miércoles, 31 de julio de 2013

La caja de los secretos capitulo 1

CAPITULO 1.- “De entre los genios, usted es el más brillante”

Marco se inclinó hacia atrás cruzando los tobillos sobre el escritorio repleto de papeles y con una taza de café que comenzaba a ponerse frío.
Sus ojos vagaron de forma involuntaria a la pizarra que había a unos pocos metros, alguien había pensado que colocar las pistas en forma de X tenía algún tipo de gracia.
Bufó mientras se levantaba y posicionaba cada fotografía o post-it en un orden mucho más claro y luego se alejo veintisiete pasos hacia atrás, una manía extraña pero que a menudo daba resultados.
Esta vez lo máximo que consiguió fue que su dolor de cabeza aumentara; llevaba veintitrés horas despierto y sabía que en ese estado no iba a avanzar nada pero temía que para cuándo él despertara una nueva víctima le estuviera esperando.
-Cardone.-Dijo una voz ronca a su espalda. El inspector se colocó a su lado y ambos contemplaron la pizarra con ojos entrecerrados
-Inspector.-Juan Gómez tenía cincuenta y ocho años y tenía la carrera más exitosa en un radio de mil kilómetros. Marco había perdido la cuenta de los asesinos que había detenido cuándo ésta iba por ciento cincuenta, pero a un par de años de jubilarse había sufrido un infarto y había sido relegado a una gran montaña de papeleo.
El hombre se conservaba bastante bien, apenas una palma más bajo que él, delgado y con el pelo canoso debido más a los disgustos que a la edad.
-¿Cómo va el caso?
-Podría ir peor.-En el lenguaje de Marco aquello implicaba que iba cuesta abajo y sin frenos.
-¿Qué ha dicho el psicólogo que iban a consultar?.-El inspector Gómez se sentó sobre el filo de su mesa y olisqueó con desagrado la taza de café
-Psicópata de libro.-Dijo él como toda respuesta. Marco había tenido casos difíciles y no era la primera vez que se enfrentaba a un asesino en serie pero esta vez no tenían absolutamente ningún dato sobre él, ni un dibujo robot, ni la edad, de hecho ni siquiera estaban completamente seguros de que fuera hombre. Por esta razón le habían apodado el asesino X; a él lo de los nombres le parecía una pérdida de tiempo aunque reconocía que era mucho más efectivo y alentador que referirse a él cómo el tipo del que no sabían absolutamente nada y que continuaba asesinando cada día con un patrón incoherente
-Creo que deberías consultar a alguien.-Marco dio un paso más cerca de la pizarra pero todos sus sentidos estaban puestos en el hombre junto a él.
-¿A qué tipo de alguien se refiere?, porque le aseguro que no estoy dispuesto a recurrir a un medium.-La carcajada bronca del inspector llenó toda la planta ahora vacía. Ambos sabían que él si estaba de acuerdo con el uso de mediums pero para Marco aquello era imposible e inaceptable y no era la primera vez que se enzarzaban en una discusión por ello.
-Se llama Carla Molina
-¿Debería sonarme?
-Como bien sabrás en dos mil nueve formamos un equipo especial para estudiar asesinos en serie, la cantidad de casos sin resolver se acumulaban y las altas esferas nos apretaban. Carla Molina fue una de las personas que se eligieron para formar parte de ese grupo, en dos mil doce tuvo un problema con un caso y se retiró, la unidad especial se disolvió tres meses después.
-¿Qué le hace pensar que puede ayudarnos?
-No he conocido a nadie que entienda a un psicópata como ella
-Bien, estaría bien hablar con ella, dígale que se pase mañana por la oficina
-Eso no va a ser posible.-Dijo el inspector levantándose -Ahora trabaja haciendo patrullas a más de mil kilómetros de aquí, y por supuesto necesitarás una buena razón para que vuelva.
-¿Está intentando decirme que deje toda mi investigación para coger un avión y presentarme frente a un agente y le ruegue para que me ayude a resolver este caso?
-Si, exactamente eso
-¿Y por qué diablos debería hacer eso?.-Juan Gómez avanzó hacia él hasta que los separaba apenas un metro y Marco pudo ver con claridad las marcas de cansancio en sus ojos.
-Porque si consigue traerla a su lado sabrá quién es el asesino en menos de un mes.-No fueron sus palabras sino la seguridad que vio en él y el respeto que sentía hacia sus decisiones lo que le hicieron soltar una maldición e ir en busca de su chaqueta.

-Marco Cardone-



jueves, 18 de julio de 2013

Próximo proyecto

Bueno, ahora que la historia de Sam y Annie se ha terminado estuve pensando sobre qué escribir y una de las propuestas que me hicieron fue tocar en una historia un trastorno mental lo cuál me pareció muy interesante y con un par de ideas que quería montar nació la historia de... "La caja de los secretos"
El primer capitulo lo pondré en dos semanas ya que cada capítulo necesita mínimo de tres días para hacerlo ya que se necesita de mucha información y además me gustaría investigar más a fondo sobre algunas cosas para que quede más verídico.
Bueno sin más dilación os pongo la presentación...

Marco estaba frente al peor asesino que había conocido en toda su carrera policial, le obsesionaba hasta tal punto que había dejado de dormir pensando que a la mañana siguiente solo se encontraría con otro ser humano que había sido brutalmente arrancado de este mundo, y justo cuándo su paciencia alcanzaba el límite y comenzaba a preguntarse si sería capaz de detenerle apareció ella.

Carla era capaz de montar una pistola con los ojos cerrados y en menos tiempo que la mayoría de los policías que conocía, era capaz de distinguir cuándo alguien le mentía, derribar a un hombre que pesara el doble de su peso y luchar con las manos atadas a la espalda pero por encima de todo esto era capaz de ver el deseo de matar en los ojos de los demás lo que la convertía en la mejor opción de Marco para atrapar a su asesino.

Solo hay un problema, Carla tiene demasiados problemas como para plantearse una relación pero Marco ha estado en su mente desde hacía un año cuándo su mundo se había vuelto del revés y ahora que él comienza a mostrar el mínimo interés por ella tiene que agarrarse a la poca cordura que le queda en esta vida.



¿Y tú, te apuntas a saber más sobre la caja de los secretos?

Capitulo 12. Fin

Cuando abro los ojos tengo la sensación de haberme quedado dormida en el sofá ya que mis músculos están totalmente agarrotados pero luego las imágenes se reproducen una y otra vez en mi cabeza y me siento de golpe solo para que unas manos dulces se cierren sobre mis hombros.
Me encuentro frente a frente con mi propio reflejo, al principio nuestros padres eran incapaces de diferenciarnos, los mismos ojos, el mismo pelo... Apenas bastaron unos meses para que yo comenzara a tener un entrecejo fruncido constantemente y una mirada amenazadora hacia cualquier desconocido que se acercara y para que Ángela siempre tuviera una sonrisa en sus labios
Por esta razón tengo la seguridad de que de no haber estado dormidas yo no habría sido la elección definitiva.
-Annie, deja de pensar.-Dice ella y una sonrisa baila en mis labios
-¿Todo ha acabado?.-Digo a la vez que las lágrimas queman detrás de mis párpados, llevo tanto tiempo con emociones controladas que ahora siento que voy a explotar en cualquier momento. Ella asiente solemnemente.-Ángela lo siento mucho, he estado pensando que debería haber encontrado la manera de acabar con mi vida y dejarte avanzar.-Ella toma mis manos entre las suyas
-Has vivido toda una existencia a mi sombra. Cuando ambas estábamos vivas todo el mundo nos comparaba constantemente y decidieron que yo sería la que debía estar siempre feliz y contenta y tú la amargada incapaz de escuchar a nadie más que a ti misma pero las dos sabemos que no era así. Yo tenía mucho más temperamento que tú cuándo me enfadaba y tú te pasabas noches en vela escuchándome parlotear sobre cualquier tontería. Por eso quiero hacerte un regalo
-¿Qué tipo de regalo?.-Me insta a levantarme y caminamos por la habitación completamente blanca hacia dos puertas.
-En la izquierda hay un mundo totalmente controlado por tu mente, en él los recuerdos que tienes sobre el primer Sam también están vivos. Puedes ir a cualquier parte y él estará contigo
-Pero Sam está vivo, ¿verdad?.-Por un momento la posibilidad de que Claudia se haya soltado y haya acabado con la vida de Martha y Sam no me parece tan remota
-Si, cómo te digo ahí solo encontrarás al primer Sam, sólo a él
-No volveré a verte.-Me duelen todos los músculos de intentar contenerme para no saltar dentro de la puerta y pedirle a Ángela que cierre con llave pero ella es mi hermana y por mucho que el mundo haya hecho lo imposible para que terminemos odiándonos ella ha superado eso con creces.
La puerta de la derecha es dónde vivo yo, de momento creo que estaré por aquí por un tiempo antes de plantearme la posibilidad de volver así que supongo que podremos vernos de vez en cuando.-Y con esto me da un pequeño empujoncito hacia la puerta que se abre con una luz cegadora...


Ante mí aparecen cinco pares de ojos acompañados de angelicales rostros que me observan con curiosidad, hace tantos años desde que fuimos niños que me cuesta reconocer el rostro pecoso de Martha y la mirada curiosa de Ángela junto con tres chicos que no consigo recordar claramente quiénes son.
-Cuéntanos un cuento.-Dice Martha
-Ahora no puedo chicos tengo que encontrar a Sam
-Él tardará en venir mientras puedes contarnos un cuento.-Dice Ángela. No puedo reprimir una sonrisa al recordar lo impertinente que era a veces
-Esta bien.-Digo cogiendo un cuaderno en blanco y sentándome en un taburete.-Había una vez en un reino muy muy lejano un enorme campanario. Las antiguas leyendas decían que había estado ahí incluso cuando se comenzaron a construir los primeros edificios, y de hecho, todo el reino crecía a su alrededor, por supuesto siempre a una distancia prudencial. De piedra negra y cuyo vértice se extendía hacia las nubes pero sin duda estas no eran las características más llamativas de este campanario. Y es que a pesar de haber sido estudiado por los mejores expertos de todos los reinos nadie conseguía entender el complejo mecanismo que provocaba que las campanas sonaran siempre a su antojo.
Como todo reino que se precie en él vivía una hermosa princesa, de cabellos negros como el carbón y ojos tan claros como el hielo. Ella había sido la única heredera al trono después de que su madre muriera durante el parto y desde entonces había sido cuidada entre algodones pero al décimo octavo cumpleaños la princesa había enloquecido.
Se escapaba cada noche por muchas trampas que le pusieran y había sido vista apoyada contra el campanario, como si pudiera entender el porqué de aquellos sonidos.

Un día un niño se había acercado a ella y le había preguntado si conocía la razón de que hubiera días acompañados de música y días en silencio. Ella se había agachado hasta estar a la altura del niño y había susurrado...Es su intento de recordarnos lo hermosa y efímera que es la vida...-El cuaderno en blanco se resbaló entre mis dedos dando un efecto más terrorífico del que pretendía. Al levantar la cabeza comprobé que había un par de ojos asustados que me miraban temblando.
-Chicos vamos a dejarlo por hoy.-Digo intentando poner mi sonrisa más dulce.
-Los has asustado.-Dice una voz a mis espaldas. Mi corazón emprende una carrera a la vez que me giro para contemplar los ojos celestes, el pelo negro y la única sonrisa en el mundo que hace temblar mis rodillas
-Sólo es un cuento...-Digo sonriendo tontamente
-Y yo sólo un hombre.-Dice atrayéndome a sus brazos, su olor a tierra mojada y dama de noche me aturde los sentidos y de repente todos los años han valido la pena para volver aquí, aunque sé que no es real y que el verdadero Sam está fuera intentando ser feliz a toda costa, me sirven mis recuerdos
-No, tú eres el hombre que yo amo.-Digo antes de capturar sus labios en un beso



martes, 9 de julio de 2013

Capitulo 11

Hola, ¿cómo estáis?.
Definitivamente la historia va a tener doce capítulos, es decir, solo falta uno. En el siguiente os explicaré cuál va a ser la próxima historia por si queréis leerla.

Gracias y sin más dilación os dejo con el capitulo....



Me detengo en la puerta del que es nuestro piso, ahora está abierta y todas las luces están apagadas. El silencio me reconforta de una forma extraña, porque existen las mismas posibilidades de que sea debido a que todos están muertos o a que Claudia está esperándome  pero anhelo creer que Sam opondrían resistencia y que no todo ha acabado.
En cuanto pongo un pie dentro del salón la maquiavélica carcajada llega desde el sofá y siento un alivio casi inmediato al ver que Claudia no tiene ni una sola gota de sangre.
Ella viste de blanco como siempre que tiene que cazar, la primera vez que nos conocimos le dije que ir de negro te daba algo de ventaja en las sombras pero ella dijo que no quería ventaja, quería que la persona a la que estaba matando viera claramente como su ropa se manchaba de sangre. Fue en ese momento en el que supe que Claudia era una psicópata de campeonato, y que los dioses la habían elegido porque tarde o temprano movería la balanza de mi vida.
Por eso me mantuve alejada de ella por años, en un intento de agarrarme a la esperanza de que el siguiente Sam estuviese a salvo.
-Te estaba esperando.-Mantiene las piernas cruzadas mientras balancea un mechón de cabello dorado entre su dedo pulgar e indice.
-No le has matado.-Digo intentando convencerme
-¿Y perderme tu rostro mientras le ves morir delante tuya sabiendo que sigues encerrada en la misma espiral hasta que otro nuevo Sam aparezca?.-Se inclina hacia delante con una sonrisa que manda escalofríos a mi nuca.-Me aseguraré de que estés bien atada hasta que yo desaparezca y entonces tú pasarás una vida de sufrimiento intentando proteger a Martha de los dioses que querrán darle una muerte horrible porque tú no cumpliste tu cometido a la vez que me buscarás pero para cuándo me encuentres ya habrá otro Sam en el mundo al que yo pueda matar. No dormirás, no serás capaz de tomar una ducha con la puerta cerrada, llorarás de agotamiento y desesperación y te verás obligada a matar a cientos de inocentes que nunca se habrían alejado del buen camino de no ser porque los dioses intentan castigarte.
-¿Qué te hace pensar que no seré yo quién acabe antes contigo?.-Me muevo lentamente por la habitación mientras le mantengo la mirada, ella no lo sabe pero a cada paso yo estoy más cerca de Sam y ella más lejos.
-Porque Sam no está en esa habitación sino en la contraria.-Dice señalándome mi antigua habitación que está a sus espaldas. Ella se levanto y sale corriendo hacia allí pero yo ya estoy saltando hacia ella. Ambas caemos al suelo, mi espalda golpeando el lado del sofá y arrancándome el aire de golpe.
Mi mano busca a tientas la daga de mi cinturón pero ella clava el talón de su mano en mis costillas y grito de dolor, golpeo con mi pie su rodilla una, dos y tres veces hasta que rueda y se aleja de mí.
Entonces me llevo la mano al cinturón solo para darme cuenta de que Claudia se ha hecho con las dos dagas que tengo allí y vuelve al ataque.
Consigo bloquear la primera con el antebrazo pero la segunda me araña la clavícula peligrosamente cerca del cuello.
Barro sus piernas con las mías haciéndola caer al suelo de forma destartalada y una de las dagas se desliza por el suelo hasta debajo del sofá.
-No voy a morir esta noche Annie.-Dice con su pecho subiendo y bajando de forma violenta. La parte más oscura de mí se ríe a carcajadas mientras ruega por salir, la parte que nació después de la primera muerte, después de tener que decidir si quería seguir viviendo o simplemente dejarme ir.
Al final supongo que todos somos lo suficientemente egoístas y escogemos poner un paso delante de otro solo esperando que la vida nos dé otra oportunidad para ser felices, aún cuándo ya nos ha dado bastante dejándonos vivir.
Al principio lo peor era la culpa, oír a Ángela y no saber si era un fantasma o simplemente mi conciencia castigándome por desear abandonar y a la vez por desear morir.
Claudia me saca de mis recuerdos cuando descarga su puño en mi nariz y el dolor se expande por mi rostro.
Me elevo sobre mis rodillas y me impulso hacia ella, mis manos se cierran sobre su cuello y me apoyo sobre sus brazos, aún tiene una daga pero lo máximo que llega a hacer es arañarme la pierna.
Me centro en este momento; Claudia está pataleando debajo de mí e intenta hablar pero mi sujeción es lo suficientemente fuerte como para que cada palabra le cueste un minuto menos de vida.
Se mueve debajo mía y consigue más libertad de movimiento hasta que mi propia daga se clava de lleno en mi muslo pero el dolor es algo con lo que aprendí a vivir mucho tiempo. Su rostro comienza a tomar un tono azulado y no pienso rendirme ahora
-Annie.-Es solo un susurro pero en mis oídos suena como el grito más atroz. Elevó mi mirada al instante solo para ver a Sam en la puerta de mi habitación.
Ha avanzado de rodilla debido a que la cuerda que le rodea por todos lados apenas le deja moverse y mucho menos ponerse de pie, tiene un par de arañazos en el cuello y un moretón en la mandíbula que comienza a hincharse pero lo que me hace perder la respiración es que su camiseta está llena de sangre.
Noto como mis manos se aflojan y Claudia se eleva debajo de mí para clavarme la daga en el centro del pecho, aunque no en el corazón. Me inclino hacia atrás y consigo sacar el pequeño cuchillo que siempre va en mi tobillo, luego se lo clavo en el hombro tan cerca del cuello que sé que terminará siendo mortal.
Ella gira la muñeca introduciendo más la hoja de metal en mi cuerpo, aunque ya nada importa porque alguien me empuja hacia atrás y solo soy capaz de boquear en busca de aire.
-Maldita zorra.-La voz de Martha llega a mí como una ráfaga de paz y consigo inclinar el rostro para verla golpear la cabeza de Claudia con la base de lo que parece una figura de una bailarina y hacerla perder el conocimiento.
-Annie, ¿estas bien?.-Oigo los pasos de Sam rebotando contra el suelo mientras que éste corre hacia mí y se arrodilla.
-Estabas sangrando.-Consigo decir contemplando su camiseta
-Es suya.-Dice señalando a Claudia con la mano.-Conseguí herirla cuándo me atacó.
-Esta bien.-Él pone dos dedos bajo mi barbilla y me fuerza a elevar el rostro. ¿Por qué has hecho eso, Sam?. No quiero mirarte, no quiero que seas el último recuerdo que tenga antes de cerrar los ojos.
-Vas a dejarme.-La crueldad de sus palabras está a punto de arrancarme una carcajada, levantando una oleada de dolor .
-Eres distinto.-Mi voz suena ronca y me ahogo a cada sílaba, reduciendo mi tiempo.
-¿A quién?.-A todos quiero decir, pero ya no me quedan fuerzas. Sam es la culminación de todos los hombres que he amado en mi vida.
Tal vez en otros tiempos, tal vez si hubiéramos convivido un poco más...Pero ya no tiene ningún sentido responder eso, porque este Sam no me ama por mucho que yo sí lo haga, o tal vez sólo amo al Sam de las vidas anteriores.
Una lágrima se escapa por la esquina de mi ojo y rueda por mi pómulo, me parece fría, si tan solo tuviera fuerzas para quitarla...
-¡Annie!.-Sam me zarandea con fuerza y me quejo notablemente.-Martha, ¡está cerrando los ojos!.-Grita con fuerza. La escucho forcejear al otro lado del salón probablemente asegurándose de mantener atada a Claudia.
-No te asustes.-Consigo decir y le aprieto la mano a Sam.-No me recordarás por mucho tiempo


-Claro que lo haré.-Une su frente a la mía y un espasmo rompe en su cuerpo.-Ojalá te hubiera amado Annie, ojalá hubiera podido sentir lo que era abrazarte en medio de la noche, o la textura de tus labios...Ojalá te hubiera dado todo aquello por lo que has esperando durante años.-Ahora sus lágrimas me mojan el rostro, pero las suyas son cálidas.-Se suponía que yo era el definitivo, que tendríamos una preciosa historia de amor y moriríamos juntos. Se suponía que tendrías tu recompensa.-Noto como mis ojos se van desenfocando hasta que solo soy capaz de ver una pared blanca que supongo será el techo.
Hay tantas cosas que quisiera haber dicho...

A Martha, que es la mujer más luchadora y fuerte que he conocido en mi existencia, que en todas sus vidas ha tenido un pasado horrible lleno de abusos y golpes y a pesar de todo siempre ha conseguido encontrar la luz en su interior. Ni siquiera sé que está haciendo aquí pero al final tendrá el valor de matar a Claudia y podrá vivir unos maravillosos años.

A Ángela, que estoy deseando volver a abrazarla y decirle que me perdone, que yo solo rogaba ser especial para alguien aunque eso nos haya costado un castigo horrible a ambas

Y a Sam, que ahora tengo mi recompensa; él es libre, no está encadenado a morir para volver a reencontrarnos una y otra vez.
Una parte de mí se desgarra al saber que nosotros nunca tendremos un final feliz, que aquello que nos mantenía dentro de este circulo vicioso no era alcanzar una eternidad juntos pero no hay nada más que yo pueda hacer más que dejarle ir y que encuentre una persona que le dé tanto cómo él me dio al elegirme cuándo nadie lo había hecho jamás.



lunes, 1 de julio de 2013

Capitulo 10

Sostengo la taza de café hirviendo entre mis manos, casi puedo sentir como la piel de las palmas se enrojece y se contrae, pero dado que esto es lo más parecido a sentir algo que he tenido en los últimos días, meses y años me agarro a ello con fuerza.
Sé que tengo que seguir adelante, por el antiguo Sam, por el que conocí, por el que amé y fui amada. Él amaba la vida con una fuerza inquebrantable, agradeciendo cada día que el sol saliera por el horizonte. Fue esta razón por la que pensé que él se decantaría por Ángela, sin embargo me eligió a mí, cómo el ying que siente una atracción irrefutable por el yang.
Era una guerrero capaz de arrancar la vida sin dudarlo, era temido por todos sus conocidos y su nombre era susurrado con pavor. Pero al final del día él no era capaz de entender la oscuridad que yo veía en el mundo.
A veces, cuándo la noche es eterna y ni siquiera las estrellas son capaces de alumbrar mi existencia pienso que fue exactamente esa parte de mí lo que hizo que él acabase muriendo. Y probablemente sea esa misma oscuridad la que hace que alguien como Sam nunca pudiera llegar a amarme, a pesar de que por primera vez en siglos soy capaz de ver al primer hombre que amé en sus ojos.
Me siento en la mecedora frente al balcón abierto y contemplo el movimiento de la manija del reloj municipal justo antes de alcanzar las doce.
                                                  UNO. Vida
                                                  DOS. Muerte
                                                  TRES. Vida
                                                  CUATRO. Muerte
                                                  CINCO. Vida
                                                  SEIS. Muerte
                                                  SIETE. Vida
                                                  OCHO. Muerte
                                                  NUEVE. Vida
                                                  DIEZ. Muerte
                                                  ONCE. Vida
                                                  DOCE. Muerte
Y entonces sucede, no hay fuegos artificiales ni visiones, simplemente mi cuerpo tiembla ante el simple pensamiento de matar a Claudia.
Tomo un último sorbo de café que me quema la garganta antes de levantarme con pasos lentos y dirigirme a la enorme cama de la habitación del hotel en el que me encuentro.
Deslizo los pantalones de cuero negro por mis piernas y me cambio la camiseta por una sudadera que me da más libertad de movimiento.
Introduzco dos dagas en mi cinturón y un pequeño cuchillo en mis botas, nadie sale de caza la primera noche.
Es una especie de regla no escrita que todos cumplimos, porque la muerte requiere de premeditación, o tal vez porque necesitamos más de veinticuatro horas para encontrar cuál estúpida razón por la que esa persona merece morir.
Pero esta noche mi motivo es claro, porque al igual que sé que debo matar a Claudia, sé que ella debe matar a Sam. ¿Les he dicho ya que los dioses son unos sádicos retorcidos?
Evidentemente Claudia está realizando el mismo ritual de preparación que yo, simplemente para conseguir destruir lo única parte de humanidad que queda en mí y luego matarme asegurando que yo estaba demente.
Dejo la puerta abierta porque nada de lo que queda me servirá una vez que esto termine, porque según mis apuestas al amanecer Claudia y yo estaremos muertas. Y yo nunca me equivoco...



Sam estaba tumbado en la penumbra de su habitación, en los casos sobre sus oídos sonaba un grupo de rock a máximo volumen y había sostenido la almohada alrededor de su cabeza, pero nada de esto evitó que las doce campanadas resonaran en su interior.
Sentía a Martha al otro lado de la puerta, dudando sobre si entrar y compartir sus miedos o si esto solo serviría para aumentar los de ambos. Al final se decidió por marcharse y Sam se mantuvo acostado de lado, la batería del mp3 se había terminado y aún así no podía deshacerse de la mínima sensación de paz que le proporcionaba el silencio de los cascos taponando sus oídos.
Había decidido que aquella noche no dormiría y que simplemente contemplaría el paso de las horas hasta que Annie apareciera en su puerta, tal vez manchada de sangre, tal vez dispuesta a matar a alguno de los dos cuando la puerta de su habitación saltó en mil pedazos de madera que se esparcieron por el suelo.

Claudia dio un paso al frente. Sus ojos estaban inyectados en sangre cuando arrastró el cuerpo de Martha hasta los pies de su cama y le sonrió.

-Annie y Ángela-