Hola, ¿cómo estáis?.
Definitivamente la historia va a tener doce capítulos, es decir, solo falta uno. En el siguiente os explicaré cuál va a ser la próxima historia por si queréis leerla.
Gracias y sin más dilación os dejo con el capitulo....
Me
detengo en la puerta del que es nuestro piso, ahora está abierta y
todas las luces están apagadas. El silencio me reconforta de una
forma extraña, porque existen las mismas posibilidades de que sea
debido a que todos están muertos o a que Claudia está esperándome
pero anhelo creer que Sam opondrían resistencia y que no todo ha
acabado.
En
cuanto pongo un pie dentro del salón la maquiavélica carcajada llega
desde el sofá y siento un alivio casi inmediato al ver que Claudia
no tiene ni una sola gota de sangre.
Ella
viste de blanco como siempre que tiene que cazar, la primera vez que
nos conocimos le dije que ir de negro te daba algo de ventaja en las
sombras pero ella dijo que no quería ventaja, quería que la persona
a la que estaba matando viera claramente como su ropa se manchaba de
sangre. Fue en ese momento en el que supe que Claudia era una
psicópata de campeonato, y que los dioses la habían elegido porque
tarde o temprano movería la balanza de mi vida.
Por
eso me mantuve alejada de ella por años, en un intento de agarrarme
a la esperanza de que el siguiente Sam estuviese a salvo.
-Te
estaba esperando.-Mantiene las piernas cruzadas mientras balancea un
mechón de cabello dorado entre su dedo pulgar e indice.
-No
le has matado.-Digo intentando convencerme
-¿Y
perderme tu rostro mientras le ves morir delante tuya sabiendo que
sigues encerrada en la misma espiral hasta que otro nuevo Sam
aparezca?.-Se inclina hacia delante con una sonrisa que manda
escalofríos a mi nuca.-Me aseguraré de que estés bien atada hasta
que yo desaparezca y entonces tú pasarás una vida de sufrimiento
intentando proteger a Martha de los dioses que querrán darle una
muerte horrible porque tú no cumpliste tu cometido a la vez que me
buscarás pero para cuándo me encuentres ya habrá otro Sam en el
mundo al que yo pueda matar. No dormirás, no serás capaz de tomar
una ducha con la puerta cerrada, llorarás de agotamiento y
desesperación y te verás obligada a matar a cientos de inocentes
que nunca se habrían alejado del buen camino de no ser porque los
dioses intentan castigarte.
-¿Qué
te hace pensar que no seré yo quién acabe antes contigo?.-Me muevo
lentamente por la habitación mientras le mantengo la mirada, ella no
lo sabe pero a cada paso yo estoy más cerca de Sam y ella más
lejos.
-Porque
Sam no está en esa habitación sino en la contraria.-Dice
señalándome mi antigua habitación que está a sus espaldas. Ella
se levanto y sale corriendo hacia allí pero yo ya estoy saltando
hacia ella. Ambas caemos al suelo, mi espalda golpeando el lado del
sofá y arrancándome el aire de golpe.
Mi
mano busca a tientas la daga de mi cinturón pero ella clava el talón
de su mano en mis costillas y grito de dolor, golpeo con mi pie su
rodilla una, dos y tres veces hasta que rueda y se aleja de mí.
Entonces
me llevo la mano al cinturón solo para darme cuenta de que Claudia se
ha hecho con las dos dagas que tengo allí y vuelve al ataque.
Consigo
bloquear la primera con el antebrazo pero la segunda me araña la
clavícula peligrosamente cerca del cuello.
Barro
sus piernas con las mías haciéndola caer al suelo de forma destartalada y una de las dagas se desliza por el suelo hasta debajo
del sofá.
-No
voy a morir esta noche Annie.-Dice con su pecho subiendo y bajando
de forma violenta. La parte más oscura de mí se ríe a carcajadas
mientras ruega por salir, la parte que nació después de la primera
muerte, después de tener que decidir si quería seguir viviendo o
simplemente dejarme ir.
Al
final supongo que todos somos lo suficientemente egoístas y
escogemos poner un paso delante de otro solo esperando que la vida
nos dé otra oportunidad para ser felices, aún cuándo ya nos ha
dado bastante dejándonos vivir.
Al
principio lo peor era la culpa, oír a Ángela y no saber si era un
fantasma o simplemente mi conciencia castigándome por desear
abandonar y a la vez por desear morir.
Claudia
me saca de mis recuerdos cuando descarga su puño en mi nariz y el
dolor se expande por mi rostro.
Me
elevo sobre mis rodillas y me impulso hacia ella, mis manos se
cierran sobre su cuello y me apoyo sobre sus brazos, aún tiene una
daga pero lo máximo que llega a hacer es arañarme la pierna.
Me
centro en este momento; Claudia está pataleando debajo de mí e
intenta hablar pero mi sujeción es lo suficientemente fuerte como
para que cada palabra le cueste un minuto menos de vida.
Se
mueve debajo mía y consigue más libertad de movimiento hasta que mi
propia daga se clava de lleno en mi muslo pero el dolor es algo con
lo que aprendí a vivir mucho tiempo. Su rostro comienza a tomar un
tono azulado y no pienso rendirme ahora
-Annie.-Es
solo un susurro pero en mis oídos suena como el grito más atroz.
Elevó mi mirada al instante solo para ver a Sam en la puerta de mi
habitación.
Ha
avanzado de rodilla debido a que la cuerda que le rodea por todos
lados apenas le deja moverse y mucho menos ponerse de pie, tiene un
par de arañazos en el cuello y un moretón en la mandíbula que
comienza a hincharse pero lo que me hace perder la respiración es que
su camiseta está llena de sangre.
Noto
como mis manos se aflojan y Claudia se eleva debajo de mí para
clavarme la daga en el centro del pecho, aunque no en el corazón. Me
inclino hacia atrás y consigo sacar el pequeño cuchillo que siempre
va en mi tobillo, luego se lo clavo en el hombro tan cerca del cuello
que sé que terminará siendo mortal.
Ella
gira la muñeca introduciendo más la hoja de metal en mi cuerpo,
aunque ya nada importa porque alguien me empuja hacia atrás y solo
soy capaz de boquear en busca de aire.
-Maldita
zorra.-La voz de Martha llega a mí como una ráfaga de paz y consigo
inclinar el rostro para verla golpear la cabeza de Claudia con la
base de lo que parece una figura de una bailarina y hacerla perder el
conocimiento.
-Annie,
¿estas bien?.-Oigo los pasos de Sam rebotando contra el suelo
mientras que éste corre hacia mí y se arrodilla.
-Estabas
sangrando.-Consigo decir contemplando su camiseta
-Es
suya.-Dice señalando a Claudia con la mano.-Conseguí herirla
cuándo me atacó.
-Esta
bien.-Él pone dos dedos bajo mi barbilla y me fuerza a elevar el
rostro. ¿Por qué has hecho eso, Sam?. No quiero mirarte, no quiero
que seas el último recuerdo que tenga antes de cerrar los ojos.
-Vas
a dejarme.-La crueldad de sus palabras está a punto de arrancarme
una carcajada, levantando una oleada de dolor .
-Eres
distinto.-Mi voz suena ronca y me ahogo a cada sílaba, reduciendo mi tiempo.
-¿A
quién?.-A todos quiero decir, pero ya no me quedan fuerzas. Sam es
la culminación de todos los hombres que he amado en mi vida.
Tal
vez en otros tiempos, tal vez si hubiéramos convivido un poco
más...Pero ya no tiene ningún sentido responder eso, porque este
Sam no me ama por mucho que yo sí lo haga, o tal vez sólo amo al
Sam de las vidas anteriores.
Una
lágrima se escapa por la esquina de mi ojo y rueda por mi pómulo,
me parece fría, si tan solo tuviera fuerzas para quitarla...
-¡Annie!.-Sam
me zarandea con fuerza y me quejo notablemente.-Martha, ¡está
cerrando los ojos!.-Grita con fuerza. La escucho forcejear al otro
lado del salón probablemente asegurándose de mantener atada a
Claudia.
-No
te asustes.-Consigo decir y le aprieto la mano a Sam.-No me
recordarás por mucho tiempo
Hay
tantas cosas que quisiera haber dicho...
A
Martha, que es la mujer más luchadora y fuerte que he conocido en mi
existencia, que en todas sus vidas ha tenido un pasado horrible lleno
de abusos y golpes y a pesar de todo siempre ha conseguido encontrar
la luz en su interior. Ni siquiera sé que está haciendo aquí
pero al final tendrá el valor de matar a Claudia y podrá vivir unos
maravillosos años.
A
Ángela, que estoy deseando volver a abrazarla y decirle que me
perdone, que yo solo rogaba ser especial para alguien aunque eso nos
haya costado un castigo horrible a ambas
Y
a Sam, que ahora tengo mi recompensa; él es libre, no está
encadenado a morir para volver a reencontrarnos una y otra vez.
Una
parte de mí se desgarra al saber que nosotros nunca tendremos un
final feliz, que aquello que nos mantenía dentro de este circulo
vicioso no era alcanzar una eternidad juntos pero no hay nada más
que yo pueda hacer más que dejarle ir y que encuentre una persona
que le dé tanto cómo él me dio al elegirme cuándo nadie lo había
hecho jamás.

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