CAPITULO 1.- “De entre
los genios, usted es el más brillante”
Marco se inclinó hacia
atrás cruzando los tobillos sobre el escritorio repleto de papeles y
con una taza de café que comenzaba a ponerse frío.
Sus ojos vagaron de forma
involuntaria a la pizarra que había a unos pocos metros, alguien había pensado que colocar las pistas en forma de X tenía algún tipo
de gracia.
Bufó mientras se
levantaba y posicionaba cada fotografía o post-it en un orden mucho
más claro y luego se alejo veintisiete pasos hacia atrás, una manía
extraña pero que a menudo daba resultados.
Esta vez lo máximo que
consiguió fue que su dolor de cabeza aumentara; llevaba veintitrés
horas despierto y sabía que en ese estado no iba a avanzar nada pero
temía que para cuándo él despertara una nueva víctima le
estuviera esperando.
-Cardone.-Dijo una voz
ronca a su espalda. El inspector se colocó a su lado y ambos
contemplaron la pizarra con ojos entrecerrados
-Inspector.-Juan Gómez
tenía cincuenta y ocho años y tenía la carrera más exitosa en un
radio de mil kilómetros. Marco había perdido la cuenta de los
asesinos que había detenido cuándo ésta iba por ciento cincuenta,
pero a un par de años de jubilarse había sufrido un infarto y había
sido relegado a una gran montaña de papeleo.
El hombre se conservaba
bastante bien, apenas una palma más bajo que él, delgado y con el
pelo canoso debido más a los disgustos que a la edad.
-¿Cómo va el caso?
-Podría ir peor.-En el
lenguaje de Marco aquello implicaba que iba cuesta abajo y sin
frenos.
-¿Qué ha dicho el
psicólogo que iban a consultar?.-El inspector Gómez se sentó sobre
el filo de su mesa y olisqueó con desagrado la taza de café
-Psicópata de
libro.-Dijo él como toda respuesta. Marco había tenido casos difíciles y no era la primera vez que se enfrentaba a un asesino en
serie pero esta vez no tenían absolutamente ningún dato sobre él,
ni un dibujo robot, ni la edad, de hecho ni siquiera estaban
completamente seguros de que fuera hombre. Por esta razón le habían
apodado el asesino X; a él lo de los nombres le parecía una pérdida
de tiempo aunque reconocía que era mucho más efectivo y alentador
que referirse a él cómo el tipo del que no sabían absolutamente
nada y que continuaba asesinando cada día con un patrón incoherente
-Creo que deberías
consultar a alguien.-Marco dio un paso más cerca de la pizarra pero
todos sus sentidos estaban puestos en el hombre junto a él.
-¿A qué tipo de alguien
se refiere?, porque le aseguro que no estoy dispuesto a recurrir a un
medium.-La carcajada bronca del inspector llenó toda la planta ahora
vacía. Ambos sabían que él si estaba de acuerdo con el uso de
mediums pero para Marco aquello era imposible e inaceptable y no era
la primera vez que se enzarzaban en una discusión por ello.
-Se llama Carla Molina
-¿Debería sonarme?
-Como bien sabrás en dos
mil nueve formamos un equipo especial para estudiar asesinos en
serie, la cantidad de casos sin resolver se acumulaban y las altas
esferas nos apretaban. Carla Molina fue una de las personas que se
eligieron para formar parte de ese grupo, en dos mil doce tuvo un
problema con un caso y se retiró, la unidad especial se disolvió
tres meses después.
-¿Qué le hace pensar
que puede ayudarnos?
-No he conocido a nadie
que entienda a un psicópata como ella
-Bien, estaría bien
hablar con ella, dígale que se pase mañana por la oficina
-Eso no va a ser
posible.-Dijo el inspector levantándose -Ahora trabaja haciendo patrullas a más de mil kilómetros de aquí, y por supuesto
necesitarás una buena razón para que vuelva.
-¿Está intentando
decirme que deje toda mi investigación para coger un avión y
presentarme frente a un agente y le ruegue para que me ayude a
resolver este caso?
-Si, exactamente eso
-¿Y por qué diablos
debería hacer eso?.-Juan Gómez avanzó hacia él hasta que los
separaba apenas un metro y Marco pudo ver con claridad las marcas de
cansancio en sus ojos.
-Porque si consigue
traerla a su lado sabrá quién es el asesino en menos de un mes.-No
fueron sus palabras sino la seguridad que vio en él y el respeto
que sentía hacia sus decisiones lo que le hicieron soltar una
maldición e ir en busca de su chaqueta.
-Marco Cardone-

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