Cuando
abro los ojos tengo la sensación de haberme quedado dormida en el
sofá ya que mis músculos están totalmente agarrotados pero luego
las imágenes se reproducen una y otra vez en mi cabeza y me siento
de golpe solo para que unas manos dulces se cierren sobre mis
hombros.
Me
encuentro frente a frente con mi propio reflejo, al principio
nuestros padres eran incapaces de diferenciarnos, los mismos ojos, el
mismo pelo... Apenas bastaron unos meses para que yo comenzara a
tener un entrecejo fruncido constantemente y una mirada amenazadora
hacia cualquier desconocido que se acercara y para que Ángela
siempre tuviera una sonrisa en sus labios
Por
esta razón tengo la seguridad de que de no haber estado dormidas yo
no habría sido la elección definitiva.
-Annie,
deja de pensar.-Dice ella y una sonrisa baila en mis labios
-¿Todo
ha acabado?.-Digo a la vez que las lágrimas queman detrás de mis
párpados, llevo tanto tiempo con emociones controladas que ahora
siento que voy a explotar en cualquier momento. Ella asiente
solemnemente.-Ángela lo siento mucho, he estado pensando que debería
haber encontrado la manera de acabar con mi vida y dejarte
avanzar.-Ella toma mis manos entre las suyas
-Has
vivido toda una existencia a mi sombra. Cuando ambas estábamos vivas
todo el mundo nos comparaba constantemente y decidieron que yo sería
la que debía estar siempre feliz y contenta y tú la amargada
incapaz de escuchar a nadie más que a ti misma pero las dos sabemos
que no era así. Yo tenía mucho más temperamento que tú cuándo me
enfadaba y tú te pasabas noches en vela escuchándome parlotear
sobre cualquier tontería. Por eso quiero hacerte un regalo
-¿Qué
tipo de regalo?.-Me insta a levantarme y caminamos por la habitación
completamente blanca hacia dos puertas.
-En
la izquierda hay un mundo totalmente controlado por tu mente, en él
los recuerdos que tienes sobre el primer Sam también están vivos.
Puedes ir a cualquier parte y él estará contigo
-Pero
Sam está vivo, ¿verdad?.-Por un momento la posibilidad de que
Claudia se haya soltado y haya acabado con la vida de Martha y Sam no
me parece tan remota
-Si,
cómo te digo ahí solo encontrarás al primer Sam, sólo a él
-No
volveré a verte.-Me duelen todos los músculos de intentar
contenerme para no saltar dentro de la puerta y pedirle a Ángela que
cierre con llave pero ella es mi hermana y por mucho que el mundo
haya hecho lo imposible para que terminemos odiándonos ella ha
superado eso con creces.
La
puerta de la derecha es dónde vivo yo, de momento creo que estaré
por aquí por un tiempo antes de plantearme la posibilidad de volver
así que supongo que podremos vernos de vez en cuando.-Y con esto me
da un pequeño empujoncito hacia la puerta que se abre con una luz
cegadora...
Ante
mí aparecen cinco pares de ojos acompañados de angelicales rostros
que me observan con curiosidad, hace tantos años desde que fuimos niños que me cuesta reconocer el rostro pecoso de Martha y la mirada
curiosa de Ángela junto con tres chicos que no consigo recordar
claramente quiénes son.
-Cuéntanos un cuento.-Dice Martha
-Ahora
no puedo chicos tengo que encontrar a Sam
-Él
tardará en venir mientras puedes contarnos un cuento.-Dice Ángela.
No puedo reprimir una sonrisa al recordar lo impertinente que era a
veces
-Esta
bien.-Digo cogiendo un cuaderno en blanco y sentándome en un
taburete.-Había una vez en un reino muy muy lejano un enorme
campanario. Las antiguas leyendas decían que había estado ahí
incluso cuando se comenzaron a construir los primeros edificios, y de
hecho, todo el reino crecía a su alrededor, por supuesto siempre a
una distancia prudencial. De piedra negra y cuyo vértice se extendía
hacia las nubes pero sin duda estas no eran las características más
llamativas de este campanario. Y es que a pesar de haber sido
estudiado por los mejores expertos de todos los reinos nadie
conseguía entender el complejo mecanismo que provocaba que las
campanas sonaran siempre a su antojo.
Como todo reino que
se precie en él vivía una hermosa princesa, de cabellos negros como
el carbón y ojos tan claros como el hielo. Ella había sido la única
heredera al trono después de que su madre muriera durante el parto y
desde entonces había sido cuidada entre algodones pero al décimo octavo cumpleaños la princesa había enloquecido.
Se escapaba cada
noche por muchas trampas que le pusieran y había sido vista apoyada
contra el campanario, como si pudiera entender el porqué de aquellos
sonidos.
Un día un niño se
había acercado a ella y le había preguntado si conocía la razón
de que hubiera días acompañados de música y días en silencio.
Ella se había agachado hasta estar a la altura del niño y había
susurrado...Es su intento de recordarnos lo hermosa y efímera que es
la vida...-El cuaderno en blanco se resbaló entre mis dedos dando
un efecto más terrorífico del que pretendía. Al levantar la cabeza
comprobé que había un par de ojos asustados que me miraban
temblando.
-Chicos vamos a
dejarlo por hoy.-Digo intentando poner mi sonrisa más dulce.
-Los has
asustado.-Dice una voz a mis espaldas. Mi corazón emprende una
carrera a la vez que me giro para contemplar los ojos celestes, el
pelo negro y la única sonrisa en el mundo que hace temblar mis
rodillas
-Sólo
es un cuento...-Digo sonriendo tontamente
-Y
yo sólo un hombre.-Dice atrayéndome a sus brazos, su olor a tierra
mojada y dama de noche me aturde los sentidos y de repente todos los
años han valido la pena para volver aquí, aunque sé que no es real
y que el verdadero Sam está fuera intentando ser feliz a toda costa,
me sirven mis recuerdos
-No,
tú eres el hombre que yo amo.-Digo antes de capturar sus labios en
un beso

No hay comentarios:
Publicar un comentario