sábado, 22 de febrero de 2014

CAPITULO 24 LA CAJA DE LOS SECRETOS


CAPITULO 24: Vuelta al mundo real

Carla llevaba tres cuartos de horas parada en la camioneta frente a la casa de Marco, había visto como la oscuridad cubría el cielo y las luces se encendían dentro de la casa; la actividad ascendía para luego volver a caer, era curioso como en las últimas horas del día el mundo parecía ir más rápido.
Unos golpes en el cristal del copiloto la hicieron saltar sobre si misma, su mano buscando a tientas la pistola en su cadera. Bea la saludó desde fuera y le pidió permiso por señas para entrar, y Carla se descubrió dándoselo porque apreciaba su compañía.
-Pensaba que después de quince minutos no serías capaz de aguantar el frío y entrarías pero se ve que tienes más aguante de lo que pensaba.-Dijo ella extendiendo una manta grisácea para cubrir las piernas de ambas.
-¿Quién sabe que estoy aquí?.-Quiso saber ella
-Solo yo, probablemente porque soy la única a la que también le gusta pensar en el coche. A veces tiene que venir mamá a buscarme porque se me ha olvidado a dónde iba.-Dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Cómo lo haces?.-Dijo Carla
-¿Olvidarlo?. Es fácil, yo...
-No, me refiero a llevar tu corazón en las manos.-Por un instante los ojos de Bea recorrieron su rostro como si la viera por primera vez.
-Mi vecina también solía decirme eso, decía que en eso Marco y yo éramos iguales. Recuerdo que miraba a Marco, todo hostilidad, ceño fruncido y pensaba que yo no quería ser así.-Una sonrisa inconsciente se extendió por su rostro y su mirada se perdió en el horizonte.-Me avergüenza decir que lo entendí demasiado tarde, ¿sabes?.
-¿Qué entendiste Bea?.-Dijo Carla y de repente era como si Bea fuera la más mayor de las dos y estuviera intentando enseñarle una lección muy importante.
-Que la vida rompió su corazón, y lo sé porque cuando alguien te lo rompe te enfadas, gritas, lloras e incluso odias a esa persona pero luego no queda nada del recuerdo. Sin embargo, cuando la vida es quién te rompe el corazón no tienes nadie a quién culpar, no tienes con quién enfadarte, y no puedes sacarlo de tu sistema.
-No puedes amar-Aventuró Carla
-Oh, no. Marco es muy capaz de amar, de hecho, te ama.-Carla estuvo a punto de soltar una carcajada histérica y explicarle a Bea que su hermano estaba muy lejos de pensar en ella como algo más que una compañera con la que se había acostado pero ella volvió a interrumpirla.-Solo que tú no eres como las otras y no te conformas con un solo pedacito de su corazón.
-Las relaciones son difíciles, la gente se hace daño.
-A veces sin querer.-Dijo Bea y ella no tuvo el coraje de contradecirla.
-Si, a veces sin querer.-Ambas se quedaron en silencio mirando la oscuridad ante ellas durante unos minutos.
-Marco dijo que tu hermano murió, me hubiese gustado conocerle.-Dijo ella con una sonrisa dulce
-Créeme, a él también le hubiese encantado.-De hecho, Alex se pondría el disfraz de lobo feroz al instante.-Pero, ¿por qué querrías eso?
-Porque me cuesta pensar que pueda existir alguien más como tú.
-Pero Alex no es, no era como yo
-Háblame de él.-Pidió ella. Era la primera vez que alguien le pedía algo así y fue más liberador de lo que esperaba. Podía decir lo que quisiera, que sería todo lo que Bea recordaría, no habría ese enorme neón rojo diciendo “PSICÓPATA” por encima de cualquier palabra que ella pudiera decir.
-Él era cuatro años más pequeño que yo. Y solía ser como todos los hermanos pequeños, quisquillosos, algo mandones...-Bea sonrió soñadoramente.-Aunque Alex siempre parecía estar triste, incluso cuando era un bebé nunca lloraba pero tenía ese brillo apagado en sus ojos.
-¿Por qué estaba triste?
-Yo pensaba que era por mi madre, ella murió durante el parto y ella nunca llegó a abrazarlo jamás, y creo que él se culpaba un poco.-O al menos pensaba que sería así si Alex pudiese sentir algo.
-¡Pero no era culpa suya!.-Exclamó Bea, y su indignación era casi cómica.
-Lo sé pero es algo difícil de explicar a un niño
-¿Y cuándo creció?
-Luego solo parecía haber amortiguado esa tristeza y no sentir nada.
-Pero eso es imposible.-Dijo ella y Carla se preguntó hasta que punto Bea iba a ser una buena psicóloga si no era capaz de comprender lo que estaba intentando decir.
-Será mejor que entremos.-Dijo Carla bajándose del coche
-Ojalá le hubiese conocido, de seguro le haría hecho reír.-Dijo Bea enganchando su brazo con el suyo.
-Seguro que si.-Dijo Carla al tiempo que abrían la puerta.
Marco se detuvo en la que debía ser su centésima vuelta en redondo por el salón con el móvil en la mano.
-Por fin.-Exclamó Fabian ganándose una mirada glacial de Marco.-Pensé que no podría ver el final de la película tranquilo.-Bea la soltó y trotó hasta el sofá junto a su hermano. Marco y Carla se miraron desde extremos opuestos de la habitación, evaluando la situación, calculando el humor del otro; Carla no quería saber que había sucedido con Julia y sin embargo se encontró haciendo la pregunta con sus ojos
-Te he guardado algo de cena en el horno aunque Marco dijo que a lo mejor habías cenado ya.-Dijo Andrea arrastrando cada sílaba
-Lo siento, me ha invitado a cenar nuestro inspector.-Mintió. Cruzó el salón hacia la habitación, la mirada fija en el suelo, sus pies acelerándose a cada segundo intentando ganar unos segundos más antes de tener que enfrentarse al hecho de que Marco prefiriera a Julia por encima de ella. De repente Marco se estiró levemente, un mínimo roce del dorso de su mano contra la suya y ¡BUM!, los latidos de su corazón ya resonaban en sus oídos, sin embargo, no se detuvo, no sabiendo que si le miraba no sería capaz de mantener la fachada.
Cerró la puerta del dormitorio tras ella y quitarse la ropa al tiempo que se dirigía al cuarto de baño y abría el grifo de la ducha. Se lavó los dientes mientras la habitación se iba llenando de vapor y sólo entonces entró en la ducha.
Estiró la mano por una manopla, la lleno de jabón y comenzó a frotar con fiereza su piel, hasta que ésta se fue enrojeciendo bajo su toque.
La cortina fue empujada al lado y Marco cerró sus manos en torno a sus muñecas mientras daba un paso al frente y entraba en el cubículo. La manopla hizo un sonido sordo al resbalar entre sus dedos hasta el suelo.
-Tranquila.-Dijo él atrayendola contra su cuerpo, parecía más alto que nunca cuando Carla dejó caer la cabeza contra la curva de su cuello, dónde la camisa blanca se pegaba a su cuerpo por el agua que caía sobre sus cabezas.-Dime qué pasa.-Pidió él y ella negó suavemente, sus brazos cerrándose más fuertemente en torno a su cintura.-Por favor.-Pidió él. Carla sabía que debía explicarle todo y quería hacerlo pero no podía explicarle el peso que Sergio llevaba sobre sus hombros y mucho menos que hacía tan solo unas horas Alex había intentando matarla.
-He tenido un mal día.-Susurró ella
-Y supongo que yo no he hecho nada para mejorarlo.-Suspiró él. Marco se alejó para agarrar su rostro entre sus manos.-Carla, lo siento. Lo siento de verdad, estoy demasiado acostumbrado a cuidar de Julia, que no me paré a pensar que solo estaba sobreactuando como siempre.
-Está bien.-Dijo ella. Marco la separó lentamente de su cuerpo y se estiró por el gel, aún vestía un pantalón de trabajo y la camisa blanca que había llevado esta mañana solo que ahora toda su ropa estaba empapada.
Se arrodilló en poco espacio que les dejaba el cubículo y la instó a levantar uno de sus pies y apoyarlo contra su muslo, extendió el jabón con movimientos circulares, lentos y que milagrosamente fueron descargando sus músculos.
Para cuando pasó a la segunda pierna Carla tenía la certeza de que debía soltar algo de lo que llevaba dentro o acabaría por explotar, echó la cabeza hacia atrás hasta que su nuca tocó la pared de azulejos y se encontró mirando el techo.
-Hoy le he visto.-Susurró. Al principio pensó que él no la había escuchado pero unos segundos después sus manos se detuvieron a la altura de sus rodillas.
-¿A quién?.-dijo él distraídamente. Carla cerró los ojos con fuerza, preguntándose qué quería compartir.-¿A quién, Carla?.-Dijo él, esta vez algo más preocupado.
-Al asesino.-Dijo y ni las millones de gotas ardiendo que caían sobre su cuerpo evitaron el escalofrío que la recorrió. Marco se puso de pie al instante, y aún cuándo no lo veía podía adivinar sus hombros erguidos, el ceño fruncido entre sus cejas...
-¿Cuándo?.-Las palabras escaparon entre sus dientes apretados.
-Esta mañana, frente al parque de la casa de la hermana de la víctima. Nos vimos, le perseguí y le perdí
-¿Le perseguiste?.-Preguntó él con incredulidad y con el suficiente tono de reproche como para que ella lo notase.
-Si, es más rápido de lo que pensaba
-¿Por qué no me lo has dicho?.-Dijo él ofendido y dio un paso atrás para salir de la ducha.-Debemos avisar
-¡¿Qué?!, ¡NO!.-Carla se apresuró a sujetar su brazo.-Marco, ¡no!
-¿Por qué?.-Y había algo en su voz que le decía que o se inventaba la mejor excusa del mundo o iba a poner a toda la ciudad patas arriba en cuestión de segundos.
-Porque es un juego, para él es un juego. Ahora mismo no estará en la calle y poner a alguien a buscarle es perder recursos. Esta jugando con la comida.
-¡Qué alentador!.-Dijo él pero cuando Carla tiró de nuevo hacia dentro de su brazo no se resistió. Ninguno dijo nada cuando Carla abrió los botones de su camisa uno a uno a la vez que sacaba el dobladillo del pantalón, ni cuando desabrocho sus pantalones y cayeron al suelo. Ni siquiera cuando Carla le lavó con la misma dulzura que él lo había hecho, porque lo necesitaba, porque había una intimidad en el hecho de estar frente a alguien desnudo, dejarle explorar tu cuerpo que ni siquiera estaba presente durante el sexo.
Ella se encontró inundada por la paz, sabiendo que había sobrevivido a un día horrible y se inclinó hacia delante dejando que él la abrazara durante lo que parecieron horas.
-Creo que deberíamos salir.-Dijo él cuando las primeras gotas de agua fría cayeron sobre su piel. Marco cerró el grifo y se estiró por una toalla con la que la enrolló antes de levantarla en brazos y sentarla sobre la tapa del váter.
-No te duermas.-Dijo él. Carla le vio secarse con movimientos enérgicos y vestirse a toda velocidad mientras ella apenas era capaz de frotar lentamente sus pies. Marco salió de la habitación antes de volver con un pantalón del pijama y una camiseta suya. -Déjame a mí.-Dijo él y comenzó a secarla como si tratara a una valiosa pieza antes de ayudarla a ponerse el pijama.-Vamos.-Pasó un brazo por debajo del hueco de sus rodillas y otro por su espalda antes de alzarla contra su pecho y llevarla hacia la cama.
-No me creo que haya terminado este día.-Balbuceó ella y sus ojos se cerraron casi al instante, escuchó a Marco contestarle pero estaba demasiado cansada para oírlo. Pero tan solo un segundo después un ruido insoportable se coló por sus oídos. Emitió un sonido bajo y se giró intentando silenciarlo y volver a dormir.
-Creo que es el tuyo.-Susurró Marco teniéndole su teléfono que efectivamente estaba iluminado.
-Diles que estoy salvando el mundo.-Farfulló ella causando la carcajada de él.
-No te llaman, creo que es una alarma. Pone algo así como GN27.-Dijo él apagando la alarma. Carla abrió los ojos, un poco más despierta que antes.
-Necesito que me lleves al aeropuerto mañana, tengo una cita médica que concerté hace tiempo y no puedo cancelar.-Dijo casi sin respirar
-Está bien, ¿a qué hora necesitas llegar?
-A las once y media estaría bien.-Dijo ella girándose para darle la espalda
-Bien, me pondré la alarma.-Dijo él y unos segundos después su brazo rodeaba su cintura.
-Te...-Carla cerró los ojos con fuerza cuando las palabras estuvieron a punto de salir de sus labios.
-¿Te...?.-Dijo él

-Te lo agradezco.-Susurró ella y la mentira le quemó la garganta.

miércoles, 12 de febrero de 2014

CAPITULO 23 LA CAJA DE LOS SECRETOS.

CAPITULO 23: Lo que significa tener un hermano.

Carla no avisó de que iba, de hecho no había decidido que iría hasta que se detuvo frente a la primera verja y la abrió.
Una tras otra, siempre enseñando su rostro a la cámara cuando en realidad no deseaba hacerlo.
Detuvo el coche frente a la casa y recorrió los últimos metros al trote, más por miedo a que las ganas de dar marcha atrás se hicieran más grande que porque quisiera avanzar.
Marcus levantó la mirada del periódico alarmado cuando la puerta chocó contra la puerta.
-Tienes un aspecto horrible.-Fue lo único que Alex pudo decir antes de que ella le obligara a levantarse del sofá y abrazarlo.
-Yo también me alegro de verte.-Dijo Carla apoyando la frente contra la curva de su hombro y apirando su olor. Y solo entonces pudo respirar con tranquilidad.
Carla sabía que si su vida fuera un libro en este momento de la historia habría más de un lector pensando que estaba desquiciada, pero a fin de cuentas. ¿Qué esperaban?.
Habían hecho de su vida una misión, y la misión era mantener a Alex siempre vigilado y en el transcurso le había cogido cariño a ese niño pelirrojo de sonrisa picarona y para cuando descubrió que él era un verdadero asesino ya se había colado en su corazón...
Así que Carla no creía en Dios, no tenía pragmas trascendentales o alguien a quién recurrir en malos momentos. Pero si tuviera que elegir alguna verdad absoluta que dirigiera su existencia, es que si Alex estaba con vida y en su lado de la ley, el mundo no estaba lo suficientemente mal, aún cuándo las bolas de fuego pasaran sobre su cabeza...


Volvía a tener veintitrés años, y estaba especializada en tratamiento de trastornos mentales en la carrera de criminología, apenas iba a clase por no dejar a Alex solo y aunque se había planteado mil veces tomar su custodia siempre lo había dejado para otro momento y ahora solo quedaba un año para que él cumpliese los dieciocho y tenía que encontrar un modo de retenerlo.
Había salido a beber, y tal vez a acostarse con alguien, solo para apagar la voz de su padre en su cabeza pero apenas había levantado el primer vaso de whisky y se lo había llevado a sus labios cuando sus ojos habían captado un destello anaranjado.
Paso los siguientes tres minutos con los dedos cerrados con fuerza sobre el filo de madera de la barra hasta que los nudillos se le pusieron blancos, la respiración agitada e intentando convencerse de que solo se trataba de una mala jugada de sus ojos pero al segundo siguiente su cuerpo cruzaba la pista de baile a rebosar a toda velocidad.
Lo había encontrado apoyado en la pared de un callejón, tal vez esperando a la primera persona que pasara; él la había mirado y fue casi como si esperase encontrarla allí y de hecho, tal vez era así.
-Hoy no.-Había advertido ella sabiendo que en su estado de ánimo sería incapaz de detenerse con inmovilizarlo. Y cuando ella empezó a andar de vuelta a casa él la siguió, siempre a cierta distancia, siempre mirando más de lo debido a las chicas con las que se cruzaban, buscando novios celosos que hiciese algo al respecto. Pero aquel era un pueblo muy pequeño y si Carla era conocida como la friki Molina, él no tenía un mote mucho más favorecedor.
Habían andado durante media hora antes de ver el brillo rojizo en el horizonte y el primer instinto de Carla fue correr hacia delante pero entonces lo había oído, como siempre la voz de su padre abriéndose paso a través de todo pensamiento racional.
-¡Nunca dejes solo a tu hermano!.-Y sus pies habían derrapado al girarse hacia Alex, solo que él parecía igual de perdido, como si todo su plan maestro hubiese sido borrado de un plumazo. Las alarmas de los bomberos estallaron por todas partes, pero la casa ya estaba reducida a pedazos y la mente de Carla trabajaba a toda velocidad.
Cerró la mano en un puño y golpeó directamente la sien de su hermano con toda su fuerza, provocando que su cuerpo cayese al suelo hipso facto. Le arrastró hacia la camioneta de su padre, que estaba aparcada lo suficientemente lejos de la casa como para no correr peligro, y que por supuesto contaba con cuerda y cinta adhesiva para lo que su padre había denominado “situaciones de emergencia”.
Le había dejado en la parte de atrás y había salido a tiempo de recibir los coches patrulla y la ambulancia y nadie pareció sorprenderse de su calma, porque a fin de cuentas nadie esperaba nada de la friki Molina.

Carla fue arrancada de su recuerdo por el brazo de Alex presionando su traquea a la vez que la empujaba contra la pared. Ella abrió los ojos sorprendida mientras intentaba hacer palanca con su cuerpo pero Alex llevaba años esperando ver un momento de debilidad y ahora que lo había encontrado estaba poniendo todas sus fuerzas en él.
Marcus lo agarró por los brazos y tiró de él hacia atrás, haciéndole caer sobre la mesa de madera baja cuyas dos patadas delanteras se rompieron y Alex cayó al suelo desmadejado.
Carla apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que él se pusiera en pie de un salto, y no pudo evitar pensar que sería más fácil si él pareciera enfadado, o al menos desquiciado porque así al menos podría pensar que tal vez había hecho algo malo. Pero sus facciones eran tan relajadas como siempre, y solo quedaba hacer lo que siempre hacía... poner el piloto automático.
Carla empujó a Marcus por puro reflejo en el momento en el que Alex se lanzaba a por él, le agarró del cuello y usó todas sus fuerzas para atraparlo contra el sofá.
Fueron una mezcla de piernas y brazos en la que ella no sabía distinguir si estaba arriba o abajo, y solo pudo confiar en su instinto antes de que la espalda de Alex golpeará el sofá y Carla cerrase la mano en torno a su cuello mientras que con la otra mano le inmovilizaba los brazos por encima de la cabeza.
-Buena suerte para la próxima.-Le gruñó a la cara mientras una sonrisa se extendía por el rostro de Alex
-¿Estás bien?.-Escuchó que preguntaba Marcus a sus espaldas
-¿Puedes hacerte cargo?
-Si.-Álex encogió los ojos como si estuviese midiendo un nuevo ataque pero ella ya se estaba levantando y dirigiéndose hacia la puerta sin apartar la mirada del suelo.
No estaba en absoluto preparada para volver a casa, si es que tenía de eso, así que cerró las verjas una a una y emprendió el camino a la comisaría, esperando encontrar un solo descanso a su mente.
Y casi lo creyó cuando las puertas del ascensor se abrieron en su planta, que estaba en penumbras salvo por un par de mesas ocupadas por agentes demasiado ocupados en los papeles iluminados por flexos.
Pero entonces lo vio. Sergio estaba sentado en uno de los sillones del pasillo que se usaban para hacer esperar a los interrogados.
Parecía perdido, sus manos mezclándose entre ellas rápidamente hasta que su móvil sonó como un enorme trueno en medio del silencio. Él lo sacó y su expresión se cubrió de desolación al ver la identificación antes de volver a guardarlo.
Un agente pasó a su lado rompiendo el efecto y Sergio se levantó de un salto y se adentró en una de las salas. Carla respiró hondo y se prometió a sí misma que sería capaz de sobrevivir a ese día antes de emprender el camino.
Abrió la puerta lentamente y se detuvo al ver que Sergio se había sentado en la silla de los interrogados y tenía el rostro hundido entre sus manos.
-¿Cómo estás?.-Carla cerró la puerta suavemente a sus espaldas y caminó hacia él.
-He tenido días mejores.-Reconoció él sin moverse
-¿Qué sucedió?.-Carla se sentó en la mesa aunque a cierta distancia, y no hizo falta que especificara a qué se refería para que él la entendiese
-Teníamos una pista sobre una alarma que había saltado, el sistema informático dijo que era algo que solía darse en falsas situaciones.-El silencio se instauró entre ambos mientras se dedicaba a jugar con sus dedos, girando un anillo que no existía y que había dejado una marca blanquecina en su dedo anular.-No lo comprobé
-No fue culpa tuya.-Dijo ella
-No fui yo quién la mató pero soy quién no comprobó la única pista que podía salvarla.
-No me refería a nuestra victima.-Dijo Carla poniendo su mano sobre la de Sergio intentando detener el movimiento histérico.
-Me preguntaba cuánto tiempo tardarías en descubrirlo.-Sergio elevó la mirada hacia ella y por un instante pareció aliviado.
-Eres difícil de leer.-Reconoció ella y no pudo evitar la sonrisa triste que cubrió su rostro.
-¿Y qué ha sido lo que me ha delatado?.-Quiso saber él.
-Muchas cosas.-Susurró ella como si de repente hablasen de un secreto.-Llevabas un anillo, sin embargo tenías otro colgando de una cadena al cuello y una vez descartada la opción de que no te gustaba llevarlos solo quedaba que el otro fuese demasiado pequeño como para ponértelo. Después estabas deseando que Marco y yo tuviéramos algo, y eso no encajaba con alguien que no cree en el amor como piensa Marco que crees, y por último estás viviendo aquí desde la desaparición, como si volver a casa de esa enfermera fuera algo terrible. Fue todo y nada a la vez lo que te delató
-Eres lista.-Dijo él con un carcajada vacía.
-He hecho un trabajo de ello.-Dijo ella con orgullo.
-Era preciosa.-Dijo él y las palabras cayeron como losas entre ambos, sabiendo que ya no había marcha atrás.-Nos enamoramos en cuestión de horas, como solo hacen los adolescentes y aún así estaba seguro de que sería la mujer de mi vida. Tenía el pelo castaño, era bajita, de ojos celestes y con ese tipo de rostro que se arruga graciosamente cuando se reía.-Sergio se llevó las manos al rostro inconscientemente y Carla tuvo que tragar porque jamás había tenido tantas ganas de llorar.-Dios, era preciosa.-Prosiguió él.-Quería ser escritora, ¿sabes?. Decía que no le importaba casarse con un policía porque así podía aprovechar para escribir mientras yo estaba de patrulla. Nos casamos con veinte años.-Sergio bajó los párpados y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Carla se inclinó hacia delante y las secó con sus pulgares.
-Dime qué pasó.-Pidió.
-Durante una patrulla cabreamos al tío equivocado y la secuestró.-Su voz sonó horrorizada.-Dios, Carla, pasó tres días antes de que la encontrara, solo para que terminase muriendo en mis brazos.-Sergio se inclinó hacia delante y apoyó la cabeza en su regazo, Carla le abrazó con fuerza mientras los sollozos rompían en su cuerpo.
-¿Qué pasó con él?.-Preguntó Carla

-Alguien lo mató, no lo recuerdo. Solo puedo evocar la sensación de la puerta de la nave industrial abriéndose y ver su cuerpo en el suelo, pensé que nadie sano tendría esa postura y después estaba muerta. Murió sufriendo, murió pensando que yo no había llegado a tiempo.-Carla le abrazó con tanta fuerza que le dolió los músculos, pero aún así fue incapaz de soltarle. Los gritos de Sergio quedaron silenciados por su cuerpo y sus manos formaron dos puños cerrados con su jersey.
Carla pensó vagamente que esto debía ser lo que se sentía cuando ayudabas a alguien a liberar su dolor y te cargabas una pequeña parte a tu espalda, y de una forma sádica era bello.
-No fue culpa tuya.-Susurró
-Si, si lo fue.-Sollozó él
-No, no lo fue.-Dijo Carla y le agarró el rostro para obligarle a mirarla.-Y si ella era solo la mitad de lo perfecta de lo que la defines moriría rezando para que no llegaras a tiempo, para que tú no sufrieras también.
-Eso es estúpido, yo tenía un arma.-Dijo él
-¿Y desde cuándo el amor es lógico?.-Sergio volvió a apoyar la cabeza en su regazo y Carla pasó sus dedos entre su pelo militarmente cortado.
-Marco no lo sabe.-Susurró él
-Lo sé pero no entiendo cómo has conseguido ocultárselo.
-No miras los expedientes de tus amigos
-Pero le has hecho creer que no creías en el amor.-Carla odió sonar como si se lo reprochase
-Era lo que él necesitaba.-Dijo Sergio encogiéndose de hombros
-No seré yo quién se lo diga si es lo que te preocupa.-Dijo ella
-Gracias.-Dijo él
-Sergio.-Dijo ella y hubo algo en su voz que le hizo mirarla al instante.-Vete a casa con la enfermera y deja que te cuide porque tú no tienes la culpa de lo sucedido y porque así lo querría ella.
-No sé si podré, no sé como dejar que alguien me cuide, hace demasiado tiempo que no lo hago
-Inténtalo.-Pidió ella y por un instante no sabía si se lo decía a él o a ella misma. Carla le observó levantarse, recolocarse la ropa, pasarse la palma de la mano por el rostro y recomponer su sonrisa habitual y solo entonces comprendió la enorme tristeza que siempre se escondía tras esa sonrisa.
Le acompaño hasta su mesa, dónde recogió su chaqueta y luego hasta el ascensor.-A ella le hubiese gustado conocerte.-Dijo él mirándola por primera vez desde que habían salido de la sala de interrogatorios, y a Carla le pareció el piropo más bonito que nunca le habían hecho.
Ella esperó hasta que las puertas de metal se cerraron entre ambos y solo entonces emprendió la carrera hacia el cuarto de baño. Las losas le rasparon las rodillas a través del pantalón cuando cayó frente al váter y vomitó.
Apenas había comido tras el desayuno, por lo que su estomago estaba vacío y aún así las arcadas la hicieron gemir a la vez que las lágrimas se escapaban por el rabillo de sus ojos, solo que a estas alturas ya no sabía por quién lloraba.


miércoles, 8 de enero de 2014

CAPITULO 22 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 22: "Los niños siempre traen un pan bajo el brazo"


Marco se lanzó hacia delante en cuánto las puertas del ascensor se abrieron pero ahí estaba Sergio para detenerle.
-Están con Gómez.-Dijo él como bienvenida.-Y han pedido que no se les moleste.
-¡¿Se puede saber qué está pasando?!.-Bufó Marco dirigiéndose a grandes zancadas hacia su mesa.
-Al parecer de repente le interesamos a los federales.-Dijo Sergio sentándose en la mesa como si de repente se sintiese muy cansado
-¿Cómo estás tú?.-Dijo Marco mirándole de reojo
-Las he tenido peores.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Vuelve a casa de esa enfermera Sergio, déjala cuidarte.-Sugirió Marco
-Creo que mejor no.-Dijo Sergio levantándose de repente tenso, justo cuando la puerta del despacho se abría.
Dos hombres enchaquetados y con zapatos brillantes salían justo al inspector Gómez, éste último le dirigió una mirada de advertencia mientras charlaba con ellos en el despacho.
Marco dio un paso al frente cuando Sergio le puso una mano en el hombro.-Espera un poco.-Dijo él
-¿A qué debo esperar Sergio?, ¿a qué todo lo que hemos estado construyendo durante meses nos lo roben un par de tíos que no tienen idea del caso, qué no han hablado con las familias de las victimas?. ¡Ellos no le han prometido a nadie acabar con ese tipo, así que por encima de mi cadaver van a hacerse cargo del caso!.-Marco se giro al mismo tiempo que la puerta del ascensor se abrían y el silencio embargaba toda la planta.
-Y ahí viene la caballería.-Susurró Sergio. Marco no pudo evitar sonreír al ver entrar a Carla, con unos vaqueros gastados, zapatillas de deporte y una camiseta promocional de un grupo que no debía conocer ni su fundador, sin embargo eran sus ojos tan brillantes cómo el metal y decididos los que hacían que el resto de compañeros se giraran para dejarle pasos.-Mamá leona viene a devorar a esos viles carroñeros que revolotean sobre nuestros cadáveres.-Dijo Sergio y a pesar de ello su voz continuó sonando profundamente triste
-Choque de trenes a ciento cincuenta kilometros hora por la vía dos.-Dijo David uniéndose a la fiesta y señalando el fondo del pasillo por el que los dos agentes del FBI ahora caminaban con el inspector Gómez
-Esto no me lo pierdo.-Dijo Sergio levantándose de un salto pero Marco ya estaba en movimiento por lo que llegó justo a tiempo para el instante en que el grupo se encontró con Carla
-Carla, ¡qué sorpresa!.-Dijo el inspector Gómez en un tono demasiado falso.-Justo a tiempo para conocer a...
-Ya sé quiénes son.-Había algo en su voz, un peligro latente que Marco solo había oído en los peores criminales y que le heló la sangre
-Nosotros no contamos con el mismo poder.-Dijo el más bajito de los dos
-Ella es...
-Agente especial Carla Molina.-Dijo ella cortando de nuevo al inspector, el cuál parecía totalmente encantado
-Ya nos avisaron sobre usted.-Reprochó el alto.-Pero debe saber que estamos ante un caso de máxima alerta y que no nos podemos permitir juegos de patio
-Debe usted saber que esto dejó de ser un juego de patio después del primer asesinato, y según recuerdo ninguno de ustedes parecía interesado en un asesino de tres al cuarto, o al menos así lo consideraron
-Directa a la yugular.-Murmuró Sergio a su lado
-Las condiciones cambian.-Repuso él
-Y le estaríamos muy agradecidos que se retirara del camino de la investigación o... Tendremos que apartarla.-Justo en ese momento apareció Julia guiando a un par de hombres con monos de trabajo azul y que transportaban cajas y cajas sobre la información recogida
-¡QUIETOS!.-Había una autoridad en ella que Marco ni siquiera había visto cuándo estaba con Álex, tal que los trabajadores dejaron caer la palanca que les ayudaba a transportar el carrito que resonó contra el suelo de madera
-No sé quién se cree para ordenar...-Carla se giró lentamente hacia él, la mandíbula apretada con tanta fuerza que casi podían oír sus dientes crujir y sus ojos entrecerrados con cierto asco, cómo si contemplara a un insecto pequeño y maloliente. Dio un paso hacia delante tal que apenas la separaban una palma de ambos hombres y aún con las diferencias de estaturas, aún cuándo Carla tuvo que inclinar el cuello hacia atrás para hablarles parecía más inmensa que todos los allí presente.
-Me creo la persona a cargo de esta investigación por orden del gobierno.-Su declaración cayó como un balde de agua fría sobre ellos y los federales lo máximo que pudieron hacer fue boquear en busca de palabras mientras ellas le tendía la orden
-Nosotros trabajamos para el gobierno y no hemos recibido ninguna notificación de ello.-Dijo uno de ellos cruzándose de brazos como si así pudiera evitar tomar la carta que Carla les tendía
-Yo tengo poder completo del gobierno para llevar esta investigación y la carta así lo recalca.-Dijo ella con la paciencia de alguien que habla con un niño
-Está bien.-dijo el alto.-Ya nos necesitarán.-Dijo tirando de su compañero hacia la puerta
-Seguro.-Masculló David
-Disculpad las molestias.-Dijo Carla girándose hacia los dos hombres que aún seguían anonadados junto al carro.-Si no les importa volver a poner todas esas carpetas dónde estaban.-Y les dedicó la más deslumbrante de las sonrisas que los dejó aún más perdidos que antes
-Y bien jefa, ¿qué hacemos?.-Dijo Sergio con sorna, ella esperó con los ojos entrecerrados hasta que las puertas del ascensor se cerraron y los agentes desaparecieron antes de volverse hacia ellos.
-Nada ha cambiado, solo tengo el poder de elegir mi equipo y os he elegido a vosotros pero sigues estando al cargo Cardone.-Marco sintió como un nudo que había comenzado a liberarse en su interior volvía a anudarse, por una vez había tenido el deseo de simplemente cumplir ordenes sin pensar.
-Pues vaya aburrimiento.-Bufó Sergio
-Seguimos igual de antes.-Dijo Marco.-Nuestra máxima prioridad es encontrar la relación entre las víctimas, ya cometimos el error de creer que había sido algo aleatorio y ahora nos vuelven a llevar ventaja.
-Y el afro a pelearse con los hospitales.-Se quejó David aunque en su tono había más diversión que otra cosa
-Allá vamos.-Dijo Carla dirigiéndose hacia la mesa de investigaciones y sentándose frente al diario abierto.

24-03-2007

Querido diario...

¡Oh Dios!, ¡qué estúpida me siento!. Hace años que no escribía en un diario, y sin embargo aquí me encuentro, dispuesta a contarle la historia de mi vida.
Si estas leyendo esto probablemente después de todo siempre haya estado en lo cierto y he acabado muriendo jóven.
¿Por dónde quieres que comience?. Seguramente dirás que por el principio, empieza por el principio...
Bien, tenía doce años la primera vez que fui consciente de que estaba enamorada de mi compañero de mesa, Adam, era ese tipo de amor agradable, que te llena el alma de calidez y te trae paz... No tenía nada que ver con lo que todos buscamos a esa edad pero cuando tus padres han muerto joven y has pasado toda tu vida de hogares de acogida a reformatorios lo único que le pides a la vida es tranquilidad.
Nuestro gran “amor” solo duro un año, el tiempo que su padre decidió que era suficiente el castigo. ¿Y sabéis cuál era el castigo?, estudiar en un instituto publico solo para incitarle a sacar buenas notas.
Supongo que debí sospechar entonces y correr en la dirección contraria a toda velocidad, pero mi inteligencia nunca ha sido mi rasgo más destacable.
Después de eso solo nos vimos a veces, él venia a verme en el recreo ya que por su puesto ellos tenían permitido hacerlo, hasta que un día simplemente dejó de hacerlo y no supe nada de él durante cuatro años.

Por aquel entonces yo ya estaba saliendo con un chico del hogar de acogida, Dan, ya saben todo pelo engominado, chupa de cuero y actitud dominante, pero sobretodo mal beber y así lo demostró cuatro años, dos meses y cinco días después de la última vez que vi a Adam.
Yo también había bebido pero en el momento en el que él me empujó contra la pared de un callejón y presionó su cuerpo contra el mío perdí todo resquicio de alcohol el mi cuerpo. Siempre había pensado que era ese tipo de mujer que se defendería con uñas y dientes, que gritaría hasta dejarme la garganta seca y que un hombre tendría que matarme antes de violarme pero tras el tercer forcejeo solo cerré los ojos y esperé que pasase rápido. Esa fue la primera vez que tuve la certeza de que moriría joven.
Entonces un instante después Adam estaba sobre aquel tipo, no parecía ni el mismo chico del que me enamoré, mucho más alto y musculoso, con barba de tres días, y sin embargo lo reconocí casi al instante.
¡Para, Adam, Para!, le grité y lo hice más porque él no se merecía ese tipo de vida que porque no quería que le pasara nada al que se suponía que era mi novio.
Adam me miró, sus ojos inyectados en sangre, el brazo detenido en alto y su mano cerrada en un puño y un segundo después estaba abrazándome tan fuerte que me dolían las costillas
-Eres mía.-Susurró en mi oído.-Eres solo mía.-Y un año después nos estábamos casando.
En esta parte querido lector, quiero dejar algo claro antes de que empieces a criticarme aprovechándote que estoy muerta; cualquiera en su sano juicio hubiera corrido a toda velocidad ante esta afirmación pero, ¿qué esperabas?.
Yo jamás había formado parte de algo, jamás había sentido lo que era ser una mísera aunque imprescindible pieza de un enorme puzzle que no puede ser completado sin ti, que sabes que aunque seas minúscula el global será horrible sin tu presencia. Y Adam me dio un lugar en el mundo con esas tres palabras, fue como si hubiera entrado en consonancia con el eje de la tierra y de repente ya no fuera alguien orbitando sola en la nada.

Carla se inclinó hacia atrás en la silla casi sintiendo la nube negra que estaba comenzado a formarse ante sus ojos. Elevó la mirada intentando respirar, tomar fuerzas de algo antes de enfrentarse a la tormenta.
Julia estaba sentada frente a ella, se había apartado el pelo de la cara con una pequeña coleta, no tenía color en el rostro, una fina capa de sudor cubriendo su piel y las manos temblando en su regazo.
Carla estaba a punto de preguntarle qué sucedía cuando se levantó y salió disparada hacia los pasillos, sabía que debía seguirla pero ella nunca había sido la persona favorita de Julia y no podía culparla.
Sus dedos abrieron el diario por una página cualquiera y no se sorprendió al ver que la tinta había cambiado de azulada a negra, y que ya no había márgenes sino que las lineas se mezclaban unas con otras, como si estuviese expresando el mismo caos que sentía.

Violación. ¿Una palabra fea, verdad?. Si al final aquel chico hubiese conseguido algo en ese callejón no lo hubiese denominado violación, como mucho abuso de poder de un pobre diablo.
Pero cuando es la persona que ha prometido quererte, protegerte y que a fin de cuentas te ha dado un lugar en el mundo la que abusa de ti, no se me ocurre otra palabra más correcta para denominarlo que no sea violación; violación de confianza, violación de amor, violaciónviolaciónviolación VIOLACIÓN.
Carla cerró el diario como si de repente hubiese prendido fuego, como si el mismísimo Adam fuese a escapar de entre sus páginas. Así que al final sí que había algo más que ella necesitaba por encima del puñetero dinero, o incluso el amor.... Seguridad.
Había vivido de una forma horrible, y había vivido simplemente porque otro hombre había decidido abusar del poder que tenía sobre ella. Carla sintió el tirón de sus entrañas, el mismo vuelco del estomago que sentía cuando Alex estaba a punto de actuar, salvo que esta vez sabía que no era él...
-Carla.-La voz de Julia se coló en la bruma de rabia que se formaba ante sus ojos
-¿Si?.-En algún momento había vuelto a sentarse frente a ella y aunque seguía teniendo mal aspecto al menos ya no temblaba como una hoja bajo el efecto del viento
-Tienes cara de psicótica, me asustas.-Ella no pudo evitar la sonrisa que se extendió por su rostro, aunque esperó que fuera una sonrisa amigable
-Lo siento
-No pasa nada.-Dijo ella y volvió a jugar con su pelo; enreda, desenreda, enreda, desenreda...
-¿Qué sucede?.-Susurró Carla, esperando que si ella no le contestaba al menos podría pensar que en realidad no la había oído
-Nad...-Julia elevó la mirada y sus ojos estaban llenos de lágrimas.-Estoy embarazada
-Felicidades.-Fue una respuesta demasiado rápida y automática como para ser verdadera, pero era la misma respuesta que daba siempre que alguien le decía que estaba embarazada y ella tenía que encerrar el pánico. Pero esta vez Julia no tenía esa sonrisa soñadora ni se pasaba la mano por su vientre de forma protectora.-Es... Es algo bueno, ¿verdad?
-No sé quién es el padre.-Susurró ella.-Mis padres murieron hace años, no tengo hermanos ni vida social fuera de la comisaria.-Para ese instante ella ya estaba gritando y Carla podía sentir como todos se giraban a mirarlas.-¡Claro que no es bueno!
-¿Se puede saber qué pasa?-Dijo Marco que se acercaba a toda velocidad. Julia rompió a llorar de forma histérica y se lanzó a los brazos de él que la rodearon al instante, sosteniéndola contra su cuerpo.
Carla agachó la cabeza, sabiendo que Marco la estaba mirando pero incapaz de ver lo que estaba sucediendo, incapaz de afrontar que ella nunca podría tener eso.
-¿Qué le has dicho?.-Fue solo un susurro pero la voz de Marco tronó en su cabeza, porque claro era evidente que si Julia gritaba era culpa de Carla, porque Carla era una insensible incapaz de entender los sentimientos de los demás...
Agarró el diario contra el pecho y se levantó de un salto, en un intento desesperado por salir de allí chocó contra Sergio que la agarró por los hombros para intentar estabilizarla pero ella se apartó de él espantada.
Cuando elevó la mirada hacia su rostro, intentando dar una disculpa, una explicación a su forma de ser pero un segundo estaba abriendo la boca para disculparse y al siguiente estaba viendo el alma de Sergio, todo el dolor, los miedos ocultos bajo un humor casi infantil, las ansias por mantener su amistad con Marco...
-Lo siento.-Consiguió decir antes de correr a bajar los escalones de dos en dos, pero no fue hasta que se subió al coche y apretó el acelerador, que el motor rugió y los kilómetros fueron segundos que comenzó a sentir esa voz.
Esa voz que siempre decía ¡Arriba Carla!, ¡Álex se está descontrolando!, ¡Carla tienes que despertar! Y que ahora le decía, ¡eres cómo eres y si a Marco no le gusta puede irse a freír espárragos y hacer el camino dándose patadas en el trasero!.







-¿Seguro que estás bien?.-Repitió Marco por enésima vez
-Si, bien.-Sorbió Julia alejándose de su pecho.-Lo siento
-No pasa nada.-Dijo él y de repente el silencio entre ambos fue demasiado tenso.-Me alegro por ti, por fin una buena noticia
-¿Es una buena noticia?.-dijo ella y pareció más débil que nunca. Marco tuvo que apretar los dientes para no gritarle que un niño siempre era una buena noticia
-Claro, todo irá b...
-Desearía que fuera tuyo.-La frase cayó entre ambos como una gran losa
-Yo... estoy con Carla.-Era la primera vez que lo decía en voz alta y pareció demasiado irreal, sin contar con que Julia parecía haber acabado de recibir una descarga eléctrica
-Lo siento.-Y sus hombros chocaron cuando pasó a su lado.