miércoles, 22 de mayo de 2013

Capitulo 6

"Problemas familiares, me han avisado muy temprano y no quería despertarte. Vuelvo en unos días"
FDO: SAM

Le doy vuelta a la tarjeta entre mis dedos sentada en el sofá. Me desperté tan solo hace diez minutos y ante el extraño silencio que rodeaba nuestro piso pensé lo peor y ahora solo me queda el cansancio que trae consigo el alivio.
Es la primera vez en meses que estoy sola, con el absoluto conocimiento de que nadie entrará por esa puerta en al menos veinticuatro horas y es una sensación demasiado extraña que trae consigo ansías por recordar.
Me levanto de forma fluida y camino de puntillas hasta mi habitación. Siempre he estado de acuerdo con la teoría que afirma que los verdaderos secretos siempre están bien escondidos pero nunca demasiado lejos de la persona que los porta. De forma que solo me hace falta inclinarme para sacar de debajo de mi cama una caja de cartón.
Mientras vuelvo al salón me fijo en las pegatinas fosforescentes en forma de estrellas distribuidas formando una costelación aún no descubierta con mariposas dibujadas en relieve. Nadie entendería que encontré esta caja en la basura debido a un padre que no era capaz de ver como ante sus ojos una niña se estaba convirtiendo en la mujer más inteligente sobre la faz de la tierra y que con su oscuridad solo conseguiría que años más tarde ella se sintiera frustrada y conviviendo conmigo.
La primera fotografía que encuentro es la de dos bebés en posición fetal mirándose fijamente, como si ese momento fuera mucho más transcendental que la presencia de una cámara.
Ángela y yo siempre fuimos dificilmente de distinguir, demasiado parecidas incluso para ser gemelas pero ella nació antes y sus ojos fueron bañados por la luna mientras que los míos fueron llenados de oscuridad.
-Cuentame nuestra historia.-Susurra una fría voz a mi lado. El fantasma de Ángela solo ha estado a mi lado cuando estaba al borde de la muerte pero ya he dejado de asustarme al oírla.
Dejo la caja en la mesa y me tumbo de lado perdiendo la mirada en el horizonte, las primeras veces intentaba encontrar algo, un destello, un guiño del destino que me dijera donde estaba mi hermana pero después de tantos años solo la dejo hacer.
-Por aquella época todos creían en los misterios, te llamaron hija de la luna y creyeron que cambiarías el mundo. Yo simplemente me limitaba a vivir mi vida y aquello me gustaba, no me sentía asfixiada por las exigencias de los demás, no me preocupaba herir los sentimientos de nadie, no como tú.
-Oh, recuerdo aquello.-Dice ella con voz apenada.-Te envidiaba como a nadie.
-Los incendios eran las principales causas de muerte en esa época, a veces creo que nos confundieron, que ellos realmente creía que yo era tú.-Ángela y yo hemos tenido esta conversación millones de veces pero en cada una de ellas se me atasca el aire en los pulmones al llegar a esta parte. Ella nunca desmiente mis palabras, como si realmente sospechara que son verdaderas.-Estaba muerta, había cruzado al otro lado y dentro de la casa un bebé seguía llorando pero ellos se quedaron a mí lado. Fue un acto muy cruel y los dioses nos castigaron, poniendo mi corazón en marcha de nuevo, haciendo que mi llanto acallara el tuyo y solo cuando nuestra casa estaba en ruinas abrí los ojos.
-Tú no tenías la culpa.-Susurra ella
-Pero soy yo la que se ha convertido en lo que soy. Destinada a vivir eternamente y ver como la vida es un ciclo constante en el que tendré que ver morir a las personas que amo una y otra vez, y rezar para que esta vez no sea por mi mano.-Me siento de golpe y hundo el rostro entre las manos sintiéndome sobrepasada.
-Daitkain.-Dice ella usando la palabra adecuada para los asesinos de los dioses, destinados a cumplir sus deseos una y otra vez sin descanso alguno.
El teléfono suena de golpe y me sobresalto asustada, Ángela se ha ido y ahora solo quedo yo rodeada de fotografías y hundida en mi miseria.
-¿Si?.-Mi voz suena más ronca de lo que desearía.
-Annie.-Mi nombre en sus labios parece una palabra de consuelo.
-¿Qué ha pasado Sam?.-Digo abrazando mis rodillas contra el pecho
-Mi padre Annie, está muy enfermo. No es la primera vez que sucede pero cada una parece la última.-La sensación al escuchar sus palabras es bastante parecida a tener una mano apretando mi corazón. Solo ahora comprendo que soy yo la que tiene poco tiempo.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Capitulo 5

Este es bastante cortito e inesperado pero me apetecía bastante dedicarle un capitulo separado a la despedida de Martha, se nos quedan nuestros protagonistas solitos con un diablo suelto...



Sin ninguna duda la pérdida es una de las cosas más díficil que nos toca vivir. Esta lección la aprendí hace tiempo y aún así no puedo evitar que se me encoga el alma al ver como Martha termina de cerrar el maletero con ayuda de Sam.

Llevo un par de horas manteniéndome al margen, eso se me da bastante bien sin importar que seamos un grupo tan reducido pero mi mal humor ha ido en aumento desde que abrí los ojos esta mañana y dudo que ninguno pueda llegar a entender el porqué.

Martha y yo apenas nos conocíamos cuando comencé a vivir en su casa. Por aquel entonces yo llevaba tres meses viviendo en la calle y Martha estaba envuelta en una relación muy tortuosa, por lo que simplemente ambas nos salvamos la vida a la otra.

Eso te mantiene unido por muchos kilómetros que haya en medio, y para ser sincera no me preocupa el no tenerla para preparar el desayuno, sus abrazos inesperados o el hecho de que tenga el peor gusto del mundo escogiendo películas. Sin ninguna duda lo que me aprieta el pecho hasta dejarme sin respiración es saber que no podré protegerla.

Saber que por mucho que su vida lleve años alejada del peligro, si por alguna razón el diablo la encuentra yo no estaré allí.

-Annie.-Y antes de que pueda darme cuenta me abraza tan fuerte que el aire sale de golpe de mis pulmones y creo que moriré ahogada. Solo que luego afloja su agarre y deja caer la cabeza contra mi hombro y entonces si que creo que no podré volver a respirar con tranquilidad.

-Si ves cualquier cosa rara, si recibes alguna nota, si....

-Te llamaré.-Dice suspirando cansada.-No volveré a esconderme detrás de tu falda.

-Solo se le pide a un diablo que mate a otro diablo.-Digo depositándo un beso en su frente. Ella me sonríe con sinceridad y se da la vuelta para despedirse de Sam.

Me han hecho falta solo esos segundos para introducir una pequeña navaja en su bolsillo, es pequeña pero bastante afilada y espero que de llegar, eso retrase el momento lo suficiente como para poder hacer acto de presencia.

-Tú no eres mucho de abrazos, ¿eh?.-Dice Sam colocándose a mi lado mientras Martha se monta en el coche y arranca.-Parecía que terminarías teniendo la espalda tan recta como un palo de por vida.

-Ahora me dirás que tú eres muy cariñoso.-Ambos observamos como Martha se girá y se despide con la mano y un exagerado guiño, luego el coche se aleja en una nube de humo grisáceo.

-Puedo llegar a serlo tanto como quiera.-Y por primera vez desde que nos conocemos su piel toca la mía, simplemente pasa el brazo por encima de mis hombros al descubierto y nos dirige de vuelta a nuestro piso.

viernes, 10 de mayo de 2013

Capitulo 4

La humanidad se ha estado preguntando durante toda su existencia a cerca de que es aquello que más podría dañarla, han temido sobre los extraterrestres, han instalado un cerrojo más, han inventado las habitaciones del pánico e incluso llegaron a estar a punto de protegerse de personas como yo.
Pero jamás, estuvieron cerca sobre aquello que más puede dañarlos...
A través de la lluvia torrencial que nos rodea contemplo los enormes ojos cristalinos que me devuelven la mirada de forma enturbiada; el rostro blanquecino excepto por las motitas sonrojadas que se acumulan en lo alto de sus pómulos.
El filo de sus labios se aclara dándole un aspecto más enfermizo aún.
Una lágrima involuntaria se escapa y rueda por mi mejilla con lentitud haciéndome consciente de la situación y se queda prendada en mi barbilla por unos segundos eternos hasta caer sobre mi mano.
La misma mano que contiene el cuchillo que se clava en el cuerpo frente a mí, la misma mano que ha traído tanto sufrimiento a todos.
Necesito utilizar ambas para sacarlo de él con gotas de sangre que se mezclan con la lluvia y aterrizan sobre mis pies descalzos.
Él cae sobre mí tal como lo haría un planeta desorbitado sobre la estrella alrededor de la cuál había estado girando por milenios. Solo que yo no soy esa estrella que le ha traído la luz, yo soy quién le esta matando lentamente.
-Lo siento, lo siento.-Repito una y otra vez contra su oído. Me esfuerzo por mantenernos rectos a la vez que le abrazo y le peino el pelo como si intentase consolar a un niño pequeño por no comprarle aquello que tanto deseaba.
-¿Has estado muerta alguna vez?.-Por unos segundos pienso que ha sido mi imaginación la que ha creído oírle pero noto como sus dedos se cierran y abren como una pinza sobre mi cintura.
-Muchas veces.-Susurro
-¿Cuántas?.-No me hace falta la experiencia para ver los cambios que se producen en él. La respiración dificultosa, como si deja caer cada vez con más fuerza...
-Ciento treinta y cuatro.-Mis palabras coinciden con su última exhalación. De repente no puedo sujetarnos más y terminamos cayéndo al suelo.
No entiendo ninguna de las sensaciones que tengo, las manos me tiemblan y el corazón me duele. Me duele como si tuviera un problema físico, a pesar de que sé que no lo tengo.
-Pero ninguna ha dolido como esto.-Me despierto desorientada. No hay gritos, Martha no está zarandeandome o me acaba de tirar un vaso de agua. El corazón me va a mil por horas y los restos de lágrimas me mojan el rostro pero me mantengo en posición fetal, sintiendome por primera vez en años vulnerable.

Esa fue la primera noche que soñé con Sam.

domingo, 5 de mayo de 2013

Capitulo 3




Giro la muñeca hasta que el pestillo hace "clic" y me dejo caer con fuerza contra la puerta hasta que cede con un sonoro chirrido.

-Y ahí señores esta el gran defecto de nuestro piso.-Digo recogiéndo la caja de cartón del suelo. Sam me sonríe a la vez que sale de la cocina con una bandeja llena de copas de cristal.

-¿Qué tal lo llevas?.-Dice empaquetando delicadamente cada copa y metiéndola en la caja que hemos rotulado "para el casero"

-Irme a vivir con Martha fue mucho más sencillo, simplemente recogí una maleta y me planté en su casa.-Digo soltando algo de información extra sobre mi vida. Me dedica una sonrisa que no sé que quiere decir, en los últimos días he descubierto que Sam es el tipo de persona que dice más con una mirada o una sonrisa que con palabras.

Comenzamos la mudanza hará menos de cuarenta y ocho horas, ninguno teníamos prisa así que simplemente hemos ido trayendo nuestras cosas hasta hoy, que será la primera noche que pasaremos aquí.

He estado tentada de pedirle a Martha que se quede a dormir, de hecho creo que ella también está deseando ofrecerlo. Me gustaría saber que pensaría Sam, aunque sospecho que no me arriesgaré a averiguarlo.

Mi habitación está al fondo del pasillo, y es un poco más grande que la de Sam, aunque la suya tiene un pequeño balcón y la mía simplemente ventana.

Las paredes son de un rosa claro más propio de habitaciones de princesas para niñas de cinco años, y una cama de matrimonio con una gran colcha con un unicornio en medio. De hecho, me arrepiento de no haberle dicho a Sam que prefería la otra habitación solo para verle en el compromiso de decir que no o dormir con un uniconio.

-¡A comer!.-Dice Martha desde el salón. Dejo la caja en la mesa y doy un último vistazo a la habitación antes de volver hacia atrás.-No es una cena de gran lujo.-Dice dejando en la mesa una bandeja con una lasaña boloñesa.

-Lo que sea será más que suficiente.-Dice Sam sentándose a la mesa y tendiendole su plato a Martha que estaba comenzando a servir.

-Hacia tiempo que no la hacías.-Digo sentándome.

-Si, he pensando que si queríamos empezar con buen pie mejor no dejarte quemar la cocina el primer día.-Dice ella, como toda respuesta le saco la lengua y me dedico a mi plato, ahora lleno.

-Así que eres mala cocinera, ¿eh?.-Dice Sam mirándome directamente

-¿Me creerías si te digo que nunca lo he intentado?.-Eleva las cejas sorprendido.-En nuestra casa Martha era la ama de casa dedicada y yo el hombre que protege el hogar.-Ambas sabemos que hay mucho de verdad en mis palabras, salvo que fuí yo quién llevó los monstrous del bosque hasta Martha.

-Bueno, me lo imaginaba más al revés. Sin ofender Martha pero me das más miedo tú.-Dice Sam, evidentemente referiéndose a su altura.

-Déjame decirte algo.-Martha deja el tenedor al lado de la mesa y le mira directamente. De repente me doy cuenta de que esto es demasiado serio y que ella va a darle alguna pista pero ya es demasiado tarde.-Si alguna vez llegas a verla enfadada, corre, porque aquello que la haya hecho enfadar no sobrevivirá.-Por unos segundos el silencio se instala entre nosotros, hasta que Sam echa la cabeza hacia atrás y ríe con fuerza, con todo el cuerpo temblando.

-¿Me estás intentando decir que esta pequeñaja.-Dice señalandome con la cabeza.- Va a ser capaz de asustarme?

-Te hará mojar los pantalones.-Dice Martha llevándose un bocado a la boca

-¿Quieres dejar de intentar asustarlo?. Nuestro contrato tiene una cláusula que podría usar para devolverme a tu sofá y entonces me encargaré de recordarte todas las mañanas que has perdido una gran oportunidad por bocazas

-Ey, tranquilas, yo no voy a romper ningún contrato

-Espera a pasar la primera noche.-Dice Martha

-¡Ya!.-Digo lo suficientemente alto como para que sepa que se está acercando a un terreno peligroso

-No entiendo como habéis sido capaz de sobrevivir todo este tiempo con lo que chocaís.

-Danos un objetivo común y seremos imparables.-Digo dedicándole mi mejor sonrisa

-Bueno y Sam, dinos como has acabado compartiendo pisos con mi ocupa sofás.-Dice Martha rebañando su plato.

-Creo que esa historia deberá esperar a la siguiente.-Dice él levántandose y llevándo su plato hasta el fregadero y empezándo a lavarlo. Martha me dirige una mirada inquisidora que yo ignoro mientras me levanto con mi plato.

Si Sam quiere tener su intimidad a mi no me molesta en absoluto, de hecho, estoy segura de que yo tengo muchos más que ellos.

-Me marcho.-Dice Martha dejándonos su plato en el fregadero y recogiéndo su bolso.-Te llamaré por la mañana.-Me revuelve el pelo con fuerza y a Sam le estrecha la mano.

-¿Te parece si lo dejamos para mañana?.Estoy agotado.-Dice Sam cuando Martha acaba de salir por la puerta

-Me parece perfecto.-Me mantengo inmóvil mientras él se seca las manos en un paño, se dirige hacia la puerta para cerrarla con llave y luego entra en el cuarto de baño. Solo entonces me pongo en movimiento a toda velocidad, me aseguro de que la puerta esta bien cerrada y de que todas las ventanas también lo están, incluido el balcón de su habitación; para cuando sale yo he vuelto a la misma posición.

-Buenas noches.-Le veo dudar en la puerta de su habitación sobre como despedirse. Desde que nos conocimos no hemos tenido ningún tipo de contacto físico y no parece un momento para empezar a tenerlo. Después de unos segundos él parece pensar lo mismo ya que simplemente entra y cierra la puerta detrás de sí.

Yo dejo caer los párpados con fuerza, suplicándome a mí misma pasar una noche tranquila...