miércoles, 8 de enero de 2014

CAPITULO 22 LA CAJA DE LOS SECRETOS

CAPITULO 22: "Los niños siempre traen un pan bajo el brazo"


Marco se lanzó hacia delante en cuánto las puertas del ascensor se abrieron pero ahí estaba Sergio para detenerle.
-Están con Gómez.-Dijo él como bienvenida.-Y han pedido que no se les moleste.
-¡¿Se puede saber qué está pasando?!.-Bufó Marco dirigiéndose a grandes zancadas hacia su mesa.
-Al parecer de repente le interesamos a los federales.-Dijo Sergio sentándose en la mesa como si de repente se sintiese muy cansado
-¿Cómo estás tú?.-Dijo Marco mirándole de reojo
-Las he tenido peores.-Dijo él encogiéndose de hombros
-Vuelve a casa de esa enfermera Sergio, déjala cuidarte.-Sugirió Marco
-Creo que mejor no.-Dijo Sergio levantándose de repente tenso, justo cuando la puerta del despacho se abría.
Dos hombres enchaquetados y con zapatos brillantes salían justo al inspector Gómez, éste último le dirigió una mirada de advertencia mientras charlaba con ellos en el despacho.
Marco dio un paso al frente cuando Sergio le puso una mano en el hombro.-Espera un poco.-Dijo él
-¿A qué debo esperar Sergio?, ¿a qué todo lo que hemos estado construyendo durante meses nos lo roben un par de tíos que no tienen idea del caso, qué no han hablado con las familias de las victimas?. ¡Ellos no le han prometido a nadie acabar con ese tipo, así que por encima de mi cadaver van a hacerse cargo del caso!.-Marco se giro al mismo tiempo que la puerta del ascensor se abrían y el silencio embargaba toda la planta.
-Y ahí viene la caballería.-Susurró Sergio. Marco no pudo evitar sonreír al ver entrar a Carla, con unos vaqueros gastados, zapatillas de deporte y una camiseta promocional de un grupo que no debía conocer ni su fundador, sin embargo eran sus ojos tan brillantes cómo el metal y decididos los que hacían que el resto de compañeros se giraran para dejarle pasos.-Mamá leona viene a devorar a esos viles carroñeros que revolotean sobre nuestros cadáveres.-Dijo Sergio y a pesar de ello su voz continuó sonando profundamente triste
-Choque de trenes a ciento cincuenta kilometros hora por la vía dos.-Dijo David uniéndose a la fiesta y señalando el fondo del pasillo por el que los dos agentes del FBI ahora caminaban con el inspector Gómez
-Esto no me lo pierdo.-Dijo Sergio levantándose de un salto pero Marco ya estaba en movimiento por lo que llegó justo a tiempo para el instante en que el grupo se encontró con Carla
-Carla, ¡qué sorpresa!.-Dijo el inspector Gómez en un tono demasiado falso.-Justo a tiempo para conocer a...
-Ya sé quiénes son.-Había algo en su voz, un peligro latente que Marco solo había oído en los peores criminales y que le heló la sangre
-Nosotros no contamos con el mismo poder.-Dijo el más bajito de los dos
-Ella es...
-Agente especial Carla Molina.-Dijo ella cortando de nuevo al inspector, el cuál parecía totalmente encantado
-Ya nos avisaron sobre usted.-Reprochó el alto.-Pero debe saber que estamos ante un caso de máxima alerta y que no nos podemos permitir juegos de patio
-Debe usted saber que esto dejó de ser un juego de patio después del primer asesinato, y según recuerdo ninguno de ustedes parecía interesado en un asesino de tres al cuarto, o al menos así lo consideraron
-Directa a la yugular.-Murmuró Sergio a su lado
-Las condiciones cambian.-Repuso él
-Y le estaríamos muy agradecidos que se retirara del camino de la investigación o... Tendremos que apartarla.-Justo en ese momento apareció Julia guiando a un par de hombres con monos de trabajo azul y que transportaban cajas y cajas sobre la información recogida
-¡QUIETOS!.-Había una autoridad en ella que Marco ni siquiera había visto cuándo estaba con Álex, tal que los trabajadores dejaron caer la palanca que les ayudaba a transportar el carrito que resonó contra el suelo de madera
-No sé quién se cree para ordenar...-Carla se giró lentamente hacia él, la mandíbula apretada con tanta fuerza que casi podían oír sus dientes crujir y sus ojos entrecerrados con cierto asco, cómo si contemplara a un insecto pequeño y maloliente. Dio un paso hacia delante tal que apenas la separaban una palma de ambos hombres y aún con las diferencias de estaturas, aún cuándo Carla tuvo que inclinar el cuello hacia atrás para hablarles parecía más inmensa que todos los allí presente.
-Me creo la persona a cargo de esta investigación por orden del gobierno.-Su declaración cayó como un balde de agua fría sobre ellos y los federales lo máximo que pudieron hacer fue boquear en busca de palabras mientras ellas le tendía la orden
-Nosotros trabajamos para el gobierno y no hemos recibido ninguna notificación de ello.-Dijo uno de ellos cruzándose de brazos como si así pudiera evitar tomar la carta que Carla les tendía
-Yo tengo poder completo del gobierno para llevar esta investigación y la carta así lo recalca.-Dijo ella con la paciencia de alguien que habla con un niño
-Está bien.-dijo el alto.-Ya nos necesitarán.-Dijo tirando de su compañero hacia la puerta
-Seguro.-Masculló David
-Disculpad las molestias.-Dijo Carla girándose hacia los dos hombres que aún seguían anonadados junto al carro.-Si no les importa volver a poner todas esas carpetas dónde estaban.-Y les dedicó la más deslumbrante de las sonrisas que los dejó aún más perdidos que antes
-Y bien jefa, ¿qué hacemos?.-Dijo Sergio con sorna, ella esperó con los ojos entrecerrados hasta que las puertas del ascensor se cerraron y los agentes desaparecieron antes de volverse hacia ellos.
-Nada ha cambiado, solo tengo el poder de elegir mi equipo y os he elegido a vosotros pero sigues estando al cargo Cardone.-Marco sintió como un nudo que había comenzado a liberarse en su interior volvía a anudarse, por una vez había tenido el deseo de simplemente cumplir ordenes sin pensar.
-Pues vaya aburrimiento.-Bufó Sergio
-Seguimos igual de antes.-Dijo Marco.-Nuestra máxima prioridad es encontrar la relación entre las víctimas, ya cometimos el error de creer que había sido algo aleatorio y ahora nos vuelven a llevar ventaja.
-Y el afro a pelearse con los hospitales.-Se quejó David aunque en su tono había más diversión que otra cosa
-Allá vamos.-Dijo Carla dirigiéndose hacia la mesa de investigaciones y sentándose frente al diario abierto.

24-03-2007

Querido diario...

¡Oh Dios!, ¡qué estúpida me siento!. Hace años que no escribía en un diario, y sin embargo aquí me encuentro, dispuesta a contarle la historia de mi vida.
Si estas leyendo esto probablemente después de todo siempre haya estado en lo cierto y he acabado muriendo jóven.
¿Por dónde quieres que comience?. Seguramente dirás que por el principio, empieza por el principio...
Bien, tenía doce años la primera vez que fui consciente de que estaba enamorada de mi compañero de mesa, Adam, era ese tipo de amor agradable, que te llena el alma de calidez y te trae paz... No tenía nada que ver con lo que todos buscamos a esa edad pero cuando tus padres han muerto joven y has pasado toda tu vida de hogares de acogida a reformatorios lo único que le pides a la vida es tranquilidad.
Nuestro gran “amor” solo duro un año, el tiempo que su padre decidió que era suficiente el castigo. ¿Y sabéis cuál era el castigo?, estudiar en un instituto publico solo para incitarle a sacar buenas notas.
Supongo que debí sospechar entonces y correr en la dirección contraria a toda velocidad, pero mi inteligencia nunca ha sido mi rasgo más destacable.
Después de eso solo nos vimos a veces, él venia a verme en el recreo ya que por su puesto ellos tenían permitido hacerlo, hasta que un día simplemente dejó de hacerlo y no supe nada de él durante cuatro años.

Por aquel entonces yo ya estaba saliendo con un chico del hogar de acogida, Dan, ya saben todo pelo engominado, chupa de cuero y actitud dominante, pero sobretodo mal beber y así lo demostró cuatro años, dos meses y cinco días después de la última vez que vi a Adam.
Yo también había bebido pero en el momento en el que él me empujó contra la pared de un callejón y presionó su cuerpo contra el mío perdí todo resquicio de alcohol el mi cuerpo. Siempre había pensado que era ese tipo de mujer que se defendería con uñas y dientes, que gritaría hasta dejarme la garganta seca y que un hombre tendría que matarme antes de violarme pero tras el tercer forcejeo solo cerré los ojos y esperé que pasase rápido. Esa fue la primera vez que tuve la certeza de que moriría joven.
Entonces un instante después Adam estaba sobre aquel tipo, no parecía ni el mismo chico del que me enamoré, mucho más alto y musculoso, con barba de tres días, y sin embargo lo reconocí casi al instante.
¡Para, Adam, Para!, le grité y lo hice más porque él no se merecía ese tipo de vida que porque no quería que le pasara nada al que se suponía que era mi novio.
Adam me miró, sus ojos inyectados en sangre, el brazo detenido en alto y su mano cerrada en un puño y un segundo después estaba abrazándome tan fuerte que me dolían las costillas
-Eres mía.-Susurró en mi oído.-Eres solo mía.-Y un año después nos estábamos casando.
En esta parte querido lector, quiero dejar algo claro antes de que empieces a criticarme aprovechándote que estoy muerta; cualquiera en su sano juicio hubiera corrido a toda velocidad ante esta afirmación pero, ¿qué esperabas?.
Yo jamás había formado parte de algo, jamás había sentido lo que era ser una mísera aunque imprescindible pieza de un enorme puzzle que no puede ser completado sin ti, que sabes que aunque seas minúscula el global será horrible sin tu presencia. Y Adam me dio un lugar en el mundo con esas tres palabras, fue como si hubiera entrado en consonancia con el eje de la tierra y de repente ya no fuera alguien orbitando sola en la nada.

Carla se inclinó hacia atrás en la silla casi sintiendo la nube negra que estaba comenzado a formarse ante sus ojos. Elevó la mirada intentando respirar, tomar fuerzas de algo antes de enfrentarse a la tormenta.
Julia estaba sentada frente a ella, se había apartado el pelo de la cara con una pequeña coleta, no tenía color en el rostro, una fina capa de sudor cubriendo su piel y las manos temblando en su regazo.
Carla estaba a punto de preguntarle qué sucedía cuando se levantó y salió disparada hacia los pasillos, sabía que debía seguirla pero ella nunca había sido la persona favorita de Julia y no podía culparla.
Sus dedos abrieron el diario por una página cualquiera y no se sorprendió al ver que la tinta había cambiado de azulada a negra, y que ya no había márgenes sino que las lineas se mezclaban unas con otras, como si estuviese expresando el mismo caos que sentía.

Violación. ¿Una palabra fea, verdad?. Si al final aquel chico hubiese conseguido algo en ese callejón no lo hubiese denominado violación, como mucho abuso de poder de un pobre diablo.
Pero cuando es la persona que ha prometido quererte, protegerte y que a fin de cuentas te ha dado un lugar en el mundo la que abusa de ti, no se me ocurre otra palabra más correcta para denominarlo que no sea violación; violación de confianza, violación de amor, violaciónviolaciónviolación VIOLACIÓN.
Carla cerró el diario como si de repente hubiese prendido fuego, como si el mismísimo Adam fuese a escapar de entre sus páginas. Así que al final sí que había algo más que ella necesitaba por encima del puñetero dinero, o incluso el amor.... Seguridad.
Había vivido de una forma horrible, y había vivido simplemente porque otro hombre había decidido abusar del poder que tenía sobre ella. Carla sintió el tirón de sus entrañas, el mismo vuelco del estomago que sentía cuando Alex estaba a punto de actuar, salvo que esta vez sabía que no era él...
-Carla.-La voz de Julia se coló en la bruma de rabia que se formaba ante sus ojos
-¿Si?.-En algún momento había vuelto a sentarse frente a ella y aunque seguía teniendo mal aspecto al menos ya no temblaba como una hoja bajo el efecto del viento
-Tienes cara de psicótica, me asustas.-Ella no pudo evitar la sonrisa que se extendió por su rostro, aunque esperó que fuera una sonrisa amigable
-Lo siento
-No pasa nada.-Dijo ella y volvió a jugar con su pelo; enreda, desenreda, enreda, desenreda...
-¿Qué sucede?.-Susurró Carla, esperando que si ella no le contestaba al menos podría pensar que en realidad no la había oído
-Nad...-Julia elevó la mirada y sus ojos estaban llenos de lágrimas.-Estoy embarazada
-Felicidades.-Fue una respuesta demasiado rápida y automática como para ser verdadera, pero era la misma respuesta que daba siempre que alguien le decía que estaba embarazada y ella tenía que encerrar el pánico. Pero esta vez Julia no tenía esa sonrisa soñadora ni se pasaba la mano por su vientre de forma protectora.-Es... Es algo bueno, ¿verdad?
-No sé quién es el padre.-Susurró ella.-Mis padres murieron hace años, no tengo hermanos ni vida social fuera de la comisaria.-Para ese instante ella ya estaba gritando y Carla podía sentir como todos se giraban a mirarlas.-¡Claro que no es bueno!
-¿Se puede saber qué pasa?-Dijo Marco que se acercaba a toda velocidad. Julia rompió a llorar de forma histérica y se lanzó a los brazos de él que la rodearon al instante, sosteniéndola contra su cuerpo.
Carla agachó la cabeza, sabiendo que Marco la estaba mirando pero incapaz de ver lo que estaba sucediendo, incapaz de afrontar que ella nunca podría tener eso.
-¿Qué le has dicho?.-Fue solo un susurro pero la voz de Marco tronó en su cabeza, porque claro era evidente que si Julia gritaba era culpa de Carla, porque Carla era una insensible incapaz de entender los sentimientos de los demás...
Agarró el diario contra el pecho y se levantó de un salto, en un intento desesperado por salir de allí chocó contra Sergio que la agarró por los hombros para intentar estabilizarla pero ella se apartó de él espantada.
Cuando elevó la mirada hacia su rostro, intentando dar una disculpa, una explicación a su forma de ser pero un segundo estaba abriendo la boca para disculparse y al siguiente estaba viendo el alma de Sergio, todo el dolor, los miedos ocultos bajo un humor casi infantil, las ansias por mantener su amistad con Marco...
-Lo siento.-Consiguió decir antes de correr a bajar los escalones de dos en dos, pero no fue hasta que se subió al coche y apretó el acelerador, que el motor rugió y los kilómetros fueron segundos que comenzó a sentir esa voz.
Esa voz que siempre decía ¡Arriba Carla!, ¡Álex se está descontrolando!, ¡Carla tienes que despertar! Y que ahora le decía, ¡eres cómo eres y si a Marco no le gusta puede irse a freír espárragos y hacer el camino dándose patadas en el trasero!.







-¿Seguro que estás bien?.-Repitió Marco por enésima vez
-Si, bien.-Sorbió Julia alejándose de su pecho.-Lo siento
-No pasa nada.-Dijo él y de repente el silencio entre ambos fue demasiado tenso.-Me alegro por ti, por fin una buena noticia
-¿Es una buena noticia?.-dijo ella y pareció más débil que nunca. Marco tuvo que apretar los dientes para no gritarle que un niño siempre era una buena noticia
-Claro, todo irá b...
-Desearía que fuera tuyo.-La frase cayó entre ambos como una gran losa
-Yo... estoy con Carla.-Era la primera vez que lo decía en voz alta y pareció demasiado irreal, sin contar con que Julia parecía haber acabado de recibir una descarga eléctrica
-Lo siento.-Y sus hombros chocaron cuando pasó a su lado.