miércoles, 31 de julio de 2013

La caja de los secretos capitulo 1

CAPITULO 1.- “De entre los genios, usted es el más brillante”

Marco se inclinó hacia atrás cruzando los tobillos sobre el escritorio repleto de papeles y con una taza de café que comenzaba a ponerse frío.
Sus ojos vagaron de forma involuntaria a la pizarra que había a unos pocos metros, alguien había pensado que colocar las pistas en forma de X tenía algún tipo de gracia.
Bufó mientras se levantaba y posicionaba cada fotografía o post-it en un orden mucho más claro y luego se alejo veintisiete pasos hacia atrás, una manía extraña pero que a menudo daba resultados.
Esta vez lo máximo que consiguió fue que su dolor de cabeza aumentara; llevaba veintitrés horas despierto y sabía que en ese estado no iba a avanzar nada pero temía que para cuándo él despertara una nueva víctima le estuviera esperando.
-Cardone.-Dijo una voz ronca a su espalda. El inspector se colocó a su lado y ambos contemplaron la pizarra con ojos entrecerrados
-Inspector.-Juan Gómez tenía cincuenta y ocho años y tenía la carrera más exitosa en un radio de mil kilómetros. Marco había perdido la cuenta de los asesinos que había detenido cuándo ésta iba por ciento cincuenta, pero a un par de años de jubilarse había sufrido un infarto y había sido relegado a una gran montaña de papeleo.
El hombre se conservaba bastante bien, apenas una palma más bajo que él, delgado y con el pelo canoso debido más a los disgustos que a la edad.
-¿Cómo va el caso?
-Podría ir peor.-En el lenguaje de Marco aquello implicaba que iba cuesta abajo y sin frenos.
-¿Qué ha dicho el psicólogo que iban a consultar?.-El inspector Gómez se sentó sobre el filo de su mesa y olisqueó con desagrado la taza de café
-Psicópata de libro.-Dijo él como toda respuesta. Marco había tenido casos difíciles y no era la primera vez que se enfrentaba a un asesino en serie pero esta vez no tenían absolutamente ningún dato sobre él, ni un dibujo robot, ni la edad, de hecho ni siquiera estaban completamente seguros de que fuera hombre. Por esta razón le habían apodado el asesino X; a él lo de los nombres le parecía una pérdida de tiempo aunque reconocía que era mucho más efectivo y alentador que referirse a él cómo el tipo del que no sabían absolutamente nada y que continuaba asesinando cada día con un patrón incoherente
-Creo que deberías consultar a alguien.-Marco dio un paso más cerca de la pizarra pero todos sus sentidos estaban puestos en el hombre junto a él.
-¿A qué tipo de alguien se refiere?, porque le aseguro que no estoy dispuesto a recurrir a un medium.-La carcajada bronca del inspector llenó toda la planta ahora vacía. Ambos sabían que él si estaba de acuerdo con el uso de mediums pero para Marco aquello era imposible e inaceptable y no era la primera vez que se enzarzaban en una discusión por ello.
-Se llama Carla Molina
-¿Debería sonarme?
-Como bien sabrás en dos mil nueve formamos un equipo especial para estudiar asesinos en serie, la cantidad de casos sin resolver se acumulaban y las altas esferas nos apretaban. Carla Molina fue una de las personas que se eligieron para formar parte de ese grupo, en dos mil doce tuvo un problema con un caso y se retiró, la unidad especial se disolvió tres meses después.
-¿Qué le hace pensar que puede ayudarnos?
-No he conocido a nadie que entienda a un psicópata como ella
-Bien, estaría bien hablar con ella, dígale que se pase mañana por la oficina
-Eso no va a ser posible.-Dijo el inspector levantándose -Ahora trabaja haciendo patrullas a más de mil kilómetros de aquí, y por supuesto necesitarás una buena razón para que vuelva.
-¿Está intentando decirme que deje toda mi investigación para coger un avión y presentarme frente a un agente y le ruegue para que me ayude a resolver este caso?
-Si, exactamente eso
-¿Y por qué diablos debería hacer eso?.-Juan Gómez avanzó hacia él hasta que los separaba apenas un metro y Marco pudo ver con claridad las marcas de cansancio en sus ojos.
-Porque si consigue traerla a su lado sabrá quién es el asesino en menos de un mes.-No fueron sus palabras sino la seguridad que vio en él y el respeto que sentía hacia sus decisiones lo que le hicieron soltar una maldición e ir en busca de su chaqueta.

-Marco Cardone-



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