CAPITULO 6. “Golpea fuerte”
Carla se permitió unos segundos para
observarse en el espejo del vestuario femenino, Sergio y Marco habían
decidido cerrar el día con una buena sesión de gimnasio y la habían
invitado a “observar”. ¡Já!, ya les enseñaría ella dónde
podían meterse eso de observar
Las mallas negras le llegaban por
encima de las rodillas y se adaptaban a su piel con facilidad lo que
le permitía moverse libremente, y una camiseta roja de tirantes bajo
la cuál llevaba un top negro completaba el conjunto
Para cuándo puso un pie sobre la sala
Marco y Sergio estaban dentro del tatami enfrentándose en una mezcla
de king-boxing y karate un poco extraña.
Ella se dirigió hacia la cinta de
correr para comenzar a sacar sus músculos del letargo en el que se
encontraban desde hacía unos días y durante quince minutos
consiguió que sus pensamientos vagaran por cualquier tema menos el
asesino, hasta que Marco se acercó a su lado.
Llevaba unos pantalones negros de
deporte y una camiseta gris de mangas cortas que se adhería a su
cuerpo, se había echado el pelo hacía atrás y estaba más guapo
que nunca con el color en su rostro.
-¿Te apetece probar en el
tatami?.-Dijo él con una sonrisa
-¿Tú contra mí?.-Dijo ella parando la maquina y alcanzando la pequeña botella de agua que aún mantenía
el frío
-Claro.-Parecía muy animado y
confiado.-Pero tenemos que jugarnos algo.-Ella elevó una ceja
interrogante.-Si yo te inmovilizo me cuentas cuándo exactamente me
viste por primera vez
-Si yo te inmovilizo... me preparas la
cena.-Dijo ella con una enorme sonrisa saltando de la maquina y dirigiéndose con pasos lánguidos hacia el tatami
-¡Esto no me lo pierdo!.-Dijo Sergio
alejándose del saco de boxeo y sentándose en una esquina de la colchoneta, estirando los brazos por encima de su cabeza
-Espero que seas bueno cocinando.-Dijo
ella colocándose en la esquina
-Sergio serás el arbitro.-Dijo Marco
-Bien chicos.-Dijo Sergio que parecía
realmente divertido.-Nada de golpes bajos, ni arañazos, ni mordiscos
y... tampoco toqueteos.-Carla puso los ojos en blanco a la vez que
colocaba un pie delante de otro apoyando todo su peso en el trasero;
una postura propia de la autodefensa, aunque ella realmente no
pensaba defenderse sino atacar.
No tenía ningún problema en contarle
a Marco cuándo le había visto por primera vez aunque tampoco
pensaba contarle que en ese momento pensó que era el hombre más
guapo que había visto nunca...
-¡Adelante!.-Gritó Sergio. Marco
comenzó a moverse con los brazos frente a su barbilla y comenzaron a
dar vueltas a la vez que se iban acercando.
Acababan de dar una vuelta completa
cuándo Marco estiró el brazo en un puñetazo demasiado lento,
probablemente en un intento de que cada uno se acostumbraran a los
movimientos del otro, Carla decidió en ese momento que estaba
cansada de juegos.
Se inclinó hacia la izquierda y cerró
su mano sobre la muñeca de Marco tirando de él hacia ella a la vez
que estiraba la pierna a la altura de sus tobillos, Marco cayó al
suelo con un sonido sordo y Carla se apresuró a colocarse frente a
él.
-¡Punto para la chica!.-Gritó Sergio. Ella sabía que hubiera sido muy sencillo usar el factor sorpresa, lanzarse sobre él e inmovilizarle pero no iba a dejar que su intento de ser un caballero
fuera el final.
Él se levantó en un salto y la miró
con ojos entrecerrados, ahora viéndola más cómo una rival que como
un entretenimiento. Carla sabía que ganaría de cualquier forma,
realmente no era buena luchadora y solía recibir muchos golpes y
terminar con más de un moretón pero jamás conseguiría
inmovilizarla; su hermano ya se había encargado de hacer de un arte
para ella el no dejarse atrapar.
Él se lanzó hacia delante y ella se
centró en esquivar su cuerpo pero él alargó el brazo rodándole la cintura y la elevó sobre su hombro. Ella se mantuvo absolutamente
quieta, sabía que no la tiraría al suelo aunque su cuerpo ya estaba
preparado para ello.
En cambio se puso de rodillas y se
inclinó como si estuviera tratando con una pieza de cristal usando
su peso contra su estomago para inmovilizarla.
Carla se apresuró a unir sus piernas y
doblarlas antes de que él se posara sobre ella de forma que quedaron
recogidas a su costado.
-Inmovilizada.-Susurró Marco mirándola
con una enorme sonrisa.
-Uno, dos...-Canturreó Sergio. Justo
en ese momento Carla dejó que su expresión que hasta ahora
comenzaba a ser de preocupación se convirtiera en una sonrisa de
auténtico lobo, la tez de Marco empezó a decaer pero ya era
demasiado tarde.
Carla se elevó hacia arriba a la vez
que golpeaba con fuerza el brazo de Marco a la altura del codo desde
dentro y empujaba con las piernas de forma que Marco fue desplazado
hacia el lado.
Ella aprovechó para girar y colocarse
encima de él, colocó una pierna entre las suyas y sujetó uno de
sus brazos con el suyo por encima de su cabeza mientras que presionaba su antebrazo contra su garganta de forma que estuvo totalmente
tumbada encima de él
-Inmovilizado.-Dijo ella
-Uno...-Advirtió Sergio. Marco utilizó
en brazo libre para empujarle la cadera pero ella compensó su
movimiento pegándose aún más a su cuerpo
-Dos.-Marco pasó un brazo entre sus
pechos e intentó hacer fuerza; ella apretó más el peso sobre su
cuello y finalmente él se rindió
-Tres.-Dijo Sergio. Ella se inclinó
hacia delante hasta que sus labios estuvieron contra su oído
-Cuándo empieces a tratarme como si no
fuera de cristal tal vez podamos tener una lucha de verdad.-Susurró.
Él se mantuvo inmóvil.-Ah y espero que me alimentes bien.-En ese
momento se levantó de un salto y chocó los cincos con Sergio antes
de dirigirse hacia el vestuario.
Marco se sentó y se agarró las
piernas contra el pecho a la vez que se preparaba para aguantar las
bromas de Sergio, pero él se limitó a sentarse a su lado con una
sonrisa que parecía partirle la cara en dos
-Dilo.-Gruñó él
-¿Yo?.-Sergio le pasó una toalla a la
vez que recomponía su expresión divertida.-¿Qué tendría que
decir?
-Pensé que ibas a seguir con tu lista
de las razones por las que debería lanzarme sobre ella
-Eso ya lo has hecho.-Recalcó Sergio y
Marco se limitó a dirigirle una dura mirada
-Ya y solía luchar con Julia muchas
veces y no ponías esa cara.-Dijo Marco levantándose de un salto
-Ella no te ganaba nunca.-Dijo Sergio.
Marco puso los ojos en blanco a la vez que se dirigía hacia el
vestuario pero justo cuándo estaba a punto de entrar escuchó el
grito de Sergio que sonó en todo el gimnasio.-Y nunca parecías a
punto de explotar los pantalones.-¡Iba a matarle!
Carla estaba sentada en el sofá viendo
un anuncio sobre un artículo de la teletienda que ni siquiera
terminaba de entender para que servía mientras Marco insultaba por
tercera vez a la cacerola caliente que había agarrado
Desde que habían llegado del gimnasio
él se había encerrado en la cocina y la había delegado al sofá,
así que después de ponerse el pijama y deambular por la casa había
terminado viendo la teletienda mientras él amenazaba con asesinar a
alguien
-¡Eh, voilá!.-Dijo Marco colocando sobre la barra de la cocina un par de platos de pasta humeante. Carla
estuvo a punto de tomarle el pelo porque su gran comida fueran unos espaguetis pero el estomago comenzó a rugirle y aquello tenía un
buen olor.
-¿Vino?.-Dijo él sacando una botella
del frigorífico
-Te hacía más del tipo cerveza.-Dijo
ella subiéndose a uno de los taburetes
-Lo reservo para las cenas con
chicas.-Dijo él destapando la botella y sirviendo las dos copas,
pero por la forma en que entrecerró los ojos cuándo tomo el primer
sorbo ella supo que había sido una mala excusa, Marco era un hombre
de vinos
Ella giró el tenedor sobre los espaguetis y se llevó algunos a la boca, al instante el suave sabor
de la nata se extendió sobre su lengua con un toque de especias que
no supo identificar.
-Por tu gemido tengo que suponer que te
ha gustado.-Se burló él. Ella estaba a punto de sacarle el dedo
pero se dedicó a rellenar su tenedor. ¡Dios santo, aquello estaba
buenísimo!.
-¿Por qué has gastado tu premio con una cena?.-Dijo él,
ella tomó un sorbo de vino antes de responder
-¿Sabes hace cuánto no tengo una
comisa casera?. Cuándo llego a casa estoy tan cansada que me
quedaría dormida antes de cocinar algo, y en mis días libres por lo
general visito a la familia y ellos tampoco son mucho de cocinar.-Él
asintió y se limitó a conservar la poca información que ella daba
-Así que nada de comida casera a
cambio de cariño familiar
-Oh no, lo del cariño familiar es solo
un mito.-Dijo ella.-Aunque tú eso ya lo sabrás
-¿Qué quieres decir?
-Bueno, dado el número de hermanos que
tienes sabrás que cuando uno se hace policía es como si el resto
comenzara a pensar que eres una especie de robot.
-Si, sé de lo que hablas.-No es cómo
si él lo echara de menos, en su familia nunca habían sido muy dados
a las muestras de afectos por lo que había poco con lo que comparar.
Él terminó su plato un par de minutos antes que ella y luego empezó
a llenar el lavavajillas.
-Estoy agotada, creo que voy a irme a
dormir.-Dijo ella a su espalda
-Está bien, mañana será otro día.-Él
no estaba lo suficientemente agotado como para irse a la cama sin
tener que estar dando vueltas una hora antes de conciliar el sueño
-Marco.-Ella esperó hasta que él se
giró y la miró. Carla seguía estando sentada en el taburete
mientras que él estaba de pie por lo que su altura era mucho más
imponente.-El día que presenté mi dimisión de la unidad especial
el inspector Gómez había estado hablando conmigo e intentado
demostrarme que un error no menosprecia el resto de logros pero eso
no hizo más que hundirme más, así que dije que mi decisión era
irrefutable y fui a recoger mis cosas. La comisaría siempre había
sido un lugar triste y algo lúgubre al menos cuándo yo trabajaba
allí, así que cuándo escuché risas no pude evitar sentirme
atraída como la luciérnaga a la luz.-Marco se mantuvo en silencio
mientras ella jugueteaba con sus dedos ensimismada en su recuerdo.-Os
vi; erais un equipo nuevo y acababais de resolver un caso, ni
siquiera recuerdo a tus compañeros pero tú estabas sentado en un
sillón bebiendo cerveza de una taza de café y reías de verdad. Yo
estaba absolutamente rodeada de oscuridad y fue bonito verte.-Y antes
de que él pudiera reaccionar Carla se bajó del taburete y se
dirigió a su cuarto a grandes zancadas.
Marco se quedó allí parado, él ni
siquiera recordaba aquel día con claridad, sabía que había sido
uno de los primeros casos que habían resuelto como equipo pero no
recordaba porqué se reía y mucho menos a Carla, aunque ahora no
podía evitar imaginársela como una niña triste escondida detrás de
una columna que observa una tienda de caramelos con deseo

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