sábado, 1 de junio de 2013

Capitulo 7

Un coche toca el claxon bajo nuestra ventana y corro a asomarme. Sam me saluda con una enorme sonrisa mientras el taxista le da su maleta.
Me mantengo sonriente hasta que él desaparece de mi campo de visión, solo entonces dejo salir toda mi ira y le gruño a través del cristal a la figura al otro lado de la calle.
El sol arranca destellos de su melena azul, ella sonríe y me incita con el dedo a que baje. Para entonces el sonido de la llave siendo introducida en la cerradura llega a mis oídos, dejo caer la cortina que vuelve a separarme del mundo exterior y me giro para ver a Sam entrando
-Hogar, dulce hogar.-Dice dejando las maletas en el suelo y cerrando la puerta con el pie. Mi sonido se ensancha de forma involuntaria cuando viene hacia mi con los brazos abiertos
-Bienvenido.-Susurro contra su hombro. No me doy cuenta de lo tensa que he estado hasta que vuelvo a respirar profundo.
Él se aleja levemente dándose cuenta de lo que acaba de hacer, le sonrío tranquilizadoramente y vuelve a abrazarme un par de segundos más antes de alejarse.
-Tienes buen aspecto.-Dice riéndose de mí. Desde que Sam se fue apenas he salido por lo que me he llevado en chándal casi todo el tiempo y aún es mi actual vestimenta.
-Gracias, tú también.-Parece haber envejecido años durante estos días, las ojeras son notables en su tez blanquecina.
-Si no le importa voy a acostarme y no levantarme en un par de días.-Dice arrastrando la maleta hasta la puerta de su habitación dónde estoy segura que se quedará por al menos una semana.
-Yo creo que voy a salir a caminar un poco, estoy agarrotada de tantos días de vagueza.-Digo calzándome las zapatillas de deporte que había dejado junto al sofá.
-Como si quieres invitar a una orquesta a ensayar en nuestro piso.-Dice entre un bostezo y luego cierra la puerta de su habitación.
Me mantengo inmóvil hasta que escucho como el colchón se queja cuando se desploma sobre él, solo entonces me pongo en movimiento.
Los escalones se mezclan unos entre otros y cuando abro la puerta de golpe me encuentro frente a frente con ella.
-Claudia
-¿No me invitar a subir?.-Pone un falso puchero que me causa más risa que otra cosa.
-Creo que hoy no.-Digo con la misma pena fingida.-¿Qué quieres?
-Solo visito a una vieja amiga
-Tú y yo no hemos sido amigas ni cuando estaban al borde de la muerte y sabías comportarte como una persona normal.
-No sabes como me duele eso.-A pesar de sus palabras las carcajadas inundan su cuerpo.
-Ya sabes que se supone que no podemos estar mucho tiempo juntas sin que una tenga que matar a la otra así que, ¡largo!
-Esas son estupidas leyendas para que seamos almas solitarias
-Entonces ruego porque pasen los días rápidos y los dioses decidan que has tocado las narices suficiente.-Doy un paso al frente
-Nos veremos pronto Anna.-Dice guiñandome un ojo.
Mi móvil vibra en el bolsillo alejandome de mis ganas de seguirla.
-¿Si?
-Annie soy Martha, siento pedirte esto sobretodo sabiendo que apenas hemos hablado ultimamente pero esto es como un tren a toda marcha
-Dime qué necesitas.-Digo sonriendo. El éxito de Martha siempre me toma de imprevisto
-El casero ha decidido que no va a guardarme las cosas por al menos tres meses como acordamos, dice que hay un tipo que le da mucho más dinero por dejarle la casa ya
-Mañana iré a hablar con él
-¡Muchísimas gracias Annie!
-Nada y ahora vuelve a impresionarlos
-Si señora
-Martha
-¿Sí?
-¿Sabes que te quiero, verdad?
-Y yo a ti.-Aún en el silencio de la linea casi puedo notar su cerebro trabajando.-¿Pasa algo?
-No, claro que no, todo esta bien.
-¿Si hubiera algún problema me lo contarías?.-Esta vez soy yo la que guarda silencio.-No, claro que no
-Si voy a matar a alguien serás la primera en saberlo.-La ironía de mis palabras me hace sonreír.-Ahora te tengo que dejar, ya hablaremos
-Esta bien, ¡cuídate!.-La linea se corta al otro lado.


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