domingo, 5 de mayo de 2013

Capitulo 3




Giro la muñeca hasta que el pestillo hace "clic" y me dejo caer con fuerza contra la puerta hasta que cede con un sonoro chirrido.

-Y ahí señores esta el gran defecto de nuestro piso.-Digo recogiéndo la caja de cartón del suelo. Sam me sonríe a la vez que sale de la cocina con una bandeja llena de copas de cristal.

-¿Qué tal lo llevas?.-Dice empaquetando delicadamente cada copa y metiéndola en la caja que hemos rotulado "para el casero"

-Irme a vivir con Martha fue mucho más sencillo, simplemente recogí una maleta y me planté en su casa.-Digo soltando algo de información extra sobre mi vida. Me dedica una sonrisa que no sé que quiere decir, en los últimos días he descubierto que Sam es el tipo de persona que dice más con una mirada o una sonrisa que con palabras.

Comenzamos la mudanza hará menos de cuarenta y ocho horas, ninguno teníamos prisa así que simplemente hemos ido trayendo nuestras cosas hasta hoy, que será la primera noche que pasaremos aquí.

He estado tentada de pedirle a Martha que se quede a dormir, de hecho creo que ella también está deseando ofrecerlo. Me gustaría saber que pensaría Sam, aunque sospecho que no me arriesgaré a averiguarlo.

Mi habitación está al fondo del pasillo, y es un poco más grande que la de Sam, aunque la suya tiene un pequeño balcón y la mía simplemente ventana.

Las paredes son de un rosa claro más propio de habitaciones de princesas para niñas de cinco años, y una cama de matrimonio con una gran colcha con un unicornio en medio. De hecho, me arrepiento de no haberle dicho a Sam que prefería la otra habitación solo para verle en el compromiso de decir que no o dormir con un uniconio.

-¡A comer!.-Dice Martha desde el salón. Dejo la caja en la mesa y doy un último vistazo a la habitación antes de volver hacia atrás.-No es una cena de gran lujo.-Dice dejando en la mesa una bandeja con una lasaña boloñesa.

-Lo que sea será más que suficiente.-Dice Sam sentándose a la mesa y tendiendole su plato a Martha que estaba comenzando a servir.

-Hacia tiempo que no la hacías.-Digo sentándome.

-Si, he pensando que si queríamos empezar con buen pie mejor no dejarte quemar la cocina el primer día.-Dice ella, como toda respuesta le saco la lengua y me dedico a mi plato, ahora lleno.

-Así que eres mala cocinera, ¿eh?.-Dice Sam mirándome directamente

-¿Me creerías si te digo que nunca lo he intentado?.-Eleva las cejas sorprendido.-En nuestra casa Martha era la ama de casa dedicada y yo el hombre que protege el hogar.-Ambas sabemos que hay mucho de verdad en mis palabras, salvo que fuí yo quién llevó los monstrous del bosque hasta Martha.

-Bueno, me lo imaginaba más al revés. Sin ofender Martha pero me das más miedo tú.-Dice Sam, evidentemente referiéndose a su altura.

-Déjame decirte algo.-Martha deja el tenedor al lado de la mesa y le mira directamente. De repente me doy cuenta de que esto es demasiado serio y que ella va a darle alguna pista pero ya es demasiado tarde.-Si alguna vez llegas a verla enfadada, corre, porque aquello que la haya hecho enfadar no sobrevivirá.-Por unos segundos el silencio se instala entre nosotros, hasta que Sam echa la cabeza hacia atrás y ríe con fuerza, con todo el cuerpo temblando.

-¿Me estás intentando decir que esta pequeñaja.-Dice señalandome con la cabeza.- Va a ser capaz de asustarme?

-Te hará mojar los pantalones.-Dice Martha llevándose un bocado a la boca

-¿Quieres dejar de intentar asustarlo?. Nuestro contrato tiene una cláusula que podría usar para devolverme a tu sofá y entonces me encargaré de recordarte todas las mañanas que has perdido una gran oportunidad por bocazas

-Ey, tranquilas, yo no voy a romper ningún contrato

-Espera a pasar la primera noche.-Dice Martha

-¡Ya!.-Digo lo suficientemente alto como para que sepa que se está acercando a un terreno peligroso

-No entiendo como habéis sido capaz de sobrevivir todo este tiempo con lo que chocaís.

-Danos un objetivo común y seremos imparables.-Digo dedicándole mi mejor sonrisa

-Bueno y Sam, dinos como has acabado compartiendo pisos con mi ocupa sofás.-Dice Martha rebañando su plato.

-Creo que esa historia deberá esperar a la siguiente.-Dice él levántandose y llevándo su plato hasta el fregadero y empezándo a lavarlo. Martha me dirige una mirada inquisidora que yo ignoro mientras me levanto con mi plato.

Si Sam quiere tener su intimidad a mi no me molesta en absoluto, de hecho, estoy segura de que yo tengo muchos más que ellos.

-Me marcho.-Dice Martha dejándonos su plato en el fregadero y recogiéndo su bolso.-Te llamaré por la mañana.-Me revuelve el pelo con fuerza y a Sam le estrecha la mano.

-¿Te parece si lo dejamos para mañana?.Estoy agotado.-Dice Sam cuando Martha acaba de salir por la puerta

-Me parece perfecto.-Me mantengo inmóvil mientras él se seca las manos en un paño, se dirige hacia la puerta para cerrarla con llave y luego entra en el cuarto de baño. Solo entonces me pongo en movimiento a toda velocidad, me aseguro de que la puerta esta bien cerrada y de que todas las ventanas también lo están, incluido el balcón de su habitación; para cuando sale yo he vuelto a la misma posición.

-Buenas noches.-Le veo dudar en la puerta de su habitación sobre como despedirse. Desde que nos conocimos no hemos tenido ningún tipo de contacto físico y no parece un momento para empezar a tenerlo. Después de unos segundos él parece pensar lo mismo ya que simplemente entra y cierra la puerta detrás de sí.

Yo dejo caer los párpados con fuerza, suplicándome a mí misma pasar una noche tranquila...

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