sábado, 23 de julio de 2011

una mañana cualquiera...

Empujas la puerta de la cafetería repitiendote a tí mismo que esta vez todo será distinto, te paras en la entrada y observas el lugar que has visto casi todos los días desde los últimos dos años.
Maggie ha decordado el lugar como una típica cafetería americana de pelicula, y es que sonríes divertido preguntándote qué manía tiene esa mujer por cambiar el ambiente cada quincena, pero eso es parte de su encanto y tú la quieres con todo.
Te sientas en un sitio estrategico, no demasiado lejos ni demasiado cerca.
-¿Otra vez tú por aquí?.-Maggie te sonríe mientras te sirve un café, incluso los uniformes de los camareros han sido cambiados, ahora visten con faldas cortas rojas y camisas de cuadros rojas y blancas, y un delantal blanco, y el pelo está recogido en un mal moño hecho con un lápiz que te hace recordarla y te produce una extraña punzada de dolor.

-¿Ha llegado?.-Preguntas curioso, incapaz de resistirte, y en ese momento la puerta de la cafetería se abre, y aparece ella. Con el uniforme impoluto y el pelo en un perfecto moño, porta una bandeja cargada hasta los bordes que te da ganas de levantarte y ayudarte pero sabes que ella se negaría. Las vertebras se le marcan mientras se agacha a dejar una bebida y la rabia te carcome las entrañas, hasta que Maggie no te pone una mano en el hombro no te das cuenta de que estas apretando la mandíbula con fuerza.
-¿Ha vuelto a dejar de comer?.-Escuchas tu voz demasiado violento pero eres incapaz de arrepentirte.
-Eso parece.-Dice ella.-Aquí viene.-Y se aleja rapidamente
-Hola.-Ella te sonríe con una de esas sonrisas que podrían iluminar una ciudad durante un apagón.
-¿Por qué no te sientas conmigo?.-Le dices empujándo con el pie la silla junto a ti. Ella te obedece sin preguntar y estás a punto de gritar de frustración.
-¿Qué quieres?.-Te pregunta, y estás a punto de llorar de felicidad cuándo ella te mira directamente a los ojos, te hechas hacia delante y ella retrocede todo lo que la silla le deja, pero tú no te vas a rendir, ya no.
-Quiero que un día te levantes riendo, quiero que tararees tu canción favorita mientras miras el armario y tires las prendas a la cama para al final simplemente quedarte con la que habías escogido al principio, quiero que te mires al espejo antes de irte al trabajo, y que no obedezcas todo lo que el mundo te dice, que grites de frustración, y que aceptes que alguien te trató mal pero que el resto del mundo no es así, quiero que vuelvas a ser tú, pero más importante quiero estar ahí para ti.-Ella te mira con las pupilas tan dilatadas que el negro parece haberse tragado el azul de sus ojos, y sus manos se remueven incómodas sobre el regazo

-La que defines murió.-Dice ella.

-No, la que defino sufrió y se levantó, no se quedó tumbada en el suelo aquel día, pero quiere morir.-Ella se levanta de un salto y entra apresuradamente a la cocina, estando a punto de chocar con un camarero que ni siquiera se molesta en mirarla.
Te sientas con la cabeza entre las manos y te preguntas una y otra vez porqué, y estas a punto de darte por vencido, por primera vez en tu vida estas pensando en abandonar cuándo lo oyes...
Era simplemente un canto ligero para tus oídos, que sube de nivel como una tormenta que se acerca a toda velocidad hacia ti, con la promesa refrescante de la lluvia, y cuándo su risa rompé todas las conversaciones de la cafetería se te llena el pecho de orgullo, y al final, tú también acabas riéndo.
Ríes como no lo has hecho en años echándo la cabeza hacia atrás, liberando la energía que llevas guardadas en silencio.
Maggie te mira con desaprobación pero también sonríe y como llega la lluvia, llega la esperanza de que todo se solucionará...

jueves, 21 de julio de 2011

Miedo



No es que el miedo haya desaperecido...es que las ganas de dejarse vencer por él se han hecho más pequeñas que las que siento por vivir.






*Te equivocabas al creer que estaba mal dejar que me consolara con un peluche, lo que estaba mal es que tú te quedarás mirando mientras yo tenía miedo*

jueves, 7 de julio de 2011

Mi pequeño


¿Por qué lloras mi pequeño?, acabas de descubrir que todo lo que amabas ha sido destruir, ¿cuándo te darás cuenta de que tú contribuiste a ello?

Grita, gruñe y pelea mi pequeño, hazlo porque es lo único que te diferencia del hombre que quieres ser del que eres, pero deja de equivocarte de objetivo. Te has vuelto contra mí que te he dado todo mi amor, y me has arañado para mantenerme lejos de ti, sin darte cuenta de que yo ya estaba en ti...

Puedes frotar tu piel con fiereza hasta que palpite, puedes evitar mirarte al espejo, pero siempre que veas una injusticia, siempre que todo en ti te incite a gritar te acordaras de mi, porque yo fui la que te enseñó la diferencia entre ser feliz y pisar a los demás...

Ahora duerme mi pequeño, que yo cuidaré de ti.

De tiritas...

Y entonces ocurre, es un simple gesto, un olor o la luz que se cuela por detrás de la cortina y alumbra una parte de la habitación en la que una vez reíste...
Lo cierto es que algo tan común te puede hacer caer de rodillas, mientras todo lo que has construido, todas las murallas que pusiste en el mundo y tú con el único fin de protegerte o de tener el tiempo suficiente de lamer tus heridas antes de que llegaran unas nuevas se caen, como si de simples tiritas se trataran.
Y te preguntas si realmente ha merecido la pena hacerlo, piensas en que te has equivocado que el simple olor de una flor puede hacer que tu corazón duela como si se desangrara poco a poco.

Pero es sobretodo cuándo alguien se te acerca, y ve más allá de la capa de hielo que te cubre, y te ofrece algo, una sonrisa, una mirada o un dulce caramelo.
Si sabes lo que es cerrar tus brazos sobre alguien y sostenerlo contra ti como si tu vida se fuera en ello por el simple hecho de que te ha hecho sentir vulnerable de nuevo, sabes de lo que te hablo.
Y conoces esa especie de odio porque te ha sacado de tu escondite y sólo deseas alejarlo para volver a ser quién eras, pero por otro lado está el amor...porque por fin alguien te ha demostrado que no sirve de nada las tiritas que te pongas, y qué tampoco importa porque él está ahí para sostenerte aunque creas que vas a caer, y te regala uno y mil caramelos para endulzar tu vida más allá de lo que nadie lo haya hecho...