Un
coche toca el claxon bajo nuestra ventana y corro a asomarme. Sam me
saluda con una enorme sonrisa mientras el taxista le da su maleta.
Me
mantengo sonriente hasta que él desaparece de mi campo de visión,
solo entonces dejo salir toda mi ira y le gruño a través del
cristal a la figura al otro lado de la calle.
El
sol arranca destellos de su melena azul, ella sonríe y me incita con
el dedo a que baje. Para entonces el sonido de la llave siendo
introducida en la cerradura llega a mis oídos, dejo caer la cortina
que vuelve a separarme del mundo exterior y me giro para ver a Sam
entrando
-Hogar,
dulce hogar.-Dice dejando las maletas en el suelo y cerrando la
puerta con el pie. Mi sonido se ensancha de forma involuntaria cuando
viene hacia mi con los brazos abiertos
-Bienvenido.-Susurro
contra su hombro. No me doy cuenta de lo tensa que he estado hasta
que vuelvo a respirar profundo.
Él
se aleja levemente dándose cuenta de lo que acaba de hacer, le
sonrío tranquilizadoramente y vuelve a abrazarme un par de segundos
más antes de alejarse.
-Tienes
buen aspecto.-Dice riéndose de mí. Desde que Sam se fue apenas he
salido por lo que me he llevado en chándal casi todo el tiempo y aún
es mi actual vestimenta.
-Gracias,
tú también.-Parece haber envejecido años durante estos días, las
ojeras son notables en su tez blanquecina.
-Si
no le importa voy a acostarme y no levantarme en un par de días.-Dice
arrastrando la maleta hasta la puerta de su habitación dónde estoy
segura que se quedará por al menos una semana.
-Yo
creo que voy a salir a caminar un poco, estoy agarrotada de tantos
días de vagueza.-Digo calzándome las zapatillas de deporte que
había dejado junto al sofá.
-Como
si quieres invitar a una orquesta a ensayar en nuestro piso.-Dice
entre un bostezo y luego cierra la puerta de su habitación.
Me
mantengo inmóvil hasta que escucho como el colchón se queja cuando
se desploma sobre él, solo entonces me pongo en movimiento.
Los
escalones se mezclan unos entre otros y cuando abro la puerta de
golpe me encuentro frente a frente con ella.
-Claudia
-¿No
me invitar a subir?.-Pone un falso puchero que me causa más risa que
otra cosa.
-Creo
que hoy no.-Digo con la misma pena fingida.-¿Qué quieres?
-Solo
visito a una vieja amiga
-Tú
y yo no hemos sido amigas ni cuando estaban al borde de la muerte y
sabías comportarte como una persona normal.
-No
sabes como me duele eso.-A pesar de sus palabras las carcajadas
inundan su cuerpo.
-Ya
sabes que se supone que no podemos estar mucho tiempo juntas sin que
una tenga que matar a la otra así que, ¡largo!
-Esas
son estupidas leyendas para que seamos almas solitarias
-Entonces
ruego porque pasen los días rápidos y los dioses decidan que has
tocado las narices suficiente.-Doy un paso al frente
-Nos
veremos pronto Anna.-Dice guiñandome un ojo.
Mi
móvil vibra en el bolsillo alejandome de mis ganas de seguirla.
-¿Si?
-Annie
soy Martha, siento pedirte esto sobretodo sabiendo que apenas hemos
hablado ultimamente pero esto es como un tren a toda marcha
-Dime
qué necesitas.-Digo sonriendo. El éxito de Martha siempre me toma
de imprevisto
-El
casero ha decidido que no va a guardarme las cosas por al menos tres
meses como acordamos, dice que hay un tipo que le da mucho más
dinero por dejarle la casa ya
-Mañana
iré a hablar con él
-¡Muchísimas
gracias Annie!
-Nada
y ahora vuelve a impresionarlos
-Si
señora
-Martha
-¿Sí?
-¿Sabes
que te quiero, verdad?
-Y
yo a ti.-Aún en el silencio de la linea casi puedo notar su cerebro
trabajando.-¿Pasa algo?
-No,
claro que no, todo esta bien.
-¿Si
hubiera algún problema me lo contarías?.-Esta vez soy yo la que
guarda silencio.-No, claro que no
-Si
voy a matar a alguien serás la primera en saberlo.-La ironía de mis
palabras me hace sonreír.-Ahora te tengo que dejar, ya hablaremos
-Esta
bien, ¡cuídate!.-La linea se corta al otro lado.

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