viernes, 16 de septiembre de 2011

el golpe duele...pero todos los golpes lo hacen


Y alargar la mano en una suplica silenciosa porque el último resquicio de tu instinto se niega a perder y te obliga a pedir ayuda.
Pero mientras caes y el aire se va movimiendo a tu alrededor te das cuenta de que no hay demasiada diferencia con las personas porque ellas se apartan para dejarte un hueco en el suelo con el fin de que no las dañes o molestes en tu caída, porque para ellos la culpa es tuya y no piensan ayudarte...

El golpe duele, pero supones que al igual que todos los golpes. Pero lo que realmente es duele es cuando tienes la mejilla contra el sucio asfalto de la carretera y te duele el cuerpo demasiado como para pedir ayuda así que decides esperar porque sabes que esa persona vendrá. Porque siempre hay alguien especial en el que confías que llegara y te tenderá una mano para alzarte del suelo aunque creas que ya no te quedan fuerzas, él te forzará a apoyarte en su hombro y os mantendrá de pie a ambos hasta que tengas fuerzas....

Es entonces cuándo te da por mirar al otro lado de la calle, y encuentras la misma mirada esperanzada. Ves en su rostro la decepción que sientes por dentro, y te preguntas qué haréis ahora...ahora que no tienes nadie qué te ayude a ponerte de pie o al que poner de pie.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Momentos de imaginación


Ella solía tener una percepción muy cambiante sobre el mundo que la rodeaba. Se sentaba en el porche de la casa, en su silla favorita, cerraba los ojos e imaginaba...
Deseaba que ante ella apareciera un hombre de grandes dimensiones, y manos grandes que se cerrarían sobre sus brazos y la agitarían con violencia. Quería que todo se reduciera a lo físico y así poder olvidar todo, pero al siguiente chirrido de la mecedora se encontraba pensando en un pequeño niño que correría por el patio y subiría los escalones demasiado apresuradamente para su propio gusto.
Entonces el pequeño saltaría en su regazo y le pediría que ella fuera dulce, y ambos se moverían al son de una canción que aún no habia sido escrita durante horas.
Era al final del día, cuándo las sombras creadas por el sol, y el cansancio del trabajo bien hecho le permitían creer que se transformaba, que no era ni hombre ni mujer, ni jóven ni vieja, y que podía viajar en el tiempo, fundirse con el aire e ir allá dónde nadie habia llegado...
Probablemente eran estos momentos los que le permitían seguir adelante...