miércoles, 16 de octubre de 2013

Capitulo 12 La caja de los secretos

Capitulo 12. “Y vuelve en forma de tsunami”

Su padre tenía la teoría de que todos tenemos un mecanismo de autodefensa en nuestro interior, y se había encargado de desarrollar el de Carla durante años...
Noche tras noche se colaba en su habitación y le vaciaba un cubo de agua helada sobre la cabeza sin importar que estuvieran en Enero o en Agosto, hasta que finalmente ella había sido capaz de despertarse incluso antes de que él entrase en su habitación.
Por eso cuándo en medio de la niebla espesa que la rodeaba se dio cuenta de que se había desmayado, de que era una presa fácil todos su niveles de alerta se dispararon.
Sergio agarró su brazo en el momento en el que ella se sentaba de golpe en la cama.
-Estas bien Carla, estás bien.-Consiguió gritarle por encima de los latidos de su corazón que amenazaban con dejarla sorda
-Me he desmayado.-Dijo ella aún con su mirada enfocándose a la habitación blanca
-Si pero estas bien, estás a salvo.-Sergio tuvo que utilizar toda su fuerza para conseguir tumbarla de nuevo
-¿Por qué no estás con Marco?.-Le incriminó ella. Él hizo una mueca antes de contestar
-Porque cuándo fui a verle hace media hora se puso como un energúmeno diciendo que podías despertar sola y desorientada en cualquier minuto.-Explicó él con exagerada paciencia. Marco había tenido razón, si Segio no hubiese estado ahí ella probablemente hubiera terminado confundiendo el pasado con el presente, pero ahora no debía pensar en ello...
-¿Está despierto?, ¿ya?
-Si, todo parecía peor porque él se golpeó la cabeza cuándo el coche volcó, pero los médicos os han revisado a ambos y aparte de algunas contusiones estáis como dos robles...Ya lo dicen, hierba mala nunca muerte.-La puerta se abrió lentamente con un chirrido y una mujer de pelo rubio atado en una pulcra coleta asomó su cabeza dentro
-¿Está despierta?.-Susurró poniendo una mano sobre el hombro de Sergio, para Carla no pasó desapercibido como él le dio un suave apretón antes de contestar
-Si, desde hace unos minutos pero estaba bastante confundida, parecía a punto de matar a alguien
-Suele pasarle a los policías.-Si ella supiera...

Carla consiguió dormir dos horas seguidas en todo el día. Odiaba los hospitales y estar atada al gotero, aún así se dedicó a contemplar el techo mientras Sergio intentaba darle conversación y ella esquivaba cualquier preguntar personal; al final consiguió que él se durmiera alrededor de las dos de la mañana así que tuvo tiempo de sobra para preguntarse que narices había pasado.
Sergio le había dicho que alguien había colocado un dispositivo en una alcantarilla que pinchó las cuatro ruedas a la vez y que por mucho que la policía se introdujo en la red de alcantarillado no consiguieron encontrar una pista, así que ahora estaban revisando cámaras de seguridad cercanas a las posibles entradas...Lo que implicaba un gran gasto de tiempo y personal.
Carla estaba comenzando a sentirse bloqueada, había estado casi segura de que el asesino tenía conocimientos médicos pero cualquier persona no puede entrar en las alcantarillas sin más, ¿verdad?.
Marco cortó la linea de sus pensamientos a las seis de la mañana cuándo se deslizó en su habitación vistiendo su ropa.
-¡¿Por qué estás andando por ahí y con tu ropa y yo estoy aquí?!.-Le gritó Carla despertando a Sergio de un sobresalto.-Se suponía que eras tú el medio muerto
-Vaya, veo que te alegras de verme
-Creo que no me he alegrado tanto de ver a alguien nunca antes.-Dijo Carla reacomodando la almohada a su espalda. Marco se detuvo a medio camino entre la cama y la puerta; ella probablemente lo había dicho sin ser consciente de ello y Marco estuvo a punto de dar un salto de alegría porque por fin ella comenzaba a parecer humana.-Ahora sácame de aquí.-Exigió ella cruzando los brazos en el pecho y haciendo un mohín.
Marco tuvo que reprimir todas sus ganas de reír hasta que las costillas le dolieran; su pequeña compañera, aquella que descubría si alguien le mentía con un simple vistazo, que le había inmovilizado en una lucha y de la que todo el mundo decía podía montar una pistola más rápido que cualquier otro policía, ¡estaba teniendo un berrinche!. Aquella mujer iba a matarle.
-Quiero asegurarme antes de que estás bien.-Dijo él en un tono que no dejaba lugar a replicas, pero claro... Carla era Carla...
-¡Dios santo!, no fui yo la que sufrí una parada cardíaca. ¡Mi propio padre me daba golpes mucho peores que ese!.-El silencio se instauró en la habitación. Marco sintió como sus manos se cerraban en dos puños palpitante, Sergio miró a Carla con incredulidad antes de clavar su vista en un hilo suelto de su camiseta cómo si fuera la cosa más interesante del mundo.
Carla se quedó mirando a Marco, sus ojos desenfocándose mientras parpadeaba lentamente. Acababa de decirlo, acababa de dar un dato sobre su vida y se sentía cómo si hubiese tirado del principio del hilo que formaba el ovillo de su vida.
-¿Cómo está mi paciente favorito?.-La puerta se abrió suavemente y la pequeña enfermera rubia trotó dentro de la habitación antes de detenerse abruptamente y mirarlos a todos.-¿Mal momento?.-Dijo mirando directamente a Sergio.
-¿Vienes a darle el alta?.-Dijo Marco girándose hacia ella
-Si, claro.-Dijo ella.-Vamos a dejarte sola para que te cambies.-Y con un gesto muy maternal aunque mandón consiguió que los dos hombres salieran en cuestión de segundos.
Carla se concentró en ajustar los pantalones de deporte gris y la sudadera rosa que Sergio le había comprado en la tienda de abajo después de que Marco amenazara con hacerle tener horas extras si la abandonaba en algún momento.
Los pensamientos vibraban en el fondo de su cabeza como un enjambre de abejas de las que no podía escapar pero a las que tampoco quería prestar atención, porque al fin y al cabo todo se reducía a una pregunta...¿Era ella capaz de ser humana?, ¿era capaz de tener sentimientos y más importante aún dárselos a otra persona?.
Marco era y siempre sería el hombre que la haría suspirar, por su fuerza, por su alegría, por su bondad y porque para él el mundo de los sentimientos parecía demasiado fácil.
A Carla le temblaban las rodillas simplemente por reconocer que alguien le caía bien y Marco cada día de una forma u otra le hacía saber a los demás que estaba ahí para ellos. A Sergio con una palmadita en la espalda y un intercambio de miradas, a David compartiendo un café con él y dejándole hablar de cualquier cosa que necesitara, a Julia vigilándola desde la distancia ya que es lo máximo que ella le permitía...¿Y a Carla?
El primer día había sido cómo si ella no fuera más que un medio que tenía que soportar para llegar a un fin, pero después de unas cuántas horas la había cargado hasta su cama, le había ahorrado el dinero de un hotel y durante los días siguientes se encargó de que ella estuviera lo más cómoda posible.
Haciendo de intermediario cuándo Julia lanzaba sus garras sobre ella, distrayendo a David de sus intentos de seducción, animándola a descubrir el asesino... Esto último había sido realmente importante para ella porque todo el mundo daba por hecho que iba a hacerlo, cómo si realmente no costase ningún trabajo; cómo si alguien pudiera mirar a la muerte a los ojos y salir totalmente impune de ello, y ella nunca se había librado de las cicatrices.
-Carla, estamos listos para que firmes los papeles del alta.-La voz de Marco retumbó a través de la puerta.
-Enseguida salgo.-El pelo tendría que aguantar en una coleta hasta que llegara a su habitación, ya que su prioridad ahora mismo era salir de allí.
Prácticamente corrió hacia el mostrador y leyó los papeles lo más rápido que pudo antes de estampar su firma en ellos.
-¡Vayámonos!.-Marco no pudo evitar una carcajada cuándo sus dedos pequeños se cerraron sobre la manga de su chaqueta y tiraba hacia afuera
-¿Te encantan los hospitales, eh?.-Dijo él quitando el seguro a la nueva furgoneta que el seguro le había proporcionado después de tres horas al teléfono, en esta Carla no necesitaba ayuda alguna para subirse y casi estuvo a punto de arrepentirse por haberla pedido. Observó por encima del techo del coche cómo Sergio se detenía detrás de ellos y se fundía en un abrazo absorbente con la enfermera que habían visto. Él le devolvió la mirada sobre el hombro de ella.-¿Te espero?.-Articuló Marco sin dejar que ninguna de sus emociones se expresara en su rostro, Sergio negó levemente y él se montó a tiempo de escuchar la replica de Carla
-Necesito una ducha, a estas alturas seguro que huelo cómo un luchador de Sumo. Y tengo que ser la personificación del desastre.-Dijo ella ahuecándose el pelo
-Estás bien.-Dijo él con una sonrisa a la vez que el motor ronroneaba debajo de ellos.-¿Me estás intentando decir que la única razón por la que me has atosigado hasta que te he sacado de ahí era simplemente porque no te sentías guapa?.-En ese momento Marco necesitaba encontrar una distracción, algo que mantuviera su mente lejos del asesino que le perseguía los talones, lejos del hecho de que Sergio, la persona que siempre había utilizado como referente para no atarse a una relación se estuviese enamorando e incluso lejos de la mujer a su lado, con su desconfianza y con el hecho de haber estado a punto de perderla.
-No.-Refunfuñó ella.-Estar en un hospital es como estar encerrada, no te dejan moverte, no te dejan tener armas...-Marco se giró hacia ella con tanta rapidez que los músculos de su cuello se tensaron en protesta.-Era broma.-Susurró ella, pareces tan ensimismado que pensé que no me escuchabas
-Lo siento, solo abrumado...
-¿No eres de los que se abruma con facilidad, verdad?.-Dijo ella ladeándose para poder observarle desde su posición
-¿Qué te hace pensar eso?.-Marco sabía que era transparente para la mayoría de las personas, y nunca le había importado ya que tampoco tenía interés en ocultar nada pero una cosa era que le gustara ir con la verdad por delante y otra que se la tiraran a la cara
-Pareces fuera de tu elemento.-Dijo ella encogiéndose de hombro
-Seguro que tú llevas muy bien lo de estar abrumada.-Marco sabía que su sarcasmo había sido demasiado duro y estaba a punto de disculparse pero ella le interrumpió
-No lo sé, nunca lo he estado.-Él no podía haber estado más sorprendido aunque a ella le hubieran crecido dos cabezas
-¿Eres un robot?.-Dijo con incredulidad
-No, pero nunca pierdo el control.-El orgullo se coló a través de sus palabras y él no pudo evitar sonreír
-Algún día lo perderás.-Aseguró él. Y yo estaré allí para verlo deseó decir pero no sabía sí ella se lo tomaría cómo una amenaza.
Sorprendentemente alguien parecía haberse tragado a los coches de toda la ciudad y haber cambiado los semáforos para que todos estuviesen en verde, de hecho si se hubiese separado en algún momento de Carla habría estado seguro de que ella había amenazado a alguien importante.
Por lo que en cuestión de minutos estaban deteniéndose frente a su casa con Carla saltando del coche.
-Me pido la ducha primero.-Exclamó ella en cuánto Marco abrió la puerta.
-Podemos ducharnos a la vez.-Dijo él poniendo los ojos en blanco.-El sistema de la casa permite que ambos tengamos agua caliente a la vez
-Mejor.-Carla corrió literalmente hasta su habitación y segundos después el agua de la ducha llenó sus oídos, Marco no pudo evitar la sonrisa que tiraba de la comisura de sus labios mientras se dirigía al cuarto de baño.

Marco se sirvió un vaso de agua fría con hielo y lo bebió de golpe hasta que la cabeza le dolió, volvió a rellenarlo y se sentó en el sofá delante de la televisión apagada.
Le había hecho falta estar debajo de la ducha solo cinco minutos, y que sus músculos se relajaran para que el sentimiento de pánico lo alcanzara por segunda vez en su vida
Sabía que sus compañeros, diablos, sus amigos estaban expuestos constantemente al peligro; Sergio había recibido un disparo delante suya y lo único en lo que su cabeza se había centrado es en sacarlo de allí lo más posible y estar con Julia había sido demasiado sencillo ya que la mayor parte del tiempo estaba en la oficina, sin embargo, no estaba seguro de que de haberla visto en peligro habría sentido lo mismo que cuando se despertó después del accidente justo para ver como Carla se desmayaba en los brazos de Sergio. En ese momento, había sentido auténtico pánico agarrando su alma entre sus garras y apretando hasta dejarle sin aire
Y sus pensamientos vagaron sin control hasta la primera vez que había sentido ese monstruo en su cabeza... Era increíble la forma en que su memoria había guardado hasta el más mínimo detalle, el sonido de la lluvia que caía sobre las tejas de los techos de las entradas para luego deslizarse hasta el suelo, el frío que le había calado los huesos, y luego...el color de la sangre diluida con el agua de los charcos...
-Marco.-La voz de Carla sonó demasiado cerca, elevó el rostro hacia ella con las pupilas dilatadas. Estaba a pocos pasos de él, vestida con un camisón de algodón celeste y el pelo mojado pegado al rostro. Ella le miraba con cautela, cómo si hubiera notado que algo había cambiado en él; supo que no podría soportarlo si alguna vez ella le miraba con miedo.
-Creo que será mejor que vaya a dormirme.-Dijo él estirándose para dejar el vaso de agua sobre la mesa y levantándose.
-Marco.-Sus dedos se cerraron débilmente sobre su muñeca justo cuándo pasaba a su lado y sin embargo ese contacto fue suficiente para detenerle en seco, ella sintió el calor de la mirada de él por todo su rostro, desde los labios hasta las cejas, pasando por sus pecas solo para volver a sus labios.
La mano de Marco se cerró sobre su nuca sin que ella lo hubiera previsto y tiró de ella hacia él a la vez que se inclinaba.
Sus labios atacaron a los suyos como si fueran el aire que necesitaba para subsistir, el pulgar de su mano acariciando su mandíbula instándola a abrirse para dejar pasar su lengua.
Carla lo había sabido, sabía que había una parte de ella que ardía con la misma o incluso con mayor fiereza que Marco, y cuándo él la besó por primera vez aquella parte había abierto un ojo pero no se había molestado en intentar salir de su cueva sin embargo ahora salía al encuentro de Marco con uñas y dientes.
Se puso de puntillas a la vez que sus manos se cerraban en dos puños sobre el pelo de Marco, tuvo el vago pensamiento de que era más suave de lo que esperaba, más suave de lo que cabría esperar de alguien como él; pero este pensamiento quedó anulado cuándo él dobló las rodillas y la alzó como si no pesara nada y ella le rodeaba las caderas con las piernas intentando introducirse dentro de su piel.
- “Estás perdiendo el control”.-Le gritó una voz masculina en su mente, una voz que no supo identificar como la de su padre o la de su hermano porque Marco había comenzado a morderle suavemente el cuello y ella estaba demasiado abrumada
-Si quieres que pare sería un buen momento para decirlo.-Dijo él comenzando a andar con ella en sus brazos
- “No te dejes dominar por instintos”.-Carla emitió un sonido parecido a un sollozo y dejó que sus labios vagaron entre la curva del cuello de Marco y su hombro, tal vez su olor era capaz de alejar todos aquellos pensamientos...
Marco abrió la puerta de una patada y dejó que Carla descendiera lentamente por su cuerpo hasta el suelo; sus dedos se dirigieron a los botones centrales del camisón, ¿le temblaban las manos?; a él nunca le habían temblado las manos, ni siquiera en aquel callejón...
La Carla de hacía tan solo unas semanas no habría sido capaz de distinguir el momento en el que Marco se retraía, en el que sus besos se hacían más fríos y sus manos dejaban de atraerla para simplemente sujetarla; pero la Carla que había vivido desde su adolescencia encerrada, que había contemplado con envidia a las parejas con las que se cruzaba por la noche y que se permitía soñar con una historia de amor lo supo al instante.
Se sacó el camisón por encima de la cabeza siendo totalmente consciente de que debajo sólo llevaba unas braguitas de algodón, los ojos de Marco revelaron una emoción que ella no supo identificar...¿Admiración?, pero la perdió de vista mientras él se quitaba su propia camiseta y para cuándo volvió ya no estaba allí.
Carla retrocedió hasta que la parte de atrás de sus rodillas tocó la cama y ni siquiera mientras se tumbaba su mirada perdió la de Marco y cuándo él cubrió su cuerpo con el suyo su peso consiguió anclarla a la realidad.
Él le sostuvo el rostro entre sus manos y la contempló, la miró cómo si fuera una bonita obra de arte o cómo si quisiera ver toda su alma antes de besarla.
- “Relájate y muere”.- Carla tiró de los pantalones de Marco hacia abajo cómo si se le fuera la vida en ello a la vez que se quitaba la única prenda que la separaba de su decisión
-¿Estás segura?.-Dijo él dejando un reguero de húmedos besos desde su cuello hasta su cadera para luego subir por uno de sus brazos, ¡aquel hombre estaba adorándola!
-Si.-Dijo agarrándose a sus hombros y enredando las piernas alrededor de sus caderas.
Era irónico que su vida había sido un entrenamiento constante, una preparación para evitar morir, y sin embargo cuándo Marco penetró en su cuerpo nada de ello le sirvió, nadie le había dicho que en ese mismísimo momento podría ver cómo toda su vida se enredaba sobre sí misma en una nube negra que estalló haciendo que viera estrellas detrás de los párpados
-Sálvame.-Susurró contra el hombro de Marco, demasiado bajo para que él lo oyera y sin embargo él giró su rostro hasta besarla en los labios.
-Lo intento.-Dijo contra ellos antes de entrelazar sus dedos y dejar que su mundo también se derrumbaba y que ella lo sostuviera.
Carla lo rodeó con piernas y brazos mientras él aún temblaba, ella nunca había sostenido a nadie, nunca había consolado a nadie y nunca había hecho el amor y últimamente todo estaba cambiando. Esa sería razón suficiente para sentirse abrumado pero cuándo Marco giró hasta quedar sobre su espalda y la instó a dejarse caer en su hombro por primera vez en toda su vida se durmió sin ningún pensamiento más en su cabeza.



No hay comentarios:

Publicar un comentario