CAPITULO 2.- “El miedo
siempre es una opción”
Marco entrecerró los
ojos cuándo la oleada de calor lo golpeó nada más poner un pie
fuera del avión, no había tenido tiempo de cambiarse por lo que aún
vestía unos pantalones grises y una camisa de manga larga negra, eso
sin olvidar la chaqueta.
Durante el trayecto había
tenido tiempo de dormir un poco y buscar el expediente sobre Carla
Molina.
Tenía treinta y dos
años, hija de madre irlandesa y padre español. Su madre murió
durante el parto de su hermano menor; éste último y su padre lo
hicieron más tarde en un incendio.
Había tenido una carrera
prometedora que la había llevado a entrar en el equipo especial para
asesinos en serie, durante los tres años que trabajó allí cerró
casi todos los casos que se habían planteado.
Marco había conseguido
enterarse de que había sido ese “problema” que la había hecho
retirarse; habían perseguido a un asesino en serie por meses hasta
que él cometió un error y consiguieron una dirección. En su casa
había un chico de dieciocho años que había asegurado que él no
sabía de que hablaban y que le habían pagado para estar
allí.
Carla había asegurado
que presentaba un patrón de psicopatía parecido al del asesino que
buscaban y cuando la alta esfera los habían presionado para tomar
una decisión, ella había afirmado que era el asesino.
Dos días después del
traslado del chico a la cárcel había sido brutalmente atacado por
el verdadero asesino que se había infiltrado en forma de carcelero y
que había terminado por ser reducido.
El chico murió y Carla
presentó su renuncia de forma inmediata; se trasladó y pidió un
puesto mucho más inferior. Después de ésto la unidad dejó de
resolver casos y finalmente se disolvió.
Marco se detuvo para
comprar un café helado en el bar del aeropuerto y unas gafas de sol
en la tienda de recuerdos, luego emprendió el camino hacia la
comisaría cuya dirección incluía la ficha de Carla Molina.
Ahora que entendía cuál
es el “problema” había estado pensando un discurso para hacerla
volver, que incluía un confío plenamente en tus capacidades y
errar una vez no indica que vas a hacerlo siempre.
En apenas dos manzanas
comenzó a vislumbrar las banderas en la puerta solo para darse
cuenta de que no tenía la más remota idea de cómo era Carla
Molina ya que por extraño que pareciera el expediente no contaba con una foto. En la cancela externa había un policía vestido de uniforme
al que preguntó y con una extraña sonrisa le indicó que subiera a
la segunda planta.
Allí dentro el aire
acondicionado estaba a toda potencia lo que le permitió relajarse
por un momento mientras cogía el ascensor con dos detectives cuyos nombres
le sonaban pero que sabían mucho sobre su carrera por lo que tuvo
que fingir que él también conocía las suyas cuándo en realidad no
era así.
Estaban comenzando a
alcanzar el segundo piso cuándo los gritos se filtraron a través de
las puertas y los dos hombres se llevaron las manos a la cadera dónde
guardaban el arma.
Las puertas se deslizaron
lentamente y Marco se encontró al final de un estrecho pasillo por
el que corría un hombre que rozaba los dos metros y
con músculos del tamaño de su cabeza sobresaliendo por debajo de su camiseta. Llevaba un pañuelo rojo tapándole el pelo y
una esposa suelta en una mano lo que indicaba que se acababa de
escapar.
-Deténgase.-Gritaron los
dos hombres a su lado desenfundado las pistolas y apuntando. Marco
estaba a punto de hacer lo mismo cuando una mujer apareció de una puerta lateral y con una simple llave hizo caer al hombre al suelo con
sonoro estruendo.
Marco contempló absorto
como la mujer se arrodillaba sobre él y volvía a colocarle las
esposas sin ningún esfuerzo.
Debía medir un metro sesenta y cinco como mucho,
tenía un cuerpo bien definido aunque sin llegar a ser musculoso y
el pelo rojo como el fuego recogido en una pulcra coleta.
-Muy bien Molina.-Dijeron
los inspectores a su lado. Marco tuvo que apresurarse a salir cuándo
las puertas ya habían comenzado a cerrarse
El hombre que estaba en
el suelo gimoteaba de una forma poco masculina ya que su nariz había
golpeado directamente contra el suelo, los dos detectives lo
levantaron con esfuerzo y lo llevaron de vuelta a la sala de dónde
debía haber salido.
-¿Carla Molina?.-Marco
dio un paso hacia delante y la mujer clavo sus ojos miel en él.-Soy
Marco Cardone, ¿podría dedicarme un momento de su tiempo?
-Si, acompáñeme -Dijo
indicándole la pequeña cafetería que habían instalado en la
comisaría. En la isleta del centro descansaba una taza humeante que
delataba lo que había estado haciendo ella.
-¿Café?.-Dijo ella,
extrañamente no parecía tener curiosidad por su presencia allí
-Por favor.-Carla le dio
la espalda para prepararle el café totalmente agradecida por la
distancia entre ambos. Marco Cardone siempre había sido su
debilidad; de un metro noventa, pelo dorado y piel tostada, aunque en
aquel tiempo había dejado de ser esbelto para ser...imponente. Le
había visto por primera vez hacia un año, ella había estado
destrozada y él tenía una sonrisa deslumbrante que ahora había
desaparecido.
Estaba segura de que
aunque ella hubiera estado en su mejor momento no se habría acercado
a él, pero tal vez habría tenido alguna oportunidad para
intercambiar más de una mirada pero ella se había retirado y se
había dedicado a seguir su carrera desde la distancia y ahora él
estaba aquí, todo poder masculino y entereza.
-¿Solo?.-Dijo ella
observándole sobre su hombro. Él se había sentado en un taburete y
la contemplaba con ojos entrecerrados probablemente memorizando cada
uno de sus movimientos.
Ella no sabía que había
hecho para que él viniera hasta allí pero sólo estaba dispuesta a
estar agradecida. Él asintió y ella se sentó en el taburete junto
al suyo dejando la taza en la mesa
-Siento no haberla podido
avisar antes pero tomé la decisión anoche y cogí un avión de
inmediato.-Ella asintió una sola vez.-Necesito que me ayude en un
caso.-Y ahí estaba, el cambio de expresión fue tan radical que Marco pensó ahora parecía un robot más que un ser humano.
-Eso no es posible.-Dijo
ella tomándo un sorbo de su café
-El inspector Gómez dijo
que usted podría resolver mi caso
-El inspector Gómez me
sobrevalora
-Lo dudo mucho.-Marco
sonrió internamente, si ella pensaba que era testaruda acababa de
encontrarse de frente con alguien que la superaría con creces.-Los
psicólogos lo han clasificado de psicopatía
-No voy a dejar mi
trabajo.-Dijo ella frunciendo el ceño
-Que cometiera un error
no implica que vaya a volver a hacerlo, no dejaré que lo haga.-El
hielo cubrió su expresión y él sabía que cada vez estaba más
lejos de conseguir lo que quería.
-He dicho no.-Marco
contempló como se levantaba y literalmente tiraba la taza al
fregadero. La tensión en sus hombros era tan evidente, así cómo el
porte casi militar que la rodeaba
-De algún modo u otro
conoce las casas de sus víctimas.-Él observó cómo emprendía el
paso hacia la salida.-Las espera debajo de la cama.-Sus movimientos
se hicieron más lentos y él se agarró a ello.-Observa su rutina
nocturna, todas las víctimas están tranquilas, se sienten en su
ambiente y tienen la seguridad de que están a salvos y justo cuándo
están a punto de alcanzar el sueño él sale y ….
-¡PARE!.-Se giró hacia
él con la furia dibujada en su rostro aunque Marco no estaba seguro
de hacia quién iba dirigida.-Sé perfectamente quién es el asesino
X.-Su nariz se arrugó levemente y Marco sospechó que a ella
también le parecía patético aquel nombre
-¿Y va a ayudarme?.-Dijo
él.-El inspector Gómez dijo que en un mes podría saber quién es
-Cómo le dije antes el
señor Gómez me sobrevalora.-Marco esperó con paciencia, había visitado a todas y cada una de las familias, el
dolor era insoportable y les debía ésto, les debía dejarse la piel
para que la persona que podía ayudarles comprendiera la relevancia
de ello.
-¿Un mes?.-Volvió a
insistir.-Si después de eso no tenemos nada la dejaré volver
-Mi participación no
será decisiva, me dedicaré a oír, observar y opinar pero si
pienso que alguien puede ser el asesino estudiará la posibilidad un
poco antes de saltar sobre él.-Marco entendía su inquetidud pero si
realmente pensaba que él no iba a lanzarse sobre el primer sospechoso
que encontrarán no podía estar más equivocada, aunque ella no
tenía porque saberlo
-Está bien.-Le tendió
la mano y ella la agarró con más fuerza de la que él esperaba que
tuviera.
-Molina.-Dijo uno de los
inspectores que le habían acompañado en el ascensor y del cuál no
recordaba el nombre.-Ha llamado Gómez y el jefe te ha dado vía
libre para irte.-Ella le lanzó una mirada envenenada y Marco tuvo
que esconder su sonrisa detrás de la palma de su mano.
-¿Cuándo te
marchas?.-Dijo Carla. Marco consultó el reloj, cuánto antes
estuviera allí mejor pero no quería presionarla
-¿Cuánto tiempo
necesitas?
-Una hora.-Ella comenzó
a andar a grandes zancadas y luego se detuvo en la puerta.-¿Me
acompañas?.-Marco se apresuró a bajarse del taburete.
Ella escogió una pequeña
caja de cartón bajo su escritorio y metió un par de carpetas que él
no llegó a vislumbrar, luego sin dirigirle palabra le guió fuera
del edificio.
Marco estaba a punto de
preguntar a dónde iban después de haber andado dos manzanas sin que
ella dijera nada cuándo se detuvo tan abruptamente que él estuvo a
punto de chocar con ella.
Elevó su mirada al cielo
para comprobar que estaban frente a un motel.-¿Qué hacemos
aquí?.-Ella le miró con una sonrisa que ya sospechaba era mala
señal.
-Vivo aquí.-Él no podía
estar más atontado mientras la seguía dentro. El recepcionista la
saludó con un asentimiento y para demostrar su frase él no tuvo que
darle llave de una habitación.
-¿Por qué vives
aquí?.-Dijo Marco cuándo se montaron en el ascensor.
-La mayoría de las veces
como en la comisaría, me mantienen la casa limpia y aceptan que
llegue a cualquier hora.-Dijo ella encogiéndose de hombros
-Pero no se parece en
nada a un hogar o algo así.-Dijo él observando el pasillo de
maqueta mugrienta. No es que él tuviera una casa muy acogedora pero
al menos era más personal que aquello.
-Nunca he tenido un hogar
o algo así.-Marco había conocido a cientos de personas que dirían
aquella frase para obtener algún tipo de reconocimiento o pena por parte de él pero fue la naturalidad con la que ella
lo dijo lo que le dejo fuera de juego
Ella sacó unas llaves
pequeñas de su bolsillo y entró en la habitación “305”, y dado
que dejó la puerta abierta él se apresuró a seguirla.
Ya sospechaba que su
“casa” no tendría cocina, ni un salón pero al menos esperaba
que fuera mayor que una habitación individual de hotel con un cuarto
de baño mínimo y que la mayor parte del espacio estuviera ocupado
por cajas sin abrir.
Estaba comenzando a
sospechar que el inspector Gómez le había mandado a conocer a una
psicópata cuando ella le miró con una sonrisa en el rostro
adivinando sus pensamientos.-Me acabo de mudar, antes vivía en otro
hotel pero estaba más lejos y he tenido tanto trabajo que aún no he
podido adaptar mis cosas.
-No estaba pensando
nada.-Dijo él pero ella ya estaba sacando una maleta de debajo de
la cama.
-¿Nos vamos?
-¿Ya?.-Dijo él
asombrado.-¿No tienes que coger nada más, unas planchas, algo de
maquillaje...?.-Ella enarcó una ceja a modo de respuesta.-Tengo dos
hermanas y sé que una mujer tarda más de dos minutos en hacer la
maleta para un mes fuera de casa
-Soy una mujer.-Esta vez
fue su turno para enarcar ambas cejas.-Y esta vez solo he tardado dos
minutos y vámonos antes de que me posea el espíritu femenino.-Dijo haciendo una vaga imitación de un fantasma
Carla Molina

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