Tu día ha sido un asco, has puesto la mayor de las ilusiones en él y lo unico que has conseguido es una patada en el trasero.
Te has mantenido entera mientras llegabas a casa, luego has arrastrado los pies hasta la ducha, y has llorado en silencio. Porque es como te gusta llorar, con toda esa tristeza saliendo poco a poco de tu cuerpo, sin gritos ni sollozos.
El agua caliente no ha conseguido borrar los restos y como no te acuerdas demasiado bien de qué habia que usar te sientas en la tapa del retrete con una toalla empapada en agua helada sobre los ojos durante varios minutos.
Y cuentas números par, si, simplemente porque te parecen más relajantes que los impares, o porque te suenan mejor, tú no sabes y tampoco te interesa saber.
La cena te sabe salada, pero mientras te llevas una cuchara detrás de otra o dejas de preguntarte como sería tirar la comida a la basura y tumbarte en el sofá abrazada a alguien. Porque hoy te importa más tu corazón que cualquier otra parte de tu cuerpo.
Cuando por fin terminas te tumbas en el sofá a leer historias tristes que ni siquiera sabes como han llegado a ti, pero que parecen haberse puesto de acuerdo para entrar en tu vida.
Y es al final del día, cuando crees que tu dolor de cabeza solo puede ser solucionado por una gran noche de sueño y te estas concienciando para levantarte y volver a arrastrarte hasta la cama cuando el teléfono suena.
Compruebas dos veces el número porque no esperabas que alguien así te llamara, y te preguntas que desea pero lo primero que hace es preguntarte si estas bien. Y eso te golpea en el unico sitio que hasta ahora no te dolía, y te alejas de la televisión encendida. Aunque lo más sencillo es apagarla pero porque quieres separarle de tu rutina, quieres....No sabes que quieres pero lo cierto es que terminas en el suelo del cuarto de baño que está frío y huele un poco mal por las cañerías pero a ti no te importa.
Porque te abrazas las rodillas contra el pecho y finges estar bien, y le escuchas hablar de su día, de su rutina y la tuya de repente deja de cobrar importancia. Y no quieres contarle nada porque sabes que no se te da bien mentir y no quieres que se preocupe.
Y al final consigue hacerte reír, algo que creías imposible en ese momento, y las lágrimas se te escapan por el rabillo del ojo...
Por mucho que intentes negarlo, sabe la verdad y continua hablandote, cada vez más pausadamente, con su voz acariciandote a kilómetros de distancia y terminas quedandote dormida en el suelo del cuarto de baño.
Probablemente por la mañana volverás a sentirte dolorida, pero no hay nada que haría que cambiaras un momento como este...
Y el teléfono termina en silencio al otro lado.
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