viernes, 7 de junio de 2013

Capitulo 8

Me remuevo incómoda y vuelvo a respirar hondo por enésima vez. Llevo dos horas sentada en las escaleras del bloque de nuestro antiguo casero y no hay señal de que vaya a volver pronto.
Con conocimiento de causa puedo asegurar que este es el último lugar en el mundo en el que me gustaría estar, si tan sólo pudiera cerrar los ojos y volver a casa...tal vez hablar con Sam de algún tema trivial que no signifique nada para ninguno de los dos.
Dejó escapar el aire de forma temblorosa, últimamente mi relación con Sam parece haber entrado en una montaña rusa, aún cuándo yo pensaba que era la parte de mi vida sobre la que más control poseía. Pero las cosas con Sam siempre son así, un día estás pensando que es un chico simpático y al día siguiente estás soñando con él.
-Señorita, ¡cuánto tiempo!.-La voz asfixiada a causa de las escaleras me despierta de mi ensoñación
-Señor Himmer.-Digo levantándome de forma que yo esté más alta que él.
-¿En que puedo ayudarla?.-Intenta pasar a mi lado pero yo me muevo casi imperceptiblemente. Son solo unos milímetros que probablemente su cerebro ni siquiera haya llegado a registrar pero tal y como esperaba se mantiene en su posición
-Me ha llamado Martha preocupada porque usted pretende alquilar el piso a otra persona, yo le he dicho que eso no puedo ser posible pero aún así me ha insistido en que venga a hablar con usted.-Utilizo el tono más sosegado y dulce que tengo en mi repertorio pero solo consigo que él se ría.
-Siento decepcionarte niña, pero el dinero es el dinero.-Tal vez si hubiera tenido más paciencia, si no estuviera deseando volver a mi piso, las cosas hubiesen sido distintas, tal vez. Me inclino un poco hacia delante hasta que nuestras miradas quedan a la misma altura y comienzo a notar como mis ojos se oscurecen y se vuelven más duros.
-Señor Himmer, usted no va a hacer ese trato, porque eso sería dejar a una pobre chica en la estacada y usted no haría eso, ¿verdad?.-Su rostro pierde todo el color que le había provocado subir las escaleras en especial con su peso, y simplemente asiente lentamente.
Mucho más animada paso a su lado casi saltando los escalones lista para volver a casa...


Claro que lo último que esperaba encontrarme después de veinte minutos andando es que los cristales de nuestro piso están temblando debido al estruendo de música que sale de ellos.
Al principio simplemente pienso que Sam ha invitado a unos amigos y se lo están pasando bien, pero luego recuerdo que la última vez que le vi estaba desplomado en su cama debido a unos días agotadores, y es entonces cuándo mi corazón se acelera en el centro del pecho.
Es la segunda vez en el día que me muevo por esa escalera como si mi vida dependiera totalmente de ello. La puerta se encuentra entreabierta y de ella sale oleadas de olor a alcohol que incitan hacia atrás.
La empujo con tanta fuerza que choca contra la pared y tengo que volver a sujetarla para que no me golpeé y justo cuando estoy a punto de lanzarme a esa masa de gente que se entremezcla entre sí veo a Sam pasar por delante mía.
-¡Sam!.-Digo agarrándole del brazo.-¿Se puede saber qué pasa?
-¡Annie!.-Grita demasiado fuerte para mi gusto. Y me agarra en un abrazo de oso que me hace perder la respiración, eso y el olor a vodka barato que sale de él.-Lo siento mucho cariño.-Posa las palmas abiertas de sus manos en cada lado de mi rostro.-Mis amigos dijeron que solo iban a ser un par, que querían verme después de estos días...y de repente...¡mira toda esta gente!.-Levanta los brazos hacia arriba con expresión de sorpresa. Supongo que el alivio después de la preocupación se refleja en mi rostro.-Tranquila, todo está bien.-Me dice con una sonrisa
-Si, Sam, ya sé que todo está bien. Aunque tú estas muy borracho
-Ya lo sé, pero sshhh, que no se entere mi compañera de piso.-Me guiña un ojo de forma exagerada y luego me agarra por la manga mientras tira de mí hacia el salón.-Ven, hay también una amiga tuya.-La sangre se me hiela bajo las venas y me detengo aunque Sam continúe intentando tirar de mí
-¿Quién es, Sam?.-Digo mirándole como si pudiera ver la respuesta en su rostro
-Justo a tiempo, Annie.-Dice una irritante voz desde el sofá.-¡Te reto al juego de la verdad!.-Su risa psicótica llega hasta mis oídos y me hace estremecer. Sam me mira con el ceño fruncido y por un momento pienso que va a salir de su embriaguez y a echar a todos pero los segundos pasan y él continúa ahí, contemplándome como si fuera su acción más importante del día.-Annie, sigo esperando.-Paso por el lado de Sam y me siento en el sofá, que unos segundos después se hunde cuándo él me acompaña.
-¿Qué quieres Claudia?
-Jugar.-Dice riéndose. Lleva los labios exageradamente pintados de carmín rojo, que me recuerda a la sangre.
-Como quieras.-Probablemente lo que me lleva a aceptar es saber que Sam y el resto de la población presente en el piso están tan borrachos que no recordarán nada mañana
-¿Cuántos años tienes?.-Dice inclinándose hacia delante
-Veintitrés.-Respondo casi de memoria
-Así no, cariño.-Dice guiándome un ojo.-Veamos, pensaré una pregunta mejor.-Dice cruzando las piernas de forma exagerada y llevándose la copa a la boca.-¿Alguna vez has matado a alguien?
-Si.-Mi respuesta corta el aire, los ojos de Claudia se abren levemente como si realmente esperaba que no contestara y la risa de Sam sube por encima de todas las conversaciones en el resto de la sala.
-Annie tomate esto en serio.-Dice dándome un golpecito en el hombro, realmente estar borracho le sienta muy mal.
-Nunca miento a menos que la ocasión lo requiera y dado que mañana no recordarás nada no me importa que nos conozcamos más.-Digo haciendo alusión a algo que me dijo uno de los primeros días que compartimos piso
-No, tú no has podido matar...-Su boca se abre y se cierre repetidamente como pececito fuera del agua y Claudia se deja caer hacia atrás en el sillón divertida. Decido que no tengo tiempo suficiente como para ocuparme de él.
-¿Tu objetivo es él?.-Sin ninguna duda no se esperaba esa pregunta ya que puedo ver la verdad en su rostro antes de que diga absolutamente nada.-No, solo me quieres a mí.-Me respondo a mí misma y ella asiente de forma solemne como si existiera algún código entre nosotras...¡Señor, quiere matarme!
-¿Tengo alguna oportunidad contra ti?
-No entiendo que quieres decir
-Bueno, no sería la primera vez que me envían a una misión suicida y te he estado observando lo suficiente como para saber en qué tablero estamos jugando.
-Tendréis suerte si dejo alguno de vuestros huesos enteros
-Me ha parecido entender que esa amenaza no solo me incluye a mí.-Por extraño que parezca no está asustada, aunque yo tampoco así que supongo que una de las dos sobrevalora sus oportunidades
-Déjame decirte algo Claudia.-Me inclino hacia delante apoyando los codos en las rodillas y bajando el tono.-No sé exactamente quiénes sois, tal vez solo tú, tal vez millones, lo cierto es que estáis amenazando a las pocas personas buenas que he conocido en este mundo y te arrancaré el corazón sin que me tiemble la mano antes de dejar que les toques.-Sam jadea a mi lado
-Pobre Annie, aún no comprende que está sentada al lado de su mayor debilidad -Esta vez soy yo la que mira a Sam, sus ojos ahora menos desenfocados pero aún brillantes se fijan en los míos y soy transportada por ellos hasta otros años, otros lugares e incluso otros mundos.
-¿cuántas veces os habéis encontrado ya Annie?.-Dice Claudia riéndose
-¿Qué quiere decir Anna?

-Tú y yo.-Le acarició la mejilla con la punta de los dedos sin creer aún que ven mis ojos.-Ya nos conocíamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario