CAPITULO 4.
“A veces la
calma es mucho más inquietante que el caos”
-¡Que alguien me mate!.-Sollozó
Sergio. Marco se tomó esto como la señal de parada y se inclinó
hacia atrás a la vez que hundía los dedos en su pelo.-Justo cuándo
creía que había empezado a entenderlo va y cambia todo.-Continuó
Sergio
-¿Cómo las escoge?.-Dijo Marco. Esa
había sido su obsesión desde el principio. Todas habían sido
mujeres exceptuando a un hombre, de distinta etnia, religión y color
de pelo.
-Probablemente porque se saltaban su
código, por eso necesitamos hablar con la familia de nuevo.-Dijo
Carla bajando la carpeta que hasta ahora la separaba del resto. Las
ojeras comenzaban a ser más marcadas en su rostro y bajo aquella luz
sus ojos eran de un ámbar tan claro que parecían miel líquida
-¿Qué es eso del código
exactamente?.-Dijo Sergio girándose hacia ella. Marco había estado
seguro que él sería el único que no presentaría problemas ante la
llegada de Carla, siempre sediento de información o de poder
aprender algo.
-Cada psicópata tiene sus propios
códigos, códigos que no tienen porque coincidir con los del resto
de la humanidad y que definitivamente son los que rigen su
comportamiento. Pongamos un ejemplo, tú considerarías que un ladrón
merece un castigo, pero un psicópata puede que no. Si su cogido
dictamina que alguien que ayuda a una mujer mayor a cruzar la calle
merece un castigo, será esa persona la elegida como víctima.
-Es decir, que estamos jodidos.-Dijo
Sergio levantándose y colocándose la chaqueta sobre los hombros
-Podría ser peor.-Dijo ella como toda
respuesta.-Solo necesitamos reunir a las personas cercanas a la
víctima y ver que ideal podían tener en común
-Pero nunca sabremos si alguna de esas
personas o todas ayudaban a viejecitas a cruzar la calle, no es algo
que se comente a la hora de la comida exactamente.-Dijo Sergio
-Necesitaremos confiar en la
suerte.-Dijo ella como toda respuesta, aunque en las últimas horas
Marco había aprendido que eso significaba que tenía un as bajo la
manga
-Nos vemos mañana.-Dijo Sergio
dándoles la espalda. Marco se dedicó a intentar disolver los nudos
que se habían formado en sus hombros
-Acabarás por arrepentirte de tu
decisión.-Dijo cuándo Carla apoyó la frente contra la mesa
notablemente agotada
-Estoy segura de ello.-Él solo había
estado intentando bromear pero la seriedad en sus palabras le hizo
entornar los ojos
-Sigues pensando que vas a cometer el
mismo error.-Adivinó
-Es una de las pocas certeras ahora
mismo en mi vida
-No te dejaré hacerlo.-Prometió él.
Carla se levantó con paso fluido y fue a rellenar su vaso de
plástico con agua fría, intentando esconder su expresión de él
-Me gustaría saber cómo pretendes
hacerlo.-Dijo dejándose caer en la encimera y mirándole.-¿Qué
harás cuánto te asegure que un hombre que a tus ojos es normal
sería capaz de destripar sin pestañear?
-Subestimas mis habilidades.-Dijo
intentando sonar ofendido cuándo en realidad estaba divertido por su
entrecejo cada vez más fruncido
-¿Has tratado con alguno?
-La verdad es que no estando yo al
mando, pero no creo que sea tan distinto de los asesinos que llevo
viendo cada día aunque tú digas lo contrario.-Ella se levantó y
volvió a sentarse en frente de él, incapaz de mantenerse quieta o
tenía la seguridad de que se dormiría.-¿Qué hay de ti?. Tu
expediente dice que cerraste muchos casos pero la chulería que a
veces se te escapa es propia de alguien que ha dormido bajo el mismo
techo que el mismísimo diablo y ha salido ileso.-Ambos rieron solo
que ella lo hizo con una crueldad que le heló la sangre
-Será mejor que vayamos a buscarme un
hotel antes de que se haga más tarde.-Carla recogió un par de
archivos que quería repasar por la mañana.
A diferencia de muchas personas aquel
era su momento más lucido del día; de hecho no sería la primera
vez que todas las piezas de un caso que les traía de cabeza
encajarán acompañadas del café de la mañana. Marco tardó un par
de minutos más en recoger y también se llevó consigo algunas
carpetas
-Eso no será necesario.-Dijo él
cuándo llegaron al ascensor.-Te quedarás en mi casa, tengo una
habitación de invitados que no ha sido ocupada desde su
construcción.-El tono de él no dejaba lugar a discusiones, claro
que ella tampoco tenía intención de hacerlo; ver a Marco acabado de
levantar era una experiencia que no iba a perderse en esta vida.
Sabía que debía hablarle de algo,
estaban tan cansados que Marco podría quedarse dormido en cualquier
momento y terminarían teniendo un accidente; pero en el instante en
que su espalda se amoldó a la forma de los asientos del coche todas
sus buenas intenciones se escaparon y lo máximo que pudo hacer fue
concentrarse en no cerrar los párpados, creyendo que si en algún
momento veía que se precipitaban fuera de la carretera encontraría
la fuerza para gritar.
Marco por su lado se mantenía
concentrado en el efecto relajante de no encontrar tráfico y
mantener la mente lejos de un asesino
-¿Hace cuánto no duermes?.-Carla
había comenzado a dar cabezadas hacía un rato y estaba seguro de
qué en una de esas acabaría por romperse el cuello si continuaba
así
-Dormí dos horas hace
veinticuatro.-Dijo ella soñolienta
-Eso fue hace mucho tiempo.-Dijo él
bajando la calefacción un par de grados disimuladamente
-He estado despierta mucho más tiempo
pero volar me agota.-Sus parpados ahora se mantenían abiertos aunque
miraba las luces de las farolas con aire distraído
-¿Y por qué has estado despierta?
-Fui a visitar a mi familia
-Tu informe dice que tus padres y tu
hermano murieron hace años.-Las palabras salieron de su boca antes
de que tuviera tiempo de pensarlo. Había observado que Carla se
tensaba cada vez que hablaba sobre su informe y había estado
tratando de evitarlo pero se había escapado de su boca
-No todo aquel que lleva tu sangre es
tu familia al igual que aquel que no la lleva puede serlo.-Al menos
ella no parecía enfadada, solo incomoda. Marco giró el coche a la
derecha y de repente todo el camino se volvió de tierra. Sus vecinos
ya estaban acostados hacía mucho ya que la mayoría eran mayores de
ochenta años por lo que su casa tenía un aspecto bastante tétrico.
Apagó el motor y se bajó de un salto,
para cuándo había rodeado la parte frontal Carla estaba parada
junto a la puerta y parpadeaba torpemente
-Ven, por aquí.-Dijo él apoyando una
mano en su espalda y guiándola. Había recorrido ese camino tantas
veces a oscuras que podía distinguir hasta el más mínimo cambio en
las sombras.
Para cuando llegaron al primer escalón
Carla estaba totalmente dejada caer en su cuerpo y a pesar de que
pesaba muchísimo menos de lo que esperaba tropezaron un par de veces
hasta que llegaron a la puerta. Marco tuvo que luchar por encontrar
la llave en los bolsillos a la vez que la sujetaba en su sitio
-Carla, despierta.-Dijo intentando que
volviera a moverse pero ella parecía estar en trance. Al final optó
por la opción más sencilla y la cargó entre sus brazos.
Avanzó con ella por la casa a oscuras
intentando no despertarla, la habitación de invitados estaba justo
en frente de la suya y ese era otro camino que conocía a ciegas.
Sostuvo el cuerpo de Carla contra el
suyo mientras intentaba tirar de la colcha con otra mano y luego la
depositó en la cama, se agachó para quitarle los zapatos y la tapó.
Carla se removió en sueños y él se
inclinó para darle un beso en la frente antes de preguntarse qué
estaba haciendo. Ella olía a fresas, pero no tan meloso como para
ser una colonia, más bien un champú o un gel.
-Buenas noches Carla.-Susurró. Ella
dijo algo inentendible y luego se giró para quedar bocabajo. Marco
tuvo que taparse la boca para ahogar una carcajada y salió de la
habitación, aún le quedaban un par de horas para repasar el caso...

No hay comentarios:
Publicar un comentario