miércoles, 31 de agosto de 2011

Deja de gritar


Deja de gritar y escuchame, tú y yo hace mucho que no nos sentamos a charlar como en los viejos tiempos.
Esta vez no hay tiempo para preparar un chocolate y sacar las galletas de las ocasiones especiales, porque creo que el reloj avanza demasiado deprisa en los últimos días.
Dime, aquí entre tú y yo si aún la amas, dime si cuándo la miras sigues sintiendo que tu corazón se desboca y te pican las manos por el deseo de tocarla.
Si, no me mires sorprendido porque mientrás ambos pasabaís los días discutiendo yo aprendía que era el amor, y sé que no es lo que habéis tenido en el último tiempo.
Pero dime, por favor no te calles, dime si cuándo miras lo que habéis construido tienes deseos de seguir adelante. Si cuándo me miras a mí crees que soy una de las mejores cosas que has hecho con ella.
Piensalo, pero si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es no, sólo tendremos dos soluciones. Si deseas luchar por ello, quedate y prepararé chocolate, pero si en cambio prefieres huir y rendirte...marchate ya, recoge tus cosas y no mires atrás.
Déjanos con el dolor y tu cobardía, pero por favor, deja de gritar.

lunes, 29 de agosto de 2011

Silencio


-Ssshhh...dame sólo un momento de silencio

-¿Por qué?

-Porque quiero oír lo que dicen al otro lado de la calle

-¿Y qué hay al otro lado de la calle?

-La mujer del quinto está dando a luz en su casa, el vecino del tercero está peleandose con su mujer, los niños del sexto tienen la televisión a todo volumen y la viejecita del segundo no deja de llorar por su marido muerto

-Mmmm...yo no escucho nada

-Si dejaras de quejarte porque no oyes, quizás serías capaz de hacerlo...



*Siempre te quejas de que no me entiendes o que no sabes que estoy pensando, quizás si me preguntaras directamente o fueras capaz de guardar silencio durante más de dos minutos, no tendrías que pasar tantas horas imaginandolo.*

martes, 9 de agosto de 2011

Un día cualquiera


Hola querido, no me mires así apenas son las siete de la mañana y ya sabes que nunca he sido de buenos despertares.
Te vistes de corbata y chaqueta en pleno mes de Julio mientras yo te observo desde la cama de sábanas enredadas.
Recorres el espacio hasta la cocina y te preparas un café con leche, y de repente me preguntó desde cuando te gustan las magdalenas, pero tú te comes una bien contento y te apoyas en la mesa y me diriges una mirada desafiante.
Me levantó y caminó desnuda con pasos largos y desafiantes, abró el frigorifico y tomó una botella de agua fría, bebo un vaso y la devuelvo. Y mientras camino de vuelta a la cama con tu mirada clavada en la espalda, me doy cuenta de que ya no me importa.
Me tumbo de lado y me acurruco bajo la sábana blanca, te escuchó entrar en el cuarto de bañon y hacer esa rutina nueva que has creado, porque ya no te cepillas los dientes con el dentrifico del supermercado bajo nuestra casa, ya no te peinas con el cepillo que compramos cuándo nos vinimos a vivir juntos, y mientras el sueñe me mece en sus brazos me pregunto si te sigues mirando en el espejo de siempre.
Tú dudas en la puerta y esperas hasta que me rinde el sueño, solo entonces te sientas en el filo de la cama, y me acunas en tus brazos, y me susurras que aunque las cosas han cambiado me sigues amando y me pides que no me rinde en esta relación, pero yo no me entero.
Luego, me besas en los labios, como solías hacer antes, y si hubiera estado despierta tal vez me hubiera dado cuenta de que llevas la loción de afeitar que yo misma te compré, pero estas cosas nunca suceden como uno quiere.
Sales por la puerta, y yo muero en nuestra cama tres horas después, con tu olor en mi cuerpo, y tu beso en mi boca...