jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Fue tan grande mi error?

No dejas de gritar, la vena de tu cuello palpita y yo retrocedo un paso.
Mi boca se abre y se cierra, las lágrimas me queman detrás de los párpados pero aprieto la mandíbula porque sé que llorar solo provocara que parezca más vulnerable ante ti

Una de tus manos se levantan en el aire mostrando tu indignación, y yo me pregunto que si me pegaras este dolor sería más físico, si de forma extraña dolería menos...
Desearía saber cuál es mi pena pero mis ojos solo pueden ver el latido de tu corazón reflejada en tu cuello y mis labios susurran mil lo sientos que en realidad no siento pero que parecen calmar tus ansías.
Y en último momento me pregunto sí fue tan grande mi error...aunque a estas alturas no importa, porque ya estoy a mil kilómetros porque sé que no podrás volver a alcanzarme aunque luego pidas perdón y te justifiques diciendo que estabas muy nervioso. Porque una vez conocí a alguien como tú, que me hizo daño, y aunque tú no tienes culpa de ello yo ya estoy lejos

martes, 15 de noviembre de 2011

Lo que tú no entiendes.

Hay cosas que tú nunca entenderas, como que yo prefiera callar a decirte lo que pienso
Que yo prefiera sonreír de mentira que llorar delante de ti, que diga que no me importa cuando duele.
Que el hecho de no decir que estas mal no significa que estes bien, simplemente no todo es tan fácil...simplemente, te pedía que te molestaras, que te esforzaras un poco mal por averiguar, por saber...porque yo no soy como tú y no voy gritando a los cuatro vientos lo que me pasa.
Ahora me doy cuenta de que te he pedido demasiado, y no sé que hacer con esta decepción...

sábado, 5 de noviembre de 2011

Y entonces sucede...

Tu día ha sido un asco, has puesto la mayor de las ilusiones en él y lo unico que has conseguido es una patada en el trasero.
Te has mantenido entera mientras llegabas a casa, luego has arrastrado los pies hasta la ducha, y has llorado en silencio. Porque es como te gusta llorar, con toda esa tristeza saliendo poco a poco de tu cuerpo, sin gritos ni sollozos.
El agua caliente no ha conseguido borrar los restos y como no te acuerdas demasiado bien de qué habia que usar te sientas en la tapa del retrete con una toalla empapada en agua helada sobre los ojos durante varios minutos.
Y cuentas números par, si, simplemente porque te parecen más relajantes que los impares, o porque te suenan mejor, tú no sabes y tampoco te interesa saber.
La cena te sabe salada, pero mientras te llevas una cuchara detrás de otra o dejas de preguntarte como sería tirar la comida a la basura y tumbarte en el sofá abrazada a alguien. Porque hoy te importa más tu corazón que cualquier otra parte de tu cuerpo.
Cuando por fin terminas te tumbas en el sofá a leer historias tristes que ni siquiera sabes como han llegado a ti, pero que parecen haberse puesto de acuerdo para entrar en tu vida.
Y es al final del día, cuando crees que tu dolor de cabeza solo puede ser solucionado por una gran noche de sueño y te estas concienciando para levantarte y volver a arrastrarte hasta la cama cuando el teléfono suena.
Compruebas dos veces el número porque no esperabas que alguien así te llamara, y te preguntas que desea pero lo primero que hace es preguntarte si estas bien. Y eso te golpea en el unico sitio que hasta ahora no te dolía, y te alejas de la televisión encendida. Aunque lo más sencillo es apagarla pero porque quieres separarle de tu rutina, quieres....No sabes que quieres pero lo cierto es que terminas en el suelo del cuarto de baño que está frío y huele un poco mal por las cañerías pero a ti no te importa.
Porque te abrazas las rodillas contra el pecho y finges estar bien, y le escuchas hablar de su día, de su rutina y la tuya de repente deja de cobrar importancia. Y no quieres contarle nada porque sabes que no se te da bien mentir y no quieres que se preocupe.
Y al final consigue hacerte reír, algo que creías imposible en ese momento, y las lágrimas se te escapan por el rabillo del ojo...
Por mucho que intentes negarlo, sabe la verdad y continua hablandote, cada vez más pausadamente, con su voz acariciandote a kilómetros de distancia y terminas quedandote dormida en el suelo del cuarto de baño.
Probablemente por la mañana volverás a sentirte dolorida, pero no hay nada que haría que cambiaras un momento como este...
Y el teléfono termina en silencio al otro lado.