Capitulo 14. “La verdad y nada más
que la verdad”
-Coge la interestatal y toma el primer
desvió a la derecha.-Carla llevaba media hora clavando el pie en la
alfombrilla del coche cómo si así pudiera hacer que él condujera
más deprisa.-Ahora a la izquierda.-Le gritó ella
-Carla es un camino de tierra que no
lleva a ninguna parte.-Rezongó él
-Solo hazlo.-Ordenó ella. Marco giró
el volante hasta que el coche comenzó a dar sacudidas por el
irregular suelo bajo las ruedas. Al principio había sido muy fácil
colocarse tras el volante y seguir sus directrices intentando que el
color volviera a su rostro pero Carla cada vez estaba más tensa y
respiraba más agitadamente y él comenzaba a arrepentirse de haber
prometido no hacer preguntas.
Sus ojos captaron un brillo metálico
que parecía venir de la copa de uno de los árboles y todos sus
músculos se tensaron en respuesta, aún así siguió adelante por
delante de un par de caserones antiguos que parecían totalmente
deshabitados
-¿Hay cámaras?.-Preguntó después de
captar otro brillo metálico
-Todo el perímetro está rodeado de
cámaras y una verja, solo que estaba abierta para nosotros.-Dijo
ella con voz controlada.-Detente frente a la casa.-Marco necesito un
par de minutos más hasta vislumbrar la casa, si es que se podía
llamar así, que se cernía frente a ellos.
La fachada blanca estaba
descascarillada y los marcos de la puerta y las ventanas que antes
eran rojizos ahora tenían un color indescriptible; un enorme porche
de madera oscura que la rodeaba por completo
-¿Está deshabitada?.-Preguntó él
sin poder contenerse al ver el saco de boxeo maltratado por el uso y
los años junto a la puerta
-Supongo que no puedo convencerte de
que te quedes aquí.-Dijo ella mirándole a la vez que sus nudillos
se volvían blancos alrededor del tirador de la puerta
-No, no puedes.-Dijo él apagando el
motor
-Al menos prométeme que no tomarás una
decisión hasta que hablemos de ello luego.-Exigió Carla, y él de
nuevo tuvo la certeza de que haría cualquier cosa por borrar esa
expresión de su rostro.
Carla bajó de un salto del coche y
corrió hacia la puerta cómo si mil demonios la persiguieran, empujó
la puerta con tanta fuerza que rebotó contra la pared
-¡¿Se puede saber que se te pasa por
la cabeza?!.-Bramó. Marco caminó con pasos lentos para darle algo
de tiempo pero llegó a tiempo de ver al hombre que se levantaba de
un sofá de cuero negro.
Era un poco más bajo que él, de
aspecto desgarbado aunque fuerte. Un par de mechones color zanahoria
le caían sobre la frente sobre un par de ojos grises que le
analizaron de arriba a abajo.
Sin apartar la mirada de él se inclinó
hasta capturar la mano de Carla en la suya y besar el dorso en un
movimiento teatral que Marco estaba seguro había traído de cabeza a
muchas mujeres.
Su primer pensamiento había sido que
Carla tenía un novio secreto lo que había despertado una sensación
asfixiante pero cuándo ella retiró la mano de un tirón y le
observó con gesto airado todas las piezas encajaron en su cabeza...
Mismo color de pelo aunque distinta
tonalidad, distinto color de ojos aunque la misma arruga en el
entrecejo, y sin ninguna duda misma postura obstinada.
-Yo también me alegro de verte
hermanita.-Marco no pudo evitar su jadeo aún cuándo ya lo había
sospechado, su cabeza trabajando a mil por horas cuándo Alejandro
Molina se giró totalmente hacía él.-¿Quién es tu invitado?
-Ni le mires.-Gruñó ella moviéndose
levemente hasta interponerse entre ambos.-Y ahora dime, ¿qué
querías?
-Esa es una pregunta demasiado
general.-Dijo él sentándose en el sofá, cruzando las piernas de
forma que el tobillo de una descansara sobre su rodilla y puso su
dedo índice sobre sus labios
-Le has dado un susto de muerte a la
señora Harnie, Marcus ha estado a punto de darte una paliza y yo he
tenido que dejar todo para venir corriendo debatiéndome si
encerrarte o dejarte sin comer por hacerme buscar otra mujer que esté
dispuesta a vivir bajo tu techo.-Bramó ella.-Ahora dime, ¿qué
quieres?
-Verte.-Dijo él con sus ojos brillando
con malicia.-Ahora, ¿vas a presentarme a tu amigo?
-No.-Gruñó ella pasándose las manos
por el pelo
-Marco Cardone.-Dijo él dando un paso
al frente y ofreciéndole su mano. Alejandro Molina se estiró sobre
el sofá para devolver su agarre con más dulzura de la necesaria y
Carla le dio un manotazo obligandole a liberar a Marco, quién la
observó comenzar a andar de arriba para abajo frente al sofá
-Tranquilo, no va a sufrir un
colapso.-Dijo Alejandro cruzando las manos bajo su cabeza y
estirándose hacia atrás.-Cuando realmente debes preocuparte es
cuándo está callada, entonces está planeando como arrancarte las
pelotas
-¡Alex!.-Exclamó ella, para luego
sentarse en la mesa baja de madera frente a él. Elevó las manos en
el aire para luego dejarlas caer sobre sus propios muslos como si
supiera que no debía tocarle.-Bien, aquí estoy, a salvo, nadie te
ha quitado el privilegio.-Dijo ella con calma, como si estuviese
hablando con un niño rebelde
-Me alegro.-Dijo él mostrando una
sonrisa brillante. Marco por un momento sintió que el suelo se
doblaba bajo sus pies ante sus palabras-Me he enterado que le pisas
los talones a un asesino, y supongo que el hecho de que tu novio
lleve pistola lo confirma.-Dijo indicando a Marco con la mano
extendida
-Si, pero si lo que te preocupa es
perder el privilegio de mi muerte puedes estar tranquilo, no le
dejaré acercarse tanto.-Marco fue consciente de dos cosas a la vez;
Carla no había negado ante su hermano que él era su novio pero por
encima de eso estaba el dolor en las palabras de Carla que Alejandro
Molina no parecía captar
-Oh querida, yo tampoco dejaré que se
acerque tanto.-Dijo él inclinándose hacia delante
-Carla.-La puerta que había al final
de la habitación se abrió suavemente. Un hombre de tranquilamente
dos metros, rapado y con una mirada helada que decía que no dudaría
en asfixiarte apareció ante ellos
-Marcus.-Dijo ella levantándose para
abrazarle, Marco no pudo evitar pensar que el nombre le venía que ni
pintado justo cuando Alex se levantó silenciosamente y se dirigió
hacia él con una sonrisa en los labios.
Sus movimientos eran lánguidos hasta
rozar la lascividad y aún así su mirada era totalmente desquiciada,
Marco se forzó a no llevarse la mano a la culata de la pistola aún
cuándo él se acercaba cada vez más pero justo cuándo el potente
olor de lo que parecía una colonia voló hasta él Alejandro Molina
fue lanzado hacia atrás y cayó en una posición poco elegante sobre
el sofá
-¡Alex!.-Dijo Carla inclinándose
sobre él.-Te lo repito, tócale y te mantendré encerrado durante
una semana
-No me da miedo la oscuridad.-Replicó
él con el tono de un niño malcriado
-Lo sé, a ti no te da miedo
nada.-Tarareó ella cómo si se tratara de una oración.-Pero me
encargaré de que no haya cama y que solo tengas tres comidas al día
y una palangana en la que hacer tus necesidades.-Esto pareció
encajar algunas piezas en la cabeza de Alex que simplemente se
inclinó hacía atrás. Hasta ese momento Marco no fue consciente de
que era Carla quién le había empujado lejos de él, ya que Marcus
se mantenía a una distancia prudencial con expresión indescifrable
-Bien, mantendré las manos fuera de tu
chico.-Dijo Alex poniendo las manos bajo su cabeza de nuevo y esta
vez mostrando una gran porción de su estomago.-¿Eres realmente su
novio?
-No le respondas.-Dijo Carla al
instante y volviéndose a sentarse sobre la mesa.-Prométeme que no
volverás a hacer algo así
-¿El qué, preguntarle a alguien si es
tu novio?.-Dijo Alex inocentemente
-Entrar en la habitación de alguien
mientras duerme, atarla y esperar que despierte con un cuchillo en la
mano.-Marco se atragantó con su propia saliva y Alex le dedicó una
mirada de soslayo
-No puedo hacer eso
-Prométeme que no lo harás con ningún
empleado.-Intentó ella de nuevo
-Eso si puedo hacerlo.-Dijo él con una
enorme sonrisa antes de mirarlo a ambos.-Os excluye del trato
-Tengo que irme Alex.-Dijo ella y por
un momento parecía triste.-Volveré en una semana como máximo
-¿Esperas tener el asesino para
entonces?.-Dijo él
-¿Sabes quién es, verdad?.-Dijo ella
-Lo sospecho.-Dijo él encogiéndose de
hombros
-Y no me lo dirás.-Confirmó ella
-Pretendo que se mantenga alejado de
ti, no puedo hacerlo si tu vas detrás de él.-Dijo él como si la
estuviesen hablando de té en vez de psicópatas
-Me desesperas Alex.-Dijo ella antes de
darle un suave apretón al brazo de Marcus y dirigirse hacia la
puerta arrastrándole con ella.-Por favor espera a estar en tu
casa.-Susurró justo cuando bajaban los escalones del porche
Marco pensó que no necesitaba
decírselo dos veces se sentía cómo Alicia en el país de las
maravillas y él también necesitaba algo de tiempo para...¿para
qué?, ¿para aceptar que Alejandro Molina seguía vivo y era un
psicópata?, ¿para aceptar que Carla lo mantenía oculto a saber
porqué? Y justo cuándo giró el coche en el camino de entrada
comprendió que ninguna de las mil preguntas que le habían rondado
era tan primordial como...¿Estaba matando Alejandro Molina?
-Alejandro y Carla Molina en su infancia-




