De fondo suena la canción "I need a hero". Ni siquiera sé porque este es mi primer pensamiento, pero quizás si queréis estar más cercanos a mí, os gustaría ponerla. Tampoco es que importe tanto porque al fin y al cabo no me voy a enterar.
La clase se encuentra vacía, y he aprovechado la confusión producida durante la hora de la comida para sentarse en la esquina más alejada, tapando así mi presencia con los pupitres. Tengo la espalda pegada a la pared y la ventana comienza un par de centímetros por encima de mi cabeza.
Un escalofrío me recorre y tiró torpemente hacia abajo del pequeño trozo de tela que llevo hoy como falda, tampoco sé porque me la he puesto. Bueno, eso no es verdad. Si sé porque me he puesto una falda cortisima y una camiseta descotada, si sé porque me he maquillado y porque he sonreído coquetamente a todo el mundo.
Porque necesito volver a creer en la presunción de inocencia. Porque a pesar de que llevo años asistiendo al mismo lugar, esta mañana las chicas se han reunido entre ellas para cuchichear, los chicos me han tratado más amablemente que nunca e incluso los profesores se han atrevido a mirarme sin esforzarse en disimular.
Porque necesitaba creer que alguien que me conoce de toda la vida, alguien que ha hablado conmigo y me ha visto crecer no se atrevería a especular sobre mí.
Evidentemente, me equivocaba...
La canción está llegando al final y las lágrimas me queman los párpados. Echó la cabeza hacia atrás y cierro los ojos con fuerza mientras grito con fuerza. "I need a hero..." No, necesito alguien que me crea, necesito alguien que vea en mi la presunción de inocencia. "I need a hero".-La voz se me rompe a mitad de la frase al recordar como mi propia hermana ha sido incapaz de preguntarme qué se me ha pasado por la cabeza para actuar de una forma acorde con la que yo no pienso.
El volumen de la música disminuye y escuchó a un grupo de chicas reír entre ellas.
-We need a hero.-El juego ha acabado, y quizás haya encontrado a alguien que crea en la inocencia. No me paro a pensar y me levanto de un salto. No queda ningún estudiante en los pasillos, lo que facilita mi huida. Los escalones se entremezclan entre sí y casi no me queda aire, pero sigo corriendo.
La puerta se abre, y la luz me ciega por unos segundos, y cuando consigo avanzar entre las sombras hasta el aparcamiento me doy cuenta de que el coche ha desaparecido, y las chicas con él.
Pero la voz de Bonnie Tyler sigue en el aire, y aún hay esperanzas...
Inspira Bonnie Tyler los aires de la misma problemática ochentera.
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