miércoles, 30 de octubre de 2013

CAPITULO 14 LA CAJA DE LOS SECRETOS


Capitulo 14. “La verdad y nada más que la verdad”

-Coge la interestatal y toma el primer desvió a la derecha.-Carla llevaba media hora clavando el pie en la alfombrilla del coche cómo si así pudiera hacer que él condujera más deprisa.-Ahora a la izquierda.-Le gritó ella
-Carla es un camino de tierra que no lleva a ninguna parte.-Rezongó él
-Solo hazlo.-Ordenó ella. Marco giró el volante hasta que el coche comenzó a dar sacudidas por el irregular suelo bajo las ruedas. Al principio había sido muy fácil colocarse tras el volante y seguir sus directrices intentando que el color volviera a su rostro pero Carla cada vez estaba más tensa y respiraba más agitadamente y él comenzaba a arrepentirse de haber prometido no hacer preguntas.
Sus ojos captaron un brillo metálico que parecía venir de la copa de uno de los árboles y todos sus músculos se tensaron en respuesta, aún así siguió adelante por delante de un par de caserones antiguos que parecían totalmente deshabitados
-¿Hay cámaras?.-Preguntó después de captar otro brillo metálico
-Todo el perímetro está rodeado de cámaras y una verja, solo que estaba abierta para nosotros.-Dijo ella con voz controlada.-Detente frente a la casa.-Marco necesito un par de minutos más hasta vislumbrar la casa, si es que se podía llamar así, que se cernía frente a ellos.
La fachada blanca estaba descascarillada y los marcos de la puerta y las ventanas que antes eran rojizos ahora tenían un color indescriptible; un enorme porche de madera oscura que la rodeaba por completo
-¿Está deshabitada?.-Preguntó él sin poder contenerse al ver el saco de boxeo maltratado por el uso y los años junto a la puerta
-Supongo que no puedo convencerte de que te quedes aquí.-Dijo ella mirándole a la vez que sus nudillos se volvían blancos alrededor del tirador de la puerta
-No, no puedes.-Dijo él apagando el motor
-Al menos prométeme que no tomarás una decisión hasta que hablemos de ello luego.-Exigió Carla, y él de nuevo tuvo la certeza de que haría cualquier cosa por borrar esa expresión de su rostro.
Carla bajó de un salto del coche y corrió hacia la puerta cómo si mil demonios la persiguieran, empujó la puerta con tanta fuerza que rebotó contra la pared
-¡¿Se puede saber que se te pasa por la cabeza?!.-Bramó. Marco caminó con pasos lentos para darle algo de tiempo pero llegó a tiempo de ver al hombre que se levantaba de un sofá de cuero negro.
Era un poco más bajo que él, de aspecto desgarbado aunque fuerte. Un par de mechones color zanahoria le caían sobre la frente sobre un par de ojos grises que le analizaron de arriba a abajo.
Sin apartar la mirada de él se inclinó hasta capturar la mano de Carla en la suya y besar el dorso en un movimiento teatral que Marco estaba seguro había traído de cabeza a muchas mujeres.
Su primer pensamiento había sido que Carla tenía un novio secreto lo que había despertado una sensación asfixiante pero cuándo ella retiró la mano de un tirón y le observó con gesto airado todas las piezas encajaron en su cabeza...
Mismo color de pelo aunque distinta tonalidad, distinto color de ojos aunque la misma arruga en el entrecejo, y sin ninguna duda misma postura obstinada.
-Yo también me alegro de verte hermanita.-Marco no pudo evitar su jadeo aún cuándo ya lo había sospechado, su cabeza trabajando a mil por horas cuándo Alejandro Molina se giró totalmente hacía él.-¿Quién es tu invitado?
-Ni le mires.-Gruñó ella moviéndose levemente hasta interponerse entre ambos.-Y ahora dime, ¿qué querías?
-Esa es una pregunta demasiado general.-Dijo él sentándose en el sofá, cruzando las piernas de forma que el tobillo de una descansara sobre su rodilla y puso su dedo índice sobre sus labios
-Le has dado un susto de muerte a la señora Harnie, Marcus ha estado a punto de darte una paliza y yo he tenido que dejar todo para venir corriendo debatiéndome si encerrarte o dejarte sin comer por hacerme buscar otra mujer que esté dispuesta a vivir bajo tu techo.-Bramó ella.-Ahora dime, ¿qué quieres?
-Verte.-Dijo él con sus ojos brillando con malicia.-Ahora, ¿vas a presentarme a tu amigo?
-No.-Gruñó ella pasándose las manos por el pelo
-Marco Cardone.-Dijo él dando un paso al frente y ofreciéndole su mano. Alejandro Molina se estiró sobre el sofá para devolver su agarre con más dulzura de la necesaria y Carla le dio un manotazo obligandole a liberar a Marco, quién la observó comenzar a andar de arriba para abajo frente al sofá
-Tranquilo, no va a sufrir un colapso.-Dijo Alejandro cruzando las manos bajo su cabeza y estirándose hacia atrás.-Cuando realmente debes preocuparte es cuándo está callada, entonces está planeando como arrancarte las pelotas
-¡Alex!.-Exclamó ella, para luego sentarse en la mesa baja de madera frente a él. Elevó las manos en el aire para luego dejarlas caer sobre sus propios muslos como si supiera que no debía tocarle.-Bien, aquí estoy, a salvo, nadie te ha quitado el privilegio.-Dijo ella con calma, como si estuviese hablando con un niño rebelde
-Me alegro.-Dijo él mostrando una sonrisa brillante. Marco por un momento sintió que el suelo se doblaba bajo sus pies ante sus palabras-Me he enterado que le pisas los talones a un asesino, y supongo que el hecho de que tu novio lleve pistola lo confirma.-Dijo indicando a Marco con la mano extendida
-Si, pero si lo que te preocupa es perder el privilegio de mi muerte puedes estar tranquilo, no le dejaré acercarse tanto.-Marco fue consciente de dos cosas a la vez; Carla no había negado ante su hermano que él era su novio pero por encima de eso estaba el dolor en las palabras de Carla que Alejandro Molina no parecía captar
-Oh querida, yo tampoco dejaré que se acerque tanto.-Dijo él inclinándose hacia delante
-Carla.-La puerta que había al final de la habitación se abrió suavemente. Un hombre de tranquilamente dos metros, rapado y con una mirada helada que decía que no dudaría en asfixiarte apareció ante ellos
-Marcus.-Dijo ella levantándose para abrazarle, Marco no pudo evitar pensar que el nombre le venía que ni pintado justo cuando Alex se levantó silenciosamente y se dirigió hacia él con una sonrisa en los labios.
Sus movimientos eran lánguidos hasta rozar la lascividad y aún así su mirada era totalmente desquiciada, Marco se forzó a no llevarse la mano a la culata de la pistola aún cuándo él se acercaba cada vez más pero justo cuándo el potente olor de lo que parecía una colonia voló hasta él Alejandro Molina fue lanzado hacia atrás y cayó en una posición poco elegante sobre el sofá
-¡Alex!.-Dijo Carla inclinándose sobre él.-Te lo repito, tócale y te mantendré encerrado durante una semana
-No me da miedo la oscuridad.-Replicó él con el tono de un niño malcriado
-Lo sé, a ti no te da miedo nada.-Tarareó ella cómo si se tratara de una oración.-Pero me encargaré de que no haya cama y que solo tengas tres comidas al día y una palangana en la que hacer tus necesidades.-Esto pareció encajar algunas piezas en la cabeza de Alex que simplemente se inclinó hacía atrás. Hasta ese momento Marco no fue consciente de que era Carla quién le había empujado lejos de él, ya que Marcus se mantenía a una distancia prudencial con expresión indescifrable
-Bien, mantendré las manos fuera de tu chico.-Dijo Alex poniendo las manos bajo su cabeza de nuevo y esta vez mostrando una gran porción de su estomago.-¿Eres realmente su novio?
-No le respondas.-Dijo Carla al instante y volviéndose a sentarse sobre la mesa.-Prométeme que no volverás a hacer algo así
-¿El qué, preguntarle a alguien si es tu novio?.-Dijo Alex inocentemente
-Entrar en la habitación de alguien mientras duerme, atarla y esperar que despierte con un cuchillo en la mano.-Marco se atragantó con su propia saliva y Alex le dedicó una mirada de soslayo
-No puedo hacer eso
-Prométeme que no lo harás con ningún empleado.-Intentó ella de nuevo
-Eso si puedo hacerlo.-Dijo él con una enorme sonrisa antes de mirarlo a ambos.-Os excluye del trato
-Tengo que irme Alex.-Dijo ella y por un momento parecía triste.-Volveré en una semana como máximo
-¿Esperas tener el asesino para entonces?.-Dijo él
-¿Sabes quién es, verdad?.-Dijo ella
-Lo sospecho.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Y no me lo dirás.-Confirmó ella
-Pretendo que se mantenga alejado de ti, no puedo hacerlo si tu vas detrás de él.-Dijo él como si la estuviesen hablando de té en vez de psicópatas
-Me desesperas Alex.-Dijo ella antes de darle un suave apretón al brazo de Marcus y dirigirse hacia la puerta arrastrándole con ella.-Por favor espera a estar en tu casa.-Susurró justo cuando bajaban los escalones del porche
Marco pensó que no necesitaba decírselo dos veces se sentía cómo Alicia en el país de las maravillas y él también necesitaba algo de tiempo para...¿para qué?, ¿para aceptar que Alejandro Molina seguía vivo y era un psicópata?, ¿para aceptar que Carla lo mantenía oculto a saber porqué? Y justo cuándo giró el coche en el camino de entrada comprendió que ninguna de las mil preguntas que le habían rondado era tan primordial como...¿Estaba matando Alejandro Molina?



-Alejandro y Carla Molina en su infancia-

miércoles, 23 de octubre de 2013

CAPITULO 13 La caja de los secretos

CAPITULO 13. “Las piezas del puzzle están ahí, solo hay que encajarlas”

Carla abrió los ojos lentamente, el sol entraba por la ventana haciendo que las motas de polvo que había en el aire brillaran como oro; pequeñas partículas que caían sobre ella bañándola, limpiándola...
Lentamente fue consciente del brazo que rodeaba su cintura y el cuerpo a su espalda; volvía a tener dieciocho años y estaba con un extraño con el que se había acostado sin tener muy claro la razón, volvía a tener dieciocho años y se había escapado por la noche de casa para acabar en el cuarto de baño de algún bar con un chico que le había sonreído y ella solo quería olvidar sus problemas...
Sus ojos se abrieron alarmados cuándo comprendió que ella nunca se quedaba a dormir, que ella no tenía dieciocho años y que su padre estaba muerto; se giró con tanta fuerza que estuvo a punto de golpear a Marco si él no le hubiese agarrado la mano en el último instante.
Se mantuvieron así, frente a frente en la cama. Carla con la respiración agitada y Marco con los ojos entrecerrados.
-¿Estas bien?.-Marco posó sus labios sobre su muñeca antes de colocarla en su cintura, Carla pensó vagamente que eso es lo que haría con un animal salvaje al que intentaba tranquilizar.
-Creo que sí.-Susurró ella
-No me refiero solo físicamente.-Ambos hablaban como si mil personas estuvieran intentando oírlos y no estuvieran solos en su dormitorio.
-Nunca había hecho esto.-Marcó enarcó una ceja al instante y Carla no pudo evitar sonrojarse.-Dormir con alguien
-No sé porque pero lo sospechaba.-Dijo él trazando círculos en su cadera con el pulgar.-De hecho no esperaba que estuvieras aquí cuándo me despertara
-Si quieres puedo irme.-Repuso ella demasiado rápido
-Me encanta que estés aquí.-Dijo él inclinándose y besando su frente. Por primera vez Marco comprendió que decía eso de verdad y no porque quisiera reconfortar a la mujer que había a su lado.
Carla no pudo escapar el jadeo que se escapó de sus labios cuándo él enganchó su mano en su muslo para elevarlo de forma que su pierna le rodeaba la cintura.
Marco la besó lentamente, con su lengua trazando la herida en su labio dónde él mismo le había mordido la noche pasada, sus manos le acariciaron todo el cuerpo con delicadeza, aprendiendo cuándo sus temblores se debían a las cosquillas y cuándo algo más.
Carla había necesitado solo diez minutos de la noche anterior para descubrir y aprender los suyos, y aunque una parte de ella estaba detestándose por no poder hacer todo con calma, la otra disfrutó explotando estos puntos.
Al final él le hizo el amor lentamente, mirándola a los ojos aún cuándo ella intentaba apartar la cabeza o bajar los párpados.
-Deberíamos ir a ver a la familia de la víctima.-Dijo él una hora después con Carla sobre su pecho
-¿Cuál vamos a ver?.-Susurró ella acariciando su pecho con la mejilla.
-Pensaba empezar la del hombre ya que parece ser una excepción en su patrón. Su hermano vive a pie de playa, podríamos hacer una visita informal
-Genial.-Dijo ella saltando de la cama y dirigiéndose corriendo hacia su habitación. Marco la contempló alejarse desnuda y se le pasó por la cabeza que Carla nunca parecía tener problemas con su cuerpo, cómo si simplemente estuviera ahí... Un arma a utilizar algunas veces y un envase en otros.
Carla por otro lado estaba cerrando el botón de sus vaqueros mientras intentaba mantener su mente a raya, “nada de pensamientos desagradables” se había convertido en su nuevo mantra; la vida los alcanzaría en cualquier momento y ella tendría que decirle adiós a Marco pero iba a disfrutar de la ventaja que pudieran tener...
-Ten.-Dijo Marco tendiéndole una taza de café humeante. Carla tomó un buen sorbo mientras sus ojos vagaban por la camiseta blanca de mangas cortas que se adhería a su cuerpo y los vaqueros claros, pensó que podría acostumbrarse a eso.
¡¿Acostumbrarse?!, ¿realmente estaba pensando eso?. Ella pagaría cualquier precio por tener una vida con Marco trayéndole el café por las mañanas, con su fuerza instándola a seguir adelante y su sonrisa haciéndole creer que realmente no había problemas, que realmente su vida no tenía los días contados.
-¿Qué sucede?.-Dijo él frunciendo el ceño
-Nada.-Dijo ella con una sonrisa
-No me mientas.-Dijo él más brusco de lo que deseaba, las comisuras de los labios de Carla temblaron unos segundos pero no se movieron de su posición.-Carla, sé que no crees que yo tenga tus superpoderes pero puedo notar cuándo te alejas de aquí
-No puedo estar más cerca.-Susurró ella dando un paso hacia delante de forma que sus cuerpos se tocaran
-Yo creo que si puedes.-Dijo él respondiendo a las palabras que ella no se había atrevido a decir en voz alta.-Ahora vayámonos -Dijo posando levemente sus labios contra su frente y dando la vuelta.


-¿Cuál es tu color favorito?.-Dijo él después de media hora de viaje en silencio
-Supongo que el rojo.-Dijo ella
-¡Vamos mejorando tu carácter!. Ya esperaba que respondieras negro
-A mi carácter no le sucede nada.-Carla continuaba mirando por la ventana pero sus músculos comenzaban a tensarse
-Claro que no, si lo comparas con el de un perro rabioso castrado
-Le dijo la olla al cazo.-Mascullo ella
-¡Yo no voy gruñendole a la gente!
-No, solo vas sobreprotegiendo a todos cómo si fueran niños pequeños y tú el gran Santa Claus
-Santa Claus trae regalos, no protege a los niños
-¡Ya me has entendido!.-Dijo ella sacándole la lengua. Marco no pudo evitar sonreír ante aquel gesto tan impropio de ella.-¿Y el tuyo?
-¿Qué?
-Tu color...-Carla puso los ojos en blancos cómo si fuera imposible tratar con él
-El azul.-Dijo él tomando una desviación
-Espera...¿A dónde vamos?.-Dijo Carla con un tono de tensión en su voz
-A la playa.-Dijo él cómo si fuera lo más evidente
-Ya pero pensaba que te referías a la playa más cercana no a la otra
-Si fuera esa ya estaríamos allí, ¿tienes algo en contra de esta playa?
-Absolutamente nada.-Carla reclinó levemente el sillón y comenzó a juguetear con sus dedos, Marco tenía la certeza de que algún día se los rompería pero por el momento dejó que se mantuviera en sus pensamientos porque él necesitaba ordenar sus propias ideas, tanto las del asesino como las referentes a Carla.


-Hemos llegado.-Dijo él aparcando frente a una casita de madera blanca con un porche de madera azul oscuro que la rodeaba por completa
-Allá vamos.-Carla saltó del asiento y observó cómo la arena blanca y suave llegaba hasta sus pies impulsada por la brisa fresca que la alejaba de la playa
-¿Estás bien?.-Dijo Marco mirando su rostro intentando encontrar algún indicio de sus emociones
-Claro.-Dijo ella sacada de su ensoñación, comenzó a caminar hacia la casa
Acababan de subir el primer escalón del porche cuándo la puerta se abrió lentamente y un hombre apareció a la vista. Carla sintió como el estomago le daba un vuelco y su mente intentaba encontrar una explicación al hecho de la víctima acababa de cobrar vida ante ellos.
-Gemelos.-Jadeó. De metro noventa, pelo grisáceo corto y ojos celestes brillantes, aunque de piel tan blanquecina cómo había estado la de su hermano en su último momento de vida
-Tal vez debería haberles avisado, parecen a punto de desmayarse.-Dijo él con tono ronco
-Lo siento, lo olvidé-Dijo Marco adelantándose y ofreciéndole la mano.-Apenas pudimos hablar cuándo todo ocurrió porque hubo dos víctimas casi al mismo tiempo
-Si, usted prometió encontrar al asesino.-No había rencor o impaciencia en su voz, era cómo si solo quisiera asegurarse de que él recordaba su palabra
-Y así lo haré. Le presento a Carla Molina.-El hombre dirigió su mirada hacia ella evaluándola, Carla reconoció el movimiento al instante y se mantuvo con la espalda erguida hasta que él decidió darle la mano
-Usted no estaba allí cuándo mataron a mi hermano, hubiera reconocido a una hija de militar.-Dijo él con tono arrastrado, Marco le dirigió una mirada de soslayo
-Siento decepcionarle pero mi padre no era militar
-Oh, lo siento, a veces termino confundiendo a las personas por lo que deseo ver en ellas. Entonces, ¿quién es?.-Carla echó los hombros hacía atrás y elevó la barbilla antes de hablar
-Ambos somos las personas que vamos a capturar al asesino de su hermano y vamos a hacerle pagar por ello con creces.-La carcajada áspera rompió el aire
-Ya he escuchado eso antes
-No de mí.-Dijo ella manteniendo su postura hasta que su expresión cambió denotando que comenzaba a tomarla en serio.-Pero necesitamos hacerle algunas preguntas más
-Por supuesto, vamos a entrar.-Dijo él girándose lo más rápidamente que le permitía la cojera de su pie izquierdo.-¿Quieren algo de beber?
-No gracias.-Dijo Marco y Carla se limitó a negar suavemente mientras se sentaba en el sofá que él le había indicado al pasar a su lado.
-¿En qué puedo ayudarles?
-¿Carla?.-Dijo Marco mirándola para cederle las primeras preguntas
-Hableme de las mujeres de su hermano.-Dijo ella inclinándose hacia atrás
-¿Mujeres?.-Dijo él confundido
-Si, sus relaciones y amistades femeninas
-Bueno, él y yo no tuvimos una infancia fácil y el ejercito no ayudo nada por lo que no somos...éramos muy dados a tener relaciones, no tenemos esa suavidad...¿Sabe lo que le digo?.-Esta vez la pregunta fue dirigida a Marco que se limito a asentir sin mostrar ninguna emoción.-Pero no entiendo que tiene que ver eso, en la radio dicen que el asesino X es un hombre
-Señor.-Carla se inclinó hacia delante clavando los codos en las rodillas para estar más cerca, manteniendo su mirada fija en sus ojos y usando un tono de voz calmado.-Cómo usted dice sospechamos que el asesino X es un hombre pero todas sus víctimas son mujeres excepto su hermano, lo que me hace pensar que tal vez su hermano mantuviera algún tipo de relación con alguna de las mujeres o tal vez presenció un intento del asesino y por eso termino muerto. Por esa razón es muy importante que se concentre y me ayude.-Él abrió sus ojos desmesuradamente antes de asentir un par de veces
-Estaba viendo a alguien.-Tartamudeó al principio.-No hablaba de ella por lo que era un poco difícil saberlo pero la quería
-¿Por qué no hablaba de ella?.-Susurró Carla, el hombre se inclinó hacia delante lentamente.
-Creo que estaba casada, a veces se le escapa que ella había tenido problemas porque se recogieron tarde y no, a él no le iban las jovencitas que pudieran vivir con sus padres
-¿Puede decirme algo más?, ¿algún rasgo físico?.-Intentó Carla
-Él... Él era un poeta.-Bajó la mirada hasta su regazo antes de volver a hablar y cuándo lo hizo ya no quedaba ni rastro del tartamudeo o el tono ronco. -Decía que su cabello rubio le recordaba al oro derretido que se vertía sobre sus dedos cuándo él la acariciaba, que sus labios eran de un rojo brillante, de esa tonalidad que se queda cuándo uno se los muerde mucho, cómo si ella lo hiciera constantemente... Ojos celestes tan fríos que podrían helarte el alma y tan cálidos que te harían creer que sostendrían tu alma en vilo durante toda una vida.-Carla miró a Marco viendo la mezcla de emociones que ella misma sentía en su rostro
-Muchas gracias señor.-Dijo ella levantándose y tendiéndole la mano que él estrechó
-Cuándo me llamaron por la muerte de mi hermano no me hicieron esas preguntas.-Dijo él
-Ahora podemos ver las cosas con más perspectiva, en ese momento todos estábamos demasiados conmocionados.-Dijo Carla
-Me quedo mucho más tranquilo ahora.-Volvió a insistir él
-Me alegro.-Carla se apresuró a recuperar su mano que él aún sostenía.-Te espero fuera.-Le dijo a Marco antes de desaparecer en el porche
-¿Está seguro de que no es hija de un militar?.-Dijo él girándose hacia Marco
-No, creo que no
-Reacciona igual de mal a las emociones que un militar, aún así usted es su coeunt
-¿Qué es coeunt?
-Compañero, es una expresión que se suele utilizar en mi familia cuándo dos personas ligan sus vidas de tal forma que uno no puede dañar a uno sin dañar al otro
-Gracias por su ayuda.-Dijo él necesitando salir de allí cuánto antes.
Carla le esperaba dejada caer contra la puerta de la camioneta con los brazos cruzados a la altura del pecho y una mirada enigmática
-¿Te apetece ir a la playa?.-Dijo él sin pensarlo, ella abrió la boca para comenzar a replicar pero él la acalló elevando la mano.-Si, sé que tenemos mucho trabajo, y sé que no es justo que desee tener algo de descanso pero no puedo dejar de pensar en meter mis pies descalzos en la arena aunque sean dos minutos
-Iba a decirte que hoy deberíamos quedarnos trabajando en casa hasta encontrar la relación exacta entre la víctima tres y este hombre ya que nos quedaremos hasta tarde
-Esa es mi chica.-Dijo él agachándose y elevándola sobre su hombro. Carla emitió un grito ahogado antes de rodear su cintura con sus brazos, asegurando su posición
-¿Cuándo te has vuelto tan juguetón?.-Ella tuvo que gritar ya que el sonido de las olas comenzaban a sofocar sus palabras
-Nunca dejé de serlo.-Dijo él dejándola sobre sus pies y observándola demasiado serio-¿Te molesta?
-Me gusta.-Reconoció ella con una sonrisa tironeando de la comisura de sus labios. Él se inclinó hacia abajo y enmarcó su rostro con ambas manos antes de rozar su boca con la suya justo antes de que el teléfono de Carla comenzara a sonar y ella se tensara bajo sus dedos
-Lo siento, tengo que contestar.-Carla se alejó de él a la vez que descolgaba y Marco aprovechó para quitarse los zapatos y los calcetines y hundir sus dedos bajo la arena fresca.
Sus ojos vagaron de forma inconsciente a Carla, su pelo era demasiado oscuro como para ser comparado con el fuego y aún así refulgía con la misma fuerza; cuándo la noche anterior había introducido los dedos entre los mechones casi había esperado quemarse.
-¿Qué ha hecho qué?.-La angustia en el tono de voz de Carla congeló todos sus pensamientos pero ella dio un paso más cerca del agua, alejándose de él.
El policía en él quería continuar cada uno de sus gestos ahora que no podía oír su voz hasta distinguir si la situación necesitaba de su intervención pero se obligó a darle la espalda y contemplar las casas que bordeaban toda la costa; tal vez cuándo se retirara comprara una, tal vez cuándo la necesidad de limpiar, de compensar el mundo quedara atrás.
-Llegaré en diez minutos.-Carla caminaba hacia él de forma que las últimas palabras si fue capaz de oírlas pero nadie ni nada fue capaz de prepararlo para su visión.
Había creído volverse loco cuándo Carla recibió la carta de amenaza, su sed de venganza había rugido cuándo habían tenido el accidente pero nunca... en ninguna de esas ocasiones sintió cómo las rodillas le flojeaban y amenazaban con hacerle caer, claro que ni siquiera siendo sacada de la montaña de chatarra que había sido su camioneta Carla había parecido tan vulnerable.
El color se había retirado por completo de su rostro haciendo que las pecas fueran más evidentes, esos labios que él mismo había besado hacía tan solo unos minutos ahora parecían azulados, muertos pero sin duda la peor visión fueron aquellos enormes ojos cuyo ámbar brillaba con fiereza y parecían suplicar para que él no la decepcionara.
-Necesito que me lleves a un sitio, y que no hagas preguntas.-Carla se atoró con la sequedad de su garganta que estuvo a punto de provocarle una arcada y tuvo que volver a empezar.-Sé que te estoy pidiendo mucho, solo necesito que esperes a después, cuándo haya vuelto a recuperar el control te diré todo lo que quieras saber.-Y antes de que ella pudiera decir nada más él ya estaba de camino hacia el coche.



miércoles, 16 de octubre de 2013

Capitulo 12 La caja de los secretos

Capitulo 12. “Y vuelve en forma de tsunami”

Su padre tenía la teoría de que todos tenemos un mecanismo de autodefensa en nuestro interior, y se había encargado de desarrollar el de Carla durante años...
Noche tras noche se colaba en su habitación y le vaciaba un cubo de agua helada sobre la cabeza sin importar que estuvieran en Enero o en Agosto, hasta que finalmente ella había sido capaz de despertarse incluso antes de que él entrase en su habitación.
Por eso cuándo en medio de la niebla espesa que la rodeaba se dio cuenta de que se había desmayado, de que era una presa fácil todos su niveles de alerta se dispararon.
Sergio agarró su brazo en el momento en el que ella se sentaba de golpe en la cama.
-Estas bien Carla, estás bien.-Consiguió gritarle por encima de los latidos de su corazón que amenazaban con dejarla sorda
-Me he desmayado.-Dijo ella aún con su mirada enfocándose a la habitación blanca
-Si pero estas bien, estás a salvo.-Sergio tuvo que utilizar toda su fuerza para conseguir tumbarla de nuevo
-¿Por qué no estás con Marco?.-Le incriminó ella. Él hizo una mueca antes de contestar
-Porque cuándo fui a verle hace media hora se puso como un energúmeno diciendo que podías despertar sola y desorientada en cualquier minuto.-Explicó él con exagerada paciencia. Marco había tenido razón, si Segio no hubiese estado ahí ella probablemente hubiera terminado confundiendo el pasado con el presente, pero ahora no debía pensar en ello...
-¿Está despierto?, ¿ya?
-Si, todo parecía peor porque él se golpeó la cabeza cuándo el coche volcó, pero los médicos os han revisado a ambos y aparte de algunas contusiones estáis como dos robles...Ya lo dicen, hierba mala nunca muerte.-La puerta se abrió lentamente con un chirrido y una mujer de pelo rubio atado en una pulcra coleta asomó su cabeza dentro
-¿Está despierta?.-Susurró poniendo una mano sobre el hombro de Sergio, para Carla no pasó desapercibido como él le dio un suave apretón antes de contestar
-Si, desde hace unos minutos pero estaba bastante confundida, parecía a punto de matar a alguien
-Suele pasarle a los policías.-Si ella supiera...

Carla consiguió dormir dos horas seguidas en todo el día. Odiaba los hospitales y estar atada al gotero, aún así se dedicó a contemplar el techo mientras Sergio intentaba darle conversación y ella esquivaba cualquier preguntar personal; al final consiguió que él se durmiera alrededor de las dos de la mañana así que tuvo tiempo de sobra para preguntarse que narices había pasado.
Sergio le había dicho que alguien había colocado un dispositivo en una alcantarilla que pinchó las cuatro ruedas a la vez y que por mucho que la policía se introdujo en la red de alcantarillado no consiguieron encontrar una pista, así que ahora estaban revisando cámaras de seguridad cercanas a las posibles entradas...Lo que implicaba un gran gasto de tiempo y personal.
Carla estaba comenzando a sentirse bloqueada, había estado casi segura de que el asesino tenía conocimientos médicos pero cualquier persona no puede entrar en las alcantarillas sin más, ¿verdad?.
Marco cortó la linea de sus pensamientos a las seis de la mañana cuándo se deslizó en su habitación vistiendo su ropa.
-¡¿Por qué estás andando por ahí y con tu ropa y yo estoy aquí?!.-Le gritó Carla despertando a Sergio de un sobresalto.-Se suponía que eras tú el medio muerto
-Vaya, veo que te alegras de verme
-Creo que no me he alegrado tanto de ver a alguien nunca antes.-Dijo Carla reacomodando la almohada a su espalda. Marco se detuvo a medio camino entre la cama y la puerta; ella probablemente lo había dicho sin ser consciente de ello y Marco estuvo a punto de dar un salto de alegría porque por fin ella comenzaba a parecer humana.-Ahora sácame de aquí.-Exigió ella cruzando los brazos en el pecho y haciendo un mohín.
Marco tuvo que reprimir todas sus ganas de reír hasta que las costillas le dolieran; su pequeña compañera, aquella que descubría si alguien le mentía con un simple vistazo, que le había inmovilizado en una lucha y de la que todo el mundo decía podía montar una pistola más rápido que cualquier otro policía, ¡estaba teniendo un berrinche!. Aquella mujer iba a matarle.
-Quiero asegurarme antes de que estás bien.-Dijo él en un tono que no dejaba lugar a replicas, pero claro... Carla era Carla...
-¡Dios santo!, no fui yo la que sufrí una parada cardíaca. ¡Mi propio padre me daba golpes mucho peores que ese!.-El silencio se instauró en la habitación. Marco sintió como sus manos se cerraban en dos puños palpitante, Sergio miró a Carla con incredulidad antes de clavar su vista en un hilo suelto de su camiseta cómo si fuera la cosa más interesante del mundo.
Carla se quedó mirando a Marco, sus ojos desenfocándose mientras parpadeaba lentamente. Acababa de decirlo, acababa de dar un dato sobre su vida y se sentía cómo si hubiese tirado del principio del hilo que formaba el ovillo de su vida.
-¿Cómo está mi paciente favorito?.-La puerta se abrió suavemente y la pequeña enfermera rubia trotó dentro de la habitación antes de detenerse abruptamente y mirarlos a todos.-¿Mal momento?.-Dijo mirando directamente a Sergio.
-¿Vienes a darle el alta?.-Dijo Marco girándose hacia ella
-Si, claro.-Dijo ella.-Vamos a dejarte sola para que te cambies.-Y con un gesto muy maternal aunque mandón consiguió que los dos hombres salieran en cuestión de segundos.
Carla se concentró en ajustar los pantalones de deporte gris y la sudadera rosa que Sergio le había comprado en la tienda de abajo después de que Marco amenazara con hacerle tener horas extras si la abandonaba en algún momento.
Los pensamientos vibraban en el fondo de su cabeza como un enjambre de abejas de las que no podía escapar pero a las que tampoco quería prestar atención, porque al fin y al cabo todo se reducía a una pregunta...¿Era ella capaz de ser humana?, ¿era capaz de tener sentimientos y más importante aún dárselos a otra persona?.
Marco era y siempre sería el hombre que la haría suspirar, por su fuerza, por su alegría, por su bondad y porque para él el mundo de los sentimientos parecía demasiado fácil.
A Carla le temblaban las rodillas simplemente por reconocer que alguien le caía bien y Marco cada día de una forma u otra le hacía saber a los demás que estaba ahí para ellos. A Sergio con una palmadita en la espalda y un intercambio de miradas, a David compartiendo un café con él y dejándole hablar de cualquier cosa que necesitara, a Julia vigilándola desde la distancia ya que es lo máximo que ella le permitía...¿Y a Carla?
El primer día había sido cómo si ella no fuera más que un medio que tenía que soportar para llegar a un fin, pero después de unas cuántas horas la había cargado hasta su cama, le había ahorrado el dinero de un hotel y durante los días siguientes se encargó de que ella estuviera lo más cómoda posible.
Haciendo de intermediario cuándo Julia lanzaba sus garras sobre ella, distrayendo a David de sus intentos de seducción, animándola a descubrir el asesino... Esto último había sido realmente importante para ella porque todo el mundo daba por hecho que iba a hacerlo, cómo si realmente no costase ningún trabajo; cómo si alguien pudiera mirar a la muerte a los ojos y salir totalmente impune de ello, y ella nunca se había librado de las cicatrices.
-Carla, estamos listos para que firmes los papeles del alta.-La voz de Marco retumbó a través de la puerta.
-Enseguida salgo.-El pelo tendría que aguantar en una coleta hasta que llegara a su habitación, ya que su prioridad ahora mismo era salir de allí.
Prácticamente corrió hacia el mostrador y leyó los papeles lo más rápido que pudo antes de estampar su firma en ellos.
-¡Vayámonos!.-Marco no pudo evitar una carcajada cuándo sus dedos pequeños se cerraron sobre la manga de su chaqueta y tiraba hacia afuera
-¿Te encantan los hospitales, eh?.-Dijo él quitando el seguro a la nueva furgoneta que el seguro le había proporcionado después de tres horas al teléfono, en esta Carla no necesitaba ayuda alguna para subirse y casi estuvo a punto de arrepentirse por haberla pedido. Observó por encima del techo del coche cómo Sergio se detenía detrás de ellos y se fundía en un abrazo absorbente con la enfermera que habían visto. Él le devolvió la mirada sobre el hombro de ella.-¿Te espero?.-Articuló Marco sin dejar que ninguna de sus emociones se expresara en su rostro, Sergio negó levemente y él se montó a tiempo de escuchar la replica de Carla
-Necesito una ducha, a estas alturas seguro que huelo cómo un luchador de Sumo. Y tengo que ser la personificación del desastre.-Dijo ella ahuecándose el pelo
-Estás bien.-Dijo él con una sonrisa a la vez que el motor ronroneaba debajo de ellos.-¿Me estás intentando decir que la única razón por la que me has atosigado hasta que te he sacado de ahí era simplemente porque no te sentías guapa?.-En ese momento Marco necesitaba encontrar una distracción, algo que mantuviera su mente lejos del asesino que le perseguía los talones, lejos del hecho de que Sergio, la persona que siempre había utilizado como referente para no atarse a una relación se estuviese enamorando e incluso lejos de la mujer a su lado, con su desconfianza y con el hecho de haber estado a punto de perderla.
-No.-Refunfuñó ella.-Estar en un hospital es como estar encerrada, no te dejan moverte, no te dejan tener armas...-Marco se giró hacia ella con tanta rapidez que los músculos de su cuello se tensaron en protesta.-Era broma.-Susurró ella, pareces tan ensimismado que pensé que no me escuchabas
-Lo siento, solo abrumado...
-¿No eres de los que se abruma con facilidad, verdad?.-Dijo ella ladeándose para poder observarle desde su posición
-¿Qué te hace pensar eso?.-Marco sabía que era transparente para la mayoría de las personas, y nunca le había importado ya que tampoco tenía interés en ocultar nada pero una cosa era que le gustara ir con la verdad por delante y otra que se la tiraran a la cara
-Pareces fuera de tu elemento.-Dijo ella encogiéndose de hombro
-Seguro que tú llevas muy bien lo de estar abrumada.-Marco sabía que su sarcasmo había sido demasiado duro y estaba a punto de disculparse pero ella le interrumpió
-No lo sé, nunca lo he estado.-Él no podía haber estado más sorprendido aunque a ella le hubieran crecido dos cabezas
-¿Eres un robot?.-Dijo con incredulidad
-No, pero nunca pierdo el control.-El orgullo se coló a través de sus palabras y él no pudo evitar sonreír
-Algún día lo perderás.-Aseguró él. Y yo estaré allí para verlo deseó decir pero no sabía sí ella se lo tomaría cómo una amenaza.
Sorprendentemente alguien parecía haberse tragado a los coches de toda la ciudad y haber cambiado los semáforos para que todos estuviesen en verde, de hecho si se hubiese separado en algún momento de Carla habría estado seguro de que ella había amenazado a alguien importante.
Por lo que en cuestión de minutos estaban deteniéndose frente a su casa con Carla saltando del coche.
-Me pido la ducha primero.-Exclamó ella en cuánto Marco abrió la puerta.
-Podemos ducharnos a la vez.-Dijo él poniendo los ojos en blanco.-El sistema de la casa permite que ambos tengamos agua caliente a la vez
-Mejor.-Carla corrió literalmente hasta su habitación y segundos después el agua de la ducha llenó sus oídos, Marco no pudo evitar la sonrisa que tiraba de la comisura de sus labios mientras se dirigía al cuarto de baño.

Marco se sirvió un vaso de agua fría con hielo y lo bebió de golpe hasta que la cabeza le dolió, volvió a rellenarlo y se sentó en el sofá delante de la televisión apagada.
Le había hecho falta estar debajo de la ducha solo cinco minutos, y que sus músculos se relajaran para que el sentimiento de pánico lo alcanzara por segunda vez en su vida
Sabía que sus compañeros, diablos, sus amigos estaban expuestos constantemente al peligro; Sergio había recibido un disparo delante suya y lo único en lo que su cabeza se había centrado es en sacarlo de allí lo más posible y estar con Julia había sido demasiado sencillo ya que la mayor parte del tiempo estaba en la oficina, sin embargo, no estaba seguro de que de haberla visto en peligro habría sentido lo mismo que cuando se despertó después del accidente justo para ver como Carla se desmayaba en los brazos de Sergio. En ese momento, había sentido auténtico pánico agarrando su alma entre sus garras y apretando hasta dejarle sin aire
Y sus pensamientos vagaron sin control hasta la primera vez que había sentido ese monstruo en su cabeza... Era increíble la forma en que su memoria había guardado hasta el más mínimo detalle, el sonido de la lluvia que caía sobre las tejas de los techos de las entradas para luego deslizarse hasta el suelo, el frío que le había calado los huesos, y luego...el color de la sangre diluida con el agua de los charcos...
-Marco.-La voz de Carla sonó demasiado cerca, elevó el rostro hacia ella con las pupilas dilatadas. Estaba a pocos pasos de él, vestida con un camisón de algodón celeste y el pelo mojado pegado al rostro. Ella le miraba con cautela, cómo si hubiera notado que algo había cambiado en él; supo que no podría soportarlo si alguna vez ella le miraba con miedo.
-Creo que será mejor que vaya a dormirme.-Dijo él estirándose para dejar el vaso de agua sobre la mesa y levantándose.
-Marco.-Sus dedos se cerraron débilmente sobre su muñeca justo cuándo pasaba a su lado y sin embargo ese contacto fue suficiente para detenerle en seco, ella sintió el calor de la mirada de él por todo su rostro, desde los labios hasta las cejas, pasando por sus pecas solo para volver a sus labios.
La mano de Marco se cerró sobre su nuca sin que ella lo hubiera previsto y tiró de ella hacia él a la vez que se inclinaba.
Sus labios atacaron a los suyos como si fueran el aire que necesitaba para subsistir, el pulgar de su mano acariciando su mandíbula instándola a abrirse para dejar pasar su lengua.
Carla lo había sabido, sabía que había una parte de ella que ardía con la misma o incluso con mayor fiereza que Marco, y cuándo él la besó por primera vez aquella parte había abierto un ojo pero no se había molestado en intentar salir de su cueva sin embargo ahora salía al encuentro de Marco con uñas y dientes.
Se puso de puntillas a la vez que sus manos se cerraban en dos puños sobre el pelo de Marco, tuvo el vago pensamiento de que era más suave de lo que esperaba, más suave de lo que cabría esperar de alguien como él; pero este pensamiento quedó anulado cuándo él dobló las rodillas y la alzó como si no pesara nada y ella le rodeaba las caderas con las piernas intentando introducirse dentro de su piel.
- “Estás perdiendo el control”.-Le gritó una voz masculina en su mente, una voz que no supo identificar como la de su padre o la de su hermano porque Marco había comenzado a morderle suavemente el cuello y ella estaba demasiado abrumada
-Si quieres que pare sería un buen momento para decirlo.-Dijo él comenzando a andar con ella en sus brazos
- “No te dejes dominar por instintos”.-Carla emitió un sonido parecido a un sollozo y dejó que sus labios vagaron entre la curva del cuello de Marco y su hombro, tal vez su olor era capaz de alejar todos aquellos pensamientos...
Marco abrió la puerta de una patada y dejó que Carla descendiera lentamente por su cuerpo hasta el suelo; sus dedos se dirigieron a los botones centrales del camisón, ¿le temblaban las manos?; a él nunca le habían temblado las manos, ni siquiera en aquel callejón...
La Carla de hacía tan solo unas semanas no habría sido capaz de distinguir el momento en el que Marco se retraía, en el que sus besos se hacían más fríos y sus manos dejaban de atraerla para simplemente sujetarla; pero la Carla que había vivido desde su adolescencia encerrada, que había contemplado con envidia a las parejas con las que se cruzaba por la noche y que se permitía soñar con una historia de amor lo supo al instante.
Se sacó el camisón por encima de la cabeza siendo totalmente consciente de que debajo sólo llevaba unas braguitas de algodón, los ojos de Marco revelaron una emoción que ella no supo identificar...¿Admiración?, pero la perdió de vista mientras él se quitaba su propia camiseta y para cuándo volvió ya no estaba allí.
Carla retrocedió hasta que la parte de atrás de sus rodillas tocó la cama y ni siquiera mientras se tumbaba su mirada perdió la de Marco y cuándo él cubrió su cuerpo con el suyo su peso consiguió anclarla a la realidad.
Él le sostuvo el rostro entre sus manos y la contempló, la miró cómo si fuera una bonita obra de arte o cómo si quisiera ver toda su alma antes de besarla.
- “Relájate y muere”.- Carla tiró de los pantalones de Marco hacia abajo cómo si se le fuera la vida en ello a la vez que se quitaba la única prenda que la separaba de su decisión
-¿Estás segura?.-Dijo él dejando un reguero de húmedos besos desde su cuello hasta su cadera para luego subir por uno de sus brazos, ¡aquel hombre estaba adorándola!
-Si.-Dijo agarrándose a sus hombros y enredando las piernas alrededor de sus caderas.
Era irónico que su vida había sido un entrenamiento constante, una preparación para evitar morir, y sin embargo cuándo Marco penetró en su cuerpo nada de ello le sirvió, nadie le había dicho que en ese mismísimo momento podría ver cómo toda su vida se enredaba sobre sí misma en una nube negra que estalló haciendo que viera estrellas detrás de los párpados
-Sálvame.-Susurró contra el hombro de Marco, demasiado bajo para que él lo oyera y sin embargo él giró su rostro hasta besarla en los labios.
-Lo intento.-Dijo contra ellos antes de entrelazar sus dedos y dejar que su mundo también se derrumbaba y que ella lo sostuviera.
Carla lo rodeó con piernas y brazos mientras él aún temblaba, ella nunca había sostenido a nadie, nunca había consolado a nadie y nunca había hecho el amor y últimamente todo estaba cambiando. Esa sería razón suficiente para sentirse abrumado pero cuándo Marco giró hasta quedar sobre su espalda y la instó a dejarse caer en su hombro por primera vez en toda su vida se durmió sin ningún pensamiento más en su cabeza.



miércoles, 9 de octubre de 2013

Capitulo 11 La caja de los secretos

Capitulo 11. “El agua que se retira de la playa...”

Carla echó la cabeza hacia atrás y gritó, gritó como si todo el aire del mundo se hubiera comprimido en sus pulmones y aún así sus labios no emitieron sonido alguno.
La mano que le rodeaba el cuello la apretó aún más contra el colchón y ella elevó las manos agarrándo su rostro, arañando, pellizcando y luchándo por salvarse
-Se acabó pequeña.-Su voz tenía tantos matices que apenas podía comenzar a distinguir quién era el hombre con el que soñaba. Su padre, su hermano, Marco...-Déjalo de una vez, no puedes luchar más
-¡NO!.-Esta vez su voz consiguió alzarse aunque sonaba apretada y desesperada.-No voy a rendirme.-Recogió las piernas contra el pecho y las usó para clavar las rodillas contra sus costillas mientras en un movimiento seco golpeó sus codos de fuera hacia dentro.
-¡Zorra!.-Su insulto resonó en su cabeza mientras él se dejaba caer encima de ella aplastandola con su peso.-No vendrá a salvarte.-Parpadeó aturdida ante sus palabras hasta comprender que estaba gritando el nombre de Marco; el timbre del teléfono se alzó por encima de sus pensamientos pero allí sólo había oscuridad...Forcejeó bajo él hasta que sus dedos se cerraron sobre su propio antebrazo y entonces, se clavó las uñas con toda su fuerza hasta que la realidad cobró importancia
Carla se sentó en la cama el mismo instante en que la puerta chocaba contra la pared con fiereza y Marco se introducía en la habitación con la pistola en alto.
Ella luchó por controlar sus jadeos cortos y giró la cabeza hacia el teléfono en su mesilla que no dejaba de emitir un irritante sonido
-Ni se te ocurra.-Advirtió Marco pero ella ya se había estirado hasta descolgar el teléfono
-¿Si?.-Dijo intentando controlar los latidos de su corazón. Es sólo un fenómeno físico, se recordó, respira hondo y pasará
-Eh...¿Carla?.-La incomodidad se coló en la voz de Julia por debajo de lo que parecía ser angustia
-No pasa nada, simplemente he tenido que correr para coger el teléfono.-Marco que estaba poniendo el seguro a la pistola elevó la mirada hacia ella con ojos entrecerrados, la molestia reflejándose en ellos.-¿Quieres hablar con Marco?
-No, en realidad me gustaría hablar contigo...-Sollozó ella
-¿Qué pasa Julia?.-Todo su cuerpo se puso en tensión mientras empujaba las sábanas con bruscas patadas intentando deshacerse de su agarre.-¿Te han hecho daño?
-No.-Consiguió decir ella entre jadeos.-He tenido una pesadilla.-Carla se pasó la palma de la mano por la cara. Nunca había sido buena en las charlas sentimentales, nunca había sido capaz de expresar sus sentimientos y tampoco se le daba bien entender los de los demás. ¡Es una debilidad!, casi podía oír a su padre decir y ella estuvo a punto de gritar que se callara aún a riesgo de que Marco la llevara directamente al loquero.
-¿Qué pasaba en tu pesadilla Julia?
-Él me arañaba la piel con cuchillo, los clavaba lentamente haciéndome daño pero no dejándome morir, ¡yo quería morir!.-Carla observó a Marco de reojo, su pelo estaba alborotado y aún tenía una pequeña marca de las sábanas en su pecho; la noche anterior había estado demasiado abrumada para fijarse en su piel morena y el vello dorado repartido por su piel, ella no se había fijado demasiado en el cuerpo de él un año anterior pero dudaba que sus músculos fueran tan pronunciados
-Hablas de él Julia, ¿quién era él?.-Carla se esforzó por mantenerse en la conversación mientras Marco se agachaba para comprobar el estado de la pared tras la puerta y sus músculos se flexionaban recordándole el movimiento de una pantera.
-No lo sé, tenía la voz de mi padre pero su rostro era....¡Oh, Dios!, era el panadero.-Exclamó ella.-¿Eso quiere decir que mi panadero es el asesino?.-Carla puso los ojos en blanco por un segundo preguntándose cómo esta mujer había conseguido llegar a un puesto de policía
-No Julia, es normal tener sueños con personas que conozcas y no por eso significa que les temas.-Explicó ella
-De acuerdo. ¡¿Has visto que hora es?!.-Carla separó el auricular unos centímetros de su oreja y luego lo miró con el ceño fruncido
-Si Julia, he visto que hora es
-Vamos a llegar tarde.-Dijo ella cómo si fuera un gran pecado. Carla estaba a punto de recalcar que su jefe estaba frente a ella aún en pijama y de un humor de perros
-Nos vemos ahora.-Dijo Carla pero Julia ya había colgado. Ella se estiró de nuevo para colocar el auricular en su sitio y se levantó para deslizarse con pasos lentos hacia el baño bajo el escrutinio de Marco
-Y bien, ¿quién era tu persona conocida y a la que no temes para nada?.-Dijo él imitando sus palabras aún con un deje de ironía
-Los hombres de mi vida Marco, los hombres de mi vida.-Carla abrió el grifo del lavabo e introdujo la cabeza bajo el agua directamente; estaba comenzando a preguntarse si salpicar a Marco aliviaría su humor de perros
Él esperó pacientemente hasta que ella volvió a erguirse, algunos mechones rojo oscuro pegados a la frente dándole un aspecto mucho más aniñado. Marco sacó una toalla blanca del cajón y se acercó hasta cernirse sobre ella y aprovechar su altura para evitar el quejido que comenzaba a formarse en sus labios.
-Déjame hacer esto.-Pidió él cuándo ella elevó sus manos agarrando las suyas. Carla se forzó a relajarse y disfrutar del momento como una nueva experiencia pero cuándo las manos de Marco comenzaron a moverse sobre su cabeza tuvo que utilizar toda su fuerza de voluntad para no ronronear.
Aquel hombre sabía lo que se hacía, dividiendo el pelo en pequeños mechones que secaba con movimientos largos y pausados para luego abarcar su cuero cabelludo entero en grandes círculos  Cuando consideró que ya estaba todo lo seco que podía estar tiró la toalla al cesto de la ropa sucia y cogió el cepillo; Carla se tensó como una cuerda de un arco pero no emitió sonido alguno cuándo él comenzó a desenredar su pelo aún sin causarle ningún dolor
-Siento curiosidad por cómo se las apañaba tu compañero de patrullas con tus problemas de confianza
-Yo no tengo problemas de confianza.-Farfulló ella
-No que va.-Dijo él escondiendo una sonrisa, claramente de mejor humor
-¿Por qué según tú tengo problemas de confianza?.-Dijo ella con el ceño fruncido. Marco sabía que no era un tema del que deberían hablar, más aún sin saber las razones por las que ella era así pero una vez abierta la caja de Pandora...
-Solo tengo la impresión de que intentas esconder cualquier mínima información sobre ti, hace más de una semana que estoy a tu lado casi constantemente y lo máximo que sé sobre ti es cómo te gusta el café y el número de parejas que has tenido.-Dijo él de forma pausada
-Ya sabes más que la mayoría de la gente.-Dijo ella de forma distraída
-¿Ves?, a eso me refiero...-Dijo él.-¿Me estás diciendo que eso es todo lo que vas a compartir con el mundo?
-¿Qué es lo que te preocupa exactamente Cardone?.-Dijo ella mirándole duramente a través del espejo.-Porque si lo que te preocupa es el tema de la confianza quiero que sepas que confío en ti.-Marco se quedó con el cepillo suspendido en el aire ante la crueldad con la que ella había dicho las palabras.
Carla se giró para intentar agarrar el cepillo pero quedó atrapada entre el lavabo y los brazos de él, Marco podía distinguir las pequeñas motitas oscuras en sus ojos ambarinos y antes de pensar en sus deseos se inclinó hacia delante y posó suavemente sus labios sobre los suyos.




Marco había besado millones de veces, los mismos besos con las mismas personas a veces habían encerrado sentimientos distintos y por supuesto los mismos besos con distintas personas nunca eran iguales; si tuviera que encontrar una razón por la que se había inclinado y había forzado ese pequeño roce entre sus labios probablemente fuera agradecimiento por su confianza.
Pero en lo más hondo de su corazón él sabía que la idea había estado escondida en su subconsciente desde el instante en el que había recogido esa carta en su porche, intentando crear un tipo de lazo físico, un recuerdo que no pudiera estar modificado por los sentimientos o la forma de tomarlo de cada uno. Un beso era un beso sin más ni menos y ninguna amenaza podía ensuciarlo.
-Gracias.-Susurró contra su piel antes de levantarse y salir del cuarto de baño.
Carla se quedó parada en medio del cuarto de baño sola y preguntándose que acababa de pasar, o mejor dicho...¿qué había sentido?
¿La habían besado alguna vez con tanta adoración?, ¿había respondido ella siquiera a los anteriores labios?.
-Demasiado por un día.-Anunció mirándose en el espejo y esta vez, al contrario que la noche anterior parecía viva pero en ese instante no podía permitírselo.
Contempló como sus murallas físicas subían; su respiración haciéndose lenta y calmada, sus mejillas perdiendo esa tonalidad rosada y el brillo desapareciendo de sus ojos. Esta era la Carla que sobreviviría a cualquier cosa, la Carla que seguiría estando allí después de que atraparan a este asesino y Marco desapareciera para siempre.
-Vamos tarde.-Anunció Marco pasando corriendo hacia su dormitorio.-Tenemos una reunión con el jefe de mi jefe en media hora
-Mierda.-Mascullo Carla deslizado bruscamente los vaqueros en sus piernas y cerrando los botones de su camisa tan torpemente que tuvo que repetirlo tres veces.
-Te espero en el coche.-Gritó él al cabo de dos segundos. Carla masculló un insulto nada femenino antes de calzarse las zapatillas de deporte y escuchar como la risa de Marco resonaba mientras se alejaba.
Una vez que puso un pie fuera y cerró la puerta a sus espaldas las dudas la asaltaron. ¿Cómo debía reaccionar?, ¿cómo quería reaccionar?.
-Era solo un beso de agradecimiento.-Se susurró a sí misma antes de caminar a grandes zancadas hacia el coche y subirse dando un portazo.
Marco respetó su silencio durante los quince primeros minutos de camino en los que Carla simplemente se mantuvo mirando al frente con sus dedos enredados en su regazo, aquello era realmente malo...
-¿Me confundes sabes?.-Dijo él mirando la carretera. Carla se había dado cuenta de que parecían tener las conversaciones más trascendentales entre esas cuatro paredes y en ese momento decidió que no quería perderse esa a pesar de todos sus temores.
-¿Por qué?
-Has demostrado ser más fuerte que la mayoría de personas que he conocido, apenas te asustaste cuándo recibiste la carta, pero por otra parte has mostrado una gran bondad con Julia cuándo ella lo único que ha hecho ha sido tirar tierra sobre tu cabeza. Te has ganado toda mi admiración de por vida.-Marco no había terminado de pronunciar la última palabra cuándo el coche dio una sacudida y comenzaron a girar hacia el carril contrario
-¿Qué sucede?.-Carla clavó las uñas en el sillón en un intento de mantenerse en su posición mientras Marco luchaba por controlar el volante
-No lo sé, parece que han pinchado las ruedas
-¡¿Las cuatro?!.-En el momento en el que todo había comenzado iban a ochenta kilómetros por hora y por mucho que Marco apretase el freno la velocidad no fue mucho menor cuándo chocaron contra el filo inclinado que separaba el carril contrario y el coche comenzó a volcar.
Lo primero que Carla pensó fue que no volvería a sentir el aire en sus pulmones, luego que el coche se inclinaba hacia el lado de Marco y trató de no caer sobre él, pero entonces sus brazos se cerraron sobre su cuerpo como una jaula de hierro justo antes de que el cristal estallara.
El coche chocó contra el suelo y se arrastró unos metros, Carla pudo ver las chispas saltando frente a sus ojos antes de que se detuvieran abruptamente.
El dolor se extendió por todo su cuerpo cómo un veneno al que se agarró con fiereza, era una buena cosa que al menos indicaba que estaba viva.
-Marco.-Su voz sonó ronca a sus propios oídos pero no fue hasta que las sirenas comenzaron a retumbar cada vez más cerca que comprendió que él no se estaba moviendo ni emitiendo sonido alguno y sus alarmas saltaron.
-Está consciente.-La voz de Sergio a su lado la sobresaltó antes de sentir que cortaba la tela del cinturón.-Maldita sea Marco suéltala  necesitamos atenderos.-Los dedos de Marco fueron arrancados uno a uno de su alrededor y ella fue sacada de la masa de metales como si pesara menos que una pluma.
-Señorita Molina intente mantenerse despierta.-La que se suponía que era una enfermera le puso un collarín alrededor del cuello y ella intentó parpadear, pero lo máximo que consiguió fue un enorme dolor de cabeza
-Te tenemos Carla.-Dijo Sergio. Ella se encontró dividida entre la parte que quería gritar que se ocupara de Marco y la parte que quería enseñar los dientes cómo un perro rabioso y gruñir que ella no necesitaba a nadie
-¡NO RESPONDE, NO RESPONDE!.-Solo había dos personas en aquel espacio que pudieran responder a esa situación y dado que ella lo estaba oyendo todo solo dejaba a alguien en la lista...
Carla había perdido a más personas en su vida de las que alguien debería perder, y había respondido de distintas formas, algunas con rabia, otras con muda aceptación. Pero no estaba preparada en absoluto para perder a alguien más, y mucho menos a alguien con la vitalidad de Marco.
-Se pondrá bien.-Repitió una y otra vez Sergio contra su oído, ella quería gritarle que se callara para poder oír lo que los médicos decían pero en cuánto lucho por abrir los ojos todo se volvió negro...


miércoles, 2 de octubre de 2013

Capitulo 10 La caja de los secretos

Capitulo 10. “La familia siempre está para lo peor”

-Julia si lees la carta de nuevo te darás cuenta de las inconcluencias.-Repitió Carla por enésima vez. Ambas estaban sentadas en el sofá que días antes le había servido para recuperarse de su dolor de cabeza
-¿En la tuya había inconcluencias?.-Dijo ella, sus ojos abiertos enormemente y brillando por las lágrimas contenidas
-Si.-Reconoció ella.-Son pequeños detalles, una frase o una palabra que te hará pensar que esa persona como mucho ha leído tu expediente y tal vez ha buscado tu nombre en Internet pero nada más.-Carla dejó caer la mano sobre su brazo y lo frotó dándole ánimos
-No me veo capaz de volver a abrir ese sobre, además ahora lo tiene la policía científica -Julia apoyó los codos en las rodillas y se inclinó hacia delante.
-Todo estará bien Julia.-La reconfortó Carla
-¿Cómo puedes estar tan tranquila?, en mi carta especificaba que moriría después de ti, en este mismo instante hay un cuchillo con tu nombre en él.-Julia la miró por encima con incredulidad
-No es que lo tomé poco en serio pero no me gusta que la gente me subestime.-Julia bufó en respuesta y estaba a punto de decir algo que probablemente dañaría el orgullo de Carla cuándo Marco entró en la habitación con dos tazas humeantes
-Esta para ti.-Dijo tendiéndole una a Julia.-Y esta es la tuya.-Carla olfateó el capuchino y se relajó al no encontrar ninguna prueba de algún relajante, sin embargo la taza de Julia era una infusión de lavanda que ella atacó con fiereza
-¿Saben algo?.-Inquirió Julia
-Nada, hasta tú misma entiendes que es demasiado pronto. ¿Por qué no te vas a casa y descansas?.-Dijo Marco apoyando su mano en el hombro de Julia.
Carla tenía un defecto, bueno tenía muchos pero después de una vida de tortuosa educación veía las emociones como un fenómeno extraño que a menudo la hacía sentirse incómoda; y la absoluta adoración que emanaba de Julia cuándo elevó la mirada hacia Marco la golpeó de lleno dejándola con la mirada clavada en ellos y la misma sensación de alguien que no puedo apartar los ojos del sol.
No tenía derecho a sentir celos, sus sentimientos hacia Marco ni siquiera rozaban los de Julia pero la insufrible auto compasión no la dejaba girarse.
-¡Vamos, ahora a casa!.-Dijo él rompiendo el efecto. Carla soltó el aire poco a poco cuándo Julia se levantó y empezó a recoger sus cosas.-Veo que el calmante te ha hecho efecto, ahora no pareces a punto de salir a matar a alguien.-Dijo él sentándose a su lado. Carla le miró con el ceño fruncido...¿Podría ser que él hubiera saltado sus barreras?. ¡Imposible!
-No te atreverías.-Amenazó ella
-¿Por qué no?.-Marco se inclinó hacia atrás y apoyó las manos en su estomago
-Porque la venganza sería terrible.-Carla se forzó en sonar amenazante pero el capuchino le había quemado la lengua y parecía más una bruja de cuento de hadas; pero entonces sucedió.
Había tardado en un año y hasta entonces no se había dado cuenta de lo mucho que lo había echado de menos, había estado obsesionada trescientos sesenta y cinco días con esa risa y ahora que llegó amenazaba con acabar con toda su cordura
Marco inclinó la cabeza hacia atrás y la risa borboteó a través de él.-Me gustaría verte intentándolo.-Dijo entre jadeos y Carla se encontró riéndose a su vez.
¿Hacía cuánto no se reía?; de repente era demasiado importante recordar cuál fue la última vez pero era incapaz de hacerlo, cómo si su mente lo hubiese olvidado por ser algo demasiado banal.
-Será mejor que nos vayamos.-Dijo él.-Esa mirada está volviendo a ti.-Carla se forzó a recomponer su expresión antes de llegar al ascensor
-¿Por qué te comportas como si ningún asesino hubiera amenazado a la policía jamás?.-Dijo ella minutos después
-Supongo que mis padres me inculcaron demasiada caballerosidad.-Fue una respuesta demasiado automática para que fuera del todo verdad
-Claro, y ahora me dirás que si la amenaza hubiera sido a un hombre no te hubieras comportado igual.-Bufó ella poniendo los ojos en blanco pero él simplemente pareció estar intentando reprimir una sonrisa.
Marco acababa de cerrar la puerta del coche cuándo el móvil comenzó a sonar, ¿algún día estaría veinticuatro horas sin malas noticias?... Al menos hasta que el asesino X fuera atrapado le parecía imposible
-Cardone.-dijo poniendo el manos libres
-¿Has aprovechado ya la amenaza del asesino para llevarte a la pelirroja a la cama?.-Anunció Sergio. Marco le dedicó una mirada a Carla que parecía demasiado concentrada en la ventana
-Estas en manos libres.-Gruñó al teléfono
-Y tengo que suponer que la pelirroja está junto a ti
-Exacto.-Dijo él saliendo del aparcamiento
-Y que no estáis en la cama
-Premio para el caballero.-Anunció Carla sin mirarle
-Ups.-El efecto de culpabilidad quedó arruinado por la carcajada
-Sergio.-Advirtió Marco
-Vale, vale.-Carla casi podía imaginárselo elevando las manos en alto en señal de rendición.-Tengo noticias
-No hay huellas.-Adivinó Marco
-Exacto
-¿Pero...?.-Él la miró, se había inclinado hacia delante acercándose al teléfono como si así pudiera conseguir que Sergio le diera la información antes
-Pero hay restos de un antiséptico
-¡Es médico!.-Dijo Marco agarrándose a la primera pista que tenían en meses con dientes y uñas
-O dentista o enfermero o cuida de alguien o se hizo una herida o ha cambiado su modus operandi y ahora tortura a sus víctimas.-Dijo Carla
-¿Eres toda optimismo eh?.-Dijo Sergio exteriorizando el pensamiento de Marco
-Solo no me fío.-Dijo ella volviendo la vista al cristal
-Bueno, ignoremos a la señorita o no cogeremos nunca al asesino.-Dijo Sergio ganándose un ceño fruncido.-Hemos pensado en pasar la foto por hospitales y clínicas
-Le ahuyentaremos.-Recalcó Marco
-No si solo hablamos con los de las más altas esferas
-No estoy del todo seguro pero puede intentarse.-Dijo Marco
-Solo una cosa.-Dijo Carla cuándo Sergio estaba a punto de despedirse
-¿Si?
-¿En qué carta estaban esas muestras?, ¿en ambas?.-Marco podía ver hacia dónde iban sus pensamientos y comenzaron a helarle la sangre
-Solo en la tuya, la de Julia está absolutamente limpia.-Dijo Sergio
-Mierda.-Escupió Marco
-¿Qué...?.-Carla comprendió el momento en el que Sergio entendió que tal vez estaba preparando un escenario cuándo escribió la carta porque los insultos llenaron el habitáculo en cuestión de segundos.
-No pasa nada.-Intentó mostrarse lo más relajada posible cuándo en realidad quería comenzar a limpiar su pistola. La tensión estaba alcanzando límites insospechados y necesitaba liberarla de alguna forma o comenzaría a cometer errores
-Claro que pasa.-Le gritó Marco apartando la mirada de la carretera y observándola como si le hubiera crecido una nueva cabeza
-Tomemoslo con tranquilidad.-Dijo Sergio.-Todos necesitamos descansar, a partir de mañana empezaremos de nuevo
-Para mi suena perfecto.-Dijo Carla reclinando el asiento hacia atrás
-Hasta mañana chicos. Oye y respecto a lo que dije antes no volveré a llamar por si queréis...
-Adios.-Gruñó Marco colgando el teléfono. ¿Desde cuándo a Sergio le importaba tanto su vida sentimental-sexual?, parecía que desde que Carla había puesto un pie en la oficina él ya había decidido que era el alma gemela de Marco.
Observó de reojo a Carla, tenía los ojos cerrados y todo en su postura decía que se había quedado dormida y sin embargo él casi podía escuchar su cabeza trabajar
-¿No tienes la sensación de qué se nos escapa de las manos?.-Dijo él antes de poder detenerse
-¿Qué quieres decir?.-Dijo ella abriendo un ojo
-Se supone que somos nosotros quién le perseguimos y él celebra que no lo alcancemos pero ahora ha dado la vuelta y es él el que viene por nosotros mientras nuestra alegría del día es una foto de mala calidad.-Carla volvió a poner el sillón recto para poder mirarle
-Es un juego... Él tiene un propósito y nosotros estamos intentando impedírselo, así que va a distraernos mientras.
-Pero, ¿y si resulta que Julia o tú sois personas que ayudan a las viejecitas a cruzar la calle?.-Dijo él recordando una de las primeras conversaciones que tuvieron
-Entonces llamaremos a la caballería.-Concluyó ella.
Carla observó su reflejo en la ventanilla del conductor; un par de mechones se le habían escapado de la coleta y ahora flotaban sobre su frente, se sentía arder pero sus mejillas estaban blanquecinas y sus ojos parecían muertos. Luego contempló a Marco, las manos fuertemente apretadas sobre el volante, los ojos brillantes por la rabia y sus labios entreabiertos por su respiración agitada.
¿Cómo podía algo tan imposible ser real?, se abrazó a sí misma ante la inesperada sensación de tristeza que la invadió.
Le quemó el estomago y cerró sus pulmones, y sin embargo la chica del reflejo parecía impasible... Por primera vez en su vida quería gritar hasta que le ardiese la garganta por no ser capaz de mostrar lo que sentía.
-Ya hemos llegado.-Dijo deteniéndose frente a la casa y sacándola de su ensoñación
-¿Día duro, eh?.-Dijo Carla y ni siquiera su voz sonó rota
-Y que lo digas.-Marco había notado el cambio en ella después de que se hubiesen quedado en silencio, no sabía exactamente que era lo que había sucedido en su mente pero sí que ahora la notaba a millones de kilómetros, aún cuándo ahora caminaba a su lado hacia la casa.-¿Tienes hambre?
-No.-Dijo ella sentándose en el sofá .-Mi garganta está cerrada
-Y la mía.-Reconoció él.-Creo que voy a ir directo a dormir
-Está bien, yo voy a hacer una llamada y en seguida voy.-Dijo sacando el teléfono móvil de su bolsillo
-Puedes usar el teléfono fijo.-Dijo él
-Preferiría que no.-Había algo en su voz que le hizo detenerse unos segundos en medio del salón y contemplarla intentando descifrar que era.-Hola Marcus, ¿cómo estás?.-Marco entrecerró los ojos un momento antes de decidir dejarlo pasar y dirigirse a su habitación arrastrando los pies.
Una ducha era lo que más se le apetecía ahora pero temía que terminara por quedarse dormido así que se quito la ropa y se puso unos pantalones cortos, luego metió la cabeza bajo el grifo de agua fría intentando mantener lejos los pensamientos.
Estaba a punto de tumbarse cuándo se dio cuenta de que se había olvidado de traer un vaso de agua; por un momento, decidió dejarlo pasar pero luego recordó las pesadillas en las que se despertaba en medio de la noche con la garganta seca de los gritos no pronunciados y el corazón tronando en el centro del pecho
-Necesito que me digas si te suena alguien así.-Escuchó decir a Carla mientras él cruzaba el salón hacia la cocina.-¡Vete a la mierda!. No me he hecho una blanda por confiar en la gente, que tú me desees muerta no quiere decir que todo el mundo lo haga.-Marco se detuvo con el vaso bajo el grifo sin abrir cuando Carla cerró la tapa del teléfono de golpe y lo lanzó contra la mesa.
-¿Está todo bien?.-Dijo dejándolo en la encimera y girándose hacia ella. Carla se abrazó las rodillas contra el pecho y mantuvo la vista al frente
-A veces yo...necesito llorar.-Ella lo dijo como si fuera un mal vicio y Marco no pudo evitar odiar la forma en que se clavaba las uñas en los antebrazos.-No significa que esté asustada, solo cansada, necesito hacerlo...
-Es normal.-Dijo Marco dando dos pasos hacia ella. Carla inclinó la cabeza hacia abajo y dejó que todo la superara, su pecho se agitó y los sollozos rompieron en su garganta, las manos le temblaron y aún así fue incapaz de derramar una sola lágrima
-No pasa nada.-Los brazos de Marco la rodearon y ella enterró la cabeza en la curva de su hombro desnudo aspirando el tenue olor de su gel que aún perduraba.-No voy a dejar que te pase nada.-Las palabras asaltaron su mente como un relámpago en medio de la oscuridad.
Carla se tensó contra su cuerpo comprendiendo de repente lo que había estado a punto de hacer, o mejor dicho lo que anhelaba hacer
-Lo siento, no puedo.-Dijo levantándose de un salto y corriendo a toda velocidad hacia su habitación. Lo último que vio antes de cerrar la puerta de golpe fue que Marco se había levantado y la observaba desde el centro del salón con una mezcla extraña de sentimientos que ella no pudo identificar.
Giró el pestillo y se dejó caer hacia el suelo mientras su pecho emitía extraños sonidos entrecortados; pasaron al menos cinco minutos antes de que le escuchará moverse y abrir el grifo de agua
-No pienso que seas débil.-Dijo Marco y ella no pudo evitar imaginárselo con la frente apoyada en la puerta.-No... No sé con quién hablabas pero tiene que ser alguien muy idiota.-Carla no podía estar más de acuerdo, si tan solo pudiera confiar en él, si tan solo pudiera decirle la verdad y que no terminara por destruirlos a todos.-Te han hecho daño pero puedes confiar en mí Carla, puedes hacerlo.-Ella sintió su incertidumbre frente a su silencio justo antes de que se dirigiera a su dormitorio y cerrara la puerta suavemente