viernes, 26 de abril de 2013

Capitulo 2


La cafetería tiene un aspecto lúgubre debido a que el horario del desayuno ya ha pasado y todavía faltan un par de horas hasta que los primeros trabajadores salgan en su hora libre para comer.

Me concentro en la barra pero desde la puerta del bar apenas si puedo ver la mitad, así que tengo que ponerme bajo la luz de aspecto anaranjado para encontrarle.

Se sienta casi al final, y juguetea con una taza de algo humeante entre sus manos. Él todavía no me ha visto así que me detengo sin miedo a llamar la atención de nadie y me dedico a contemplarle.

Su cabello es rubio ceniza con destellos, medirá apróximadamente un metro noventa, pero sobretodo, es humano y normal.

-¿Sam?.-Mi voz parece asustada pero no me importa dar aspecto de débilidad así que simplemente lo dejo pasar. Se gira en su silla con una enorme sonrisa en su rostro que provoca arrugas bajo sus ojos.

-Supongo que eres a quién he llamado...

-Annie

-Bonito nombre.-Dice indicándome el taburete a su lado y espera a que me siente y me acomode para comenzar a hablar.-¿Qué prototipo de compañero de piso buscabas?, ¿tal vez una chica?.-No puedo evitar reírme al recordar aquella mañana.

-¿Sinceramente?.-Digo mirándole directamente

-Siempre.-Se lleva la taza a los labios y bebe un pequeño sorbo.

-No me importa con quién compartir piso, sinceramente esperaba coincidir con alguien lo suficientemente drogado, borracho o ambos para poder...

-¿Ir a tu aire?.-Dice terminándo la frase por mí

-Si, algo así.-Jugueteó con mis dedos sabiendo que puedo decir menos de lo que desearía.

-Bueno tengo seis hermanos así que creo que puedo entender que quieres decir, y sé que no será un problema darte tu lugar y espacio.-De repente me imagino a un adolescente demasiado desgarbado y dándo golpes con el pie al suelo porque alguien entró en su habitación.

-Ese no es el único problema

-El contrato.-Dice asintiéndo

-El contrato

-¿Tienes alguna reticencia a qué exista algún contrato entre nosotros que no viera la luz pero que me asegurara que vas a pagar cada mes tu parte?

-Dejaré pagado tres meses por adelantado. La cláusula de ese contrato será que no podrá ver la luz a menos que desaparezca por más de tres meses o ...me suceda algo

-Hecho.-Dice tendiéndome la mano, pero mientras la estrecho veo como su mirada se hace más profunda, intentándo descubrir la verdad.-¿Cuándo podrías mudarte?

-Mi actual compañera de piso lleva retrasando su marcha durante semanas así que cuánto antes sea libre mejor

-Esta tarde confeccionaré un contrato y te lo enviaré, también llamaré al dueño y concertaré una visita mañana, quiero ver como es el piso.-Se levanta para sacar la cartera de su bolsillo y de repente me parece muy alto, aunque extrañamente inofensivo. Saca un par de monedas y las pone sobre la barra.-Tendrás noticias mías.-Se inclina y me aprieta el hombro con suavidad. Luego desaparece, de nuevo sin darme tiempo a pensar nada más.






martes, 23 de abril de 2013

El problema es que ya no os distingo...


Me ha costado tan solo dos minutos predecir el comportamiento de alguien, y eso me vuelve a llevar a un camino que no deseaba tomar, o más bien que no deseaba aceptar.

Yo siempre he creído que las personas eramos iguales, generalmente hablando. Pero conforme fui relacionándome comprendí que había unos pequeños detalles, como la forma de reír, el toping que preferían con el helado o la forma de despertar, que eran muy propias de cada persona.

Por ejemplo, hace unos años descubrí que una amiga y yo teníamos la costumbre de estar unos minutos en la cama antes de despertarnos, por lo que alguien podría pensar que somos parecidas.

Pero un día en el que dormimos juntas a la mañana siguiente yo me pasé esos cinco minutos estirándome, haciéndome cosquillas en el brazo, mientras que ella simplemente se ponía una almohada sobre los ojos y fingía estar dormida para que nadie la molestase.

Cosas como esa son propias de cada ser...¿a qué tú también estas pensando en algo que sólo tú haces y que nadie en el mundo hará como tú?...

Pues creo que esas cosas se están perdiendo, y lo creo porque ya no distingo a alguien por su forma de andar, por cómo silba... de hecho, ahora son esas cosas las que me hacen confundirla.

Ahora se lleva de moda eso de ser auténtico, u original...cómo si fuera algo que uno pudiera elegir, no sé, la última vez que lo comprobé eso no era cómo decidir que camiseta ponerte.

Y para los que crean que me refiero a los denominados hipsters, heavies, hippies y demás clases, quiero decir que tendencias siempre han habido pero creo que es algo distinto que te guste la forma de vestir de alguien y querer adaptarla a tus gustos que decidir que quieres que te besen a la luz de la luna en una posición de ochenta y siete grados respecto a esa estrella cuyo nombre ni siquiera conoces pero que sale en la tele....



Lo dicho, el problema es que siempre sé como vas a actuar...

sábado, 20 de abril de 2013

Capitulo 1

1 mes y una semana antes.

La luz se cuela entre mis pestañas e intento girarme para evitarla, claro que termino liandome en un remolino de sábanas y mantas y termino cayendo al suelo al más puro estilo rollito de primavera.
Por suerte el sofá de Martha no es demasiado alto y lo único que termina dañado es mi ego al escucharla reír a mi lado. Algún día entenderé su manía de desayunar mientras me mira...

-¿Te diviertes?.-Refunfuño empujándo las mantas a patadas y movimientos estrambóticos.
-Mucho.-Dice con una enorme sonrisa en su rostro.
-Tengo que buscarme un sitio dónde vivir.-Digo escondiendo la cara en un cojín.
-Eso exactamente dijiste un mes después de que vinieras aquí y sí mal no recuerdo de eso hace ya tres años.
-¿Llevo durmiendo en este infierno hecho sofá solo tres años?


-Si, pero es cierto, debes decidir entre buscarte un piso o una identidad.-Contemplo como remoja una galleta en su café y se la come un segundo antes de que se desmorone.

-¿Estás decidida a aceptar ese trabajo?

-A menos que decidas pagarme los dos mil euros que me ofrecen al mes, creo que seguiré mudandome

-Bueno, no dudes de mi habilidad para robar bancos.

-Ya en serio Annie, me preocupas.-Creo que el que Martha intente tener una conversación seria está entre las tres cosas que más odio en este mundo. Me impulso con agilidad para ponerme de pie y comienzo a doblar las sábanas.

-Encontraré un piso.-Digo intentando cortar el tema

-¿Con quién?. Nadie va a entender tus excentricidades.-No puedo evitar poner los ojos en blanco ahora que no me ve, como si yo fuera la que todos las mañanas tiene que hacer un riguroso ritual que atrae a la buena suerte. Buena suerte que por cierto no he visto en los tres años que llevo viviendo aquí.-Quizás si hablarás con Matthew el podría buscarte a alguien como tú.

-No hay nadie como yo Martha. Y si tú has podido soportarme no entiendo porque alguien no lo puede hacer.

-Porque entiendo tus motivos, pero no creo que haya nadie más que cuando te escuche gritar por las noches se conforme pensando en que prefieres estar sola.

-Entonces me buscaré un compañero de piso que pasé la mayor parte del tiempo borracho o drogado pero que tenga el suficiente dinero para poner el piso a su nombre. De hecho, esta tarde me paso por tu universidad.-Subo las escaleras de dos en dos hacia el cuarto de baño, sintiéndo que estoy demasiado cerca de decir algo que realmente no siento...



Me he asegurado de mantenerme el tiempo suficiente debajo del grifo de la ducha como para que Martha se haya ido a clases. Para cuando vuelvo al salón me encuentro con que me ha dejado un desayuno completo sobre la mesa, junto al periódico de hoy en el que por supuesto hay marcadas al menos cinco ofertas de piso. Como disculpa no está nada mal...

Extiendo el periódico ante mí y me dedico a remover mi zumo de naranja. Me leo una y otra vez las ofertas e intento imaginarme cómo serán los propietarios, para eliminar aquellos que sé que no estarán dispuestos a no poner mi nombre en ningún documento.
Al final me decido y descuelgo el teléfono...


 


"Lo siento pero de verdad que no puedo firmar ningún contrato, estoy dispuesta a pagarle el doble. No, claro que no soy ninguna fugitiva. Simplemente no me gusta compartir mi identidad....Está bien, lo pensaré...De acuerdo, adiós".-Golpeo la mesa con la frente con tal fuerza que creo que me saldrá un chichón, pero ahora me importa poco.



 
El tono del teléfono me hace saltar con el corazón desbocado, creo que estaba a punto de dormirme porque no recuerdo los últimos minutos, me cuesta centrarme pero consigo descolgar en el último tono.
-¿Sí?.-Al principio solo escucho una respiración profunda y mis latidos se aceleran en un segundo, las manos comienzan a sudarme y se me seca la garganta.
 
-Ey, perdona sé que esto es un poco extraño pero me acaba de llamar el dueño del piso que pensaba alquilar, estoy buscando compañero porque no ando muy bien de dinero y también desesperado por lo que le pedí que si alguien llamaba preguntándo me avisara. Me ha explicado que tienes algunas condiciones extrañas pero tal vez podamos hablar sobre eso...si te parece bien...¿qué te parece?

-Eh.-Este chico habla realmente rápido para mi confusión mental actual.-Claro, estaría perfecto.

-Hay una cafetería nueva en el centro comercial que hay tomando la autopista, es pequeña y creo que su nombre comenzaba por D...

-Si, se cuál es.-Imposible no saberlo con una compañera de piso adicta a las compras

-Nos vemos allí, te espero en la barra y por cierto, me llamo Sam.-Lo siguiente que oigo es el pitido del teléfono colgado.


 

jueves, 18 de abril de 2013

Capitulo 0


-Había una vez en un reino muy muy lejano un enorme campanario. Las antiguas leyendas decían que había estado ahí incluso cuando se comenzaron a construir los primeros edificios, y de hecho, todo el reino crecía a su alrededor, por supuesto siempre a una distancia prudencial.

De piedra negra y cuyo vertice se extendía hacia las nubes pero sin duda estas no eran las características más llamativas de este campanario. Y es que a pesar de haber sido estudiado por los mejores expertos de todos los reinos nadie conseguía entender el complejo mecanismo que provocaba que las campanas sonaran siempre a su antojo.

Como todo reino que se precie en él vivía una hermosa princesa, de cabellos negros como el carbón y ojos tan claros como el hielo. Ella había sido la única heredera al trono después de que su madre muriera durante el parto y desde entonces había sido cuidada entre algodones pero al decimo octavo cumpleaños la princesa había enloquecido.

Se escapaba cada noche por muchas trampas que le pusieran y había sido vista apoyada contra el campanario, como si pudiera entender el porqué de aquellos sonidos.

Un día un niño se había acercado a ella y le había preguntado si conocía la razón de que hubiera días acompañados de música y días en silencio. Ella se había agachado hasta estar a la altura del niño y había susurrado...Es su intento de recordarnos lo hermosa y efímera que es la vida...-El cuaderno en blanco se resbaló entre mis dedos dándo un efecto más terrorifico del que pretendía. Al levantar la cabeza comprobé que había un par de ojos asustados que me miraban temblando.

-Chicos vamos a dejarlo por hoy.-Digo intentándo poner mi sonrisa más dulce.

-Los has asustado.-Dice Sam a mis espaldas.

-Sólo es un cuento...