martes, 9 de julio de 2013

Capitulo 11

Hola, ¿cómo estáis?.
Definitivamente la historia va a tener doce capítulos, es decir, solo falta uno. En el siguiente os explicaré cuál va a ser la próxima historia por si queréis leerla.

Gracias y sin más dilación os dejo con el capitulo....



Me detengo en la puerta del que es nuestro piso, ahora está abierta y todas las luces están apagadas. El silencio me reconforta de una forma extraña, porque existen las mismas posibilidades de que sea debido a que todos están muertos o a que Claudia está esperándome  pero anhelo creer que Sam opondrían resistencia y que no todo ha acabado.
En cuanto pongo un pie dentro del salón la maquiavélica carcajada llega desde el sofá y siento un alivio casi inmediato al ver que Claudia no tiene ni una sola gota de sangre.
Ella viste de blanco como siempre que tiene que cazar, la primera vez que nos conocimos le dije que ir de negro te daba algo de ventaja en las sombras pero ella dijo que no quería ventaja, quería que la persona a la que estaba matando viera claramente como su ropa se manchaba de sangre. Fue en ese momento en el que supe que Claudia era una psicópata de campeonato, y que los dioses la habían elegido porque tarde o temprano movería la balanza de mi vida.
Por eso me mantuve alejada de ella por años, en un intento de agarrarme a la esperanza de que el siguiente Sam estuviese a salvo.
-Te estaba esperando.-Mantiene las piernas cruzadas mientras balancea un mechón de cabello dorado entre su dedo pulgar e indice.
-No le has matado.-Digo intentando convencerme
-¿Y perderme tu rostro mientras le ves morir delante tuya sabiendo que sigues encerrada en la misma espiral hasta que otro nuevo Sam aparezca?.-Se inclina hacia delante con una sonrisa que manda escalofríos a mi nuca.-Me aseguraré de que estés bien atada hasta que yo desaparezca y entonces tú pasarás una vida de sufrimiento intentando proteger a Martha de los dioses que querrán darle una muerte horrible porque tú no cumpliste tu cometido a la vez que me buscarás pero para cuándo me encuentres ya habrá otro Sam en el mundo al que yo pueda matar. No dormirás, no serás capaz de tomar una ducha con la puerta cerrada, llorarás de agotamiento y desesperación y te verás obligada a matar a cientos de inocentes que nunca se habrían alejado del buen camino de no ser porque los dioses intentan castigarte.
-¿Qué te hace pensar que no seré yo quién acabe antes contigo?.-Me muevo lentamente por la habitación mientras le mantengo la mirada, ella no lo sabe pero a cada paso yo estoy más cerca de Sam y ella más lejos.
-Porque Sam no está en esa habitación sino en la contraria.-Dice señalándome mi antigua habitación que está a sus espaldas. Ella se levanto y sale corriendo hacia allí pero yo ya estoy saltando hacia ella. Ambas caemos al suelo, mi espalda golpeando el lado del sofá y arrancándome el aire de golpe.
Mi mano busca a tientas la daga de mi cinturón pero ella clava el talón de su mano en mis costillas y grito de dolor, golpeo con mi pie su rodilla una, dos y tres veces hasta que rueda y se aleja de mí.
Entonces me llevo la mano al cinturón solo para darme cuenta de que Claudia se ha hecho con las dos dagas que tengo allí y vuelve al ataque.
Consigo bloquear la primera con el antebrazo pero la segunda me araña la clavícula peligrosamente cerca del cuello.
Barro sus piernas con las mías haciéndola caer al suelo de forma destartalada y una de las dagas se desliza por el suelo hasta debajo del sofá.
-No voy a morir esta noche Annie.-Dice con su pecho subiendo y bajando de forma violenta. La parte más oscura de mí se ríe a carcajadas mientras ruega por salir, la parte que nació después de la primera muerte, después de tener que decidir si quería seguir viviendo o simplemente dejarme ir.
Al final supongo que todos somos lo suficientemente egoístas y escogemos poner un paso delante de otro solo esperando que la vida nos dé otra oportunidad para ser felices, aún cuándo ya nos ha dado bastante dejándonos vivir.
Al principio lo peor era la culpa, oír a Ángela y no saber si era un fantasma o simplemente mi conciencia castigándome por desear abandonar y a la vez por desear morir.
Claudia me saca de mis recuerdos cuando descarga su puño en mi nariz y el dolor se expande por mi rostro.
Me elevo sobre mis rodillas y me impulso hacia ella, mis manos se cierran sobre su cuello y me apoyo sobre sus brazos, aún tiene una daga pero lo máximo que llega a hacer es arañarme la pierna.
Me centro en este momento; Claudia está pataleando debajo de mí e intenta hablar pero mi sujeción es lo suficientemente fuerte como para que cada palabra le cueste un minuto menos de vida.
Se mueve debajo mía y consigue más libertad de movimiento hasta que mi propia daga se clava de lleno en mi muslo pero el dolor es algo con lo que aprendí a vivir mucho tiempo. Su rostro comienza a tomar un tono azulado y no pienso rendirme ahora
-Annie.-Es solo un susurro pero en mis oídos suena como el grito más atroz. Elevó mi mirada al instante solo para ver a Sam en la puerta de mi habitación.
Ha avanzado de rodilla debido a que la cuerda que le rodea por todos lados apenas le deja moverse y mucho menos ponerse de pie, tiene un par de arañazos en el cuello y un moretón en la mandíbula que comienza a hincharse pero lo que me hace perder la respiración es que su camiseta está llena de sangre.
Noto como mis manos se aflojan y Claudia se eleva debajo de mí para clavarme la daga en el centro del pecho, aunque no en el corazón. Me inclino hacia atrás y consigo sacar el pequeño cuchillo que siempre va en mi tobillo, luego se lo clavo en el hombro tan cerca del cuello que sé que terminará siendo mortal.
Ella gira la muñeca introduciendo más la hoja de metal en mi cuerpo, aunque ya nada importa porque alguien me empuja hacia atrás y solo soy capaz de boquear en busca de aire.
-Maldita zorra.-La voz de Martha llega a mí como una ráfaga de paz y consigo inclinar el rostro para verla golpear la cabeza de Claudia con la base de lo que parece una figura de una bailarina y hacerla perder el conocimiento.
-Annie, ¿estas bien?.-Oigo los pasos de Sam rebotando contra el suelo mientras que éste corre hacia mí y se arrodilla.
-Estabas sangrando.-Consigo decir contemplando su camiseta
-Es suya.-Dice señalando a Claudia con la mano.-Conseguí herirla cuándo me atacó.
-Esta bien.-Él pone dos dedos bajo mi barbilla y me fuerza a elevar el rostro. ¿Por qué has hecho eso, Sam?. No quiero mirarte, no quiero que seas el último recuerdo que tenga antes de cerrar los ojos.
-Vas a dejarme.-La crueldad de sus palabras está a punto de arrancarme una carcajada, levantando una oleada de dolor .
-Eres distinto.-Mi voz suena ronca y me ahogo a cada sílaba, reduciendo mi tiempo.
-¿A quién?.-A todos quiero decir, pero ya no me quedan fuerzas. Sam es la culminación de todos los hombres que he amado en mi vida.
Tal vez en otros tiempos, tal vez si hubiéramos convivido un poco más...Pero ya no tiene ningún sentido responder eso, porque este Sam no me ama por mucho que yo sí lo haga, o tal vez sólo amo al Sam de las vidas anteriores.
Una lágrima se escapa por la esquina de mi ojo y rueda por mi pómulo, me parece fría, si tan solo tuviera fuerzas para quitarla...
-¡Annie!.-Sam me zarandea con fuerza y me quejo notablemente.-Martha, ¡está cerrando los ojos!.-Grita con fuerza. La escucho forcejear al otro lado del salón probablemente asegurándose de mantener atada a Claudia.
-No te asustes.-Consigo decir y le aprieto la mano a Sam.-No me recordarás por mucho tiempo


-Claro que lo haré.-Une su frente a la mía y un espasmo rompe en su cuerpo.-Ojalá te hubiera amado Annie, ojalá hubiera podido sentir lo que era abrazarte en medio de la noche, o la textura de tus labios...Ojalá te hubiera dado todo aquello por lo que has esperando durante años.-Ahora sus lágrimas me mojan el rostro, pero las suyas son cálidas.-Se suponía que yo era el definitivo, que tendríamos una preciosa historia de amor y moriríamos juntos. Se suponía que tendrías tu recompensa.-Noto como mis ojos se van desenfocando hasta que solo soy capaz de ver una pared blanca que supongo será el techo.
Hay tantas cosas que quisiera haber dicho...

A Martha, que es la mujer más luchadora y fuerte que he conocido en mi existencia, que en todas sus vidas ha tenido un pasado horrible lleno de abusos y golpes y a pesar de todo siempre ha conseguido encontrar la luz en su interior. Ni siquiera sé que está haciendo aquí pero al final tendrá el valor de matar a Claudia y podrá vivir unos maravillosos años.

A Ángela, que estoy deseando volver a abrazarla y decirle que me perdone, que yo solo rogaba ser especial para alguien aunque eso nos haya costado un castigo horrible a ambas

Y a Sam, que ahora tengo mi recompensa; él es libre, no está encadenado a morir para volver a reencontrarnos una y otra vez.
Una parte de mí se desgarra al saber que nosotros nunca tendremos un final feliz, que aquello que nos mantenía dentro de este circulo vicioso no era alcanzar una eternidad juntos pero no hay nada más que yo pueda hacer más que dejarle ir y que encuentre una persona que le dé tanto cómo él me dio al elegirme cuándo nadie lo había hecho jamás.



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