
Dicen que uno nunca llega a conocer a las personas que lo rodean, quizás tengan razón, pero ¿por qué nos resignamos?
Es decir, no se trata de conocer hasta el último matiz de esa persona, pues a veces hay tiempo suficiente, pero cuándo veo a esas personas a las que le preguntan si su pareja ha sido capaz de matar, de hacer daño intencionadamente...y ni siquiera saben responder, me pregunto ¿por qué se resignaron?
Tal vez porque era más fácil vivir con la ilusión de que un cojín de alfileres puede jugar a ser un erizo.
¿Qué se siente cuándo estás en los brazos de alguien, y escuchas sus latidos sin saber sí sería capaz de parar los de otro?
¿O cuándo giras en la cama y observas a la otra persona dormir y te das cuenta de que conoces más a tu compañero de trabajo que a esa persona?
Quizás ese es el problema que tenemos tanto miedo a darnos cuenta de que de nuevo no hemos encontrado a la persona que realmente deseamos, tenemos tanto pánico a vernos solos que preferimos no conocerla y rellenar los huecos con aquello que deseamos que sea.
*Un cojín de alfileres no puede ser un erizo, ¿pero puede amar con la misma fuerza?*
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