CAPITULO 3.- “Presentaciones”
-¿Quieres que te ponga
al día sobre el caso antes de que lleguemos?.-Marco observó con
ojos entrecerrados a Carla, ambos habían inclinado el sillón del
avión hacia atrás y habían comenzado a hablar en susurros hacía
media hora. Era evidente que ambos necesitaban descansar durante unas
cuantas horas pero ahí afuera había un asesino que iba a matar y
pronto.
-El primer asesinato que
se le atribuye fue hace doce años así que estamos ante alguien muy
precoz o alguien que tiene más de treinta y dos años. Nadie sabe
si es hombre o mujer aunque dado la fuerza que se requiere para
reducir a una persona que acaba de ver como sus pesadillas se
personifican frente a ella estamos ante un hombre o una mujer con
bastante fuerza. No tenemos fotos ni imágenes, y sabemos que tiene
experiencia médica.-Carla se obligó a no pestañear mientras
hablaba o estaba segura de que se quedaría dormida, llevaba dos
noches seguidas de guardia y se suponía que ese día saldría antes
de la hora de comer y se quedaría en la cama hasta bien entrada la
noche.
-Espera, ¿experiencia
médica?. Nadie ha dicho eso
-Es una conclusión
propia.-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Y te importaría
compartir más de esa conclusión propia?.-Marco sintió como el
sueño se retiraba a la parte más honda de su ser, siempre le pasaba
lo mismo cuándo estaba frente alguna pista o simplemente ante la
sensación de avanzar.
-Tercer caso. Marilyn
Andoa.-Ella comprobó como sus ojos se movían apenas unos segundos
antes de quedarse fijos de nuevo en ella
-Si, nadie estaba seguro
de que fuera un caso de nuestro asesino
-Porque las heridas se
realizaron post-mortem y la causa de la muerte es un golpe en la sien
en vez de desangramiento como en los otros casos.
-Si conozco los detalles,
¿pero qué te hace pensar que nuestro asesino tiene conocimientos
médicos?
-Marilyn Andoa había
tenido una carrera prometedora como boxeadora hasta los veinte años
dónde se dislocó un hombro que no curó bien y desde entonces había
pasado a ser una secretaria de un buffet de abogados. Ella tenía
más fuerza de la que él esperaba, no consiguió controlarla, y él
supo exactamente dónde tenía que dar el golpe para asesinarla antes
de que le arañara o se hiciera con su ADN. Sólo hubo un golpe y
fin.-Marco desvió su mirada hasta el respaldo del asiento frente a
él intentándo pensar con claridad. Ninguno le había hecho
demasiado caso a ese asesinato en concreto ya que cómo había dicho
antes todos pensaban que no pertenecía a la persona que buscaban
pero ahora ya no estaba tan seguro.-Además indicaría que no tiene
un trato demasiado directo con sus víctimas, Marilyn se encargó de
que retiraran de internet cualquier información sobre su pasado, y
ella tampoco se lo había contado
-De ser cierto podríamos
estar hablando de alguien que trate a diario con personas, incluso
con niños
-O simplemente de alguien
que hizo un cursillo hace años y que dirige un banco.-El anuncio del
piloto de que estaban a punto de aterrizar cortó su conversación.
Marco contuvo una sonrisa
cuando Carla clavó los dedos en el reposabrazos hasta que los
nudillos se le pusieron blancos. La mujer a su lado le tenía pánico
a volar y sin embargo la única debilidad que había mostrado había
sido aquella, ni siquiera su expresión había cambiado o su
conversación se había detenido cuándo él inconsciente de ello le
había hablado al despegar.
-¿Estas bien?.-Ella le
dedicó una mirada rápida y luego recogió sus manos hacia su
regazo, totalmente relajada.
-Claro.-Como buen
detective no podía dejar de investigar y en su cabeza brotó la idea
de que aquella mujer no soportaba tener una debilidad antes de que
fuera consciente de ello.
El avión aterrizo con un
incómodo salto pero ella no se inmutó, y él se sentía intrigado a
cada segundo que pasaba.
Marco se apresuró a
recoger la pequeña maleta que ella llevaba y a salir del avión, la
brisa fresca fue totalmente bienvenida después del infierno que
había pasado.
Andaron hasta el aparcamiento dónde
Marco había dejado su coche esa misma mañana, a pesar de que Carla
no era especialmente bajita él tuvo que ayudarla a subirse en la
camioneta negra tomándola de la cintura y para su sorpresa ella
pesaba muy poco.
Apenas habían salido del aparcamiento
cuando las tripas de Carla emitieron un rugido que resonó en el
silencio de la cabina, Marco observó de reojo como la sangre acudía
veloz a su rostro, y contuvo su risa.
Giró dos calles antes de llegar a la
comisaría para detenerse justo en frente de la cafetería que los policías solían visitar; de aspecto rústico bastante parecido a una
cabaña con un porche de tejas rojizas y una fila de coches oficiales
-No dejes que el aspecto te engañe,
hacen los mejores desayunos del mundo.-Dijo él bajándose y rodeando
el coche para ayudarla pero ella saltó agilmente al suelo
-Eso ya lo veremos.-Dijo ella al pasar
a su lado cuándo él le sostuvo la puerta abierta. Definitivamente
la había traído a la guarida de los policías pensó Carla en
cuanto puso un pie dentro. Ella no había sido nunca demasiado
habladora, siempre midiendo cada palabra porque pudieran ser
utilizadas en su contra, pero con Marco estaba haciendo un esfuerzo,
uno realmente grande; aunque él respondiera a cada pregunta con un
tajante si o no, pero claro había imaginado que durante el desayuno
podrían mantener una conversación relajada y fluida.... Ilusa...
-Cardone, ven a sentarte con
nosotros.-Dijo un hombre vestido de uniforme, bien entrado en los
sesenta y que se sentaba en un taburete junto a la barra.
-¿Te apetece?
-Claro...-Se ve que aquel hombre no
entendía una ironía, estaba a punto de decírselo pero él ya
avanzaba a grandes zancadas hacia la barra
-¿Qué quieres ricura?.-Dijo una
camarera regordeta y con el pelo gris bajo una rejilla, tenía una
cara bastante agradable aunque dado el modo en el que hacia girar la
cuchara de palo entre sus dedos le hacía pensar a Carla que en el
caso de que alguien se pusiera demasiado tonto ella sería quién le
desalojaría
-Café solo y tostadas.-Dijo ella
intentando ser agradable por encima del hambre voraz que soportaba
-Para mí lo de siempre.-Dijo Marco
-Cardone, ¿quién es la preciosidad a
tu lado?, dime que has decidido sentar cabeza.-Gritó una voz desde
el fondo del bar
-La preciosidad a mi lado estoy seguro
de que sería capaz de patear tu culo antes de que parpadees
O'Conell.-Marco se giró hacia ella con una sonrisa y susurrando.-Y
bien, ¿serías capaz, verdad?
-¿Quieres probar?.-Dijo ella elevando una ceja
-No, aún me fío de mi instinto.-Dijo
él recibiendo con una enorme sonrisa su plato con un huevo,
salchichas y una tostada algo quemada. Y a partir de ese instante se
giró para conversar con el resto de policías dándole la espalda.
Ella contempló su reflejo en la
superficie del café, se sentía estúpida por estar decepcionada.
Ella no quería su atención, no quería que le demostrase que era
tan asombroso como lo había parecido hacia un año, y tampoco que
fuera todo lo contrario y rompiera aquella imagen platónica que la
había acompañado en sus días más grises
-Cariño no le hagas caso, es un hombre
y en su minúscula cabecita creen que solo los hombres pueden entender
el lenguaje que hablan. ¿Por qué te crees que las mujeres que
trabajan en la comisaría nunca pasan por aquí?.-Dijo la camarera
deteniéndose frente a ella
-No me importa.-Mintió, ella le sonrío
como si acabase de decir que el cielo era amarillo
-Y dime, ¿qué haces aquí?. Dado que
vistes una camisa remangada y Marco está de mal humor supongo que
venís de un sitio cálido
-Se supone que vengo a cazar a un malo
malísimo.-Dijo ella poniendo los ojos en blanco. Estaba acostumbrada
a ser relegada a las sombras, siempre dónde nadie pudiera verla y
controlando todo, pero había pensado que una vez acabada su carrera
y teniendo un trabajo eso cambiaría
-Seguro que lo harás.-Dijo ella poniendo una mano sobre la suya en un gesto maternal. Carla elevó
la mirada, ahora algo desenfocada, había sido la dulzura de aquel
tacto...
-¿Preparada para marcharnos?.-Dijo él
mirándola por encima de su hombro. Carla se acabó el café de un
trago, que le quemó la garganta en su descenso y luego se dirigió
hacia la puerta sin decir ni una palabra.
Esta vez él no tuvo que ayudarla a
subirse, se sentía lo suficientemente molesta como para tener
fuerzas para hacerlo
-¿Por qué te has enfadado?.-Dijo él
una vez que estuvieron en la circulación
-No estoy enfadada.-Dijo ella. Marco la
contempló por un segundo, su mirada era serena e incluso había una
pequeña sonrisa bailando en sus labios lo que le hacía pensar que
decía la verdad pero hacía tan solo un segundo él había visto la
rabia en su forma de andar
-Debería haberte presentado, lo
siento, no estoy muy acostumbrado a ir acompañado y mucho menos a
preocuparme por los sentimientos de alguien.-Carla clavó la vista al
frente y no se movió hasta que él hubo aparcado.
Tampoco habló cuando entraron en la
comisaría o subieron en el ascensor, pero ya no parecía enfadada,
simplemente pensativa respecto a algo que no tenía intención de
compartir.
Lo primero que Marco vio nada más que
las puertas del ascensor se abrieron fue una pelota de goma azul
yendo directamente hacia su cara, apenas había tenido tiempo de
pensar en elevar el brazo para cubrirse el rostro cuando una mano de
uñas brillantes la atrapó sin esfuerzo.
-Lo siento jefe.-Dijo David entrando
corriendo en el rellano. Tenía veintiséis años, afroamericano y el
último en entrar en el grupo.-¿La hemos golpeado señorita?, lo
siento muchísimo.-Dijo él en tono conciliador. Carla contempló
con admiración sus enormes ojos oscuros rodeados por pestañas que
serían la envidia de cualquier mujer, él dejó caer los párpados
en un gesto que de seguro le había librado de algún que otro
problema, o incluso le había servido para tener compañía nocturna.
Carla le tendió la pelota que él
agarró pasando la yema de sus dedos por su palma en un gesto casual
pero que tenía intereses mucho más oscuros
-David.-Gruñó Marco a sus espaldas.
Carla sonrió para sí misma, ella sabía que aquel hombre perdería
todo el interés en cuestión de media hora, así que no le importaba
que intentara seducirla tanto como quisiera
-Lo siento de nuevo.-Dijo él elevando
las manos en señal de rendición y volviendo por dónde había
venido
-Perdónale, es un buen trabajador pero
a menudo me recuerda a un conejo en celo con tanto juego
-¿Envidioso de sus habilidades para
jugar inspector?.-Dijo ella mirándole con una sonrisa escondida en
las comisuras de sus labios. Marco pareció sorprendido por unos
segundos pero luego la malicia brilló en sus ojos antes de agacharse
levemente para estar junto a su oído
-No es jugar si uno sabe que va a
ganar.-Dijo dejando que su aliento le rozara el cuello enviando
escalofríos por todo su cuerpo. Antes de que Marco se hubiera
enderezado del todo ella ya había comenzado a andar con paso firme.
Él tuvo que contener una sonrisa
mientras la seguía, aquella mujer era especial. Más especial que
cualquier persona que nunca hubiera conocido, y eso solo le hacía
desear empezar a correr en dirección contraria, si había comenzado
a pensar eso en tan solo unas cuántas horas no quería imaginar que
sucedería después de un mes...Admiración, es solo admiración, se
dijo a sí mismo.
-Nuestro equipo.-Dijo deteniéndose
delante de la enorme mesa de madera oscura ocupada por tres personas
que parecían al borde de la locura.-A David ya lo conoces.-El
aludido le dedicó una sonrisa de dientes brillantes.-Esta es
Julia.-Ella era un poco mayor que ambos pero se conservaba bastante
bien, mediría un metro sesenta aunque era difícil distinguirlo ya
que estaba sentada, de tez blanquecina y pelo negro, vestía con una
camisa blanca abotonada hasta arriba y unos pantalones de vestir
grises. Ella le dedicó una sonrisa helada antes de volver a los
papeles en la mesa.-Y por último Sergio.-La camaradería entre Marco y
ese hombre fue evidente en cuestión de segundos. También era un par
de años mayor que ellos, pero su rostro era redondo de despiertos
ojos celestes y pecas repartidas estrategicamente por sus pómulos
que le daban un aspecto muy aniñado.
-Encantado.-Le dijo él con un
asentimiento de cabeza.
-Ella es Carla Molina, viene a
ayudarnos con el caso.-Los tres pares de ojos se clavaron en ella con
tan diversas expresiones que no supo a cuál responder
-¿Y cómo exactamente va a
ayudarnos?.-Dijo David, ¡¿aquel hombre podía decir algo sin que
sonara lascivo?!
-Está especializada en este tipo de
caso
-Creí que no había nadie más
preparado que tú.-El veneno fue evidente en las palabras de Julia a
la vez que pasaba la mirada de uno a otro
-Creo que exagera al decir que soy la
persona más preparada, yo solo pretendo aconsejar desde la
experiencia de mis antiguos trabajos.-Dijo Carla elevando levemente
la barbilla en un gesto inconsciente
-No estoy dispuesta a aguantar la
última adquisición de Marco en esta oficina retrasándonos el
trabajo con sus revolcones.-Julia se puso de pie arrastrando la
silla. Marco estaba a punto de acabar aquella tontería cuándo Carla
puso ambas palmas en la mesa inclinándose hacia delante
-Eres tú la que estás dejando que
tus sentimientos, o más bien tus ganas de un revolcón sean las que
nos estén retrasando, porque si hubieras dejado eso fuera ahora
sabrías que llevo más de treinta casos sobre psicópatas
cerrados.-Sergio se tapó la boca con la mano en un intento de
ocultar su risa pero las arrugas alrededor de su nariz le
traicionaron. Carla mantuvo sus ojos fijados en el rostro de Julia
que iba adquiriéndo un color rojizo debido más a la rabia que a la
vergüenza, nunca le había gustado presumir sobre sus logros, porque
había tenido tantos errores como logros, algunos más importantes
que otros, pero aquella mujer había conseguido sacarla de sus
casillas en cuestión de segundos.
-Esperemos que estés a la altura.-Dijo
ella dando un respingo y marchándose.
-Lo siento.-Dijo Carla mirando
directamente a Marco que ahora observaba la puerta por la que Julia
había salido, y justo en ese instante lo supo; ellos estaban juntos.
-¿Así que, eres poli?.-Dijo David
inclinándose hacia atrás.-No lo pareces
-¿Por qué?
-Bueno, no eres....-Extrañamente la
sangre acudió a su rostro y comenzó a tartamudear
-Corpulenta.-Terminó Sergio por él
-Julia tampoco.-Apuntó ella
-Julia no sería capaz de tumbar a un
hombre de cien kilos y desquiciado.-Dijo él
-Has leído mi expediente.-No sabía
porqué le molestaba, sabía que iba a estar en el punto de mira
siempre y aún así no pudo evitar la punzada de molestia en la nuca.
-Estoy impresionado.-Sergio era un
hombre extraño. Ni su tono ni sus expresiones delataban ninguna
emoción, y sin embargo seguía teniendo aquel rostro aniñado que te
hacía pensar que se iluminaría frente a un caramelo.-Será
interesante tenerte por aquí.-Dijo él levantándose y dirigiéndose
a la enorme pizarra que había al fondo de la habitación.
-JULIA-

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