viernes, 2 de septiembre de 2011

Momentos de imaginación


Ella solía tener una percepción muy cambiante sobre el mundo que la rodeaba. Se sentaba en el porche de la casa, en su silla favorita, cerraba los ojos e imaginaba...
Deseaba que ante ella apareciera un hombre de grandes dimensiones, y manos grandes que se cerrarían sobre sus brazos y la agitarían con violencia. Quería que todo se reduciera a lo físico y así poder olvidar todo, pero al siguiente chirrido de la mecedora se encontraba pensando en un pequeño niño que correría por el patio y subiría los escalones demasiado apresuradamente para su propio gusto.
Entonces el pequeño saltaría en su regazo y le pediría que ella fuera dulce, y ambos se moverían al son de una canción que aún no habia sido escrita durante horas.
Era al final del día, cuándo las sombras creadas por el sol, y el cansancio del trabajo bien hecho le permitían creer que se transformaba, que no era ni hombre ni mujer, ni jóven ni vieja, y que podía viajar en el tiempo, fundirse con el aire e ir allá dónde nadie habia llegado...
Probablemente eran estos momentos los que le permitían seguir adelante...

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