CAPITULO 17: “De familia y otros
animales”
-¡Oh, mierda!.-Masculló Marco
-Te enseñé a hablar mejor que
eso.-Riñó una voz desde el otro lado de la linea
-Lo siento mamá, estoy trabajando
-Bueno perdona que te moleste pero
creía que estaba en mi deber de avisarte de que estoy en tu casa
-¡¿Qué?!.-El coche dio un suave
bandazo mientras Marco aferraba el volante con fiereza
-No me habías dicho que estabas
saliendo con alguien, aunque bien podías haberle dejado espacio en
tu armario, no te preocupes ya lo he solucionado
-Mamá, no es mi...-El silencio se
instauró entre los tres por unos segundos mientras él miraba a
Carla de reojo inseguro.-Está bien, llegaremos ahí en quince
minutos
-Tu hermana está deseando verte
-Solo una cosa mamá, ¿Exactamente
cuánta familia te has traído?
-Casi todos cariño, te echábamos de menos
-Adiós.-Masculló él antes de colgar
bruscamente
El coche se detuvo lentamente en el
arcén antes de que Marco saliera y se apoyara contra el lateral del
capó. Carla no estaba muy segura de qué hacer por lo que se estiró
para pasar medio cuerpo por encima de la palanca de cambios y asomar
la cabeza por el hueco de la ventana, suponía que si Marco la
rechazaba al menos no se quedaría de pie junto al coche como una
estatua
-¿Estás bien?.-Susurró
-Sobreviviré.-Dijo él sin
mirarla.-Solo necesito algo de cafeína y tiempo
-Llévame a la cafetería en la que
estuvimos el primer día.-Pidió ella intentando distraerle, y al
parecer funcionó por la sonrisa que tiró de la comisura de sus
labios
-Te gusto su café, ¿eh?.-Dijo él moviendo la mano para que le dejase espacio.
Carla le observo mientras él daba una
vuelta de 180º al coche; un músculo palpitaba en su mandíbula y
sus ojos estaban entrecerrados, aunque más que furioso parecía
estar sufriendo un gran dolor.
Tardaron cinco minutos en cruzar la
ciudad, sin duda esa era una de las veces en las que era una
verdadera suerte que fueran policías porque a estas alturas deberían estar en la cárcel por las infracciones de velocidad cometidas.
La cafetería, al igual que la primera
vez, estaba rodeada de coches patrullas vacíos. Marco aparcó junto
a una furgoneta negra bastante destartalada y de la que Carla
sospechó era usada para las vigilancias.
-¡Cardone, por fin te dejas
ver!.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada por el grupo repantigado en la barra y que ella juraría estaba comprendido por
los mismos que ocupaban la barra la primera vez que habían ido allí.
-Se hace lo que se puede.-Dijo él con
voz amistosa pero con una mano en la parte baja de la espalda de
Carla la guío hacia una de las mesas más alejadas de allí
La cocinera estuvo sobre ellos casi al
instante con una enorme sonrisa en sus labios; un par de mechones se
habían escapado de su moño y tenía las mejillas sonrojadas, lo que
la hacía parecer mucho más joven-¿Qué queréis?
-Café.-dijo Marco
-Para mi también
-Tengo tu tarta preferida.-Susurró
ella agachándose levemente hacia ambos
-Hoy no.-dijo él pero Carla consiguió
ver el brillo en sus ojos aunque solo duro unos instantes
-Yo si por favor.-Dijo Carla
impulsivamente. Él la miró con una ceja enarcada pero Carla estaba
demasiado ocupada devolviéndole la sonrisa a la otra mujer
-Por supuesto.-Dijo ella
-¿Hace cuanto que no veías a tu
familia?.-Cuestionó ella
-Solo desde navidades pero prefiero ir
yo a verles que al revés
¿Por qué así puedes escapar cuándo
quieras?.-Carla lo había preguntado como una broma pero la expresión
seria de Marco le hizo saber que había dado en el clavo
-Ya estoy aquí.-Canturreó la cocinera
dejando dos tazas de café humeante y un plato entre ambos con un
gran trozo de tarda de chocolate con dos cucharas. Ella le guiñó
el ojo a Carla antes de marcharse y Carla tuvo que hacer acopio de
todas sus fuerzas para no reírse.
-Así que...háblame de ellos.-Pidió
Carla cortando un trocito pequeño de tarta y llevándoselo a la
boca.
-Ángela es la mayor, ahora mismo tiene
cincuenta y está instalada con su marido en Italia. La suya es una
de esas historias que marcan un antes y un después y que por un
momento te hacen creer que el amor es posible
-Pero tú no lo crees.-Dijo ella
rebañando un poco de glaseado que se amontonaba en el fondo del
plato
-Creo que solo es posible para algunas
personas, y sin ninguna duda Ángela es una de ellas. Luego está
Carlos, es uno de los abogados más reconocidos en Italia también,
la última vez que hablamos creo que cobraba quinientos euros la
hora.
-¡Oh!
-Exacto.-Marco sonrió un poco mientras
jugueteaba con la cuchara pasándola entre sus dedos.-Y Marga, ella
hizo danza y en este momento no se en qué famoso teatro de
ricachones se encontrará.
-¿Cuántos años tiene?
-Treinta y seis pero te aseguro que se
conserva como una chica de diecisiete. Luego estoy yo...
-El poli.-Dijo Carla y esta vez la
sonrisa de Marco fue de verdaderos hoyuelos.-Pensé que serías el
pequeño
-¿Qué?, ¡¿por qué?!
-Porque eres el más mimado sin duda,
solo hay que ver que como le hablaste a tu madre
-Deberías escuchar a Fabian.-Dijo
Marco llevándose a la boca una cuchara repleta de pastel. En ese
momento ocurrieron tres cosas a la vez, la boca de Carla se curvó en
una enorme sonrisa, Marco abrió los ojos enormemente y la risa de la
cocinera estalló por todo el local
-¡Adoro a esa mujer!.-Estalló ella
-Bruja.-Murmuró Marco limpiándose la
boca con una servilleta y dejando la cuchara a un lado
-¡Oh, vamos!.-Gruñó ella.-Todo este
rato dándote conversación y ¿ahora vas a decirme que el sabor del
chocolate no te ha tentado para un segundo bocado?
-¿Así que toda esta conversación era
para conseguir que te ahorre unas calorías?
-En realidad no, me gusta saber a qué
me enfrento.-Dijo ella guiñándole un ojo y tomándose otro trozo,
él pareció meditar sus opciones antes de volver a hablar
-Entonces vamos por Fabian, te sacara
de tus casillas en cuestión de segundos. Es impertinente cómo nadie
más y ha hecho de ello una profesión
-¿Es interrogador?.-Dijo Carla
asombrada
-Persigue morosos.-Carla no pudo evitar
la carcajada que recorrió su cuerpo y un par de policías se giraron
para mirarla con curiosidad.
-Y Bea, ella estudia psicología,
aunque aún va a la universidad. Probablemente sea la segunda en
perseguirte para hacerte preguntas
-No se me da bien que me hagan
preguntas.-Dijo Carla dándose cuenta por primera vez lo que iba a
suponer tener a la familia de Marco cerca
-Ya contaba con ello
-Me puedo ir a un motel
-Es una buena solución si quieres que
mi madre me degolle, pero están acostumbrados a qué yo no sea muy
comunicativo así que no es nada nuevo
-Hay algo que no entiendo.-Dijo Carla
esforzándose por sonar desenfadada a la vez que intentaba hacer un
barquito con una de las servilletas
-Y seguro que vas a decírmelo...
-Hablas de ellos como si fueran la
mejor familia del mundo, es evidente que vuestros padres han hecho de
todos sus hijos unos triunfadores pero además os han mantenido
unidos pero pareces aterrado de tenerles en tu casa.-Carla se esforzó
en mirarle aún cuándo sabía que la expresión de Marcos sería la de alguien
enfadado
-Al crecer nos separamos y ahora no es
lo mismo
-Yo también crecí, y me separé de mi
hermano y aún así no puedo evitar desear tenerle a mi lado aún
cuándo sé lo que quiere hacerme
-¿Siempre tienes que saberlo
todo?.-Cortó él levantándose de golpe. Las patas de las sillas
arañaron el suelo y los pasos de Marco al salir de la cafetería
fueron como una estampida.
Carla contuvo la respiración hasta que
los pulmones comenzaron a dolerle y su garganta protestó con la
primera inspiración pero aún así el motor del coche no sonó en
los minutos siguientes.
Se obligó a levantarse con una calma
que no sentía y girarse lentamente solo para encontrarse cara a cara
con la cocinera de la que acababa de darse cuenta no sabía el nombre
-Mary.-Dijo ella como leyéndole el
pensamientos
-Gracias por la comida Mary.-Dijo
Carla forzándose por sonreír
-A veces los hombres son un poco
estúpidos.-Dijo ella en voz baja, como si compartiesen un secreto
muy importante
-¿Solo a veces?.-Dijo ella
arrancándole una carcajada
-Cariño todos los polis hablan de
ti.-Dijo ella colocándole un mechón de pelo tras la oreja. Carla
sintió como la piel se le erizaba allí dónde ella la había tocado
de la misma forma que siempre hacía su madre.-Eres una persona
estupenda que vas a librarnos a muchas mujeres del miedo a dormir sin
mirar bajo la cama, si Marco no es capaz de ver eso es que es más
tonto de lo que yo pensaba
-Todos tenemos nuestros secretos y
nuestras causas.-Dijo Carla encogiéndose de hombros
-Los secretos son una carga muy pesada
cuándo uno los soporta solo.-Ella estaba a punto de remarcar que
sabía bien de lo que hablaba pero prefirió dedicarle una sonrisa
que no sentía antes de dirigirse a la puerta.
-Hoy tenemos una imagen de Carla cuándo era adolescente-

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ResponderEliminarÁnimo, a seguir escribiendo.