Giro
la muñeca hasta que el pestillo hace "clic" y me dejo caer
con fuerza contra la puerta hasta que cede con un sonoro chirrido.
-Y
ahí señores esta el gran defecto de nuestro piso.-Digo recogiéndo
la caja de cartón del suelo. Sam me sonríe a la vez que sale de la
cocina con una bandeja llena de copas de cristal.
-¿Qué
tal lo llevas?.-Dice empaquetando delicadamente cada copa y
metiéndola en la caja que hemos rotulado "para el casero"
-Irme
a vivir con Martha fue mucho más sencillo, simplemente recogí una
maleta y me planté en su casa.-Digo soltando algo de información
extra sobre mi vida. Me dedica una sonrisa que no sé que quiere
decir, en los últimos días he descubierto que Sam es el tipo de
persona que dice más con una mirada o una sonrisa que con palabras.
Comenzamos
la mudanza hará menos de cuarenta y ocho horas, ninguno teníamos
prisa así que simplemente hemos ido trayendo nuestras cosas hasta
hoy, que será la primera noche que pasaremos aquí.

He
estado tentada de pedirle a Martha que se quede a dormir, de hecho
creo que ella también está deseando ofrecerlo. Me gustaría saber
que pensaría Sam, aunque sospecho que no me arriesgaré a
averiguarlo.
Mi
habitación está al fondo del pasillo, y es un poco más grande que
la de Sam, aunque la suya tiene un pequeño balcón y la mía
simplemente ventana.
Las
paredes son de un rosa claro más propio de habitaciones de princesas
para niñas de cinco años, y una cama de matrimonio con una gran
colcha con un unicornio en medio. De hecho, me arrepiento de no
haberle dicho a Sam que prefería la otra habitación solo para verle
en el compromiso de decir que no o dormir con un uniconio.
-¡A
comer!.-Dice Martha desde el salón. Dejo la caja en la mesa y doy
un último vistazo a la habitación antes de volver hacia atrás.-No
es una cena de gran lujo.-Dice dejando en la mesa una bandeja con una
lasaña boloñesa.
-Lo
que sea será más que suficiente.-Dice Sam sentándose a la mesa y
tendiendole su plato a Martha que estaba comenzando a servir.
-Hacia
tiempo que no la hacías.-Digo sentándome.
-Si,
he pensando que si queríamos empezar con buen pie mejor no dejarte
quemar la cocina el primer día.-Dice ella, como toda respuesta le
saco la lengua y me dedico a mi plato, ahora lleno.
-Así
que eres mala cocinera, ¿eh?.-Dice Sam mirándome directamente
-¿Me
creerías si te digo que nunca lo he intentado?.-Eleva las cejas
sorprendido.-En nuestra casa Martha era la ama de casa dedicada y yo
el hombre que protege el hogar.-Ambas sabemos que hay mucho de verdad
en mis palabras, salvo que fuí yo quién llevó los monstrous del
bosque hasta Martha.
-Bueno,
me lo imaginaba más al revés. Sin ofender Martha pero me das más
miedo tú.-Dice Sam, evidentemente referiéndose a su altura.
-Déjame
decirte algo.-Martha deja el tenedor al lado de la mesa y le mira
directamente. De repente me doy cuenta de que esto es demasiado serio
y que ella va a darle alguna pista pero ya es demasiado tarde.-Si
alguna vez llegas a verla enfadada, corre, porque aquello que la haya
hecho enfadar no sobrevivirá.-Por unos segundos el silencio se
instala entre nosotros, hasta que Sam echa la cabeza hacia atrás y
ríe con fuerza, con todo el cuerpo temblando.
-¿Me
estás intentando decir que esta pequeñaja.-Dice señalandome con la
cabeza.- Va a ser capaz de asustarme?
-Te
hará mojar los pantalones.-Dice Martha llevándose un bocado a la
boca
-¿Quieres
dejar de intentar asustarlo?. Nuestro contrato tiene una cláusula
que podría usar para devolverme a tu sofá y entonces me encargaré
de recordarte todas las mañanas que has perdido una gran oportunidad
por bocazas
-Ey,
tranquilas, yo no voy a romper ningún contrato
-Espera
a pasar la primera noche.-Dice Martha
-¡Ya!.-Digo
lo suficientemente alto como para que sepa que se está acercando a
un terreno peligroso
-No
entiendo como habéis sido capaz de sobrevivir todo este tiempo con
lo que chocaís.
-Danos
un objetivo común y seremos imparables.-Digo dedicándole mi mejor
sonrisa
-Bueno
y Sam, dinos como has acabado compartiendo pisos con mi ocupa
sofás.-Dice Martha rebañando su plato.
-Creo
que esa historia deberá esperar a la siguiente.-Dice él
levántandose y llevándo su plato hasta el fregadero y empezándo a
lavarlo. Martha me dirige una mirada inquisidora que yo ignoro
mientras me levanto con mi plato.
Si
Sam quiere tener su intimidad a mi no me molesta en absoluto, de
hecho, estoy segura de que yo tengo muchos más que ellos.
-Me
marcho.-Dice Martha dejándonos su plato en el fregadero y recogiéndo
su bolso.-Te llamaré por la mañana.-Me revuelve el pelo con fuerza
y a Sam le estrecha la mano.
-¿Te
parece si lo dejamos para mañana?.Estoy agotado.-Dice Sam cuando
Martha acaba de salir por la puerta
-Me
parece perfecto.-Me mantengo inmóvil mientras él se seca las manos
en un paño, se dirige hacia la puerta para cerrarla con llave y
luego entra en el cuarto de baño. Solo entonces me pongo en
movimiento a toda velocidad, me aseguro de que la puerta esta bien
cerrada y de que todas las ventanas también lo están, incluido el
balcón de su habitación; para cuando sale yo he vuelto a la misma
posición.
-Buenas
noches.-Le veo dudar en la puerta de su habitación sobre como
despedirse. Desde que nos conocimos no hemos tenido ningún tipo de
contacto físico y no parece un momento para empezar a tenerlo.
Después de unos segundos él parece pensar lo mismo ya que
simplemente entra y cierra la puerta detrás de sí.
Yo
dejo caer los párpados con fuerza, suplicándome a mí misma pasar
una noche tranquila...
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