Capitulo 12. “Y vuelve en forma de
tsunami”
Su padre tenía la teoría de que todos
tenemos un mecanismo de autodefensa en nuestro interior, y se había
encargado de desarrollar el de Carla durante años...
Noche tras noche se colaba en su
habitación y le vaciaba un cubo de agua helada sobre la cabeza sin
importar que estuvieran en Enero o en Agosto, hasta que finalmente
ella había sido capaz de despertarse incluso antes de que él
entrase en su habitación.
Por eso cuándo en medio de la niebla
espesa que la rodeaba se dio cuenta de que se había desmayado, de
que era una presa fácil todos su niveles de alerta se dispararon.
Sergio agarró su brazo en el momento
en el que ella se sentaba de golpe en la cama.
-Estas bien Carla, estás
bien.-Consiguió gritarle por encima de los latidos de su corazón
que amenazaban con dejarla sorda
-Me he desmayado.-Dijo ella aún con su
mirada enfocándose a la habitación blanca
-Si pero estas bien, estás a
salvo.-Sergio tuvo que utilizar toda su fuerza para conseguir
tumbarla de nuevo
-¿Por qué no estás con Marco?.-Le
incriminó ella. Él hizo una mueca antes de contestar
-Porque cuándo fui a verle hace media
hora se puso como un energúmeno diciendo que podías despertar sola
y desorientada en cualquier minuto.-Explicó él con exagerada
paciencia. Marco había tenido razón, si Segio no hubiese estado ahí
ella probablemente hubiera terminado confundiendo el pasado con el
presente, pero ahora no debía pensar en ello...
-¿Está despierto?, ¿ya?
-Si, todo parecía peor porque él se
golpeó la cabeza cuándo el coche volcó, pero los médicos os han
revisado a ambos y aparte de algunas contusiones estáis como dos
robles...Ya lo dicen, hierba mala nunca muerte.-La puerta se abrió
lentamente con un chirrido y una mujer de pelo rubio atado en una
pulcra coleta asomó su cabeza dentro
-¿Está despierta?.-Susurró poniendo
una mano sobre el hombro de Sergio, para Carla no pasó
desapercibido como él le dio un suave apretón antes de contestar
-Si, desde hace unos minutos pero
estaba bastante confundida, parecía a punto de matar a alguien
-Suele pasarle a los policías.-Si ella
supiera...
Carla consiguió dormir dos horas
seguidas en todo el día. Odiaba los hospitales y estar atada al
gotero, aún así se dedicó a contemplar el techo mientras Sergio
intentaba darle conversación y ella esquivaba cualquier preguntar
personal; al final consiguió que él se durmiera alrededor de las
dos de la mañana así que tuvo tiempo de sobra para preguntarse que
narices había pasado.
Sergio le había dicho que alguien
había colocado un dispositivo en una alcantarilla que pinchó las
cuatro ruedas a la vez y que por mucho que la policía se introdujo
en la red de alcantarillado no consiguieron encontrar una pista, así
que ahora estaban revisando cámaras de seguridad cercanas a las
posibles entradas...Lo que implicaba un gran gasto de tiempo y
personal.
Carla estaba comenzando a sentirse
bloqueada, había estado casi segura de que el asesino tenía
conocimientos médicos pero cualquier persona no puede entrar en las
alcantarillas sin más, ¿verdad?.
Marco cortó la linea de sus
pensamientos a las seis de la mañana cuándo se deslizó en su
habitación vistiendo su ropa.
-¡¿Por qué estás andando por ahí y
con tu ropa y yo estoy aquí?!.-Le gritó Carla despertando a Sergio
de un sobresalto.-Se suponía que eras tú el medio muerto
-Vaya, veo que te alegras de verme
-Creo que no me he alegrado tanto de
ver a alguien nunca antes.-Dijo Carla reacomodando la almohada a su
espalda. Marco se detuvo a medio camino entre la cama y la puerta;
ella probablemente lo había dicho sin ser consciente de ello y Marco
estuvo a punto de dar un salto de alegría porque por fin ella
comenzaba a parecer humana.-Ahora sácame de aquí.-Exigió ella
cruzando los brazos en el pecho y haciendo un mohín.
Marco tuvo que reprimir todas sus ganas
de reír hasta que las costillas le dolieran; su pequeña compañera,
aquella que descubría si alguien le mentía con un simple vistazo,
que le había inmovilizado en una lucha y de la que todo el mundo
decía podía montar una pistola más rápido que cualquier otro
policía, ¡estaba teniendo un berrinche!. Aquella mujer iba a
matarle.
-Quiero asegurarme antes de que estás
bien.-Dijo él en un tono que no dejaba lugar a replicas, pero
claro... Carla era Carla...
-¡Dios santo!, no fui yo la que sufrí
una parada cardíaca. ¡Mi propio padre me daba golpes mucho peores
que ese!.-El silencio se instauró en la habitación. Marco sintió
como sus manos se cerraban en dos puños palpitante, Sergio miró a
Carla con incredulidad antes de clavar su vista en un hilo suelto de
su camiseta cómo si fuera la cosa más interesante del mundo.
Carla se quedó mirando a Marco, sus
ojos desenfocándose mientras parpadeaba lentamente. Acababa de
decirlo, acababa de dar un dato sobre su vida y se sentía cómo si
hubiese tirado del principio del hilo que formaba el ovillo de su
vida.
-¿Cómo está mi paciente
favorito?.-La puerta se abrió suavemente y la pequeña enfermera
rubia trotó dentro de la habitación antes de detenerse abruptamente
y mirarlos a todos.-¿Mal momento?.-Dijo mirando directamente a
Sergio.
-¿Vienes a darle el alta?.-Dijo Marco
girándose hacia ella
-Si, claro.-Dijo ella.-Vamos a dejarte
sola para que te cambies.-Y con un gesto muy maternal aunque mandón
consiguió que los dos hombres salieran en cuestión de segundos.
Carla se concentró en ajustar los
pantalones de deporte gris y la sudadera rosa que Sergio le había
comprado en la tienda de abajo después de que Marco amenazara con
hacerle tener horas extras si la abandonaba en algún momento.
Los pensamientos vibraban en el fondo
de su cabeza como un enjambre de abejas de las que no podía escapar
pero a las que tampoco quería prestar atención, porque al fin y al
cabo todo se reducía a una pregunta...¿Era ella capaz de ser
humana?, ¿era capaz de tener sentimientos y más importante aún
dárselos a otra persona?.
Marco era y siempre sería el hombre
que la haría suspirar, por su fuerza, por su alegría, por su bondad
y porque para él el mundo de los sentimientos parecía demasiado
fácil.
A Carla le temblaban las rodillas
simplemente por reconocer que alguien le caía bien y Marco cada día
de una forma u otra le hacía saber a los demás que estaba ahí para
ellos. A Sergio con una palmadita en la espalda y un intercambio de
miradas, a David compartiendo un café con él y dejándole hablar
de cualquier cosa que necesitara, a Julia vigilándola desde la
distancia ya que es lo máximo que ella le permitía...¿Y a Carla?
El primer día había sido cómo si
ella no fuera más que un medio que tenía que soportar para llegar a
un fin, pero después de unas cuántas horas la había cargado hasta
su cama, le había ahorrado el dinero de un hotel y durante los días
siguientes se encargó de que ella estuviera lo más cómoda posible.
Haciendo de intermediario cuándo Julia
lanzaba sus garras sobre ella, distrayendo a David de sus intentos
de seducción, animándola a descubrir el asesino... Esto último
había sido realmente importante para ella porque todo el mundo daba
por hecho que iba a hacerlo, cómo si realmente no costase ningún
trabajo; cómo si alguien pudiera mirar a la muerte a los ojos y
salir totalmente impune de ello, y ella nunca se había librado de
las cicatrices.
-Carla, estamos listos para que firmes
los papeles del alta.-La voz de Marco retumbó a través de la
puerta.
-Enseguida salgo.-El pelo tendría que
aguantar en una coleta hasta que llegara a su habitación, ya que su
prioridad ahora mismo era salir de allí.
Prácticamente corrió hacia el
mostrador y leyó los papeles lo más rápido que pudo antes de
estampar su firma en ellos.
-¡Vayámonos!.-Marco no pudo evitar una
carcajada cuándo sus dedos pequeños se cerraron sobre la manga de
su chaqueta y tiraba hacia afuera
-¿Te encantan los hospitales,
eh?.-Dijo él quitando el seguro a la nueva furgoneta que el seguro
le había proporcionado después de tres horas al teléfono, en esta
Carla no necesitaba ayuda alguna para subirse y casi estuvo a punto
de arrepentirse por haberla pedido. Observó por encima del techo del
coche cómo Sergio se detenía detrás de ellos y se fundía en un
abrazo absorbente con la enfermera que habían visto. Él le devolvió
la mirada sobre el hombro de ella.-¿Te espero?.-Articuló Marco sin
dejar que ninguna de sus emociones se expresara en su rostro, Sergio
negó levemente y él se montó a tiempo de escuchar la replica de
Carla
-Necesito una ducha, a estas alturas
seguro que huelo cómo un luchador de Sumo. Y tengo que ser la
personificación del desastre.-Dijo ella ahuecándose el pelo
-Estás bien.-Dijo él con una sonrisa
a la vez que el motor ronroneaba debajo de ellos.-¿Me estás
intentando decir que la única razón por la que me has atosigado
hasta que te he sacado de ahí era simplemente porque no te sentías
guapa?.-En ese momento Marco necesitaba encontrar una distracción,
algo que mantuviera su mente lejos del asesino que le perseguía los
talones, lejos del hecho de que Sergio, la persona que siempre había
utilizado como referente para no atarse a una relación se estuviese
enamorando e incluso lejos de la mujer a su lado, con su desconfianza
y con el hecho de haber estado a punto de perderla.
-No.-Refunfuñó ella.-Estar en un
hospital es como estar encerrada, no te dejan moverte, no te dejan
tener armas...-Marco se giró hacia ella con tanta rapidez que los
músculos de su cuello se tensaron en protesta.-Era broma.-Susurró
ella, pareces tan ensimismado que pensé que no me escuchabas
-Lo siento, solo abrumado...
-¿No eres de los que se abruma con
facilidad, verdad?.-Dijo ella ladeándose para poder observarle
desde su posición
-¿Qué te hace pensar eso?.-Marco
sabía que era transparente para la mayoría de las personas, y nunca
le había importado ya que tampoco tenía interés en ocultar nada
pero una cosa era que le gustara ir con la verdad por delante y otra
que se la tiraran a la cara
-Pareces fuera de tu elemento.-Dijo
ella encogiéndose de hombro
-Seguro que tú llevas muy bien lo de
estar abrumada.-Marco sabía que su sarcasmo había sido demasiado
duro y estaba a punto de disculparse pero ella le interrumpió
-No lo sé, nunca lo he estado.-Él no
podía haber estado más sorprendido aunque a ella le hubieran
crecido dos cabezas
-¿Eres un robot?.-Dijo con
incredulidad
-No, pero nunca pierdo el control.-El
orgullo se coló a través de sus palabras y él no pudo evitar
sonreír
-Algún día lo perderás.-Aseguró él.
Y yo estaré allí para verlo deseó decir pero no sabía sí ella se
lo tomaría cómo una amenaza.
Sorprendentemente alguien parecía
haberse tragado a los coches de toda la ciudad y haber cambiado los
semáforos para que todos estuviesen en verde, de hecho si se hubiese
separado en algún momento de Carla habría estado seguro de que ella
había amenazado a alguien importante.
Por lo que en cuestión de minutos
estaban deteniéndose frente a su casa con Carla saltando del coche.
-Me pido la ducha primero.-Exclamó
ella en cuánto Marco abrió la puerta.
-Podemos ducharnos a la vez.-Dijo él
poniendo los ojos en blanco.-El sistema de la casa permite que ambos
tengamos agua caliente a la vez
-Mejor.-Carla corrió literalmente
hasta su habitación y segundos después el agua de la ducha llenó
sus oídos, Marco no pudo evitar la sonrisa que tiraba de la comisura
de sus labios mientras se dirigía al cuarto de baño.
Marco se sirvió un vaso de agua fría
con hielo y lo bebió de golpe hasta que la cabeza le dolió, volvió
a rellenarlo y se sentó en el sofá delante de la televisión
apagada.
Le había hecho falta estar debajo de
la ducha solo cinco minutos, y que sus músculos se relajaran para
que el sentimiento de pánico lo alcanzara por segunda vez en su vida
Sabía que sus compañeros, diablos,
sus amigos estaban expuestos constantemente al peligro; Sergio había
recibido un disparo delante suya y lo único en lo que su cabeza se
había centrado es en sacarlo de allí lo más posible y estar con
Julia había sido demasiado sencillo ya que la mayor parte del tiempo
estaba en la oficina, sin embargo, no estaba seguro de que de haberla
visto en peligro habría sentido lo mismo que cuando se despertó
después del accidente justo para ver como Carla se desmayaba en los
brazos de Sergio. En ese momento, había sentido auténtico pánico
agarrando su alma entre sus garras y apretando hasta dejarle sin aire
Y sus pensamientos vagaron sin control
hasta la primera vez que había sentido ese monstruo en su cabeza...
Era increíble la forma en que su memoria había guardado hasta el
más mínimo detalle, el sonido de la lluvia que caía sobre las
tejas de los techos de las entradas para luego deslizarse hasta el
suelo, el frío que le había calado los huesos, y luego...el color
de la sangre diluida con el agua de los charcos...
-Marco.-La voz de Carla sonó demasiado
cerca, elevó el rostro hacia ella con las pupilas dilatadas. Estaba
a pocos pasos de él, vestida con un camisón de algodón celeste y
el pelo mojado pegado al rostro. Ella le miraba con cautela, cómo si
hubiera notado que algo había cambiado en él; supo que no podría
soportarlo si alguna vez ella le miraba con miedo.
-Creo que será mejor que vaya a
dormirme.-Dijo él estirándose para dejar el vaso de agua sobre la
mesa y levantándose.
-Marco.-Sus dedos se cerraron
débilmente sobre su muñeca justo cuándo pasaba a su lado y sin
embargo ese contacto fue suficiente para detenerle en seco, ella
sintió el calor de la mirada de él por todo su rostro, desde los
labios hasta las cejas, pasando por sus pecas solo para volver a sus
labios.
La mano de Marco se cerró sobre su
nuca sin que ella lo hubiera previsto y tiró de ella hacia él a la
vez que se inclinaba.
Sus labios atacaron a los suyos como si
fueran el aire que necesitaba para subsistir, el pulgar de su mano
acariciando su mandíbula instándola a abrirse para dejar pasar su
lengua.
Carla lo había sabido, sabía que
había una parte de ella que ardía con la misma o incluso con mayor
fiereza que Marco, y cuándo él la besó por primera vez aquella
parte había abierto un ojo pero no se había molestado en intentar
salir de su cueva sin embargo ahora salía al encuentro de Marco con
uñas y dientes.
Se puso de puntillas a la vez que sus
manos se cerraban en dos puños sobre el pelo de Marco, tuvo el vago
pensamiento de que era más suave de lo que esperaba, más suave de
lo que cabría esperar de alguien como él; pero este pensamiento
quedó anulado cuándo él dobló las rodillas y la alzó como si no
pesara nada y ella le rodeaba las caderas con las piernas intentando
introducirse dentro de su piel.
- “Estás perdiendo el control”.-Le
gritó una voz masculina en su mente, una voz que no supo identificar
como la de su padre o la de su hermano porque Marco había comenzado
a morderle suavemente el cuello y ella estaba demasiado abrumada
-Si quieres que pare sería un buen
momento para decirlo.-Dijo él comenzando a andar con ella en sus
brazos
- “No te dejes dominar por
instintos”.-Carla emitió un sonido parecido a un sollozo y dejó
que sus labios vagaron entre la curva del cuello de Marco y su
hombro, tal vez su olor era capaz de alejar todos aquellos
pensamientos...
Marco abrió la puerta de una patada y
dejó que Carla descendiera lentamente por su cuerpo hasta el suelo;
sus dedos se dirigieron a los botones centrales del camisón, ¿le
temblaban las manos?; a él nunca le habían temblado las manos, ni
siquiera en aquel callejón...
La Carla de hacía tan solo unas
semanas no habría sido capaz de distinguir el momento en el que
Marco se retraía, en el que sus besos se hacían más fríos y sus
manos dejaban de atraerla para simplemente sujetarla; pero la Carla
que había vivido desde su adolescencia encerrada, que había
contemplado con envidia a las parejas con las que se cruzaba por la
noche y que se permitía soñar con una historia de amor lo supo al
instante.
Se sacó el camisón por encima de la
cabeza siendo totalmente consciente de que debajo sólo llevaba unas
braguitas de algodón, los ojos de Marco revelaron una emoción que
ella no supo identificar...¿Admiración?, pero la perdió de vista
mientras él se quitaba su propia camiseta y para cuándo volvió ya
no estaba allí.
Carla retrocedió hasta que la parte de
atrás de sus rodillas tocó la cama y ni siquiera mientras se
tumbaba su mirada perdió la de Marco y cuándo él cubrió su cuerpo con el suyo su peso consiguió anclarla a la realidad.
Él le sostuvo el rostro entre sus
manos y la contempló, la miró cómo si fuera una bonita obra de
arte o cómo si quisiera ver toda su alma antes de besarla.
- “Relájate y muere”.- Carla tiró
de los pantalones de Marco hacia abajo cómo si se le fuera la vida
en ello a la vez que se quitaba la única prenda que la separaba de
su decisión
-¿Estás segura?.-Dijo él dejando un
reguero de húmedos besos desde su cuello hasta su cadera para luego
subir por uno de sus brazos, ¡aquel hombre estaba adorándola!
-Si.-Dijo agarrándose a sus hombros y
enredando las piernas alrededor de sus caderas.
Era irónico que su vida había sido un
entrenamiento constante, una preparación para evitar morir, y sin
embargo cuándo Marco penetró en su cuerpo nada de ello le sirvió,
nadie le había dicho que en ese mismísimo momento podría ver cómo
toda su vida se enredaba sobre sí misma en una nube negra que
estalló haciendo que viera estrellas detrás de los párpados
-Sálvame.-Susurró contra el hombro de
Marco, demasiado bajo para que él lo oyera y sin embargo él giró
su rostro hasta besarla en los labios.
-Lo intento.-Dijo contra ellos antes de
entrelazar sus dedos y dejar que su mundo también se derrumbaba y que ella lo sostuviera.
Carla lo rodeó con piernas y brazos
mientras él aún temblaba, ella nunca había sostenido
a nadie, nunca había consolado a nadie y nunca había hecho el amor
y últimamente todo estaba cambiando. Esa sería razón suficiente
para sentirse abrumado pero cuándo Marco giró hasta quedar sobre su
espalda y la instó a dejarse caer en su hombro por primera vez en toda su vida se durmió sin ningún
pensamiento más en su cabeza.

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