Maggie ha decordado el lugar como una típica cafetería americana de pelicula, y es que sonríes divertido preguntándote qué manía tiene esa mujer por cambiar el ambiente cada quincena, pero eso es parte de su encanto y tú la quieres con todo.
Te sientas en un sitio estrategico, no demasiado lejos ni demasiado cerca.
-¿Otra vez tú por aquí?.-Maggie te sonríe mientras te sirve
un café, incluso los uniformes de los camareros han sido cambiados, ahora visten con faldas cortas rojas y camisas de cuadros rojas y blancas, y un delantal blanco, y el pelo está recogido en un mal moño hecho con un lápiz que te hace recordarla y te produce una extraña punzada de dolor.-¿Ha llegado?.-Preguntas curioso, incapaz de resistirte, y en ese momento la puerta de la cafetería se abre, y aparece ella. Con el uniforme impoluto y el pelo en un perfecto moño, porta una bandeja cargada hasta los bordes que te da ganas de levantarte y ayudarte pero sabes que ella se negaría. Las vertebras se le marcan mientras se agacha a dejar una bebida y la rabia te carcome las entrañas, hasta que Maggie no te pone una mano en el hombro no te das cuenta de que estas apretando la mandíbula con fuerza.
-¿Ha vuelto a dejar de comer?.-Escuchas tu voz demasiado violento pero eres incapaz de arrepentirte.
-Eso parece.-Dice ella.-Aquí viene.-Y se aleja rapidamente
-Hola.-Ella te sonríe con una de esas sonrisas que podrían iluminar una ciudad durante un apagón.
-¿Por qué no te sientas conmigo?.-Le dices empujándo con el pie la silla junto a ti. Ella te obedece sin preguntar y estás a punto de gritar de frustración.
-¿Qué quieres?.-Te pregunta, y estás a punto de llorar de felicidad cuándo ella te mira directamente a los ojos, te hechas hacia delante y ella retrocede todo lo que la silla le deja, pero tú no te vas a rendir, ya no.
-Quiero que un día te levantes riendo, quiero que tararees tu canción favorita mientras miras el armario y tires las prendas a la cama para al final simplemente quedarte con la que habías escogido al principio, quiero que te mires al espejo antes de irte al trabajo, y que no obedezcas todo lo que el mundo te dice, que grites de frustración, y que aceptes que alguien te trató mal pero que el resto del mundo no es así, quiero que vuelvas a ser tú, pero más importante quiero estar ahí para ti.-Ella te mira con las pupilas tan dilatadas que el negro parece haberse tragado el azul de sus ojos, y sus manos se remueven incómodas sobre el regazo
-La que defines murió.-Dice ella.
-No, la que defino sufrió y se levantó, no se quedó tumbada en el suelo aquel día, pero quiere morir.-Ella se levanta de un salto y entra apresuradamente a la cocina, estando a punto de chocar con un camarero que ni siquiera se molesta en mirarla.
Te sientas con la cabeza entre las manos y te preguntas una y otra vez porqué, y estas a punto de darte por vencido, por primera vez en tu vida estas pensando en abandonar cuándo lo oyes...
Era simplemente un canto ligero para tus oídos, que sube de nivel como una tormenta que se acerca a toda velocidad hacia ti, con la promesa refrescante de la lluvia, y cuándo su risa rompé todas las conversaciones de la cafetería se te llena el pecho de orgullo, y al final, tú también acabas riéndo.
Ríes como no lo has hecho en años echándo la cabeza hacia atrás, liberando la energía que llevas guardadas en silencio.
Maggie te mira con desaprobación pero también sonríe y como llega la lluvia, llega la esperanza de que todo se solucionará...


