Me
remuevo incómoda y vuelvo a respirar hondo por enésima vez. Llevo
dos horas sentada en las escaleras del bloque de nuestro antiguo
casero y no hay señal de que vaya a volver pronto.
Con
conocimiento de causa puedo asegurar que este es el último lugar en
el mundo en el que me gustaría estar, si tan sólo pudiera cerrar
los ojos y volver a casa...tal vez hablar con Sam de algún tema
trivial que no signifique nada para ninguno de los dos.
Dejó
escapar el aire de forma temblorosa, últimamente mi relación con
Sam parece haber entrado en una montaña rusa, aún cuándo yo
pensaba que era la parte de mi vida sobre la que más control poseía.
Pero las cosas con Sam siempre son así, un día estás pensando que
es un chico simpático y al día siguiente estás soñando con él.
-Señorita,
¡cuánto tiempo!.-La voz asfixiada a causa de las escaleras me
despierta de mi ensoñación
-Señor
Himmer.-Digo levantándome de forma que yo esté más alta que él.
-¿En
que puedo ayudarla?.-Intenta pasar a mi lado pero yo me muevo casi
imperceptiblemente. Son solo unos milímetros que probablemente su
cerebro ni siquiera haya llegado a registrar pero tal y como esperaba
se mantiene en su posición
-Me
ha llamado Martha preocupada porque usted pretende alquilar el piso a
otra persona, yo le he dicho que eso no puedo ser posible pero aún
así me ha insistido en que venga a hablar con usted.-Utilizo el tono
más sosegado y dulce que tengo en mi repertorio pero solo consigo
que él se ría.
-Siento
decepcionarte niña, pero el dinero es el dinero.-Tal vez si hubiera
tenido más paciencia, si no estuviera deseando volver a mi piso, las
cosas hubiesen sido distintas, tal vez. Me inclino un poco hacia
delante hasta que nuestras miradas quedan a la misma altura y
comienzo a notar como mis ojos se oscurecen y se vuelven más duros.
-Señor
Himmer, usted no va a hacer ese trato, porque eso sería dejar a una
pobre chica en la estacada y usted no haría eso, ¿verdad?.-Su
rostro pierde todo el color que le había provocado subir las
escaleras en especial con su peso, y simplemente asiente lentamente.
Mucho
más animada paso a su lado casi saltando los escalones lista para
volver a casa...
Claro
que lo último que esperaba encontrarme después de veinte minutos
andando es que los cristales de nuestro piso están temblando debido
al estruendo de música que sale de ellos.
Al
principio simplemente pienso que Sam ha invitado a unos amigos y se
lo están pasando bien, pero luego recuerdo que la última vez que le
vi estaba desplomado en su cama debido a unos días agotadores, y es
entonces cuándo mi corazón se acelera en el centro del pecho.
Es
la segunda vez en el día que me muevo por esa escalera como si mi
vida dependiera totalmente de ello. La puerta se encuentra
entreabierta y de ella sale oleadas de olor a alcohol que incitan
hacia atrás.
La
empujo con tanta fuerza que choca contra la pared y tengo que volver
a sujetarla para que no me golpeé y justo cuando estoy a punto de
lanzarme a esa masa de gente que se entremezcla entre sí veo a Sam
pasar por delante mía.
-¡Sam!.-Digo
agarrándole del brazo.-¿Se puede saber qué pasa?
-¡Annie!.-Grita
demasiado fuerte para mi gusto. Y me agarra en un abrazo de oso que
me hace perder la respiración, eso y el olor a vodka barato que sale
de él.-Lo siento mucho cariño.-Posa las palmas abiertas de sus
manos en cada lado de mi rostro.-Mis amigos dijeron que solo iban a
ser un par, que querían verme después de estos días...y de
repente...¡mira toda esta gente!.-Levanta los brazos hacia arriba
con expresión de sorpresa. Supongo que el alivio después de la
preocupación se refleja en mi rostro.-Tranquila, todo está bien.-Me
dice con una sonrisa
-Si,
Sam, ya sé que todo está bien. Aunque tú estas muy borracho
-Ya
lo sé, pero sshhh, que no se entere mi compañera de piso.-Me guiña
un ojo de forma exagerada y luego me agarra por la manga mientras
tira de mí hacia el salón.-Ven, hay también una amiga tuya.-La
sangre se me hiela bajo las venas y me detengo aunque Sam continúe
intentando tirar de mí
-¿Quién
es, Sam?.-Digo mirándole como si pudiera ver la respuesta en su
rostro
-Justo
a tiempo, Annie.-Dice una irritante voz desde el sofá.-¡Te reto al
juego de la verdad!.-Su risa psicótica llega hasta mis oídos y me
hace estremecer. Sam me mira con el ceño fruncido y por un momento
pienso que va a salir de su embriaguez y a echar a todos pero los
segundos pasan y él continúa ahí, contemplándome como si fuera su
acción más importante del día.-Annie, sigo esperando.-Paso por el
lado de Sam y me siento en el sofá, que unos segundos después se
hunde cuándo él me acompaña.
-¿Qué
quieres Claudia?
-Jugar.-Dice
riéndose. Lleva los labios exageradamente pintados de carmín rojo,
que me recuerda a la sangre.
-Como
quieras.-Probablemente lo que me lleva a aceptar es saber que Sam y
el resto de la población presente en el piso están tan borrachos
que no recordarán nada mañana
-¿Cuántos
años tienes?.-Dice inclinándose hacia delante
-Veintitrés.-Respondo
casi de memoria
-Así
no, cariño.-Dice guiándome un ojo.-Veamos, pensaré una pregunta
mejor.-Dice cruzando las piernas de forma exagerada y llevándose la
copa a la boca.-¿Alguna vez has matado a alguien?
-Si.-Mi
respuesta corta el aire, los ojos de Claudia se abren levemente como
si realmente esperaba que no contestara y la risa de Sam sube por
encima de todas las conversaciones en el resto de la sala.
-Annie
tomate esto en serio.-Dice dándome un golpecito en el hombro,
realmente estar borracho le sienta muy mal.
-Nunca
miento a menos que la ocasión lo requiera y dado que mañana no
recordarás nada no me importa que nos conozcamos más.-Digo haciendo
alusión a algo que me dijo uno de los primeros días que compartimos
piso
-No,
tú no has podido matar...-Su boca se abre y se cierre repetidamente como pececito fuera del agua y Claudia se deja caer hacia atrás en
el sillón divertida. Decido que no tengo tiempo suficiente como para
ocuparme de él.
-¿Tu
objetivo es él?.-Sin ninguna duda no se esperaba esa pregunta ya que
puedo ver la verdad en su rostro antes de que diga absolutamente
nada.-No, solo me quieres a mí.-Me respondo a mí misma y ella
asiente de forma solemne como si existiera algún código entre
nosotras...¡Señor, quiere matarme!
-¿Tengo
alguna oportunidad contra ti?
-No
entiendo que quieres decir
-Bueno,
no sería la primera vez que me envían a una misión suicida y te he
estado observando lo suficiente como para saber en qué tablero
estamos jugando.
-Tendréis
suerte si dejo alguno de vuestros huesos enteros
-Me
ha parecido entender que esa amenaza no solo me incluye a mí.-Por
extraño que parezca no está asustada, aunque yo tampoco así que
supongo que una de las dos sobrevalora sus oportunidades
-Déjame
decirte algo Claudia.-Me inclino hacia delante apoyando los codos en
las rodillas y bajando el tono.-No sé exactamente quiénes sois,
tal vez solo tú, tal vez millones, lo cierto es que estáis
amenazando a las pocas personas buenas que he conocido en este mundo
y te arrancaré el corazón sin que me tiemble la mano antes de dejar
que les toques.-Sam jadea a mi lado
-Pobre
Annie, aún no comprende que está sentada al lado de su mayor debilidad -Esta vez soy yo la que mira a Sam, sus ojos ahora menos
desenfocados pero aún brillantes se fijan en los míos y soy
transportada por ellos hasta otros años, otros lugares e incluso
otros mundos.
-¿cuántas
veces os habéis encontrado ya Annie?.-Dice Claudia riéndose
-¿Qué
quiere decir Anna?
-Tú
y yo.-Le acarició la mejilla con la punta de los dedos sin creer aún
que ven mis ojos.-Ya nos conocíamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario