miércoles, 25 de diciembre de 2013

ESPECIAL NAVIDAD LA CAJA DE LOS SECRETOS

Carla tosió y se encogió aún más bajo las mantas, solo para terminar gruñendo porque una esquina se había soltado del doblez bajo la cama y había dejado fuera sus pies.
Extendió la mano a ciegas para coger un pañuelo de papel y se sonó con tanta fuerza que se le entaponaron los oídos, y aún así fue incapaz de respirar; dio un manotazo contra el colchón y se incorporó apoyándose en sus codos.
Y allí estaba, a los pies de su cama Álex la observaba con la cabeza ladeada como si fuera un animal salvaje que él jamás había visto en su vida, y por el que no sabía si debía sentir temor o curiosidad.
-Hola.-Susurró ella con miedo a asustarle. Álex tiró aún más de las mangas de su pijama si eso era posible hasta que solo se le vieron las puntas de los dedos.-¿No podías dormir?.-Prosiguió ella, y él miró hacia la ventana dónde la nieve que caía apenas dejaba ver más allá de dos metros.
-Papá ha salido.-Dijo él y Carla captó el doble sentido de sus palabras; su padre se había vuelto a ir al cementerio a llorar a su mujer y se había negado a mirar a su propio hijo a los ojos.
-Está bien, ven aquí.-Carla echó las mantas a un lado y palmeó el colchón a su lado. Álex avanzó dos pasos antes de pararse en seco, como si lo estuviese considerando pero Carla ya estaba acostumbrada a ello, Álex necesitaba pensarlo todo y si alguien le presionaba demasiado se cerraba sobre sí mismo y era incapaz de tomar una decisión.
Así que mantuvo la sonrisa mientras casi podía oír los mecanismos de su cabeza trabajando a toda velocidad antes de que se deslizase hacia su cama, porque Álex nunca corría, nunca arrastraba los pies, simplemente se deslizaba sobre el suelo sin hacer un solo ruido.
Se tumbó de lado dándole la espalda y Carla los tapó a ambos antes de abrazarlo contra su pecho y besarle la coronilla. Álex era demasiado pequeño para su edad, más bajito que el resto de sus compañeros y tan delgado que podías rodear su muñeca con el indice y el pulgar, y sin embargo tenía esa mirada de puro fuego que le hacía parecer más un depredador que un niño pequeño.
-Nada de esto es culpa tuya.-Susurró Carla contra su pelo.
-¿El qué?.-Dijo él y parecía decirlo de verdad, como si no entendiese que su padre se callase cada vez que él entraba en la habitación, o que evitara mirarla a todo costa. Y si así era Carla lo iba a hacer nada para informarle de la situación.
Carla lo había intentando, de verdad que si, lo había intentado mientras le duchaba, mientras le peinaba ese flequillo que siempre estaba de punta, mientras le leía un cuento o mientras lo veía dormir. Lo había intentado y había sido incapaz de ver qué era eso que tenía Álex que le hacía tan malo; era un poco tímido pero el niño entre sus brazos no era alguien malo.
-¿Cómo es la navidad?.-Preguntó Álex sacándola de su ensoñación.
-Pues... colorida, cálida, alegre, creo que te gustaría.-Dijo ella.-Todavía estamos a tiempo de intentarlo.-Dijo ella apoyándose en su antebrazo para mirarle aún cuándo él no despegó sus ojos de la ventana.
-No, creo que no quiero.-Dijo él
-¿Por qué?
-No me gusta la alegría.-Susurró él tan bajito que Carla no estuvo segura de haberlo oído bien.
-¿Por qué no te gusta?
-Porque no sé qué es.-Dijo él y pareció realmente confuso antes de mirarla, cómo si estuviese ante un gran problema de matemáticas.-¿Es por eso que papá se comporta raro?, ¿soy malo?
-No. cariño-Dijo ella abrazándolo con tanta fuerza que creyó que le rompería algo.-No hay nada malo en ti, te prometo que algún día sabrás que es.-Carla intentó soltarle pero él se apretó aún más fuerte contra ella si eso era posible.-Voy a pegarte el resfriado.-Susurró contra su frente
-Me cuidarás.-Dijo él como si fuera la verdad más absoluta existente en el mundo
-Siempre.-Prometió Carla, aún cuándo sabía que aquella noche no habría árbol de navidad, ni luces brillantes ni bolas de colores.




Marco estaba sentado en el último escalón de las escaleras de mármol, la espalda pegada a la pared y las piernas extendidas frente a él mientras por enésima vez esa noche una familia que él no conocía entraba en su casa y su madre corría a recibirlos con una bandeja de canapes en mano.
-Feliz navidad, Thomas, Elizabeth.-Dijo ella en con voz angelical, cuando era algo más pequeño, y aún en esos tiempos Marco se preguntaba a menudo su su madre no era un ángel que se había escapado del cielo.
-Agatha.-Dijo la mujer de pelo negro perfectamente recogido en un moño y ojos celestes abrazando a su madre. Marco bufó cuando comenzaron a charlar sobre los cambios producidos en el barrio, aquella era la navidad más aburrida de su vida y recién acababa de comenzar.
-Hola.-Dijo una cantarina voz captando su atención. Una niña pequeña, aunque por aquel entonces todos los niños de su edad eran más bajitos que él, le dedicó una sonrisa de dientes mellados
-Hola.-Dijo él retirándose los mechones rubios que caían sobre sus ojos.
-Eres muy guapo.-Soltó ella y Marco sintió como la sangre acudía a raudales a sus mejillas
-Beth.-Llamó la mujer y la niña de coletas negras y dientes mellados corrió hacia ella con una enorme sonrisa en su rostro. Agatha captó su mirada y le guiñó un ojos de complicidad que hizo que Marco sonriera de forma inconsciente.
-Tío, no sé cómo lo haces.-Dijo Michael sentándose de golpe a su lado.
-¿Dónde has aprendido a hablar así?.-Dijo Marco mirando a su vecino el cuál tampoco parecía muy cómodo con que los hubiesen obligado a llevar camisa y corbata.
-Mi hermano dice que es guay.-Dijo él encogiéndose de hombros.
-Ya y tu hermano también dice que las chicas son guays.-Dijo Marco frunciendo el ceño
-Es que lo son.-Dijo Michael
-¿Tú crees?.-Dijo Marco echando la cabeza hacia atrás con desgana
-Tus hermanas...-Empezó él
-Ni lo pienses.-Gruñó Marco girándose hacia él por primera vez desde que había llegado y se quedó congelado en el sitio.-¿Qué te ha pasado?.-Dijo extendiendo la mano hacia el moretón en su mejilla.
-Nada.-Dijo él mirando hacia otro lado
-Dímelo.-Exigió Marco apretando los dientes
-Pablo, ha sido Pablo
-Ese matón...
-Es dos años mayor, mi hermano dice que es normal.-Comenzó Michael

-Mañana vamos a hablar con él.-Cortó Marco levantándose de un salto y Michael no pudo contradecirle, porque al fin y al cabo Marco solo estaba haciendo lo que siempre hacía, protegerle a toda costa.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

CAPITULO 21 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 21: ¡Hi, Mr. Hyde!


Carla aparcó el coche de Marco en la acera de enfrente a la dirección que él le había dado justo cuándo éste salía del coche de Sergio.
-Déjame adivinar, mi madre te ha elegido la ropa.-Dijo Marco escondiendo una sonrisa que tironeaba de la comisura de sus labios
-¿Por qué crees eso?.-Dijo ella intentando esconder su propia sonrisa
-Porque yo también hacia eso cuando ella lo hacia.-Dijo señalando su sudadera
-¿Has convencido a Sergio de que se quedara?-Dijo ella intentando ignorarle
-Como si me hubiese atrevido a decírselo, le he dejado una nota y rezaré para que no se despierte antes de que vuelva
-Que no se diga que pierdes las esperanzas rápido.-Dijo ella subiendo los escalones de piedra negra de la casa.
-Contigo nunca.-Susurró él pero Carla estaba demasiado absorta observando la fachada blanca de la casa, los grandes ventanales de cristales y las macetas pobladas en los alfeizares.
La puerta se abrió antes de que ellos ni siquiera llamaran y una mujer asomó la cabeza. Debía tener unos treinta y siete años, piel blanquecina, ojos marrón claro y parpados ahora notablemente hinchados y rojos
-Señora Martínez, muchísimas gracias por recibirnos.-Dijo Marco, ella como toda respuesta se echó al lado y les dejó hueco para pasar, como si le diera exactamente igual lo que hicieran
-Lamento su pérdida.-Dijo Carla. Era la primera vez que decía algo así en su vida, lo había escuchado cientos de veces en el funeral de su madre y luego en el de su padre y hermano y en todas ellas en su cabeza solo existía une respuesta; “No, no lo sientes ni la mitad que yo”, y por esta razón siempre se había abstenido de decirlo y sin embargo, esta vez era cierto.
Era real que sentía la pérdida de aquella mujer como si la hubiese conocido, porque de una forma u otra había conseguido acercarla al asesino
-Siéntense.-Dijo ella adentrándose en una pequeña salita redonda, con ventanas que ocupaban casi media pared y cortinas celestes que daban un aspecto marítimo a la habitación.-¿En qué puedo ayudarles?.-Los tres se sentaron alrededor de una pequeña mesa redondita, con un tapete de crochet.
-Hableme de su hermana.-Pidió Carla. Marco que había comenzado a abrir la boca para decir algo la volvió a cerrar de golpe.
-¿Qué quiere saber?.-Dijo ella, y por un instante pareció enfadada, como si hubiese esperado algo más.
-Cualquier cosa.-Dijo Carla.-Hay algo que la diferencia del resto de víctimas, algo que ha hecho que el asesino cambie el protocolo.
-No lo sé, era la hermana pequeña de manual.-Dijo ella y se colocó un mechón detrás de la oreja.-Era caprichosa, cotilla, siempre estaba metida en líos y me llamaba a las tres de la mañana para que fuera a recogerla a un lugar perdido de la mano de Dios porque el último imbécil de turno la había dejado tirada. ¡¿Quiere saber qué la hacía tan especial?!. ¡Su pésimo gusto para elegir hombres, eso la hacia especial!, ¡estoy casi segura de que vio a ese asesino y pensó que era el hombre de su vida!.-Su voz fue un jadeo roto al terminar de hablar pero Carla ya estaba inclinada hacia delante, toda paciencia y determinación
-Eso me dice porque ella se fió de él pero no porque él la eligió a ella.-Dijo Carla
-¿Tiene usted hermanos pequeños, agente...?
-Molina. Y si, puede decirse que sí
-Entonces no necesita hacerme una pregunta.-Carla sintió como el nudo que tenía en la garganta desde la noche anterior se apretaba un poco más.-Tienen ese nosequé que los hace tan especiales, esos ojos de cordero con los que siempre consiguen lo que quieren, esa sonrisa d despreocupación y esa inocencia que te hace querer protegerlos siempre, ¿entiende lo que le digo?.-A Carla no le pasó por alto la mirada que Marco le dirigió, evidentemente él también estaba pensando en Alex, pero Carla asintió.
Asintió porque en el fondo lo entendía, porque a fin de cuentas Álex también había sido un niño antes de que algo en su cabeza cambiase, o tal vez siempre había estado ahí pero no lo habían visto.
Álex también había venido a su cama a esconderse de los monstruos de su armario antes de que él se convirtiese en uno.
-Señora Martínez, avisó a mi compañero de la desaparición de su hermana, pero ¿tiene idea a dónde pudo ir?.-Dijo Marco cortando el entendimiento silencioso entre ambas
-No, ella no solía avisarme de todo lo que hacía
-Si era normal que desapareciera, ¿por qué dio la voz de alarma?
-¡Yo no he dicho que fuera normal que desapareciera!. Por lo general no pasaba más de un día sin ponerse en contacto conmigo. ¿Creen que no intenté todo antes de avisar a la policía?, hablé con los que solían ser sus amigos, fui a los bares a los que iba e incluso llamé a alguno de esos malnacidos pero ninguno sabía nada
-¿Quién fue el último hombre con el que salió?, ¿conoce su nombre?.-Dijo Marco sacando la libreta del bolsillo interno de la chaqueta.
-Si, Chris Bernon, pero no es él al que buscan, no era más que el tipo que la consolaba porque otro malnacido le rompió el corazón
-Y por casualidad, no sabrá el nombre de ese malnacido.-Supuso Marco
-De ser así, tendría algunos huesos rotos.-Sentenció ella y detrás de toda la tristeza que velaba sus ojos brilló una llama.
-Bien, nos pondremos en contacto con el tal Chris, a lo mejor sabe el nombre del tipo. No le entretenemos más, supongo que tendrá muchas cosas por hacer
-Si, preparar un entierro da mucho trabajo.-Carla estaba segura de que en cualquier otra circunstancia se hubiera reído de la batalla que ella estaba intentando librar contra Marco.
El teléfono fijo eligió ese momento para sonar a la vez que lo hacía el móvil de Marco, y ambos se levantaron de sus respectivos asientos.
Carla jugueteó con sus dedos, intentando hacerlos entrar en calor, porque era como si de repente el invierno hubiese venido sus cabezas.
La señora Martínez derramaba lágrimas silenciosas mientras le daba indicaciones a alguien sobre las flores a usar en el entierro, Marco por su parte tenía la mandíbula tan apretada que los dientes parecían a punto de romperseles, y solo asentía de vez en cuando lo que indicaba graves problemas.
-En seguida estaré allí.-dijo él antes de colgar.-El FBI quiere hacerse con nuestro caso, al parecer la señora Martínez tiene ciertos contactos y nos considera incompetentes para el caso.-Escupió él
-Esta bien, no pasa nada, arreglaremos esto.-Dijo Carla respirando hondo
-¡¿Arreglarlo?!.-Dijo él.-Me quitan el caso Carla, adiós a todo lo avanzado.-Carla se puso en pie lentamente
-Te estoy diciendo que lo arreglaremos, nadie NOS va a quitar el caso.-Su voz sonó helada a sus propios oídos.-Ahora ve a comisaría, estaré detrás de ti
-Bien.-Masculló él y salió dando un portazo, la señora Martínez eligió ese momento para colgar el teléfono.
-Veo que su compañero ya se ha enterado.-Dijo secándose las lágrimas con las yemas de los dedos.
-Se está equivocando.-Sentenció Carla
-¿En qué según usted?
-Entiendo su dolor, y sus ganas de venganza pero si lo que quería era a los mejores, los tenía
-No lo estaban demostrando
-Ya lo veremos.-Dijo Carla retrocediendo al comprender que se había estado inclinando hacia delante
-Siempre podrían colaborar con ellos.-Dijo ella de repente asustada. Carla se giró y comenzó a avanzar hacia la puerta
-Hace demasiado tiempo que los federales y yo rompimos.-Carla puso una mano en el pomo y se congeló. Había algo en el ambiente, en el aire...
-¿sabe?, todo esto es una ironía.-Carla abrió la puerta lentamente, sus ojos moviéndose por todas partes
-¿Por qué dice eso?.-Jadeó
-Su mayor sueño siempre había sido vivir en esa barriada, decía que quería formar una familia en una de esas casas.-¡PUM!, otra pieza del puzzle que encajaba.-Y acabó muriendo en una de ellas.-Entonces lo vio, era solo una sombra agachada contra un gran roble pero en el momento en que sus miradas chocaron juró que sus ojos brillaron en los huecos que les dejaba el pasamontañas.
Carla se llevó la mano a la pistola, todo su cuerpo en tensión porque era él, lo sabía en cada célula de su organismo.
-Te tengo.-Susurró antes de lanzarse hacia delante.-Saltó tres escalones y cruzó el patio a toda velocidad mientras la señora Martínez le gritaba.
Sabía que debía decirle que se metiera en su casa y cerrara el pestillo pero era incapaz de alejar sus sentidos de él; pero claro el asesino también se había puesto en movimiento y era mucho más rápido de lo esperado.
Carla escuchó el claxon un segundo antes de que el camión pasara a toda velocidad a centímetros de su cuerpo y cuando todo ese amasijo de metal desapareció de su vista él ya no estaba.
Aún así corrió, corrió en círculos buscando la más mínima señal de alguien pero no encontró nada y solo consiguió desatar los ladridos de los perros cercanos ante su frito de frustración.
Se metió en el coche dando un portazo y pisó el acelerados hasta que el motor rugió con la misma fiereza que ella sentía.

Primero un asesino se le escapa, luego el FBI y ahora un asesino que se pasea ante sus narices. Alguien estaba llamando a las puertas del infierno y ya era hora de que fuera a recibir a sus invitados.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

CAPITULO 20 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 20. “El mundo es un pañuelo, sucio”

Carla se sentó en la cama de golpe con todos los músculos en tensión, sus ojos registrando la habitación buscando la amenaza que la había hecho despertarse.
La puerta se abrió lentamente y la madre de Marco asomó la cabeza por el hueco, sus labios se curvaron en una sonrisa que parecía impropia de ella.
-¿No puedes dormir?.-Carla se forzó en aprovechar los segundos que tardó ella en girarse para encender la luz para recomponer su semblante.
-Solo la costumbre de despertarme temprano.-Dijo ella.-Carla levantó las sábanas y se impulsó hacia fuera; en ese momento fue consciente de sus piernas desnudas y del hecho de que llevaba una camiseta de Marco
No estaba dispuesta a explicarle a la mujer frente a ella que estaba vistiendo una camiseta de su hijo porque después de cuarenta minutos dando vueltas en la cama había decidido que se había acostumbrado a su presencia y si quería dormir algo iba a necesitar tomar medidas.
-Ha llamado Marco para preguntar si estabas despierta y he pensado que tal vez te gustaría desayunar con nosotros.-Dijo ella de repente muy interesada en la pared de enfrente.
-Claro, si me esperas...-Carla no tuvo ocasión de terminar de hablar antes de que ella saliese de la habitación. No era la mejor forma de empezar una relación con... con... ¿Qué era la madre de Marco para ella?, ¿su suegra?. No se imaginaba siendo nuera de nadie.
Se arrastró hasta el cuarto de baño y se metió bajo la ducha solo un segundo después de haberse sacado la ropa. El agua helada le entumeció los músculos y los dientes le castañetearon pero solo entonces su mente consiguió aclararse.
La noche anterior habían tenido que suministrarle un tranquilizante a Sergio y Marco se lo había llevado a su casa, luego la había llamado para decirle que se iba a quedar a pasar la noche.
Alcanzó una manopla, y la humedeció antes de volcar una buena cantidad de gel encima, y se frotó la piel con fiereza, intentando borrar la sensación de haber tenido al asesino cerca.
Cerró los ojos e imaginó que cada gota se llevaba consigo algo relacionado con él, hasta que ya no quedó nada y el olor a pan tostado llegó hasta ella tentándola a salir.
Carla se detuvo en la puerta del cuarto de baño, el agua goteando el suelo pero incapaz de moverse ante la vista del traje de chaqueta color crema extendido sobre la cama.
Comenzaba a entender porque todos los Cardone eran unos triunfadores, pero era demasiado tarde para ella, demasiado tarde para que alguien cuidara de ella.
Pasó de largo la cama con pasos energéticos y abrió las puertas del armario de un tirón, a la vez que intentaba reprimir un bufido al ver que la ropa de Marco había sido arrastrada a un lado y su propia ropa ocupaba la mitad.
Escogió unos vaqueros oscuros y una camiseta negra con el logo de la banda de rock que había tenido su primer novio y que solo usaba a veces para dormir pero que ahora le parecía perfecta; se recogió el pelo en un moño despeinado y salió al pasillo con la barbilla bien alta.
Bea fue la primera en verla y tuvo que esconder el rostro tras sus manos para ocultar la risa, Fabian por otro lado le recorrió el cuerpo con los ojos para finalmente dedicarle un guiño.
Agatha ignoró su atuendo aún cuando su nariz se arrugó notablemente al indicarle que tenía su desayuno en la mesa, Carla estaba a punto de decirle que sabía hacer un café pero pensó que tal vez le daba un ataque al corazón, así que se limitó a mostrar su descontento arrastrando la silla por el suelo.
-Aunque no lo creas es bastante útil cuando quieres dedicar todo tu tiempo a estudiar.-Susurró Bea
-¿También me limpiará el arma cuando descubra al asesino?.-Bea abrió mucho los ojos y Carla por un instante se preguntó si se había pasado de la raya pero entonces comenzó a reírse a mandíbula suelta, con pequeños hipidos y lágrimas escapando por el rabillo del ojo.
-¿Así que vas a coger a ese asesino?.-dijo Fabian sentándose en la silla frente a ella
-Eso pretendo.-Dijo ella
-Y...¿qué es lo que te hace tan especial?.-Fabian se inclinó hacia ella y Carla se dedicó a untar su tostada de mantequilla antes de mirarle
-No lo sé
-¡¿No lo sabes?!.-Exclamó él y pareció tremendamente decepcionado
-Exacto.-Dijo ella pegandole un bocado a la tostada
-No sé...¿Les pegas?, ¿les seduces?...Porque según todos puedes sacarle a cualquiera su mayor secreto
-Yo simplemente...-El trozo de pan se quedo atascado en su garganta al comprender las palabras de Fabian y tuvo que lanzarse a por la taza de café. Fabian se levantó de un salto, tal vez demasiado rápido para un adulto y le dio palmadas en la espalda hasta que Carla hipó en busca de aire.
-¿Mejor?.-Dijo él
-¿Qué quiere decir que todos dicen que puedo sacarle no sé qué a no sé quién?.-Urgió ella
-Bueno es realmente difícil encontrar información sobre ti, pero después de un tiempo encontré un chat y un tipo decía conocerte.-Carla se llevó las manos al rostro intentando ocultar las ganas de asesinar a su hermano
-Fabian.-Intentó que su voz fuera lo más calmada posible pero solo consiguió que sonara como la de un gato cuyo rabo ha sido pisado.-No vuelvas a entrar en ese chat
-¡¿Qué?!, ¿por qué?.-Él retrocedió unos centímetros espantado
-Porque la información no es fiable.-Soltó Carla
-¡¿Qué no es fiable?!, ¡¿acaso no es cierto que tú eres así, que has descubierto a cientos de asesinos?!.-Exclamó él, Carla fue brevemente consciente de Bea moviéndose incomoda en su asiento pero estaba demasiado concentrada en intentar hacerle ver a Fabian que probablemente había hablado con un asesino
-Si, es cierto pero no sabes quién hay al otro lado
-¡Qué no seamos policías no nos convierte en imbéciles!.-Esta vez gritó tanto que Carla fue incapaz de responderle.-Creo que empiezo a entender porque Marco te quiere aquí, no es porque de repente se haya vuelto un loco enamorado, es porque eres cómo él
-Fabian.-Jadeó Bea pero él ya se dirigía a la puerta a toda velocidad. Carla no pudo evitar saltar sobre sí misma ante el portazo y respirar hondo, sabiendo que todos los músculos de su cuerpo le gritaban que le detuviera y no le dejara ir hasta haber entendido el mensaje.-Yo no creo eso.-Susurró Bea
-Exactamente, ¿qué no crees?.-Carla se giró hacia ella y se concentró en las pecas de sus mejillas para evitar mirarla a los ojos.
-No creo que Marco te tenga aquí porque seas igual que él, creo que él te está salvando.-Carla abrió la boca para contradecirle pero al ver como arqueaba su ceja decidió mantenerse en silencio.-Y tú le estás salvando a él
-No creo que Marco necesite ser salvado
-Claro que si, necesita ser salvado de sus recuerdos.-Dijo Bea encogiéndose de hombros y levantándose de un salto.
Carla querría interrumpirla, de verdad que si pero fue incapaz de hacerlo cuando el enfado de Marco por haber querido conocer su pasado volvió a su mente
-En seguida te la paso.-Dijo Agatha que hablaba por teléfono y al cruzarse con su hija le dedicó una dura mirada.-Te llama Marco.-Dijo ella tendiéndole el teléfono.
-Hola
-¿estás bien?
-Si, ¿cómo estáis Sergio y tú?
-Sergio dormido como un tronco y yo he conseguido que la familia nos reciba ahora
-He preguntado cómo estás, no cuánto has trabajado.-Dijo ella
-Bien, solo ansioso. ¿Seguro que estás bien?

-Si, ¿dónde quieres que nos vemos?


Él se agachó sentándose sobre sus talones, y dibujó una X sobre la tierra mojada que se acumulaba a sus pies. En tan solo unos minutos ella estaría sobre ese lugar, probablemente sin tener ni idea de que él habría estado allí... Estúpido cervatillo que corría tras un león sin saber que él podría girarse y devorarlo en cualquier instante.¿Y quién sabe, tal vez lo hiciera?
Porque sin ninguna duda Carla Molina se lo merecía, siendo tan descuidada, creer que podría entenderle.
-Yo te enseñaré con quién estás tratando.-Susurró trasladándose tras un árbol cuándo el coche enfiló la calle y Carla se bajó del coche con una sonrisa hacia ese pobre desgraciado, tan inocente y tan... muerta.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

CAPITULO 19 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 19: “Ayúdame a hacer justicia”

El sol comenzaba a esconderse y el cielo se teñía de rojo conforme el coche avanzaba hacia el horizonte, las nubes se hacían menos y menos visible recordando a espíritus de mal augurio que los intentaban alejar.
Las casas eran cada vez más grandes y lujosas, las calles estaban totalmente vacías, los patios rodeados de enormes verjas que los aislaban del mundo y con carísimas cámaras sin un solo punto ciego.
Carla comprendió que es lo que le ponía el vello de punta de aquel lugar justo cuando las luces policiales eran visibles; no había ni un solo niño en las aceras, ni un balón o una bici olvidada, ni siquiera un grupo de adolescentes curiosos que se asomaban a ver lo que sucedía.. Era como si de una forma grotesca aquel fuera el lugar perfecto para que sucediera un crimen.
Acababan de bajarse del coche cuando Sergio salió a toda prisa de la casa y corrió hacia ellos, parecía desquiciado.
Marco dio un paso hacia delante y sorprendentemente se interpuso entre ambos, Carla no pudo evitar fruncir el ceño
-Carla, ya estás aquí. Te he guardado la escena, solo han entrado los forenses y se han asegurado de no cambiar nada.-Habló tan rápido que ella necesitó unos segundos para entender el mensaje
-No es su especialidad...-Comenzó Marco pero Sergio ya estaba hablando otra vez, y Carla solo podía ver sus ojos inyectados en sangre, la camiseta sucia, la barba de varios días y la forma en que sus dedos se curvaban como garras sobre los hombros de Marco, cómo si él le separase de su salvación. Y si eso era ella para Sergio, si eso necesitaba ser para que Sergio, la única persona totalmente pura que conocía volviera a sonreír, daría un paso al frente.
-Lo haré.-Marco le dirigió una mirada dudosa por encima del hombro pero ella ya había tomado una decisión y sólo quedaba cuadrar los hombros y avanzar.
-Gracias, gracias...-Comenzó Sergio
-Necesito tranquilidad.-Cortó Carla.-Así que o te tranquilizas o te quedas fuera.-Él abrió los ojos por la sorpresa y retrocedió un par de centímetros cómo si le hubiera abofeteado pero tras unos segundos sacudió la cabeza, comprendiendo por fin el precio de lo que había pedido.
-Está bien, me quedo aquí.-Dijo haciéndose a un lado
-Quédate con él.-Le dijo a Marco al pasar de largo.
Carla recorrió el camino de losas que cruzaba el césped sin mirar a nadie, y se detuvo bajo el pequeño cuadrado cubierto de un porche que era le entrada, solo entonces elevó la mirada.
La puerta era de roble oscuro y reforzada, no había signos de haber sido forzada pero estaba entreabierta y si confiaba en las palabras de Sergio había estado así cuando entraron.
Desde su posición no era capaz de ver el cuerpo pero sabía que estaba cerca, dio un paso hacia delante y se concentró solo en respirar.
-¡Qué nadie la moleste!.-Escuchó que gritaba Sergio; aunque extrañamente sonaba en un mundo muy alejado del mundo en el que ella se encontraba...
Sus pies se pararon junto a la puerta, la pared se curvaba hacia la izquierda desembocando en un enorme salón redondo, una extraña distribución; por el rabillo del ojo captó el cuerpo desmadejado sobre el suelo, sin embargo, se negó a mirarlo, aún no.
Mantuvo su vista al frente y comenzó a avanzar pegada a la pared. La pintura era de un amarillo cremoso y repleta de pequeños marcos de fotos con paisajes de atardeceres, dio un paso adelante y se vio detenida por un alto taburete de madera clara con un jarrón encima repleto de flores de plástico, lo esquivó y continuó andando otros dos metros antes de que su pie chocara contra una guitarra clásica apoyada contra la pared.
Carla frunció el ceño y dio una vuelta completa sobre sí misma, aquel lugar estaba repleto de objetos que soportaban su posición en penoso equilibrio y aún así... ninguno estaba roto, o ni siquiera parecía fuera de lugar.
El suelo estaba cubierto de una moqueta clara, tejido que estaba impoluto salvo por los alrededores del cuerpo.
Solo entonces la miró... Y por un instante creyó que era un ángel. Su pelo castaño estaba extendido sobre la alfombra, tenía los parpados cerrados y vestía una camisa blanca que estaba abierta a ambos lados de su cuerpo, bajo ella, un sujetador blanco de algodón y más abajo un pantalón también blanco, estaba descalza.
Una de sus manos estaba abierta sobre su barriga, y otra estaba sobre la alfombra en un puño cerrado.
Carla respiró hondo y se agachó a su lado, su cara estaba contraída en una expresión que no supo identificar del todo, aunque si habría tenido que apostar diría que era determinación.
Intentó concentrarse en cualquier detalle, y aún así se sintió incapaz de decir si había sido el asesino X o no, había cientos de personas ahí fuera que podían ser las candidatas perfectas para la próxima víctima del asesino y ella que había creído ser capaz de detenerlo era incapaz de distinguir su obra.
Se arrodilló y se sentó sobre sus talones.-Ayúdame a detenerle.-Susurró a la nada. No sabía cuánto tiempo llevaba allí pero la oscuridad dentro de la habitación era enorme para cuando fue consciente, y a pesar de ello cuándo elevó la mirada hacia la puerta pudo ver en su mente como la luz del sol entraba a raudales, un grito ahogado la hizo saltar sobre sí misma y estar a punto de caer de culo, porque la mujer junto a ella volvía a estar viva y miraba con ojos desorbitados hacia la entrada, a la vez que extendía sus manos hacia allí
Carla giró la velocidad a tal velocidad que los huesos de sus cervicales crujieron, pero mereció la pena porque allí estaba...
Elevó la mano inconscientemente cuando la luz del sol la cegó; él estaba junto a la puerta observándolas. Era alto, y robusto aunque no tan imponente como ella esperaba.
Él se apoyó en el pomo de la puerta...¡NO!, le gritó su mente y la imagen se congeló al instante
Él le daría esperanzas, le daría la oportunidad de arreglar su error... La imagen volvió a ponerse en movimiento pero esta vez él apoyaba la mano en el marco de la puerta con el cuerpo inclinado hacia delante aún cuando sus pies estaban girados hacia la calle.
No había palabras, solo él desafiándola en algo que se escapaba a la razón de Carla, pero ¿ella?.
Ella estiraba la mano hacía él, aún cuando sólo había tenacidad en sus ojos.
Carla se fijo en su brazo alzado ante ella, los antebrazos tenían pequeños cortes que habían sido curados y cubiertos con antiséptico, sus uñas estaban perfectamente redondeadas aunque demasiado cortas, cómo si se las hubiera roto hace poco y alguien las hubiera arreglado.
Carla parpadeó lentamente, volviendo a la realidad, estaba demasiado oscuro y aún así pudo ver la sangre oscura que cubría la punta de sus dedos.
Su mano tembló al estirarla hacia ella y elevarla de encima de su vientre, y ver el dibujo que estaba extendido de forma temblorosa sobre la piel.
Las rodillas le fallaron al intentar ponerse de pie y cayó torpemente al suelo.
-Vamos, Carla, vamos.-Se obligó a levantarse y llegar hasta el interruptor, se apoyó en la pared y pulsó uno de ellos pero no sucedió nada.
Pulsó el segundo y el tercero simultáneamente y la luz fue equivalente a la de una mañana de Agosto en pleno desierto. Se llevó las manos a la cara y contuvo algunos insultos cuando su espinilla chocó contra el banco y el sonido de un jarrón rompiéndose llegó hasta sus oídos
-¿Carla?.-El grito de Marco sonó demasiado cerca pero necesitaba seguir avanzando.
Cayó medio sentada, medio de rodillas junto al cuerpo y separó levemente los dedos que le cubrían los ojos. Al principio no consiguió encontrar sentido al dibujo hasta que tres letras cobraron forma... M I O
Sus manos se deslizaron sin vida a cada lado de su cuerpo. ¿MIO?, ¿qué diantres significaba aquello?
-¡Carla!, ¡Carla!.-Marco estaba zarandeándola
-¡Estoy bien!.-Su grito se superpuso a los de Marco. Sergio estaba de pie a su lado pero parecía en trance
-Joder.-Masculló Marco al vez como su amigo se balanceaba levemente hacia delante y atrás.-Necesito sacarle de aquí, ¿estás bien?
-Si.-Dijo ella levantándose cuál cervatillo recién nacido.-Voy a dar una última vuelta y enseguida salgo.
-Lo que quieras.-Marco agarró a Sergio por los hombros y lo empujó hacia fuera.-¿Cuántas veces te he dicho que no te impliques tanto?.-Escuchó que decía pero dudó mucho que Sergio le fuera a responder.
Carla se dirigió hacia la escalera por dónde ascendían las gotas de sangre; subió un escalón tras otro, esperando sentir algo pero era como si estuviera totalmente fuera de allí, como si estuviese viendo todo a través de una pared de cristal.
El dormitorio estaba justo en lo alto de la escalera y las puertas dobles estaban abiertas de par en par.
La cama de dosel estaba deshecha, las sábanas naranjas manchadas de sangre y el tul que colgaba alrededor de ella desgarrado en ciertas partes.

Carla se cruzó de brazos y apoyó un hombro contra el marco de la puerta. Había algo extraño, el ambiente no encaja en absoluto con el asesino, ¿entonces porqué lo había escogido?, ¿había algo más aparte de ser una casa vacía y en un barrio aislado?