miércoles, 21 de agosto de 2013

Capitulo 4 La caja de los secretos

CAPITULO 4. 
“A veces la calma es mucho más inquietante que el caos”

-¡Que alguien me mate!.-Sollozó Sergio. Marco se tomó esto como la señal de parada y se inclinó hacia atrás a la vez que hundía los dedos en su pelo.-Justo cuándo creía que había empezado a entenderlo va y cambia todo.-Continuó Sergio
-¿Cómo las escoge?.-Dijo Marco. Esa había sido su obsesión desde el principio. Todas habían sido mujeres exceptuando a un hombre, de distinta etnia, religión y color de pelo.
-Probablemente porque se saltaban su código, por eso necesitamos hablar con la familia de nuevo.-Dijo Carla bajando la carpeta que hasta ahora la separaba del resto. Las ojeras comenzaban a ser más marcadas en su rostro y bajo aquella luz sus ojos eran de un ámbar tan claro que parecían miel líquida
-¿Qué es eso del código exactamente?.-Dijo Sergio girándose hacia ella. Marco había estado seguro que él sería el único que no presentaría problemas ante la llegada de Carla, siempre sediento de información o de poder aprender algo.
-Cada psicópata tiene sus propios códigos, códigos que no tienen porque coincidir con los del resto de la humanidad y que definitivamente son los que rigen su comportamiento. Pongamos un ejemplo, tú considerarías que un ladrón merece un castigo, pero un psicópata puede que no. Si su cogido dictamina que alguien que ayuda a una mujer mayor a cruzar la calle merece un castigo, será esa persona la elegida como víctima.
-Es decir, que estamos jodidos.-Dijo Sergio levantándose y colocándose la chaqueta sobre los hombros
-Podría ser peor.-Dijo ella como toda respuesta.-Solo necesitamos reunir a las personas cercanas a la víctima y ver que ideal podían tener en común
-Pero nunca sabremos si alguna de esas personas o todas ayudaban a viejecitas a cruzar la calle, no es algo que se comente a la hora de la comida exactamente.-Dijo Sergio
-Necesitaremos confiar en la suerte.-Dijo ella como toda respuesta, aunque en las últimas horas Marco había aprendido que eso significaba que tenía un as bajo la manga
-Nos vemos mañana.-Dijo Sergio dándoles la espalda. Marco se dedicó a intentar disolver los nudos que se habían formado en sus hombros
-Acabarás por arrepentirte de tu decisión.-Dijo cuándo Carla apoyó la frente contra la mesa notablemente agotada
-Estoy segura de ello.-Él solo había estado intentando bromear pero la seriedad en sus palabras le hizo entornar los ojos
-Sigues pensando que vas a cometer el mismo error.-Adivinó
-Es una de las pocas certeras ahora mismo en mi vida
-No te dejaré hacerlo.-Prometió él. Carla se levantó con paso fluido y fue a rellenar su vaso de plástico con agua fría, intentando esconder su expresión de él
-Me gustaría saber cómo pretendes hacerlo.-Dijo dejándose caer en la encimera y mirándole.-¿Qué harás cuánto te asegure que un hombre que a tus ojos es normal sería capaz de destripar sin pestañear?
-Subestimas mis habilidades.-Dijo intentando sonar ofendido cuándo en realidad estaba divertido por su entrecejo cada vez más fruncido
-¿Has tratado con alguno?
-La verdad es que no estando yo al mando, pero no creo que sea tan distinto de los asesinos que llevo viendo cada día aunque tú digas lo contrario.-Ella se levantó y volvió a sentarse en frente de él, incapaz de mantenerse quieta o tenía la seguridad de que se dormiría.-¿Qué hay de ti?. Tu expediente dice que cerraste muchos casos pero la chulería que a veces se te escapa es propia de alguien que ha dormido bajo el mismo techo que el mismísimo diablo y ha salido ileso.-Ambos rieron solo que ella lo hizo con una crueldad que le heló la sangre
-Será mejor que vayamos a buscarme un hotel antes de que se haga más tarde.-Carla recogió un par de archivos que quería repasar por la mañana.
A diferencia de muchas personas aquel era su momento más lucido del día; de hecho no sería la primera vez que todas las piezas de un caso que les traía de cabeza encajarán acompañadas del café de la mañana. Marco tardó un par de minutos más en recoger y también se llevó consigo algunas carpetas
-Eso no será necesario.-Dijo él cuándo llegaron al ascensor.-Te quedarás en mi casa, tengo una habitación de invitados que no ha sido ocupada desde su construcción.-El tono de él no dejaba lugar a discusiones, claro que ella tampoco tenía intención de hacerlo; ver a Marco acabado de levantar era una experiencia que no iba a perderse en esta vida.


Sabía que debía hablarle de algo, estaban tan cansados que Marco podría quedarse dormido en cualquier momento y terminarían teniendo un accidente; pero en el instante en que su espalda se amoldó a la forma de los asientos del coche todas sus buenas intenciones se escaparon y lo máximo que pudo hacer fue concentrarse en no cerrar los párpados, creyendo que si en algún momento veía que se precipitaban fuera de la carretera encontraría la fuerza para gritar.
Marco por su lado se mantenía concentrado en el efecto relajante de no encontrar tráfico y mantener la mente lejos de un asesino
-¿Hace cuánto no duermes?.-Carla había comenzado a dar cabezadas hacía un rato y estaba seguro de qué en una de esas acabaría por romperse el cuello si continuaba así
-Dormí dos horas hace veinticuatro.-Dijo ella soñolienta
-Eso fue hace mucho tiempo.-Dijo él bajando la calefacción un par de grados disimuladamente
-He estado despierta mucho más tiempo pero volar me agota.-Sus parpados ahora se mantenían abiertos aunque miraba las luces de las farolas con aire distraído
-¿Y por qué has estado despierta?
-Fui a visitar a mi familia
-Tu informe dice que tus padres y tu hermano murieron hace años.-Las palabras salieron de su boca antes de que tuviera tiempo de pensarlo. Había observado que Carla se tensaba cada vez que hablaba sobre su informe y había estado tratando de evitarlo pero se había escapado de su boca
-No todo aquel que lleva tu sangre es tu familia al igual que aquel que no la lleva puede serlo.-Al menos ella no parecía enfadada, solo incomoda. Marco giró el coche a la derecha y de repente todo el camino se volvió de tierra. Sus vecinos ya estaban acostados hacía mucho ya que la mayoría eran mayores de ochenta años por lo que su casa tenía un aspecto bastante tétrico.
Apagó el motor y se bajó de un salto, para cuándo había rodeado la parte frontal Carla estaba parada junto a la puerta y parpadeaba torpemente
-Ven, por aquí.-Dijo él apoyando una mano en su espalda y guiándola. Había recorrido ese camino tantas veces a oscuras que podía distinguir hasta el más mínimo cambio en las sombras.
Para cuando llegaron al primer escalón Carla estaba totalmente dejada caer en su cuerpo y a pesar de que pesaba muchísimo menos de lo que esperaba tropezaron un par de veces hasta que llegaron a la puerta. Marco tuvo que luchar por encontrar la llave en los bolsillos a la vez que la sujetaba en su sitio
-Carla, despierta.-Dijo intentando que volviera a moverse pero ella parecía estar en trance. Al final optó por la opción más sencilla y la cargó entre sus brazos.
Avanzó con ella por la casa a oscuras intentando no despertarla, la habitación de invitados estaba justo en frente de la suya y ese era otro camino que conocía a ciegas.
Sostuvo el cuerpo de Carla contra el suyo mientras intentaba tirar de la colcha con otra mano y luego la depositó en la cama, se agachó para quitarle los zapatos y la tapó.
Carla se removió en sueños y él se inclinó para darle un beso en la frente antes de preguntarse qué estaba haciendo. Ella olía a fresas, pero no tan meloso como para ser una colonia, más bien un champú o un gel.
-Buenas noches Carla.-Susurró. Ella dijo algo inentendible y luego se giró para quedar bocabajo. Marco tuvo que taparse la boca para ahogar una carcajada y salió de la habitación, aún le quedaban un par de horas para repasar el caso...




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