puedes descubrirlo y va a por ti
-No sabe quién soy.-Susurró ella
-El inspector Gómez debería haber previsto esto, no deberíamos haberte llevado por todos lados diciendo “ella lo atrapará, ella lo atrapará”...
-Marco.-Volvió a intentar ella
-Lo ha visto como un desafío, diablos casi le hemos dicho... ¿por qué no la atrapas y la matas a ella también estúpido maníaco?.-Marco había comenzado a dar vueltas alrededor de la isleta mientras hablaba sin parar
-¡MARCO!.-Su grito le hizo detenerse al instante
-¡¿Qué?!.-Gritó él
-No sabe nada de mí
-¿Qué narices significa eso?
-Que no sabe quién soy. Alguien le habrá dicho que hay una agente especial investigando  te habrá seguido y habrá conseguido saber quién soy y dónde vivo. ¡Apuesto lo que sea a que lo máximo que tiene es mi expediente como policía!
-No voy a correr riesgos...
-Marco, mírame.-Ella esperó hasta que él lo hizo.-Confía en mí, no sabe una mierda sobre mi vida o lo que soy o lo que hago
-¿Cómo puedes estar tan segura y tan tranquila?.-Exclamó él
-¿Y tú como puedes estar tan nervioso?
-Eres una mujer.-Exclamó él abarcándola con las manos.-Pequeña.-Ella enarcó una ceja en respuesta.-Y además estás a mi cargo
-Se te olvida que fui yo la que te tumbé el otro día.-Si algo odiaba era que la trataran como una niña simplemente por su altura. Había llegado hasta dónde estaba por su trabajo y eso se merecía un respeto.
-No, pero eso no cambia que sigues estando a mi cargo.-Recalcó él. Ella era consciente de que él básicamente quería protegerla para no quedar mal en su trabajo, y eso dolía aún cuándo no debía
-Bien pero créeme cuándo te digo que el que ha escrito esta carta no sabe nada sobre mí.-Carla avanzó a grandes zancadas hacia la mesa del comedor y empezó a comer furiosa.
Marco se dirigió hacia el teléfono y estuvo a punto de arrancar el cable de la pared a la vez que tecleaba con fiereza.
Carla detuvo el tenedor y el cuchillo en el aire cuándo él empezó a gruñirle a un pobre insensato para que le pusiera con el inspector Gómez de inmediato, se concentró en respirar hondo una vez antes de volver a llevarse un trozo a la boca rebosante de sirope de fresa.
El asesino X no sabía absolutamente nada sobre ella, de eso estaba convencida como de la sangre que corría por sus venas. Él simplemente estaba asustado, y eso no podía ser más que una buena señal pero evidentemente Marco estaba demasiado concentrado en su carrera como para darse cuenta de ello.
-Carla Molina acaba de recibir una carta de amenaza de nuestro asesino.-Gritó Marco, no sabía exactamente que le había dicho el inspector pero él soltó una carcajada ronca antes de contestar con crueldad.-¿Y no se le ocurrió decirme que esto pasaría?. ¡Claro que hubiera cambiado las cosas, hubiera sido más cuidadoso!
-La habría encontrado igual.-Susurró Carla imitando la voz del inspector Gómez y la respuesta que ya sabía que daría.
-¿Y sabiendo que pasaría la trajo aquí?, ¿y usted le tiene cariño?.-Carla decidió que ya tenía bastante. Se levantó y arrojó el plato vacío al fregadero que elevó un estrépito metálico que hizo que Marco le dirigiera una mirada furiosa que ella ignoró al pasar a su lado hacia su cuarto. La casa no tenía ninguna culpa sobre la estupidez de su dueño por lo que se obligó a cerrar la puerta en un movimiento suave en vez de lanzarla contra el marco tal y como deseaba
¿Y ahora qué?, ¿iba a patalear y gritar como una niña?, ¿iba a sentarse a esperar a que Marco se sintiera preocupado por quién era y no por lo que representaba?, y lo más importante, ¿desde cuándo quería eso?
Ni siquiera cuándo había trabajado en un equipo especial, un grupo de personas que durante años habían sido familia, había deseado que la conocieran.
Ella siempre era Molina, la chica que hace buenos interrogatorios; nunca Carla, la chica a la que le gustan las tortitas con sirope de fresa y odia la lluvia.
¿Qué había cambiado?, la respuesta llegó tan rápida que llegó a sentir lástima de sí misma; Marco, siempre había sido Marco, el hombre que con solo su visión estuvo a punto de hacerla dudar sobre sí dejar su puesto de trabajo después del error que había cometido y el hombre que ahora la hacía desear ser una mujer y no un título.
Ella no le amaba, no podía amarle porque no había un solo punto de su vida sano, y el amor era sano y puro, pero podía soñar con la idea de ser algo para él.
-¿Carla?.-La voz de Marco llegó amortiguada desde el otro lado de la puerta
-Puedes entrar.-Dijo ella sentándose en el filo de la cama
-Siento haberte asustado
-No estoy asustada.-Si las circunstancias fueran otras Carla estaba segura de no haber podido contener la carcajada ante su expresión. Ojos abiertos, labios separados, parpadeo lento...
-¿Por qué no estás asustada?
-Si me hubieras escuchado las cien primeras veces que te dije que él no sabía nada de mí nos hubiéramos ahorrado todo esto.-Dijo ella exasperada
-Primero me ruegas que no confíe en tu instinto y ahora estás a punto de lanzarme algo a la cabeza por no creerte, ¿en qué quedamos?
-Se trata de mi seguridad no de un hombre al que vayamos a condenar
-En ambos casos estamos hablando de vidas.-Dijo él. Su móvil sonó en su bolsillo trasero y él estaba a punto de ignorar cuándo reconoció el tono que le había asignado a Sergio.-Cardone.-Gruñó
-Yo también me alegro de oírte hermano, definitivamente necesitas un buen pol...
-¡Al grano!.-Exigió Marco
-Vale, vale. Pero no quiero ni imaginar que ha hecho esa preciosidad para hacerte enfadar así
-Voy a colgarte.-Adivirtió Marco
-Hay una coincidencia, alguien ha visto la foto mejorada y ha identificado a un hombre
-Perfecto, ¿sabemos dónde vive?
-Si, en la cárcel.-Dijo Sergio. Marco estaba a punto de maldecir cuándo el otro hombre volvió a hablar.-Nos lo están trayendo, y la verdad es que se parecen pero yo no estaría tan seguro.-Eso bastaba para hacerle saber a Marco que no era el hombre que buscaban pero había que seguir el procedimiento...
-Voy para allá.-Dijo Marco
-Vamos.-Dijo Carla lo suficientemente alto como para que Sergio soltara una carcajada en respuesta
-Colega no sé que le has hecho pero para ahora.-Marco no tuvo opción de replicar cuándo él ya había colgado
-¿Qué tenemos?.-Le gritó Carla desde la puerta. ¿Cuándo se había movido tan rápido?
-Una posible coincidencia.-Una vez instalados en el coche comenzó a relatarle la información que le había dado Sergio, que no era mucha y luego el silencio cayó sobre ellos.
El teléfono comenzó a sonar cuándo se acercaban al parking y Marco activó el manos libre.
-¡¿Se puede saber dónde estáis?!.-Dijo Sergio como saludo
-Llegando.-Si aquello iba a ser una pelea de gallitos Carla no quería saber nada, apoyó la frente contra el frío cristal
-No sé quién narices es este tío pero solo nos dejan tenerlo aquí por media hora.-dijo Sergio
-Habrá que aprovechar bien el tiempo
-El inspector Gómez está aquí, dice que sea Carla la primera en entrar
-¡Y una mierda!.-Carla se giró hacia él como un resorte
-Inspector Cardone, ¿puede explicarme por qué me quiso traer aquí desde tantos kilómetros para tener una mujer florero?
-Oh, oh.-Dijo Sergio al otro lado

-Estamos abajo.-Dijo Marco deteniendo el coche frente al edificio y saltando del coche a la vez que colgaba.

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