CAPITULO 18: Que alguien agarre a los
perros
Carla inspiró profundamente antes de
bajarse del coche y tuvo que meter las manos en los bolsillos para
ocultar su temblor. Ella no estaba segura de si las circunstancias de
su vida hubieran sido distintas tal vez su carácter hubiese sido
otro pero lo cierto es que eran las que eran y Carla no podía vivir
sin hacer preguntas, sin intentar descubrir todo una vez veía el
principio de un secreto.
Por esta razón había perdido algunas
personas en su vida, al igual que por el hecho de tener sus propios
secretos y hasta ahora no le había importado demasiado, pero claro,
con Marco las cosas nunca eran como solían serlo
-Dame fuerzas.-Susurró Marco por
primera vez desde que habían salido de la cafetería.
Lo primero que Carla pensó fue que les
habían robado, y luego que acababa de identificar quién era
Fabian... De pelo rubio y de punta estaba sobre la mesa baja de
madera del salón haciendo un extraño baile que le hacía parecer
un pequeño diablillo
-Espero que te hayas subido a esa mesa
porque hay un escorpión en el suelo...-La voz de Marco consiguió
acallar todos los sonidos provenientes de la casa. Si por un solo
instante ella había pensado que estaba ligeramente molesto su tono
no dejo lugar a dudas de su enfado
-Y ahí está mi hermanito el
gruñón.-Carla apenas atisbó a ver a la pequeña sombra que se
lanzó sobre Marco en cuestión de segundos y se quedó colgando de
su cuerpo rodeandole con manos y brazos cuál Koala en un árbol.
Tenía una enorme melena rubia algo
despeinada, gafas redondas que se le resbalaban por la nariz y
mejillas sonrojadas. No tenía el tipo de belleza convencional que te
hacía imaginártela en una gran pasarela pero sin embargo era algo...
el sentimiento que emanaba de su cuerpo que te impedía apartar la
mirada.
Carla había conocido a muy pocas
personas así; es lo que alguien denominaría lo antepuesto a un
psicópata, seres con tantos sentimientos en su interior que parecían
a punto de estallar en cualquier momento pero que por lo general
pasaban desapercibidos para la mayoría...¿Por qué cómo podía
distinguir uno la luz si nunca había conocido la oscuridad?, ¿cómo
podía uno admirar a estas personas si nunca llegaba a encontrarse
con un psicópata?
-Me asfixias Bea.-Gruñó Marco
intentando zafarse de su agarre
-Se siente.-Dijo ella sacándola la
lengua aunque él no podía verla.
-Bea avergüenzas a la señorita.-Dijo
Fabian que se acababa de bajar de la mesa de un salto y avanzaba
hacia Carla con pasos saltarines.-Soy Fabian-Dijo haciendo una
reverencia frente a ella que habría avergonzado a la más alta
sociedad.
Entonces todo sucedió demasiado
rápido... Una mujer de unos cincuenta años con el pelo dorado
recogido en un moño salió de la cocina con una cuchara de palo en
la mano y una gran sonrisa, Fabian dio un paso atrás dejando algo
de hueco y Bea saltó sobre ella.
Carla abrió los ojos enormemente a la
vez que las rodillas le temblaban; era estúpido, medía el doble que
aquella chica y tenía la fuerza suficiente para apartarla de un
manotazo pero por alguna razón se sentía incapaz de hacerlo. La
respiración se le agitó y las manos comenzaron a sudarle; ¿acaso
quedaba algún síntoma más de que estaba entrando en pánico?
-Bea, déjala.-Carla evitó mirar a la
mujer que avanzó hacia ella a grandes pasos y agarró a su hija por
los hombros alejándola de ella
-Lo siento.-Dijo la chica estudiando sus facciones como si fuera una extraterrestre
-Yo...-Comenzó Carla
-Hoy nos hemos metido en un lío y nos
han dado una buena.-Cortó Marco con una voz que no dejaba lugar a
réplicas, aunque su madre paseó su mirada de uno al otro antes de
mantenerla en el su hijo
-¡Oh!. ¡Lo siento!.-Exclamó Bea intentando dar un paso antes de darse cuenta de que aún era
retenida por su madre
-Soy Agatha.-Dijo ella finalmente.-Y
será mejor que vayáis a daros una ducha, os prepararé una infusión
caliente.-Carla comprendió por primera vez lo que Marco había
querido decirle todo este tiempo cuando hablaba de sus padres; la
mujer ante ella era capaz de hacer triunfadores de todos sus hijos,
cubrir todas sus necesidades y aún así no había ni una pizca de
esa adoración propia de todas las madres en sus palabras
-¿Y papá?.-Dijo Marco
-Se ha quedado en casa, Carlos está en
uno de sus líos y ha preferido ayudarle.-Dijo ella
-¿Y Ángela?
-Su hija está en etapa de riesgo del
embarazo y no van a dejarla sola.-La imagen de su madre llenó la
mente de Carla como un enorme deja-vú. Ella estaba acostada en su
cama, el sol de Agosto entraba por la ventana y su madre se había
inclinado sobre ella; su melena rojiza hacia una cortina entre el
mundo y ellas, Carla había elevado su mano para tocar ese material
tan brillante pero luego su atención había quedado atrapada por la
enorme tripa que se asomaba por debajo de la camiseta del pijama.
¡Qué ganas había tenido de que naciera su hermano!, ¡qué sonrisa
tan bonita tenía su madre!
-¡Carla!.-La voz de Marco llegó hasta
ella sacándola de su ensoñación
-Lo siento.-Dijo ella agitando la
cabeza para despejar las telarañas
-No pasa nada.-Dijo Fabian con una
sonrisa demasiado conciliador para su rostro de diablillo
-¡A la ducha!.-Dijo Agatha. Carla no
necesitó que se lo dijeran dos veces antes de correr hacia su
cuarto, claro que aquel que había sido su cuarto ahora estaba patas
arriba.
Una camisa de cuadros azul y blanco
colgaba del pomo de la puerta, un set de maquillaje estaba
completamente abierto sobre la cama, manchando de colorete la colcha
y un enorme libro abierto bocabajo sobre el suelo
-Mi madre te ha movido a mi
habitación.-Susurró Marco demasiado cerca de su oído para lo
alterada que ella se sentía.-Puedes ducharte ahí.-Carla sintió
como los vellos de su nunca se erizaba, cosa que siempre le sucedía
cuándo Marco iba a tocarla pero ella no estaba preparada para ello.
Dio un paso al lado antes de girarse y entrar en su habitación sin
ni siquiera mirarle
-Dúchate antes.-Dijo sentándose en el
filo de la cama y quitándose los zapatos más lentamente de lo que
debería.
-Está bien.-Dijo él. Carla le escuchó
cerrar la puerta con suavidad y luego detenerse unos segundos antes
de alejarse rápidamente hacia el cuarto de baño
Carla sacó la almohada de debajo de la
colcha y la abrazó fuertemente antes de tumbarse de lado. Por un
solo instante, solo por un instante mientras el sonido del agua
cayendo y de las risas provenientes del salón llenaban la habitación
pudo fingir que era el cuerpo de su madre el que abrazaba.
-Mamá.-La garganta le dolió aún
cuándo solo había sido un susurro.-Ya sé que Alex me llama loca
cuándo descubre que he estado hablando contigo, pero él no está
aquí... Aquí no hay nadie.-Cerró los ojos y respiro hondo antes de
que ser capaz de volver a hablar.-¿Por qué no me advertiste?, ¿por
qué no me dijiste que amar dolía tanto?
-Porque pensé que estaría contigo
para siempre.-Se imaginó que su madre le decía
-No creo que pueda sobrevivir a esto.
Ni siquiera perder a Dani, que había sido mi amigo durante años,
que creía querer para siempre fue tan doloroso como pasar un solo
segundo en la misma habitación que Marco sin que me deje llegar a él
-Sobrevivirás a ello.-Le dijo su
madre, y sus brazos la rodearon tan fuerte que apenas pudo respirar
-Ojalá pudiera llorar.-Y ese fue su
último pensamiento coherente antes de sentir como las fuerzas la
abandonaban
Marco abrió la puerta lentamente y se
detuvo durante unos segundos mientras sus ojos se adaptaban a la
oscuridad.
La ducha no había hecho más que
reforzar su idea de que no debía compartir todo su ser con Carla, no
porque no fuera una persona fiable sino porque no podría soportar el
conocimiento en sus ojos; además, en el mejor de los casos, ¿qué
les quedaba?, ¿el mismo destino que sus padres?.
Hacía mucho que había aceptado que el
amor no era para él pero mientras se encontraba contemplando a Carla
dormitar, sabiendo que un simple chasquido la haría saltar alerta se
permitió soñar con ser la persona que trajera felicidad a su vida.
En vez de eso se limito a salir de la habitación lo más
silenciosamente posible.
Fabian y Bea estaban en el sofá viendo
una serie sobre adolescentes con capacidad de transformarse en lobos;
ella descansaba su cabeza sobre el regazo de Fabian y las gafas se le
habían deslizado hasta la punta de la nariz, por lo que sus ojos
bizqueaban intentando enfocar la imagen de la televisión
-Tú solías ser así.-Dijo su madre
asustándole
-¿Así cómo?.-Dijo Marco sin mirarla
-Necesitado de amor, eras el niño más
sensible que he visto nunca
-Crecí
-Cambiaste.-Le reprochó ella
-Ya no hay nada que se puede
hacer.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Si, perdonarte aquello que te ha
atormentado durante siglos
-No hay nada que perdonar.-Dijo Marco
pasando a su lado para sentarse en uno de los taburetes de la barra
de desayuno. Los músculos de su mandíbula se apretaron
inconscientemente cuando su madre se sentó en el taburete contiguo,
no estaba dispuesto a tener esta conversación y menos con Carla allí
-¿Se ha molestado Carla por haber
movido sus cosas a tu habitación?. Pensé que como estaba en tu
casa...
-Pero tenía su propio
cuarto.-Puntualizó él
-Nunca has traído una chica a tu casa,
incluso cuando estabas con Julia y estabais pensando en anillos de
compromiso ella nunca se quedaba aquí
-¿Y sólo por eso te tomaste la
libertad de interferir en mi vida?.-Gruñó él.-Carla es distinta
-Ya lo veo, tú también eres distinto
con ella
-¿Ah, si?.-Marco no pudo evitar la
crueldad que cargaron sus palabras, y aunque hubiera podido no lo
habría hecho.-¿Y en qué soy distinto?
-Estás relajado, aún cuando estabas
enfadado cada vez que posabas tus ojos en ella era como si te
quitaran un gran peso de encima.-Marco se concentró en juguetear con
una miguita de pan olvidada en la superficie entre sus dedos,
pensando en cuánto daría por no tener esa conversación son su
madre.-Siempre eres tan contenido, como si el mundo fuera a explotar
si te ríes o si te enfadas, pero con ella no tienes problemas en
reñirle a Fabian o dejar que Bea te abrace, normalmente solo darías
un paso a las sombras y...
-Para.-Su voz sonó atormentada a sus
propios oídos pero eso no basto para detener a su madre
-Antes yo solía ser tu persona
favorita.-Marco apretó los parpados tan fuerte que por un momento
se preguntó si volvería a abrirlos, y justo cuando estaba a punto
de decirle a su madre que había dejado de ser su persona preferida
cuando no pudo o mejor dicho no hizo nada por salvarle su teléfono
comenzó a sonar
-Tengo que contestar.-Dijo rescatando
el móvil de su bolsillo
-No todas las relaciones son como las
de tu padre y la mía.-A menudo pensaba que su madre conocía todos
sus puntos flacos y se dedicaba a atacarlos de forma aleatoria hasta
dejarlo sin fuerzas. Por el rabillo del ojo vio que Bea y Fabian
habían dejado de mirar la televisión y los observaban con
preocupación
-Cardone.-Dijo descolgando el teléfono
-¿Mal momento?.-Dijo Sergio pero había
algo en su voz, algo fuera de lugar...
-No, habla.-Marco se giró y comenzó a
andar hacia su habitación
-La hemos encontrado, ¡corred!.-Y la
linea se cortó al otro lado.
Marco colgó justo al mismo tiempo que
abría la puerta de la habitación. La luz del pasillo iluminó el
interior permitiéndole ver la sombra que cruzó a toda velocidad la
estancia.
Carla se puso los zapatos a una
velocidad abismal a la vez que se arrodillaba junto a su maleta y
sacaba una pistola que él ni siquiera sabía que tenía y la
enganchó en su cinturón en la parte lumbar.
Se pasó la chaqueta por encima y
corrió hacia su lado a la vez que se recogía el pelo en una coleta.
Marco se mantuvo inmóvil cuando ella
pasó a toda velocidad a su lado. Tres minutos y cuarenta y dos
segundos, ese era todo el tiempo que Carla necesitaba para salir de
sus sueños y estar lista para la acción.
Lo había sabido, había sabido que su
educación había sido desestructurada y aún así ver los resquicios de
ello le dejaba sin aire...



