miércoles, 28 de agosto de 2013

Capitulo 5 La caja de los secretos


CAPITULO 5. “La tormenta”

Marco estaba bocabajo en el colchón cuándo el teléfono comenzó a sonar, se estiró levemente para alcanzarlo y se lo llevó a la oreja.-Cardone
-Tenemos una víctima Marco.-La voz de Sergio sonaba tan cansada como la suya y de fondo la música era bastante elevada
-¿Dónde?
-Club de striptease Paradyse...
-¿Qué?.-Marco se sentó desorientado en la cama, ¿qué hacía su asesino en un bar de striptease?. Él siempre había pensado que era un amante de lo pulcro y que el hecho de matar a las personas en su cama era como darles un descanso eterno. No sonaba como el asesino que intentaría acabar con prostitutas
-Si, yo tampoco lo creía. ¡QUÉ ALGUIEN BAJE ESA MÚSICA!.-El grito de Sergio le perforó el oído
-Estaré allí en quince minutos, tengo que comprobar que Carla está despierta
-¡Espera!, ¿te has acostado con ella?
-No.-Marco no pudo evitar poner los ojos en blanco.-Duerme en mi casa
-Y dentro de poco en tu cama
-Sergio.-Advirtió él
-¡¿Qué?!. Es guapa, lista y tiene interés en ti.-Marco se restregó el dorso de la mano por los ojos, definitivamente era demasiado temprano para tener esa conversación
-Y Julia me cortaría las bolas si la toco
-Esa mujer debe aprender a aceptar que ya no estáis juntos, ¡diablos, si fue ella la que te dejó!.-Marco estaba a punto de decirle que él sentía la misma indignación ante aquello pero a su compañero se le había olvidado que estaban en un caso de asesinato
-Llegaremos allí en quince minutos.-Y con esto colgó sin dejarle hablar. Arrastró los pies hasta el cuarto de baño de su dormitorio y se mojo la cara con agua, luego se restregó con fiereza las manos húmedas sobre sus brazos consiguiendo despertarse del todo.
Se deslizó unos vaqueros con violencia y una camiseta de manga larga negra y se calzó los zapatos.
Ajustó la pistola a la altura de la cadera y abrió su puerta de golpe. Estaba dispuesto en empezar a golpear la puerta más continua cuando se encontró de frente con la mirada de Carla.
Estaba sentada en uno de los altos taburetes que rodeaban la isleta de la cocina, tenía el pelo alborotado y vestía un camisón celeste que se le había subido mostrando sus piernas finas. Sostenía una taza humeante en una mano y una carpeta de la comisaría en la otra
-Creía que estabas dormida.-Dijo él con la voz ronca. Ella dejó caer lentamente la carpeta en la mesa y observó su expresión con cautela
-Hay otra víctima.-Dijo ella. Cuándo él asintió solemnemente se bajó de un salto y paso a su lado a grandes zancadas.-Me visto y salgo.-Marco aprovechó lo que quedaba del café y lo tomó de un trago justo justo cuando Carla salía vistiendo unos vaqueros claros y una camisa color salmón recogida a la altura de los codos que contrarrestaba contra el fuego de su melena ahora suelta.
-¿Lista?.-Dijo él, ella asintió y le siguió a la camioneta.-¿Qué hacías levantada tan temprano?
-Repasaba el caso.-Dijo ella como toda explicación.-¿Dónde ha sido el crimen?
-En un club de striptease.-Al menos se alegró de ver la misma incredulidad que él había sentido en el rostro de Carla, no era el único que pensaba que su asesino no tenía nada que hacer allí.
Ambos se mantuvieron en sus pensamientos mientras la camioneta viajaba contra el suelo empapado de las calles desiertas hasta que las luces de los coches patrullas comenzaron a ser visibles
-¿Paradyse?.-Dijo ella cuándo se detuvieron en la puerta
-Si, ¿te dice algo?.-Dijo él bajándose del coche
-No, solo intento quedarme con todos los detalles por si en algún momento hay algo que encaje.-Dijo ella siguiéndole por debajo de la linea policial ante algunos pares de ojos curiosos
-¿Qué tenemos?.-Marco se agachó junto a una mujer alta de piel morena que llevaba el pelo negro recogido en una pulcra coleta y que recogía muestras del cádaver
-Mujer, treinta y dos años, trabajaba como vedette aquí aunque no se había dedicado a la prostitución desde hacía años según sus compañeros. Causa de la muerte desangramiento, solo hay dos cosas extrañas...-Justo en ese momento su mirada se elevó encontrándose a Carla que contemplaba todo a su alrededor como una niña en una tienda de caramelos; a pesar de ello Marco estaba seguro de que los escuchaba, Beth elevó una ceja hacía él
-Se llama Carla Molina y va a ayudarme a atrapar al asesino
-¿Una medium?.-Articuló Beth con incredulidad
-No.-Dijo con una sonrisa, algún día debía invitarla en su discusión constante con el inspector Gómez sobre el uso de ese tipo de servicio.-Es una especialista en este tema.-Si Beth iba a preguntar más se contuvo
-Las dos cosas extrañas. Tenía un corte profundo que comienza a la altura de la cadera pero que se detiene en apenas dos centímetros.-Carla centró su atención en ella
-¿Puedes decir si fue antes o después del resto?
-No pero si quieres mi opinión personal fue antes.-Dijo ella. Carla asintió y volvió a clavar su mirada en la pared más cercana
-¿y la otra cosa?.-Insistió él
-Fue amordazada.-Marco se pasó la palma de la mano por el rostro, aquello no encajaba para nada, ni tampoco el lugar...¡Maldita sea!
-¿Por qué?.-Murmuró más para sí que para el resto
-Marco.-Carla se acercó dándole la espalda a las demás personas en la habitación y se puso de puntillas para llegar a su oído
-¿Si?
-¿Alguien ha entrevistado al hombre sentado en el sofá de cuero rojo?.-Él dejó que su mirada vagara de forma desenfocada como si intentase recordar algo respecto a lo que Carla le estaba diciendo hasta llegar al hombre en cuestión. Vestía vaqueros y una camiseta del logo del bar, probablemente el camarero del turno de mañana; era bastante delgado dado que a esas horas no se necesitaba de alguien que protegiera a ninguna de las mujeres del bar, parecía agotado y tal vez un poco nervioso
-No lo sé.-Dijo él girando el rostro para mirarla.-¿Crees que oculta algo?
-Sé que oculta algo.-Recalcó ella, él no pudo evitar sonreír.-Pero recuerda que eso no significa que la haya matado
-No, claro que no.-Dijo él.-Iré a comprobarlo.-Se alejó de forma casual y saludó a Sergio chocando sus manos, intentado parecer lo más relajado posible
-¿Cómo lo llevas?
-Deja que te ayude con los interrogatorios.-Dijo él. Sergio le miró con ojos entrecerrados y Marco movió levemente la cabeza hacía dónde se encontraba el camarero a la vez que se masajeaba el hombro
-Por supuesto.-Sergio cambió su expresión por una amable sonrisa y se acercó hacia el hombre.-Señor Charles mi compañero el inspector Cardone va a tomarle declaración
-¿Inspector?.-Dijo él tendiéndole una mano huesuda que Marco estrechó
-Si, el tipo de asesinato coincide con un asesino en serie que llevamos un tiempo persiguiendo.-Marco le dio unos segundos a la vez que sus labios se abrían en una auténtica “O” y a la vez notó como Carla se deslizaba a su lado
-¿Usted es?.-Dijo el señor Charles hacia ella
-Carla Molina.-Ella se sentó a su lado con sus manos recogidas en su regazo en una postura totalmente relajada.-Dígame señor Charles, ¿cómo definiría a su amiga?.-Él pasó las yemas de los dedos sobre su frente intentando aliviar un dolor inexistente
-Suave.-Él pareció pensarlo una vez más y luego asintió un par de veces.-Si, definitivamente suave
-¿Suave cómo un conejo o un helado de vainilla con almendras caramelizadas?
-Como un conejo.-Concluyó él. Marco estaba a punto de preguntar a dónde iba aquello cuándo Carla volvió a hablar
-Te acostabas con ella.-El hombre se puso colorado y tartamudeó un par de veces antes de poder formar una frase coherente
-¿Por qué piensan eso?.-Dijo él pasando la mirada entre ambos
-Bueno usted es el típico hombre que pasaría desapercibido sin embargo tiene un poco de chulería al estar cerca de las mujeres y está mirando su desnudez de forma familiar, cómo si ya la hubiera visto.-Dijo ella inclinándose levemente hacia atrás.-Lo que me hace pensar que usted un sex symbol o que había visto algunos de sus espectáculos y trabaja aquí por las mañanas por lo que no creo que quisiera quedarse por las noches aunque fuera para verla a ella. Eso me lleva a la conclusión de que mantenían una relación sexual con ella.
-Solo un par de veces.-Dijo él bajando la cabeza
-¿Por qué solo un par de veces?.-Dijo Marco
-No eramos compatibles.-Dijo él
-¿Qué quiere decir que no eran compatibles?.-Dijo esta vez dirigiéndose a Carla
-¿A ella le gustaba...el sexo duro?.-Dijo Carla girándose hacia Charles. Él elevó la mirada brevemente con los ojos bien abiertos pero no dijo nada.-No parece sorprendido por la mordaza ni las ataduras y sinceramente el primer pensamiento de primer persona sería la tortura pero usted no parece asqueado así que creo que ella solía hacer eso, pero a usted no le gustaba porque la veía cómo algo pequeño e inocente, así que por eso solo fueron un par de veces
-Ella venía con tipos grandes y que daban miedo, un par de horas después se marchaban y ella no aparecía hasta por la noche cuándo yo ya estaba a punto de irme y parecía estar a punto de desmayarse
-Lo ha hecho muy bien señor Charles.-Dijo Carla levantándose y dirigiéndose a los pies de la cama. Marco se quedó allí sentado sin saber muy bien que acababa de pasar y luego de hacer un resumen mental de que la chica le gustaba eso de las ataduras y que el señor Charles no parecía demasiado peligroso se movió para reunirse con ella
-¿Significa eso que no es una obra de nuestro asesino?.-Ella tenía la mirada clavada en el cuerpo pero luego se giró para observarle por encima del hombro
-Es él.-Dijo ella.-Pero esta cama no tiene hueco debajo y el armario es con puertas de cristal, por lo que que a ella le gustase algo que le obligaba a darle su confianza fue una enorme ventaja. Sus dientes están clavados en la tela hasta casi atravesarla, parece más un intento de sofocar el dolor que algo placentero.-Dijo ella
-Chicos hay cámaras de seguridad en todas las puertas y nos llevamos las cintas.-Dijo Sergio pasando los brazos por encima de los hombros de ambos
-¿Cómo has venido?.-Dijo Marco
-Me han traído.-La cara de Sergio adquirió una tonalidad rojiza.-¿Puedo irme con vosotros?
-Claro, no tenemos más que hacer aquí. ¿Carla?
-Solo un segundo.-Dijo ella inclinándose sobre el cuerpo y luego sentándose a su lado
-¿Qué hace?.-Le susurró Sergio
-Creo que intenta descubrir dónde se encontraba el asesino.-Dijo Marco observándola cambiar de posición
-Pues viendo los cortes por todos lados tendría que estar colgando de un hilo de su cabeza.-Dijo Sergio distraído  Marco estaba a punto de recomendarle que dejara de tragarse las pelis de misión imposible cuándo Carla se levantó de un salto con una gran sonrisa
-Listo.-Dijo encaminando la salida
-Agrega un trasero diez a la lista de razones por las que deberíais tener algo.-Susurró Sergio, Marco le dio un suave codazo en el estomago pero sus ojos vagaron y...efectivamente era de diez.
Sergio se acopló en el asiento de atrás a pesar de las insistencias de Carla, pero luego colocó la cabeza entre ambos sillones y Carla no estaba segura de si se sentía como una familia con un perro o un niño hiperactivo que no podía callarse jamás
-Colega necesitas un pelado.-Dijo Sergio haciendo honor a su último pensamiento y estirándose para despeinar a Marco que comenzó a gruñir.-No puedes representar a nuestra unidad con estas greñas
-¿Vas a darme tu clases sobre cómo vestir, señor Romeo?.-Dijo Marco deteniéndose frente a un semáforo y tirando de los cordones de la sudadera con el logo de una universidad que Sergio llevaba
-Carla estará totalmente de acuerdo conmigo en que mi look es más caliente que el tuyo.-Dijo Sergio, Marco estaba a punto de girarse y darle una colleja cuando Carla habló
-La verdad es que estabas más guapo con el pelo corto.-En ese momento Sergio y Marco detuvieron su discusión y se giraron para mirarla.-Te vi una vez el año pasado.-Dijo ella notando como la sangre acudía a sus mejillas. Marco enarcó una ceja pero ella trasladó su mirada hacia la ventana dando por finalizada la conversación y el silencio fue permanente hasta que llegaron a comisaría
Y en cuanto pusieron un pie en ella los segundos se convirtieron en minutos y los minutos en horas; Carla fue relegada a un sillón junto a la pared dónde se agrupaban todas las pruebas mientras el resto del equipo se movían por toda la oficina sin parar, ella revisó los primeros casos y anotó en un papel aparte aquellos datos que antes no habían tenido en cuenta o que ella desconocía para pensar sobre ellos más tarde.
Le gustaba estar sola pero no era de las que se quedaban quietas sin más, prefería recorrer un pasillo cien veces hasta que la inspiración llegaba pero allí todo el mundo corría y temía tropezarse con alguien.
Cuatro horas después de que llegaran Marco pasó a su lado a toda velocidad y le tiró un sandwich y una botella de agua con gas, ella estaba a punto de decirle que detestaba esa bebida pero él ya se había ido así que se limitó a apurar su comida y centrarse en los últimos datos que le habían dado sobre el homicidio de aquella mañana.
Si le había quedado alguna duda sobre la pulcrosidad de su asesino estaba confirmada, ni una huella, ni un pelo...nada. Aquello comenzaba a desesperarla y la única pista consiste que tenían era que el gran famoso asesino X.-En esta parte ella no pudo evitar poner los ojos en blanco.-Había mostrado algún tipo de emoción en el primer corte.
Se puso de pie y estiró los brazos por encima de su cabeza, arqueando la espalda hasta que los músculos se quejaron y contemplando el techo blanco de la comisaría comenzó a sentir el mordisco de la impotencia en lo más hondo de su ser...
-¡Carla!.-Sergio trotó hacia su posición con una enorme sonrisa en sus labios que no vaticinaba nada bueno.-Marco y yo vamos a ir al gimnasio a dar unos cuántos golpes, ¿te apuntas?.-Esta vez fue Carla quién dejó que sus labios se curvaran hacia arriba.

-¿Por qué no?.-Aquello iba a ser divertido...

miércoles, 21 de agosto de 2013

Capitulo 4 La caja de los secretos

CAPITULO 4. 
“A veces la calma es mucho más inquietante que el caos”

-¡Que alguien me mate!.-Sollozó Sergio. Marco se tomó esto como la señal de parada y se inclinó hacia atrás a la vez que hundía los dedos en su pelo.-Justo cuándo creía que había empezado a entenderlo va y cambia todo.-Continuó Sergio
-¿Cómo las escoge?.-Dijo Marco. Esa había sido su obsesión desde el principio. Todas habían sido mujeres exceptuando a un hombre, de distinta etnia, religión y color de pelo.
-Probablemente porque se saltaban su código, por eso necesitamos hablar con la familia de nuevo.-Dijo Carla bajando la carpeta que hasta ahora la separaba del resto. Las ojeras comenzaban a ser más marcadas en su rostro y bajo aquella luz sus ojos eran de un ámbar tan claro que parecían miel líquida
-¿Qué es eso del código exactamente?.-Dijo Sergio girándose hacia ella. Marco había estado seguro que él sería el único que no presentaría problemas ante la llegada de Carla, siempre sediento de información o de poder aprender algo.
-Cada psicópata tiene sus propios códigos, códigos que no tienen porque coincidir con los del resto de la humanidad y que definitivamente son los que rigen su comportamiento. Pongamos un ejemplo, tú considerarías que un ladrón merece un castigo, pero un psicópata puede que no. Si su cogido dictamina que alguien que ayuda a una mujer mayor a cruzar la calle merece un castigo, será esa persona la elegida como víctima.
-Es decir, que estamos jodidos.-Dijo Sergio levantándose y colocándose la chaqueta sobre los hombros
-Podría ser peor.-Dijo ella como toda respuesta.-Solo necesitamos reunir a las personas cercanas a la víctima y ver que ideal podían tener en común
-Pero nunca sabremos si alguna de esas personas o todas ayudaban a viejecitas a cruzar la calle, no es algo que se comente a la hora de la comida exactamente.-Dijo Sergio
-Necesitaremos confiar en la suerte.-Dijo ella como toda respuesta, aunque en las últimas horas Marco había aprendido que eso significaba que tenía un as bajo la manga
-Nos vemos mañana.-Dijo Sergio dándoles la espalda. Marco se dedicó a intentar disolver los nudos que se habían formado en sus hombros
-Acabarás por arrepentirte de tu decisión.-Dijo cuándo Carla apoyó la frente contra la mesa notablemente agotada
-Estoy segura de ello.-Él solo había estado intentando bromear pero la seriedad en sus palabras le hizo entornar los ojos
-Sigues pensando que vas a cometer el mismo error.-Adivinó
-Es una de las pocas certeras ahora mismo en mi vida
-No te dejaré hacerlo.-Prometió él. Carla se levantó con paso fluido y fue a rellenar su vaso de plástico con agua fría, intentando esconder su expresión de él
-Me gustaría saber cómo pretendes hacerlo.-Dijo dejándose caer en la encimera y mirándole.-¿Qué harás cuánto te asegure que un hombre que a tus ojos es normal sería capaz de destripar sin pestañear?
-Subestimas mis habilidades.-Dijo intentando sonar ofendido cuándo en realidad estaba divertido por su entrecejo cada vez más fruncido
-¿Has tratado con alguno?
-La verdad es que no estando yo al mando, pero no creo que sea tan distinto de los asesinos que llevo viendo cada día aunque tú digas lo contrario.-Ella se levantó y volvió a sentarse en frente de él, incapaz de mantenerse quieta o tenía la seguridad de que se dormiría.-¿Qué hay de ti?. Tu expediente dice que cerraste muchos casos pero la chulería que a veces se te escapa es propia de alguien que ha dormido bajo el mismo techo que el mismísimo diablo y ha salido ileso.-Ambos rieron solo que ella lo hizo con una crueldad que le heló la sangre
-Será mejor que vayamos a buscarme un hotel antes de que se haga más tarde.-Carla recogió un par de archivos que quería repasar por la mañana.
A diferencia de muchas personas aquel era su momento más lucido del día; de hecho no sería la primera vez que todas las piezas de un caso que les traía de cabeza encajarán acompañadas del café de la mañana. Marco tardó un par de minutos más en recoger y también se llevó consigo algunas carpetas
-Eso no será necesario.-Dijo él cuándo llegaron al ascensor.-Te quedarás en mi casa, tengo una habitación de invitados que no ha sido ocupada desde su construcción.-El tono de él no dejaba lugar a discusiones, claro que ella tampoco tenía intención de hacerlo; ver a Marco acabado de levantar era una experiencia que no iba a perderse en esta vida.


Sabía que debía hablarle de algo, estaban tan cansados que Marco podría quedarse dormido en cualquier momento y terminarían teniendo un accidente; pero en el instante en que su espalda se amoldó a la forma de los asientos del coche todas sus buenas intenciones se escaparon y lo máximo que pudo hacer fue concentrarse en no cerrar los párpados, creyendo que si en algún momento veía que se precipitaban fuera de la carretera encontraría la fuerza para gritar.
Marco por su lado se mantenía concentrado en el efecto relajante de no encontrar tráfico y mantener la mente lejos de un asesino
-¿Hace cuánto no duermes?.-Carla había comenzado a dar cabezadas hacía un rato y estaba seguro de qué en una de esas acabaría por romperse el cuello si continuaba así
-Dormí dos horas hace veinticuatro.-Dijo ella soñolienta
-Eso fue hace mucho tiempo.-Dijo él bajando la calefacción un par de grados disimuladamente
-He estado despierta mucho más tiempo pero volar me agota.-Sus parpados ahora se mantenían abiertos aunque miraba las luces de las farolas con aire distraído
-¿Y por qué has estado despierta?
-Fui a visitar a mi familia
-Tu informe dice que tus padres y tu hermano murieron hace años.-Las palabras salieron de su boca antes de que tuviera tiempo de pensarlo. Había observado que Carla se tensaba cada vez que hablaba sobre su informe y había estado tratando de evitarlo pero se había escapado de su boca
-No todo aquel que lleva tu sangre es tu familia al igual que aquel que no la lleva puede serlo.-Al menos ella no parecía enfadada, solo incomoda. Marco giró el coche a la derecha y de repente todo el camino se volvió de tierra. Sus vecinos ya estaban acostados hacía mucho ya que la mayoría eran mayores de ochenta años por lo que su casa tenía un aspecto bastante tétrico.
Apagó el motor y se bajó de un salto, para cuándo había rodeado la parte frontal Carla estaba parada junto a la puerta y parpadeaba torpemente
-Ven, por aquí.-Dijo él apoyando una mano en su espalda y guiándola. Había recorrido ese camino tantas veces a oscuras que podía distinguir hasta el más mínimo cambio en las sombras.
Para cuando llegaron al primer escalón Carla estaba totalmente dejada caer en su cuerpo y a pesar de que pesaba muchísimo menos de lo que esperaba tropezaron un par de veces hasta que llegaron a la puerta. Marco tuvo que luchar por encontrar la llave en los bolsillos a la vez que la sujetaba en su sitio
-Carla, despierta.-Dijo intentando que volviera a moverse pero ella parecía estar en trance. Al final optó por la opción más sencilla y la cargó entre sus brazos.
Avanzó con ella por la casa a oscuras intentando no despertarla, la habitación de invitados estaba justo en frente de la suya y ese era otro camino que conocía a ciegas.
Sostuvo el cuerpo de Carla contra el suyo mientras intentaba tirar de la colcha con otra mano y luego la depositó en la cama, se agachó para quitarle los zapatos y la tapó.
Carla se removió en sueños y él se inclinó para darle un beso en la frente antes de preguntarse qué estaba haciendo. Ella olía a fresas, pero no tan meloso como para ser una colonia, más bien un champú o un gel.
-Buenas noches Carla.-Susurró. Ella dijo algo inentendible y luego se giró para quedar bocabajo. Marco tuvo que taparse la boca para ahogar una carcajada y salió de la habitación, aún le quedaban un par de horas para repasar el caso...




miércoles, 14 de agosto de 2013

Capitulo 3 la caja de los secretos


CAPITULO 3.- “Presentaciones”

-¿Quieres que te ponga al día sobre el caso antes de que lleguemos?.-Marco observó con ojos entrecerrados a Carla, ambos habían inclinado el sillón del avión hacia atrás y habían comenzado a hablar en susurros hacía media hora. Era evidente que ambos necesitaban descansar durante unas cuantas horas pero ahí afuera había un asesino que iba a matar y pronto.
-El primer asesinato que se le atribuye fue hace doce años así que estamos ante alguien muy precoz o alguien que tiene más de treinta y dos años. Nadie sabe si es hombre o mujer aunque dado la fuerza que se requiere para reducir a una persona que acaba de ver como sus pesadillas se personifican frente a ella estamos ante un hombre o una mujer con bastante fuerza. No tenemos fotos ni imágenes, y sabemos que tiene experiencia médica.-Carla se obligó a no pestañear mientras hablaba o estaba segura de que se quedaría dormida, llevaba dos noches seguidas de guardia y se suponía que ese día saldría antes de la hora de comer y se quedaría en la cama hasta bien entrada la noche.
-Espera, ¿experiencia médica?. Nadie ha dicho eso
-Es una conclusión propia.-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Y te importaría compartir más de esa conclusión propia?.-Marco sintió como el sueño se retiraba a la parte más honda de su ser, siempre le pasaba lo mismo cuándo estaba frente alguna pista o simplemente ante la sensación de avanzar.
-Tercer caso. Marilyn Andoa.-Ella comprobó como sus ojos se movían apenas unos segundos antes de quedarse fijos de nuevo en ella
-Si, nadie estaba seguro de que fuera un caso de nuestro asesino
-Porque las heridas se realizaron post-mortem y la causa de la muerte es un golpe en la sien en vez de desangramiento como en los otros casos.
-Si conozco los detalles, ¿pero qué te hace pensar que nuestro asesino tiene conocimientos médicos?
-Marilyn Andoa había tenido una carrera prometedora como boxeadora hasta los veinte años dónde se dislocó un hombro que no curó bien y desde entonces había pasado a ser una secretaria de un buffet de abogados. Ella tenía más fuerza de la que él esperaba, no consiguió controlarla, y él supo exactamente dónde tenía que dar el golpe para asesinarla antes de que le arañara o se hiciera con su ADN. Sólo hubo un golpe y fin.-Marco desvió su mirada hasta el respaldo del asiento frente a él intentándo pensar con claridad. Ninguno le había hecho demasiado caso a ese asesinato en concreto ya que cómo había dicho antes todos pensaban que no pertenecía a la persona que buscaban pero ahora ya no estaba tan seguro.-Además indicaría que no tiene un trato demasiado directo con sus víctimas, Marilyn se encargó de que retiraran de internet cualquier información sobre su pasado, y ella tampoco se lo había contado
-De ser cierto podríamos estar hablando de alguien que trate a diario con personas, incluso con niños
-O simplemente de alguien que hizo un cursillo hace años y que dirige un banco.-El anuncio del piloto de que estaban a punto de aterrizar cortó su conversación.
Marco contuvo una sonrisa cuando Carla clavó los dedos en el reposabrazos hasta que los nudillos se le pusieron blancos. La mujer a su lado le tenía pánico a volar y sin embargo la única debilidad que había mostrado había sido aquella, ni siquiera su expresión había cambiado o su conversación se había detenido cuándo él inconsciente de ello le había hablado al despegar.
-¿Estas bien?.-Ella le dedicó una mirada rápida y luego recogió sus manos hacia su regazo, totalmente relajada.
-Claro.-Como buen detective no podía dejar de investigar y en su cabeza brotó la idea de que aquella mujer no soportaba tener una debilidad antes de que fuera consciente de ello.
El avión aterrizo con un incómodo salto pero ella no se inmutó, y él se sentía intrigado a cada segundo que pasaba.
Marco se apresuró a recoger la pequeña maleta que ella llevaba y a salir del avión, la brisa fresca fue totalmente bienvenida después del infierno que había pasado.
Andaron hasta el aparcamiento dónde Marco había dejado su coche esa misma mañana, a pesar de que Carla no era especialmente bajita él tuvo que ayudarla a subirse en la camioneta negra tomándola de la cintura y para su sorpresa ella pesaba muy poco.
Apenas habían salido del aparcamiento cuando las tripas de Carla emitieron un rugido que resonó en el silencio de la cabina, Marco observó de reojo como la sangre acudía veloz a su rostro, y contuvo su risa.
Giró dos calles antes de llegar a la comisaría para detenerse justo en frente de la cafetería que los policías solían visitar; de aspecto rústico bastante parecido a una cabaña con un porche de tejas rojizas y una fila de coches oficiales
-No dejes que el aspecto te engañe, hacen los mejores desayunos del mundo.-Dijo él bajándose y rodeando el coche para ayudarla pero ella saltó agilmente al suelo
-Eso ya lo veremos.-Dijo ella al pasar a su lado cuándo él le sostuvo la puerta abierta. Definitivamente la había traído a la guarida de los policías  pensó Carla en cuanto puso un pie dentro. Ella no había sido nunca demasiado habladora, siempre midiendo cada palabra porque pudieran ser utilizadas en su contra, pero con Marco estaba haciendo un esfuerzo, uno realmente grande; aunque él respondiera a cada pregunta con un tajante si o no, pero claro había imaginado que durante el desayuno podrían mantener una conversación relajada y fluida.... Ilusa...
-Cardone, ven a sentarte con nosotros.-Dijo un hombre vestido de uniforme, bien entrado en los sesenta y que se sentaba en un taburete junto a la barra.
-¿Te apetece?
-Claro...-Se ve que aquel hombre no entendía una ironía, estaba a punto de decírselo pero él ya avanzaba a grandes zancadas hacia la barra
-¿Qué quieres ricura?.-Dijo una camarera regordeta y con el pelo gris bajo una rejilla, tenía una cara bastante agradable aunque dado el modo en el que hacia girar la cuchara de palo entre sus dedos le hacía pensar a Carla que en el caso de que alguien se pusiera demasiado tonto ella sería quién le desalojaría
-Café solo y tostadas.-Dijo ella intentando ser agradable por encima del hambre voraz que soportaba
-Para mí lo de siempre.-Dijo Marco
-Cardone, ¿quién es la preciosidad a tu lado?, dime que has decidido sentar cabeza.-Gritó una voz desde el fondo del bar
-La preciosidad a mi lado estoy seguro de que sería capaz de patear tu culo antes de que parpadees O'Conell.-Marco se giró hacia ella con una sonrisa y susurrando.-Y bien, ¿serías capaz, verdad?
-¿Quieres probar?.-Dijo ella elevando una ceja
-No, aún me fío de mi instinto.-Dijo él recibiendo con una enorme sonrisa su plato con un huevo, salchichas y una tostada algo quemada. Y a partir de ese instante se giró para conversar con el resto de policías dándole la espalda.
Ella contempló su reflejo en la superficie del café, se sentía estúpida por estar decepcionada. Ella no quería su atención, no quería que le demostrase que era tan asombroso como lo había parecido hacia un año, y tampoco que fuera todo lo contrario y rompiera aquella imagen platónica que la había acompañado en sus días más grises
-Cariño no le hagas caso, es un hombre y en su minúscula cabecita creen que solo los hombres pueden entender el lenguaje que hablan. ¿Por qué te crees que las mujeres que trabajan en la comisaría nunca pasan por aquí?.-Dijo la camarera deteniéndose frente a ella
-No me importa.-Mintió, ella le sonrío como si acabase de decir que el cielo era amarillo
-Y dime, ¿qué haces aquí?. Dado que vistes una camisa remangada y Marco está de mal humor supongo que venís de un sitio cálido
-Se supone que vengo a cazar a un malo malísimo.-Dijo ella poniendo los ojos en blanco. Estaba acostumbrada a ser relegada a las sombras, siempre dónde nadie pudiera verla y controlando todo, pero había pensado que una vez acabada su carrera y teniendo un trabajo eso cambiaría
-Seguro que lo harás.-Dijo ella poniendo una mano sobre la suya en un gesto maternal. Carla elevó la mirada, ahora algo desenfocada, había sido la dulzura de aquel tacto...
-¿Preparada para marcharnos?.-Dijo él mirándola por encima de su hombro. Carla se acabó el café de un trago, que le quemó la garganta en su descenso y luego se dirigió hacia la puerta sin decir ni una palabra.
Esta vez él no tuvo que ayudarla a subirse, se sentía lo suficientemente molesta como para tener fuerzas para hacerlo
-¿Por qué te has enfadado?.-Dijo él una vez que estuvieron en la circulación
-No estoy enfadada.-Dijo ella. Marco la contempló por un segundo, su mirada era serena e incluso había una pequeña sonrisa bailando en sus labios lo que le hacía pensar que decía la verdad pero hacía tan solo un segundo él había visto la rabia en su forma de andar
-Debería haberte presentado, lo siento, no estoy muy acostumbrado a ir acompañado y mucho menos a preocuparme por los sentimientos de alguien.-Carla clavó la vista al frente y no se movió hasta que él hubo aparcado.
Tampoco habló cuando entraron en la comisaría o subieron en el ascensor, pero ya no parecía enfadada, simplemente pensativa respecto a algo que no tenía intención de compartir.
Lo primero que Marco vio nada más que las puertas del ascensor se abrieron fue una pelota de goma azul yendo directamente hacia su cara, apenas había tenido tiempo de pensar en elevar el brazo para cubrirse el rostro cuando una mano de uñas brillantes la atrapó sin esfuerzo.
-Lo siento jefe.-Dijo David entrando corriendo en el rellano. Tenía veintiséis años, afroamericano y el último en entrar en el grupo.-¿La hemos golpeado señorita?, lo siento muchísimo.-Dijo él en tono conciliador. Carla contempló con admiración sus enormes ojos oscuros rodeados por pestañas que serían la envidia de cualquier mujer, él dejó caer los párpados en un gesto que de seguro le había librado de algún que otro problema, o incluso le había servido para tener compañía nocturna.
Carla le tendió la pelota que él agarró pasando la yema de sus dedos por su palma en un gesto casual pero que tenía intereses mucho más oscuros
-David.-Gruñó Marco a sus espaldas. Carla sonrió para sí misma, ella sabía que aquel hombre perdería todo el interés en cuestión de media hora, así que no le importaba que intentara seducirla tanto como quisiera
-Lo siento de nuevo.-Dijo él elevando las manos en señal de rendición y volviendo por dónde había venido
-Perdónale, es un buen trabajador pero a menudo me recuerda a un conejo en celo con tanto juego
-¿Envidioso de sus habilidades para jugar inspector?.-Dijo ella mirándole con una sonrisa escondida en las comisuras de sus labios. Marco pareció sorprendido por unos segundos pero luego la malicia brilló en sus ojos antes de agacharse levemente para estar junto a su oído
-No es jugar si uno sabe que va a ganar.-Dijo dejando que su aliento le rozara el cuello enviando escalofríos por todo su cuerpo. Antes de que Marco se hubiera enderezado del todo ella ya había comenzado a andar con paso firme.
Él tuvo que contener una sonrisa mientras la seguía, aquella mujer era especial. Más especial que cualquier persona que nunca hubiera conocido, y eso solo le hacía desear empezar a correr en dirección contraria, si había comenzado a pensar eso en tan solo unas cuántas horas no quería imaginar que sucedería después de un mes...Admiración, es solo admiración, se dijo a sí mismo.
-Nuestro equipo.-Dijo deteniéndose delante de la enorme mesa de madera oscura ocupada por tres personas que parecían al borde de la locura.-A David ya lo conoces.-El aludido le dedicó una sonrisa de dientes brillantes.-Esta es Julia.-Ella era un poco mayor que ambos pero se conservaba bastante bien, mediría un metro sesenta aunque era difícil distinguirlo ya que estaba sentada, de tez blanquecina y pelo negro, vestía con una camisa blanca abotonada hasta arriba y unos pantalones de vestir grises. Ella le dedicó una sonrisa helada antes de volver a los papeles en la mesa.-Y por último Sergio.-La camaradería entre Marco y ese hombre fue evidente en cuestión de segundos. También era un par de años mayor que ellos, pero su rostro era redondo de despiertos ojos celestes y pecas repartidas estrategicamente por sus pómulos que le daban un aspecto muy aniñado.
-Encantado.-Le dijo él con un asentimiento de cabeza.
-Ella es Carla Molina, viene a ayudarnos con el caso.-Los tres pares de ojos se clavaron en ella con tan diversas expresiones que no supo a cuál responder
-¿Y cómo exactamente va a ayudarnos?.-Dijo David, ¡¿aquel hombre podía decir algo sin que sonara lascivo?!
-Está especializada en este tipo de caso
-Creí que no había nadie más preparado que tú.-El veneno fue evidente en las palabras de Julia a la vez que pasaba la mirada de uno a otro
-Creo que exagera al decir que soy la persona más preparada, yo solo pretendo aconsejar desde la experiencia de mis antiguos trabajos.-Dijo Carla elevando levemente la barbilla en un gesto inconsciente
-No estoy dispuesta a aguantar la última adquisición de Marco en esta oficina retrasándonos el trabajo con sus revolcones.-Julia se puso de pie arrastrando la silla. Marco estaba a punto de acabar aquella tontería cuándo Carla puso ambas palmas en la mesa inclinándose hacia delante
-Eres tú la que estás dejando que tus sentimientos, o más bien tus ganas de un revolcón sean las que nos estén retrasando, porque si hubieras dejado eso fuera ahora sabrías que llevo más de treinta casos sobre psicópatas cerrados.-Sergio se tapó la boca con la mano en un intento de ocultar su risa pero las arrugas alrededor de su nariz le traicionaron. Carla mantuvo sus ojos fijados en el rostro de Julia que iba adquiriéndo un color rojizo debido más a la rabia que a la vergüenza, nunca le había gustado presumir sobre sus logros, porque había tenido tantos errores como logros, algunos más importantes que otros, pero aquella mujer había conseguido sacarla de sus casillas en cuestión de segundos.
-Esperemos que estés a la altura.-Dijo ella dando un respingo y marchándose.
-Lo siento.-Dijo Carla mirando directamente a Marco que ahora observaba la puerta por la que Julia había salido, y justo en ese instante lo supo; ellos estaban juntos.
-¿Así que, eres poli?.-Dijo David inclinándose hacia atrás.-No lo pareces
-¿Por qué?
-Bueno, no eres....-Extrañamente la sangre acudió a su rostro y comenzó a tartamudear
-Corpulenta.-Terminó Sergio por él
-Julia tampoco.-Apuntó ella
-Julia no sería capaz de tumbar a un hombre de cien kilos y desquiciado.-Dijo él
-Has leído mi expediente.-No sabía porqué le molestaba, sabía que iba a estar en el punto de mira siempre y aún así no pudo evitar la punzada de molestia en la nuca.
-Estoy impresionado.-Sergio era un hombre extraño. Ni su tono ni sus expresiones delataban ninguna emoción, y sin embargo seguía teniendo aquel rostro aniñado que te hacía pensar que se iluminaría frente a un caramelo.-Será interesante tenerte por aquí.-Dijo él levantándose y dirigiéndose a la enorme pizarra que había al fondo de la habitación.

-JULIA-

miércoles, 7 de agosto de 2013

La caja de los secretos capitulo 2

CAPITULO 2.- “El miedo siempre es una opción”


Marco entrecerró los ojos cuándo la oleada de calor lo golpeó nada más poner un pie fuera del avión, no había tenido tiempo de cambiarse por lo que aún vestía unos pantalones grises y una camisa de manga larga negra, eso sin olvidar la chaqueta.
Durante el trayecto había tenido tiempo de dormir un poco y buscar el expediente sobre Carla Molina.
Tenía treinta y dos años, hija de madre irlandesa y padre español. Su madre murió durante el parto de su hermano menor; éste último y su padre lo hicieron más tarde en un incendio.
Había tenido una carrera prometedora que la había llevado a entrar en el equipo especial para asesinos en serie, durante los tres años que trabajó allí cerró casi todos los casos que se habían planteado.
Marco había conseguido enterarse de que había sido ese “problema” que la había hecho retirarse; habían perseguido a un asesino en serie por meses hasta que él cometió un error y consiguieron una dirección. En su casa había un chico de dieciocho años que había asegurado que él no sabía de que hablaban y que le habían pagado para estar allí.
Carla había asegurado que presentaba un patrón de psicopatía parecido al del asesino que buscaban y cuando la alta esfera los habían presionado para tomar una decisión, ella había afirmado que era el asesino.
Dos días después del traslado del chico a la cárcel había sido brutalmente atacado por el verdadero asesino que se había infiltrado en forma de carcelero y que había terminado por ser reducido.
El chico murió y Carla presentó su renuncia de forma inmediata; se trasladó y pidió un puesto mucho más inferior. Después de ésto la unidad dejó de resolver casos y finalmente se disolvió.
Marco se detuvo para comprar un café helado en el bar del aeropuerto y unas gafas de sol en la tienda de recuerdos, luego emprendió el camino hacia la comisaría cuya dirección incluía la ficha de Carla Molina.
Ahora que entendía cuál es el “problema” había estado pensando un discurso para hacerla volver, que incluía un confío plenamente en tus capacidades y errar una vez no indica que vas a hacerlo siempre.
En apenas dos manzanas comenzó a vislumbrar las banderas en la puerta solo para darse cuenta de que no tenía la más remota idea de cómo era Carla Molina ya que por extraño que pareciera el expediente no contaba con una foto. En la cancela externa había un policía vestido de uniforme al que preguntó y con una extraña sonrisa le indicó que subiera a la segunda planta.
Allí dentro el aire acondicionado estaba a toda potencia lo que le permitió relajarse por un momento mientras cogía el ascensor con dos detectives cuyos nombres le sonaban pero que sabían mucho sobre su carrera por lo que tuvo que fingir que él también conocía las suyas cuándo en realidad no era así.
Estaban comenzando a alcanzar el segundo piso cuándo los gritos se filtraron a través de las puertas y los dos hombres se llevaron las manos a la cadera dónde guardaban el arma.
Las puertas se deslizaron lentamente y Marco se encontró al final de un estrecho pasillo por el que corría un hombre que rozaba los dos metros y con músculos del tamaño de su cabeza sobresaliendo por debajo de su camiseta. Llevaba un pañuelo rojo tapándole el pelo y una esposa suelta en una mano lo que indicaba que se acababa de escapar.
-Deténgase.-Gritaron los dos hombres a su lado desenfundado las pistolas y apuntando. Marco estaba a punto de hacer lo mismo cuando una mujer apareció de una puerta lateral y con una simple llave hizo caer al hombre al suelo con sonoro estruendo.
Marco contempló absorto como la mujer se arrodillaba sobre él y volvía a colocarle las esposas sin ningún esfuerzo. 
Debía medir un metro sesenta y cinco como mucho, tenía un cuerpo bien definido aunque sin llegar a ser musculoso  y el pelo rojo como el fuego recogido en una pulcra coleta.
-Muy bien Molina.-Dijeron los inspectores a su lado. Marco tuvo que apresurarse a salir cuándo las puertas ya habían comenzado a cerrarse
El hombre que estaba en el suelo gimoteaba de una forma poco masculina ya que su nariz había golpeado directamente contra el suelo, los dos detectives lo levantaron con esfuerzo y lo llevaron de vuelta a la sala de dónde debía haber salido.
-¿Carla Molina?.-Marco dio un paso hacia delante y la mujer clavo sus ojos miel en él.-Soy Marco Cardone, ¿podría dedicarme un momento de su tiempo?
-Si, acompáñeme -Dijo indicándole la pequeña cafetería que habían instalado en la comisaría. En la isleta del centro descansaba una taza humeante que delataba lo que había estado haciendo ella.
-¿Café?.-Dijo ella, extrañamente no parecía tener curiosidad por su presencia allí
-Por favor.-Carla le dio la espalda para prepararle el café totalmente agradecida por la distancia entre ambos. Marco Cardone siempre había sido su debilidad; de un metro noventa, pelo dorado y piel tostada, aunque en aquel tiempo había dejado de ser esbelto para ser...imponente. Le había visto por primera vez hacia un año, ella había estado destrozada y él tenía una sonrisa deslumbrante que ahora había desaparecido.
Estaba segura de que aunque ella hubiera estado en su mejor momento no se habría acercado a él, pero tal vez habría tenido alguna oportunidad para intercambiar más de una mirada pero ella se había retirado y se había dedicado a seguir su carrera desde la distancia y ahora él estaba aquí, todo poder masculino y entereza.
-¿Solo?.-Dijo ella observándole sobre su hombro. Él se había sentado en un taburete y la contemplaba con ojos entrecerrados probablemente memorizando cada uno de sus movimientos.
Ella no sabía que había hecho para que él viniera hasta allí pero sólo estaba dispuesta a estar agradecida. Él asintió y ella se sentó en el taburete junto al suyo dejando la taza en la mesa
-Siento no haberla podido avisar antes pero tomé la decisión anoche y cogí un avión de inmediato.-Ella asintió una sola vez.-Necesito que me ayude en un caso.-Y ahí estaba, el cambio de expresión fue tan radical que Marco pensó ahora parecía un robot más que un ser humano.
-Eso no es posible.-Dijo ella tomándo un sorbo de su café
-El inspector Gómez dijo que usted podría resolver mi caso
-El inspector Gómez me sobrevalora
-Lo dudo mucho.-Marco sonrió internamente, si ella pensaba que era testaruda acababa de encontrarse de frente con alguien que la superaría con creces.-Los psicólogos lo han clasificado de psicopatía
-No voy a dejar mi trabajo.-Dijo ella frunciendo el ceño
-Que cometiera un error no implica que vaya a volver a hacerlo, no dejaré que lo haga.-El hielo cubrió su expresión y él sabía que cada vez estaba más lejos de conseguir lo que quería.
-He dicho no.-Marco contempló como se levantaba y literalmente tiraba la taza al fregadero. La tensión en sus hombros era tan evidente, así cómo el porte casi militar que la rodeaba
-De algún modo u otro conoce las casas de sus víctimas.-Él observó cómo emprendía el paso hacia la salida.-Las espera debajo de la cama.-Sus movimientos se hicieron más lentos y él se agarró a ello.-Observa su rutina nocturna, todas las víctimas están tranquilas, se sienten en su ambiente y tienen la seguridad de que están a salvos y justo cuándo están a punto de alcanzar el sueño él sale y ….
-¡PARE!.-Se giró hacia él con la furia dibujada en su rostro aunque Marco no estaba seguro de hacia quién iba dirigida.-Sé perfectamente quién es el asesino X.-Su nariz se arrugó levemente y Marco sospechó que a ella también le parecía patético aquel nombre
-¿Y va a ayudarme?.-Dijo él.-El inspector Gómez dijo que en un mes podría saber quién es
-Cómo le dije antes el señor Gómez me sobrevalora.-Marco esperó con paciencia, había visitado a todas y cada una de las familias, el dolor era insoportable y les debía ésto, les debía dejarse la piel para que la persona que podía ayudarles comprendiera la relevancia de ello.
-¿Un mes?.-Volvió a insistir.-Si después de eso no tenemos nada la dejaré volver
-Mi participación no será decisiva, me dedicaré a oír, observar y opinar pero si pienso que alguien puede ser el asesino estudiará la posibilidad un poco antes de saltar sobre él.-Marco entendía su inquetidud pero si realmente pensaba que él no iba a lanzarse sobre el primer sospechoso que encontrarán no podía estar más equivocada, aunque ella no tenía porque saberlo
-Está bien.-Le tendió la mano y ella la agarró con más fuerza de la que él esperaba que tuviera.
-Molina.-Dijo uno de los inspectores que le habían acompañado en el ascensor y del cuál no recordaba el nombre.-Ha llamado Gómez y el jefe te ha dado vía libre para irte.-Ella le lanzó una mirada envenenada y Marco tuvo que esconder su sonrisa detrás de la palma de su mano.
-¿Cuándo te marchas?.-Dijo Carla. Marco consultó el reloj, cuánto antes estuviera allí mejor pero no quería presionarla
-¿Cuánto tiempo necesitas?
-Una hora.-Ella comenzó a andar a grandes zancadas y luego se detuvo en la puerta.-¿Me acompañas?.-Marco se apresuró a bajarse del taburete.
Ella escogió una pequeña caja de cartón bajo su escritorio y metió un par de carpetas que él no llegó a vislumbrar, luego sin dirigirle palabra le guió fuera del edificio.
Marco estaba a punto de preguntar a dónde iban después de haber andado dos manzanas sin que ella dijera nada cuándo se detuvo tan abruptamente que él estuvo a punto de chocar con ella.
Elevó su mirada al cielo para comprobar que estaban frente a un motel.-¿Qué hacemos aquí?.-Ella le miró con una sonrisa que ya sospechaba era mala señal.
-Vivo aquí.-Él no podía estar más atontado mientras la seguía dentro. El recepcionista la saludó con un asentimiento y para demostrar su frase él no tuvo que darle llave de una habitación.
-¿Por qué vives aquí?.-Dijo Marco cuándo se montaron en el ascensor.
-La mayoría de las veces como en la comisaría, me mantienen la casa limpia y aceptan que llegue a cualquier hora.-Dijo ella encogiéndose de hombros
-Pero no se parece en nada a un hogar o algo así.-Dijo él observando el pasillo de maqueta mugrienta. No es que él tuviera una casa muy acogedora pero al menos era más personal que aquello.
-Nunca he tenido un hogar o algo así.-Marco había conocido a cientos de personas que dirían aquella frase para obtener algún tipo de reconocimiento o pena por parte de él pero fue la naturalidad con la que ella lo dijo lo que le dejo fuera de juego
Ella sacó unas llaves pequeñas de su bolsillo y entró en la habitación “305”, y dado que dejó la puerta abierta él se apresuró a seguirla.
Ya sospechaba que su “casa” no tendría cocina, ni un salón pero al menos esperaba que fuera mayor que una habitación individual de hotel con un cuarto de baño mínimo y que la mayor parte del espacio estuviera ocupado por cajas sin abrir.
Estaba comenzando a sospechar que el inspector Gómez le había mandado a conocer a una psicópata cuando ella le miró con una sonrisa en el rostro adivinando sus pensamientos.-Me acabo de mudar, antes vivía en otro hotel pero estaba más lejos y he tenido tanto trabajo que aún no he podido adaptar mis cosas.
-No estaba pensando nada.-Dijo él pero ella ya estaba sacando una maleta de debajo de la cama.
-¿Nos vamos?
-¿Ya?.-Dijo él asombrado.-¿No tienes que coger nada más, unas planchas, algo de maquillaje...?.-Ella enarcó una ceja a modo de respuesta.-Tengo dos hermanas y sé que una mujer tarda más de dos minutos en hacer la maleta para un mes fuera de casa

-Soy una mujer.-Esta vez fue su turno para enarcar ambas cejas.-Y esta vez solo he tardado dos minutos y vámonos antes de que me posea el espíritu femenino.-Dijo haciendo una vaga imitación de un fantasma


Carla Molina