"Problemas
familiares, me han avisado muy temprano y no quería despertarte.
Vuelvo en unos días"
FDO:
SAM
Le
doy vuelta a la tarjeta entre mis dedos sentada en el sofá. Me
desperté tan solo hace diez minutos y ante el extraño silencio que
rodeaba nuestro piso pensé lo peor y ahora solo me queda el
cansancio que trae consigo el alivio.
Es
la primera vez en meses que estoy sola, con el absoluto conocimiento
de que nadie entrará por esa puerta en al menos veinticuatro horas y
es una sensación demasiado extraña que trae consigo ansías por
recordar.
Me
levanto de forma fluida y camino de puntillas hasta mi habitación.
Siempre he estado de acuerdo con la teoría que afirma que los
verdaderos secretos siempre están bien escondidos pero nunca
demasiado lejos de la persona que los porta. De forma que solo me
hace falta inclinarme para sacar de debajo de mi cama una caja de
cartón.
Mientras
vuelvo al salón me fijo en las pegatinas fosforescentes en forma de
estrellas distribuidas formando una costelación aún no descubierta
con mariposas dibujadas en relieve. Nadie entendería que encontré
esta caja en la basura debido a un padre que no era capaz de ver como
ante sus ojos una niña se estaba convirtiendo en la mujer más
inteligente sobre la faz de la tierra y que con su oscuridad solo
conseguiría que años más tarde ella se sintiera frustrada y
conviviendo conmigo.
La
primera fotografía que encuentro es la de dos bebés en posición
fetal mirándose fijamente, como si ese momento fuera mucho más
transcendental que la presencia de una cámara.
Ángela
y yo siempre fuimos dificilmente de distinguir, demasiado parecidas
incluso para ser gemelas pero ella nació antes y sus ojos fueron
bañados por la luna mientras que los míos fueron llenados de
oscuridad.
-Cuentame
nuestra historia.-Susurra una fría voz a mi lado. El fantasma de
Ángela solo ha estado a mi lado cuando estaba al borde de la muerte
pero ya he dejado de asustarme al oírla.
Dejo
la caja en la mesa y me tumbo de lado perdiendo la mirada en el
horizonte, las primeras veces intentaba encontrar algo, un destello,
un guiño del destino que me dijera donde estaba mi hermana pero
después de tantos años solo la dejo hacer.
-Por
aquella época todos creían en los misterios, te llamaron hija de la
luna y creyeron que cambiarías el mundo. Yo simplemente me limitaba
a vivir mi vida y aquello me gustaba, no me sentía asfixiada por las
exigencias de los demás, no me preocupaba herir los sentimientos de
nadie, no como tú.
-Oh,
recuerdo aquello.-Dice ella con voz apenada.-Te envidiaba como a
nadie.
-Los
incendios eran las principales causas de muerte en esa época, a
veces creo que nos confundieron, que ellos realmente creía que yo
era tú.-Ángela y yo hemos tenido esta conversación millones de
veces pero en cada una de ellas se me atasca el aire en los pulmones
al llegar a esta parte. Ella nunca desmiente mis palabras, como si
realmente sospechara que son verdaderas.-Estaba muerta, había
cruzado al otro lado y dentro de la casa un bebé seguía llorando
pero ellos se quedaron a mí lado. Fue un acto muy cruel y los dioses
nos castigaron, poniendo mi corazón en marcha de nuevo, haciendo que
mi llanto acallara el tuyo y solo cuando nuestra casa estaba en
ruinas abrí los ojos.
-Tú
no tenías la culpa.-Susurra ella
-Pero
soy yo la que se ha convertido en lo que soy. Destinada a vivir
eternamente y ver como la vida es un ciclo constante en el que tendré
que ver morir a las personas que amo una y otra vez, y rezar para que
esta vez no sea por mi mano.-Me siento de golpe y hundo el rostro
entre las manos sintiéndome sobrepasada.
-Daitkain.-Dice
ella usando la palabra adecuada para los asesinos de los dioses,
destinados a cumplir sus deseos una y otra vez sin descanso alguno.
El
teléfono suena de golpe y me sobresalto asustada, Ángela se ha ido
y ahora solo quedo yo rodeada de fotografías y hundida en mi
miseria.
-¿Si?.-Mi
voz suena más ronca de lo que desearía.
-Annie.-Mi
nombre en sus labios parece una palabra de consuelo.
-¿Qué
ha pasado Sam?.-Digo abrazando mis rodillas contra el pecho
-Mi
padre Annie, está muy enfermo. No es la primera vez que sucede pero
cada una parece la última.-La sensación al escuchar sus palabras es
bastante parecida a tener una mano apretando mi corazón. Solo ahora
comprendo que soy yo la que tiene poco tiempo.


