Capitulo 9. “Saber la verdad no te
convierte en alguien especial”
Carla observó con ojos entrecerrados
al hombre a través del falso cristal, tenía aproximadamente la
misma altura que su sospechoso pero era más fuerte; casi
imperceptible pero más musculoso.
Estaba rapado aunque los primeros pelos
cortos comenzaban a salir y además llevaba un tatuaje de un dragón
que ocupaba la mayor parte de su bíceps, definitivamente ese no era
su hombre
-¿Y si es él?, ¿va a meter a su as
en la manga con el hombre que la ha amenazado?.-Exclamó Marco. Ya
iban cinco minutos perdidos y aquel hombre parecía cada vez más
relajado observando el reloj
-En una habitación con un espejo
detrás del cuál habrá al menos tres policías, ese hombre ha sido
cacheado dos veces...-El tono del inspector Gómez era cómo si estuviese hablando con un niño pequeño
-Existen otros daños a parte del
físico.-Dijo Marco jugando su última carta
-Nadie puede hacer daño a Carla Molina psicólogicamente -Ella estaba a punto de objetar pero no iba a
servir de nada
-¡Entro!.-Avisó antes de abrir la
puerta y precipitarse dentro
-Espera.-Escuchó gritar a Marco pero
ella ya se había apoyado contra la puerta cerrándola
-Hola hadita del bosque.-Dijo el hombre
con voz ronca ladeando la cabeza. Carla estaba acostumbrada a que
los sospechosos utilizaran su altura como “insulto” para
asustarla o intentar darle la vuelta a la situación; a veces había
estado a punto de preguntarles si ellos eran conscientes de que se
miraban en el espejo todos los días.
-Hola grandullón.-Se esforzó en que
su sonrisa fuera lo más grande posible mientras se sentaba frente a
él.
-Así que tú eres la poli buena,
¿dónde está la mala?.-Dijo con tono lascivo.-Me gustaría jugar
con ambas
-Así que usted es el sospechoso
-Dado el trato que me han dado pensaba
que ya era culpable.-Dijo bufando
-¡¿Culpable?!.-Carla dejó que la
incredulidad se abriera paso en sus facciones.-Usted no es el asesino
X.-Sentenció
-¿Por qué está tan segura?
-Bueno a usted le falta su crueldad, es
demasiado...¿Cómo decirlo?.-Se rascó la barbilla con aire inocente
antes de sonreír -¡Ah, si!. Chapucero.-Regla número uno en el
manual para descubrir a un psicópata, ataca a su orgullo y los
impostores se descubrirán solos
-¿Crueldad?, señorita estoy en la
cárcel porque mate a dos hombres y les arranqué los ojos
-¡Oh, vamos!.-Exclamó ella
reclinándose en la silla hacia atrás.-Chapucero, de seguro lo hizo
con algunas copas de más, pero amigo usted no tiene la paciencia de
alguien que espera bajo la cama de su víctima hasta que se cuerpo se
relaja
-¿Qué le hace pensar que no?.-Se
inclinó hacia delante lentamente intentando parecer amenazante
-Me apuesto mi desayuno a que cada
noche mira bajo su cama y revisa el único armario que le dejan tener
aún cuándo sabe de sobra que no hay espacio material para que
alguien se esconda, y a pesar de todo eso no es capaz de dormirse
hasta bien entrado la noche cuándo los ronquidos de sus compañeros
llenan toda la habitación.-Su expresión cambió, apenas fue notable
pero lo hizo.-Pero eso me lleva a pensar porque quiere endosarse
crímenes que no ha cometido aún cuando todos somos conscientes de
que durante esas horas no se movió de su celda
-Creo que se está equivocando por
completo.-Las palabras se escaparon entre sus dientes apretados,
pero ese intento de sonar amenazante solo consiguió que Carla se
imaginara un enorme oso arrinconado
-Lo que significa que le tiene más
miedo a alguien aquí fuera que al hecho de que sus compañeros
puedan volverse contra usted
-¡Yo no lo tengo miedo a
nadie!.-Exclamó golpeando la mesa con ambas palmas y elevándose lo
poco que las esposas de sus muñecas unidas a la de sus tobillos le
permitían. Carla no se movió ni un milímetro mientras él
continuaba jadeando
-¿Es usted un psicópata?.-Susurró
ella
-Si.-Carla se levantó de un salto.
Regla número dos, si le preguntas a un psicópata si lo es su
respuesta nunca constará de un monosílabo
-Es usted un impostor y por lo tanto se
merece que le saquemos de la cárcel y avisemos a la prensa.-Él no
tenía ni idea de que ella no podía hacer eso, y de hecho si hubiera
tenido alguna duda la seguridad de ella habría acabado con ella.
-Está bien. Lo siento.-Dijo él.-Me
metí con el hombre equivocado, ¿de acuerdo?. Él parecía un
estúpido estudiante de secundaria pidiendo una buena tunda y no
alguien que tuviera un ejercito de hombres a sus espaldas
-Dígame lo que sabe.-Dijo Carla apoyando una mano en el pomo
-Nada.-Suspiró él.-Esta mañana
entraron en mi celda y me sacaron a la fuerza alegando que era igual
que no sé que asesino...
-Y vio la oportunidad de pasar a un
modulo de máxima seguridad.-Aventuró ella
-Exacto.-Dijo él
-Bien, gracias por su
colaboración.-Carla salió antes de darle tiempo a reaccionar y un
par de segundos después el inspector Gómez y Marco abandonaban la
habitación contigua seguidos de una muy airada Julia
-¿Y a eso llamaís interrogatorio
especial?. Hasta yo podría haberlo hecho mejor.-Escupió ella
-Tal vez en la siguiente pueda
lucirse.-La provocó el inspector Gómez cuándo ella se alejaba.-Ha
estado muy bien
-Es un callejón sin salida.-Carla
había estado enfadada desde que le había visto y sabido que no era
él, y la tensión que Marco llevaba consigo no había ayudado
nada.-Voy a tomarme un café.-Dijo utilizándo la excusa para
conseguir alejarse de la situación hasta que pudiera volver a
respirar con normalidad
-Yo...-Comenzó Marco pero el inspector
Gómez le puso una mano en el brazo frenándolo
-Cuando los casos se atascan suele
necesitar estar a solas más a menudo.-Explicó él
-¡Marco!.-El grito asustado de Julia
le hizo elevar la cabeza de golpe. Ella estaba frente a su mesa temblando como una hoja bajo el viento, la piel blanca y los labios
de una tonalidad celeste mientras le tendía un sobre.
Él sintió como su corazón pegaba un
tirón en el centro de su pecho antes de empezar a tronar al galope
de un caballo
-¿Te amenaza?.-Susurró. Ella asintió dejando caer el sobre en la mesa como si le quemara-Esta mañana
Carla también...-Las palabras quedaron colgando en el aire mientras
comprendía que hacía más de una hora que no la veía.
Emprendió la carrera hacia la sala de
interrogatorio solo para encontrar que su sospechoso había sido
sustituido por una mujer de la limpieza
-¡¿Dónde está?!.-Gritó
-¿Cardone?.-Dijo David a su
espalda.-¿Qué sucede?. El sospechoso ha sido llevado abajo mientras
preparaban el trasporte
-Mierda.-Dijo Marco corriendo hacia el
despacho del inspector Gómez
-¿Qué está pasando?.-Gritó David
-Carla recibió una carta amenazante
está mañana y ha desaparecido.-Respondió antes de abrir la puerta
de golpe. El hombre detrás del escritorio elevó la mirada hacia él.
-¿Qué sucede Cardone?.-Dijo con tono
suave
-Carla, ha desaparecido y esta mañana
recibió una carta amenazante. Y estaban trasladando a nuestro
sospechoso.-Repitió tan rápido que las palabras se mezclaron entre
ellas
-Tranquilo, no se ha equivocado.-Dijo
él leyendo sus pensamientos.-Él no es nuestro hombre. Y Carla de
seguro está pasando un rato a solas y se le ha ido la hora
-¡Deje de estar tan tranquilo!.-Le
gruñó él.-Se supone que es su amiga
-Y lo es, y por esa misma razón sé
que no le ha pasado nada.-Explicó él saliendo de detrás de la
mesa.-Vamos abajo, conociéndola ha intentado hablar con el
sospechoso una vez más.-Dijo emprendiendo la salida hacia los
ascensores
-Voy por las escaleras.-Anunció Marco
bajando los escalones de dos en dos seguido de una Julia muerta de
miedo y un David con la mano en la culata de su pistola.
Los sótanos nunca habían terminado de
ser restaurados del todo, por lo que aunque contaban con unas celdas
de buena calidad y ventilación las paredes aún tenían desconchones
de pintura reseca y manchas de humedad.
Lo primero que sus ojos vislumbraron
fueron que Carla estaba sentada con la espalda apoyada contra la
pared y la cabeza inclinada hacia atrás con los párpados caídos
mientras que su sospechoso se inclinaba sobre las barras de hierro
dentro de su celda
-¡Carla!.-Dijo Marco desenfundando su
pistola
-Mierda.-Dijo el sospechoso. En ese
momento Carla abrió los ojos de golpe y recorrió los rostros
presentes allí antes de levantarse de un salto
-¿Qué pasa?
-¿Estás bien?, ¿te ha hecho
algo?.-Dijo él
-Estoy bien, ¿por qué no debería
estarlo?.-Dijo ella dando un paso hacia atrás cuándo él elevó
los brazos hacia ella
-¡Has desaparecido!.-Bramó él.-¿Sabes
lo que pensado?, ¿lo qué se me ha pasado por la cabeza?. ¡Maldita
sea!. Recibiste esa carta esta mañana y de repente ya no estabas...
-He estado aquí todo el tiempo.-Dijo
con tono frío
-Para repetir el interrogatorio o preguntarle algo más debe ser en la sala de interrogatorios.-Dijo
David en tono conciliador
-No le estaba interrogando.-Exclamó
ella.-Solo hablaba con él.-Dijo señalando al hombre que había
retrocedido hasta el fondo de la habitación
-¡No puedes hablar.-La palabra salió
como un insulto de los labios de Marco.-Con los sospechosos!
-Está bien.-Dijo ella pasando a su
lado a toda velocidad
-Carla.-Susurró Marco
-¡¿Qué?!.-Gritó ella girándose
hacia él. Todos los sentimientos que había conseguido calmar
durante esa hora bullendo de nuevo.- Estoy bien, ya lo ves. A partir
de ahora me quedaré a tu vista para que no tengas que estar
preocupándote porque tus jefes te echen la bronca por haber perdido
a la nueva, ya no te traeré más problemas.-Dijo cerrando la puerta
de las escaleras con un portazo
-Déjala pensar.-Susurró el inspector
Gómez
-Y una mierda.-Marco corrió detrás de
ella hasta conseguir alcanzarla a mitad de las
escaleras.-¡Carla!.-Dijo cerrando la mano sobre su muñeca y obligandola a girar
-¿Qué quieres Marco?.-Dijo ella
-Estaba preocupado por ti
-Estabas preocupado por perder a una
agente.-Replicó ella. Marco no sabía dónde empezaba la diferencia
pero al parecer para ella era demasiado importante
-Estaba preocupado por ti, por Carla y
no por la agente Molina.-Dijo él. Sus pensamientos vagaron a que
Carla podría haber sido perfectamente inspectora y probablemente
llevar su propio equipo especial, sin embargo no lo había hecho, y
eso no tenía nada que ver con su accidente porque de seguro le
habrían dado la oportunidad mucho antes
-Gracias.-Dijo ella secándola de sus
ensoñaciones. Sus ojos brillaban pero su expresión se mantenía
tensa, como si se estuviera negando a derramar una sola lágrima
-No entiendo que es tan
importante.-Susurró él confundido
-Yo si, y es lo que importa.-Dijo ella
con una sonrisa brillante.



