miércoles, 14 de agosto de 2013

Capitulo 3 la caja de los secretos


CAPITULO 3.- “Presentaciones”

-¿Quieres que te ponga al día sobre el caso antes de que lleguemos?.-Marco observó con ojos entrecerrados a Carla, ambos habían inclinado el sillón del avión hacia atrás y habían comenzado a hablar en susurros hacía media hora. Era evidente que ambos necesitaban descansar durante unas cuantas horas pero ahí afuera había un asesino que iba a matar y pronto.
-El primer asesinato que se le atribuye fue hace doce años así que estamos ante alguien muy precoz o alguien que tiene más de treinta y dos años. Nadie sabe si es hombre o mujer aunque dado la fuerza que se requiere para reducir a una persona que acaba de ver como sus pesadillas se personifican frente a ella estamos ante un hombre o una mujer con bastante fuerza. No tenemos fotos ni imágenes, y sabemos que tiene experiencia médica.-Carla se obligó a no pestañear mientras hablaba o estaba segura de que se quedaría dormida, llevaba dos noches seguidas de guardia y se suponía que ese día saldría antes de la hora de comer y se quedaría en la cama hasta bien entrada la noche.
-Espera, ¿experiencia médica?. Nadie ha dicho eso
-Es una conclusión propia.-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Y te importaría compartir más de esa conclusión propia?.-Marco sintió como el sueño se retiraba a la parte más honda de su ser, siempre le pasaba lo mismo cuándo estaba frente alguna pista o simplemente ante la sensación de avanzar.
-Tercer caso. Marilyn Andoa.-Ella comprobó como sus ojos se movían apenas unos segundos antes de quedarse fijos de nuevo en ella
-Si, nadie estaba seguro de que fuera un caso de nuestro asesino
-Porque las heridas se realizaron post-mortem y la causa de la muerte es un golpe en la sien en vez de desangramiento como en los otros casos.
-Si conozco los detalles, ¿pero qué te hace pensar que nuestro asesino tiene conocimientos médicos?
-Marilyn Andoa había tenido una carrera prometedora como boxeadora hasta los veinte años dónde se dislocó un hombro que no curó bien y desde entonces había pasado a ser una secretaria de un buffet de abogados. Ella tenía más fuerza de la que él esperaba, no consiguió controlarla, y él supo exactamente dónde tenía que dar el golpe para asesinarla antes de que le arañara o se hiciera con su ADN. Sólo hubo un golpe y fin.-Marco desvió su mirada hasta el respaldo del asiento frente a él intentándo pensar con claridad. Ninguno le había hecho demasiado caso a ese asesinato en concreto ya que cómo había dicho antes todos pensaban que no pertenecía a la persona que buscaban pero ahora ya no estaba tan seguro.-Además indicaría que no tiene un trato demasiado directo con sus víctimas, Marilyn se encargó de que retiraran de internet cualquier información sobre su pasado, y ella tampoco se lo había contado
-De ser cierto podríamos estar hablando de alguien que trate a diario con personas, incluso con niños
-O simplemente de alguien que hizo un cursillo hace años y que dirige un banco.-El anuncio del piloto de que estaban a punto de aterrizar cortó su conversación.
Marco contuvo una sonrisa cuando Carla clavó los dedos en el reposabrazos hasta que los nudillos se le pusieron blancos. La mujer a su lado le tenía pánico a volar y sin embargo la única debilidad que había mostrado había sido aquella, ni siquiera su expresión había cambiado o su conversación se había detenido cuándo él inconsciente de ello le había hablado al despegar.
-¿Estas bien?.-Ella le dedicó una mirada rápida y luego recogió sus manos hacia su regazo, totalmente relajada.
-Claro.-Como buen detective no podía dejar de investigar y en su cabeza brotó la idea de que aquella mujer no soportaba tener una debilidad antes de que fuera consciente de ello.
El avión aterrizo con un incómodo salto pero ella no se inmutó, y él se sentía intrigado a cada segundo que pasaba.
Marco se apresuró a recoger la pequeña maleta que ella llevaba y a salir del avión, la brisa fresca fue totalmente bienvenida después del infierno que había pasado.
Andaron hasta el aparcamiento dónde Marco había dejado su coche esa misma mañana, a pesar de que Carla no era especialmente bajita él tuvo que ayudarla a subirse en la camioneta negra tomándola de la cintura y para su sorpresa ella pesaba muy poco.
Apenas habían salido del aparcamiento cuando las tripas de Carla emitieron un rugido que resonó en el silencio de la cabina, Marco observó de reojo como la sangre acudía veloz a su rostro, y contuvo su risa.
Giró dos calles antes de llegar a la comisaría para detenerse justo en frente de la cafetería que los policías solían visitar; de aspecto rústico bastante parecido a una cabaña con un porche de tejas rojizas y una fila de coches oficiales
-No dejes que el aspecto te engañe, hacen los mejores desayunos del mundo.-Dijo él bajándose y rodeando el coche para ayudarla pero ella saltó agilmente al suelo
-Eso ya lo veremos.-Dijo ella al pasar a su lado cuándo él le sostuvo la puerta abierta. Definitivamente la había traído a la guarida de los policías  pensó Carla en cuanto puso un pie dentro. Ella no había sido nunca demasiado habladora, siempre midiendo cada palabra porque pudieran ser utilizadas en su contra, pero con Marco estaba haciendo un esfuerzo, uno realmente grande; aunque él respondiera a cada pregunta con un tajante si o no, pero claro había imaginado que durante el desayuno podrían mantener una conversación relajada y fluida.... Ilusa...
-Cardone, ven a sentarte con nosotros.-Dijo un hombre vestido de uniforme, bien entrado en los sesenta y que se sentaba en un taburete junto a la barra.
-¿Te apetece?
-Claro...-Se ve que aquel hombre no entendía una ironía, estaba a punto de decírselo pero él ya avanzaba a grandes zancadas hacia la barra
-¿Qué quieres ricura?.-Dijo una camarera regordeta y con el pelo gris bajo una rejilla, tenía una cara bastante agradable aunque dado el modo en el que hacia girar la cuchara de palo entre sus dedos le hacía pensar a Carla que en el caso de que alguien se pusiera demasiado tonto ella sería quién le desalojaría
-Café solo y tostadas.-Dijo ella intentando ser agradable por encima del hambre voraz que soportaba
-Para mí lo de siempre.-Dijo Marco
-Cardone, ¿quién es la preciosidad a tu lado?, dime que has decidido sentar cabeza.-Gritó una voz desde el fondo del bar
-La preciosidad a mi lado estoy seguro de que sería capaz de patear tu culo antes de que parpadees O'Conell.-Marco se giró hacia ella con una sonrisa y susurrando.-Y bien, ¿serías capaz, verdad?
-¿Quieres probar?.-Dijo ella elevando una ceja
-No, aún me fío de mi instinto.-Dijo él recibiendo con una enorme sonrisa su plato con un huevo, salchichas y una tostada algo quemada. Y a partir de ese instante se giró para conversar con el resto de policías dándole la espalda.
Ella contempló su reflejo en la superficie del café, se sentía estúpida por estar decepcionada. Ella no quería su atención, no quería que le demostrase que era tan asombroso como lo había parecido hacia un año, y tampoco que fuera todo lo contrario y rompiera aquella imagen platónica que la había acompañado en sus días más grises
-Cariño no le hagas caso, es un hombre y en su minúscula cabecita creen que solo los hombres pueden entender el lenguaje que hablan. ¿Por qué te crees que las mujeres que trabajan en la comisaría nunca pasan por aquí?.-Dijo la camarera deteniéndose frente a ella
-No me importa.-Mintió, ella le sonrío como si acabase de decir que el cielo era amarillo
-Y dime, ¿qué haces aquí?. Dado que vistes una camisa remangada y Marco está de mal humor supongo que venís de un sitio cálido
-Se supone que vengo a cazar a un malo malísimo.-Dijo ella poniendo los ojos en blanco. Estaba acostumbrada a ser relegada a las sombras, siempre dónde nadie pudiera verla y controlando todo, pero había pensado que una vez acabada su carrera y teniendo un trabajo eso cambiaría
-Seguro que lo harás.-Dijo ella poniendo una mano sobre la suya en un gesto maternal. Carla elevó la mirada, ahora algo desenfocada, había sido la dulzura de aquel tacto...
-¿Preparada para marcharnos?.-Dijo él mirándola por encima de su hombro. Carla se acabó el café de un trago, que le quemó la garganta en su descenso y luego se dirigió hacia la puerta sin decir ni una palabra.
Esta vez él no tuvo que ayudarla a subirse, se sentía lo suficientemente molesta como para tener fuerzas para hacerlo
-¿Por qué te has enfadado?.-Dijo él una vez que estuvieron en la circulación
-No estoy enfadada.-Dijo ella. Marco la contempló por un segundo, su mirada era serena e incluso había una pequeña sonrisa bailando en sus labios lo que le hacía pensar que decía la verdad pero hacía tan solo un segundo él había visto la rabia en su forma de andar
-Debería haberte presentado, lo siento, no estoy muy acostumbrado a ir acompañado y mucho menos a preocuparme por los sentimientos de alguien.-Carla clavó la vista al frente y no se movió hasta que él hubo aparcado.
Tampoco habló cuando entraron en la comisaría o subieron en el ascensor, pero ya no parecía enfadada, simplemente pensativa respecto a algo que no tenía intención de compartir.
Lo primero que Marco vio nada más que las puertas del ascensor se abrieron fue una pelota de goma azul yendo directamente hacia su cara, apenas había tenido tiempo de pensar en elevar el brazo para cubrirse el rostro cuando una mano de uñas brillantes la atrapó sin esfuerzo.
-Lo siento jefe.-Dijo David entrando corriendo en el rellano. Tenía veintiséis años, afroamericano y el último en entrar en el grupo.-¿La hemos golpeado señorita?, lo siento muchísimo.-Dijo él en tono conciliador. Carla contempló con admiración sus enormes ojos oscuros rodeados por pestañas que serían la envidia de cualquier mujer, él dejó caer los párpados en un gesto que de seguro le había librado de algún que otro problema, o incluso le había servido para tener compañía nocturna.
Carla le tendió la pelota que él agarró pasando la yema de sus dedos por su palma en un gesto casual pero que tenía intereses mucho más oscuros
-David.-Gruñó Marco a sus espaldas. Carla sonrió para sí misma, ella sabía que aquel hombre perdería todo el interés en cuestión de media hora, así que no le importaba que intentara seducirla tanto como quisiera
-Lo siento de nuevo.-Dijo él elevando las manos en señal de rendición y volviendo por dónde había venido
-Perdónale, es un buen trabajador pero a menudo me recuerda a un conejo en celo con tanto juego
-¿Envidioso de sus habilidades para jugar inspector?.-Dijo ella mirándole con una sonrisa escondida en las comisuras de sus labios. Marco pareció sorprendido por unos segundos pero luego la malicia brilló en sus ojos antes de agacharse levemente para estar junto a su oído
-No es jugar si uno sabe que va a ganar.-Dijo dejando que su aliento le rozara el cuello enviando escalofríos por todo su cuerpo. Antes de que Marco se hubiera enderezado del todo ella ya había comenzado a andar con paso firme.
Él tuvo que contener una sonrisa mientras la seguía, aquella mujer era especial. Más especial que cualquier persona que nunca hubiera conocido, y eso solo le hacía desear empezar a correr en dirección contraria, si había comenzado a pensar eso en tan solo unas cuántas horas no quería imaginar que sucedería después de un mes...Admiración, es solo admiración, se dijo a sí mismo.
-Nuestro equipo.-Dijo deteniéndose delante de la enorme mesa de madera oscura ocupada por tres personas que parecían al borde de la locura.-A David ya lo conoces.-El aludido le dedicó una sonrisa de dientes brillantes.-Esta es Julia.-Ella era un poco mayor que ambos pero se conservaba bastante bien, mediría un metro sesenta aunque era difícil distinguirlo ya que estaba sentada, de tez blanquecina y pelo negro, vestía con una camisa blanca abotonada hasta arriba y unos pantalones de vestir grises. Ella le dedicó una sonrisa helada antes de volver a los papeles en la mesa.-Y por último Sergio.-La camaradería entre Marco y ese hombre fue evidente en cuestión de segundos. También era un par de años mayor que ellos, pero su rostro era redondo de despiertos ojos celestes y pecas repartidas estrategicamente por sus pómulos que le daban un aspecto muy aniñado.
-Encantado.-Le dijo él con un asentimiento de cabeza.
-Ella es Carla Molina, viene a ayudarnos con el caso.-Los tres pares de ojos se clavaron en ella con tan diversas expresiones que no supo a cuál responder
-¿Y cómo exactamente va a ayudarnos?.-Dijo David, ¡¿aquel hombre podía decir algo sin que sonara lascivo?!
-Está especializada en este tipo de caso
-Creí que no había nadie más preparado que tú.-El veneno fue evidente en las palabras de Julia a la vez que pasaba la mirada de uno a otro
-Creo que exagera al decir que soy la persona más preparada, yo solo pretendo aconsejar desde la experiencia de mis antiguos trabajos.-Dijo Carla elevando levemente la barbilla en un gesto inconsciente
-No estoy dispuesta a aguantar la última adquisición de Marco en esta oficina retrasándonos el trabajo con sus revolcones.-Julia se puso de pie arrastrando la silla. Marco estaba a punto de acabar aquella tontería cuándo Carla puso ambas palmas en la mesa inclinándose hacia delante
-Eres tú la que estás dejando que tus sentimientos, o más bien tus ganas de un revolcón sean las que nos estén retrasando, porque si hubieras dejado eso fuera ahora sabrías que llevo más de treinta casos sobre psicópatas cerrados.-Sergio se tapó la boca con la mano en un intento de ocultar su risa pero las arrugas alrededor de su nariz le traicionaron. Carla mantuvo sus ojos fijados en el rostro de Julia que iba adquiriéndo un color rojizo debido más a la rabia que a la vergüenza, nunca le había gustado presumir sobre sus logros, porque había tenido tantos errores como logros, algunos más importantes que otros, pero aquella mujer había conseguido sacarla de sus casillas en cuestión de segundos.
-Esperemos que estés a la altura.-Dijo ella dando un respingo y marchándose.
-Lo siento.-Dijo Carla mirando directamente a Marco que ahora observaba la puerta por la que Julia había salido, y justo en ese instante lo supo; ellos estaban juntos.
-¿Así que, eres poli?.-Dijo David inclinándose hacia atrás.-No lo pareces
-¿Por qué?
-Bueno, no eres....-Extrañamente la sangre acudió a su rostro y comenzó a tartamudear
-Corpulenta.-Terminó Sergio por él
-Julia tampoco.-Apuntó ella
-Julia no sería capaz de tumbar a un hombre de cien kilos y desquiciado.-Dijo él
-Has leído mi expediente.-No sabía porqué le molestaba, sabía que iba a estar en el punto de mira siempre y aún así no pudo evitar la punzada de molestia en la nuca.
-Estoy impresionado.-Sergio era un hombre extraño. Ni su tono ni sus expresiones delataban ninguna emoción, y sin embargo seguía teniendo aquel rostro aniñado que te hacía pensar que se iluminaría frente a un caramelo.-Será interesante tenerte por aquí.-Dijo él levantándose y dirigiéndose a la enorme pizarra que había al fondo de la habitación.

-JULIA-

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