jueves, 18 de julio de 2013

Capitulo 12. Fin

Cuando abro los ojos tengo la sensación de haberme quedado dormida en el sofá ya que mis músculos están totalmente agarrotados pero luego las imágenes se reproducen una y otra vez en mi cabeza y me siento de golpe solo para que unas manos dulces se cierren sobre mis hombros.
Me encuentro frente a frente con mi propio reflejo, al principio nuestros padres eran incapaces de diferenciarnos, los mismos ojos, el mismo pelo... Apenas bastaron unos meses para que yo comenzara a tener un entrecejo fruncido constantemente y una mirada amenazadora hacia cualquier desconocido que se acercara y para que Ángela siempre tuviera una sonrisa en sus labios
Por esta razón tengo la seguridad de que de no haber estado dormidas yo no habría sido la elección definitiva.
-Annie, deja de pensar.-Dice ella y una sonrisa baila en mis labios
-¿Todo ha acabado?.-Digo a la vez que las lágrimas queman detrás de mis párpados, llevo tanto tiempo con emociones controladas que ahora siento que voy a explotar en cualquier momento. Ella asiente solemnemente.-Ángela lo siento mucho, he estado pensando que debería haber encontrado la manera de acabar con mi vida y dejarte avanzar.-Ella toma mis manos entre las suyas
-Has vivido toda una existencia a mi sombra. Cuando ambas estábamos vivas todo el mundo nos comparaba constantemente y decidieron que yo sería la que debía estar siempre feliz y contenta y tú la amargada incapaz de escuchar a nadie más que a ti misma pero las dos sabemos que no era así. Yo tenía mucho más temperamento que tú cuándo me enfadaba y tú te pasabas noches en vela escuchándome parlotear sobre cualquier tontería. Por eso quiero hacerte un regalo
-¿Qué tipo de regalo?.-Me insta a levantarme y caminamos por la habitación completamente blanca hacia dos puertas.
-En la izquierda hay un mundo totalmente controlado por tu mente, en él los recuerdos que tienes sobre el primer Sam también están vivos. Puedes ir a cualquier parte y él estará contigo
-Pero Sam está vivo, ¿verdad?.-Por un momento la posibilidad de que Claudia se haya soltado y haya acabado con la vida de Martha y Sam no me parece tan remota
-Si, cómo te digo ahí solo encontrarás al primer Sam, sólo a él
-No volveré a verte.-Me duelen todos los músculos de intentar contenerme para no saltar dentro de la puerta y pedirle a Ángela que cierre con llave pero ella es mi hermana y por mucho que el mundo haya hecho lo imposible para que terminemos odiándonos ella ha superado eso con creces.
La puerta de la derecha es dónde vivo yo, de momento creo que estaré por aquí por un tiempo antes de plantearme la posibilidad de volver así que supongo que podremos vernos de vez en cuando.-Y con esto me da un pequeño empujoncito hacia la puerta que se abre con una luz cegadora...


Ante mí aparecen cinco pares de ojos acompañados de angelicales rostros que me observan con curiosidad, hace tantos años desde que fuimos niños que me cuesta reconocer el rostro pecoso de Martha y la mirada curiosa de Ángela junto con tres chicos que no consigo recordar claramente quiénes son.
-Cuéntanos un cuento.-Dice Martha
-Ahora no puedo chicos tengo que encontrar a Sam
-Él tardará en venir mientras puedes contarnos un cuento.-Dice Ángela. No puedo reprimir una sonrisa al recordar lo impertinente que era a veces
-Esta bien.-Digo cogiendo un cuaderno en blanco y sentándome en un taburete.-Había una vez en un reino muy muy lejano un enorme campanario. Las antiguas leyendas decían que había estado ahí incluso cuando se comenzaron a construir los primeros edificios, y de hecho, todo el reino crecía a su alrededor, por supuesto siempre a una distancia prudencial. De piedra negra y cuyo vértice se extendía hacia las nubes pero sin duda estas no eran las características más llamativas de este campanario. Y es que a pesar de haber sido estudiado por los mejores expertos de todos los reinos nadie conseguía entender el complejo mecanismo que provocaba que las campanas sonaran siempre a su antojo.
Como todo reino que se precie en él vivía una hermosa princesa, de cabellos negros como el carbón y ojos tan claros como el hielo. Ella había sido la única heredera al trono después de que su madre muriera durante el parto y desde entonces había sido cuidada entre algodones pero al décimo octavo cumpleaños la princesa había enloquecido.
Se escapaba cada noche por muchas trampas que le pusieran y había sido vista apoyada contra el campanario, como si pudiera entender el porqué de aquellos sonidos.

Un día un niño se había acercado a ella y le había preguntado si conocía la razón de que hubiera días acompañados de música y días en silencio. Ella se había agachado hasta estar a la altura del niño y había susurrado...Es su intento de recordarnos lo hermosa y efímera que es la vida...-El cuaderno en blanco se resbaló entre mis dedos dando un efecto más terrorífico del que pretendía. Al levantar la cabeza comprobé que había un par de ojos asustados que me miraban temblando.
-Chicos vamos a dejarlo por hoy.-Digo intentando poner mi sonrisa más dulce.
-Los has asustado.-Dice una voz a mis espaldas. Mi corazón emprende una carrera a la vez que me giro para contemplar los ojos celestes, el pelo negro y la única sonrisa en el mundo que hace temblar mis rodillas
-Sólo es un cuento...-Digo sonriendo tontamente
-Y yo sólo un hombre.-Dice atrayéndome a sus brazos, su olor a tierra mojada y dama de noche me aturde los sentidos y de repente todos los años han valido la pena para volver aquí, aunque sé que no es real y que el verdadero Sam está fuera intentando ser feliz a toda costa, me sirven mis recuerdos
-No, tú eres el hombre que yo amo.-Digo antes de capturar sus labios en un beso



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