miércoles, 25 de septiembre de 2013

CAPITULO 9 La caja de los secretos


Capitulo 9. “Saber la verdad no te convierte en alguien especial”

Carla observó con ojos entrecerrados al hombre a través del falso cristal, tenía aproximadamente la misma altura que su sospechoso pero era más fuerte; casi imperceptible pero más musculoso.
Estaba rapado aunque los primeros pelos cortos comenzaban a salir y además llevaba un tatuaje de un dragón que ocupaba la mayor parte de su bíceps, definitivamente ese no era su hombre
-¿Y si es él?, ¿va a meter a su as en la manga con el hombre que la ha amenazado?.-Exclamó Marco. Ya iban cinco minutos perdidos y aquel hombre parecía cada vez más relajado observando el reloj
-En una habitación con un espejo detrás del cuál habrá al menos tres policías, ese hombre ha sido cacheado dos veces...-El tono del inspector Gómez era cómo si estuviese hablando con un niño pequeño
-Existen otros daños a parte del físico.-Dijo Marco jugando su última carta
-Nadie puede hacer daño a Carla Molina psicólogicamente -Ella estaba a punto de objetar pero no iba a servir de nada
-¡Entro!.-Avisó antes de abrir la puerta y precipitarse dentro
-Espera.-Escuchó gritar a Marco pero ella ya se había apoyado contra la puerta cerrándola
-Hola hadita del bosque.-Dijo el hombre con voz ronca ladeando la cabeza. Carla estaba acostumbrada a que los sospechosos utilizaran su altura como “insulto” para asustarla o intentar darle la vuelta a la situación; a veces había estado a punto de preguntarles si ellos eran conscientes de que se miraban en el espejo todos los días.
-Hola grandullón.-Se esforzó en que su sonrisa fuera lo más grande posible mientras se sentaba frente a él.
-Así que tú eres la poli buena, ¿dónde está la mala?.-Dijo con tono lascivo.-Me gustaría jugar con ambas
-Así que usted es el sospechoso
-Dado el trato que me han dado pensaba que ya era culpable.-Dijo bufando
-¡¿Culpable?!.-Carla dejó que la incredulidad se abriera paso en sus facciones.-Usted no es el asesino X.-Sentenció
-¿Por qué está tan segura?
-Bueno a usted le falta su crueldad, es demasiado...¿Cómo decirlo?.-Se rascó la barbilla con aire inocente antes de sonreír -¡Ah, si!. Chapucero.-Regla número uno en el manual para descubrir a un psicópata, ataca a su orgullo y los impostores se descubrirán solos
-¿Crueldad?, señorita estoy en la cárcel porque mate a dos hombres y les arranqué los ojos
-¡Oh, vamos!.-Exclamó ella reclinándose en la silla hacia atrás.-Chapucero, de seguro lo hizo con algunas copas de más, pero amigo usted no tiene la paciencia de alguien que espera bajo la cama de su víctima hasta que se cuerpo se relaja
-¿Qué le hace pensar que no?.-Se inclinó hacia delante lentamente intentando parecer amenazante
-Me apuesto mi desayuno a que cada noche mira bajo su cama y revisa el único armario que le dejan tener aún cuándo sabe de sobra que no hay espacio material para que alguien se esconda, y a pesar de todo eso no es capaz de dormirse hasta bien entrado la noche cuándo los ronquidos de sus compañeros llenan toda la habitación.-Su expresión cambió, apenas fue notable pero lo hizo.-Pero eso me lleva a pensar porque quiere endosarse crímenes que no ha cometido aún cuando todos somos conscientes de que durante esas horas no se movió de su celda
-Creo que se está equivocando por completo.-Las palabras se escaparon entre sus dientes apretados, pero ese intento de sonar amenazante solo consiguió que Carla se imaginara un enorme oso arrinconado
-Lo que significa que le tiene más miedo a alguien aquí fuera que al hecho de que sus compañeros puedan volverse contra usted
-¡Yo no lo tengo miedo a nadie!.-Exclamó golpeando la mesa con ambas palmas y elevándose lo poco que las esposas de sus muñecas unidas a la de sus tobillos le permitían. Carla no se movió ni un milímetro mientras él continuaba jadeando
-¿Es usted un psicópata?.-Susurró ella
-Si.-Carla se levantó de un salto. Regla número dos, si le preguntas a un psicópata si lo es su respuesta nunca constará de un monosílabo
-Es usted un impostor y por lo tanto se merece que le saquemos de la cárcel y avisemos a la prensa.-Él no tenía ni idea de que ella no podía hacer eso, y de hecho si hubiera tenido alguna duda la seguridad de ella habría acabado con ella.
-Está bien. Lo siento.-Dijo él.-Me metí con el hombre equivocado, ¿de acuerdo?. Él parecía un estúpido estudiante de secundaria pidiendo una buena tunda y no alguien que tuviera un ejercito de hombres a sus espaldas
-Dígame lo que sabe.-Dijo Carla apoyando una mano en el pomo
-Nada.-Suspiró él.-Esta mañana entraron en mi celda y me sacaron a la fuerza alegando que era igual que no sé que asesino...
-Y vio la oportunidad de pasar a un modulo de máxima seguridad.-Aventuró ella
-Exacto.-Dijo él
-Bien, gracias por su colaboración.-Carla salió antes de darle tiempo a reaccionar y un par de segundos después el inspector Gómez y Marco abandonaban la habitación contigua seguidos de una muy airada Julia
-¿Y a eso llamaís interrogatorio especial?. Hasta yo podría haberlo hecho mejor.-Escupió ella
-Tal vez en la siguiente pueda lucirse.-La provocó el inspector Gómez cuándo ella se alejaba.-Ha estado muy bien
-Es un callejón sin salida.-Carla había estado enfadada desde que le había visto y sabido que no era él, y la tensión que Marco llevaba consigo no había ayudado nada.-Voy a tomarme un café.-Dijo utilizándo la excusa para conseguir alejarse de la situación hasta que pudiera volver a respirar con normalidad
-Yo...-Comenzó Marco pero el inspector Gómez le puso una mano en el brazo frenándolo
-Cuando los casos se atascan suele necesitar estar a solas más a menudo.-Explicó él



-¡Marco!.-El grito asustado de Julia le hizo elevar la cabeza de golpe. Ella estaba frente a su mesa temblando como una hoja bajo el viento, la piel blanca y los labios de una tonalidad celeste mientras le tendía un sobre.
Él sintió como su corazón pegaba un tirón en el centro de su pecho antes de empezar a tronar al galope de un caballo
-¿Te amenaza?.-Susurró. Ella asintió dejando caer el sobre en la mesa como si le quemara-Esta mañana Carla también...-Las palabras quedaron colgando en el aire mientras comprendía que hacía más de una hora que no la veía.
Emprendió la carrera hacia la sala de interrogatorio solo para encontrar que su sospechoso había sido sustituido por una mujer de la limpieza
-¡¿Dónde está?!.-Gritó
-¿Cardone?.-Dijo David a su espalda.-¿Qué sucede?. El sospechoso ha sido llevado abajo mientras preparaban el trasporte
-Mierda.-Dijo Marco corriendo hacia el despacho del inspector Gómez
-¿Qué está pasando?.-Gritó David
-Carla recibió una carta amenazante está mañana y ha desaparecido.-Respondió antes de abrir la puerta de golpe. El hombre detrás del escritorio elevó la mirada hacia él.
-¿Qué sucede Cardone?.-Dijo con tono suave
-Carla, ha desaparecido y esta mañana recibió una carta amenazante. Y estaban trasladando a nuestro sospechoso.-Repitió tan rápido que las palabras se mezclaron entre ellas
-Tranquilo, no se ha equivocado.-Dijo él leyendo sus pensamientos.-Él no es nuestro hombre. Y Carla de seguro está pasando un rato a solas y se le ha ido la hora
-¡Deje de estar tan tranquilo!.-Le gruñó él.-Se supone que es su amiga
-Y lo es, y por esa misma razón sé que no le ha pasado nada.-Explicó él saliendo de detrás de la mesa.-Vamos abajo, conociéndola ha intentado hablar con el sospechoso una vez más.-Dijo emprendiendo la salida hacia los ascensores
-Voy por las escaleras.-Anunció Marco bajando los escalones de dos en dos seguido de una Julia muerta de miedo y un David con la mano en la culata de su pistola.
Los sótanos nunca habían terminado de ser restaurados del todo, por lo que aunque contaban con unas celdas de buena calidad y ventilación las paredes aún tenían desconchones de pintura reseca y manchas de humedad.
Lo primero que sus ojos vislumbraron fueron que Carla estaba sentada con la espalda apoyada contra la pared y la cabeza inclinada hacia atrás con los párpados caídos mientras que su sospechoso se inclinaba sobre las barras de hierro dentro de su celda
-¡Carla!.-Dijo Marco desenfundando su pistola
-Mierda.-Dijo el sospechoso. En ese momento Carla abrió los ojos de golpe y recorrió los rostros presentes allí antes de levantarse de un salto
-¿Qué pasa?
-¿Estás bien?, ¿te ha hecho algo?.-Dijo él
-Estoy bien, ¿por qué no debería estarlo?.-Dijo ella dando un paso hacia atrás cuándo él elevó los brazos hacia ella
-¡Has desaparecido!.-Bramó él.-¿Sabes lo que pensado?, ¿lo qué se me ha pasado por la cabeza?. ¡Maldita sea!. Recibiste esa carta esta mañana y de repente ya no estabas...
-He estado aquí todo el tiempo.-Dijo con tono frío
-Para repetir el interrogatorio o preguntarle algo más debe ser en la sala de interrogatorios.-Dijo David en tono conciliador
-No le estaba interrogando.-Exclamó ella.-Solo hablaba con él.-Dijo señalando al hombre que había retrocedido hasta el fondo de la habitación
-¡No puedes hablar.-La palabra salió como un insulto de los labios de Marco.-Con los sospechosos!
-Está bien.-Dijo ella pasando a su lado a toda velocidad
-Carla.-Susurró Marco
-¡¿Qué?!.-Gritó ella girándose hacia él. Todos los sentimientos que había conseguido calmar durante esa hora bullendo de nuevo.- Estoy bien, ya lo ves. A partir de ahora me quedaré a tu vista para que no tengas que estar preocupándote porque tus jefes te echen la bronca por haber perdido a la nueva, ya no te traeré más problemas.-Dijo cerrando la puerta de las escaleras con un portazo
-Déjala pensar.-Susurró el inspector Gómez
-Y una mierda.-Marco corrió detrás de ella hasta conseguir alcanzarla a mitad de las escaleras.-¡Carla!.-Dijo cerrando la mano sobre su muñeca y obligandola a girar
-¿Qué quieres Marco?.-Dijo ella
-Estaba preocupado por ti
-Estabas preocupado por perder a una agente.-Replicó ella. Marco no sabía dónde empezaba la diferencia pero al parecer para ella era demasiado importante
-Estaba preocupado por ti, por Carla y no por la agente Molina.-Dijo él. Sus pensamientos vagaron a que Carla podría haber sido perfectamente inspectora y probablemente llevar su propio equipo especial, sin embargo no lo había hecho, y eso no tenía nada que ver con su accidente porque de seguro le habrían dado la oportunidad mucho antes
-Gracias.-Dijo ella secándola de sus ensoñaciones. Sus ojos brillaban pero su expresión se mantenía tensa, como si se estuviera negando a derramar una sola lágrima
-No entiendo que es tan importante.-Susurró él confundido

-Yo si, y es lo que importa.-Dijo ella con una sonrisa brillante.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Capitulo 8 la caja de los secretos


Capitulo 8. “Una carta de amor”

Carla llevaba despierta dos horas cuándo el sonido de la ducha en el cuarto del lado se abrió paso entre sus pensamientos.
El dolor de cabeza se había marchado y ahora solo quedaba una gran sed de actividad, aunque no tenía muy claro por dónde empezar; tal vez podía revisar las entrevistas a los familiares, o conseguir que Marco la llevara a ver a alguno.
Se levantó de un salto, se recogió el pelo en una coleta bien apretada y se dirigió de puntillas hacia la cocina. Nunca había estado muy interesada en esta parte de la vida hogareña pero las tortitas le salían de muerte y por suerte Marco tenía todo lo necesario para hacerlas.
Añadió todos los ingredientes a un bol y comenzó a removerlos, sin duda el truco estaba en que no quedara ningún grumo...
¿Qué desayunaría el asesino?.-Siempre había tenido la teoría de que si era capaz de responder preguntas bastantes triviales sobre ellos era como si formara parte de su vida, y por tanto como si pudiera predecir cuál sería su siguiente movimiento. Aunque pensándolo con calma conocer el color favorito de alguien nunca le había servido de ayuda para predecir si sería capaz de asesinar.
Marco salió de su dormitorio, llevaba un pantalón de vestir gris y una camisa celeste con las mangas recogidas hasta los codos. Aún goteaba agua de las puntas de su pelo mientras cruzaba la estancia hacia ella.
-¿Qué preparas?.-Dijo él sentándose en un taburete
-Tortitas. ¿Te gustan las tortitas, verdad?.-Que tonta había sido, a lo mejor a Marco no le gustaba desayunar nada dulce, y ella prácticamente le estaba obligando. Siempre habían desayunado a la carrera, por lo que habían sido cosas rápidas como los cereales.
-Si.-Dijo él ocultando un bostezo tras la palma de su mano y esa palabra fue suficiente para acabar con todas sus dudas
-Bien, estarán en cinco minuto.-Dijo ella poniendo la sartén en el fuego. Marco la observó en trance durante unos segundos y luego se levantó
-Voy a recoger el periódico.-Los días pasaban y cada hora era una probabilidad que se sumaba al hecho de que hubiera otra víctima. De una forma irónica casi prefería saberlo, era una realidad que su asesino no iba a detenerse así como así y el simple hecho de pensar en una víctima en el suelo... Los recuerdos lo asaltaron con fuerza, trayendo consigo tristeza y rabia en la misma medida.
Sacudió la cabeza levemente intentando alejar los malos pensamientos y se agachó junto a la puerta de entrada. Esta mañana el periódico traía consigo un suplemento de recetas de cocina para promocionar un nuevo libro; no fue hasta que se levantó que el sobre blanco cayó sobre la alfombra.
No había necesidad de darle la vuelta, en primera plana estaba escrito en letras rojas y claras “SEÑORITA MOLINA”.
Utilizó el periódico para agarrar el sobre por la esquina y volver dentro, tal vez existía alguna posibilidad... una mínima posibilidad de que no fuera él.
-¿Quién sabe qué estás aquí?.-Carla terminó de colocar el plato en la mesa antes de girarse hacia él. Sus facciones se habían vuelto rígidas e inexpresivas, aquel era el policía del que todo el mundo hablaba y no el hombre que la había estado acompañando durante días...
-Solo el trabajo.-Sus ojos vagaron instintivamente hacia el sobre que él mantenía atrapado. ¿Había sido amenazado?
-¿Seguro?, ¿no se lo has contado a nadie más, una amiga, algún familiar?.-Ella negó a la vez que él iba hablando y su voz se iba haciendo más dura. Al final dejó caer la carta sobre la isleta y se colocó un par de guantes.
Carla se acercó lentamente hasta vislumbrar el nombre. ¿Ella?, ¿el asesino le había enviado una carta a ella?. El alivio fue tan grande que estuvo a punto de sentarse y volver a respirar con normalidad pero de seguro para Marco aquello sería una locura
-Es mi carta.-Dijo extendiendo la mano
-Lo sé.-Dijo él
-La abro yo
-Ni hablar
-Marco, he sido policía casi por el mismo tiempo que tú, sé el procedimiento y sinceramente creo que estoy mucho más calmada, así que déjame abrir la carta.-Si por alguna razón su tono dejó lugar a dudas se estiró y le arrancó los guantes de las manos. Evidentemente le quedaban grandes pero servirían para abrirla y no dejar huellas.-El sobre trae una banda adhesiva, no puede tener restos de ADN.-Dijo cuándo él comenzó a calentar agua
-Está bien, entonces solo ábrela -Marco se posicionó a su lado, a una distancia prudencial en la que su presencia no la asfixiara pero lo suficientemente cerca como para leer sin problemas.
Las esquinas del papel habían sido quemadas, y el resto calentado bajo una llama hasta adquirir la tonalidad amarillenta que tenía ahora.
Había utilizado pluma con tinta de color rojo, probablemente intentando imitar a la sangre y su letra era clara, quizás demasiado, como si un niño la hubiera escrito, excepto por las emes y enes, esas eran cerradas y algo deformes...



-Hijo de perra.-Bramó Marco a su espalda.-Va a por ti, sabe que puedes descubrirlo y va a por ti
-No sabe quién soy.-Susurró ella
-El inspector Gómez debería haber previsto esto, no deberíamos haberte llevado por todos lados diciendo “ella lo atrapará, ella lo atrapará”...
-Marco.-Volvió a intentar ella
-Lo ha visto como un desafío, diablos casi le hemos dicho... ¿por qué no la atrapas y la matas a ella también estúpido maníaco?.-Marco había comenzado a dar vueltas alrededor de la isleta mientras hablaba sin parar
-¡MARCO!.-Su grito le hizo detenerse al instante
-¡¿Qué?!.-Gritó él
-No sabe nada de mí
-¿Qué narices significa eso?
-Que no sabe quién soy. Alguien le habrá dicho que hay una agente especial investigando  te habrá seguido y habrá conseguido saber quién soy y dónde vivo. ¡Apuesto lo que sea a que lo máximo que tiene es mi expediente como policía!
-No voy a correr riesgos...
-Marco, mírame.-Ella esperó hasta que él lo hizo.-Confía en mí, no sabe una mierda sobre mi vida o lo que soy o lo que hago
-¿Cómo puedes estar tan segura y tan tranquila?.-Exclamó él
-¿Y tú como puedes estar tan nervioso?
-Eres una mujer.-Exclamó él abarcándola con las manos.-Pequeña.-Ella enarcó una ceja en respuesta.-Y además estás a mi cargo
-Se te olvida que fui yo la que te tumbé el otro día.-Si algo odiaba era que la trataran como una niña simplemente por su altura. Había llegado hasta dónde estaba por su trabajo y eso se merecía un respeto.
-No, pero eso no cambia que sigues estando a mi cargo.-Recalcó él. Ella era consciente de que él básicamente quería protegerla para no quedar mal en su trabajo, y eso dolía aún cuándo no debía
-Bien pero créeme cuándo te digo que el que ha escrito esta carta no sabe nada sobre mí.-Carla avanzó a grandes zancadas hacia la mesa del comedor y empezó a comer furiosa.
Marco se dirigió hacia el teléfono y estuvo a punto de arrancar el cable de la pared a la vez que tecleaba con fiereza.
Carla detuvo el tenedor y el cuchillo en el aire cuándo él empezó a gruñirle a un pobre insensato para que le pusiera con el inspector Gómez de inmediato, se concentró en respirar hondo una vez antes de volver a llevarse un trozo a la boca rebosante de sirope de fresa.
El asesino X no sabía absolutamente nada sobre ella, de eso estaba convencida como de la sangre que corría por sus venas. Él simplemente estaba asustado, y eso no podía ser más que una buena señal pero evidentemente Marco estaba demasiado concentrado en su carrera como para darse cuenta de ello.
-Carla Molina acaba de recibir una carta de amenaza de nuestro asesino.-Gritó Marco, no sabía exactamente que le había dicho el inspector pero él soltó una carcajada ronca antes de contestar con crueldad.-¿Y no se le ocurrió decirme que esto pasaría?. ¡Claro que hubiera cambiado las cosas, hubiera sido más cuidadoso!
-La habría encontrado igual.-Susurró Carla imitando la voz del inspector Gómez y la respuesta que ya sabía que daría.
-¿Y sabiendo que pasaría la trajo aquí?, ¿y usted le tiene cariño?.-Carla decidió que ya tenía bastante. Se levantó y arrojó el plato vacío al fregadero que elevó un estrépito metálico que hizo que Marco le dirigiera una mirada furiosa que ella ignoró al pasar a su lado hacia su cuarto. La casa no tenía ninguna culpa sobre la estupidez de su dueño por lo que se obligó a cerrar la puerta en un movimiento suave en vez de lanzarla contra el marco tal y como deseaba
¿Y ahora qué?, ¿iba a patalear y gritar como una niña?, ¿iba a sentarse a esperar a que Marco se sintiera preocupado por quién era y no por lo que representaba?, y lo más importante, ¿desde cuándo quería eso?
Ni siquiera cuándo había trabajado en un equipo especial, un grupo de personas que durante años habían sido familia, había deseado que la conocieran.
Ella siempre era Molina, la chica que hace buenos interrogatorios; nunca Carla, la chica a la que le gustan las tortitas con sirope de fresa y odia la lluvia.
¿Qué había cambiado?, la respuesta llegó tan rápida que llegó a sentir lástima de sí misma; Marco, siempre había sido Marco, el hombre que con solo su visión estuvo a punto de hacerla dudar sobre sí dejar su puesto de trabajo después del error que había cometido y el hombre que ahora la hacía desear ser una mujer y no un título.
Ella no le amaba, no podía amarle porque no había un solo punto de su vida sano, y el amor era sano y puro, pero podía soñar con la idea de ser algo para él.
-¿Carla?.-La voz de Marco llegó amortiguada desde el otro lado de la puerta
-Puedes entrar.-Dijo ella sentándose en el filo de la cama
-Siento haberte asustado
-No estoy asustada.-Si las circunstancias fueran otras Carla estaba segura de no haber podido contener la carcajada ante su expresión. Ojos abiertos, labios separados, parpadeo lento...
-¿Por qué no estás asustada?
-Si me hubieras escuchado las cien primeras veces que te dije que él no sabía nada de mí nos hubiéramos ahorrado todo esto.-Dijo ella exasperada
-Primero me ruegas que no confíe en tu instinto y ahora estás a punto de lanzarme algo a la cabeza por no creerte, ¿en qué quedamos?
-Se trata de mi seguridad no de un hombre al que vayamos a condenar
-En ambos casos estamos hablando de vidas.-Dijo él. Su móvil sonó en su bolsillo trasero y él estaba a punto de ignorar cuándo reconoció el tono que le había asignado a Sergio.-Cardone.-Gruñó
-Yo también me alegro de oírte hermano, definitivamente necesitas un buen pol...
-¡Al grano!.-Exigió Marco
-Vale, vale. Pero no quiero ni imaginar que ha hecho esa preciosidad para hacerte enfadar así
-Voy a colgarte.-Adivirtió Marco
-Hay una coincidencia, alguien ha visto la foto mejorada y ha identificado a un hombre
-Perfecto, ¿sabemos dónde vive?
-Si, en la cárcel.-Dijo Sergio. Marco estaba a punto de maldecir cuándo el otro hombre volvió a hablar.-Nos lo están trayendo, y la verdad es que se parecen pero yo no estaría tan seguro.-Eso bastaba para hacerle saber a Marco que no era el hombre que buscaban pero había que seguir el procedimiento...
-Voy para allá.-Dijo Marco
-Vamos.-Dijo Carla lo suficientemente alto como para que Sergio soltara una carcajada en respuesta
-Colega no sé que le has hecho pero para ahora.-Marco no tuvo opción de replicar cuándo él ya había colgado
-¿Qué tenemos?.-Le gritó Carla desde la puerta. ¿Cuándo se había movido tan rápido?
-Una posible coincidencia.-Una vez instalados en el coche comenzó a relatarle la información que le había dado Sergio, que no era mucha y luego el silencio cayó sobre ellos.
El teléfono comenzó a sonar cuándo se acercaban al parking y Marco activó el manos libre.
-¡¿Se puede saber dónde estáis?!.-Dijo Sergio como saludo
-Llegando.-Si aquello iba a ser una pelea de gallitos Carla no quería saber nada, apoyó la frente contra el frío cristal
-No sé quién narices es este tío pero solo nos dejan tenerlo aquí por media hora.-dijo Sergio
-Habrá que aprovechar bien el tiempo
-El inspector Gómez está aquí, dice que sea Carla la primera en entrar
-¡Y una mierda!.-Carla se giró hacia él como un resorte
-Inspector Cardone, ¿puede explicarme por qué me quiso traer aquí desde tantos kilómetros para tener una mujer florero?
-Oh, oh.-Dijo Sergio al otro lado

-Estamos abajo.-Dijo Marco deteniendo el coche frente al edificio y saltando del coche a la vez que colgaba.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

CAPITULO 7 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 7. “De ex-novias celosas”

-Marco.-Canturreó Julia. Carla se apresuró a apretar a un más fuerte su antebrazo contra sus ojos, estaba empezando a odiar a esa mujer.
Los Viernes nunca habían sido los días preferidos de Carla pero sin duda aquel iba a ser el peor. Se había despertado a las cinco de la mañana con un dolor de cabeza insoportable y había sido incapaz de volver a dormirse. Por lo que dos horas después se había arrastrado junto a Marco hacia la comisaria y se había auto-desplazado a un pequeño sofá en la esquina más alejada de la planta.
Si de por si esto no fuera una buena razón para empeorar su Viernes Julia no dejaba de caminar de arriba a abajo con unos enormes tacones y corretear detrás de Marco
-Han llegado las pruebas del forense.-Volvió a intentarlo ella. Carla puso los ojos en blanco a la vez que imitaba su voz en susurros
-Eres mucho más divertida cuando estas de mala leche.-Se apresuró a destapar sus ojos. Sergio estaba sentado en una silla junto al sofá y ella ni siquiera se había dado cuenta de su presencia, defintivamente estaba fallando
-Me alegro de ser de entretenimiento para ti.-Dijo ella mordaz
-¿Sabes?, hay algo que no entiendo
-Y supongo que vas a compartirlo conmigo.-Dijo ella volviendo a taparse los ojos
-Por supuesto.-Pudo escuchar la sonrisa en su voz pero Julia volvió a taconear literalmente mientras pasaba a su lado y ella estuvo a punto de tirarle un cojín.-Por lo general se me da muy bien conocer a las personas y tú pareces de las hurañas, de esas que no suelen compartir demasiado de su vida y cuyas conversaciones no suelen durar más de cinco minutos...
-¿A dónde quieres ir a parar?
-Pues que luego no te comportas así
-Solía ser así.-Dijo ella
-¿Y qué te hizo cambiar?
-Probablemente ser patrulla. Cuando tienes que pasar cinco horas en un coche con una persona vigilando una casa en la que probablemente no haya actividad, te entrenas en el arte de la charla.-Sergio soltó una carcajada que mandó una palpitación directa a su ojo
-Así que, ¿cuántos novios has tenido?
-Eres un poco cotilla.-Dijo ella
-Nunca he dicho lo contrario, y más cuándo....
-¿Cuándo qué?
-Cuando estoy ante una novedad.-Esa era la mentira más grande que había oído en toda su carrera profesional, pero ella quería ver a dónde intentaba ir a parar Sergio. No parecía el típico que intentase ligar con ella, pero tampoco alguien demasiado curioso.
-Dos
-¡¿DOS?!, ¿solo dos?.-Ella siseó ante el grito de Sergio y él bajó el tono al instante
-Si, solo dos. Cuando tienes una carrera que llevar adelante hay poco tiempo para nada más
-¡Qué va!, tampoco es tan difícil  Pero bueno no te sientas mal Marco solo ha tenido dos relaciones también
-Oficiales.-Proclamó Julia que evidentemente estaba más pendiente de la conversación entre ambos que de su trabajo.
-¿Se puede saber por qué estás molestando a mi mayor baza con mis temas sentimentales?.-Dijo Marco sentándose en el brazo del sillón a sus pies. Ella estaba a punto de recalcar que no era su mayor baza cuando Sergio la interrumpió
-Bueno intentaba hacerla sentir mejor porque solo ha tenido dos relaciones...
-Sergio, cállate.-El aludido le dedicó una sonrisa ladina antes de levantarse y cederle su asiento a Marco
-¿no mejora?.-Dijo él tendiéndole una pastilla y un café que ella aceptó gustosa.
-Creo que va a peor.-En ese instante Julia trotó hasta la pizarra y Carla le dedicó una mirada furibunda a Marco que provocó su sonrisa
-Julia, ¿podrías bajar al departamento de informática y preguntar para cuándo las imágenes de las cámaras?. Y no vengas hasta que no tengas una respuesta.-Dijo en tono autoritario. Ella se limitó a asentir y marcharse poniendo más énfasis en cada paso que el que debería si quería conservar esos zapatos por mucho tiempo.
Carla sintió cada paso en lo más hondo de su cabeza pero en cuánto abandonó la planta se apresuró a sentarse y tomarse la pastilla
-Gracias.-Dijo ella
-¿Suelen darte mucho?
-¿Los dolores de cabeza?, no mucho aunque creo que es el clima, se aproxima tormenta.-Dijo ella mirando como el cielo se oscurecía por la ventana
-¿cómo es que solo has tenido dos relaciones?, ¿qué paso?.-Ella estaba a punto de contestarle que que le importaba pero al fin y al cabo era solo una conversación casual entre compañeros, ¿verdad?.
-El primero eramos demasiado jóvenes y simplemente no salió bien.-Marco estaba seguro de que ella estaba ocultando mucho más de lo que estaba diciendo.-Y al segundo no le gustó demasiado mi familia
-Carla, ¿hace cuánto no tienes novio?. Según el informe tu familia murió cuándo tu aún ibas a la universidad
-Eres un cotilla.-Dijo ella lanzándole un cojín que aterrizó en su regazo.-Bueno, ¿y qué hay de ti?
-He tenido algunas relaciones que duraron poco la mayoría fracasadas por mi trabajo, y solo he podido tener dos serias.-Dijo él reclinándose hacia atrás.-La primera fue hace cinco años, ella era abogada y yo policía por lo que parecía correcto. Duró dos años y luego simplemente nos dimos cuenta de que nuestra relación parecía más una transacción económica que otra cosa. Y la segunda, fue Julia
-¿En serio?, ¡nunca lo hubiera imaginado!.-El sarcasmo en su voz hizo que Marco se riera, claro que su risa era mucho más profunda y relajaba su dolor de cabeza más que aumentarlo
-Pues si. A ella la trasladaron a nuestro equipo hace dos años y la chispa surgió casi al instante, pero terminamos a mediados del año pasado
-¿Qué pasó?.-Quiso saber ella, por el modo en que se comportaba Julia era evidente que era él quién había roto la relación
-No estoy seguro de servir para eso del compromiso.-Dijo él.-En cuánto siento que el anillo se acerca todo lo bueno se escapa por la ventana y Julia estaba mirando joyerías desde el segundo mes. Por encima de eso, creo que lo nuestro nunca fue amor, de hecho, no estoy seguro de haber estado enamorado alguna vez
-Creo que sé que quieres decir
-Ilumíname.-Dijo él dándole un sorbo a su propio café
-Cuando comparaba lo que tenía en mis relaciones, o lo que sentía por otras personas con otros aspectos de mi vida.-De nuevo ese tono que escondía más de lo que decía.-Nunca me parecía suficiente como para seguir adelante
-Tenéis que ver esto.-Proclamó David saliendo del ascensor con un disquete en alto, Julia le seguía muy de cerca y un poco enfurruñada como si él le hubiese quitado el gran notición.
En cuestión de segundos el equipo rodeaba un ordenador mientras que David activaba un vídeo.
La imagen era de una de las cámaras de seguridad que estaba sobre la entrada trasera, dado que por allí únicamente entraban empleados no era una cámara de tan buena calidad como las otras, y la imagen estaba en blanco y negro, aún así todos pudieron observar como a las cuatro de la mañana la víctima abría la puerta trasera vistiendo únicamente una bata de seda semi abierta y dejaba entrar a un hombre.
Un hombre que volvía a salir dos horas después, esta vez solo
-En ningún momento mira a la cámara, es como si supiera que está ahí.-Dijo David pasando el vídeo por segunda vez a más velocidad hasta detenerse en el fotograma más claro que tenían.
Estaba de espaldas y vestía una gabardina y sombrero oscuro de ala ancha que le tapaba el rostro. Podía estar entre los treinta y los sesenta, alto y de espalda ancha, aunque probablemente menos fuerte que Marco
-Tenemos algo.-Dijo él aliviado
-No es nada.-Protestó Julia.-No se le ve la cara
-Son bastantes cosas.-Concluyó Marco


Esta vez fue Carla la que condujo la camioneta ya que Marco estaba pegado al teléfono gritando ordenes a diestro y siniestro para que sacaran la máxima calidad de la foto y comprobar algunos detalles como si aquel hombre llevaba algún tatuaje, piercings o identificación posible
-¿Aún quieres a Julia?.-Marco se giró hacia ella lo máximo que le permitía el asiento del coche
-¿A qué viene eso?
-Bueno, es evidente que ella te sigue queriendo y me preguntaba si tú a ella también...Pero no importa, no es asunto mío.-Carla volvió a concentrarse en la carretera pero Marco se mantuvo inmóvil
-No, definitivamente no la quiero. Tengo un concepto un poco extraño sobre el amor.-Dijo él pasándose dos dedos por la frente
-¿Cómo de extraño?.-Quiso saber ella
-Mis padres no se quieren.-Dijo él de golpe.-Se llevan bien y consideran que es mejor convivir con alguien que ya conoces que tomar el riesgo de separarse, para cuándo yo fui consciente de todo ellos ya estaban así, por lo que no tengo muy claro que es eso del amor. Todo el mundo habla de ello como si fuera una experiencia maravillosa, algo que un día te atrapa y te mantiene en vilo durante toda tu existencia, yo lo máximo que conseguí fue despertarme un día junto a Julia y darme cuenta de que no tenía ganas de volver a besarla.
-Eso es duro pero yo no creo que sea así, puedes darte cuenta de que tienes a tu lado la persona que siempre has querido y simplemente nunca llegasteis a conoceros lo suficiente como para descubrirlo
-¿Intentas decirme algo?.-Carla parpadeó lentamente a la vez que la sangre se acumulaba en sus mejillas. La risa de Marco estalló dentro del cubículo y ella se estiró para darle un manotazo que él esquivó
-¿En tus relaciones fue así?, ¿lentamente?
-Algo así, en mi primera relación fuimos amigos durante años pero en cuanto empezamos a salir me dí cuenta de que él no me conocía en absoluto y por aquel entonces para mí no era muy fácil abrirme a los demás por lo que terminó fracasando. En la segunda él me entendía mejor que yo misma, por lo que pensé abrirle toda mi vida
-Y le presentaste a tu familia.-Dijo él ante el silencio que se estableció entre ambos
-Si.-Confirmó ella.-No pudo ir peor. Y no creo que nadie que te quiera alejar de los tuyos sea un buen candidato como compañero de vida.
-Estoy seguro de que asustas a los hombres.-Dijo él divertido tecleando un mensaje en su móvil
-¿Por qué?
-De por sí todo el mundo tiene miedo de tener una relación con un policía, los horarios, el pensar que puede no volver, la clase de gente con la que se junta. Si a eso le añadimos el factor de “sé perfectamente cuándo me mientes, no podrás ocultarme nada...”
-¿Te asusto a ti?
-Antes que nada yo nunca tengo nada que ocultar, las cosas son como son en mi vida y no voy a cambiarlas ni a enmascararlas. Si no le cuento algo a la persona con la que estoy será porque considere que es algo aburrido o sin importancia, nunca porque quiera ocultar algo
-Que duro señor Cardone.-Se burló ella
-Y como compañera de trabajo que seas así me da ventaja.-En el momento en el que las palabras salieron de su boca la imagen de Carla alejándose en el club de striptease lo golpeó. ¡Maldito fuera Sergio y las estúpidas ideas que le metía en la cabeza!
-Te has puesto rojo.-Dijo ella
-Sigue conduciendo sabihonda que aún me quedan por llamar a tres comisarías.-Le gruñó él pero mientras marcaba el número de teléfono era incapaz de ocultar la sonrisa en su boca.




miércoles, 4 de septiembre de 2013

CAPITULO 6 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 6. “Golpea fuerte”

Carla se permitió unos segundos para observarse en el espejo del vestuario femenino, Sergio y Marco habían decidido cerrar el día con una buena sesión de gimnasio y la habían invitado a “observar”. ¡Já!, ya les enseñaría ella dónde podían meterse eso de observar
Las mallas negras le llegaban por encima de las rodillas y se adaptaban a su piel con facilidad lo que le permitía moverse libremente, y una camiseta roja de tirantes bajo la cuál llevaba un top negro completaba el conjunto
Para cuándo puso un pie sobre la sala Marco y Sergio estaban dentro del tatami enfrentándose en una mezcla de king-boxing y karate un poco extraña.
Ella se dirigió hacia la cinta de correr para comenzar a sacar sus músculos del letargo en el que se encontraban desde hacía unos días y durante quince minutos consiguió que sus pensamientos vagaran por cualquier tema menos el asesino, hasta que Marco se acercó a su lado.
Llevaba unos pantalones negros de deporte y una camiseta gris de mangas cortas que se adhería a su cuerpo, se había echado el pelo hacía atrás y estaba más guapo que nunca con el color en su rostro.
-¿Te apetece probar en el tatami?.-Dijo él con una sonrisa
-¿Tú contra mí?.-Dijo ella parando la maquina y alcanzando la pequeña botella de agua que aún mantenía el frío
-Claro.-Parecía muy animado y confiado.-Pero tenemos que jugarnos algo.-Ella elevó una ceja interrogante.-Si yo te inmovilizo me cuentas cuándo exactamente me viste por primera vez
-Si yo te inmovilizo... me preparas la cena.-Dijo ella con una enorme sonrisa saltando de la maquina y dirigiéndose con pasos lánguidos hacia el tatami
-¡Esto no me lo pierdo!.-Dijo Sergio alejándose del saco de boxeo y sentándose en una esquina de la colchoneta, estirando los brazos por encima de su cabeza
-Espero que seas bueno cocinando.-Dijo ella colocándose en la esquina
-Sergio serás el arbitro.-Dijo Marco
-Bien chicos.-Dijo Sergio que parecía realmente divertido.-Nada de golpes bajos, ni arañazos, ni mordiscos y... tampoco toqueteos.-Carla puso los ojos en blanco a la vez que colocaba un pie delante de otro apoyando todo su peso en el trasero; una postura propia de la autodefensa, aunque ella realmente no pensaba defenderse sino atacar.
No tenía ningún problema en contarle a Marco cuándo le había visto por primera vez aunque tampoco pensaba contarle que en ese momento pensó que era el hombre más guapo que había visto nunca...
-¡Adelante!.-Gritó Sergio. Marco comenzó a moverse con los brazos frente a su barbilla y comenzaron a dar vueltas a la vez que se iban acercando.
Acababan de dar una vuelta completa cuándo Marco estiró el brazo en un puñetazo demasiado lento, probablemente en un intento de que cada uno se acostumbraran a los movimientos del otro, Carla decidió en ese momento que estaba cansada de juegos.
Se inclinó hacia la izquierda y cerró su mano sobre la muñeca de Marco tirando de él hacia ella a la vez que estiraba la pierna a la altura de sus tobillos, Marco cayó al suelo con un sonido sordo y Carla se apresuró a colocarse frente a él.
-¡Punto para la chica!.-Gritó Sergio. Ella sabía que hubiera sido muy sencillo usar el factor sorpresa, lanzarse sobre él e inmovilizarle pero no iba a dejar que su intento de ser un caballero fuera el final.
Él se levantó en un salto y la miró con ojos entrecerrados, ahora viéndola más cómo una rival que como un entretenimiento. Carla sabía que ganaría de cualquier forma, realmente no era buena luchadora y solía recibir muchos golpes y terminar con más de un moretón pero jamás conseguiría inmovilizarla; su hermano ya se había encargado de hacer de un arte para ella el no dejarse atrapar.
Él se lanzó hacia delante y ella se centró en esquivar su cuerpo pero él alargó el brazo rodándole la cintura y la elevó sobre su hombro. Ella se mantuvo absolutamente quieta, sabía que no la tiraría al suelo aunque su cuerpo ya estaba preparado para ello.
En cambio se puso de rodillas y se inclinó como si estuviera tratando con una pieza de cristal usando su peso contra su estomago para inmovilizarla.
Carla se apresuró a unir sus piernas y doblarlas antes de que él se posara sobre ella de forma que quedaron recogidas a su costado.
-Inmovilizada.-Susurró Marco mirándola con una enorme sonrisa.
-Uno, dos...-Canturreó Sergio. Justo en ese momento Carla dejó que su expresión que hasta ahora comenzaba a ser de preocupación se convirtiera en una sonrisa de auténtico lobo, la tez de Marco empezó a decaer pero ya era demasiado tarde.
Carla se elevó hacia arriba a la vez que golpeaba con fuerza el brazo de Marco a la altura del codo desde dentro y empujaba con las piernas de forma que Marco fue desplazado hacia el lado.
Ella aprovechó para girar y colocarse encima de él, colocó una pierna entre las suyas y sujetó uno de sus brazos con el suyo por encima de su cabeza mientras que presionaba su antebrazo contra su garganta de forma que estuvo totalmente tumbada encima de él
-Inmovilizado.-Dijo ella
-Uno...-Advirtió Sergio. Marco utilizó en brazo libre para empujarle la cadera pero ella compensó su movimiento pegándose aún más a su cuerpo
-Dos.-Marco pasó un brazo entre sus pechos e intentó hacer fuerza; ella apretó más el peso sobre su cuello y finalmente él se rindió
-Tres.-Dijo Sergio. Ella se inclinó hacia delante hasta que sus labios estuvieron contra su oído
-Cuándo empieces a tratarme como si no fuera de cristal tal vez podamos tener una lucha de verdad.-Susurró. Él se mantuvo inmóvil.-Ah y espero que me alimentes bien.-En ese momento se levantó de un salto y chocó los cincos con Sergio antes de dirigirse hacia el vestuario.
Marco se sentó y se agarró las piernas contra el pecho a la vez que se preparaba para aguantar las bromas de Sergio, pero él se limitó a sentarse a su lado con una sonrisa que parecía partirle la cara en dos
-Dilo.-Gruñó él
-¿Yo?.-Sergio le pasó una toalla a la vez que recomponía su expresión divertida.-¿Qué tendría que decir?
-Pensé que ibas a seguir con tu lista de las razones por las que debería lanzarme sobre ella
-Eso ya lo has hecho.-Recalcó Sergio y Marco se limitó a dirigirle una dura mirada
-Ya y solía luchar con Julia muchas veces y no ponías esa cara.-Dijo Marco levantándose de un salto
-Ella no te ganaba nunca.-Dijo Sergio. Marco puso los ojos en blanco a la vez que se dirigía hacia el vestuario pero justo cuándo estaba a punto de entrar escuchó el grito de Sergio que sonó en todo el gimnasio.-Y nunca parecías a punto de explotar los pantalones.-¡Iba a matarle!


Carla estaba sentada en el sofá viendo un anuncio sobre un artículo de la teletienda que ni siquiera terminaba de entender para que servía mientras Marco insultaba por tercera vez a la cacerola caliente que había agarrado
Desde que habían llegado del gimnasio él se había encerrado en la cocina y la había delegado al sofá, así que después de ponerse el pijama y deambular por la casa había terminado viendo la teletienda mientras él amenazaba con asesinar a alguien
-¡Eh, voilá!.-Dijo Marco colocando sobre la barra de la cocina un par de platos de pasta humeante. Carla estuvo a punto de tomarle el pelo porque su gran comida fueran unos espaguetis pero el estomago comenzó a rugirle y aquello tenía un buen olor.
-¿Vino?.-Dijo él sacando una botella del frigorífico
-Te hacía más del tipo cerveza.-Dijo ella subiéndose a uno de los taburetes
-Lo reservo para las cenas con chicas.-Dijo él destapando la botella y sirviendo las dos copas, pero por la forma en que entrecerró los ojos cuándo tomo el primer sorbo ella supo que había sido una mala excusa, Marco era un hombre de vinos
Ella giró el tenedor sobre los espaguetis y se llevó algunos a la boca, al instante el suave sabor de la nata se extendió sobre su lengua con un toque de especias que no supo identificar.
-Por tu gemido tengo que suponer que te ha gustado.-Se burló él. Ella estaba a punto de sacarle el dedo pero se dedicó a rellenar su tenedor. ¡Dios santo, aquello estaba buenísimo!.
-¿Por qué has gastado tu premio con una cena?.-Dijo él, ella tomó un sorbo de vino antes de responder
-¿Sabes hace cuánto no tengo una comisa casera?. Cuándo llego a casa estoy tan cansada que me quedaría dormida antes de cocinar algo, y en mis días libres por lo general visito a la familia y ellos tampoco son mucho de cocinar.-Él asintió y se limitó a conservar la poca información que ella daba
-Así que nada de comida casera a cambio de cariño familiar
-Oh no, lo del cariño familiar es solo un mito.-Dijo ella.-Aunque tú eso ya lo sabrás
-¿Qué quieres decir?
-Bueno, dado el número de hermanos que tienes sabrás que cuando uno se hace policía es como si el resto comenzara a pensar que eres una especie de robot.
-Si, sé de lo que hablas.-No es cómo si él lo echara de menos, en su familia nunca habían sido muy dados a las muestras de afectos por lo que había poco con lo que comparar. Él terminó su plato un par de minutos antes que ella y luego empezó a llenar el lavavajillas.
-Estoy agotada, creo que voy a irme a dormir.-Dijo ella a su espalda
-Está bien, mañana será otro día.-Él no estaba lo suficientemente agotado como para irse a la cama sin tener que estar dando vueltas una hora antes de conciliar el sueño
-Marco.-Ella esperó hasta que él se giró y la miró. Carla seguía estando sentada en el taburete mientras que él estaba de pie por lo que su altura era mucho más imponente.-El día que presenté mi dimisión de la unidad especial el inspector Gómez había estado hablando conmigo e intentado demostrarme que un error no menosprecia el resto de logros pero eso no hizo más que hundirme más, así que dije que mi decisión era irrefutable y fui a recoger mis cosas. La comisaría siempre había sido un lugar triste y algo lúgubre al menos cuándo yo trabajaba allí, así que cuándo escuché risas no pude evitar sentirme atraída como la luciérnaga a la luz.-Marco se mantuvo en silencio mientras ella jugueteaba con sus dedos ensimismada en su recuerdo.-Os vi; erais un equipo nuevo y acababais de resolver un caso, ni siquiera recuerdo a tus compañeros pero tú estabas sentado en un sillón bebiendo cerveza de una taza de café y reías de verdad. Yo estaba absolutamente rodeada de oscuridad y fue bonito verte.-Y antes de que él pudiera reaccionar Carla se bajó del taburete y se dirigió a su cuarto a grandes zancadas.
Marco se quedó allí parado, él ni siquiera recordaba aquel día con claridad, sabía que había sido uno de los primeros casos que habían resuelto como equipo pero no recordaba porqué se reía y mucho menos a Carla, aunque ahora no podía evitar imaginársela como una niña triste escondida detrás de una columna que observa una tienda de caramelos con deseo