miércoles, 27 de noviembre de 2013

CAPITULO 18 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 18: Que alguien agarre a los perros

Carla inspiró profundamente antes de bajarse del coche y tuvo que meter las manos en los bolsillos para ocultar su temblor. Ella no estaba segura de si las circunstancias de su vida hubieran sido distintas tal vez su carácter hubiese sido otro pero lo cierto es que eran las que eran y Carla no podía vivir sin hacer preguntas, sin intentar descubrir todo una vez veía el principio de un secreto.
Por esta razón había perdido algunas personas en su vida, al igual que por el hecho de tener sus propios secretos y hasta ahora no le había importado demasiado, pero claro, con Marco las cosas nunca eran como solían serlo
-Dame fuerzas.-Susurró Marco por primera vez desde que habían salido de la cafetería.
Lo primero que Carla pensó fue que les habían robado, y luego que acababa de identificar quién era Fabian... De pelo rubio y de punta estaba sobre la mesa baja de madera del salón haciendo un extraño baile que le hacía parecer un pequeño diablillo
-Espero que te hayas subido a esa mesa porque hay un escorpión en el suelo...-La voz de Marco consiguió acallar todos los sonidos provenientes de la casa. Si por un solo instante ella había pensado que estaba ligeramente molesto su tono no dejo lugar a dudas de su enfado
-Y ahí está mi hermanito el gruñón.-Carla apenas atisbó a ver a la pequeña sombra que se lanzó sobre Marco en cuestión de segundos y se quedó colgando de su cuerpo rodeandole con manos y brazos cuál Koala en un árbol.
Tenía una enorme melena rubia algo despeinada, gafas redondas que se le resbalaban por la nariz y mejillas sonrojadas. No tenía el tipo de belleza convencional que te hacía imaginártela en una gran pasarela pero sin embargo era algo... el sentimiento que emanaba de su cuerpo que te impedía apartar la mirada.
Carla había conocido a muy pocas personas así; es lo que alguien denominaría lo antepuesto a un psicópata, seres con tantos sentimientos en su interior que parecían a punto de estallar en cualquier momento pero que por lo general pasaban desapercibidos para la mayoría...¿Por qué cómo podía distinguir uno la luz si nunca había conocido la oscuridad?, ¿cómo podía uno admirar a estas personas si nunca llegaba a encontrarse con un psicópata?
-Me asfixias Bea.-Gruñó Marco intentando zafarse de su agarre
-Se siente.-Dijo ella sacándola la lengua aunque él no podía verla.
-Bea avergüenzas a la señorita.-Dijo Fabian que se acababa de bajar de la mesa de un salto y avanzaba hacia Carla con pasos saltarines.-Soy Fabian-Dijo haciendo una reverencia frente a ella que habría avergonzado a la más alta sociedad.
Entonces todo sucedió demasiado rápido... Una mujer de unos cincuenta años con el pelo dorado recogido en un moño salió de la cocina con una cuchara de palo en la mano y una gran sonrisa, Fabian dio un paso atrás dejando algo de hueco y Bea saltó sobre ella.
Carla abrió los ojos enormemente a la vez que las rodillas le temblaban; era estúpido, medía el doble que aquella chica y tenía la fuerza suficiente para apartarla de un manotazo pero por alguna razón se sentía incapaz de hacerlo. La respiración se le agitó y las manos comenzaron a sudarle; ¿acaso quedaba algún síntoma más de que estaba entrando en pánico?
-Bea, déjala.-Carla evitó mirar a la mujer que avanzó hacia ella a grandes pasos y agarró a su hija por los hombros alejándola de ella
-Lo siento.-Dijo la chica estudiando sus facciones como si fuera una extraterrestre
-Yo...-Comenzó Carla
-Hoy nos hemos metido en un lío y nos han dado una buena.-Cortó Marco con una voz que no dejaba lugar a réplicas, aunque su madre paseó su mirada de uno al otro antes de mantenerla en el su hijo
-¡Oh!. ¡Lo siento!.-Exclamó Bea intentando dar un paso antes de darse cuenta de que aún era retenida por su madre
-Soy Agatha.-Dijo ella finalmente.-Y será mejor que vayáis a daros una ducha, os prepararé una infusión caliente.-Carla comprendió por primera vez lo que Marco había querido decirle todo este tiempo cuando hablaba de sus padres; la mujer ante ella era capaz de hacer triunfadores de todos sus hijos, cubrir todas sus necesidades y aún así no había ni una pizca de esa adoración propia de todas las madres en sus palabras
-¿Y papá?.-Dijo Marco
-Se ha quedado en casa, Carlos está en uno de sus líos y ha preferido ayudarle.-Dijo ella
-¿Y Ángela?
-Su hija está en etapa de riesgo del embarazo y no van a dejarla sola.-La imagen de su madre llenó la mente de Carla como un enorme deja-vú. Ella estaba acostada en su cama, el sol de Agosto entraba por la ventana y su madre se había inclinado sobre ella; su melena rojiza hacia una cortina entre el mundo y ellas, Carla había elevado su mano para tocar ese material tan brillante pero luego su atención había quedado atrapada por la enorme tripa que se asomaba por debajo de la camiseta del pijama. ¡Qué ganas había tenido de que naciera su hermano!, ¡qué sonrisa tan bonita tenía su madre!
-¡Carla!.-La voz de Marco llegó hasta ella sacándola de su ensoñación
-Lo siento.-Dijo ella agitando la cabeza para despejar las telarañas
-No pasa nada.-Dijo Fabian con una sonrisa demasiado conciliador para su rostro de diablillo
-¡A la ducha!.-Dijo Agatha. Carla no necesitó que se lo dijeran dos veces antes de correr hacia su cuarto, claro que aquel que había sido su cuarto ahora estaba patas arriba.
Una camisa de cuadros azul y blanco colgaba del pomo de la puerta, un set de maquillaje estaba completamente abierto sobre la cama, manchando de colorete la colcha y un enorme libro abierto bocabajo sobre el suelo
-Mi madre te ha movido a mi habitación.-Susurró Marco demasiado cerca de su oído para lo alterada que ella se sentía.-Puedes ducharte ahí.-Carla sintió como los vellos de su nunca se erizaba, cosa que siempre le sucedía cuándo Marco iba a tocarla pero ella no estaba preparada para ello. Dio un paso al lado antes de girarse y entrar en su habitación sin ni siquiera mirarle
-Dúchate antes.-Dijo sentándose en el filo de la cama y quitándose los zapatos más lentamente de lo que debería.
-Está bien.-Dijo él. Carla le escuchó cerrar la puerta con suavidad y luego detenerse unos segundos antes de alejarse rápidamente hacia el cuarto de baño
Carla sacó la almohada de debajo de la colcha y la abrazó fuertemente antes de tumbarse de lado. Por un solo instante, solo por un instante mientras el sonido del agua cayendo y de las risas provenientes del salón llenaban la habitación pudo fingir que era el cuerpo de su madre el que abrazaba.
-Mamá.-La garganta le dolió aún cuándo solo había sido un susurro.-Ya sé que Alex me llama loca cuándo descubre que he estado hablando contigo, pero él no está aquí... Aquí no hay nadie.-Cerró los ojos y respiro hondo antes de que ser capaz de volver a hablar.-¿Por qué no me advertiste?, ¿por qué no me dijiste que amar dolía tanto?
-Porque pensé que estaría contigo para siempre.-Se imaginó que su madre le decía
-No creo que pueda sobrevivir a esto. Ni siquiera perder a Dani, que había sido mi amigo durante años, que creía querer para siempre fue tan doloroso como pasar un solo segundo en la misma habitación que Marco sin que me deje llegar a él
-Sobrevivirás a ello.-Le dijo su madre, y sus brazos la rodearon tan fuerte que apenas pudo respirar
-Ojalá pudiera llorar.-Y ese fue su último pensamiento coherente antes de sentir como las fuerzas la abandonaban

Marco abrió la puerta lentamente y se detuvo durante unos segundos mientras sus ojos se adaptaban a la oscuridad.
La ducha no había hecho más que reforzar su idea de que no debía compartir todo su ser con Carla, no porque no fuera una persona fiable sino porque no podría soportar el conocimiento en sus ojos; además, en el mejor de los casos, ¿qué les quedaba?, ¿el mismo destino que sus padres?.
Hacía mucho que había aceptado que el amor no era para él pero mientras se encontraba contemplando a Carla dormitar, sabiendo que un simple chasquido la haría saltar alerta se permitió soñar con ser la persona que trajera felicidad a su vida. En vez de eso se limito a salir de la habitación lo más silenciosamente posible.
Fabian y Bea estaban en el sofá viendo una serie sobre adolescentes con capacidad de transformarse en lobos; ella descansaba su cabeza sobre el regazo de Fabian y las gafas se le habían deslizado hasta la punta de la nariz, por lo que sus ojos bizqueaban intentando enfocar la imagen de la televisión
-Tú solías ser así.-Dijo su madre asustándole
-¿Así cómo?.-Dijo Marco sin mirarla
-Necesitado de amor, eras el niño más sensible que he visto nunca
-Crecí
-Cambiaste.-Le reprochó ella
-Ya no hay nada que se puede hacer.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Si, perdonarte aquello que te ha atormentado durante siglos
-No hay nada que perdonar.-Dijo Marco pasando a su lado para sentarse en uno de los taburetes de la barra de desayuno. Los músculos de su mandíbula se apretaron inconscientemente cuando su madre se sentó en el taburete contiguo, no estaba dispuesto a tener esta conversación y menos con Carla allí
-¿Se ha molestado Carla por haber movido sus cosas a tu habitación?. Pensé que como estaba en tu casa...
-Pero tenía su propio cuarto.-Puntualizó él
-Nunca has traído una chica a tu casa, incluso cuando estabas con Julia y estabais pensando en anillos de compromiso ella nunca se quedaba aquí
-¿Y sólo por eso te tomaste la libertad de interferir en mi vida?.-Gruñó él.-Carla es distinta
-Ya lo veo, tú también eres distinto con ella
-¿Ah, si?.-Marco no pudo evitar la crueldad que cargaron sus palabras, y aunque hubiera podido no lo habría hecho.-¿Y en qué soy distinto?
-Estás relajado, aún cuando estabas enfadado cada vez que posabas tus ojos en ella era como si te quitaran un gran peso de encima.-Marco se concentró en juguetear con una miguita de pan olvidada en la superficie entre sus dedos, pensando en cuánto daría por no tener esa conversación son su madre.-Siempre eres tan contenido, como si el mundo fuera a explotar si te ríes o si te enfadas, pero con ella no tienes problemas en reñirle a Fabian o dejar que Bea te abrace, normalmente solo darías un paso a las sombras y...
-Para.-Su voz sonó atormentada a sus propios oídos pero eso no basto para detener a su madre
-Antes yo solía ser tu persona favorita.-Marco apretó los parpados tan fuerte que por un momento se preguntó si volvería a abrirlos, y justo cuando estaba a punto de decirle a su madre que había dejado de ser su persona preferida cuando no pudo o mejor dicho no hizo nada por salvarle su teléfono comenzó a sonar
-Tengo que contestar.-Dijo rescatando el móvil de su bolsillo
-No todas las relaciones son como las de tu padre y la mía.-A menudo pensaba que su madre conocía todos sus puntos flacos y se dedicaba a atacarlos de forma aleatoria hasta dejarlo sin fuerzas. Por el rabillo del ojo vio que Bea y Fabian habían dejado de mirar la televisión y los observaban con preocupación
-Cardone.-Dijo descolgando el teléfono
-¿Mal momento?.-Dijo Sergio pero había algo en su voz, algo fuera de lugar...
-No, habla.-Marco se giró y comenzó a andar hacia su habitación
-La hemos encontrado, ¡corred!.-Y la linea se cortó al otro lado.
Marco colgó justo al mismo tiempo que abría la puerta de la habitación. La luz del pasillo iluminó el interior permitiéndole ver la sombra que cruzó a toda velocidad la estancia.
Carla se puso los zapatos a una velocidad abismal a la vez que se arrodillaba junto a su maleta y sacaba una pistola que él ni siquiera sabía que tenía y la enganchó en su cinturón en la parte lumbar.
Se pasó la chaqueta por encima y corrió hacia su lado a la vez que se recogía el pelo en una coleta.
Marco se mantuvo inmóvil cuando ella pasó a toda velocidad a su lado. Tres minutos y cuarenta y dos segundos, ese era todo el tiempo que Carla necesitaba para salir de sus sueños y estar lista para la acción.

Lo había sabido, había sabido que su educación había sido desestructurada y aún así ver los resquicios de ello le dejaba sin aire...


miércoles, 20 de noviembre de 2013

CAPITULO 17 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 17: “De familia y otros animales”

-¡Oh, mierda!.-Masculló Marco
-Te enseñé a hablar mejor que eso.-Riñó una voz desde el otro lado de la linea
-Lo siento mamá, estoy trabajando
-Bueno perdona que te moleste pero creía que estaba en mi deber de avisarte de que estoy en tu casa
-¡¿Qué?!.-El coche dio un suave bandazo mientras Marco aferraba el volante con fiereza
-No me habías dicho que estabas saliendo con alguien, aunque bien podías haberle dejado espacio en tu armario, no te preocupes ya lo he solucionado
-Mamá, no es mi...-El silencio se instauró entre los tres por unos segundos mientras él miraba a Carla de reojo inseguro.-Está bien, llegaremos ahí en quince minutos
-Tu hermana está deseando verte
-Solo una cosa mamá, ¿Exactamente cuánta familia te has traído?
-Casi todos cariño, te echábamos de menos
-Adiós.-Masculló él antes de colgar bruscamente
El coche se detuvo lentamente en el arcén antes de que Marco saliera y se apoyara contra el lateral del capó. Carla no estaba muy segura de qué hacer por lo que se estiró para pasar medio cuerpo por encima de la palanca de cambios y asomar la cabeza por el hueco de la ventana, suponía que si Marco la rechazaba al menos no se quedaría de pie junto al coche como una estatua
-¿Estás bien?.-Susurró
-Sobreviviré.-Dijo él sin mirarla.-Solo necesito algo de cafeína y tiempo
-Llévame a la cafetería en la que estuvimos el primer día.-Pidió ella intentando distraerle, y al parecer funcionó por la sonrisa que tiró de la comisura de sus labios
-Te gusto su café, ¿eh?.-Dijo él moviendo la mano para que le dejase espacio.
Carla le observo mientras él daba una vuelta de 180º al coche; un músculo palpitaba en su mandíbula y sus ojos estaban entrecerrados, aunque más que furioso parecía estar sufriendo un gran dolor.
Tardaron cinco minutos en cruzar la ciudad, sin duda esa era una de las veces en las que era una verdadera suerte que fueran policías porque a estas alturas deberían estar en la cárcel por las infracciones de velocidad cometidas.
La cafetería, al igual que la primera vez, estaba rodeada de coches patrullas vacíos. Marco aparcó junto a una furgoneta negra bastante destartalada y de la que Carla sospechó era usada para las vigilancias.
-¡Cardone, por fin te dejas ver!.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada por el grupo repantigado en la barra y que ella juraría estaba comprendido por los mismos que ocupaban la barra la primera vez que habían ido allí.
-Se hace lo que se puede.-Dijo él con voz amistosa pero con una mano en la parte baja de la espalda de Carla la guío hacia una de las mesas más alejadas de allí
La cocinera estuvo sobre ellos casi al instante con una enorme sonrisa en sus labios; un par de mechones se habían escapado de su moño y tenía las mejillas sonrojadas, lo que la hacía parecer mucho más joven-¿Qué queréis?
-Café.-dijo Marco
-Para mi también
-Tengo tu tarta preferida.-Susurró ella agachándose levemente hacia ambos
-Hoy no.-dijo él pero Carla consiguió ver el brillo en sus ojos aunque solo duro unos instantes
-Yo si por favor.-Dijo Carla impulsivamente. Él la miró con una ceja enarcada pero Carla estaba demasiado ocupada devolviéndole la sonrisa a la otra mujer
-Por supuesto.-Dijo ella
-¿Hace cuanto que no veías a tu familia?.-Cuestionó ella
-Solo desde navidades pero prefiero ir yo a verles que al revés
¿Por qué así puedes escapar cuándo quieras?.-Carla lo había preguntado como una broma pero la expresión seria de Marco le hizo saber que había dado en el clavo
-Ya estoy aquí.-Canturreó la cocinera dejando dos tazas de café humeante y un plato entre ambos con un gran trozo de tarda de chocolate con dos cucharas. Ella le guiñó el ojo a Carla antes de marcharse y Carla tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no reírse.
-Así que...háblame de ellos.-Pidió Carla cortando un trocito pequeño de tarta y llevándoselo a la boca.
-Ángela es la mayor, ahora mismo tiene cincuenta y está instalada con su marido en Italia. La suya es una de esas historias que marcan un antes y un después y que por un momento te hacen creer que el amor es posible
-Pero tú no lo crees.-Dijo ella rebañando un poco de glaseado que se amontonaba en el fondo del plato
-Creo que solo es posible para algunas personas, y sin ninguna duda Ángela es una de ellas. Luego está Carlos, es uno de los abogados más reconocidos en Italia también, la última vez que hablamos creo que cobraba quinientos euros la hora.
-¡Oh!
-Exacto.-Marco sonrió un poco mientras jugueteaba con la cuchara pasándola entre sus dedos.-Y Marga, ella hizo danza y en este momento no se en qué famoso teatro de ricachones se encontrará.
-¿Cuántos años tiene?
-Treinta y seis pero te aseguro que se conserva como una chica de diecisiete. Luego estoy yo...
-El poli.-Dijo Carla y esta vez la sonrisa de Marco fue de verdaderos hoyuelos.-Pensé que serías el pequeño
-¿Qué?, ¡¿por qué?!
-Porque eres el más mimado sin duda, solo hay que ver que como le hablaste a tu madre
-Deberías escuchar a Fabian.-Dijo Marco llevándose a la boca una cuchara repleta de pastel. En ese momento ocurrieron tres cosas a la vez, la boca de Carla se curvó en una enorme sonrisa, Marco abrió los ojos enormemente y la risa de la cocinera estalló por todo el local
-¡Adoro a esa mujer!.-Estalló ella
-Bruja.-Murmuró Marco limpiándose la boca con una servilleta y dejando la cuchara a un lado
-¡Oh, vamos!.-Gruñó ella.-Todo este rato dándote conversación y ¿ahora vas a decirme que el sabor del chocolate no te ha tentado para un segundo bocado?
-¿Así que toda esta conversación era para conseguir que te ahorre unas calorías?
-En realidad no, me gusta saber a qué me enfrento.-Dijo ella guiñándole un ojo y tomándose otro trozo, él pareció meditar sus opciones antes de volver a hablar
-Entonces vamos por Fabian, te sacara de tus casillas en cuestión de segundos. Es impertinente cómo nadie más y ha hecho de ello una profesión
-¿Es interrogador?.-Dijo Carla asombrada
-Persigue morosos.-Carla no pudo evitar la carcajada que recorrió su cuerpo y un par de policías se giraron para mirarla con curiosidad.
-Y Bea, ella estudia psicología, aunque aún va a la universidad. Probablemente sea la segunda en perseguirte para hacerte preguntas
-No se me da bien que me hagan preguntas.-Dijo Carla dándose cuenta por primera vez lo que iba a suponer tener a la familia de Marco cerca
-Ya contaba con ello
-Me puedo ir a un motel
-Es una buena solución si quieres que mi madre me degolle, pero están acostumbrados a qué yo no sea muy comunicativo así que no es nada nuevo
-Hay algo que no entiendo.-Dijo Carla esforzándose por sonar desenfadada a la vez que intentaba hacer un barquito con una de las servilletas
-Y seguro que vas a decírmelo...
-Hablas de ellos como si fueran la mejor familia del mundo, es evidente que vuestros padres han hecho de todos sus hijos unos triunfadores pero además os han mantenido unidos pero pareces aterrado de tenerles en tu casa.-Carla se esforzó en mirarle aún cuándo sabía que la expresión de Marcos sería la de alguien enfadado
-Al crecer nos separamos y ahora no es lo mismo
-Yo también crecí, y me separé de mi hermano y aún así no puedo evitar desear tenerle a mi lado aún cuándo sé lo que quiere hacerme
-¿Siempre tienes que saberlo todo?.-Cortó él levantándose de golpe. Las patas de las sillas arañaron el suelo y los pasos de Marco al salir de la cafetería fueron como una estampida.
Carla contuvo la respiración hasta que los pulmones comenzaron a dolerle y su garganta protestó con la primera inspiración pero aún así el motor del coche no sonó en los minutos siguientes.
Se obligó a levantarse con una calma que no sentía y girarse lentamente solo para encontrarse cara a cara con la cocinera de la que acababa de darse cuenta no sabía el nombre
-Mary.-Dijo ella como leyéndole el pensamientos
-Gracias por la comida Mary.-Dijo Carla forzándose por sonreír
-A veces los hombres son un poco estúpidos.-Dijo ella en voz baja, como si compartiesen un secreto muy importante
-¿Solo a veces?.-Dijo ella arrancándole una carcajada
-Cariño todos los polis hablan de ti.-Dijo ella colocándole un mechón de pelo tras la oreja. Carla sintió como la piel se le erizaba allí dónde ella la había tocado de la misma forma que siempre hacía su madre.-Eres una persona estupenda que vas a librarnos a muchas mujeres del miedo a dormir sin mirar bajo la cama, si Marco no es capaz de ver eso es que es más tonto de lo que yo pensaba
-Todos tenemos nuestros secretos y nuestras causas.-Dijo Carla encogiéndose de hombros

-Los secretos son una carga muy pesada cuándo uno los soporta solo.-Ella estaba a punto de remarcar que sabía bien de lo que hablaba pero prefirió dedicarle una sonrisa que no sentía antes de dirigirse a la puerta.

-Hoy tenemos una imagen de Carla cuándo era adolescente-

miércoles, 13 de noviembre de 2013

CAPITULO 16 La caja de los secretos

CAPITULO 16. “El Karma siempre golpea fuerte” 

Las gotas de agua hacían un extraño sonido al deslizarse por los tejados y caer a los contenedores metálicos amontonados a cada lado de la acera, el verano se alejaba ya y comenzaba a refrescar pero él había olvidado la chaqueta al salir corriendo de su casa; ahora era incapaz de recordar porque había huido, su mente no era capaz de registrar más que el agua manchada de roja que se acercaba hasta sus zapatos. Él quería huir, quería dar un paso atrás, sin embargo se encontró elevando la mirada y jurando venganza...

Marco abrió los ojos lentamente, no había gritado, no se había movido...El único signo de que había estado soñando era su respiración agitada y el pánico que corría por sus venas.
Llevaba meses sin tener pesadillas y de repente ahora eran más detalladas que nunca, definitivamente podía decir que el Karma le había pegado una patada en el trasero, porque su mente le acaba de tirar a la cara la razón por la que no iba a entregar a Alejandro Mólina.
El grifo del agua acababa de cerrarse cuándo el teléfono de la mesilla comenzó a sonar
-Buenos días.-Saludó con la voz entrecortada
-¡No. Me. Jodas!.-Exclamó Sergio al otro lado de la linea.-¿Has tenido no sé cuántas noches tranquilas para acostarte con ella y tienes que hacerlo cuándo ambos estáis doloridos porque un psicópata pinchó vuestras ruedas?. ¡No me extraña que ayer no me cogieras el teléfono!
-No me llamaste.-Dijo Marco, si él quería pensar que su agitación se debía a eso no iba a contradecirle
-Claro que lo hice.-Marco se estiró por su teléfono sólo para comprobar que tenía tres llamadas pérdidas
-Lo siento, debí avisarte.-Él elevó la mirada como un resorte ante el susurro acallado de Carla; ella estaba apoyada contra el marco de la puerta con un albornoz blanco que él no había sacado de la bolsa porque era demasiado pequeño pero que en Carla resaltaba todas y cada una de sus curvas; el pelo aún goteaba sobre la alfombra y Marco no pudo evitar el suspiro ahogado que escapó de sus labios
-Dime que no estás haciendo lo que creo que estás haciendo mientras hablamos por teléfono.-Masculló Sergio
-¿Envidia, colega?.-Dijo Marco intentando arrancar una sonrisa de la expresión asustada de Carla
-¡OH!, ¡ahí está mi hermano!.-Gritó Sergio.-¡Tío me he estado preguntando dónde te habías metido por meses!, si llego a saber que lo que te hacía falta era un buen meneo yo mismo hubiera contrata...
-¡Sergio!.-Cortó Marco; Carla vez estaba más blanca y apretaba la tela del albornoz con tanta fuerza que los dedos no tardarían en transpasar el material. Ahora que las bromas se habían acabado el silencio al otro lado de la línea era casi escalofriante
-¿Hay otra víctima?.-Inquirió Marco
-Algo así, una desaparición
-¡¿Un secuestro?!.-Marco se levantó de la cama incapaz de mantenerse quieto
-No sabemos si pertenece a nuestro asesino, la hermana de la víctima ha considerado que podría ser y ha venido a dar el aviso
-Lo siento.-Masculló Marco pasándose la palma por la cara
-No pasa nada, hemos repartido la foto por aquí y por allá y estamos siguiendo el camino que se supone tomó la víctima y viendo cámaras de seguridad pero tenemos un trabajo de muchas horas por delante
-¿Quieres hacerte cargo por completo de esto?
-Si.-Las cosas entre Marco y Sergio siempre habían sido así de sencillas, por lo general, Sergio no estaba interesado en tener ningún tipo de poder pero cuándo lo quería, lo planteaba y Marco se lo daba
-Bien, ¿y cómo va lo de los médicos?
-David lleva tres días ganándose el descontento de todos los jefedes de los hospitales cercanos, esperemos que no caiga enfermo en al menos un par de años
-Una pena que no sean mujeres.-Dijo Marco ganándose una carcajada por parte de Sergio
-¿Cómo fue la entrevista?.-Quiso saber él
-Creemos que mantenía una relación con la tercera  víctima
-Pero a él lo mataron unas horas antes que a ella
-Si, adiós a la teoría de que él descubrió algo. Hoy vamos a ir a hablar con la familia de ella, aunque dudo mucho que estuviese desaparecida por tantas horas y no nos dijeran nada
-La unica familia es su suegra
-Lo sé
-Buena suerte colega.-Dijo Sergio
-Lo mismo digo-Dijo Marco colgando el teléfono y girándose en redondo.
Marco dio un paso hacia el frente y Carla se dejó caer contra la puerta con la respiración agitada, cómo si estuviese mareada.
No fue hasta un par de segundos después que Marco comprendió que ella pensaba que él iba a contarle todo a Sergio. ¡Qué Dios le perdonase si alguna vez decidía entregar a otra persona con pecados menores a los suyos propios!
-No voy a decir nada.-Susurró él pegando su frente a la suya aún cuándo ella se apretó hacia atrás cómo si intentase huir.-Pero si alguna vez él llega a …
-Lo mataré.-Él no pudo evitar alzarse de golpe. No había dolor ni rabia en la voz de Carla, era como si simplemente estuviesen hablando de un hecho irrefutable
-Está bien.-Dijo él, su voz sonando extraña a sus propios oídos.-¿Preparada para tratar con una suegra que odiaba a nuestra victima?.-La comisura de los labios de Carla se tensaron levemente pero no llegaron a alcanzar una sonrisa
-Voy a cambiarme.-Él observó cómo se apoyaba en el pomo de la puerta cómo si las fuerzas le faltasen antes de recorrer el pasillo con pasos temblorosos


-¿Has hablado con ella antes?.-Dijo Carla cuando se detuvieron frente a una enorme cancela de metal. Marco bajó la ventanilla y enseñó la placa a la cámara último modelo que estaba estrategicamente colocada para que alguien que no supiera que estaba allí no la viera.
-Si, fue un maldito dolor de cabeza cuándo su nuera murió, como si no hubiese sido demasiado malo que el ritmo del asesino hubiera crecido ella quería un protagonismo que no se merecía
-Genial.-Masculló Carla. Marco la miró de reojo más preocupado de lo que quería reconocer por el vacío detrás de sus palabras.
¿Qué podía hacer para reconfortarla?, tener hermanas no le había servido de mucho ya que no habían sido del tipo comunicativas, cuando alguna sufría simplemente el resto de sus hermanas se encerraba sobre ella dejando fuera a los hombres...
-¿Es esa?.-susurró Carla mirando fijamente a la pequeña mujer encima de los escalones del porche y que vestía un alegre vestido amarillo con rallas blancas que no pegaba en absoluto con su pelo blanquecino recogido en un roete.
-Allá vamos.-Dijo Marco saliendo del coche.-Antes que nada gracias por su colaboración.-Dijo él adelantándose a grandes zancadas y tendiéndole la mano. Ella lo observó como si se tratara de un extraño animal y al final Marco se forzó a retirar la mano sin parecer molesto.
-Tengan claro que si tuviera otra opción no estarían aquí
-Si su nuera hubiese tenido otra opción no estaríamos aquí.-Recalcó Marco; ella parpadeó lentamente como si no hubiera esperado que él reaccionase así.
-He pedido que nos preparen el té.-Dijo dándo la vuelta a la casa por el camino de piedras grises que desembocaba en un pequeño patio privado rodeado de arboles frutales de todo tipo.-Siéntense por favor.-Carla no pudo evitar una mueca al ver las sillas de hierro blanco con cojines de flores rosados y Marco le dedicó una sonrisa de ánimos
-Debo suponer por su presencia aquí que aún no han detenido a ese malhechor.-Su nariz se encogió levemente como si estuviese oliéndo algo putrefacto
-No señora pero cada vez estamos más cerca.-Dijo Marco esforzándose por creerlo
-Desde que estuvieron a punto de detener a mi hijo déjeme decirle que dudo que se capaz de detener a...
-Creemos que su nuera tenía un amante.-Cortó Carla. Las reacciones fueron muy diversas; una chica vestida de sirvienta de los años ocheta con una bandeja detazas humeantes tembló hasta que la ceramica tintineó, Marco se giró hacia ella con los ojos enormemente abiertos pero la señora Harris se mantuvo inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido hasta que la chica se marchó
-Es usted una maleducada.-Dijo girándose hacia ella con rabia helada
-Nunca he dicho lo contrario pero me pagan para notar que usted no lo ha negado, no para decirle cosas bonitas
-Su padre debió de haberle pegado por esa boca.-Dijo ella con desdén y Carla sintió como sus músculos se tensaban con tanta fuerza que al día siguiente estaba segura de que tendría agujetas
-Señora Harris.-Soltó Marco apretando los dientes.-¿Tenía un amante o no?
-Si.-Reconoció ella y se dejó caer hacia atrás como si de repente estuviese agotada
-¿Por qué no lo notificó en su momento?.-Quiso saber Marco
-Lo descubrimos luego, al tirar sus cosas descubrimos algunos regalos y...diarios. ¡¿Puede creerse que estaba decepcionado porqué mi hijo no la quería?!. ¡LO TENÍA TODO, ABSOLUTAMENTE TODO!
-Menos amor.-Dijo Carla antes de poder detenerse
-¡¿Amor?!. ¿Quién quiere amor más que las mujeres de calle?, ¡deberían leer como hablaba de aquel tipo!
-Lo cierto es que nos gustaría hacerlo.-Dijo Marco
-Elizabeth.-Dijo la señora Harris con suavidad y elevando una mano al aire. La chica apareció de la nada con una expresión imperturbable
-¿Si, señora?
-Prepare la caja de nata de la señorta Lilith para estos señores
-Enseguida.-Dijo ella dándose la vuelta y caminando con pasos cortos pero rápidos hacia la casa
-¿Podría servir al estado en algo más?.-Dijo ella con veneno
-¿Dónde está su hijo?
-De retiro espiritual, lo de Lilith le tocó muy hondo...¡Le fue infiel!
-Señora, ya le pregunté una vez pero quiero que vuelva a pensarlo.-Marco se inclinó hacia delante apoyando las manos en sus rodillas.-¿Existe alguien de los conocidos de ambos que tenga la frialdad para matar?
-Nos movemos en circulos de gente de bien que no harían algo así
-Tenía que conocerlos, tenía que saber que iba a estar sola
-Vuelvo a repetirle.-Y esta vez la sangre acudió a su rostro a la vez que apretaba la mandíbula y su cara de niña se deformaba.-Que nadie de nuestra familia o amigos haría algo así, tal vez deberían investigar a la familia de aquel tipo, encontrarán su nombre en el diario
-Aquí tienen.-Dijo la chica que de nuevo había aparecido como un fantasma dejando una caja redonda metálica en la que había dibujos de caramelos de nata sobre la mesa
-Ya tienen todo lo que necesitan.-Dijo la señora Harris apoyándose en el antebrazo de la chica para levantarse, a Carla le pareció que le clavaba las uñas pero la expresión de ella no cambió.
-Creia que esto solo pasaba en las películas.-Susurró Carla cuando se quedaron solos
-Aún conservamos un barrio rico que nos trae grandes quebraderos de cabeza.-Dijo Marco asegurándo la caja bajo su brazo
-¿Y el hijo?.-Dijo ella en la privacidad del coche
-Demasiado inútil.-Dijo él con un bufido
-Ella es capaz de matar.-Dijo Carla como la que comenta que va a llover, Marco sintió que su corazón pegaba un tirón y se preguntó vagamente si algún día se acostumbraría a esto.-No es algo que haría porqué si pero si fuera necesario para “limpiar” no lo dudaría
-No tiene la fuerza
-A veces pienso que podrían ser varias personas.-Dijo ella
-¿Por qué?
-En algunos casos muestra una piedad impropia de un psicópata y otras parece volverse loco, y abrazar su lado sádico
-Las víctimas no se conocían de nada.-Dijo Marco echándose la cabeza hacia atrás cuándo se detuvieron frente a un semáforo.-Y no es como si un grupo de personas fueran a conocerse y decidir que quieren matar a sus familiares y hacerse pasar por un psicópatas.-Carla estaba a punto de recalcar que había una película sobre ese tema cuándo se le ocurrió una idea
-¿Y un sicario?, hay psicópatas que aprovechan para hacer de su adicción un negocio
-Si pero, ¿crees que esta mujer podría conocer a un sicario?.-La respuesta de carla quedó silenciada por el sonido del teléfono.-Cardone, estás en manos libres.-Gruñó Marco
-Hola cariño.-Dijo una voz maternal

-¡Oh, mierda!.-Masculló Marco

domingo, 10 de noviembre de 2013

COMPROMISO

Dicen que en la vida hay cosas que es mejor callar y probablemente estén en lo cierto...¿Pero desde cuándo alguien puede volver invisible la tinta de un escritor?.
Hoy voy a hacer un alto en mi historia que solo va a durar un capitulo y que también viene a hablaros de algo que en estos días parece ser de fantasía así que tampoco nos alejamos mucho del tema, ¿verdad?
Voy a suponer que todos sabéis lo que es el compromiso porque...al fin y al cabo es lo que todos esperamos de los demás, pero...¿Qué hay de lo que nosotros estamos dispuestos a darle a los demás?
Creo que todos los aquí reunidos tenemos la edad suficiente o al menos hemos visto las noticias las suficientes veces como para habernos dado cuenta de una cosa, y en el extraño caso de que no...ya estoy aquí yo para contártelo.
"LA VIDA ES EL VENENO MÁS DULCE QUE CONOCE LA HUMANIDAD"
De por sí la vida va a ponerte en situaciones demasiado difíciles, situaciones que vas a tener que enfrentar solo, y eso no tiene nada que ver con la cantidad de amigos que tengas, con el dinero o con el trocito de tierra en el que hayas nacido.
¿Creías que no te iba a tocar?. Lo siento amigo, pero a TODOS nos llega el día en el que nos toca afrontar un problema solo.
Y ahora llega la verdadera cuestión. Si de por sí esto es una realidad, ¿por qué no evitar pasar los problemas solo siempre que sea posible?.
¿Por qué no evitar criticar a una persona por su modo de actuar ante una difícil circunstancia cuándo somos plenamente conscientes de que lo que necesita es un abrazo y una mano amiga?
Y para aquel que al leer mi anterior pregunta haya pensado...¿Y cómo voy a saberlo?, (y no os sorprendáis porque os aseguro que los habrá...)
Déjame decirte algo, ¿ya has olvidado tu etapa escolar?. ¿Ya has olvidado cuando esos que llamabas tus amigos te daban la espalda porque no tenías el cromo más chulo?, ¿ya has olvidado lo que era que los profesores te descubrieran haciendo una trastada?. Si, sabes perfectamente lo que sentías, así que no me mientas o mejor dicho no te mientas al decir que no te alegraba cuando tu mejor amigo cuadraba los hombros a tu lado y decía..."lo hicimos los dos" y perdía su recreo a tu lado.
¿Me vas a decir que los mejores minutos de tu día era cuándo tus otros amigos os pasaban chuches de contrabando mientras la profesora se distraía de vuestro castigo?.


Ahora, día a día soy plenamente consciente de la suerte que he tenido de haber nacido en una época en la que se sabía lo que era compromiso.
Y algunos pensarán...¿Tú, que solo hace veinte miseros años que estás aquí vas a venir a darme lecciones a mí?. No, no vengo a darte lecciones.
Vengo a decirte que no sé que le ha pasado al mundo, que no entiendo en que momento mandar flores se volvió una "mariconada", que probablemente me perdí el instante en el que las personas se agobian o te llaman imbécil por ir de la mano de tu novi@, de tus padres, o de tu herman@ por la calle.
Me perdí los años (porque estoy segura de que algo así no se consigue en días) en los que un revolcón con un desconocido es mejor que simplemente hablar con la persona que quieras.

No se equivoquen, yo no quiero almas gemelas; no quiero padres, amigos o parejas perfectas, quiero compañeros de vida.
Personas que entiendan que aunque consideren que su dolor es mayor al mío, soy yo la que está luchando mi vida, soy yo la que vive día a día en mis zapatos y solo por eso merezco respeto, merezco compromiso...

¿Y qué ofrezco yo?... 
Ofrezco prometerte hacer todo lo posible para ayudarte aún cuándo seas tú quién deba luchar sus batallas, prometo reír con tus alegrías aún cuándo mis problemas me pesen en los hombros, prometo no criticar JAMÁS tu forma de actuar porque nunca podré entender tu dolor como tú mismo hacer.
Prometo aprender a hacer el mejor chocolate caliente del mundo para cuando el frío de la vida se cuele por nuestra ventana y prometo enseñarte la receta por si te falto algún día.
Pero lo más importante es que todo esto no nace del querer quedar bien con alguien, no nace de que quiera darte el primer lugar en mi vida... Nace de que te respeto porque has vivido uno, diez, cuarenta o noventa años en este mundo y no puedo ni imaginarme lo duro que ha sido el camino que ha desgastado tus suelas.
Solo por eso te mereces mi compromiso, solo por eso te rogaría que si no puedes imaginarte lo que han sufrido mis pies te marches a buscar otra persona que te haga chocolate caliente.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

CAPITULO 15 LA CAJA DE LOS SECRETOS.

Capitulo 15. “De conejos blancos y sombrereros locos”


Carla apoyó ambas manos en el lavabo y se observó a sí misma en el espejo; le temblaba cada músculo de su cuerpo y las lágrimas le quemaban detrás de los párpados.
Contempló con ansias la bañera a través del espejo, ojalá pudiera meterse debajo del grifo de agua caliente y pasar allí horas y horas hasta que el calor se acabara... Pero ya le había pedido demasiado a Marco y debía devolverle algo.
Él estaba sentado en el sofá justo dónde ella lo había dejado, con la mirada perdida aún cuándo ella se sentó a su lado.
Carla se inclinó hacia delante apoyando los codos sobre las rodillas y enterrando el rostro en sus manos.
-Mi hermano es un psicópata.-Era la primera vez que lo decía en alto y la vorágine de emociones comenzaba a amenazar con despertar demonios que llevaban años encerrados.-Al principio fue muy difícil de distinguir porque los médicos achacaban su timidez al hecho de haber crecido sin madre, pero a los siete años cogió la manía de adentrarse en el parque que delimitaba con nuestra casa...-Carla tragó con fuerza sabiendo que la balanza estaba a punto de caer, que todo lo que Marco había visto u oído hasta ahora podría ser desmentido pero que el instante en que las palabras siguientes salieran de sus labios ya no habría marcha atrás.-Mi padre le encontró un día, había asesinado una ardilla. Le había roto el cuello y luego la había abierto con un cuchillo.-El silencio fue insoportable durante los siguientes segundos; Carla no estaba segura de si estaba siendo obligada a confiar en Marco o si a la larga hubiera terminado haciéndolo, ¿pero cómo puedes darle la espalda a alguien sin mirar a cada instante sobre tu hombro cuándo solo estás acostumbrada al dolor?.
Miró de reojo a Marco quién parecía totalmente impasible, cómo si no la estuviese escuchando; su voz consiguió abrirse paso a través del nudo de dolor que ahora se cerraba sobre su garganta.-Él...él quiso acabar con él, ¿sabes?. Fue la primera vez que vi el deseo de matar en los ojos de alguien, mi padre quería acabar con su vida, pero yo se lo impedí. ¡No podía permitirlo, no podía hacerlo, era mi hermano!.-Carla le miró mordiéndose el labio para frenar las lágrimas
-¿Cuántos años tenías en ese momento?.-Dijo él a la nada
-Diez.-Susurró ella-Yo le prometí hacerme cargo, solo le dejaría matar animales y le enseñaría a cumplir unas normas. Le enseñaría a sobrevivir pareciendo normal.
-Pero él no es normal.-Carla echó el rostro hacia atrás cómo si él le hubiese golpeado
-No, no lo es.-Dijo levantándose.-Sé que es difícil para ti entenderlo pero esperaría que te lo plantearás antes de contar todo esto, él no es un asesino. Me marcho ahora, mañana pediré que me saquen del caso por asuntos personales.-Carla no consiguió dar dos pasos antes de los brazos de Marco la rodearan desde atrás
-¿A dónde crees que vas?
-A un hotel.-Dijo ella
-No, creo que te quedas aquí.-Marco apretó su agarre sabiendo lo que estaba por venir
-Y una mierda.-Carla le dio un pisotón a la vez que lanzaba el codo hacia atrás hasta clavarlo en su estomago  Marco gruñó en respuesta y la elevó del suelo.-Marco ¡suéltame!, ¡no voy a ser tu prisionera!
-No te estoy exigiendo que lo seas, solo estoy diciendo que no te vas a ir
-¿No es lo mismo?.-Bufó ella clavando los pies a cada lado de la puerta de su dormitorio y empujando hacia atrás
-Carla.-Gritó Marco.-Vamos a hablar
-¡¿Y para qué me llevas a la cama?!
-Porque quiero.-Dijo él, Carla sintió cómo sus esfuerzos se iban haciendo más débiles hasta que Marco consiguió adentrarse en su habitación.
Se tumbó de espalda y la recostó sobre su pecho, sus dedos deslizándose por su espalda en una lenta caricia a la vez que la mantenía en su sitio con sus piernas entrelazadas con las suyas; Carla no quería relajarse, deseaba continuar gritando para provocar una respuesta en Marco que la convenciera de que Marco no era quién creía ella, y que todo había sido un engaño de su mente pero sus manos estaban haciendo magia en su espalda y al final su cuerpo se relajó contra el suyo
-¿Por qué nunca lo has internado en una institución?.-Preguntó él suavemente
-Se escaparía.-Dijo ella apoyando una mano en su pecho, sobre su corazón
-Hay clínicas especializadas para este tipo de... enfermedades.-Carla se tensó entre sus brazos antes de elevar el rostro para mirarle, en sus ojos brillaba el dolor y a pesar de ello, su barbilla se elevó orgullosamente al hablar
-Le conozco, se acabaría escapando, además yo soy quién controla sus premios y sus castigos, en una institución todos son iguales
-¿Qué quiere decir eso?.-Dijo él, ella evitó mirarle mientras se concentraba
-A Álex no se le puede educar, pero le gusta hacer tratos. Así que si no hace nada de lo que Marcus o yo consideramos malo recibe videojuegos, comida rica y libertad para comprar a gusto, además de vez en cuándo puede salir acompañado. Pero en esos...centros.-La palabra salió de su boca cómo un gran insulto.-Todos son iguales y prefieren los castigos a los premios
-A veces uno responde mejor a los castigos que a los premios.-Comentó Marco
-No, no lo entiendes Marco.-Ella seguía sin mirarle aún cuándo él ladeó el rostro para incitarla a ello.-¿Alguna vez has tenido una adicción?
-No creo que pueda ser denominada adicción pero algo así.-Reconoció él
-Cuándo a una persona normal.-Ella elevó las manos para hacer unas comillas imaginarias en la última palabra.-Es sometida a castigos ante una adicción suele funcionar, su deseo disminuye pero cuándo aplicas eso mismo a un psicópata solo consigues que se vuelva más precavido, y más inteligente que tú
-Así que nunca has castigado a Álex.-Adivinó él
-Por lo general, cuándo él hace algo que puede ser considerado malo simplemente deja de tener premios, y todo se reduce al mínimo. Nada de televisión, solo cinco raciones de comida al día, y sin poder salir de la habitación
-¿Funciona?.-Carla asintió una sola vez.-Has dicho por lo general...
-He tenido que usar la fuerza más de una vez para detenerle de hacer algo, por lo que él y yo solemos pelear, al menos hasta que yo consigo reducirlo... Una vez me enfadé tanto que lo golpeé aún cuándo ya no era necesario
-¿Qué hizo él?
-Se rió, se rió tanto que pensé que moriría asfixiado. Creo que es la única vez que le he visto sonrojarse.-Susurró ella
-¿Alguna vez ha matado a una persona?.-Marco decidió que cuánto antes descubriera la verdad antes podría comenzar a respirar con normalidad
-Si me preguntas a mí la respuesta es no, pero si le preguntarás a él o si le hubieras preguntado a mi padre ambos te dirían que él fue el causante de la muerte de mi madre
-¿Tu padre...?
-No. Álex y yo habíamos salido juntos y para cuándo llegamos todo estaba reducido a la nada. Dijeron que era accidental
-Pero tú no lo crees.-Adivinó él
-Él maltrataba a Alex solo porque le tenía miedo y cuánto más asustado estaba más se enfadaba con los dos.- “Un día te despertaras con un cuchillo en la garganta y mi cuerpo en el suelo, y tu estupidez será la única culpable”. El grito de su padre resonó en su cabeza como si fuera él el que estuviera a su lado y no Marco.-Creo...Que cuándo las cosas comenzaron a funcionar decidió que no quería seguir por aquí
-Tu padre te hacía a ti lo que no podía hacerle a Álex.-La rabia se coló a través de la voz de Marco aún cuándo él se había prometido que no mostraría emociones
-No voy a hablar de eso.-Cortó ella.
-Álex te quiere muerta.-Marco sabía que debía detenerse, que debía dejar de escarbar antes de que Carla retrocediera sin posibilidad de vuelta
-¿te sorprende?. He hecho de Alex mi asignatura de matrícula, no da un solo paso sin que yo esté ahí para detenerlo, le he arrancado víctimas de las manos y lo he encerrado durante días cuándo fue incapaz de controlarse
-Pero sigue vivo.-Él se preguntó vagamente sí lo que estaba sintiendo era orgullo
-¿Vas a entregarlo?
-No es el asesino X
-No, si se hubiera movido de la casa lo hubiera sabido
-Las tecnologías fallan
-Por eso te obligué a llevarme hoy, las tecnologías fallan pero aún no ha llegado el día que no sea capaz de distinguir cuándo Alex oculta algo
-Pero sabe quién es
-Probablemente, a veces habla con otros...otras personas como él.-Marco abrió los ojos sorprendido
-Y no va a decírnoslo -Ella asintió levemente antes de dejarse caer de nuevo contra su pecho y deseó poder llorar; llorar por el simple hecho de liberar energía.
Su primer novio pensaba que ella era incapaz de hacerlo porque tenía demasiado orgullo, ella siempre deseó explicarle que era una cuestión puramente práctica...Cuando lloras los ojos se te nublan, se te altera la respiración, te vuelves más lento en reaccionar y eres incapaz de escuchar algo más que tus sollozos... y ella no podía permitirse eso teniendo un psicópata en la habitación de al lado.
Cómo si pudiera sentir su tensión los brazos de Marco la rodearon hasta casi asfixiarla y sólo así fue capaz de respirar de nuevo
Marco aún contemplaba el techo cuándo Carla se durmió por fin cuatro horas después; el deber quemándole las entrañas y todo lo que era en la vida exigiéndole que entregara a Alejandro Molina, pero el hombre en él no podía dejar de pensar en Carla.
La mujer que se había convertido en alguien brillante cuándo tenía todas las excusas posibles para fracasar, la mujer que sabía luchar por necesidad, que nunca dormía profundamente y que durante treinta años se había mantenido con vida.
Sabía que ella era capaz de controlar a su hermano, pero...¿podría vivir él con ello?