miércoles, 26 de junio de 2013

ANEXO II


La taza de café tintinea contra la mesa al colocarla en ella, es un ruido mínimo pero dado el enorme silencio que me rodea suena como una bomba cayendo en el centro del salón.
Me dejo caer en el sofá y por un momento estoy seguro de que voy a ser capaz de dejar de pensar, claro que al segundo siguiente el teléfono suena y me lanzó a por él con la esperanza de que sea Annie
-Eh pequeñajo, ¿qué es de tu vida?.-La voz de mi hermano mayor me sorprende a la vez que me espanta.
-¿Le pasa algo a papá?
-No, tranquilo, solo quería saber qué tal estabas
-He tenido días mejores.-Reconozco inclinándome hacia atrás de nuevo.
-Uh, eso suena a mujeres.-En mi adolescencia me molestaba muchísimo que Max fuera capaz de darse cuenta de todo lo que ocurría a su alrededor, especialmente cuándo lo hacía con tanta facilidad
-Y a una de las peores
-Guapa querrás decir
-Pequeña, pelo negro como el carbón, piel blanca como la nieve y labios rojos
-¿Me estas definiendo a una mujer o la muñeca de porcelana de tu salón?
-Y ojos celestes tan fríos que te helarían el alma
-Auch, no todo podía ser bueno.-Max y su positivismo siempre acababan con mi paciencia. Me llevo la taza de café a los labios y tomo un buen sorbo
-¿Cuál es la parte espectacular?
-¿Qué quieres decir?
-Bueno todas las personas tenemos algo espectacular, que no compartimos con nadie más. Por ejemplo tú pareces un príncipe encantado, todo pelo dorado, rostro con pecas y sonrisa dulce. Y cuándo abres esa bocaza no haces más que aumentar la sensación de que en cualquier momento te montarás en un caballo blanco y te marcharás con la cabeza bien alta
-Yo no hago eso.-Protesto
-¡Te llevaste cuatro meses hablando en poesía!
-Tenía doce años.-Max tiene un ataque de risa y yo aprovecho el tiempo para pensar que es eso "espectacular" de Annie
-Cuándo te mira.-Mi hermano calla al otro lado y nos quedamos en silencio por unos segundos.-Cuándo clava esos helados ojos en tí es como si pudiera ver cualquier resquicio de tu alma, como si te dijera "sé todo aquello que no me has contado, aquello de lo que te avergüenzas, aquello que solo te atreves a pensar en la oscuridad de tu habitación y jamás le has confesado ni a tu diario". Y entonces sonríe de una forma tan dulce que parece impropia de su rostro siempre serio
-¿Y entonces dónde está el problema?
-Para mi es como tener a Marie al lado.-Marie es nuestra hermana pequeña, la cuál nos saca tranquilamente una cabeza a todos y nos podría superar en cualquier pelea pero a la que hemos estado intentando proteger de cualquier chico que pudiera acercarse
-Colega tienes un problema.-Reconoce Max al otro lado. Justo en ese momento el grifo de la ducha se cierra y Martha cruza el salón con una toalla enrollada en su cuerpo. Tardó aproximadamente dos horas en llegar a casa después de nuestra conversación telefónica lo que me hace pensar que ella tenía una maleta debajo de su cama por si acaso
-Tengo que colgar, prometo llamarte pronto.-No soy capaz de esperar a su respuesta y simplemente aprieto el botón rojo.-¿Sabes algo de ella?
-No, la he estado llamando pero no contesta y dado que esta noche es el cambio de estación supongo que tardaremos al menos un par de días más en saber algo.-Se frota el pelo con una toalla y tiene la piel enrojecida por el agua caliente, me doy cuenta de que Martha es realmente hermosa en un sentido artísticamente hablando
-¿cómo era el primer yo?.-La pregunta la coge totalmente por sorpresa
-La versión masculina de la Annie actual. Muy alto, pelo negro y ojos de guerrero; Annie en cambio era mucho más dulce, un poco atormentada por el hecho de que su hermana siempre era la favorita pero cuánto tú te enamoraste de ella incluso conociendo a Ángela antes su ego lastimado comenzó a curarse. Mi muerte fue apenas unos días después de que la salvaran así que no sé exactamente en qué momento pasó a su versión escalofriante.-De nuevo intento recordar algo solo para chocarme contra una pared macizo.-Al principio pensé que tú serías el definitivo
-¿Por qué?.-Ella se sienta frente a mí en el otro sofá
-Mírate.-Dice señalándome.-Eres todo lo contrario a ella. Tu pelo es dorado, el suyo negro. Tu eres todo dulzura, ella es todo dolor...
-¿Crees que esto tiene algo que ver con qué la última vez ella me matase?
-¿El que no la quieras?.-Asiento y ella parece pensárselo por unos minutos.-No lo sé pero no creo que tenga nada que ver. Sinceramente, ¿alguna vez has estado enamorado?.-Ahora soy yo el que se queda sin palabras y noto cómo la sangre fluye hacia mi cara
-No.-Reconozco
-Eso pensaba.-Dice ella echándose hacía atrás con una sonrisa triunfante
-¿Qué pensabas exactamente?.-Digo temiendo escuchar lo que ya había sospechado

-Esta será la última vez. No más reencarnaciones.-Y la verdad cae sobre nosotros sin saber si es algo bueno o no.

martes, 18 de junio de 2013

ANEXO I

Contemplo el techo intentando obtener una respuesta. Anna se marchó hace horas y yo he sido incapaz de moverme desde entonces más que para tumbarme.
Las noches en el hospital habían sido horribles, despertarte mirando otro techo solo para que el corazón se te dispare ante la incertidumbre de no oír la respiración de la persona junto a ti.
En muchas horas nocturnas en las que era incapaz de albergar el sueño me encontraba anhelando volver a casa, y por tanto, a Annie.
Es una mujer maravillosa, un poco gruñona pero capaz de hacerte sonreír cuándo piensas que eres un naufrago que nunca saldrá de la isla de los problemas.
Trago saliva fuertemente al comprender que esa encantadora chica también ha vivido por siglos, ha matado y ha sido el gran amor de mis anteriores yo, si es que eso realmente existe.
Alargo la mano hasta conseguir alcanzar el teléfono inalambrico de la mesa y marco casi sin pensar el número
-Al habla Martha.-Responde una voz cantarina al instante
-Soy Sam.-Susurro
-Sam, ¿qué sucede?, ¿está Annie herida?.-La preocupación se cuela en sus palabras a pesar de los kilómetros que nos separan
-No, al menos que yo sepa
-¿qué quieres decir que tú sepas?, tu voz suena como un muerto viviente
-Hace horas que no la veo
-Pero eso es norm....-Por un segundo estoy casi seguro que puedo escuchar a su cerebro trabajar a toda velocidad. Pero al segundo siguiente soy yo quién se queda sin palabras.-Lo sabes
-¿El qué?.-Pregunto sin entender
-Lo de Annie, sabes quién o qué es
-La pregunta es ¿por qué lo sabes tú?, ¿te lo dijo Annie?.-No puedo evitar sentarme con la adrenalina corriendo por mi cuerpo
-He empezado a recordar
-¿Cómo es eso posible?, he estado intentando buscar algún recuerdo en mi mente, algo que no encajara pero nada...
-Sam, en todas mis vidas he sido mucho más suicida que tú y he muerto mucho más veces. Annie no sospecha que lo sé pero cuándo recuerdos extraños sobre una Annie macabra comenzaron a asaltarme busqué ayuda y resulta que de los miles enlaces web de gente pirada encontré alguien que se había especializado en el tema y me lo contó todo.
-¿Y cómo has podido dormir bajo su techo?
-Los dioses funcionan de una forma extraña y por regla general solo la mandan matar a alguien que ha matado anteriormente.
-Pero ella dijo que...
-Que te mató una vez, si, fue la vez anterior a esta y la recuerdo con tanta claridad como el día de ayer
-¿Qué pasó?.-¿Realmente estaba a punto de discutir sobre la razón por la que había matado?. ¿Tanto pueden cambiar las personas?
-Annie y tú estabais destrozandoos el uno al otro. Tú la amabas como nunca he visto a nadie amar, pero Annie vivirá siempre para el primer chico del que se enamoró y morir una y otra vez nos acaba cambiando. Así que pensaste que si se rompía el circulo, si Annie te mataba se acabaría el sufrimiento y ella podría descansar.
-¿A quién?.-Ella entiende la pregunta sin necesidad de que tenga que completarla
-Era un antiguo compañero de Annie, él deseaba morir así que fue un favor para ambos.-Por muy macabro que fuera era mejor que oír que había matado a un inocente solo por salvar a una chica.-Sin embargo, no funcionó
-Martha, no la amo.-La verdad cae como una losa entre nosotros
-Lo sé. Algo está cambiando y no sé que es pero me aterra.-Responde
-Ella estaba decepcionada.-Susurro
-En algo te pareces al primero, siempre es así, y ella se aferra a esa pequeña parte como si fuera agua en un desierto.-Por un momento no puedo sentirme el hermano gemelo tonto del guaperas.-¿Crees que moriremos?.-Ahora es ella la asustada
-Todos los hacemos.-Dijo encogiéndome de hombros
-Hubo una vez...-Comienza a decir. Cierro los ojos sabiendo lo que está por venir.-Ella intento resistirse y el hombre que debía haber matado se encargó de nosotros. Sam, fue horrible, y estoy segura de que Annie hará cualquier cosa por no volver a pasar por eso, aunque incluya vivir millones de años y repetir la historia una y otra vez
-Las cosas están cambiando.-Digo antes de colgar. La cabeza me da vueltas y no tiene nada que ver con la resaca.
-Dios, si estás ahí arriba.-De nuevo me encuentro mirando la pared blanca.-déjanos salvarla



jueves, 13 de junio de 2013

Capitulo 9

Buenas tardes, ¿qué tal os va?. La verdad es que esto de estar hablando con una pantalla no me termina de convencer pero echo de menos el contacto con gente que escribe/lee así que espero que hablemos un poco más... *.*

Con todo esto mi historia está llegando casi a su final, supongo que un par de capítulos más y unos anexos que quiero añadir desde el punto de vista de Sam. Y me estaba plateando otra nueva historia así que se me ha ocurrido proponeros cositas nuevas...

-Si escribís historias y las publicáis o simplemente queréis hablar de ello estaría muy interesada en compartir opiniones así que poneos en contacto conmigo

-Me gustaría que me dierais vuestra opinión sobre mis historias ya sean buenas o malas, pero que sirvan para mejorar

-Y.... ¿sobre qué os gustaría leer en el futuro?. Tengo millones de ideas y no me importa escribir una antes que otra y dado que tocan casi todos los palos estoy segura de que estaremos todos contentos.

-Para terminar, tengo una idea en mente sobre un nuevo blog, este un poco diferente pero hasta que no terminen los exámenes (principios de Julio) no podré hacer nada T.T
Con todo esto os dejo con el capitulo 9 ... 



La luna termina mezclándose con el sol, siempre lo hacen. Como si una fuerza magnética los atrayera en contra de todo razonamiento, y a pesar de los años, a pesar de que aquí, abajo, hubiera días malos, buenos, desastrosos y magnificos ellos seguían viéndose día trás día.
¿Alguna vez han imaginado qué pasaría si ellos se olvidarán?. Si, que durante esas horas en las que el sol alumbra nuestros días y la luna acuna a otras personas ellos olvidaran al otro y solo durante esos minutos en los que vuelven a reencontrarse tuvieran que conocerse, una y otra vez en un ciclo sin fin.
-¿No has dormido?.-La adormilada voz de Sam me hace saltar sobre mí misma y estoy a punto de derramar el café ya helado que tenía entre las manos
-No.-¡¿Quién podría?!. Si tan solo el alcohol hiciera algo de efecto, si pudiera borrar todos los problemas como lo hace para el resto.
-Lo siento.-Son estas dos palabras susurradas las que me hacen romperme y termino clavándome las uñas en la palma de la mano para no terminar llorándo desconsoladamente.
-¿Por qué lo sientes exactamente?.-Mantengo los dientes apretados aunque en el fondo no quisiera mostrarle ninguna emoción.-¿Por no enamorarte de mí o por qué el mundo sea así?
-¿Cuántas veces nos hemos conocido?.-Él evita mi pregunta a la vez que se sienta frente a mí.
-Veintisiete
-¿Y siempre nos hemos...?.-Traga saliva fuertemente y se remueve incómodo
-¿Enamorado?. Si.
-¿Por qué no me lo dijiste?. Siempre has parecido tan fría y poco interesada. La primera vez que te ví pensé que eras la mujer más bella que había conocido pero parecías tan distante que hasta llegué a pensar que te gustaban las mujeres.-Se deja caer hacia atrás avergonzado. Esta conversación se está saliendo fuera de mi control, la había planeado de mil maneras posibles y todas ellas tranquilas y en ninguna me afectaba de esta manera. ¡Pero qué diablos puedo esperar siendo Sam el que está involucrado en esto!
-La última vez nos dimos cuenta que lo deseemos o no cada uno tiene influencia de la eduación vivida. Yo sigo atascada en siglos anteriores y cada vez termino decepcionada por buscar en ti al primer tú que conocí y tú terminas frustrado. Así que te prometí que en las veces que estaban por llegar nunca lo sabrías. Éramos conscientes de que terminaríamos encontrandonos, siempre lo hacemos, a pesar de ello es mi elección que simplemente seamos unos amigos que compartan el camino por unos años o algo más.
-¿Y yo acepté?.-Pregunta con incredulidad, si antes sospechaba que este Sam no tenía nada que ver con los que he conocido anteriormente, ahora no puedo más que confirmarlo.-¿Por qué Claudia sabe todo esto?, ¿siempre me he llamado Sam?.-Se inclina hacia delante apoyando los codos sobre las rodillas hambriento de respuestas.
-Con tranquilidad.-Digo sonriendo por primera vez.-Aceptaste porque sabías que lo haría de todas formas. Claudia ha vivido menos que yo pero ambas somos Daitkain. Y tu primer nombre, con el que te conocí, era Gabriel, luego ha ido cambiando en función del lugar en el que nacías.
-Entonces, ¿cómo supiste que era yo?
-Una de las desventajas de este "trabajo" es que mi cuerpo está anestesiado constantemente excepto en dos ocasiones y una de ellas es cuando me encuentro a alguien cuya alma conocía antes de morir. Luego no me quedó duda cuando soñé por primera vez contigo.
-¿Qué...?
-Solo sueño contigo.
-¿Y cuándo yo no he...estado?
-Solo oscuridad.-Sus ojos se mueven pérdidos por unos segundos y luego vuelven por más preguntas.
-¿En qué consiste exactamente ese "trabajo"?.-Sus músculos se tensan demostrando que recuerda perfectamente la noche anterior aunque haya intentado fingir que no.
-Solo suecede en los cambios de estación. A las doce de la noche el campanario más cercano emite trece campanadas, es un hecho tan cotidiano que nadie es consciente de la diferencia entre doce o trece por lo que no hay preguntas. Desde ese momento sabemos a quién debemos matar, normalmente es alguien que hemos conocido días antes, otras son personas que conocemos desde vidas anteriores.
-¿Alguna vez has intentado resistirte?. No sé tal vez son personas inocentes, con familia, sueños y que simplemente un día fueron a un museo y frente a una imagen de Ares dijeron que les parecía feo. Tal vez para ti sea fácil, una vida eterna, con tranquilidad y dinero, simplemente teniendo que matar a una persona casi desconocida de vez en cuando.- Es el conocimiento de lo poco que sabe de mí mezclado con su facilidad para juzgarme lo que me lleva a mostrarle una pequeña parte de mí otro ser.
Sé que mis ojos se han oscurecido y las facciones se han endurecido con la piel estirada alrededor de los párpados y los labios, que comienzan a retraerse para mostrar un fragmento de mis dientes. Sam retrocede pero el sofá no le deja moverse mucho más.
-Solo lo he intentado una vez y Martha terminó violada en un callejón y tú fuiste asesinado de una manera tan brutal que aún no consigo pensarlo sin notar la bilisis subiendo por mi esofago. No sé quiénes son y evidentemente soy consciente de una familia que sufrirá tanto como yo si vosotros murieraís pero yo les ofrezco una muerte rápida, justa y lo más elegante posible. Cosa que los dioses no hacen conmigo. Además, siempre y repito, siempre tienen la opción de matarme ellos a mí.
-¿Alguna vez me has matado?.-Sabe la respuesta antes de que yo responda y sé que esto será el final de ambos pero prometí decirle la verdad.
-Si.-Noto como se pasa la palma por el pelo y toma pequeñas respiraciones en jadeos. No voy a dejarle decidir, así que me levanto y me arrastro hasta mi cuarto dónde la maleta descansa sobre la cama.
He vivido en muchos sitios pero este estaba comenzando a ser especial para mí, porque por un segundo pensé que tendría alguna oportunidad
-No volverás a verme a menos que sea necesario.-Digo dirigiéndome hacia la puerta a grandes zancadas aunque él no hace ni un solo gesto para detenerme.
-Faltan dos días para el cambio de estación.-Susurra
-Dime algo que no sepa.-Y estas son mis últimas palabras antes de cerrar mi vida a Sam.





viernes, 7 de junio de 2013

Capitulo 8

Me remuevo incómoda y vuelvo a respirar hondo por enésima vez. Llevo dos horas sentada en las escaleras del bloque de nuestro antiguo casero y no hay señal de que vaya a volver pronto.
Con conocimiento de causa puedo asegurar que este es el último lugar en el mundo en el que me gustaría estar, si tan sólo pudiera cerrar los ojos y volver a casa...tal vez hablar con Sam de algún tema trivial que no signifique nada para ninguno de los dos.
Dejó escapar el aire de forma temblorosa, últimamente mi relación con Sam parece haber entrado en una montaña rusa, aún cuándo yo pensaba que era la parte de mi vida sobre la que más control poseía. Pero las cosas con Sam siempre son así, un día estás pensando que es un chico simpático y al día siguiente estás soñando con él.
-Señorita, ¡cuánto tiempo!.-La voz asfixiada a causa de las escaleras me despierta de mi ensoñación
-Señor Himmer.-Digo levantándome de forma que yo esté más alta que él.
-¿En que puedo ayudarla?.-Intenta pasar a mi lado pero yo me muevo casi imperceptiblemente. Son solo unos milímetros que probablemente su cerebro ni siquiera haya llegado a registrar pero tal y como esperaba se mantiene en su posición
-Me ha llamado Martha preocupada porque usted pretende alquilar el piso a otra persona, yo le he dicho que eso no puedo ser posible pero aún así me ha insistido en que venga a hablar con usted.-Utilizo el tono más sosegado y dulce que tengo en mi repertorio pero solo consigo que él se ría.
-Siento decepcionarte niña, pero el dinero es el dinero.-Tal vez si hubiera tenido más paciencia, si no estuviera deseando volver a mi piso, las cosas hubiesen sido distintas, tal vez. Me inclino un poco hacia delante hasta que nuestras miradas quedan a la misma altura y comienzo a notar como mis ojos se oscurecen y se vuelven más duros.
-Señor Himmer, usted no va a hacer ese trato, porque eso sería dejar a una pobre chica en la estacada y usted no haría eso, ¿verdad?.-Su rostro pierde todo el color que le había provocado subir las escaleras en especial con su peso, y simplemente asiente lentamente.
Mucho más animada paso a su lado casi saltando los escalones lista para volver a casa...


Claro que lo último que esperaba encontrarme después de veinte minutos andando es que los cristales de nuestro piso están temblando debido al estruendo de música que sale de ellos.
Al principio simplemente pienso que Sam ha invitado a unos amigos y se lo están pasando bien, pero luego recuerdo que la última vez que le vi estaba desplomado en su cama debido a unos días agotadores, y es entonces cuándo mi corazón se acelera en el centro del pecho.
Es la segunda vez en el día que me muevo por esa escalera como si mi vida dependiera totalmente de ello. La puerta se encuentra entreabierta y de ella sale oleadas de olor a alcohol que incitan hacia atrás.
La empujo con tanta fuerza que choca contra la pared y tengo que volver a sujetarla para que no me golpeé y justo cuando estoy a punto de lanzarme a esa masa de gente que se entremezcla entre sí veo a Sam pasar por delante mía.
-¡Sam!.-Digo agarrándole del brazo.-¿Se puede saber qué pasa?
-¡Annie!.-Grita demasiado fuerte para mi gusto. Y me agarra en un abrazo de oso que me hace perder la respiración, eso y el olor a vodka barato que sale de él.-Lo siento mucho cariño.-Posa las palmas abiertas de sus manos en cada lado de mi rostro.-Mis amigos dijeron que solo iban a ser un par, que querían verme después de estos días...y de repente...¡mira toda esta gente!.-Levanta los brazos hacia arriba con expresión de sorpresa. Supongo que el alivio después de la preocupación se refleja en mi rostro.-Tranquila, todo está bien.-Me dice con una sonrisa
-Si, Sam, ya sé que todo está bien. Aunque tú estas muy borracho
-Ya lo sé, pero sshhh, que no se entere mi compañera de piso.-Me guiña un ojo de forma exagerada y luego me agarra por la manga mientras tira de mí hacia el salón.-Ven, hay también una amiga tuya.-La sangre se me hiela bajo las venas y me detengo aunque Sam continúe intentando tirar de mí
-¿Quién es, Sam?.-Digo mirándole como si pudiera ver la respuesta en su rostro
-Justo a tiempo, Annie.-Dice una irritante voz desde el sofá.-¡Te reto al juego de la verdad!.-Su risa psicótica llega hasta mis oídos y me hace estremecer. Sam me mira con el ceño fruncido y por un momento pienso que va a salir de su embriaguez y a echar a todos pero los segundos pasan y él continúa ahí, contemplándome como si fuera su acción más importante del día.-Annie, sigo esperando.-Paso por el lado de Sam y me siento en el sofá, que unos segundos después se hunde cuándo él me acompaña.
-¿Qué quieres Claudia?
-Jugar.-Dice riéndose. Lleva los labios exageradamente pintados de carmín rojo, que me recuerda a la sangre.
-Como quieras.-Probablemente lo que me lleva a aceptar es saber que Sam y el resto de la población presente en el piso están tan borrachos que no recordarán nada mañana
-¿Cuántos años tienes?.-Dice inclinándose hacia delante
-Veintitrés.-Respondo casi de memoria
-Así no, cariño.-Dice guiándome un ojo.-Veamos, pensaré una pregunta mejor.-Dice cruzando las piernas de forma exagerada y llevándose la copa a la boca.-¿Alguna vez has matado a alguien?
-Si.-Mi respuesta corta el aire, los ojos de Claudia se abren levemente como si realmente esperaba que no contestara y la risa de Sam sube por encima de todas las conversaciones en el resto de la sala.
-Annie tomate esto en serio.-Dice dándome un golpecito en el hombro, realmente estar borracho le sienta muy mal.
-Nunca miento a menos que la ocasión lo requiera y dado que mañana no recordarás nada no me importa que nos conozcamos más.-Digo haciendo alusión a algo que me dijo uno de los primeros días que compartimos piso
-No, tú no has podido matar...-Su boca se abre y se cierre repetidamente como pececito fuera del agua y Claudia se deja caer hacia atrás en el sillón divertida. Decido que no tengo tiempo suficiente como para ocuparme de él.
-¿Tu objetivo es él?.-Sin ninguna duda no se esperaba esa pregunta ya que puedo ver la verdad en su rostro antes de que diga absolutamente nada.-No, solo me quieres a mí.-Me respondo a mí misma y ella asiente de forma solemne como si existiera algún código entre nosotras...¡Señor, quiere matarme!
-¿Tengo alguna oportunidad contra ti?
-No entiendo que quieres decir
-Bueno, no sería la primera vez que me envían a una misión suicida y te he estado observando lo suficiente como para saber en qué tablero estamos jugando.
-Tendréis suerte si dejo alguno de vuestros huesos enteros
-Me ha parecido entender que esa amenaza no solo me incluye a mí.-Por extraño que parezca no está asustada, aunque yo tampoco así que supongo que una de las dos sobrevalora sus oportunidades
-Déjame decirte algo Claudia.-Me inclino hacia delante apoyando los codos en las rodillas y bajando el tono.-No sé exactamente quiénes sois, tal vez solo tú, tal vez millones, lo cierto es que estáis amenazando a las pocas personas buenas que he conocido en este mundo y te arrancaré el corazón sin que me tiemble la mano antes de dejar que les toques.-Sam jadea a mi lado
-Pobre Annie, aún no comprende que está sentada al lado de su mayor debilidad -Esta vez soy yo la que mira a Sam, sus ojos ahora menos desenfocados pero aún brillantes se fijan en los míos y soy transportada por ellos hasta otros años, otros lugares e incluso otros mundos.
-¿cuántas veces os habéis encontrado ya Annie?.-Dice Claudia riéndose
-¿Qué quiere decir Anna?

-Tú y yo.-Le acarició la mejilla con la punta de los dedos sin creer aún que ven mis ojos.-Ya nos conocíamos.

sábado, 1 de junio de 2013

Capitulo 7

Un coche toca el claxon bajo nuestra ventana y corro a asomarme. Sam me saluda con una enorme sonrisa mientras el taxista le da su maleta.
Me mantengo sonriente hasta que él desaparece de mi campo de visión, solo entonces dejo salir toda mi ira y le gruño a través del cristal a la figura al otro lado de la calle.
El sol arranca destellos de su melena azul, ella sonríe y me incita con el dedo a que baje. Para entonces el sonido de la llave siendo introducida en la cerradura llega a mis oídos, dejo caer la cortina que vuelve a separarme del mundo exterior y me giro para ver a Sam entrando
-Hogar, dulce hogar.-Dice dejando las maletas en el suelo y cerrando la puerta con el pie. Mi sonido se ensancha de forma involuntaria cuando viene hacia mi con los brazos abiertos
-Bienvenido.-Susurro contra su hombro. No me doy cuenta de lo tensa que he estado hasta que vuelvo a respirar profundo.
Él se aleja levemente dándose cuenta de lo que acaba de hacer, le sonrío tranquilizadoramente y vuelve a abrazarme un par de segundos más antes de alejarse.
-Tienes buen aspecto.-Dice riéndose de mí. Desde que Sam se fue apenas he salido por lo que me he llevado en chándal casi todo el tiempo y aún es mi actual vestimenta.
-Gracias, tú también.-Parece haber envejecido años durante estos días, las ojeras son notables en su tez blanquecina.
-Si no le importa voy a acostarme y no levantarme en un par de días.-Dice arrastrando la maleta hasta la puerta de su habitación dónde estoy segura que se quedará por al menos una semana.
-Yo creo que voy a salir a caminar un poco, estoy agarrotada de tantos días de vagueza.-Digo calzándome las zapatillas de deporte que había dejado junto al sofá.
-Como si quieres invitar a una orquesta a ensayar en nuestro piso.-Dice entre un bostezo y luego cierra la puerta de su habitación.
Me mantengo inmóvil hasta que escucho como el colchón se queja cuando se desploma sobre él, solo entonces me pongo en movimiento.
Los escalones se mezclan unos entre otros y cuando abro la puerta de golpe me encuentro frente a frente con ella.
-Claudia
-¿No me invitar a subir?.-Pone un falso puchero que me causa más risa que otra cosa.
-Creo que hoy no.-Digo con la misma pena fingida.-¿Qué quieres?
-Solo visito a una vieja amiga
-Tú y yo no hemos sido amigas ni cuando estaban al borde de la muerte y sabías comportarte como una persona normal.
-No sabes como me duele eso.-A pesar de sus palabras las carcajadas inundan su cuerpo.
-Ya sabes que se supone que no podemos estar mucho tiempo juntas sin que una tenga que matar a la otra así que, ¡largo!
-Esas son estupidas leyendas para que seamos almas solitarias
-Entonces ruego porque pasen los días rápidos y los dioses decidan que has tocado las narices suficiente.-Doy un paso al frente
-Nos veremos pronto Anna.-Dice guiñandome un ojo.
Mi móvil vibra en el bolsillo alejandome de mis ganas de seguirla.
-¿Si?
-Annie soy Martha, siento pedirte esto sobretodo sabiendo que apenas hemos hablado ultimamente pero esto es como un tren a toda marcha
-Dime qué necesitas.-Digo sonriendo. El éxito de Martha siempre me toma de imprevisto
-El casero ha decidido que no va a guardarme las cosas por al menos tres meses como acordamos, dice que hay un tipo que le da mucho más dinero por dejarle la casa ya
-Mañana iré a hablar con él
-¡Muchísimas gracias Annie!
-Nada y ahora vuelve a impresionarlos
-Si señora
-Martha
-¿Sí?
-¿Sabes que te quiero, verdad?
-Y yo a ti.-Aún en el silencio de la linea casi puedo notar su cerebro trabajando.-¿Pasa algo?
-No, claro que no, todo esta bien.
-¿Si hubiera algún problema me lo contarías?.-Esta vez soy yo la que guarda silencio.-No, claro que no
-Si voy a matar a alguien serás la primera en saberlo.-La ironía de mis palabras me hace sonreír.-Ahora te tengo que dejar, ya hablaremos
-Esta bien, ¡cuídate!.-La linea se corta al otro lado.