CAPITULO 24: Vuelta al mundo real
Carla llevaba tres cuartos de horas
parada en la camioneta frente a la casa de Marco, había visto como
la oscuridad cubría el cielo y las luces se encendían dentro de la
casa; la actividad ascendía para luego volver a caer, era curioso
como en las últimas horas del día el mundo parecía ir más rápido.
Unos golpes en el cristal del copiloto
la hicieron saltar sobre si misma, su mano buscando a tientas la
pistola en su cadera. Bea la saludó desde fuera y le pidió permiso
por señas para entrar, y Carla se descubrió dándoselo porque
apreciaba su compañía.
-Pensaba que después de quince minutos
no serías capaz de aguantar el frío y entrarías pero se ve que
tienes más aguante de lo que pensaba.-Dijo ella extendiendo una
manta grisácea para cubrir las piernas de ambas.
-¿Quién sabe que estoy aquí?.-Quiso
saber ella
-Solo yo, probablemente porque soy la
única a la que también le gusta pensar en el coche. A veces tiene
que venir mamá a buscarme porque se me ha olvidado a dónde
iba.-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Cómo lo haces?.-Dijo Carla
-¿Olvidarlo?. Es fácil, yo...
-No, me refiero a llevar tu corazón en
las manos.-Por un instante los ojos de Bea recorrieron su rostro como
si la viera por primera vez.
-Mi vecina también solía decirme eso,
decía que en eso Marco y yo éramos iguales. Recuerdo que miraba a
Marco, todo hostilidad, ceño fruncido y pensaba que yo no quería
ser así.-Una sonrisa inconsciente se extendió por su rostro y su
mirada se perdió en el horizonte.-Me avergüenza decir que lo
entendí demasiado tarde, ¿sabes?.
-¿Qué entendiste Bea?.-Dijo Carla y
de repente era como si Bea fuera la más mayor de las dos y estuviera
intentando enseñarle una lección muy importante.
-Que la vida rompió su corazón, y lo
sé porque cuando alguien te lo rompe te enfadas, gritas, lloras e
incluso odias a esa persona pero luego no queda nada del recuerdo.
Sin embargo, cuando la vida es quién te rompe el corazón no tienes
nadie a quién culpar, no tienes con quién enfadarte, y no puedes
sacarlo de tu sistema.
-No puedes amar-Aventuró Carla
-Oh, no. Marco es muy capaz de amar, de
hecho, te ama.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada histérica
y explicarle a Bea que su hermano estaba muy lejos de pensar en ella
como algo más que una compañera con la que se había acostado pero
ella volvió a interrumpirla.-Solo que tú no eres como las otras y
no te conformas con un solo pedacito de su corazón.
-Las relaciones son difíciles, la
gente se hace daño.
-A veces sin querer.-Dijo Bea y ella no
tuvo el coraje de contradecirla.
-Si, a veces sin querer.-Ambas se
quedaron en silencio mirando la oscuridad ante ellas durante unos
minutos.
-Marco dijo que tu hermano murió, me
hubiese gustado conocerle.-Dijo ella con una sonrisa dulce
-Créeme, a él también le hubiese
encantado.-De hecho, Alex se pondría el disfraz de lobo feroz al
instante.-Pero, ¿por qué querrías eso?
-Porque me cuesta pensar que pueda
existir alguien más como tú.
-Pero Alex no es, no era como yo
-Háblame de él.-Pidió ella. Era la
primera vez que alguien le pedía algo así y fue más liberador de
lo que esperaba. Podía decir lo que quisiera, que sería todo lo que
Bea recordaría, no habría ese enorme neón rojo diciendo
“PSICÓPATA” por encima de cualquier palabra que ella pudiera
decir.
-Él era cuatro años más pequeño que
yo. Y solía ser como todos los hermanos pequeños, quisquillosos,
algo mandones...-Bea sonrió soñadoramente.-Aunque Alex siempre
parecía estar triste, incluso cuando era un bebé nunca lloraba pero
tenía ese brillo apagado en sus ojos.
-¿Por qué estaba triste?
-Yo pensaba que era por mi madre, ella
murió durante el parto y ella nunca llegó a abrazarlo jamás, y
creo que él se culpaba un poco.-O al menos pensaba que sería así
si Alex pudiese sentir algo.
-¡Pero no era culpa suya!.-Exclamó
Bea, y su indignación era casi cómica.
-Lo sé pero es algo difícil de
explicar a un niño
-¿Y cuándo creció?
-Luego solo parecía haber amortiguado
esa tristeza y no sentir nada.
-Pero eso es imposible.-Dijo ella y
Carla se preguntó hasta que punto Bea iba a ser una buena psicóloga
si no era capaz de comprender lo que estaba intentando decir.
-Será mejor que entremos.-Dijo Carla
bajándose del coche
-Ojalá le hubiese conocido, de seguro
le haría hecho reír.-Dijo Bea enganchando su brazo con el suyo.
-Seguro que si.-Dijo Carla al tiempo
que abrían la puerta.
Marco se detuvo en la que debía ser su
centésima vuelta en redondo por el salón con el móvil en la mano.
-Por fin.-Exclamó Fabian ganándose
una mirada glacial de Marco.-Pensé que no podría ver el final de la
película tranquilo.-Bea la soltó y trotó hasta el sofá junto a su
hermano. Marco y Carla se miraron desde extremos opuestos de la
habitación, evaluando la situación, calculando el humor del otro;
Carla no quería saber que había sucedido con Julia y sin embargo se
encontró haciendo la pregunta con sus ojos
-Te he guardado algo de cena en el
horno aunque Marco dijo que a lo mejor habías cenado ya.-Dijo Andrea
arrastrando cada sílaba
-Lo siento, me ha invitado a cenar
nuestro inspector.-Mintió. Cruzó el salón hacia la habitación, la
mirada fija en el suelo, sus pies acelerándose a cada segundo
intentando ganar unos segundos más antes de tener que enfrentarse al
hecho de que Marco prefiriera a Julia por encima de ella. De repente
Marco se estiró levemente, un mínimo roce del dorso de su mano
contra la suya y ¡BUM!, los latidos de su corazón ya resonaban en
sus oídos, sin embargo, no se detuvo, no sabiendo que si le miraba
no sería capaz de mantener la fachada.
Cerró la puerta del dormitorio tras
ella y quitarse la ropa al tiempo que se dirigía al cuarto de baño
y abría el grifo de la ducha. Se lavó los dientes mientras la
habitación se iba llenando de vapor y sólo entonces entró en la
ducha.
Estiró la mano por una manopla, la
lleno de jabón y comenzó a frotar con fiereza su piel, hasta que
ésta se fue enrojeciendo bajo su toque.
La cortina fue empujada al lado y Marco
cerró sus manos en torno a sus muñecas mientras daba un paso al
frente y entraba en el cubículo. La manopla hizo un sonido sordo al
resbalar entre sus dedos hasta el suelo.
-Tranquila.-Dijo él atrayendola contra
su cuerpo, parecía más alto que nunca cuando Carla dejó caer la
cabeza contra la curva de su cuello, dónde la camisa blanca se
pegaba a su cuerpo por el agua que caía sobre sus cabezas.-Dime qué
pasa.-Pidió él y ella negó suavemente, sus brazos cerrándose más
fuertemente en torno a su cintura.-Por favor.-Pidió él. Carla sabía
que debía explicarle todo y quería hacerlo pero no podía
explicarle el peso que Sergio llevaba sobre sus hombros y mucho menos
que hacía tan solo unas horas Alex había intentando matarla.
-He tenido un mal día.-Susurró ella
-Y supongo que yo no he hecho nada para
mejorarlo.-Suspiró él. Marco se alejó para agarrar su rostro entre
sus manos.-Carla, lo siento. Lo siento de verdad, estoy demasiado
acostumbrado a cuidar de Julia, que no me paré a pensar que solo
estaba sobreactuando como siempre.
-Está bien.-Dijo ella. Marco la separó
lentamente de su cuerpo y se estiró por el gel, aún vestía un
pantalón de trabajo y la camisa blanca que había llevado esta
mañana solo que ahora toda su ropa estaba empapada.
Se arrodilló en poco espacio que les
dejaba el cubículo y la instó a levantar uno de sus pies y apoyarlo
contra su muslo, extendió el jabón con movimientos circulares,
lentos y que milagrosamente fueron descargando sus músculos.
Para cuando pasó a la segunda pierna
Carla tenía la certeza de que debía soltar algo de lo que llevaba
dentro o acabaría por explotar, echó la cabeza hacia atrás hasta
que su nuca tocó la pared de azulejos y se encontró mirando el
techo.
-Hoy le he visto.-Susurró. Al
principio pensó que él no la había escuchado pero unos segundos
después sus manos se detuvieron a la altura de sus rodillas.
-¿A quién?.-dijo él distraídamente.
Carla cerró los ojos con fuerza, preguntándose qué quería
compartir.-¿A quién, Carla?.-Dijo él, esta vez algo más
preocupado.
-Al asesino.-Dijo y ni las millones de
gotas ardiendo que caían sobre su cuerpo evitaron el escalofrío que
la recorrió. Marco se puso de pie al instante, y aún cuándo no lo
veía podía adivinar sus hombros erguidos, el ceño fruncido entre
sus cejas...
-¿Cuándo?.-Las palabras escaparon
entre sus dientes apretados.
-Esta mañana, frente al parque de la
casa de la hermana de la víctima. Nos vimos, le perseguí y le perdí
-¿Le perseguiste?.-Preguntó él con
incredulidad y con el suficiente tono de reproche como para que ella
lo notase.
-Si, es más rápido de lo que pensaba
-¿Por qué no me lo has dicho?.-Dijo
él ofendido y dio un paso atrás para salir de la ducha.-Debemos
avisar
-¡¿Qué?!, ¡NO!.-Carla se apresuró
a sujetar su brazo.-Marco, ¡no!
-¿Por qué?.-Y había algo en su voz
que le decía que o se inventaba la mejor excusa del mundo o iba a
poner a toda la ciudad patas arriba en cuestión de segundos.
-Porque es un juego, para él es un
juego. Ahora mismo no estará en la calle y poner a alguien a
buscarle es perder recursos. Esta jugando con la comida.
-¡Qué alentador!.-Dijo él pero
cuando Carla tiró de nuevo hacia dentro de su brazo no se resistió.
Ninguno dijo nada cuando Carla abrió los botones de su camisa uno a
uno a la vez que sacaba el dobladillo del pantalón, ni cuando
desabrocho sus pantalones y cayeron al suelo. Ni siquiera cuando
Carla le lavó con la misma dulzura que él lo había hecho, porque
lo necesitaba, porque había una intimidad en el hecho de estar
frente a alguien desnudo, dejarle explorar tu cuerpo que ni siquiera
estaba presente durante el sexo.
Ella se encontró inundada por la paz,
sabiendo que había sobrevivido a un día horrible y se inclinó
hacia delante dejando que él la abrazara durante lo que parecieron
horas.
-Creo que deberíamos salir.-Dijo él
cuando las primeras gotas de agua fría cayeron sobre su piel. Marco
cerró el grifo y se estiró por una toalla con la que la enrolló
antes de levantarla en brazos y sentarla sobre la tapa del váter.
-No te duermas.-Dijo él. Carla le vio
secarse con movimientos enérgicos y vestirse a toda velocidad
mientras ella apenas era capaz de frotar lentamente sus pies. Marco
salió de la habitación antes de volver con un pantalón del pijama
y una camiseta suya. -Déjame a mí.-Dijo él y comenzó a secarla
como si tratara a una valiosa pieza antes de ayudarla a ponerse el
pijama.-Vamos.-Pasó un brazo por debajo del hueco de sus rodillas y
otro por su espalda antes de alzarla contra su pecho y llevarla
hacia la cama.
-No me creo que haya terminado este
día.-Balbuceó ella y sus ojos se cerraron casi al instante, escuchó
a Marco contestarle pero estaba demasiado cansada para oírlo. Pero
tan solo un segundo después un ruido insoportable se coló por sus
oídos. Emitió un sonido bajo y se giró intentando silenciarlo y
volver a dormir.
-Creo que es el tuyo.-Susurró Marco
teniéndole su teléfono que efectivamente estaba iluminado.
-Diles que estoy salvando el
mundo.-Farfulló ella causando la carcajada de él.
-No te llaman, creo que es una alarma.
Pone algo así como GN27.-Dijo él apagando la alarma. Carla abrió
los ojos, un poco más despierta que antes.
-Necesito que me lleves al aeropuerto
mañana, tengo una cita médica que concerté hace tiempo y no puedo
cancelar.-Dijo casi sin respirar
-Está bien, ¿a qué hora necesitas
llegar?
-A las once y media estaría bien.-Dijo
ella girándose para darle la espalda
-Bien, me pondré la alarma.-Dijo él y
unos segundos después su brazo rodeaba su cintura.
-Te...-Carla cerró los ojos con fuerza
cuando las palabras estuvieron a punto de salir de sus labios.
-¿Te...?.-Dijo él
-Te lo agradezco.-Susurró ella y la
mentira le quemó la garganta.





