Sin
ninguna duda la pérdida es una de las cosas más díficil que nos
toca vivir. Esta lección la aprendí hace tiempo y aún así no
puedo evitar que se me encoga el alma al ver como Martha termina de
cerrar el maletero con ayuda de Sam.
Llevo
un par de horas manteniéndome al margen, eso se me da bastante bien
sin importar que seamos un grupo tan reducido pero mi mal humor ha
ido en aumento desde que abrí los ojos esta mañana y dudo que
ninguno pueda llegar a entender el porqué.
Martha
y yo apenas nos conocíamos cuando comencé a vivir en su casa. Por
aquel entonces yo llevaba tres meses viviendo en la calle y Martha
estaba envuelta en una relación muy tortuosa, por lo que simplemente
ambas nos salvamos la vida a la otra.
Eso
te mantiene unido por muchos kilómetros que haya en medio, y para
ser sincera no me preocupa el no tenerla para preparar el desayuno,
sus abrazos inesperados o el hecho de que tenga el peor gusto del
mundo escogiendo películas. Sin ninguna duda lo que me aprieta el
pecho hasta dejarme sin respiración es saber que no podré
protegerla.
Saber
que por mucho que su vida lleve años alejada del peligro, si por
alguna razón el diablo la encuentra yo no estaré allí.
-Annie.-Y
antes de que pueda darme cuenta me abraza tan fuerte que el aire sale
de golpe de mis pulmones y creo que moriré ahogada. Solo que luego
afloja su agarre y deja caer la cabeza contra mi hombro y entonces si
que creo que no podré volver a respirar con tranquilidad.
-Si
ves cualquier cosa rara, si recibes alguna nota, si....
-Te
llamaré.-Dice suspirando cansada.-No volveré a esconderme detrás
de tu falda.
-Solo
se le pide a un diablo que mate a otro diablo.-Digo depositándo un
beso en su frente. Ella me sonríe con sinceridad y se da la vuelta
para despedirse de Sam.
Me
han hecho falta solo esos segundos para introducir una pequeña
navaja en su bolsillo, es pequeña pero bastante afilada y espero que
de llegar, eso retrase el momento lo suficiente como para poder hacer
acto de presencia.
-Tú
no eres mucho de abrazos, ¿eh?.-Dice Sam colocándose a mi lado
mientras Martha se monta en el coche y arranca.-Parecía que
terminarías teniendo la espalda tan recta como un palo de por vida.
-Ahora
me dirás que tú eres muy cariñoso.-Ambos observamos como Martha se
girá y se despide con la mano y un exagerado guiño, luego el coche
se aleja en una nube de humo grisáceo.
-Puedo
llegar a serlo tanto como quiera.-Y por primera vez desde que nos
conocemos su piel toca la mía, simplemente pasa el brazo por encima
de mis hombros al descubierto y nos dirige de vuelta a nuestro piso.

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